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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Crimson and Clover
Collections:
SVSSS/MDZS/TGCF
Stats:
Published:
2019-09-12
Words:
1,209
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
51
Bookmarks:
2
Hits:
483

Ropa más roja que el arce

Summary:

Durante siglos, Xie Lian ha viajado solo, solo con RuoYe como compañía. Durante siglos, no ha sido más que el reflejo de una época olvidada, impotente y ligado al reino de los mortales.

Se necesita un encuentro con una multitud de fantasmas hambrientos para cambiar su destino.

Notes:

  • A translation of [Restricted Work] by (Log in to access.)

Work Text:

Ah, Xie Lian piensa mientras los fantasmas y demonios se reúnen a su alrededor atraídos por el olor a sangre. Se filtra entre sus dedos, no importa cuánto intente detener el sangrado de la herida en su estómago. Así es como termina.

Qué pena.

Él... no está completamente seguro de cómo sucedió. Hace mucho que dejó de preocuparse por dónde lo llevan las carreteras; después de todo, no tiene ningún lugar específico para estar ni un lugar al que regresar. Lo poco que tiene lo lleva consigo. Un sombrero de bambú y un saco con basura son sus únicas posesiones; grilletes malditos alrededor de su cuello y tobillo reemplazaron las joyas que alguna vez usó. A veces, le habla a RuoYe sobre todo.

A veces, finge que RuoYe le responde.

Entonces, cuando el camino lo lleva a las afueras de un pueblo abandonado, no lo piensa dos veces. Lugares como ese son calas del tesoro para él, llenas de cosas viejas y olvidadas que puede desenterrar.

(Él mismo es una cosa vieja y olvidada).

Los susurros flotan a su alrededor y ya demasiado tarde se da cuenta de por qué el aire mismo parece temblar de emoción. Después de todo, ¿por qué le importaría qué día es cuando pasan décadas sin ser reconocido? El está reemplazando como la basura que recoge, arrojado a un lado por la corriente de la historia.

Ha hecho las paces ya hace mucho tiempo.

Ahora, con los fantasmas inclinándose sobre él, con los dientes descubiertos y las garras extendidas, la noche del Festival de Fantasmas suena con sus risas. RouYe hace lo que puede, pero hay muchos de ellos; demasiados, y él es demasiado débil, y si tan solo tuviera a Fang Xin con él...

Se detienen, eventualmente, y él se desploma contra un árbol muerto. RuoYe se enrolla alrededor de su muñeca, una presión reconfortante en un mundo donde ya nadie le brinda consuelo. Desearía poder acariciarlo una vez más, pero la herida es demasiado profunda y si la suelta, él... él...

Algo pequeño y brillante se desliza entre los fantasma. Sus susurros mueren cuando lo dejan pasar. Xie Lian levanta la cabeza para mirar; siempre curioso, nunca destinado a aprender. Lo que ve es una mariposa; una pequeña mota de luz plateada que deja un rastro brillante detrás de sí misma.

Él extiende su mano libre. La mariposa aterriza en su dedo sin preocuparse por RuoYe.

—Hola —dice Xie Lian. Puede saboreas la sangre en su boca—. ¿No eres una cosita encantadora?

Las alas en forma de luz de las estrellas y los deseos son lo último que ve antes de que el mundo se apague como la llama de una vela.
 
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La conciencia vuelve a él en oleadas. Por primera vez en lo que parece ser décadas, es cálido y cómodo. No hay viento en su rostro y no hay lluvia que lo empape de pies a cabeza. Solo existe la abrumadora sensación de satisfacción, y así es como sabe que debe estar soñando.

(Es una cosa vieja y olvidada y, como tal, la satisfacción no es para él).

Xie Lian abre los ojos al mar de rojo. Está a su alrededor, desde el dosel arriba hasta las sábanas debajo, y culminando con la túnica de una persona sentada justo al lado de la cama. Son más rojos que la sangre de Xie Lian cuando fluía y fluía y fluía.

Él mira al único ojo visible del hombre que vigila su lado de la cama y no sabe qué decirle.

—Yo... ¿Hola?

El hombre le sonríe. Sus caninos son más afilados y más largos de lo que deberían ser.

—Hola —dice. Su voz suena como brasas y un infierno furioso. Remueve algo en el corazón de Xie Lian—. Veo que Gege finalmente se ha despertado.

—Sí, yo... —Se sienta y mira a su alrededor. Algunas mariposas plateadas revolotean cerca y no puede evitar mirarlas. Son frágiles y preciosas como nada que haya visto antes. —¿Dónde estoy? ¿Por qué no estoy...? —Muerto, mutilado, destrozado por los fantasmas; cualquiera de esos funcionaría. No puede decidir sobre ninguno.

—Por favor, acepta las disculpas de este humilde servidor —le dice el hombre de rojo con toda la sinceridad del mundo—. Los fantasmas se... inquietan durante el festival. Si hubiera sabido que Gege estaba cerca los habría mantenido con una correa más ajustada.

No hay nada más que sinceridad en sus ojos. Xie Lian casi quiere creerle.

—¿Qué es este lugar? —pregunta en su lugar.

—La Mansión Paraíso en la Ciudad Fantasma. Traje a Gege aquí para que pueda recuperarse de sus heridas.

—Gracias, ah...

—San Lang —dice, y lo hace sonar como una broma que Xie Lian no conoce. No le molesta; ha tenido siglos para acostumbrarse a quedarse fuera.

—Gracias, San Lang. —Se levanta, ignorando la mano ofrecida por San Lang. Las heridas infligidas por los fantasmas hambrientos ya casi no duelen.

"Casi" también es algo a lo que se ha acostumbrado hace mucho tiempo. Su vida está llena de ellos.

Sus túnicas hechas jirones y ensangrentadas no están a la vista. A los pies de la cama hay ropa nueva puesta, tan simple como la de él. La toca: la tela es tan suave como la ropa de cama. Más suave que cualquier cosa que haya usado en siglos.

Se inclina ante su anfitrión porque los viejos hábitos tardan en morir. Son todo lo que le queda.

—Este está agradecido por la hospitalidad de San Lang y desea poder hacer algo para pagarle por ello. Por desgracias, este no tiene nada a su nombre y todo lo que puede ofrecer son sus servicios, así que...

San Lang se pone de pie y se acerca.

—Gege, sería prudente recordar que uno nunca debe hacer ofertas como esa a la ligera.

Xie Lian lo sabe; oh, él lo sabe muy bien. ¿Qué más puede hacer, sin embargo, en un mundo donde no tiene nada?

(Es viejo y olvidado, y a nadie le importan las cosas viejas y olvidadas, a nadie más que a él).

—¿Gege ha visto alguna vez cómo los fantasmas celebran el festival? —pregunta San Lang de la nada. Xie Lian no puede evitar animarse por eso. En todos sus viajes, nunca ha estado en el reino de los fantasmas. Los Cielos se habrían reído si hubiera ido, pero, de nuevo, ¿cuándo fue la última vez que le importó lo que los Cielos tenían que decir sobre él?

—No, no creo que lo haya hecho.

Todo el rostro de San Lang se iluminó. Hace unos momentos, parecía una llama moribunda, pero ahora se parece a un incendio estruendoso. Descontrolado. Incontrolable. Lo que sea que haya cobrado vida en el corazón de Xie Lian antes, ahora golpea contra su caja torácica como un pájaro que exige libertad.

Es más de lo que ha sentido en años.

—¿Gege quiere?

Xie Lian mira a su alrededor otra vez. Una de las mariposas está flotando junto a él, por lo que le ofrece su dedo. Se posa inmediatamente, esta pequeña criatura tejida a partir de la luz de las estrellas y los deseos y las promesas brillantes.

—Ya sabes, San Lang —dice y sonríe; como el dios viejo, olvidado y desechado que es—, creo que sí quiero.

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