Work Text:
Había estado ocurriendo las últimas noches.
Cada vez que Xie Lian cerrara los ojos, las pesadillas lo atacarían. Recuerdos de sus errores pasados, sus traumas, todo aquello que había tratado de olvidar desesperadamente regresaba a él con más fuerza que nunca.
La destrucción de su país. El abandono de sus amigos. La muerte de sus padres. Todas las personas que alguna vez lo miraron con admiración le dirigían miradas de desagrado ahora. «No nos salvaste», parecía que decían. Incluso tratándose de ilusiones, eran demasiado realista como para poder hacer algo.
Xie Lian siempre despertaba sobresaltado y jadeante, incapaz de conciliar el sueño tras sus pesadillas.
Esa noche no fue la excepción, sólo que se había sumado un factor a su abrupto despertar.
Un factor extremadamente vergonzoso.
Cuando despertó lo primero que hizo fue concentrarse en la habitación que lo rodeaba, el Templo Puji, no había guerra o caos, tampoco había rastros de la enfermedad de los rostros o de la Calamidad Vestida de Blanco. Le tomó unos segundos calmar a su corazón, regulando su respiración y limpiando las pequeñas lágrimas que se deslizaban por sus mejillas.
Nada parecía distinto hasta que pudo ser más consciente de su alrededor; el pánico de la pesadilla al fin disuelto.
Estaba mojado.
La sábana que lo cubría se pegaba a su piel, y cuando miró hacia el techo en busca de alguna gotera, llegó a la horrible comprensión de lo que había sucedido en realidad.
Se había mojado.
No podía ser cierto. En 800 años, Xie Lian había experimentado cientos de cosas, tenido pesadillas terribles en cada aspecto posible, pero nunca antes había hecho algo como eso. Mojarse. La simple idea era vergonzosa de por sí, pero no era una fantasía. Él, el Príncipe Heredero Agraciado por los Dioses, Dios Marcial, Coronado por Flores, se había mojado mientras dormía.
No dejó que el pánico lo dominará, y tras unos segundos de aceptación en los que trató de mantener su hilo de pensamientos calmados, decidió levantarse. Lo único que podía hacer era limpiar las mantas y cambiar su túnica, quizá tomar un baño rápido en el río que estaba cerca.
Era una fortuna que estuviera solo, de estar San Lang en el Templo ese suceso sería todavía más vergonzoso.
Como sólo tenía dos túnicas aparte de la que usaba (una más a las que había tenido unas décadas atrás), decidió quedarse en su túnica interior mientras esperaba que amaneciera. Tenía miedo de dormir y que el incidente se repitiera, arruinando una nueva.
Era una fortuna que un dios como él no necesitara periodos largos de sueño para poder trabajar bien.
—No tienes que preocuparte, Ruoye —trató de tranquilizar a su arma espiritual al día siguiente.
Esta vez había declinado a las peticiones de ayuda de los aldeanos con amabilidad, temiendo que el incidente de la noche anterior fuera culpa del sobre esfuerzo. También había reducido la cantidad de alimentos que comía durante el día, evitando líquidos desde que el sol comenzó a descender en el cielo.
Eso debería funcionar.
No lo hizo.
Cuando, a la mañana siguiente, se dio cuenta de que estaba mojado Xie Lian no sabía si debía llorar o reír. Algo realmente malo debía estarle pasando a su cuerpo. Pasó los primeros minutos abrazándose así mismo, sin poder aceptar que el suceso se había repetido.
Ni siquiera cuando era un niño había pasado por ese tipo de cosas.
Mojar la cama ahora que era un adulto, un dios marcial con más de ochocientos años, era vergonzoso de cualquier ángulo que se mirara. Si ya era un hazmerreír en los tres reinos no quería imaginar qué pasaría si esos accidentes salieran a la luz.
Además de limpiar el desastre y actuar como si nada hubiera ocurrido no había mucho que pudiera hacer.
Al inicio pensó que el problema pasaría por sí mismo, pero las pesadillas y los accidentes no mejoraron con el paso de los días. Por temor a arruinar la escasa ropa y mantas que tenía, además de seguir pasando por el vergonzoso ritual de limpieza cada vez que despertaba, Xie Lian decidió abandonar el hábito de dormir indefinidamente.
No era muy distinto a lo que Ling Wen y otros Oficiales Celestiales hacían debido a sus deberes. Pasar despiertos y activos las veinticuatro horas del día, incluso sonaba algo divertido.
La primer semana con su decisión de no dormir la pasó con una extraña facilidad, pero para la segunda semana los vestigios del cansancio comenzaron a mostrarse de una forma clara. Las bolsas debajo de los ojos serían su menos problema, comparado con el constante estado obnubilado y la disminución de sus reflejos.
Ruoye parecía intentar a cada momento de convencerlo de dormir, pero Xie Lian sentía cierta aversión a la idea todavía. No estaba seguro de poder dormir sin arrepentirse al amanecer.
¿Qué si tropezaba un poco más de lo usual y se tambaleaba al caminar? Cualquier cosa era mejor a repetir la humillación, y se sentía más productivo que nunca ahora que podía ayudar a sus seguidores y la gente del pueblo en cualquier momento del día.
«¿Gege?»
La voz en su oído lo sobresaltó al inicio.
Buscó en todas partes de la habitación, desorientado, hasta que recordó que había más de un modo de que Hua Cheng se comunicara con él. Inmediatamente una sonrisa apareció en su rostro cuando se dio cuenta.
«¡San Lang! Hola».
Poder escuchar su voz consiguió traerle algo de paz.
Como una consolación tras esa difícil semana. Sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que había visto a Hua Cheng, aunque éste algunas veces se escapara de sus responsabilidades durante el día para echarle una mano, cosa que no había sucedido esa última semana.
«Me preguntaba si Gege se había olvidado de mí, como estos días he estado tan ocupado, tampoco has intentado ponerte en contacto conmigo».
Xie Lian sonrió.
«¡Estás exagerando, San Lang! Nunca me olvidaría de ti aunque pasaran siglos, además es importante que te asegures de que todo esté en orden en la Ciudad Fantasma».
No era necesario que agregara que era debido a esa vergonzosa contraseña que él evitara empezar las conversaciones por su interfaz de comunicación.
«Sobre eso, al fin tengo el tiempo para regresar allá. Puede que me quede por algunas semanas antes de que tenga que volver».
Escuchar que Hua Cheng volvería lo llenó de emoción, pero ésta inmediatamente se extinguió al recordar su complicada situación de esos días. Incluso si trataba de ocultarlo, su apariencia decía bastante de su inconsistencia para dormir esos días.
«Gege no parece muy emocionado», se lamentó Hua Cheng por el lapso de silencio.
«No, no. Al contrario. Me emociona mucho, sólo que no esperaba que terminaras tan pronto allá». Sonrió. «Estaría muy feliz de ver a San Lang cuanto antes, Ruoye también te extraña».
«Lo que sea para regresar más pronto con Su Alteza». Podía imaginar la expresión que tendría en el rostro mientras lo decía, una sonrisa complacida y burlona. «E-Ming también extraña a Su Alteza», eso último lo dijo con ligero disgusto.
Seguramente la cimitarra había insistido bastante para que su amo transmitiera el mensaje, era ligeramente adorable imaginar la escena.
La transmisión se cortó antes de que pudieran despedirse, seguramente por algún fantasma que insistía la presencia de Hua Cheng para algo importante, pero no pasó mucho tiempo antes de que éste se presentara en la puerta del Templo con una cálida sonrisa.
Se abrazaron apenas intercambiaron miradas.
—Gege luce cansado —fue lo primero que dijo una vez se separaron—. ¿Ha pasado algo?
Xie Lian se encogió de hombros sabiendo que nada de lo que hiciera escaparía de la atenta visión del otro. Tampoco le gustaba ser el origen de su preocupación.
—No he dormido bien estos días —confesó, aunque no sabía si podría considerarse una mentira por los detalles que estaba omitiendo—. Ha sido bastante solitario estar aquí sin San Lang.
Hua Cheng sonrió, pasando uno de sus brazos alrededor de los hombros de Xie Lian.
—Lamento haber hecho esperar tanto a Gege —murmuró, y luego agregó—. Puede que sea algo temprano, pero debería descansar. Prometo no retirarme de su lado hasta entonces.
Cuando lo escuchó decir eso se dio cuenta de que había cavado su propia tumba. Al inicio trató de disuadirlo, mencionando responsabilidades y tareas pendientes, pero era difícil hacer a Hua Cheng cambiar de opinión una vez tenía una idea, más si se trataba sobre su bienestar.
Se vio forzado a meterse en la cama, el otro a su lado. Ruoye parecía feliz de que al fin fuera a descansar, pero cada fibra en el cuerpo de Xie Lian le advertía que era una mala idea. No quería volver a pasar por lo mismo pero entonces, un cálido beso en su frente, un masaje en su cuero cabelludo y unas palabras tranquilizantes lo derrotaron.
Estando al lado de San Lang pensó que todo estaría bien, que sólo lo necesitaba a su lado para que las pesadillas frenaran, y por lo tanto, su pequeño problema también lo hiciera.
Cuánto se equivocó.
Los alaridos de dolor, la agonía, aquella desesperación que una vez vivió lo golpeó apenas cayó dormido. Sentía que se estaba hundiendo en un pozo sin fondo cuando por fin se despertó. La misma incómoda sensación que había experimentado antes lo asaltó en cuanto abrió los ojos, pero esta vez no pudo actuar calmado al recordar la situación en la que se encontraba. El pánico lo atacó y trató de alejarse de San Lang con la esperanza de poder arreglar el desastre que había hecho antes de que éste lo notara.
No tuvo suerte. Sus movimientos repentinos fueron los que ocasionaron que el fantasma despertara. En un inicio este lo rodeó con los brazos y prácticamente lo obligó a regresar a la cama.
—Gege, es demasiado temprano… —no terminó sus palabras cuando pareció volverse consciente de la humedad.
—¡Lo siento! —prácticamente gritó, soltándose con fuerza de su abrazo—. Yo no quería… no sabía que…
Podía sentir lágrimas juntándose en sus ojos mientras hablaba, y eso en verdad no podía estar pasando, su corazón latía demasiado rápido y por un momento deseó estar de vuelta en la pesadilla que había provocado ese incidente. El pánico se apoderó de todas sus extremidades. No se dio cuenta del momento en que empezó a hiperventilar, pero debió ser al mismo tiempo en que empezó a temblar. Justo cuando sus pensamientos comenzaban a sobrepasarlo Hua Cheng actuó, siendo más rápido que cualquier cosa que Xie Lian pudo hacer.
Sus fuertes brazos lo rodearon y acercaron, ignorando por completo la humedad. Una de sus manos trazaba círculos en su espalda en un intento por consolarlo.
—Todo está bien, Su Alteza.
—¡Es que no está bien! —insistió—. Ha sido así por una semana, no sé qué debo hacer… San Lang, yo no-
Hua Cheng lo presionó contra sí con más fuerza.
—Shhh, todo está bien —repitió—. Lo que Gege en este momento necesita es un baño caliente y cambiarse estas ropas. Permítame encargarme.
Xie Lian permitió el abrazo mientras su respiración se tranquilizaba, el ataque de pánico lentamente pasando. Cuando por fin su ritmo cardiaco disminuyó, se separó un poco del más alto, incapaz de poder mirarlo a los ojos. Se sentía tan humillado, su ropa se pegaba a su piel y la sensación era fría e incómoda, vergonzosa. Aunque era confortable la sensación de tener a Hua Cheng a su lado. Que la habitación en la que se despertaba no estuviera del todo vacía.
—San Lang, ¿no te parece asqueroso? —cuestionó, sus ojos aún mirando al suelo. No podría ser capaz de mirar al otro a la cara después de eso.
Pudo escuchar una suave risa y justo cuando su corazón comenzaba a encogerse una mano se posó sobre su barbilla, con delicadeza, obligándolo a levantar su rostro con lentitud. Hua Cheng acarició su mejilla mientras le dirigía una sonrisa que parecía decirle que todo iba a estar bien. Se miraron por unos instantes.
No tuvo que decir nada para que el mensaje se entendiera.
Permitió la suave caricia hacia su mejilla, para después dejarse manejar por el demonio. En un parpadear de ojos ambos estaban dentro de Paradise Manor, un baño caliente con pétalos de rosa flotando sobre el agua se preparó frente a él más rápido de lo que imaginó. Una vez se vistió con una nueva túnica, una roja que pertenecía a Hua Cheng, se permitió arrastrarse hacia la cama, donde volvió a caer dormido tras un rato.
—Es necesario que Su Alteza descanse —había insistido.
Y él sólo había podido dar una corta respuesta.
—Gracias, San Lang.
—Shhh, Gege no debe de dar las gracias por nada.
Con esas palabras, y la sensación de un beso en una de sus sienes, cayó dormido. Cuando despertó al día siguiente se sentía relajado y tranquilo, reparado. Mucho mejor a como se había sentido esos días pasados.
Le gustaría decir que las noches siguientes no hubo más accidentes, pero hubo algunas en las que la incomodidad y vergüenza volvió a invadirlo. Siempre tras cada incidente recibía un trato amoroso y cálido de su pareja; comprensible. Pasaron algunos meses antes de que el problema se desvaneciera por completo, y aunque Xie Lian no explicaba qué lo había provocado en primer lugar, agradecía la presencia de Hua Cheng a su lado y que todo por fin hubiera terminado.
Incluso en las noches cuando alguna pesadilla lo despertaba, envolverse en el cálido abrazo del otro era suficiente para recuperar el sueño.
