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El llanto de un líder

Summary:

Yumyan no siempre estuvo solo. Tuvo a alguien a su lado hasta que...esos horripilantes humanos se la llevaron. La busco por meses hasta volver a verla. Y luego...eso pasó.

Notes:

Pequeños momentos en la vida de un gran líder. Un inolvidable amor. En honor a uno de mis personajes favoritos.

Chapter 1: Tu y yo somos uno

Chapter Text

Hace algunos años...

Hammer seguía viendo al techo. Extraña a su amada. Su hermosa Paw. No pudo protegerla. Le fallo. Fallo a su promesa. Falló al ritual. Falló a su hijo. Gimió de dolor. La herida aún no cicatriza. No del todo. Si tan solo hubiera sido más rápido...más fuerte...nada le habría pasado a Paw. Ella estaría aquí, junto a su hijo. Guiándolo. Pero no. Falló y debe cargar con su desdicha. No le importa cuantas veces Rosco le aseguró que no fue su culpa. Sino de los humanos. Lo cual no era verdad, no del todo, si fue su culpa. ¡Era su deber proteger a su familia! Y...no pudo hacerlo. Vio de reojo el vendaje...lo sabe. Por un lado está encantado. Pronto volverá q ver a su amada. Pero, su hijo. Aun es joven. No puede dejarlo solo. Debe hablar con Rosco. Pedirle un favor...

-¿Papá?-preguntó el pequeño de tres años con temor. 

-Si, ¿qué pasa Yumyan?-

-¿Por qué debemos hacer el ritual de la unión?-

-Ven acá hijo-le dijo haciéndole un lado en la cama. Ignoro el dolor de su herida, sabe que le queda poco tiempo, pero debe estar aquí para su chico. Espero a que se sentara a su lado y, tras respirar hondo, le dijo-es una promesa. Si, se que te asusta. Pero es algo que hemos hecho por años. Es una promesa de que jamás dejarán que nada malo les pase. Que jamás se aparatarán entre sí. Es una promesa de amor, coraje y protección. ¿Entiendes hijo?-

-Si padre...-murmuró tras pensar en las palabras de su padre. Una promesa-¿parecido a nuestros nombres?-le preguntó acurrucándose más cerca de él.

-Algo así. Solo que el nombre depende del bebé. Por su color de ojos, su piel, su forma de ser o, a veces, cambia según sus acciones. ¿No es así pequeño glotón?-se rió al verlo sacarle la lengua. Si, su hijo llegó con un gran apetito. 

-¿Mamá y tú hicieron el ritual, verdad? ¿Le dolió mucho? ¿Por eso....por eso no está?-preguntó tras un rato.

-Así que era eso...-murmuró con tristeza-Si le dolió hijo. Pero tú madre...no fue por eso. A veces la vida...es cruel. Pero uno sigue adelante, ¿lo entiendes?-

-Si-asintió no muy convencido. 

-Yumyan. Debes entender hijo que no fue tu culpa. A veces...esas cosas pasan...-

-Entiendo-

**********


Yumyan Hammerpaw no ha dejado de dar vueltas en su casa. Hoy era el día. Se estuvo preparando para este momento desde hace cinco meses. Ya tenía preparado el banquete. Desde la comida hasta las bebidas. Entonces, ¡¿por qué se siente de los nervios?! Frustrado tiró su hacha-guitarra por la ventana. Un grito se escuchó. Alguien tuvo suerte. O eso parecía. El líder de los gatos leñadores se dejó caer en el suelo. No puede creer que ha luchado contra medio mundo ahí afuera y no puede hacer algo tan simple como proponerle matrimonio al amor de su vida. Se jalo los bigotes. No, no podía actuar así. Respiro profundo. Una vez. Dos veces. Llegó q contar hasta el veinte y se detuvo. “Ahora o nunca”, se dijo. Se quitó el polvo de su camisa de cuadros y salió. Vio de reojo hasta dar con su hacha-guitarra. Umm...si que fue un buen tiro. Pensó al verla a la mitad de un árbol. Lo sacó sin mucho esfuerzo. Cerró los ojos. Podía hacer esto. Claro que podía. Abrió los ojos. Si, está listo. Lo sabe. La villa lo sabe. Todos han salido. Están mirándolo. Ver su emoción lo alienta aun más. Se dirige hasta donde ella vive. Parecía que el tiempo se detuvo a su alrededor. Se le hizo largo la caminata pero, en cuanto llegó a su destino, empezó a tocar esa melodía que venía practicando cada noche. Cerró los ojos al compás de la música. Por ella aprendió esa canción. Si bien nunca le gustaron las cosas humanas, algo despreciable para la mayoría de los mutos, quería complacerla. Hacerle saber que la ama tal cual es y no cambiaría nada de ella. Jamás. Al principio fue difícil. Aprenderse la melodía. Lo curioso, aun si nunca lo admitirá, es que realmente la llevo a disfrutar. No solo la melodía, sino la letra. Si, con suerte ella amara la melodía de sus cuerdas e ignorara su espantosa voz. Justo cuando estaba llegando a la última nota sintió un gran peso que lo hizo caer al suelo. Abrió los ojos con torpeza. Frente a él, o mejor dicho sobre él, estaba su Lirio. Su dulce Lirio. Sus mejillas sonrojadas la hacían parecer más bella de lo que es. Se perdió en sus ojos magenta. Misterios y llenos de energía. Su pelaje era encantador. Un tono poco común entre ellos. Lila. Quizás por eso el nombre. 

-¿Entonces...eso es un si?-preguntó nervios sin dejar de mirarla. 

-¿Estas loco? ¡Por supuesto que si!-exclamo envolviéndolo en un cálido abrazo.

-Te amo...-murmuraron al mismo tiempo. Justo cuando estaban besándose empezaron los gritos y palabras de aliento.

-¡Ya era hora tórtolos!-exclamo el más anciano de la villa. El antiguo líder. El líder antes que Yumyan. Si, venía sospechando desde el mes pasado. Sonrió con nostalgia. Tan bellos recuerdos...si, el amor es algo hermoso-¡Si tardaban más tiempo ya estaría tallado en el techo!-

Yumyan se sintió cohibido por todo esto. No hubo ningún gato leñador que no estuviera felicitándolos. Desde el más pequeño al más anciano. Abrazos y felicitaciones los inundaron durante horas. Incluso la pequeña Molly, la sobrina de su dulce Lirio, estaba gritando de emoción. No hay duda que esa niña tiene unos pulmones envidiables. ¡Y apenas tiene cuatro años! Increíble, se dijo Yumyan. Tomó cuidadosamente a su amada en brazos y, haciendo gala de su fuerza, se la llevó al árbol afilador. Siendo seguidos por el resto de los gatos leñadores en silencio. Si, tuvieron que hacer un enorme esfuerzo por guardar la calma. Es lo que dictaba la tradición. Cuando todos rodearon en un círculo al árbol y, por consecuente, a la nueva pareja, se tomaron de las manos y empezaron a cantar la canción de los ancestros. Cuando terminaron, sin soltarse de las manos, se arrodillaron cabizbajos. El antiguo líder, Rosco, se adentró donde estaba la pareja tomados de la mano. Llevaba una pequeña caja de madera y un hacha. Los vio tragar nervioso. No los culpa. Esto era algo trascendental. Espero hasta que ambos asintieran. Debían estar listos. No mostrar temor o duda. Espero un minuto antes de abrir la caja y dejarla a los pies del árbol. La pareja se acercó hasta estar en medio de a caja. Lirio a la derecha. Yumyan en la izquierda. Les pidió sus manos. Sin dudarlo se las dieron. Rosco las puso uno sobre la otra, alineándolas para estar en medio de la caja. Con su mano libre tomó el hacha y realizó un pequeño corte en sus manos. Lirio apenas dejo escapar un pequeño gemido. Yumyan permaneció serio. Si supieran que se mordió la lengua para no gritar. Si, claro que le dolió. Pero era el líder. Era el protector de su gente. No podía ser débil. No señor. Hasta que la cajita se llenó a la mitad Rosco les vendo con la tela de la unión.

-¡Oh, árbol afilador!-exclamo Rosco agarrando la cajita-Hemos traído ante ti esta joven pareja. Pidiendo que los protejas y te sientas honrado de su relación. ¡Con esta sangre derramada! ¡Con esta sangre unida te pedimos tu bendición!-cabo un pequeño hoyo con su hacha. Colocó suavemente la caja, la cual debía permanecer durante la noche de la unión y después lo que quedará de la sangre esparcido a lo largo del árbol afilador, y empezó a cubrirla de tierra.

-¡Oh, gran árbol afilador bendice su unión!-exclamaron los gatos leñadores, con excepción de la pareja, cinco veces.

-¡Gatos leñadores!-gritó lleno de júbilo el viejo Rosco-¡Celebremos está bella unión!-levantó su hacha, siendo seguido por el resto. 

 

**********

 

La fiesta fue increíble. Parecía que nunca acabaría hasta que salió la luna. Era la señal. Estaba nervioso. No se había dado cuenta que estaba guardando la respiración hasta que sintió la mano de Lirio sobre su hombro. Se tomaron de la mano para dirigirse a su nuevo hogar. Justo a tiempo para ver salir a Ruffles y Betún, quienes se inclinaron antes de irse a dormir. Con torpeza se dirigieron a la cama. Suave. Blanda. Si, muy cómoda. Se sonrojaron mientras se acurrucaban en la cama. Quedaron perdidos viéndose a los ojos. Ojos magentas. ¿Su bebé tendría ojos como los suyos? Se preguntaron al mismo tiempo. Rieron avergonzados. No hay duda que se aman. Yumyan acarició el rostro de su pareja, quien, tímida al principio, acarició sus orejas. Esta sería una noche para recordar. Sería su primera noche. Estarían unidos para siempre.