Work Text:
¿Qué habría sido de sí mismo si no hubiera conocido a Tanjiro? Era la pregunta que constantemente atravesaba su cabeza.
Quizás seguiría siendo el mismo idiota autocompasivo que había exigido a aquella chica a que se casara con él en el mismo puente donde se encontró con él por primera vez, o quizás ya estaría muerto desde hacía tiempo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, había notado algo de extrema importancia: No era capaz de imaginar una sola vida en la que Tanjiro no fuera partícipe al menos un poco, pues tal era el impacto que éste había generado en sí mismo. No podía ver un amanecer donde aquella luminosa sonrisa estuviera ausente; también la idea de no hallar aquellos luminosos y enérgicos ojos viéndolo desde la distancia y dándole ánimos en su torpe manera de ser.
Zenitsu no lo había notado.
¿En qué momento Tanjiro se había vuelto tan esencial dentro de su vida?
¿Fue en aquella incidentada ocasión donde Tanjiro irrumpió su paupérrimo intento por contraer matrimonio con una chica aleatoria? ¿Fue cuando intercambió información respecto al aliento que él mismo utilizaba? ¿Fue cuando notó que su corazón empezaba a acelerarse con el simple hecho de oír el susurro de su voz? ¿O quizás cuando intercambiaron ese tímido beso entre las camelias aquella noche estrellada y sin luna?
Aún desconocía el motivo por el cual Tanjiro se había fijado en alguien como él, alguien que, a su propio parecer, carecía de atributos que lo volvían especiales en comparación con un prodigio como Tanjiro. Cuando se lo preguntó, la respuesta que obtuvo no fue otra que una interrogante: «¿Por qué NO debería de hacerlo?» Zenitsu se sentía algo enfadado, decepcionado quizás, pero no fue capaz de reclamárselo cuando aquellas simples sílabas fueron acompañadas por la sonrisa más bella que había visto en su vida.
Los dedos se aferraron a la tela del haori de Tanjiro.
«Por favor no me dejes» pronunciaron sus labios acompañados de un silencioso sollozo.
«Jamás lo haría, Zenitsu» prometió Tanjiro al tiempo que las callosas yemas de los dedos secaban las lágrimas que ardían sobre sus mejillas.
—...vayas.
Los ojos de Zenitsu se abrieron poco a poco ante en llamado que resonaba en sus oídos.
Sintió una cálida gota caer sobre su frente, pero cuando quiso elevar la mano para comprobar que la humedad que había sentido era genuina y no el producto de su imaginación, su brazo no respondió como si estuviera dormido. Sentía mucho cansancio, y el sueño lo invitaba a dejarse caer en los cálidos y placenteros brazos de Morfeo, pero una voz quebraba el silencio e impedía que pudiera conseguirlo. Cuando sus ojos dejaron de presentar un panorama borroso y finalmente pudo enfocar la llorosa cara de Tanjiro pidiendo algo a gritos.
«¿Huh?» pestañeó con la duda presente en la mente. «¿Por qué no puedo oír nada?»
—¡...Zenitsu! ¡Por favor, resiste!
Las palabras se oyeron al principio como un lejano eco hasta que su cerebro pudo finalmente procesar las palabras que Tanjiro mencionaba.
Zenitsu se sentía tan cansado.
Tanto, que podía oír la voz del abuelito llamándolo.
—Tanjiro... —su propia voz se oyó tan débil que por un instante se preguntó si era suya. La desconocía. Se oía tan diferente—. T-Tanji---
—¡No hables! —exigió el nombrado, dejando caer tales lágrimas que uno imaginaría que había retornado al pasado, durante la batalla contra Muzan—. ¡No hables! Si lo haces, vas a...
Los siguientes vocablos fueron difuminándose con la atmósfera.
Se sentía tan cansado, y Zenitsu conocía el motivo.
—Tanjiro, escucha. —dijo con una débil sonrisa.
—¡No! ¡No te despidas! ¡Zenitsu, yo---!
Zenitsu elevó el brazo con las escasas fuerzas que aún le quedaban, y situó la mano sobre la húmeda mejilla de Tanjiro. Éste sujetó los dedos con firmeza, como si temiera que éstos se deshicieran entre los suyos como lo hacían los demonios al caer el alba, y depositó un desesperado beso sobre la palma. Zenitsu conocía bien el significado de ese simple beso.
«Soy tuyo».
Con eso consiguió extraer una última sonrisa de los labios de Zenitsu, quien tosió luego y escupió algo de sangre.
—T...anjiro —su voz se oyó rasposa por encima de los sollozos de su amado—, si no te hubiera conocido jamás habría conocido la verdadera felicidad. C-conseguiste extraer lo mejor de mí, ¿sabes? Así que, por favor, jamás dejes de sonreír.
—¡No digas esas cosas! —reclamó Tanjiro—. ¡No hables como si fueras a morir! ¡Zenitsu...!
—Por favor, jamás me olvides —prosiguió Zenitsu mientras las fuerzas lo abandonaban y sus dedos iban deslizándose entre los de Tanjiro—. No sabes lo agradecido que estoy de haberte conocido, de haber formado parte de tu vida aunque fuese por tan poco tiempo. Prometo... p-prometo que...
«Prometo que algún día, en algún lugar, en algún momento, nos volveremos a encontrar».
—¡Ten cuidado al caminar!
—¡Ups! ¡Lo lamento! ¡Estoy llegando tarde a clases, así que---!
Cuando Zenitsu levantó la mirada tras haber caído patéticamente al suelo luego de chocar contra ese otro estudiante, sintió que su corazón se detenía por unos instantes.
El chico, de hebras rojizas y extraños aretes, sonreía de forma nerviosa mientras se disculpaba con prisas por su torpeza.
—Espe--- ¿Cómo te llamas?
Pero el chico ya se había marchado a través de los pasillos mientras continuaba disculpándose.
«Esto es extraño» se dijo a sí mismo «¿Es solo idea mía...?»
¿...o sentía que lo había visto alguna vez en algún lejano lugar?
