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El piso se está moviendo.
Eso y la persona a la que pisa son las razones por las que trastabilla pese a sus intentos de moverse y alejarse lo antes posible.
Porque aunque Jyuto no puede enfocar su mirada y siente que el sonido de los latidos de su corazón y sus jadeos están resonando en su cabeza, como si alguien estuviese usando un micrófono para amplificarlos y atacarlo con ellos, sabe que no puede quedarse ahí.
Un muerto no cuenta ningún secreto y alguien con la mandíbula fracturada no puede usar un micrófono, pero quien llegue no hará parte de ninguno de esos grupos por lo que incluso si ya no parece haber nadie en pie para detenerlo, él estará en desventaja sin importar quién sea el primero en llegar a la escena.
Hay una parte de él que quiere reír, pues ser el último hombre en pie es estimulante y tiene más sentido disfrutar de su victoria que huir, pero otra sigue consciente del peligro.
Por eso arrastra sus pies, no se detiene a pensar qué (o a quién) pisó que casi lo hace resbalarse y al llegar a la puerta maldice en voz alta, pues cae contra ella y ésta se abre, permitiéndole el paso a otra sección de la bodega y llevándolo directamente contra el asfalto.
¿Es culpa de los lentes resquebrajados que el mundo parece partido en dos?
Es posible, mas Jyuto no intenta quitárselos y sí se apoya en sus manos para ponerse de pie con dificultad y volver a andar.
¿Quién será el primero en llegar? ¿Algún aliado de esas escorias con ganas de vengarlos o algún policía que querrá buscar un beneficio y que enterrará a Jyuto figurativamente hablando para lograrlo?
Si Jyuto fuese dicho policía, ciertamente lo haría con la cabeza en alto e ideas para llevarse el crédito por descubrir lo ocurrido y culpar a alguna otra alimaña también presente por el nivel de violencia que dejó atrás.
Las batallas por un territorio tan conveniente pueden ser bastante sangrientas cuando no hay alguien capaz de imponer su superioridad y llevarse todo, al fin de cuentas, y bien se podría decir que los involucrados se habían acabado mutuamente.
Él no es él, sin embargo. En ese instante, Jyuto no es el Jyuto que siempre está en control y saca provecho de la situación, sino es alguien que siente demasiado.
Sus manos parecen punzar ante el solo roce de los guantes, sus piernas tambalean bajo él debido al dolor, sus ojos arden y hacen que sus alrededores sean manchas y sus oídos siguen amplificando cada latido, cada inhalación, cada exhalación, cada paso, sea propio o ajeno...
Mierda.
Jyuto al menos enfrenta al recién llegado manteniéndose en pie, mas darse cuenta de que no caer es lo único que puede hacer es humillante.
Así que este es el fin. Su ambición, en vez de rendir fruto, lo ha llevado a su perdición y ni siquiera podrá luchar hasta el final...
—¿¡Qué carajos pasó aquí!?
Esa voz es conocida y resuena más que cualquier otro sonido, por lo que Jyuto cierra los ojos y presiona una mano contra sus párpados mientras intenta asociarla con un nombre.
Un rostro viene a su mente primero (ojos rojos, cabello blanco, expresión adusta, muchas veces acompañado por un cigarrillo...), cosa extraña cuando no ha sido capaz de ver nada con claridad desde hace mucho, pero eso basta para que el mundo parezca tener forma en lugar de ser ruido y ecos que lo aplastan y le impiden respirar.
—Jyuto, bastardo, más te vale que eso no sea...
Samatoki. Es Samatoki el que está hablando, su voz pasando de irritada a asustada, algo que debería ser imposible para el perro rabioso de 'Hama y aunque Jyuto intenta soltar una carcajada ante eso, en realidad termina en algo que es más una tos, más un resuello ahogado y... ah, cierto, olvidó cómo respirar.
Incluso con sus ojos cerrados, Jyuto cree ver luces y el mundo parece dar un vuelco sin dejarlo bajarse primero, por lo que cae y cae y solo una de sus rodillas recibe el impacto porque una mano agarra uno de sus antebrazos y le impide volver a saludar al asfalto de cerca.
La mano de Samatoki. Samatoki lo ase con tal fuerza que, de poder pronunciar algo, Jyuto habría dejado escapar un quejido, mas de su boca solo intenta salir aire que no ha inhalado en primer lugar.
Su cabeza da vueltas, el resto de su cuerpo parece palpitar con el doloroso ritmo de un corazón que de alguna forma sigue latiendo y lo siguiente que Jyuto nota es algo en su garganta. Dedos.
¿Por qué?
Las arcadas que le provocan son incontenibles y dichos dedos desaparecen a tiempo mientras Jyuto se deshace de todo lo que tenía en su estómago y más. Es asqueroso, humillante y que poco a poco escuche el ir y venir de las olas y note la brisa salada contra su rostro lo desorienta más.
¿No había estado en una bodega con demasiados contenedores que había sido el escondite de personas, drogas y quién sabe qué más?
—¿Qué mierda te metieron? —murmura Samatoki, sonando lejano aunque seguramente está cerca, con una mano en su espalda y otra en su cintura para impedirle caer en las olas, pero en lugar de contestar, Jyuto sigue la nausea con el ritmo del mar hasta que no hay nada más que pueda botar.
Cómo pasa de mecerse con las olas a sufrir algo menos regular, como lo es el movimiento de un auto a demasiada velocidad, es algo de lo que no está del todo seguro, pero cree escuchar a Samatoki por encima del ruido del motor y luego viene una sacudida de una frenada y pisadas.
Ese es el peor sonido, pues es apresurado y no indica impaciencia, sino miedo y eso es algo que Jyuto está acostumbrado a provocar, no a sentir. No que sean sus propios pasos.
Él está siendo arrastrado. Es una revelación tardía y tan desconcertante como el no poder distinguir nada de lo que Samatoki sigue diciendo. Al menos su voz ya no es dolorosa y Jyuto se ladea hacia ella, suspirando con alivio y cayendo en cuenta de que respirar es de nuevo algo automático, natural.
—No te duermas, conejo —está diciendo Samatoki y Jyuto sonríe, pues eso suena como una maravillosa idea. Dormir, perderse en una oscuridad que no da vueltas ni retumba sería una bendición, pero si bien relaja su cuerpo voluntariamente, Samatoki lo sacude para impedírselo.
Samatoki hace más que eso, de hecho.
Él lo obliga a sentarse en el suelo, contra la pared, y hala su corbata para quitársela, desabotona su chaqueta y su camisa y su pantalón y Jyuto debería hacer un comentario al respecto (burlón, mordaz, hiriente, cargado de doble sentido) mas solo logra respirar por su boca hasta que siente algo contra ella.
—Bebe —ordena Samatoki, ahora con una voz que acalla cualquier otro sonido—, despacio.
Jyuto no es de los que obedece ciega y mansamente y tampoco comprende nada hasta que un líquido carente de sabor congela su lengua y lo lleva a toser y derramar el agua (agua, sí, agua, sin duda) sobre él mismo.
El contacto del líquido contra su pecho lo hace tiritar mientras Samatoki maldice en voz alta y hace un segundo intento de hacerlo beber que no termina mejor. El cuarto (¿o es el quinto? ¿o el sexto?) sí tiene éxito y Jyuto descubre que está sediento.
El "despacio" solo ocurre porque es Samatoki quien controla la botella y Jyuto apenas logra aferrarse a uno de sus brazos sin ningún tipo de coordinación. Aunque el frío del agua lo espabila, tal cosa resulta ser una tortura, ya que, al abrir los ojos, el brillo de la luz y el que el sigue sin ver con claridad hacen que su cabeza vuelva a dar vueltas y vueltas.
Esta vez quien maldice en voz alta es él y Samatoki, a su lado, resopla.
—Bien, mejor —dice y su voz carece de la dureza que suele adornar todas las palabras que escupe durante el día—. Sigue así y no tendré que llamar a nadie.
Jyuto se tensa porque sabe que nadie más debería involucrarse y de hecho eso incluye a Samatoki, pero cuando intenta ponerse de pie para irse tan lejos como debería haber hecho desde un comienzo, no logra reunir las fuerzas necesarias para ello y Samatoki, además, lo retiene.
—Quédate quieto de una maldita vez —exige. Su agarre es una fuerza capaz de atarlo ahí y su rostro... Jyuto intenta enfocarse en su rostro, mas el rojo de los ojos de Samatoki parece una llama borrosa y Jyuto cierra sus propios ojos y se deja caer contra él.
Samatoki grita algo y suelta unas cuantas vulgaridades, pero lo recibe y lo abraza y Jyuto puede olvidar todo por un instante que quizás es más que unos segundos o minutos, pues cuando vuelve en sí ya no está sentado en el suelo.
Ahora está acostado, estirado sobre algo cómodo que bien podría ser una cama, aunque bajo su cabeza no tiene una almohada suave y mullida. Es más firme, fuerte y no resulta incómodo pues además hay algo acariciando su cabeza, pasando por sus cabellos en algo que lo invita a relajarse sin primero cerciorarse de dónde está.
Pero no debe.
Él recuerda haber estado trabajando, haber ido por información consciente del peligro que implicaba y...
Hay piezas faltantes entre eso y el ahora y al intentar encontrarlas Jyuto solo consigue en su mente destellos de sensaciones y una punzada de dolor que lo lleva a abrir los ojos para enfrentar la realidad.
El mundo sigue borroso, pero ya no es tan dolorosamente brillante y cerca, sobre él, hay un rostro familiar, aunque más pálido de lo normal y que lo está observando con tensa expectativa.
—Samatoki. —Su voz es un graznido apenas audible, mas que es suficiente para que Samatoki lo escuche.
—Así que ya puedes hablar. —Samatoki tiene un cigarrillo en sus labios y exhala el humo de una calada con aparente alivio, usando la mano que no está tocando su cabeza para alejarlo de su boca y deshacerse de la ceniza en un cenicero cercano que Jyuto no alcanza a ver—. Sigue así y no terminarás en una tumba. O en un hospital.
No. Incluso sin acordarse de todo, Jyuto sabe que esa no es una opción, por lo que intenta sacudir su cabeza (lo cual resulta ser una mala idea) antes de tratar de decir:
—No puedo...
—Ya sé —interrumpe Samatoki con toda certeza, quizás porque realmente sabe más que Jyuto. No lo hace, sin embargo, y eso es obvio cuando pregunta—: ¿Qué te dieron? Porque dudo que te hayas metido alguna mierda por gusto.
Al menos Samatoki lo conoce bien y quizás por eso tiene una idea de cómo terminó patéticamente incapaz de nada, aun si desconoce los detalles.
—No sé.
—Sensei no dirá nada —insiste Samatoki luego de una nueva calada a su cigarrillo, refiriéndose sin duda a Jakurai—. Ni siquiera va a hacer preguntas si lo llamo.
Tener un doctor de confianza tiene sus ventajas y Jyuto puede apreciar eso. Es una lástima no poder aprovecharlo así sea a costa de terminar con una deuda encima, pues está seguro de que no puede involucrar a nadie más.
—No sé —repite y cierra los ojos, tratando de ignorar el dolor para recordar. ¿Cómo había comenzado todo? ¿Cómo había terminado?—. Había un policía infiltrado en ese banda. —Y él había ido a encontrarse con él para recoger las pruebas prometidas que le permitirían finalmente actuar contra esa escoria—. Él decidió cambiar de bando.
Jyuto había notado la trampa después de haber aceptado una aparentemente inofensiva taza de té y había actuado de inmediato en algo que podría haber justificado por escrito como defensa propia aunque él no había hecho la estupidez de esperar a que lo atacaran, pero no había contado con ser superado en número o con los efectos de quién sabe qué sustancia psicoactiva que había sido mezclada en el té.
El estar consciente de eso ahora lo congela, lo estremece y le revuelve el estómago. Tuvo suerte de no haber terminado peor, pero el haber sido drogado con las mismas drogas que quiere erradicar es humillante y...
—¿Qué trafican? —Samatoki no le permite perderse en sus pensamientos y tampoco interrumpe sus caricias—. Trata de recordarlo.
—¿Con qué no trafican? —Por lo que Jyuto recuerda, esa banda transporta de todo un poco y no solo en la división de Yokohama, mas no son los dueños de la mercancía... o era. Era. Los que no habían caído gracias a su micrófono lo habían hecho bajo sus puños y patadas y Jyuto sospecha que los que no habían estado presentes habían sido pocos y por eso, ellos tendrán que reconstruir su banda y conseguir un nuevo puerto en 'Hama, ya que él se encargará de que el actual sea estrictamente vigilado una vez logre pensar en cómo justificar el descubrir y reportar lo que sea que haya quedado en esa bodega cercana. Jyuto lleva una mano a su frente y al sentir su propia mano fría, frunce el ceño—. ¿Mis guantes? ¿Y mis gafas?
Eso no importa. Una parte de él lo sabe, mas sus pensamientos se ven interrumpidos ante ese descubrimiento y eso ahora captura toda su atención. Quizás todavía no está en sus plenos sentidos si es incapaz de concentrarse en algo...
Samatoki bufa y Jyuto lo puede imaginar exhalando una nueva nube de humo
—Olvídate de eso y de tu traje. Y ni se te ocurra cobrármelo, porque eres el que me debería pagar por destruir la evidencia.
Oh.
Tiene sentido.
Y le dice con claridad que lo que Samatoki encontró en la bodega no podrá ser tachado como defensa propia. ¿Pero cómo llegó Samatoki allá en primer lugar?
—¿Por qué estabas ahí?
—Me escribiste —replica Samatoki y sus caricias se detienen en un desconcertante momento en el que además se mueve un poco, cosa que hace que Jyuto al fin procese que la almohada bajo su cabeza es en realidad las piernas de Samatoki y que están en un sofá. Al abrir los ojos, Jyuto lo ve sacando un nuevo cigarrillo y encendiéndolo, tras lo cual guarda su encendedor, vuelve a llevar una mano a la cabeza de Jyuto y reanuda sus caricias—. ¿Y cómo putas se supone que iba a saber por qué me mandaste solo un punto en el gps?
—No tuve tiempo para más. —Es lo que tiene sentido, aun si no lo recuerda. Él confía en Samatoki y hacerlo al punto de buscarlo inconscientemente expresa más de lo que quiere admitir en voz alta; no obstante, no piensa perder el tiempo negándolo.
—Me debes una —canturrea Samatoki con una sonrisa que no encaja con sus ojos, todavía cargados de seriedad e inquietud—. ¿No se supone que eres el que me saca de problemas?
—No pienso hacerlo costumbre.
—Más te vale. —Y la voz de Samatoki suena demasiado débil y si bien Jyuto quiere hacer un comentario irónico, cierra los ojos y se relaja.
Una vez pasen todos los efectos de esa droga de mierda podrá volver a pensar racionalmente y sugerir un acuerdo de no hablar de ninguna muestra de vulnerabilidad mutua. Por ahora, con los dedos de Samatoki cepillando su cabello, el familiar aroma de los cigarrillos que Samatoki fuma y la certeza de que está en un lugar seguro, Jyuto se permite volver a dormir, pero no para escapar, sino para recuperarse y volver a poder estar al lado de Samatoki en lugar de depender de él.
