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Hal Jordan está prohibido

Summary:

Por equivocación Damián Wayne escucha una conversación entre sus hermanos mayores donde hablan sobre como Batman ha fracasado en cada una de sus relaciones sentimentales anteriores ganándose el odio de cada ex pareja y por ende el desprecio hacia sus hijos.

Extrañamente el murciélago parece estar interesado en Hal Jordan.

Damián Wayne no puede permitir que por culpa de su padre Hal Jordan termine odiando a su familia.

—Te lo advierto padre, Hal Jordan está prohibido para ti.

Notes:

Los personajes de esta historia pertenecen a DC Comics y por ende a sus respectivos creadores.

Si bien la pareja principal de este Fanfic es BatLantern, como foco central de la historia es la relación de Batman con sus hijos.

Puede incluir violencia moderada, lenguaje vulgar ocasional, situaciones sexuales leves y diálogos sugestivos.

Esto lo escribí bajo la influencia del alcohol, así que, si no les agrada entenderé perfectamente, una disculpa de antemano :c

Y bueno, también es mi primera obra en este fandom, esperemos que no me haya ido tan mal :'D

Espero que les guste, y que lo disfruten :D!!!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Bruce Wayne el arruina todo

Chapter Text

Aquel día Damián Wayne había despertado de un excelente humor, tomó una ducha rápida acompañado de su reproductor de música, se colocó la ropa más cómoda que pudo tener y bajo dando pequeños saltitos por la enorme escalera de caoba, el desayuno estaba más que listo y servido. Visualizó a Alfred esperándolo en el comedor y a su hermano mayor Timothy quien ya disfrutaba de este. Saludo con un seco “Buenos días” pero tan lleno de alegría que el mismo Tim alejó un poco su café para corroborar que aquel chico sentado a su lado era su hermano menor, se asombró que así era.

Engulló su comida con sus refinados modales y sin hacer el más leve ruido ingirió la deliciosa comida que el querido mayordomo le ofrecía, ese hombre cocinaba mejor que cualquier otra persona.

—Parece ser un día realmente soleado —comentó el mayordomo llenando nuevamente el vaso con jugo de arándanos del menor de la casa, Damián le regaló media sonrisa al corroborar como el sol se colaba por las ventanas—. Y también se le ve de un excelente humor hoy.

—¡Demonios!, Damián, ¿acabas de sonreír? —Preguntó Tim con un ligero tono sarcástico ganándose una mirada molesta del menor, quien chasqueo la lengua y siguió con su postre—. ¿Quién eres tú y que has hecho con mi hermano?

—En realidad me muestro de un humor bastante pasable ya que estoy planeando como voy a asesinarte hoy —contestó el pequeño pelinegro con brusquedad, tomó el cuchillo de la mantequilla y señaló a Tim con ella—. Lo haré lento para escucharte suplicar por tu miserable vida y justo antes de que caigas en una inminente muerte arrancaré cada uno de tus dedos con este cuchillo, primero tus pulgares y al último tus anulares.

Mientras Alfred se dio la vuelta para ir por más jugo Tim le mostró su dedo medio a Damián, quien hizo la misma acción con ambas manos, los ataques verbales comenzarían en tan solo unos segundos, pero fueron evitados por el “Buenos días” de la cabeza de la familia. Se sentó en la cabeza de la mesa y degustó sus alimentos, sin decir nada más, y así fue que Damián se levantó agradeciendo por la comida, corrió a la cocina en busca del mayordomo y le abrazó por las piernas, acción que sorprendió un poco al anciano pero que correspondió al cabo de dos segundos.

—Volveré antes del anochecer —dijo sin soltar al adulto.

—Que sea antes de la cena, no creo que quiera incitar algún problema con su padre —le dijo de vuelta mientras acariciaba el mentón del pequeño y esos hermosos ojos esmeralda le miraban de vuelta—. ¿Lleva todo lo necesario? —Damián asintió—. Bien, he empacado dos desayunos ligeros para ambos, espero que al señor Jordan le guste el pollo.

Tomó ambas bolsas y las guardó en la mochila que Alfred le tendió, luego salió disparado hacia la salida pero había olvidado despedirse de su padre así que volvió con agilidad al comedor donde su padre leía el periódico.

—Padre —llamó su atención, Bruce bajo un poco el periódico observando a su hijo, iba con ropa deportiva, ligera, luciendo los tenis de correr que le había comprado hace unos meses, y que había recalcado cuanto los había odiado, levantó una ceja extrañado al ver una mochila en su espalda.

—Hijo, hoy es sábado, no hay escuela —soltó el patriarca sin dejar de mirar a su hijo, quien chasqueó la lengua, al parecer su padre había olvidado que ese día el pequeño saldría.

—Papá, Damián irá con el señor Jordan a Ciudad Costera —dijo Tim con un poco de fastidio al ver como nuevamente su padre se olvidaba de ellos, bufó al ver que intentaba recordar y no podía—. Te pidió permiso desde hace dos semanas y dijiste que sí.

Bruce frunció el ceño y luego ocultó su apenado rostro en el periódico, recordaba como el pequeño Wayne le había pedido permiso luego de portarse bien por casi un mes, ayudar en las tareas de la casa y tomando las clases de soccer que Bruce le recomendó que tomara, en esos momentos se sentía como el peor padre del mundo por olvidar algo tan importante.

—Cierto, tienes razón Tim —dijo mientras el mencionado bufaba y volvía a tomar su amado café—. Bien Damián, pórtate bien con Hal, nada de travesuras y si llegas a causar un altercado estarás castigado por dos meses.

—Y también tu padre te ama —Alfred apareció con un par de panqueques para Bruce, ante la seriedad del mayordomo el murciélago se rasco la cabeza un tanto apenado.

—Por supuesto, te amo hijo.

Luego de un ligero abrazo, Damián salió corriendo a la salida, el extenso jardín delantero de los Wayne se alzaba a su vista, los rosales recién podados se veían de una manera magnifica y la gran reja plateada le daba un aire más elegante al lugar, el auto de su padre se hallaba aparcado frente a la mansión así que Damián lo tuvo que rodear para dirigirse a la reja donde una silueta llamó su atención.

Su cabello castaño estaba un tanto alborotado, bostezaba justo cuando el pequeño Wayne se colocó frente a él, llevaba una playera verde de cuello v y encima de está su típica chaqueta de aviador, de su hombro colgaba una mochila. Al ver a Damián le saludó con un choque de puños que fue correspondido de inmediato por el hijo del murciélago.

—¿Listo enano? —preguntó Jordan decidió a lo cual el menor asintió con decisión, entonces una energía de color verde los envolvió a ambos y emprendieron el camino hacia Ciudad Costera, el lugar de nacimiento del aviador.

❀❀❀

La noche había caído en Gotham, a pesar del caluroso día la tarde mostró unas intensas nubes grises como era costumbre en la ciudad y ahora la noche amenazaba con una leve llovizna. Cuando dieron las diez de la noche Bruce Wayne ingresó a los terrenos de su mansión, detuvo uno de sus autos deportivos en la entrada y antes de ser recibido por Alfred en la entrada notó una motocicleta negra con detalles azules aparcada a un lado del jardín y supo de inmediato que tenía una visita, sonrió de lado y entró a la mansión.

Reconoció su ancha espalda sentada en el sillón más grande, hablaba animadamente con Tim y en cuanto lo vio llegar se levantó para recibirlo. Richard Wayne, su hijo mayor había ido a visitarle, le estrujó en un abrazo. Dick se había mudado de Gotham luego de graduarse de la universidad, ahora residía en Blüdhaven donde tenía un puesto de detective, le hacía feliz que a su hijo le fuese bien a pesar de que ya no estaba a su lado.

Alfred observaba la escena desde la cocina, ver a Bruce tan feliz por la visita de Richard le reconfortaba, porque su maestro no era una mala persona, él no odiaba a sus hijos a pesar de lo que muchos creían, Bruce los amaba a cada uno de ellos sin distinción alguna, desde Dick hasta el pequeño Damián.

—Hablando de Damián, ¿Dónde está? —Tim se encogió de hombros fijando la vista en todo menos en su padre, quien ante la pregunta de Dick también busco con la mirada a su hijo menor, le parecía extraño que al estar Dick en la mansión el pequeño Wayne no estuviese pegado a él todo el tiempo. Ver la negativa de Tim y como Alfred desaparecía dentro de la cocina hizo que entendiera lo que estaba sucediendo, no necesitaba ser el mejor detective (aunque sí lo era) del mundo para saber que Damián Wayne no había vuelto.

Con el ceño fruncido sacó su caro celular de su saco, marcando el número de su hijo menor, sonó varias veces pero no fue respondido, marcó una vez más y el buzón de voz de nueva cuenta contestó. Tim se palmeó la frente y le dio un leve golpecillo a su hermano mayor, Bruce no debía enterarse que Damián iba a llegar más tarde de lo planeado.

Cuando dieron las once de la noche un enfurecido Bruce Wayne se paseaba por toda la sala de estar, ni Damián ni Jordan respondían los celulares, estaba sumamente enojado porque habían acordado que llegaría antes de la cena (ya que en el trascurso del día recordó las condiciones de aquel viaje) la cual era a las ocho de la noche, tenía tres horas de retardo, Damián Wayne Al Ghul estaba en serios problemas.

Mientras pensaba en diferentes formas de castigar a su hijo el sonido del timbre lo sacó de sus pensamientos, Alfred se apresuró a abrir encontrando detrás de la puerta a los tan ansiados chicos, ambos con sonrisas en sus rostros se adentraron por órdenes del mayordomo, Damián saludo al mayordomo con un abrazo correspondido y Hal agradeció por el delicioso almuerzo y discretamente le pidió la receta del tan delicioso emparedado.

—¿Qué tal les fue? —preguntó Alfred a ambos, pero la pregunta se quedó en el aire cuando Bruce Wayne hizo acto de presencia en el recibidor, la sonrisa de Damián se esfumó de inmediato cosa de la cual Hal Jordan se dio cuenta, así que en un intento de apaciguar a la bestia se colocó enfrente del pequeño Wayne.

—¿Ya viste la hora que es, Damián? Acordamos que estarías aquí antes de la cena, Damián faltaste a tu palabra, teníamos un trato —las duras palabras del patriarca salían sin cesar de su boca fastidiando a Jordan, quien veía la escena un tanto culpable.

—Tranquilo Bruce, no fue culpa del chico, se nos fue el tiempo volando —lo interrumpió el linterna verde, sorprendiendo así a todos los Wayne y a Alfred, pocos eran los que se atrevían a intentar callarle mientras ponía disciplina a sus hijos—. Fuimos a la playa, luego a la feria y Damián te trajo un regalo que se ganó en el tiro al blanco, cuando nos dimos cuenta ya pasaban de las nueve, incluso volando a toda velocidad con el poder del anillo nos hicimos dos horas de viaje.

Los hijos de Bruce esperaban impacientes la contestación de su padre ante el atrevimiento de Jordan, asomaban medio cuerpo desde la sala expectantes, sin embargo sucedió algo que jamás creyeron ver, Bruce suspiro y aceptó la excusa puesta por Hal.

—Lo bueno es que han llegado y que trajiste a salvo a mi hijo —abrió sus brazos y Damián le abrazó sumamente sorprendido ocultando todo rastro de aquella sorpresa para así no poner de malhumor a su padre, Hal Jordan le había salvado de un castigo de al menos dos meses—. Por cierto, tu hermano vino de visita —Damián sonrió al ver a Dick de chismoso y se dirigió hacia él, pero a medio camino recordó que Hal seguía en la mansión, así que se colocó frente a él y chocaron los puños, acción que nadie se la esperaba.

—Fue un buen día enano, a ver cuándo nos dejan salir otra vez —dijo guiñándole un ojo cómplice, luego Damián fue hacia donde sus hermanos.

—¿Quieres quedarte a cenar? —preguntó el murciélago antes de que Hal saliera de la mansión, quien no quería aceptar la invitación, pero ante la mirada suspicaz de Bruce aceptó un tanto dudoso.

La cena se alargó más de lo planeado, Dick les contaba a su familia que tal le iba en Blüdhaven donde hace unas semanas había conocido a una linda chica que parecía ser su media naranja y que incluso pensaba en sentar cabeza con ella, afirmación que les trajo una carcajada a todos los presentes, porque conociendo a Richard sabían que solo duraría unos meses con ella y luego conocería a otra afirmando lo mismo, también habló sobre su puesto en la policía y que tal sentía el cargo de detective. Por su parte Hal y Damián contaban todos los detalles de su pequeño viaje a Ciudad Costera, sobre como Damián era muy bueno en el surf pero pésimo en el voleibol.

Tim fue el primero en retirarse de la mesa, ya que al día siguiente iría con su novio Conner a la inauguración de un nuevo restaurante en Metrópolis que ofrecía el mejor pay de manzana de todo el país, así que tendría que viajar temprano, le siguió Dick pues quería charlar un poco con Tim sobre Conner, porque a final de cuentas Dick era el mayor y los celos de hermano mayor nadie se los quitaba. Damián fue el siguiente, ya que estaba muy cansado, así que luego de un beso al abuelo, uno a su padre y un abrazo a Hal se retiró a las habitaciones de arriba dejando a Hal a solas con Bruce.

Bastante animado se decidió a acostarse temprano, pero de camino a su habitación estaba la de Tim donde escuchó la preocupada voz de Dick hablar.

—Así que Bruce está interesado en Jordan, bueno, eso no me lo esperaba —escuchó decir a su hermano mayor, Damián frunció el ceño—. Aunque fue muy obvio hace rato, es decir, papá jamás hubiese permitido que alguien le interrumpiera en algún regaño, y luego le invitó a quedarse a cenar.

—Ya te lo dije Dick, papá anda detrás de los huesos de Jordan, me di cuenta hace unas semanas —aseguró Tim con algo de emoción en su voz—. Pero me alegra, quiero decir, el señor Jordan es una buena persona y reta a papá cada que puede, es genial.

Damián analizó las palabras de sus hermanos, si bien se le hacía extraño una relación entre su padre y Hal Jordan le pareció una buena idea. Desde meses atrás se había hecho un gran amigo del pequeño Wayne, quien al principio le mostraba todo su desprecio, pero fue ganando cada vez más su amistad, llegando el punto que salir de paseo con él le ponía de buen humor. Si quería una nueva mamá, no le desagradaba que se tratase de Jordan. Pero las palabras de Dick le cambiaron aquella buena idea.

—Estás loco si quieres que Jordan y papá tengan algo que ver, ¿acaso no recuerdas lo que pasa cuando Bruce Wayne tiene una relación?

—¡Nos deja salir cuantas veces queramos y no nos castiga! —exclamó Tim emocionado de solo pensar que si Bruce conseguía una pareja podía salir casi a diario con Conner, pero al ver la mueca de Dick entristeció la mirada y asintió—. Lo sé Dick, todo se va a la mierda.

—No le desearía a nadie que saliese con papá —dijo un tanto triste, con toda la sinceridad del mundo—. Parece que Jordan hace feliz a Damián, no lo veía tan contento desde que… —se quedó pensando un momento intentando recordar—. ¡Demonios!, desde siempre, me preocupa que esto acabe mal y termine afectando a Damián.

—¿Cómo papá y Clark? —Dick suspiro tirándose en la cama de su hermano cuando esté mencionó aquel nombre, porque era bien sabido por los tres Wayne mayores que la relación del súper hombre y el murciélago había afectado a Dick más que a cualquier otro—. Pero Hal es diferente, ¿no lo crees?

—Así es al principio Tim, primero son tus amigos, te quieren y prometen que siempre estarán allí cuando los necesitas, luego papá les echa un ojo, salen con él y cuando quieren formalizar Bruce Wayne no está disponible, entonces todo se va a la mierda y se van de la vida de nuestro padre al igual que nuestra —Dick observaba el techo con la mirada perdida, porque eso había pasado con el hombre de acero, Dick le admiraba y le quería como a un gran amigo, Clark le aconsejaba como un padre incluso con la delicadeza de una madre, pero cuando terminó con Bruce jamás volvió a ser lo mismo.

Tim acarició los mechones negros de su hermano que estaban en su frente, siempre fue duro para Dick recordar lo sucedido con Clark, su hermano se encariñaba con una gran facilidad a las personas y luego ser ignorado por el súper hombre no le ayudo en nada, aunque no era el único.

—Lo mismo con Jay, Dinah era su prototipo de mamá perfecta, pero se metió con papá y luego se marchó —mencionó Tim acompañado de un gran suspiro—. Ni hablar de Selina.

—Ella aun anda con papá —dijo Dick reacomodándose un poco.

—Pero jamás la hemos vuelto a ver nosotros, al menos en una conversación como personas civilizadas.

—¿Será que papá es malo en la cama? —Tim hizo una cara de asco ante la pregunta de su hermano, no quería saber nada sobre la vida sexual de su padre, eso era algo traumático para el chico de quince años—. En fin, no te encariñes con Jordan, ya sabemos en qué va a terminar esto.

—Pobre Damián.

El mencionado reaccionó ante las últimas palabras de sus hermanos, suspiro un poco decepcionado, pero al menos gracias a la información obtenida podía planear algo para que su padre no echara a perder su amistad con Jordan. Por lo que casi volando fue escaleras abajo donde Bruce Wayne compartía una copa de vino con Hal Jordan en la sala de estar, las luces eran tenues y un extraño violín sonaba de fondo, demasiado romántico para una plática.

—Hijo, creí que estarías durmiendo ya —dijo Bruce al ver al pequeño levantado, quien estaba decidido a arruinar sus planes de apareamiento con Hal.

—Creo que comí demasiado y no puedo dormir —se colocó ambas manos en el estómago a señal de malestar, Hal dejó de inmediato la copa y se acercó a Damián que le miraba con una cara angustiado. La actuación del pequeño en serio era impresionante, tanto que el propio Bruce cayó en la mentira de su hijo.

—Le pediré a Alfred que te haga un té para desinflamar el estómago, mientras tanto quédate aquí hijo —sentenció Bruce para luego colocar a su hijo en el sillón más grande a su lado izquierdo, pero por pedidos de Damián prefirió estar en su lado derecho, separando a Hal de Bruce.

—Será mejor que me vaya —mencionó Hal hacia Bruce tomando su chaqueta y su mochila—. Por favor avísame cualquier cosa sobre Damián, y tu enano, espero que te recuperes —le revolvió el cabello y se fue de la mansión, fue Alfred quien le despidió en la entrada.

Damián se acurruco en los brazos de su padre con una sonrisa en el rostro mientras no veía, al menos había logrado que su padre no pasara tiempo con el piloto por esa noche, aunque tendría que poner en claro las cosas con su progenitor.