Chapter Text
Un anciano que vive en la luna sale cada noche a conocer a los recién nacidos y ata un hilo rojo a su dedo. Un hilo que decidirá su futuro, un hilo que guiará estas almas para que nunca se pierdan.
—El hilo puede enredarse o tensarse, pero nunca puede romperse. Un hilo al cual no podemos imponerle nuestros caprichos o...
—¡Yuri Plisetsky!
La profesora Baranovskaya se detuvo frente al pupitre del chico rubio, este no atendió al llamado, mantenía la mirada fija en la ventana. Seung Gil permaneció parado con el libro en las manos, observó a Yuri y negó mostrando su desaprobación.
—Profesora, ¿continuó con la lec...?
La mujer levantó la mano en señal de silencio, Seung Gil asintió y tomó asiento.
—Yuri, es tu última oportunidad.
Yuri apartó la vista de la ventana y observó a su profesora con toda la seriedad posible, levantó lentamente la mano y señaló hacia fuera.
—Un hermoso gato —musitó, poco a poco un peculiar brillo fue invadiendo su mirada—. Un hermoso gato está just...
Yuri interrumpió sus palabras al notar que el pretencioso amante de los perros, Seung Gil, le miraba. De inmediato sintió su rostro enrojecer, frunció el ceño y se centró en el gato de nueva cuenta. En consecuencia, la profesora terminó por darle una tarea extra como castigo.
No era novedad que Yuri terminara con una decena de tareas extras, sino era por no poner atención en clase era por no llevar el uniforme completo. Cuando tenían que llevar el uniforme de gala, Yuri sustituía el saco por su sudadera de animal print, en deportes descartaba la playera blanca por una negra con una imagen de tigre en el centro. Incluso su mochila estaba llena de pins y llaveros de gatos.
Era un desastre a comparación de Seung Gil, el estudiante prodigio, los profesores estaban seguros que obtendría el puntaje máximo en el examen para ingreso a la universidad. Seung Gil tenía un gusto excesivo hacia los perros pero lograba disimularlo mejor que Yuri.
—No te costaba nada poner atención, sólo era una lectura breve —le regañó Otabek.
Yuri en lugar de responder a su comentario decidió detenerse y contemplar el hermoso paisaje primaveral.
—¡Amo la primavera! ¿Sabes por qué? Estamos más cerca del verano y el verano es sinónimo de vacaciones —declaró mostrando gran emoción.
—Odio la primavera.
Yuri reconoció la monótona voz, se giró de inmediato y observó con repelús a Seung Gil.
—¿Qué haces aquí? —preguntó molesto. Otabek se limitó a observar.
—La profesora me pidió que te diera esto. —Seung Gil sacó de su mochila el libro que leían durante clase—. Mañana te hará examen de la lectura.
—No es necesario. —Yuri rechazó el libro y comenzó a caminar jalando consigo a Otabek—. Conozco la leyenda, mamá me la solía contar de pequeño.
Seung Gil suspiró con cansancio, Yuri Plisetsky era todo un caso. Guardó de nueva cuenta el libro y cuando estaba a punto de dar media vuelta para ir a casa la voz de Yuri y de Otabek llamaron su atención.
—¡El gato! —gritó el rubio a la par que dejaba su mochila de lado y corría para rescatar a un minino que estaba a mitad de la calle.
—¡Yuri! ¡Ten cuidado! —exclamó Otabek al ver que un automóvil se aproximaba a una increíble velocidad.
Lo siguiente que captó la mente de Seung Gil fue el rechinido de unas llantas, un gato caminando por la banqueta y Yuri observándole con terror, después todo se tornó negro.
Yuri se sentía solo a mitad de ese albo pasillo con olor a alcohol y paracetamol, comenzaba a sentirse mareado y tuvo que recostarse en los asientos de espera para evitar desmayarse.
Otabek apareció frente a él provocando que se levantara de repente.
—No te preocupes, él está bien —aseguró mientras tomaba tanto su mochila como la de Yuri—. Sólo se fracturó el brazo pero se quedará en el hospital ya que su madre quiere que le hagan más estudios.
Yuri asintió y bajó la mirada, no podía creer que el estudiante modelo arriesgara la vida para salvarlo a él, que a su vez había corrido en rescate de un gato. Si el auto no se hubiera detenido a tiempo las consecuencias hubieran sido fatales.
Otabek acompañó a Yuri a su casa, el rubio le agradeció el gesto antes de entrar. Después se encerró en su cuarto, no tenía animo de nada, tiró la mochila en el suelo y se sentó enfrente de una ventana, esta le daba una hermosa vista al atardecer.
—Almas gemelas se llaman...corazones entrelazados por una o varias eternidades...—recitó con pereza recordando la leyenda del hilo rojo del destino, observó su meñique y refunfuñó.
Para él, el hilo rojo, no era más que un cuento de hadas, una simple fantasía para las personas solitarias que necesitaban un poco de esperanza.
Observó con melancolía el atardecer, estaba confundido con lo que sentía respecto al pretencioso Seung Gil, amo y señor de los perros.
El sol se fue ocultando poco a poco hasta que le abrió paso al manto estrellado y en ese instante el caos inició.
Un peculiar hilo rojo estaba atado en su dedo meñique, Yuri intentó quitárselo pero este no cedía ante la fuerza, tomó un par de tijeras e intentó cortarlo pero tampoco resultó.
Su única opción era... internet.
¡Hay un hilo rojo en mi dedo meñique! ¿Cómo cortarlo? #HiloRojo
Se sorprendió al ver las millones de respuestas que obtuvo en su tweet, al parecer todo el mundo estaba pasando por la misma situación.
#HiloRojo #AmorVerdadero #DóndeEstásAmor No sé ustedes, pero yo iré a buscar a mi alma gemela =D
Aquel tweet desató una polémica enorme, algunos argumentaban que era mala idea mientras que otros decían que esa era una oportunidad única en la vida.
Yuri permaneció en silencio antes de poder decidirse, al final, se levantó y corrió a la puerta.
—Será mejor que haya alguien agradable al final de esta cosa —musitó antes de abrir la puerta y salir a la calle.
Se sintió mareado y se vió en la necesidad de cerrar los ojos, al abrirlos la perspectiva panorámica que tenía era diferente. Como si estuviera recostado en el suelo, observó a su alrededor y siguió el hilo rojo con la mirada, este ya no se encontraba atado a su dedo meñique, ahora estaba en su...¿pata?
«¡Soy un gato! ... Mierda, soy un gato».
La conmoción hizo que Yuri perdiera un par de valiosas horas de búsqueda, quería explorar cada una de las sensaciones y experiencias que un gato encarnaba a cuesta de que, según los expertos de Twitter, el hilo rojo dejaría de ser visible en cuanto salieran los primeros rayos de sol.
Corrió, escaló y saltó por toda la ciudad entre la inmensa ola de gente que también estaba en busca de su persona destinada. Había lugares donde todo era un verdadero caos ya que una centena de hilos rojos se encontraban enredados y todos sus dueños luchaban por desenredarlos o, en su defecto, poder seguir el rastro. En esas situaciones Yuri tenía ventaja, su diminuto cuerpo y la agilidad de un gato le permitían pasar entre los nudos con facilidad.
—¡¿Ese gato tiene un hilo rojo también?! —No faltaba algún curioso que exclamaba al ver a Yuri caminando por las calles.
Llegó un punto de la noche donde el hilo lo condujo al hospital, ahí Yuri decidió descansar, estaba replanteándose la idea de continuar con la búsqueda o regresar a casa cuando algo lo hizo cambiar de opinión. Su hilo se movió, la persona al final de este había tirado de él, eso le dio cierta esperanza.
«Me espera».
Significaba que su destinado también lo buscaba, con determinación siguió caminando hasta llegar a un almacén abandonado, ahí una gran telaraña de hilos rojos se había formado, eran pocas las personas que permanecían en el sitio intentando seguir el rastro del suyo.
Yuri observó aterrorizado todo el embrollo, no faltaba mucho para el amanecer, apenas tendría tiempo de encontrar su hilo rojo. Pidió disculpas internamente, se rendía, le fallaba a su alma gemela.
Regresó a casa con la esperanza de convertirse de nueva cuenta en humano, cuando esto no sucedió se recostó en su cama y se obligó a dormir.
Por la mañana Yuri ya era de nueva cuenta humano y lo primero que hizo fue verificar que los sucesos de la noche anterior si habían pasado. En las redes sociales varios alardeaban de haber encontrado a sus destinados mientras que otros se lamentaban por no haberlo hecho.
Como ya era costumbre, Yuri se reunió con Otabek para ir a clases juntos, Yuri le platicó de su extraña aventura pero Otabek sencillamente creyó que todo eso de ser un gato durante la paranoia provocada por una vieja leyenda japonesa era demasiado fantasioso.
—¿Y tú? ¿Encontraste a tu destinado? —preguntó el rubio lleno de intriga.
—Esas cosas no van conmigo, ni siquiera salí a buscarlo.
Otabek mintió, había salido a verificar que Yuri fuera su destinado, pero sencillamente su hilo lo guiaba a otra persona. Otabek estaba decepcionado, en verdad deseaba que Yuri fuera su alma gemela.
Yuri suspiró.
—Tienes razón, no sé cómo hubiera reaccionado mi destinado al verme como gato... ¿Y si mi destinado es alguien que odio? ¿O un viejo? ¡No! Me alegro de no haberlo encontrado.
—Alguien que odias... ¿Qué hubieras hecho si Seung Gil resultara tu destinado?
Yuri quedó perplejo ante tal pregunta, su corazón se aceleró a mil por hora y sus mejillas se tornaron rosadas.
—Así que Yuri Plisetsky me odia. —La voz de Seung Gil resonó a sus espaldas.
Seung lucía como siempre, el uniforme impecable y la monótona mochila, la diferencia era que ahora tenía yeso rodeando su brazo derecho y una rodillera en la pierna izquierda.
—¡No te odio! —aclaró de inmediato Yuri, el semblante de Seung Gil se suavizó un poco—. Es sólo...que yo...
Otabek mostró por un segundo una sonrisa triste y después caminó en dirección a la escuela no sin antes ayudar a su amigo.
«¿Qué más da?»
—Seung, Yuri no te odia. Pero te ha agarrado un poco de manía desde la vez que hiciste aquel comentario en contra de los gatos en la secundaria, pero estoy seguro que fuera de eso le agradas.
—¡Otabek!—exclamó el rubio molesto.
—Discúlpame.
Yuri observó a Seung Gil desconcertado.
—Los gatos no son mis animales favoritos pero nunca fue mi intención insultarlos, expresé mal mi punto de vista. «Los gatos son arrogantes» fue un comentario que dije sin pensar, creo que ellos son como soberanos, tienen autonomía y se guían bajo sus propias ideas sin importarles cualquier cosa. —Yuri notó que la alba piel de Seung también adquirió un tono rojizo, este al percatarse de que Yuri se había dado cuenta decidió desviar la mirada—. Encajas a la perfección en esa descripción, fuerte e independiente, como un gato.
Yuri sintió un nudo en su corazón.
—Ayer...—bajó la mirada y cerró ambos puños—. ¿Ayer buscaste a tu destinado?
Seung negó.
—Estaba en el hospital. Pero...—El azabache musitó algo por lo bajo pero Yuri no fue capaz de escucharlo.
—¿Pero?
Seung parecía avergonzado, aun así tuvo el valor de contarle a Yuri su peculiar experiencia.
—Tenía curiosidad y tiré de mi hilo con la esperanza de ver cual de todos los hilos que envolvían a la ciudad era el mio.
Yuri alzó la mirada.
—Al hacerlo descubrí que había un gato afuera de mi ventana...—Seung Gil sonrió y alzó su dedo meñique—...tenía un hilo rojo y este también se movió.
¿Destino o casualidad?
