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The Absolutely True Story of the Yiling Patriarch: A Manifesto in Many Parts. [Traducción]

Summary:

La mano de Wei Wuxian se sacude, derramando un poco de vino sobre la mesa. “¿Amor?” chilla, luego se aclara la garganta y vuelve a intentarlo. “Lan Zh—uh. ¿Hanguang-jun, enamorado?”

“¿No has escuchado la historia?” la otra joven mujer pregunta, luciendo apenada. “Deberías hacerlo, es una historia verdaderamente desgarradora de un amor escrito en las estrellas y aflicción mutua —ve a cualquier casa de cuentos en el pueblo, todos han estado solicitando la lectura del libro.”

“¿Hay un libro?” dice Wei Wuxian sin comprender.

 

En donde los discípulos más jóvenes (dígase Lan Jingyi, Ouyang Zizhen y un reluctante Lan Sizhui) se convierten en escritores de ficción en un intento de rehabilitar la reputación de Wei Wuxian para que él y Hanguang-jun puedan estar juntos, y casarse y tener su felices por siempre. Resulta… sorprendentemente efectivo.

Notes:

  • A translation of [Restricted Work] by (Log in to access.)

Como son tiempos de cuarentena, yo aproveché que no tengo que estar 6 horas en el transporte público de ida y vuelta para la Universidad, y decidí hacer una nueva traducción de nuestro bello Wangxian. En esta ocasión le agradezco infinitamente a @aubreyli por la oportunidad de traer su bella y divertida historia al español. ¡Besos enormes para ti!

Los nombres de los lugares, y uno que otro evento significativo, los tomé de la traducción que posee Netflix de The Untamed y otros los hice por mi cuenta; algo para que tengan en mente.

Aunque no es muy larga la historia en sí (he traducido cositas que superan los 60k y esta es de 20k), sí me tomaré unos días entre cada actualización. Me gusta tenerla completa antes de publicarla, pero le tenía muchas ganas y es una especie de motivación para mi, así que... #BreakingMyOwnRules

También les traduciré las notas de la autora (cuando las haya) con los links que ella agregó en la historia original para que no se pierdan los datos que ella va dejando a lo largo de los capítulos.

Y... creo que es todo, me voy a callar ya. ¡Apoyen con toda su alma este pedacito de amor!

Chapter 1: Tags: aflicción mutua, los patitos de Lan, JUSTICIA.

Chapter Text

 

Wei Wuxian lleva aproximadamente dos meses de viaje cuando escucha por primera vez acerca de la historia. Sin un fin o destino en específico, los días comienzan a desdibujarse, amaneceres y puestas de sol difuminándose entre sí como la tinta que se desliza en el papel de un pintor. Es más fácil contar el tiempo por la distancia que lleva lejos de Receso de las Nubes, por el número cada vez mayor de días que le tomará a su carta ir desde su mano hasta la de Lan Zhan.

Y extraña a Lan Zhan —no con el amargo dolor que aun tiñe sus memorias de Muelle de Loto, o el abismo oscuro donde solía estar su núcleo dorado en su primera vida. Es un anhelo más suave, casi dulce, que atrae su mirada hacia cada figura vestida de blanco que pasa, y que detiene sus pasos cada vez que capta el distinguido sonido del qin.

Las cartas ayudan, aunque su estado nómada actual significa que Lan Zhan no le puede enviar sus respuestas. Aun así es entretenido imaginar sus expresiones mientras lee las vibrantes anécdotas de Wei Wuxian sobre los lugares que ha visitado y las personas que ha conocido, las noches de caza a las que se ha unido (sin heridas, le asegura, la mayoría de veces cierta). La mayoría de sus cartas están acompañadas con pequeñas ilustraciones —bocetos de paisajes particularmente impresionantes o caricaturas que reproducen encuentros dramáticos— para divertir a Lan Zhan mientras cumple el deber poco envidiable de separar a los líderes de las sectas en sus peleas.

Días atrás, cuando una tormenta repentina lo atrapó en una posada, Wei Wuxian dibujó de memoria un retrato de Lan Zhan: sirviendo té, mano sosteniendo una manga para revelar una muñeca pálida y elegante, el cabello suelto derramándose como una cascada sobre sus hombros. Tenía la intención de enviárselo a Lan Zhan como un reemplazo del retrato que éste había guardado de sus días de escuela y que se perdió cuando Wen Xu lo quemó todo a su paso. Al final, sin embargo, no logró separarse de él y la pintura ha vivido entre los pliegues de su túnica desde entonces.

Ahora está acampando de una tormenta en otra posada, bebiendo su vino —decente, pero nada comparado con su amado Sonrisa de Emperador— y escuchando vagamente las conversaciones ajenas, cuando un nombre familiar llama su atención.

“—por supuesto que lo hizo, ¿puedes imaginar algo más de Hanguang-jun?” dice una joven muchacha emocionada, su lindo rostro iluminado con admiración.

Sus dos acompañantes, un hombre y una mujer, lanzan un suspiro abrumado. “Verdaderamente es un hombre sin igual,” el hombre concuerda con una sonrisa brillante, una que le trae recuerdos de los pequeños discípulos Lan que se deshacían cada que su estimado Hanguang-jun siquiera respiraba en sus direcciones.

Wei Wuxian sonríe contra su copa, luego toma su jarrón de vino y se abre paso hacia la mesa de los otros. “Amigos, ¿puedo unirme?” pregunta, ofreciendo tanto el vino como su carismática sonrisa. “No pude evitar escuchar— ¿hablaban de Hanguang-jun? ¿El cultivador Lan Wangji?”

“¡Por supuesto!” dice la mujer joven, haciendo un gesto hacia el asiento libre en su mesa de cuatro. “¿Conoce a Hanguang-jun?”

“Una persona humilde como yo no podría afirmar conocer a tan exaltado caballero,” responde Wei Wuxian, bajando la mirada con modestia. “Solo he escuchado historias de su amabilidad, su valentía e implacable justicia…”

Sus sonrisas se ensanchan y Wei Wuxian les sirve vino con felicidad, alistándose para memorizar lo más que pueda de esta conversación para su próxima carta.

Sé lo que vas a decir, escribirá, ‘Wei Ying, los elogios son innecesarios; seguiré mi conciencia para desempeñar mi deberes, independientemente de la opinión pública.’ Pero considera esto, Lan Zhan: ¡soy la única persona en posición para comunicarte lo que dice la gente común! Y, honestamente, al menos mereces un poco de aliento para asumir el ingrato trabajo de ser Cultivador Jefe.

“¡Hanguang-jun sí que posee todas esas cualidades, y más!” dice el hombre. “¡Pensar que existe un hombre tan sobresaliente y tan firme en el amor!”

La mano de Wei Wuxian se sacude, derramando un poco de vino sobre la mesa. “¿Amor?” chilla, luego se aclara la garganta y vuelve a intentarlo. “Lan Zh—uh. ¿Hanguang-jun, enamorado?”

“¿No has escuchado la historia?” la otra joven mujer pregunta, luciendo apenada. “Deberías hacerlo, es una historia verdaderamente desgarradora de un amor escrito en las estrellas y aflicción mutua —ve a cualquier casa de cuentos en el pueblo, todos han estado solicitando la lectura del libro.”

“¿Hay un libro?” dice Wei Wuxian sin comprender. Y entonces su sentido de prioridades finalmente entra en acción y pregunta con mayor urgencia, “¿Quién podría ser la persona sin igual y objeto de los afectos de Hanguang-jun?”

El hombre se inclina hacia él, ojos brillando con deleite. “¡Increíblemente es el Patriarca de Yiling!”

 


 

Dos meses antes.

Lan Jingyi es perfectamente consciente del hecho de que posee muchas cualidades que lo diferencian, casi que desfavorablemente, de los demás en la secta Lan. Admite que es descarado y ruidoso, y tan hablador que más de una vez ha escuchado a los mayores cuestionar su herencia. Pero, a pesar de los mejores esfuerzos de su maestro, su lema no es ‘permanece en silencio,’ sino ‘sé justo,’ y en eso Jingyi no es menos que cualquier otro de la secta.

Y es el por qué está completamente horrorizado cuando los otros discípulos menores y él finalmente consiguen que Jin Ling les revele todo lo que sucedió en el Templo Guanyin.

“Lo que nos estás diciendo es que,” habla Jingyi, espantado, “¿fue todo culpa de Lianfang-zun? ¿Y Su She?”

Jin Ling hace una mueca y asiente. Se ve cansado, aunque aún sostiene su cabeza en alto como siempre. Jingyi sabe que Hanguang-jun ha estado usando su posición como Cultivador Jefe para ayudar a Jin Ling, y posiblemente su aterrador tío también está haciendo lo mismo, pero convertirte de repente en el líder de tu secta no puede ser sencillo, especialmente de un lugar cuya reputación está hecha trizas.

Jingyi se compromete a no llamarlo princesita, incluso cuando se lo merezca. Al menos por un tiempo.

“¿Qué hay sobre Wei Wuxian?” pregunta Lan Song. “¡Todo el mundo sigue pensando que es un monstruo!”

El rostro de Jin Ling se oscurece un poco más. “Él dice que todo quedó en el pasado. Que mientras él sepa la verdad, puede vivir con la conciencia limpia y encontrarse con sus seres amados después de la muerte sin vergüenza alguna.”

“¿Y los mayores van a dejarlo hacer eso?” demanda Jingyi, “¿Después de odiarlo y hacerlo ver como un villano por dieciséis años?”

“Mi papá dice que incluso si le decimos a las personas lo que realmente pasó, no hará ninguna diferencia,” Ouyang Zizhen dice, sonando disgustado. “Simplemente lo acusarán de más cosas para poder continuar odiándolo.”

“Pero,” protesta Jingyi, la frustración de su corazón golpeándole el pecho como un ave encerrada. “¡Pero eso no está bien! Y es injusto.”

“¿No crees que sé eso?” gruñe Jin Ling. Sus manos se convierten en muños a sus costados. “No es como que pueda ir por ahí golpeando a todo el que lo difama.” Hace un gesto. “Sigo sin entender que ese idiota tuviera razón —debí golpear a más personas cuando aún tenía la oportunidad.”

Yo podría hacerlo, piensa Jingyi con voz amotinada —eso haría ver mal a Hanguang-jun, y luego Hanguang-jun estaría decepcionado de él.

Tal vez si no lo descubriera… Podría utilizar una máscara. Wei-qianbei usaba una. Hay precedentes.

Aunque tendría que quitarse la cinta de la frente y posiblemente quedarse despierto luego del toque de queda; tal vez ser un vigilante enmascarado no sea la mejor ruta de acción. Hay unas cuantas opciones más, pero todas requieren un cómplice en el que pueda confiar para que lo cubra, y Sizhui continúa viajando con Wen-gongzi.

Todavía está peleando con el problema en cuestión cuando el maestro Lan le devuelve su tarea más reciente.

“Un intento aceptable,” entona severamente mientras sostiene en alto el análisis de Jingyi sobre la relación entre la naturaleza y moralidad en los poemas de Lan Hui, tercer líder de la secta Lan —él lo acepta con ambas manos y una inclinación.

Al inicio de la primera página, el maestro Lan ha escrito: Demasiado florido, pero argumentado de manera competente. Que es lo más cercano que el maestro Lan se acercará a un elogio (ya que, por supuesto, los elogios excesivos están prohibidos en Receso de las Nubes).

“Desearía tener tu talento con las palabras, Lan Jingyi,” dice Zhang Ping, suspirando melancólicamente ante las innumerables marcas correctivas que el maestro Lan dejó en su propia composición. Se deja caer sobre su mesa, las paginas cubriéndole el rostro como una bandera caída.

Jingyi parpadea. “¿Yo? Sizhui es el que tiene las mejores notas.”

“Lan Sizhui es bueno para ser conciso,” responde Lan Xiaoying, su propio trabajo adornado con inmensidad de tinta. “Pero Zhang Ping tiene razón —tu escritura es tan vivida, como si estuvieras contando una historia.”

A su alrededor, unos cuantos estudiantes están asintiendo. Jingyi vuelve a mirar su trabajo y considera las posibilidades.

Esa misma noche se pone a trabajar.

Cuando Sizhui y Wen-gongzi vuelven a Receso de las Nubes una semana después, Jingyi los saluda en las puertas con una sonrisa enorme y un fajo de papeles.

“Esto es… una investigación a profundidad,” dice Sizhui, ojeando las páginas.

Jingyi sonríe. “Busqué en todos los registros que teníamos. Y hablé con Jin Ling. Y con el maestro Lan. Ahora solo necesito que charles con Hanguang-jun—”

La cabeza de Sizhui se dispara hacia arriba. “Espera, ¿yo? ¿Por qué no hablas tú con él?”

“¡Lo intenté!” Incluso casi tuvo éxito, hasta que perdió coraje al último minuto y salió corriendo antes de siquiera tocar la puerta del Jingshi. “Pero ya que tú eres su hijo—”

“No soy su hijo de verdad—”

“Ya que tú eres su hijo,” insiste Jingyi, “tú deberías preguntarle a Hanguang-jun cómo era Wei-qianbei cuando eran jóvenes. ¡Y a Wen-gongzi!” El hombre en cuestión salta, luciendo como un conejo asustado al escuchar su nombre y, ya, en serio, no puede creer que antes encontraba aterrador al General Fantasma. “Pasaste mucho tiempo con Wei-qianbei en los Túmulos Funerarios, ¿verdad? También tengo preguntas para ti.”

“No lo sé,” dice Sizhui, reluctante. “A Hanguang-jun no le gusta hablar del pasado.”

“Pero esto es para hacer justicia,” responde Jingyi, rogando. Toma las muñecas de Sizhui. “Justicia para Wei-qianbei. No puedes decir que no.”

Al final, Sizhui no le dice que no, por supuesto. Es un Lan, después de todo.

 


 

“Esto es increíble,” dice Ouyang Zizhen en shock sin levantar la mirada de las páginas.

“Gracias,” responde Jingyi, dos semanas de agotamiento derritiéndose bajo el calor del orgullo.

Esto es, sin lugar a dudas, lo mejor que ha escrito en su vida: la verdadera historia del Patriarca de Yiling. Es una exploración inquebrantable de la diferencia entre la bondad percibida y la verdadera bondad, una crítica mordaz a la sociedad y su tendencia a ser cegada por los prejuicios y el miedo, y una aclamación brillante de la fuerza que reside en los lazos indestructibles de la amistad.

Si no fuera por el hecho de que la mera mención del nombre de Wei Wuxian enviaría al maestro Lan en una desviación de qi, Jingyi presentaría esta obra maestra para ser incluida en el plan de estudios de la educación Lan; sus palabras podrían guiar a la próxima generación por el camino de la verdad y la justicia.

Es así de bueno.

“Es que es tan romántico,” continua Ouyang Zizhen. Aprieta las páginas contra su pecho y suspira, ojos brillantes con lágrimas sin derramar. “Siempre pensé que había algo entre Wei-qianbei y Hanguang-jun, pero creer que tienen una historia de amor de hace veinte años—”

“¿Qué?” dice Jingyi. “¿De qué estás hablando? Hanguang-jun y Wei-qianbei no están enamorados.”

Sizhui entrevistó a Hanguang-jun. Sizhui le habría dicho si esos dos estuvieran enamorados.

“¡Pero es tan obvio!” responde Ouyang Zizhen, viéndose confundido. Pasa las hojas y señala una sección del texto. “Solo— ¡aquí! Su primer encuentro: un duelo apasionado bajo la luna llena.” Continúa pasando las páginas. “Su batalla de vida o muerte contra Xuanwu, donde estuvieron atrapados en una cueva, solos, por siete días.” Levanta las cejas hacia él con doble intención —aunque con cuál doble intención, Jingyi no está seguro.

“Hanguang-jun debió haber sufrido por Wei-qianbei todos estos años que no estuvo,” continúa Ouyang Zizhen, acunando tristemente el manuscrito. “Pero los cielos claramente estuvieron conmovidos por su amor, ¡y les fue dada una segunda oportunidad! ¿Por qué otra razón Hanguang-jun defendería tan ardientemente a Wei-qianbei, incluso cuando todo el mundo de la cultivación pedía su segunda muerte?”

Jingyi abre la boca… y la cierra. Creía saber la respuesta, pero ahora… “¿Porque era lo correcto?” pregunta con duda.

“Porque están enamorados,” dice Ouyang Zizhen. “¿Qué podría ser más correcto que el amor verdadero?”

Hanguang-jun y Wei-qianbei enamorados… explicaría mucho, de hecho, como por qué Hanguang-jun trajo al maestro Wei al Jingshi esa primera vez, a su habitación privada, a una que ni siquiera visitan los sirvientes. Y la confianza absoluta que poseían en las habilidades del otro durante la batalla de los Túmulos Funerarios. Y la forma en la que se miran el uno al otro, como si fueran los únicos en el mundo.

Una revelación repentina lo hace jadear. “Ese debe ser el por qué Wei-qianbei se fue de Receso de las Nubes. Sabía cómo era su reputación, y con Hanguang-jun siendo Cultivador Jefe—”

“¡Por supuesto!” concuerda Ouyang Zizhen, viéndose afligido. “Wei-qianbei, quien siempre coloca las necesidades de los demás por encima de las suyas, y Hanguang-jun, dividido entre su deber y el amor—”

“Tengo que publicar mi libro,” dice Jingyi con firmeza. “No solo por la secta Lan, sino para todos. Tenemos que limpiar el nombre de Wei-qianbei.” Encuentra los ojos de Ouyang Zizhen y el fuego de su convicción se asemeja al suyo. “Ouyang-xiong, ¿me ayudarás?”

El mencionado cambia el manuscrito a una mano, luego lleva la otra al hombro de Jingyi. Su agarre es fuerte, su expresión decidida. “Será un honor para mí.”