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La vida no es para nada sencilla. Es difícil, cruel e injusta. Una caja llena de sorpresas, diseñada para hacer de un ser humano la persona mas dichosa, o la más miserable del planeta.
No fue justo que Jungkook lo descubriera con tan solo 9 años, pero a pesar de su corta edad su fuerte espíritu asumió el destino que él y sus hermanos tendrían que cumplir por el resto de sus oscuras y difíciles vidas.
A los 9 años, la vida de Jungkook se destrozó por primera vez al observar cómo, de una abofeteada en el rostro, su padre arrojaba al suelo a su pequeña hermana sin poder hacer nada al respecto, paralizado por el terror de tan repentino y violento reaccionar.
Aún sentía envidia al recordar como Yoonji, la pequeña y preciosa Yoonji con tan solo 7 años, se ponía de pie con el labio partido, sangrando profusamente, y observaba la colérica figura de su padre con estoica intensidad e ira contenida en sus destellantes ojos de estrellas, mientras él lloraba desconsoladamente en un rincón de la habitación, aterrorizado por la situación y humillado por haber mojado sus pantalones.
A pesar de su corta edad, y de no entender muchas cosas de la vida aún, Jungkook comprendió luego de aquel instante que jamás podría perdonarse por no haber hecho nada al respecto. Por no haber sido lo suficientemente valiente y fuerte como Yoongi, que siempre los protegía, ni como Yoonji, que a pesar de ser dos años menor que él y la pequeña de la familia, poseía una fortaleza, frialdad ante situaciones adversas y templanza envidiables.
Jungkook no era nada de eso, y luego de aquel horrible momento en su infancia, supo que jamás sería como sus hermanos y que jamás sería capaz de protegerlos de la manera que deseaba, o al menos como ellos lo protegían a él.
Él era demasiado sensible y susceptible, sentía demasiado y todo a flor de piel como para tener la fortaleza de Yoongi y el autocontrol de Yoonji. Era "demasiado blando" como a su padre le gustaba gritarle en el rostro cada vez que se enfurecía con él por no poder controlar sus emociones que parecían desbordarse de su ser, y el mundo no tardaría en comérselo vivo cuando saliera a él si seguía de esa manera.
Y entonces Jungkook comenzó a endurecerse. A insensibilizarse.
Y ese fue el fin del dulce, tímido y alegre Jungkook que sus hermanos, Hoseok y Jimin habían conocido alguna vez.
Yoongi hizo lo imposible para regresarle la dulce y hermosa vitalidad que alguna vez había tenido en sus hermosos y redondos ojos de gacela, trabajando incansablemente en un trabajo mediocre que pagaba poco por las largas horas que trabajaba, con el objetivo de darle a sus pequeños hermanos un lugar mejor donde vivir; para que pudieran alejarse de su tóxico y violento hogar y jamás regresar al lado de sus padres. Y Yoonji, acostumbrada a que fueran carne y uña, redobló sus esfuerzos para permanecer a su lado, aunque su hermano la alejara día tras día con palabras hirientes y fríos e insensibles tratos. Pero nada dio resultado, ni siquiera la alegre y paciente personalidad de Hoseok logró distraerlo con sus prácticas de baile y sus paseos por el bosque.
Al único al que Jungkook parecía responder positivamente era Jimin, quien tuvo la enorme responsabilidad de no permitir que su hermoso y soñador ser, se detuviera en el tiempo, estancado en la miseria y los infortunios de su infancia, para que pudiera salir adelante, pero aun así al dulce y amable Jimin le resultaba casi imposible ser el punto de inflexión para que el joven volviera a ser él mismo.
Pero las cosas jamás mejoraron para Jungkook. Ni para él, ni para ninguno de sus hermanos y amigos. La vida siguió siendo cruel e injusta con ellos.
Y él siguió distanciándose cada vez mas de todo y de todos.
Jungkook creyó, con tan solo 14 años, que podría ser lo suficientemente fuerte para superar la violencia doméstica que sus padres generaban contra él y sus hermanos, pero los gritos eran cada vez más altos, los golpes cada vez más fuertes y los corazones tan dañados, que dudaba si alguna vez lograrían recuperarse de aquel calvario.
Luego, con 18 años, creyó poder superar la angustia y el profundo dolor que le generaba ver a sus hermanos destrozados, con sus corazones rotos, incapaz de hacer algo por aliviarles su pesar. No sabía cómo, no tenía idea de lo que podría hacer para ayudar a Yoongi y a Sun en su dolor, y sentía que una simple caricia, secando las lágrimas de los pálidos e inexpresivos rostros, o un abrazo no serían suficientes para recomponer el destrozo que los hermanos Kim habían dejado detrás de su huida.
Por aquel entonces, y a pesar de sufrir en igual medida que sus dos hermanos, Hoseok fue de gran ayuda asistiéndolo, aconsejándolo con lo que debía hacer para ayudar a aliviar el dolor de sus hermanos, pero la personalidad de su hyung era demasiado brillantes y positiva para él, y Jungkook nunca había sido bueno escuchando y siguiendo órdenes, por lo que acabó distanciándose aún más de ellos, creyendo que de esa manera estaba haciendo lo correcto, sin estorbar, ni hacer más daño con su incapacidad de actuar.
A menudo Yoongi confundía su quietud y aparente apatía, con la incapacidad para amar, pero lo cierto era que era precisamente todo lo contrario.
La verdad era que Jungkook amaba tanto, tan desmedidamente, tan intensamente y de manera tan silenciosa y pasiva, que la mayoría de las veces era incomprendido.
Lo cierto era que Jungkook amaba igual o más que Yoongi, y en especial a Yoonji. Su pequeña y hermosa Yoonji. Su pequeña estrella, a la que jamás podría proteger...
Jungkook no era incapaz de amar. Él amaba demasiado, pero había aprendido, a fuerza de golpes, gritos y humillaciones, a no demostrarlo, a cubrirlo con indiferencia, frialdad e insensibilidad, porque le habían enseñado a temerle a sus propios sentimientos, en lugar de ayudarle a canalizarlos, lo habían obligado a reprimirlos, diciéndole que demostrarlos era un signo de debilidad.
Jungkook se había endurecido; insensibilizado, y en el proceso, también lo había hecho su corazón.
Y aunque intentó ser fuerte; aunque intentó superar con tan solo 20 años, fue en el momento en que su vida se hacía pedazos frente a sus ojos por segunda vez, sin que pudiera hacer algo al respecto nuevamente, que, a pesar de haberlo sabido todos esos años, realmente tomó consciencia de la cruel y difícil vida que le había sido destinada al momento de nacer.
Y luego todo se vino abajo. Jungkook murió en vida una vez más cuando Yoongi murió, y otra vez cuando culpó a Yoonji de lo sucedido, y otra vez cuando rompió todo vínculo existente con ella y Hoseok, para ir a vivir al pie de la montaña Namsan, lejos de todo y de todos, confinándose a la comodidad y quietud de su casa.
Todo se había venido abajo a excepción de la luz de su existencia que hacía sus días más tolerables, el ancla que lo sujetaba firmemente a la realidad y no le permitía naufragar en la peligrosa oscuridad de su alma que parecía querer devorarlo con cada segundo que pasaba, en su claustrofóbica y hermética mente, decidida a no cambiar, y en su autoimpuesta y dolorosa soledad. Porque a pesar de la tragedia de su vida, de la violencia a la que siempre había estado expuesto, al drástico cambio que debió hacer para "endurecerse" tal y como su padre le había ordenado incontables veces, Jimin siempre había sido la única constante en su caótica y triste vida. Siempre había estado a su lado, tomándole la mano, para hacer más sencilla su vida, para aclarar la nublada perspectiva que tenía de las cosas, del mundo, para aliviar su enmarañada mente.
Jimin era los claros de sus intensos oscuros, el poderoso brillo iluminando todas y cada una de sus sombras, ahuyentando sus miedos, escuchando sus inseguridades, consolando sus tristezas, acompañando su soledad, recordándole lo bueno que siempre había sido para amar, y que debía entregarse al amor de los demás, permitiéndose ser feliz, ser amado por otras personas que no fueran él.
Jungkook intentaba oír, hacer caso a las palabras de su novio que lo conocía de toda la vida y mejor que nadie, que lo amaba con todo su ser y le había prometido estar a su lado sin importar que se acabara el mundo mañana.
Jungkook intentaba; realmente lo hacía, pero estaba llevándole mucho trabajo. Aún había una parte de él que se rehusaba firmemente a regresar a toda la mierda que había vivido y que la figura de su hermana le recordaría al instante mismo de posar sus ojos en ella.
Por ella Yoongi había muerto.
Por ella él se había sentido incapaz de protegerla, de ser un buen hermano mayor para ella.
Por ella siempre se había sentido diferente, menos, nada, incapaz.
Por ella, por el terrible temor a perderla también, tal y como había sucedido con Yoongi, había desarrollado el terror a sus propios sentimientos, a demostrárselos. Por ella había dejado de manifestarlos porque sabía que no era merecedor de ella, de sus sentimientos, de tenerla siquiera como hermana.
Por ella, su pequeña y hermosa estrella de ojos afilados, mirada intensa y astuta, conteniendo el brillo de cientos de astros, nariz pequeña y redonda, como la de Yoongi, labios gruesos y delicados, rasgos suaves y pequeños, y contagiosa sonrisa de conejo como la suya, y un amable y sereno espíritu, poseedora de una fortaleza que Jungkook jamás había visto en otra persona. Tal vez en Yoongi, pero no con la misma intensidad.
Yoonji era capaz de amar con la misma intensidad que la suya, pero su habilidad siempre había residido en que había sido capaz de manifestarlo de la manera adecuada, sin vergüenza ni reservas, y eso había sido una de las cosas que Jungkook siempre había envidiado de ella.
A sus ojos, Yoongi siempre había sido perfecta, y era por eso que él no podía regresar. Estaba demasiado sucio, demasiado corroído como para regresar a su lado. No deseaba hacer más daño del que ya había hecho, y su regreso lo provocaría sin duda alguna.
Jungkook intentaba, realmente lo hacía, y a pesar de que se rehusaba a ello, jamás se hubiera imaginado que el regreso de los hermanos Kim, lograría tal cosa como el deseo de regresar de su exilio. Que las palabras de Seokjin lograría arrancarlo de su confinamiento, reconectar con todo lo que había dejado atrás, intentar enmendar sus terribles errores, y volver a amar como alguna vez lo había hecho, con intensidad, con cada partícula de su ser, con todo lo que había sido, era y sería, de la mano de Jimin, su verdadero brillo.
