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Summary:

Jyuto se siente solo de muchas formas, por muchas razones y desde hace mucho tiempo; en el camino encontrará los obstáculos y personas indicadas para alejar esa idea de su mente y, por qué no, encontrar el amor.

Notes:

La última parte del HypMic Rarepair Week y, sobre todo, una necesaria continuación para "Nada sale bien". Iba a dejarlo así, pero recordé que este mes es el cumpleaños de Jyuto y decidí que no, no podía quedarse como estaba. Me encanta Jyuto, sobre todo, que tenga presentes a las personas que ha perdido y eso sea su fuerza, pero aquí... Bueno, ya lo leerán.

HypMic Rarepair Week:
Día 7 - ¡Día libre!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

En medio de la noche, rodeado por la oscuridad del cuarto y apenas un poco de luz escapando por la pequeña ventana, Jyuto se despierta.

No es un despertar producto de dolor o calor, como en los primeros días, sino tranquilo, quizá su cuerpo al fin ha descansado lo suficiente y recuperó las fuerzas para levantarse. Se incorpora lentamente, sabiendo que está lleno de heridas y podrían abrirse en el momento menos pensado. Respira agitado como consecuencia del esfuerzo, sintiendo agudo dolor cada que el aire llena sus pulmones, pero vale la pena el esfuerzo porque su espalda agradece la nueva posición; dos semanas tendido ya han sido demasiado. Inhala profundamente una y otra vez, mientras rememora los últimos momentos de conciencia antes del accidente que lo llevó ahí; ni siquiera logra recordar un poco, se distrae al mirar hacia la izquierda y notar que, en una silla prestada por el propio hospital, duerme incómodamente Jakurai... Jinguji Jakurai, el famoso doctor cuyos tratamientos son como milagros, el hombre que le declaró su amor hace varios meses y al que rechazó como respuesta a sus propios temores. Un escalofrío recorre toda su columna ante la idea de morir sin lograr estar junto a él, sin siquiera decirle que también se enamoró.

Sonríe levemente y recuerda su primer encuentro, cuando regresaba del estúpido parque de diversiones al que sigue maldiciendo. Su auto se descompuso sin la menor señal de alerta, lo último que le faltaba para ese día de mierda. Sumamente molesto, se bajó para comenzar a patear la defensa, ya harto al máximo por cada estúpido, tonto e inverosímil accidente desde hace malditos seis meses... 

— ¡No puedo más...! -Cuando se da cuenta de que está convirtiéndose en una mala imitación del impaciente Samatoki, se calma instantáneamente, notando al fin al auto estacionado justo detrás suyo y al conductor del bonito automóvil que se encuentra colocando las señalizaciones debidas para marcar el espacio y evitar accidentes. Jyuto se sorprende por ese actuar parsimonioso, similar al de él durante los muchos operativos importantes que ha comandado. Ah. Necesita tranquilizarse. 

Su auto no tiene remedio, no en ese momento, al menos. Sus opciones se limitan a ser llevado en la grúa junto al vehículo o aceptar el ofrecimiento del amable desconocido que se presenta como Jinguji Jakurai. Prefiere lo segundo, quizá al fin se deshaga de la abstinencia forzada y pueda pasar una noche caliente con ese doctor, obviamente, lo reconoce de inmediato, la idea de dominar a un hombre muy similar a una celebridad es excitante... Pero se queda en mera imaginación, no hablan mucho durante el trayecto ni encuentra ocasión idónea para hacer la propuesta él mismo. Se resigna a que no está viviendo la mejor época ni laboral ni personalmente. 

Su segundo encuentro se da por culpa de Rio y Samatoki, o mejor dicho, de su brillante idea de invitarlo a comer, tras enterarse de sus vacaciones.

Conscientes de haberlo hecho a un lado tras comenzar una relación, decidieron intentar limar cualquier aspereza con una cena, casi como en los viejos tiempos, los tres alrededor de una mesa, platicando sobre lo que han hecho en tantos días separados y, por qué no, disculparse en caso de haberlo herido. Todo eso hubiera estado muy bien, después de todo, y pese a su indignación inicial por el excesivo énfasis en que sólo iban a comer, el policía ya ha entendido que es infructífero intentar algo más, respeta su relación y no pretende interferir entre ellos. Ojalá hubiera sabido que el menor de sus males sería verlos juntos, comportándose como la cariñosa y hogareña pareja en que se han convertido. 

Comer, para ellos, significa comer lo que prepare Rio, implicando el uso de dudosos ingredientes desde insectos hasta animales normalmente no comestibles... Claro, no era lo previsto, pero el riesgo de una intoxicación por alergia era factible. Y siendo Jyuto, que lleva meses con una suerte del demonio, no le sorprendió terminar internado en el hospital, cubierto de grandes ronchas por los hombros y cuello, los labios hinchados y ardor en cada centímetro de su cuerpo. No es atendido por la eminencia médica, quién se dedica a pacientes de mayor gravedad en otra área, pero se cruzan en el pasillo el día que lo dan de alta. Está feliz de verlo, le anuncia, y lo invita a tomar algo en la cafetería, aunque sea sólo media hora, porque debe regresar para una cirugía. 

Sus pláticas se vuelven un cotidiano, durante las vacaciones, lo visita cuando sabe que estará libre. Cuando vuelve al trabajo, concretan citas para comer o cenar, desayunar en fines de semana y, sólo una vez, pasar la noche juntos... Durmiendo. Jakurai está demasiado cansado para resistir la placidez de la cama en cuanto se acuesta; contrario a su apariencia severa y digna, luce demasiado inocente al cerrar los ojos, no se mueve ni un poco, su presencia sería imperceptible, excepto porque su cuerpo proporciona mayor comodidad qué el colchón. Iruma nunca hubiera imaginado conformarse con abrazar a alguien en la cama, así, sin intentos de algo más, sólo acurrucarse y escuchar los latidos de otro antes de dormir. De hecho, tarda mucho en lograr conciliar el sueño, le asusta demasiado lo real que se siente aquello, la familiaridad y comodidad, le preocupa que no se repita, que el doctor desaparezca de su vida y, con ello, lo que siente en ese instante se rompa para siempre, hundiéndose en olvido. 

La confesión llegó después, tras ver al hombre de largo cabello color violeta perder las buenas maneras bajo el efecto del alcohol; aunque no es eso lo que lo motiva a soltar esas palabras, él lo sabe, no tiene duda alguna, y aún así, opta por reírse y rechazarlo, alegando no desear perder su libertad.

En parte, no miente.

Ese terror infundado a la soledad es justo lo que le orilla a seguir por su cuenta, solo. 

Se ven menos a raíz de eso, quizá porque el doctor es demasiado considerado y decide que es mejor ahorrarle su presencia, tal vez porque tiene algo de egoísta también y quiere tiempo lejos... La razón que sea, Jyuto resiente mucho el cambio, ni siquiera cuando sus mejores amigos parecieron olvidarlo sintió esa clase de... ¿dolor? No, sólo se confunde, el tiempo que pasaron juntos no debería generarle repercusiones.  Y las semanas pasan. El policía agradece que la ciudad siga tan pacífica, atendiendo sólo asaltos menores o disturbios. Como el de ese club, donde se reportó que un adolescente había ido a buscar pelea con uno de los host. Su sorpresa fue enorme cuando llegó y vio al mismo dependiente del conbini, furioso, gritando y aventando paletas de caramelo a un hombre rubio, que se reía y las esquivaba sin esfuerzo. Todo se trató de una confusión generada cuando el celoso chico de 24 años vio su novio abrazando al otro. Una multa fue suficiente. 

Justo después de terminar con los reportes de esa noche, Iruma lo presiente, sabe que siempre ese pelirrosa y el pelirrojo son mal augurio; baja las escaleras con sumo cuidado, cierra las puertas protegiendo sus dedos y maneja a menor velocidad de la habitual, hasta que un imbécil sin sentido de civilidad decidió que era buena idea conducir alcoholizado; apenas notarlo, el policía experimenta una mezcla de enojo y nostalgia, recordando el accidente que robó la vida de sus padres y lo obligó a vivir en orfandad y soledad. Decidido a evitar que algo así ocurra, intenta acercarse al auto del irracional hombre, para hablar y negociar, demasiado ingenuamente, cree tener la situación bajo control, imaginando que asustará al tipo con su placa de policía, lo pondrá bajo arresto y, luego, seguirá con su camino a casa... En un momento que parece apenas un parpadeo, furioso al sentirse acorralado, el otro decide que la mejor salida es chocarlo; con fuerza, sin dudar ni un poco. Su auto vuela algunos metros por la avenida casi vacía al tiempo que mira su vida pasar, dejando salir gruesas lágrimas cuando recuerda a sus padres, protectores y fuertes, los adultos modelo que nunca debieron morir, no de la forma que lo hicieron... Quizá... Quizá ya es momento de irse, de poder dejar ir el dolor y ese insano apego a la búsqueda de justicia usando medios poco correctos... Aunque... La dulce mirada de Jakurai... El amable doctor que lo trata con tanta calma y cuidado... La tranquilizadora voz le ayuda a cerrar los ojos sin miedo a la muerte... Jyuto no recuerda más. 

La vida tiene sus propios planes.

Si bien, llegó en condición crítica y requirió varias transfusiones de sangre, estuvo fuera de peligro tras la delicada operación practicada por el hombre que, en su papel de doctor y hombre enamorado, pone todo su empeño en las diez horas necesarias para salvar su vida, suficientes para congregar a no uno, sino varios compañeros de la corporación que acudieron a donar de inmediato; Rio y Samatoki llegaron al hospital apenas enterarse y solicitaron información a gritos, ofreciendo después grandes sumas de dinero con tal de tener la mejor atención para su amigo. Y los altos mandos, especialmente sus jefes más directos, trabajaron incesantemente hasta conseguir una sentencia dura contra el culpable que, insensatamente, prefirió convertir lo que pudo ser una sanción por falta cívica en intento de homicidio. Se lo tenía bien merecido. 

Jyuto ya está bien enterado de todo eso, las enfermeras no han parado de contarle, emocionadas por ver un despliegue así en su hospital... Lo que ignoraba era que Jinguji Jakurai, la eminencia conocida por todo Japón, de verdad llegaría tan lejos como para cuidarlo personalmente, pasando por incomodidades, sacrificando su preciado tiempo de descanso. 

— ¿Por qué... ? ¿Por qué haces esto por alguien como yo?

— ¿Hm? -Su primer instinto, cual niño descubierto jugando a deshoras, es fingir que duerme... Desdichadamente, no tiene la capacidad para regresar a la cama tan pronto como desea.- ¿Estás despierto, Iruma-kun?

— S-sí... 

— ¿Algo duele?

— No... 

— Ya veo. -No puede verlo tan claro como quisiera, pero sabe que debe estar sonriéndole, de forma indulgente, conteniendo sus propias palabras y emociones con tal de no abrumarlo. Y odia eso. No quiere consideraciones, quiere escuchar la verdad y aferrarse a ella con la misma fuerza que le sea dicha. 

— ¿No tienes algo más por decir?

— ¿Buenas noches?

— Supongo que es inútil... -El doctor es difícil, un misterio... Jyuto sucumbe al miedo que lo persigue y le grita todo lo que nunca podrá saber de él, porque nunca le será contado. Esa clase de cosas que conducen a una separación eventual y, obviamente, al abandono.

— Iruma-kun, ¿podrías girar la cabeza hacia acá?

— Claro, claro. Una revisión a esta ho-

Un beso en la frente. Suave, muy suave. 

Lágrimas espontáneas por sus mejillas y miles de recuerdos, miles de razones para vivir, para mantenerse en el mundo. 

Básicamente, ambos tiene mucho por decir, por superar. Al fin Jyuto lo entiende, no está sólo, no es el único cargando dolor por años... Y no es necesario que sea dicho, sabe que puede contar con Jakurai, sabe que puede llorar y amar. 

Notes:

Fue bueno participar, aunque absorbió gran parte de mi tiempo.
Gracias por leer.

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