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La navidad bizarra de los Jojos

Summary:

Jotaro llega a la mansión Joestar para las Navidades, llevando consigo a un peculiar invitado.

Al principio la familia Joestar se conmoveria con la noticia pues es el primer amigo de Jotaro luego de Polnareff que el introvertido muchacho lleva a la casa, y menos para las Navidades; pero lo que prometía ser una amena cena de festividad como todos los años se viene cuesta abajo cuando Jotaro presenta a Noriaki Kakyoin como su novio.

Es entonces cuando el rechazo de su homofóbico abuelo Joseph contra el temperamento del joven Jojo despiertan un conflicto familiar que desatara varios secretos del linaje Joestar.

Notes:

Se suponía que sería un oneshot pero quedó re largo así que lo divido en 2 partes

Chapter Text

Navidad era de esas fechas sumamente especiales del año donde la familia Joestar revivía sus costumbres y reunía a todos los miembros de la familia en una cena digna de Nochebuena. A Jotaro lo ponía de mal humor saber que se reuniría con todos los viejos fastidiosos a escuchar sobre las tradiciones Joestar y el valor del apellido que los unía. Además, desde que se unió Dio Brando al circulo familiar por cuestiones legales de negocios y respeto a su ancestro Jonathan, las reuniones eran simplemente insoportables. Jotaro generalmente se pasaba las fiestas fumando con su bisabuela Lisa Lisa apartado del bullicio de su familia. A veces le robaba cigarros, otras ella se los compartía, otras competían a ver quien se fumaba más a la vez. Todo eso dependiendo de qué tan terrible vaya la reunión.

Jotaro esperaba de verdad que ese año no fuera tan nefasto, porque aquella Navidad sería diferente. Sería la primera verdaderamente significativa para él, desde que su abuelo le regaló un delfín de peluche tamaño real a los 5 años.

Esa noche, Jotaro se encontraba en sus plenos 20 y tomando una gran decisión que marcaría su vida y probablemente a su linaje.

Bajó del taxi encontrándose de pie frente a la mansión perteneciente a una de las familias más importantes de Inglaterra, con Kakyoin colgado de su brazo y acariciándolo para calmar sus nervios.

-Estoy muy ansioso -repitió el pelirrojo por enésima vez desde que se subieron al avión en Japón- ¿Estás seguro de que no debí haberme puesto algo más formal?

-No, así te ves bien.

-De acuerdo -pasó sus manos quitando polvo de su impecable saco verde esmeralda, y estiro arrugas inexistentes de su camisa con estampados de cereza- Tal vez debí haber traído un regalo para la señora Kujo, ella siempre es tan amable y atenta cuando hablamos por teléfono...

-Ya es tarde para pensar en eso, ¿estás listo? -preguntó cuánto más se acercaban al umbral de la entrada, cruzando el bello jardín. El pelirrojo asintió determinado y Jotaro golpeó la puerta.

-¡Oh, ya están aquí! -se oyó anunciar a la madre del pelinegro, quien abrió la puerta entusiasmada- ¡Mi Jotaro! -se lanzó a abrazarlo apenas abrió la puerta.

-¡Quítate, perra! -se la quitó se encima de un empujón.

-¡Ah, y debes ser Kakyoin-kun! Es tan lindo verte en persona -lo abrazó también, brevemente.

-Soy Noriaki Kakyoin, un gusto en conocerla señora Kujo -se presentó con una reverencia- Quién diría que la madre de Jojo es una mujer tan joven y hermosa, si no supiera hubiera pensado que tenía una hermana.

-Oh, no -la rubia rió avergonzada por los halagos, llevándose una mano a la cara- Vaya amigo tan dulce que te guardabas, cielo. Pasa, Kakyoin-kun, siéntete como en casa. Vayan y tomen asiento que los demás están esperándolos.

-¡Hola sobrino! -el tío Josuke apareció arreglando su pelo con una sonrisa cuadrada, haciendo ademán de recibir con un abrazo a su pariente- ¿Qué hay, hombre?

-¡Josuke, qué bueno que estás aquí! Ve y sube las maletas de los chicos -le ordenó la rubia antes de que pudiera acercarse más a su hijo, tirándole las cosas a los brazos.

-Um, de acuerdo... -el menor se sorprendió por la repentina tarea pero tomó las cosas y se marchó sin rechistar. Jotaro miró de mala manera a su madre.

-Vieja, ¿qué mierda fue eso?

La rubia se mordió los labios, casi perdiendo por un segundo la sonrisa que siempre portaba en su rosto.

-No me mires así, no olvidé lo que acordamos -respondió despreocupadamente antes de marcharse a la cocina. El pelirrojo miró interrogante a su compañero, pues era inusual ver a un hijo reprender a su madre.

-¿Ese chico era...?

-Sí, el otro hijo de mi abuelo.

Sin agregar más posó su mano en la espalda baja de Kakyoin, empujándolo para que terminaran de pasar al recibidor. El más alto lo guio al gran comedor, donde una larga mesa para 10 invitados los esperaba. El inmueble y tapizado de cada rincón de la casa era lujoso, propio de una familia adinerada como los Joestar, cuya empresa estaba en los primeros lugares a nivel mundial. Lo mismo podría decirse de los miembros de la familia, pues cada persona sentada en la mesa irradiaba un aura impresionante desde su apariencia hasta los penetrantes ojos que se posaron en Kakyoin. Claro que el joven no era de intimidarse fácilmente; excepto tal vez por cierto hombre rubio de ojos rojo sangre sentado en una de las cabeceras, pero sin titubear se dispuso a presentarse con la familia de su compañero.

Fue así que tras reverencias y saludos supo que Tomoko era la bella japonesa de cabello corto sentada dos lugares a la derecha de la cabecera vacía, y el simpático de peinado peculiar que volvió en unos minutos era el ya nombrado Josuke, su hijo. Al lado de éste se encontraba un hermoso y callado adolescente llamado Giorno, quien llevaba su cabello rubio cuidadosamente peinado en una trenza; y en la otra cabecera se encontraba su padre. Un magnate rubio de presencia imponente, enemigo de los dermatólogos, que a pesar de supuestamente estar en sus 50 y pico se veía de 30 a lo sumo. Se decía que el gran Dio había pactado con el mismísimo diablo para no envejecer nunca, y ahora que lo tenía de frente a Kakyoin no le quedaban dudas.

A Dio Brando lo precedía su reputación, y de antaño lo perseguían extraños rumores y sospechas desde que llegó a reclamar su lugar en el testamento de Jonathan Joestar, a quien cuidó como pago de sus deudas en sus últimos años de vida. Jotaro le había comentado que a Joseph nunca le cayó muy bien aquel rubio poco más joven que él que como si nada se había ganado un lugar en el corazón de su moribundo abuelo Jonathan, quedándose luego de su muerte con la mitad de la empresa. A Kakyoin le pareció entendible luego de darse un apretón de manos algo brusco con el mayor, e intentando ignorar su mirada soberbia saludó a la siguiente comensal en la mesa. La bisabuela de Jotaro bien podría ser otra seguidora de satanás o una adicta al botox y la crujía plástica. También a la tinta pues no se le veía ni una cana a la doña Lisa Lisa.

Finalmente saludó a su amigo Polnareff con su saludo especial de codos y manos, y luego tomó asiento junto a Jotaro, quien se sentó al lado de la cabecera libre, el lugar de su abuelo Joseph.

Las sillas estaban forradas con terciopelo y el juego de manteles y servilletas tenían bordados de oro. A Jotaro nunca le llamaron los lujos, aunque sí era quisquilloso para la ropa, como muchos en su familia. No era lo suyo presumir pero disfrutaba la sorpresa y admiración en los ojos de Kakyoin. El gusto del pelirrojo sí era fino y parecía anonadado por los detalles en el mango de los cubiertos de plata.

Charlaron un poco con Polnareff sobre cómo le iba al francés desde que se graduó de la universidad y trabajaba en Speedwagon cuando de pronto se oyeron voces aproximándose desde la cocina.

-Vamos, Holly, acordamos de recibirlos adecuadamente. Son parte de la familia.

-Acordamos recibirlo a ÉL, el niño puede que sea parte de la familia, pero ella no lo es. ¿Cómo se te ocurre no avisar que vendrían juntos? ¿Viste la cara de mamá?

-Lo sé, pero mi Holly...

-¡Mamá tuvo que irse porque no puede soportar verla! Hiciste que mamá se fuera en plena Navid-

Los adultos callaron al darse cuenta que habían llegado al comedor y eran mirada de todos los presentes. Holly se aclaró la garganta mostrando su usual sonrisa y sirvió el pollo relleno mientras su padre llevaba el pavo.

-Holly, deja que yo traiga las bebidas -se ofreció la japonesa.

-No hace falta, Dio lo hará -rechazó de inmediato.

-Giorno -respondió el adulto.

-Voy -se levantó a la orden el nombrado.

Josuke se removió en su asiento incómodo y agachando la cabeza tras notar la triste mirada de su madre, hasta que una patada de Jotaro lo hizo levantar la vista, advirtiéndole con la mirada que no se deprimiera o su pelo comenzaría erizarse.

-¡Jotaro, mi muchacho! -el hombre canoso lo saludó con un fuerte abrazo, ganándose un 'yare yare jiji' de su nieto- Tú debes ser Kakyoin, ven aquí -ejerció otro abrazo con palmadas en la espalda con el otro joven y paso a sentarse en su lugar.

-Oye y dime joven, ¿en serio tus padres trabajan en Nochebuena? -preguntó curioso el Joestar mayor.

-No precisamente, pero están fuera del país y su vuelo a Japón no será hasta en unos días así que probablemente pase sólo hasta año nuevo.

-¿Pasar fiestas solo? ¡Eso es terrible! -se espantó la rubia.

-En realidad ya estoy acostumbrado, mis padres viajan mucho. Hay veces que no puedo ir con ellos pero estoy bien por mi cuenta. Ellos llaman cada vez que pueden.

-¡Ni hablar, puedes pasar las festividades con nosotros a partir de ahora! Nos encantará tener más amigos de Jotaro por aquí -le sonrió cálidamente.

-Yo... -Kakyoin se acomodó el mechón rebelde de su pelo devolviendo la sonrisa con sinceridad- Se lo agradezco, de verdad que significa mucho para mí.

Giorno llegó entonces a llenar sus copas y el viejo Joseph inició las oraciones y agradecimientos de la velada. Propuso un brindis por la familia y dio comienzo al festín. Comieron entre charlas y anécdotas de los jóvenes universitarios, junto con algunas historias del viejo Joseph quien no perdía oportunidad para presumir hazañas de su juventud frente al nuevo amigo de Jotaro. Había una tensión palpable por parte de las jóvenes madres presentes pues eventualmente comenzaron a ignorarse.

Josuke por otro lado se había integrado a la conversación con naturalidad y a veces hacía a Giorno sumarse cuando éste permanecía mucho en silencio o intercambiando mensajes con su celular. Dio se limitaba a soltar comentarios sarcásticos para bajarle los humos al Joestar mayor de vez en cuando, dejando ver que la rivalidad seguía viva. Lisa Lisa conversaba con Tomoko quien se veía más animada.

-Bien, va siendo hora del postre -anunció Holly pasado un tiempo de que terminaran el platillo principal.

-¿Te ayudo? -preguntó Tomoko, levantándose de su silla.

-No, está bien. Yo puedo sola.

-Insisto -agrego en un tono que indicaba que no aceptaría un no por respuesta- Es más, yo me encargo de todo. ¿Por qué no traes unos álbumes para mostrar al amigo de Jotaro-kun? -Holly estuvo a punto de negarse hasta que consideró mejor la idea.

-Si, eso haré.

-¡Vieja!

La rubia se marchó antes de que su hijo pudiera detenerla y volvió con unos libros de tapa dura, sonriendo ampliamente. Polnareff comenzó a reír por lo bajo sabiendo lo que se venía.

-Mira Kakyoin-kun, ¿no es lo más precioso mi pequeño Jotaro con sus pijamas de delfines?

-¡Ya córtala, maldita vieja!

El pelirrojo sólo reía con la madre de su compañero, mientras los demás presentes o sentían pena ajena o se reían también. Tomoko levanto los platos de la mesa con ayuda de Giorno, quien no pudo evitar ofrecer su ayuda. Se dedicó luego a serviles el postre, un especial italiano por parte del bien conocido cocinero Tonio. Su platillo especial prometía unir los lazos de la familia y el hogar.

En eso, Jotaro encendió un cigarro que le robó a su bisabuela y se dedicó a aguantar unas humillaciones más mientras contemplaba la bella sonrisa de Kakyoin, quien parecía pasarla de maravilla. El pelirrojo pasó las páginas de uno de los álbumes más viejos, encontrándose con fotos de Joseph Joestar cuando gozaba de la edad de su nieto.

-No hay duda de por qué Jotaro es tan popular, usted siempre fue muy bien parecido señor Joseph -se ganó una risa y un comentario algo fanfarrón por parte del nombrado. Mirando detenidamente una de las fotos señalo algo- ¿Quién es él? -preguntó de pronto, señalando extrañado al rubio con marcas violetas bajo los ojos que aparecía varias veces abrazado a Joseph; pues en cada foto le iban nombrando a las personas y sus anécdotas, pero a aquel chico lo habían salteado ya 2 veces.

-E-era un amigo de la universidad, no hay mucho que contar -contestó el mayor con simpleza, pasando rápido de página.

- A todo esto, tengo entendido que Jotaro y tú son compañeros de piso desde hace algunos meses. ¿Cómo va la convivencia? -soltó curiosa la rubia.

- Va bien -soltó el pelinegro, cortante, y acto seguido apagó lo que quedaba de su cigarro.

- ¡Estaba preguntándole a Kakyoin-kun! -hizo un puchero la señora- Dime, ¿mi Jotaro te trata bien? ¿No ha mandado a nadie al hospital o sí?

- No que yo se lo permita -contestó lanzándole al pelinegro de gorra una mirada cómplice- Y Jojo es... muy gentil conmigo.

- ¡Ah, que alivio! Me alegra que mi Jotaro esté haciendo tan buenos amigos. Siempre fue introvertido en la secundaria, temía que...

-No es mi amigo, vieja -la interrumpió su hijo antes de que a su madre se le fuera la cuerda. Su aclaración causó confusión en los presentes- es mi novio.

Holly se atragantó con el postre y a Polnareff se le cayó en la camisa. El viejo Joseph escupió su vino y a Josuke se le escapó un mechón de su genialoso peinado por la sorpresa.

-¿C-cómo dices? -exclamó tosiendo.

-Que somos pareja, ¿estás sorda vieja? -aunque no se le notara a simple vista Jotaro sudaba de los nervios y ya ni los insultos le salían, pues en el fondo temía de la reacción de su madre. Pero cuanto más espontáneamente soltara la verdad, más rápido sería todo. Kakyoin al principio lo miró con la boca abierta al igual que los demás, pero luego asintió y tomó su mano. Polnareff los miraba con ojos desorbitados pues no tenía idea que su amigo saldría del closet en plena Nochebuena frente a todo el ganado.

-Giorno, ve a preparar té. Y trae más vino, el señor Joseph necesitará ayuda para digerir esto -Dio apenas disimuló la malicia y diversión en su rostro.

-Enseguida -se excusó el joven rubio poniéndose de pie. No le gustaba la expresión de su padre, presentía que pronto presenciaría algo que no le correspondía.

-Y ya deja ese teléfono cuando estás en la mesa, ¿dónde están tus modales? -regañó también, notando que su hijo no se separaba de aquel aparato.

-Perdón, mis compañeros no paran de enviarme felices fiestas, quieren saber cuando estaré de vuelta en Italia -luego de disculparse se volvió al albino francés- señor Polnareff, permita que le ayude a limpiarse -se ofreció acompañando al albino fuera del salón.

-Dios mío... -Holly se llevó una mano al pecho, atónita- mi Jotaro, ¿eres gay?

-¡Jajajaja! -una carcajada rompió el silencio y todos voltearon a ver a Joseph- ¡Cómo crees! Mi nieto es un As con las bromas, igual que su abuelo -estiro el brazo hasta el nombrado apoyando su mano en el hombro del joven- Ya, hijo, deja las loqueras que asustas a tu madre.

-Dame un respiro... -Jotaro se acomodó la gorra y sin pudor puso su mano entrelazada con la del pelirrojo sobre la mesa- No es ninguna puta broma, anciano. Kakyoin y yo nos enamoramos. Vinimos para decirles que estamos juntos.

-¡¿WHAT?! -el hombre mayor retiró su mano de su nieto como si a éste le hubiera salido otra cabeza y se pegó al respaldo de sus silla con ojos como platos.

-No puede ser, ¿en serio eres gay? -su tío Josuke aún no salía de su asombro, al igual que el resto de los comensales, hasta que otra carcajada resonó en el gran comedor, esta vez proveniente de Dio.

-Increíble, la verdad lo veía venir del niño de peinado raro pero esto es aún mejor.

-¿Q-qué dijo de mi peinado señor?

-Ahora no, Josuke -lo calmó su madre, presionando su hombro con una mano para que no se levantara de su asiento e hiciera alguna tontería.

-¡Mi Jotaro es un desviado! -sollozó la rubia al borde del desmayo- ¿Cómo ha ocurrido esto? Dime Jojo, ¿desde cuándo eres así?

-Oh, vaya... -Lisa Lisa se vació su copa de vino de un trago.

-Oye pero, ¿de verdad que no es una broma? -insistió Josuke algo preocupado por las expresiones de los mayores. No le molestaba la idea de que su sobrino fuera homosexual, pero no entendía cómo a Jotaro se le ocurría soltar la sopa en una reunión familiar tan grande.

-¡Ahh, ya cállense perras escandalosas! -gruñó Jotaro sin poder contenerse más las ganas de maldecir.

-¡Jojo! -el nombrado se calmó ante el llamado de Kakyoin, a quien le había prometido antes del viaje que controlaría su temperamento para hacer las cosas bien con su familia, por lo menos esa ocasión.

-Ya dejen de hacerlo repetir todo, es inútil. Acaba de dejarlo claro, ¿o no? -habló Giorno llegando con la bandeja de té luego de que el grito de Jotaro callara a los presentes- ¿Desde cuando están juntos? -preguntó tomando asiento y sirviendo unas tazas. El pelirrojo se animó a responder.

-Desde hace 5 meses, aunque admito que estuve interesado en Jojo por mucho más tiempo; quizá desde que nos hicimos amigos. Al principio comenzamos con el pie izquierdo pero luego de conocernos bien nos hicimos cercanos y él fue sorprendentemente muy amable conmigo -comenzó a relatar con cierto entusiasmo, acariciando los nudillos del pelinegro y recordando con dulzura el florecimiento de su relación; pero todo se vio interrumpido por un fuerte estruendo. Todos voltearon a ver a Joseph, quien se encontraba con el puño sobre la mesa y una expresión dura.

-¡Oh, no! -exclamó, y firmemente dijo- ¡Este no es mi nieto! ¡Jotaro es todo un hombre, un Joestar hecho y derecho! Las mujeres le llueven encima, esto es ridículo -clavo la vista en su nieto, buscando hacerlo entrar en razón- ¿Qué tramas saliendo con este maricón? ¿A caso tontear con chicos es lo que te enseñan en esa universidad, eh? ¡Qué maneras de divertirse tienen los malditos japoneses! -se volvió a Holly con un dedo acusador- ¡Te dije que debía venir conmigo a estudiar a América!

-¡Cuidado con lo que dices, Joseph Joestar! -se alzó la japonesa que una vez lo amó con locura- Nunca entendí tu odio a mi país ni me importa, pero no mezcles las cosas a conveniencia . Que te quede claro que mi hijo ha recibido la mejor educación que pude darle, y fue en su casa, Japón!

-¡Pero las verdaderas universidades están en América, por eso Josuke vendrá conmigo apenas termine la secundaria!

-¡Eso aún no está decidido!

-¿Q-qué? -el joven Josuke miraba a sus padres sin enterarse de nada. El chico aún no tenía claro dónde ni qué quería estudiar cuando se graduara.

-¡Deja de joder viejo! -estalló Jotaro de nuevo, harto de escuchar tanto sinsentido.

-Oh, Jotaro, ¿por qué? -lloraba su madre desconsolada- Puedo con que vayas de nuevo a la cárcel, incluso si matas a alguien, ¡pero no me hagas esto!

-Vieja... -el azabache que siempre se mostraba imperturbable ante el llanto de cualquier dama, se encontraba perplejo, nunca había visto a su madre así ni cuando lo tuvo que sacar de prisión.

-Es mi culpa -Kakyoin agachó la cabeza angustiado, cubriendo su rostro con su ondulado mechón de pelo- Jotaro era heterosexual antes de que yo me entrometiera en su vida; si yo me hubiera rendido con él, nuca hubiera considerado estar con un hombre.

-Eso no es cierto Kak-

-¡Pues claro que es tu culpa! -gritó Joseph, interrumpiendo- ¡A Jotaro siempre le han gustado las mujeres, aunque no sepa cómo tratarlas! ¿Por qué carajos tenías que llegar a meterle ideas raras en la cabeza? ¡Y tú, Jotaro! ¿Cómo vas a dejarte influenciar por un afeminado cualquiera? ¿Has perdido la cabeza?

-¡Ya dame un respiro, viejo de mierda! ¡Solo yo decido qué carajos me gusta, y si ahora me prende chupársela a Kakyoin no es asunto de nadie! -se levantó de golpe azotando su puño en la mesa con fuerza, imitando el aura dominante del mayor- ¡Y si vuelves a insultar a mi novio me olvido de que eres mi abuelo y ya mismo te doy una paliza!

-¡Oh my God! -el Joestar mayor casi se cae de sus silla- ¡Esto es tu culpa, Holly, lo malcriaste mucho! ¡Si hubieras sido más dura con él no hubiera salido así!

-Estoy de acuerdo, fuiste muy blanda -acotó Lisa Lisa, encendiendo un cigarrillo- Los hijos sin disciplina tienden a desviarse.

-Quizá la culpa la tienen sus genes. Pobre Jonathan, que en paz descanse, nunca supo hacer de sus hijos unos hombres dignos -soltó Dio tomando un sorbo de su copa, que momentos atrás llenó su hijo- le faltó llevarlos a la iglesia, inculcarles los mandamientos del señor y vigilar con quienes se juntaban. Vamos, querido Joseph, tu entiendes. Dejaste de ir a misa con Erina y tu amigo de la universidad te volvió problemático -el sonido de un cristal rompiéndose atacó los tímpanos de todos. Holly al ver la copa rota en mano de su padre corrió a buscar un pañuelo.

-¡Déjenme! -dejó que su hija envolviera su mano con el pañuelo para frenar el sangrado que emanaba de su palma y se apartó para mirar a Dio con sumo desprecio- ¿Qué se supone qué insinúas, Dio? ¿Quién te crees para hablar de mi abuelo? ¡Nunca fuiste nadie en esta casa! -los labios de Dio se tensaron en línea- ¿Y qué mierda vas a decir de mis amigos? Tal vez yo sea un poco xenofóbico, Dios me perdone, ¡pero al menos no soy un maldito racista!

-No hablaba de tus amigos de color, tú sabes de quien -respondió afiladamente- Y como amigo cercano de Jonathan que fui solo digo la verdad, que debió haber hecho un mejor trabajo con sus hijos. Toma como ejemplo a mi Giorno, es un caballero con principios. Su circulo social son gente de clase, tiene excelentes calificaciones, tanto que le di el gusto de estudiar en el extranjero. Sacó su licencia de conducir este año y jamás me ha causado problemas -se regocijó acariciando la cabeza del adolescente como si fuera un minino.

Mientras Joseph y Jotaro miraban a Dio como compitiendo por quien le arrancaba la cabeza a miradas primero, Josuke se tapó la boca para no reírse del niño consentido, recibiendo un codazo de Giorno.

-¡A mi no me jodas que todos sabemos como llegó ese niño a ti, Dio, así que no juegues al buen padre!

Kakyoin no entendía mucho ni sabía de la historia de la que hablaban, pero Jotaro le contó de Giorno una vez. Dijo que había aparecido como hijo no registrado de Dio Brando y quedó bajo el cargo de éste ya que la madre del niño había fallecido bajo circinstancias extrañas, y no tenía familiares vivos.

-¡Me considero un buen padre porque yo si supe como enderezar el futuro de mi hijo! Ustedes debieron ponerle límites a Jotaro, creció sin una figura paterna confiable y ahora es un caso perdido! ¡Pasa el día fumando y no tiene respeto ni por su madre!

-¡Señor Dio, con todo respeto! -Kakyoin intervino, robándose la atención- Jotaro es un gran hombre, tendrá sus defectos pero sus cualidades son más grandes y sobre todo tiene un buen corazón. No puede quitarle crédito en eso a la señora Kujo, ella solo le permitió ser como es y aprender de sus errores como persona.

Holly se quedó un tanto sorprendida de que el joven la defendiera, y calmando sus sollozos se limpió las lágrimas.

-¡Tu cállate! ¡Es precisamente porque lo deja hacer lo que quiera que ese inútil es un fracaso! ¡Ya se jodió a la policía y a la mafia más de una vez, y ahora también sale con que se la come a este otro puto! Primero se hizo delincuente, ahora homosexual, ¡sigue que se convierta en un adicto vagabundo!

Una bofetada resonó en el salón, y es que Holly había ido hasta Dio para darle una buena.

-¡No hables así de mi Jotaro, te lo prohíbo!

-¿Estás loca mujer? ¿Te atreves a levantarme la mano, a mí, Dio?

-Cálmense todos, no hay por qué alterarse -Polnareff irrumpió en la fea discusión que escuchaba, vistiendo una camisa limpia- Somos adultos, no hay que pelear ni faltarnos el res-

-¡Polnareff, ¿tú sabias de esto?! -lo señaló Joseph acusatoriamente, sin dejarlo terminar.

-¿Eh? ¡No! Bueno, quizás pero...

-¡Suficiente, no quiero oír más! Es mi familia, y yo me encargaré de resolver esto -se dirigió a la pareja en cuestión y firmemente dijo- Los quiero a los dos fuera de esta casa. Jotaro, no volverás a poner un pie aquí hasta que recapacites y vuelvas a actuar como un hombre.

-¿Pero qué dices papá? ¡No puedes echar a Jotaro! -Holly comenzó a hiperventilar.

-¡No hace falta que haga nada de eso, señor Joestar! Si todo esto es mi culpa yo seré quien se retire. Fue mi atrevimiento venir hasta aquí y convencer a su hijo de hacer todo esto, por favor no sea tan duro con él -pidió Kakyoin con angustia, moviendo su silla para dejar la mesa y correr a buscar sus cosas.

-¡Kakyoin, no! -el pelirrojo salió disparado hacia las escaleras ante las miradas de todos. El azabache gruñó frustrado y miró a su abuelo- ¡Si él se va yo también me largo! -advirtió, a lo que Holly se largó a llorar de nuevo.

-Me parece bien -le alentó Dio tomando a fondo su copa y sirviéndose mas, en ademán de calmarse e ignorar la hinchazón de su mejilla.

-¡Te doy la oportunidad de que pienses en lo que estás haciendo, muchacho! -se apiadó al oír el llanto de su hija- ¡Vas a arruinarte la vida, no lograrás nada huyendo de tus responsabilidades así!

-¡No estoy huyendo de nada!

-¿Y qué va a pasar con mis nietos? -sollozó la rubia.

-La ley aquí nos permite adoptar.

-¡Por favor, niño! ¿Dos hombres criando un pendejo? -Dio volvió a reírse con ganas- Las generaciones de ahora se lo creen todo. Que pueden coger con quien sea y que cualquiera puede ser padre porque es su derecho. Hasta pueden identificarse de la manera que se les dé la gana. Hoy en día los mocosos pueden salir con que son mierda de perro y hay que respetárselo. Pucci tiene razón cuando dice que la humanidad necesita una limpieza.

-Papá, no bebas tanto.

-Déjame, Giorno.

Mientras Dio soltaba su monólogo Joseph se había puesto de pie y caminaba de un lado a otro pasándose las manos por la melena canosa.

-¿Papá? -lo llamó Holly, temiendo que su padre fuera a explotar o algo parecido. El mayor se detuvo tras unos segundos y mirando a la nada dijo serio:

-Ya está decidido entonces, te vas de la casa. Ya no eres bienvenido en esta familia. Tienes una hora para recoger tus cosas.

Sin decir nada Jotaro se levantó y subió las escaleras en un silencio sepulcral que dejó a todos helados. Excepto a Dio, claro.

-Señor Joestar, ¿va a dejarlo ir así sin más? Jotaro-san es su familia... -Josuke no asimilaba todo lo que acababa de decir el hombre que hace poco descubrió fue quien lo engendró; y a quien aún no se atrevía a llamar "padre".

-Está bien si no lo entiendes, Josuke, pero Joseph hizo lo que había que hacer -habló entonces la anciana Lisa Lisa, con su semblante estricto de siempre pero ojos cansados y tristes.

-Creo que Dio tiene razón -aquellas palabras tomaron desprevenidos a los presentes, pues no es algo que Joseph diría jamás- A Jotaro le hizo falta una figura masculina en su vida que le enseñara a ser un hombre, no tiene sentido culpar a Holly cuando fui yo quien descuidé a mi nieto.

-Me alegra que estemos de acuerdo, Joseph -el aludido irradió un aura triunfante- Pero no te sientas mal, ahora hiciste lo que tenías que hacer.

-Lo sé, y tengo claro que no voy a cometer los mismos errores contigo Josuke -agregó lo último dirigiéndose a su hijo varón- Vendrás a vivir conmigo apenas te gradúes.

-¡Es muy pronto para decidir eso! Josuke es quien debe elegir primero -Tomoko abrazó a su hijo ante la amenaza de quitárselo.

-A mi nadie me ha comentado nada sobre la universidad, o sobre mudarme al extranjero, ¿y qué te hace pensar que quiero vivir contigo? -Joseph titubeó al escuchar lo último, pero persistió.

-Aunque no lo quieras, es lo mejor para ti.

-¡Joseph, si insinúas otra vez que no puedo criar bien a mi hijo no te lo perdonaré! -reclamó Tomoko, sintiéndose insultada por el hombre que aún conservaba una parte de su corazón- No entiendo estas estupideces sobre ser un verdadero hombre pero, ¿qué es un hombre al fin y al cabo? ¿Alguien que le da la espalda a su familia? No vengas a reclamar nada de Josuke cuando no estuviste presente en toda su niñez. Yo me he encargado sola de que Josuke conserve un corazón noble y con eso estoy satisfecha. No sé mucho de Holly o Jotaro pero estoy segura de que ella dio lo mejor de si misma para que creciera sano y tu no eres quien para juzgar si hicimos algo mal o no con nuestros hijos -se tomó un instante para respirar y aclarar sus pensamientos antes de continuar- Aunque bueno, yo me quedo tranquila de que Josuke nunca ha ido a prisión.

El viejo Joseph se quedó en silencio, pues las palabras de la japonesa le habían golpeado duro. Al Verlo flaquear, el Brando mayor chasqueó la lengua.

-Es lógico que te sientas así, Tomoko. Pero algunas madres son capaces de perdonar hasta los más terribles errores de sus hijos. A veces los padres tienen que tomar el papel más duro, aunque se ganen el rencor de sus hijos. Solo así maduran de verdad, ¿no crees Lisa Lisa? -la castaña no respondió al llamado de Dio, molestándolo un poco- Bien, en fin. Aprendí esto con mi padre. Tal vez sea tarde para Jotaro pero Josuke está a tiempo de enderezarse. Esos dos pasaron mucho tiempo juntos en su viaje a Morioh, ¿no te preocupa las ideas que le habrá pasado a tu hijo?

Antes de que la mujer respondiera Joseph recuperó su hilo.

-Ese pueblo nunca me gustó para Josuke, Tomoko, está lleno de gente excéntrica. ¿No has visto los muchachos con los que se junta? Un enano afeminado, un malandro descerebrado, un dibujante que se mete contra menores, ¡y la lista sigue peor! Josuke estaría más seguro viviendo conmigo, le presentaré gente decente.

-¡Esto es ridículo, viejo! ¿Por qué demonios dejaría que eligieras a mis amigos? Ni siquiera conoces bien a Koichi, Okuyasu ni a Rohan... y-y que conste que él no es mi amigo, ¡es amigo de Koichi! -Josuke abandonó la mesa dispuesto a marcharse.

-¡Josuke!, ¿a dónde vas?

-A decirle a Jotaro y Kakyoin dónde puse sus cosas, deben haberse perdido buscándolas. Ustedes sigan su discusión sin sentido.

-¡Josuke, ven aquí! -el adolescente hizo oídos sordos y desapareció yendo al segundo piso- Tomoko, ¿no vas a decirle nada?

-No, y creo que ya es hora de marcharnos. Aprecio tu intento por integrarnos a estas fiestas pero mi hijo y yo no pertenecemos aquí -se volvió a Holly con cierta vergüenza- Lamento haberle causado un disgusto a tu madre. Esperaré por Josuke y le avisaré que nos vamos.

-Tomoko, querida, lamento todo esto -dijo sinceramente Lisa Lisa- Deja que le avise a Josuke que lo esperas abajo, y ya revisaré a los otros dos.

Gracias, Lisa Lisa-san -la japonesa contempló sus manos, e incapaz de quedarse a esperar sin hacer nada se puso de pie- Holly, vamos a lavar los platos. Lo mínimo que puedo hacer antes de marcharnos es ayudarte a limpiar -sacó a la rubia del trance en el que llevaba sumergida desde que vio a su amado hijo irse y la obligó a moverse.

........

Jotaro caminó a zancadas por los amplios pasillos de la casa. No tenía idea de dónde había dejado sus cosas el torpe de su tío pues en la que se supone era su habitación no estaban, y tampoco había rastro de Kakyoin. Decidió sacarse las ganas de fumarse otro cigarrillo pero cuando se dirigía al balcón se dio cuenta de que se le habían acabado. Maldijo y al levantar la vista lo vio a través de los cristales de las puertas. Su novio se encontraba inclinado hacia abajo, sosteniéndose del borde de las barandillas de mármol.

-¡Kakyoin! -abrió el pestillo del balcón de una patada y apartó al chico de un empujón- ¿qué haces, idiota? ¡Es peligroso!

Los ojos violetas del pelirrojo se posaron perplejos en él.

-¿Lo siento...? Vine a tomar aire y perdí mi pendiente, creo que se cayó.

El pelinegro lo soltó dándose cuenta de que estaba apretando su brazo, y tomo distancia bajando su gorra. Ya estaba siendo otra navidad de mierda y su mente le jugaba malas pasadas.

-¿Por qué estás aquí?

-Lo mismo que tú, vine a buscar mis cosas y se me dio por tomar aire -vio el ceño del pelirrojo fruncirse y cómo su mirada bajó al jardín y las calles cubiertas de nieve que asomaban tras los portones de la mansión, iluminadas por faroles.

-No tienes que hacerlo, es tu navidad en familia, no puedo quitarte esto.

-Claro, porque yo me moría por venir a esta reunión -se bufó el más alto.

-Hablo en serio, puedo soportar ser tratado como un intruso, pero no me perdonaría que por mi culpa te distancies de tu familia en una época especial.

-Nada de esto es tu culpa. Los viejos éstos son así, ya se les pasará.

-¿Qué tal si no? ¿Qué tal si es imposible que nos- digo, que te acepten?

Jotaro acarició su mejilla y el simple gesto hizo que los orbes violetas volvieran a verlo, cristalizados. Kakyoin puso su mano sobre la de Jotaro sumiéndose en la calidez de ésta. Su rostro pálido y la punta de su nariz rosa por el frío hacían resaltar las pequeñas pecas que pintaban su semblante.

Sabia los miedos de Kakyoin, sus padres dejaron de hablarle después de que les confesara que era gay. Tardaron un par de meses en arreglar las cosas pero el chico casi se da por vencido con su familia, estuvo muy deprimido por aquello.

-No creo en los imposibles, pero pase lo que sea que pase, ya prometimos que estaremos juntos, ¿no? -acercó sus cabezas dándole en la frente con la visera de su gorra- Vamos, no me hagas repetir cosas cursis como éstas.

-Qué vergonzoso, Jojo -Kakyoin se rió, y mierda que era hermoso. Jotaro se lanzó a tomar sus labios en ese mismo momento, fundiéndose en un beso con su chico amante de las cerezas y de los videojuegos clásicos, que no tardó en responderle con la misma intensidad. Sus manos buscaron el cuello del pelinegro mientras esté abrazaba su cintura acercandolo a su cuerpo, buscando su calor y aroma para así olvidarse de cuánto odiaba la navidad; de cuánto quería fumarse otro cigarro, tomar sus cosas, y largarse de allí con el hombre que amaba.

Lamentablemente el destino tenía otros planes, pues a las puertas del balcón oyeron una garganta aclararse y tuvo que separarse del pelirrojo; quien no pudo disimular de su cara el bochorno de ser atrapado.

-Jojo -lo llamó su bisabuela, con el mismo apodo que llamó a Joseph en otros tiempos- me temo que vengo a disuadirte de que cometas un gran error.

-Pues te advierto que no voy a escuchar ni una palabra de lo que digas, pero ya que estás aquí dame un cigarro.

-Me arriesgaré a hacer el intento -le tendió una caja de Marlboro abierta para que tomara uno- Te aprecio mucho, Jotaro. Podrán decir lo que quieran de ti pero eres el hombre más asertivo y perspicaz en la familia. Tú y yo nos parecemos, algunos nos describirán como insensibles pero la verdad es que nos preocupamos por todo sin hacérselo saber a los demás porque lo vemos innecesario. Siempre tratamos de resolver las cosas solos, ¿o me equivoco?

Su bisnieto no respondió, encendiendo su cigarro y cumpliendo lo que dijo sobre hacer oídos sordos.

-Bien, sé de antemano que por naturaleza somos así de tercos, pero tienes que entender por qué tu familia hace lo que hace. Tenemos principios que debes respetar y un apellido que seguir. Un día tendrás tus hijos, espero, y verás mejor el panorama. Querrás lo mejor para ellos, y eso será difícil de darle con un hombre a tu lado. Considera lo difícil que sería para un niño criarse con dos padres, incluso en tiempos modernos como ahora.

El pelinegro dio una larga calada, desviando la vista a Kakyoin quien escuchaba todo con inquietud. Dejo el humo salir de sus pulmones con suavidad y se tomó la molestia de contestar.

-Vieja, ya no soy un mocoso. Tomé mi decisión; y si de verdad nos parecemos tanto entenderás que no voy a dar el brazo a torcer en esta. No soy estúpido y tengo bien claro las consecuencias de lo que hago. Sólo no me importa, lidiaré con eso cuando tenga que hacerlo.

Apagó su cigarro aplastándolo contra el mármol y le sostuvo la mirada a la castaña.

-¡Ah, chicos, aquí estaban! Juro que esta casa es enorme -se apareció Josuke con las manos en los bolsillos hasta que notó a la doña junto a ellos y enderezó su postura viendo el reto de miradas hostiles que se pegaba con su bisnieto- Eh, perdón si interrumpo, sólo quería decirles que dejé sus cosas en la habitación de invitados del fondo.

-Pero si la de invitados está a mitad del pasillo.

-Al final del pasillo está la habitación de Jonathan, y está siempre bajo llave -aludió Lisa Lisa, a lo que el menor palideció cayendo en su error- Oh, pero no te preocupes Josuke. Holly debió dejarla abierta cuando ventiló la casa por la mañana. Siempre comete algún descuido cuando está nerviosa.

-Ah, debió ser eso. Lo siento por la confusión chicos.

Una voces se oyeron desde abajo.

-¿Qué es todo ese ruido?

-Los viejos deben estar discutiendo aún -apuntó el menor poniendo los ojos en blanco.

-Lamento que no esté yendo bien tu primera navidad con nosotros, Josuke -se disculpó su abuela.

-A decir verdad ya tenía la sensación de que no saldría bien pero... -se interrumpió a sí mismo cuando el sonido de los gritos, pasos, y lo que parecían ser golpes se hizo más intenso- Ya es suficiente, ¿qué diablos ocurre?

Los cuatro se volvieron considerando bajar a ver qué pasaba.