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Déjate llevar.

Summary:

Marius y Cosette se casan. Enjolras quiere saber como bailar. Eso es todo, la verdad.

Notes:

Basado en esto http://grantairricade.tumblr.com/post/100356166873/aarontveyt-theydieholdinghands-grantaire
Joder con la canción, tío.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

“No se me da bien esto, creo que debería dej-”

“Joder, E, sígueme el paso.”

“Si vas a ser grosero, me voy.”

“Bromeaba, Apolo. Madre mía, no puedes soportar no ser perfecto en algo, ¿eh?”

“Pon la canción otra vez.” Suspira Enjolras, soltando la mano de Grantaire y apartando la que tiene apoyada en su hombro. “Esto es agotador.”

Grantaire camina vacilando hasta el reproductor y lo tantea unos segundos, con la cabeza aún analizando la sombra invisible que había dejado Enjolras en su hombro y su mano.

“¡Grantaire!” Grita el rubio impaciente desde el otro lado de la habitación.

Grantaire sonríe leve, pero sinceramente y pone la canción de nuevo. “Sí, sí. Señor Impaciencia.” Dice mientras corre a su lado antes de que empiece la canción de nuevo.

Se colocan en posición. Grantaire sujeta con una mano la mano de Enjolras y con la otra su cintura. Su fina y delicada cintura… en la que no va a pensar más de lo necesario, no, para nada. Enjolras coloca de nuevo su mano en el hombro de Grantaire, agarrándolo con firmeza, con los nervios a flor de piel porque el baile le puede y eso le da rabia. Ambos separan los pies lo necesario y Grantaire intenta tomar el mando a medida que empieza la canción.

“Apolo, relájate, déjate llevar.” Grantaire suplica, sintiendo los pinchazos en su hombro por culpa del agarre despiadado.

“Es que-”

“Que me dejes llevarte. No es tan difícil, por amor de dios.”

Enjolras gruñe entre dientes y se deja llevar. Durante dos segundos, todo va bastante bien. Y entonces se tropiezan.

“Bueno, ya lo vas pillando.” Grantaire se ríe desde el suelo, con medio Enjolras encima de su pierna izquierda.

“Odio las bodas.” Declara el rubio mientras se levanta con cuidado. “Son un intercambio de bienes en el que originalmente, un padre cambiaba a su hija por dinero, tierras o un título nobiliario, oséase , una mejor posición.” Tiende la mano a Grantaire, que le mira desde el suelo, arqueando las cejas. “No sé porque hoy en día siguen existiendo. Solo son para los inseguros. Y los presumidos.”

“Pues justo como Marius y Cosette.” Ríe R agarrando la mano de Enjolras y empujando hacia arriba. Cuando llega arriba, sus caras quedan peligrosamente cerca. La expresión de Enjolras no varía un ápice, pero R se pone rojo y gira la cabeza deprisa intentando que no lo note.

“Hace bastante calor, si quieres tomarte un descanso está bien.” Dice Enjolras, mirando a Grantaire un tanto preocupado.

“No, por favor, si tardamos más con esto va a llegar su 50 aniversario y aún seguiremos aquí.” Contesta Grantaire con sorna. Aunque a él no le importaría mucho pasarse 50 años bailando (o cayéndose) con Enjolras.

La canción suena de nuevo, desde el principio. Ellos vuelven a sus posiciones. Esta vez consiguen llegar a la mitad antes de que Enjolras pierda la paciencia dejándose llevar y al intentar hacer un giro, tire a R al suelo otra vez.

“Bueno, si lo que quieres es matarme, hay formas más fáciles y menos dolorosas. Como desollándome. O fusilándome.” Dice R desde el suelo, con los ojos cerrados. “Si quieres que me levante esta vez, vas a tener que besarme, oh amado príncipe Apolo.”

Enjolras suspira y le da una patada floja en el costado. “Venga, anda. Ya casi lo tenía.”

“Yo quiero mi beso.” Grantaire frunce el ceño, ojos aún cerrados.

“Grantaire.” Enjolras dice, su voz denota cansancio.

“Esto sería más divertido con Courf. ¿Por qué no le has pedido a él que te enseñe a bailar?” Pregunta R mientras se levanta del suelo, un tanto molesto sin motivo aparente.

“Él ya tiene que enseñar a Bossuet y a Ferre. Y ya sabes cómo es Bossuet.”

“A Bossuet ya le podía enseñar Joly.”

“Joly se encarga de Bahorel y de Feuilly. Y de Jehan.” Enjolras suspira un momento, dándose cuenta de lo poco preparados que están ninguno de ellos para algo como una boda. “¿Sabes? Ellos siempre suelen bailar borrachos, el hacerlo sobrios lo complica todo un poco.”

“Yo he pasado tanto tiempo borracho, que las habilidades ganadas en las borracheras, se han fusionado con mis habilidades sobrias.” Ríe Grantaire poniendo la canción de nuevo y corriendo al lado de Enjolras para bailar otra vez.

Y consiguen llegar a la mitad de la canción sin accidentes demasiado importantes.

“Y ahora mismo, ¿estás sobrio?” pregunta Enjolras, entrecerrando los ojos con sospecha.

“Probablemente no. Ya ni lo noto. Recuerdo haberme bebido tres cervezas enteras un día cuando tenía 12 años y… poco más hasta ahora.” Sonríe un tanto triste mirando el suelo con la excusa de vigilar sus pasos, pero realmente no siendo capaz de mirar a Enjolras a la cara estando tan cerca de él mientras le toca con ambas manos.

“A veces me da la sensación de que lo de ser un borracho no es algo que hayas elegido a voluntad.” Dice Enjolras, casi susurrando, intentando concentrarse en dejarse llevar.

“¿Crees que hay gente en el mundo que “elige” ser un/a borracho/a? Simplemente te acostumbras. Te dejas llevar…” Grantaire sonríe a esto último alzando un poco la mirada para catar algo de la expresión de concentración de Enjolras.

Se produce el silencio de nuevo y ambos dejan fluir la música. Los movimientos de Enjolras son muy mecánicos y forzados, mientras que R se mueve con soltura y suavidad. Enjolras se equivoca cuando ya casi han llegado al final.

Repiten el baile, dos, tres, cuatro veces más. A ambos les duele todo. Ambos le han cogido manía a la canción. Y ambos están dispuestos a terminar ya, pese a que nunca consiguen llegar al final de la canción.

“Oye, si quieres dejarlo, deberíamos dejarlo, Apolo.” Dice R , sentado junto al reproductor de música. “A nadie le gusta el líder enfadado.”

“No, vamos a completar el baile y después nos vamos. No te preocupes, no te molestaré más.” Bufa el rubio poniendo la canción de nuevo.

“No me refería a eso.” dice Grantaire, suspirando mientras camina hacia él, que ya está en posición. “Quería decir que-"

“Da igual Grantaire, terminemos y vayámonos. Tú no quieres estar aquí, yo no quiero estar aquí, todo sale mal, hace calor y la canción es la que va a sonar en mis pesadillas a partir de ahora.”

“Yo sí quiero estar aquí…” Grantaire susurra mientras agarra la cintura de Enjolras.

“Eso es realmente extraño.” Suspira Enjolras, dando los primeros pasos.

“Soy realmente extraño.”

“Sí, lo eres.”

“Tú también.”

“No de la misma forma.”

“De una forma menos deprimente y más apasionada.” El comentario hace a Enjolras dirigir su mirada a Grantaire, que lo nota. “¿Qué?”

“Si no te pusieras a ti mismo a tan baja expectativa, seguro que serías capaz de muchas cosas.” Dice Enjolras firmemente.

“Aunque tuviera la más amable y existente de las autoestimas, seguiría siendo un fracasado. Un fracasado que no sabría que es un fracasado, pero un fracasado después de todo.” Se produce un silencio de nuevo, dejando un aire triste y un tanto incómodo. “¡Déjate llevar!” grita Grantaire, ya harto de la insistencia en controlar de Enjolras.

“¡Es difícil!” dice Enjolras en el mismo tono, harto también de su falta de disciplina en este aspecto.

“Imagínate” Grantaire para la música y la lleva al principio. “Que soy tu madre. O tu padre. O Ferre. Una persona que te haya guiado en la vida.”

Enjolras hace una mueca y vuelve a agarrarse a Grantaire. A ambos les entra una sensación cálida cuando la canción empieza. Esta vez Grantaire le mira a los ojos todo el rato.

“¿Estás pensando en Ferre?” dice Grantaire, con media sonrisa.

“No.” Se limita a contestar Enjolras, que nota la cálida sensación crecer con los ojos de Grantaire pegados a los suyos. Los pasos de Enjolras no se sienten forzados o mecanizados esta vez. Son más naturales, más bonitos, más rítmicos, más sueltos.

“En tu madre, entonces?” sigue bromeando Grantaire “porque no sé si debería sentirme incómodo o halagado por tus rojas mejillas.”

Enjolras se lleva las manos a la cara, rompiendo el ritmo del baile. Ambos se quedan ahí parados un rato, mirándose, hasta que Grantaire decide poner la canción de nuevo.

“¿Por qué tenemos que bailar todo el rato con la misma canción?” pregunta Enjolras, un tanto confuso, aún palpando sus mejillas.

Grantaire se ríe entre dientes “Si te sale así repitiendo la misma canción una y otra vez, imagínate si cambiásemos de canción.”

“Ja ja.” Repite Enjolras con sarcasmo mientras se pone en posición. Cuando Grantaire llega a su lado, el sentimiento cálido le recorre de nuevo. Llevan, definitivamente, demasiado tiempo juntos a solas.

“R.” dice Enjolras poco después de empezar la canción. Grantaire ha decidido mantener la mirada en los pasos esta vez, y los pasos de Enjolras vuelven a ser como los de un robot.

“¿Hm?”

“Si me miras a los ojos me resulta más fácil.” Dice Enjolras en medio susurro, con su mirada de concentración.

Grantaire suspira y alza la mirada. Cuando sus ojos se juntan de nuevo, ya terminando la canción, los movimientos de Enjolras vuelven a ser suaves y fluidos.

“Mejor, sí.” Dice Grantaire, en un susurro sin aliento.

“Hmmhm.” Enjolras asiente despacio mientras la canción toca los últimos acordes.

“Ahí va mi madre, lo hemos hecho. Wow.” La música termina y Grantaire sonríe, intentando apartarse de Enjolras deprisa, antes de que sean sus mejillas las que se sonrojen. Pero Enjolras aún sujeta su hombro y su mano. Su expresión de concentración, ahora con una pequeña sonrisa inclinada y la cara sonrojada de nuevo.

“¿Quieres bailar otra vez? Para asegurar.” Dice, seriamente.

“Pensé que querías irte.” Contesta Grantaire mientras hace un esfuerzo horrible por no saltar a su cuello y quedarse ahí agarrado para siempre.

Enjolras niega con la cabeza. “Quiero estar seguro de que no ha sido potra.”

“Nah, una vez lo pillas suele ser muy fácil volv-”

“Grantaire, ¿quieres bailar otra vez o no?”

Grantaire traga saliva un momento. “Sí, bueno. Para asegurar. Sí, claro, está bien.” Se dirige al reproductor y se queda ahí un rato de nuevo, pensando. Por fin pulsa el botón, no sin antes recibir un par de comentarios apremiantes de su querido Apolo.

“No, no, mírame a los ojos.” Insiste Enjolras cuando empieza la música y Grantaire ya se disponía a pasarse toda la canción en ‘Asalvolandia’.

“Gññeh.” Es el sonido que produce cuando consigue hacer reaccionar a sus cuerdas vocales. Los ojos de ambos se encuentran de nuevo. Y esta vez bailan todo bien y de seguido. Enjolras se deja dirigir, los giros y las variaciones surgen sin ninguno de los dos teniendo que avisar al otro. R apenas puede respirar por culpa del prolongado contacto visual en el que se ve atrapado. Está seguro de que se ha sonrojado varias veces, pero Enjolras ha sido tan amable de no mencionarlo.

Cuando la canción termina, resulta casi triste. Enjolras suelta el hombro de Grantaire y Grantaire suelta la cintura de Enjolras, pero sus manos permanecen unidas un segundo más del necesario.

“Bueno, pues…” comienza a decir Enjolras. “Gracias por enseñarme a, ejem, bailar.”

“Si nada no ha sido.” Balbucea R sacando el CD del reproductor. “…Si no ha sido nada.” Se corrige deprisa. “Ha estado bien.”

“Sí.”

“Ya sabes, resérvame un baile.” Grantaire ríe nervioso mientras dirige a Enjolras a la puerta de su apartamento.

“Por supuesto.” Enjolras sonríe.

“Pues, eso, adiós.” R abre la puerta y saluda con la mano. “Nos vemos mañana en el café, o no si no vas, porque, bueno, ya sabes, podría surgirte algo.”

“R.” llama Enjolras justo antes de que Grantaire cierre la puerta. “A lo mejor podría venir mañana también. Y hacemos otra canción. Por si acaso resulta que no funciono con todas, ¿sabes?”

Grantaire parpadea rápido y sostiene la puerta. “…Sí, claro que sí, Apolo. Si tu quieres, por mí genial. Buscaré una canción sobre la libertad del pueblo. O el color rojo.” Se ríe nervioso.

“Heh.” Hace Enjolras mientras baja por las escaleras.

A Grantaire le late el corazón muy rápido. No sabe si eso es suerte o su perdición.

Habrá que averiguarlo.