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El elegido (según Baxia)

Summary:

―¡Jiang xiong, me abandonaste! ¡Después de arruinar una de mis mesas! Eso fue realmente descortés de tu parte.

―Baxia atacó por voluntad propia a tu posible primera propuesta de matrimonio manga cortada, en medio del banquete. ―Jiang Cheng se sirvió té, inmune al lloriqueo patético. ―eso fue muy descortés de tu parte.

―No me cambies el tema.

El rumor dice que solamente quien pueda desenvainar a Baxia puede casarse con Nie Huaisang. Desafortunadamente, Baxia también es un sable temperamental, y si no le agradas probablemente quiera sacarte la cabeza de un tajo cuando lo intentes.

Jiang Cheng lo hace. Irónicamente.

Funciona.

Notes:

Bienvenides a este nuevo trainwreck de una idea estúpida que se sale de control. Pero estoy feliz porque POR FIN puedo escribir de una ship que además es de mis favs. Esperen poco bbys y les va a ir bien.

Puede que haya bromas referentes a un fic pasado, The (uncalled for) divine justice of Jin genetics, pero ni de cerca se ocupa leer para entender este. Sólo por si ven por ahí alguna referencia sobre el rostro de Jin Guangshan donde nadie lo pidió.

Síganme en @yuuwwips para más bullshit y en @yuuwwioh si quieren leerme por mi main <3

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El secreto de Qinghe Nie (UNLESS???)

Chapter Text

Creyó que era un rumor más, qué iba a decir. De esos francamente absurdos que más de una ocasión le habían hecho resoplar entre dientes y menear la cabeza antes de que el autocontrol le permitiera mantener el porte intacto, como aquella vez donde circuló un chisme de que Ouyang zhongzhu había sido maldecido por un demonio súcubo y no había notado que había cambiado de lugar con su esposa por casi un mes.

Ouyang zhongzhu era estúpido, eso era claro, pero el cómo y por qué había surgido el disparate era todo un misterio. Esperaba que cuando Ouyang Zizhen se hiciera cargo al menos los rumores fueran de una naturaleza menos absurda.

(Conociéndolo y conociendo la suerte jodida de los otros mocosos que frecuentaba, incluyendo a su sobrino, lo cierto es que hasta la aventura más impensable sería probablemente cierta. Joder).

Volviendo al tema: honestamente, ¿cómo iba a creerse que Baxia simplemente había empezado a comportarse como bestia rabiosa con todo aquel que quisiera acercarse a Nie Huaisang? Se suponía que el sable estaba sellado por la eternidad, enfundado y viciosamente silencioso después de lo ocurrido en Yunping.

Y sin embargo―

Jiang Wanyin observó el sin sentido que se presentaba justo frente a los ojos, mientras el pobre desgraciado que tuvo la osadía de dar un paso al frente y solicitar, de la puta nada, la mano en matrimonio del maldito jefe cultivador era―no había otra forma de ponerlo, mordido por Baxia. Gritaba y corría alrededor de la sala intentando huir del arma sedienta de sangre. Públicamente.

―Nie Huaisang―Llamó, mirando el circo desatado por el nuevo y muy joven jefe del clan Ruo con la misma incredulidad del inicio. Nadie se estaba fijando si llamaba de forma tan irrespetuosa a la persona más importante en la habitación, contándole: ―¿qué carajo?

Nie Huaisang se abanicó perezosamente, más fastidiado de lo que se esperaría de alguien tan inherentemente caótico.

―Eso, Jiang zhonzhu, no es nada que merezca ser comentado. ―Sonrió, falso al punto de lo evidente. Wow.―¿té?

Jiang Wanyin asintió. Estúpidamente.

―Por favor.

Justo Ruo Shiyuan cayó de culo sobre el plato de bocadillos de otro líder de secta menor, haciendo un desastre que merecía ser olvidado. Baxia rugió antes de volver a su funda al lado de Nie Huaisang, como un minino ronroneándole a su dueño después de haber dejado un mierdero.

 

Entrando en contexto: la cosa empezó extraña meses atrás, y nadie pudo haberle preparado para tan insólito giro de eventos. Lo recordaba con nitidez de lo anormal que había sido todo.

Jiang Wanyin se permitió un flashback, porque esa era la forma en que lidiaba con su realidad ridícula desde hacía más de trece años: disociación. Y venganza e ira, pero eso era para situaciones que no venían a tema.

 

Nie Huaisang no era su amigo. Al menos no lo desde hacía mucho tiempo y considerando las circunstancias no era una condición que fuera a cambiar en un futuro cercano.

Jiang Wanyin tampoco era un hombre de amistades, para empezar. Durante casi una década se había dedicado enteramente a maniobrar entre alianzas de interés mutuo, con el único motivo de sacar a flote el Muelle Loto y después de ello―bueno, simplemente no había encontrado fuerzas ni motivos para cambiar su forma de navegar alrededor de sus conexiones.

Conocido por su temperamento y reafirmándose en él como si con ello demostrara un punto, tampoco es que existieran demasiadas personas dispuestas a enfrentarse al inamovible Sandu Shengshou a menos de que fuera estrictamente necesario.

…fuera lo que fuera que estaba sucediendo frente a su nariz, no entraba en ninguna de esas características.

La impaciencia se mezclaba con una sospecha desagradable que, de haber sucedido unos cuantos años antes, habría escupido en la cara de quien lo sugiriera. Desde lo descubierto en el Templo de Guanyin, su percepción sobre Nie No-sé-nada Huaisang había cambiado drásticamente y cada uno de sus movimientos los intuía como ominosos, como si estuviese presenciando a una araña tejer sus hilos para atrapar a su presa.

Dicha migraña estaba justo en el Muelle Loto por tercera vez en el año, sin ninguna razón de peso como justificante.

Recién estaban a mediados de primavera.

Oficialmente una situación ameritaba su adecuada dosis de (histeria) precaución. No podía—ni quería, qué diablos, continuar con lo que sea que estuviese sucediendo.

Jiang Wanyin estaba a segundos de mandar al carajo todo atisbo de civilidad y azotar a la pequeña mierda que seguía abanicándose plácidamente, muy interesado en continuar con la farsa mientras continuaba disfrutando de los bocadillos de osmanthus con té.

―Ah, Jiang zongzhu. ―Sonrió, el muy sinvergüenza. ―Como siempre, la hospitalidad del Muelle Loto es encantadora.

Pues ojalá te atragantes con ella, pensó. Con saña.

―Nie xiandu. ―Llamó con la misma energía de corta tu mierda, Huaisang, poniendo la taza con té intacto de regreso sin hacer ruido a pesar del agarre asesino que mantenía sobre el asa; porque su madre tal vez había criado a un tirano avinagrado, pero jamás a un hombre sin modales en la mesa. ―una visita sin previo aviso sin duda debe ser motivada por situaciones realmente importantes… ―que dudaba que lo fuera; cabrón. ―así que no lo retrasaré más con trivialidades. Yunmeng Jiang siempre estará dispuesto a ayudar en lo que esté dentro de nuestras posibilidades.

Nie Huaisang suspiró pesado después de unos segundos meramente apreciativos.

―Jiang zhongzhu yendo siempre al punto, ah. Ojalá todos pudieran ser así de eficientes durante las conferencias… por otra parte, mi preferencia personal por las trivialidades no es secreto. De vez en cuando son necesarias, especialmente cuando se disfrutan en compañía de viejos compañeros.

Él no estaba disfrutando nada del asunto, que quedara claro. Por tomar un punto en la lista, era un hombre ocupado y no le complacía perder el tiempo sin razones de peso, menos aún si no lo tenía contemplado en su cronograma. Luego estaba el asunto de la paranoia; la sospecha mal colocada que le hacía sentir más o menos un idiota, porque Nie Huaisang jamás había hecho nada en su contra, al menos no directamente, pero si Jiang Wanyin había visto un nuevo día cada día durante más de una década era únicamente gracias a su cautela excesiva.

Nie Huaisang no era ningún Jin Guangshan y tampoco un Jin Guanyao pero, de entre ellos tres, solamente uno había sobrevivido y eso por sí mismo lo decía todo.

―No me gusta perder el tiempo―Se resistió a rodar los ojos. Como campeón. ―Me complace saber que Nie xiandu lo encuentra como un buen atributo; estoy seguro de que entonces comparte mi opinión con que es una cualidad que debería ser más popular. Empezando por hoy. ―Dijo, en su tono de negocios que levantaba pasiones allá donde iba (malas, todas ellas).

Había razones por las cuales Sandu Shengshou no era popular y la más grande era su delicada capacidad de insultar y herir sensibilidades dentro del límite de lo políticamente correcto.

(Fuera de límites igual, ya estando).

Su excelencia por supuesto que se rio en su cara, plácido, como si no le estuviese diciendo en la cara que era un malgasto de recursos y paciencia. No esperaba nada distinto de tan digno adversario que había pasado 13 años detrás de la infalible máscara de la incompetencia, pero el fracaso no dejaba de tocarle las pelotas. Ugh.

―Cierto, cierto. ―Meneó su estúpido abanico de aquí para allá, como quitando importancia. ―tendrá que disculparme por la inconveniencia, pero esto es por mero beneficio personal, Jiang zongzhu. Seguro que podrá comprender lo cansado que es hacer coincidir mis deberes con las fechas de las visitas de las casamenteras, así que salir fuera de sus vistas con viajes inesperados sobre asuntos oficiales es la única solución más inmediata-

Qué.

―¿Qué?

Escuchó estática en sus oídos, notando de forma muy distante que se trataba de Zidian chisporroteando sobre sus dedos.

―Jiang xiong. ―Lloriqueó, poniendo su expresión más patética. ―¡no me eches, por favor! Las casamenteras son terribles, ¿sabes? ¡aterradoras, todas ellas! El consejo no deja de perseguirme para desposar a una cultivadora digna del Clan Nie y no lo sé, de verdad no lo sé.

Se imaginó lo fácil que sería estrangular al hombre con sus manos desnudas y tirar su cuerpo al río; no había una sola alma a kilómetros a la redonda capaz de detenerlo en caso de que se dispusiera a hacerlo. Era hasta terapéutico pensarlo. Lástima por la cantidad de papeleo y una segunda gran guerra que le mordería el trasero en consecuencia si se autoindulgía con la posibilidad.

En su lugar, sólo podía sentir la ira subirle la presión arterial hasta hacer latir sus sienes y el ozono alrededor, Zidian picándole de nuevo en los dedos.

¿Creía que su tiempo era un juego? Porque si era sí podía ir a―

―¡Estoy seguro de que debes comprender, Jiang xiong! Un hombre como tú, siempre recibiendo esas incómodas propuestas de matrimonio de jovencitas que podrían ser perfectamente nuestras hijas. Horrible de verdad-

Ah, y también se estaba burlando.

Grandioso.

―No, no tengo idea, Nie Huaisang. Largo de aquí antes de que te lance al estanque con rocas amarradas a los tobillos. ―Se paró abruptamente, decidiendo que de todas formas ya habían suficientes años de paz para tratarse del mundo de la cultivación.

Huaisang sabía que estaba en la lista negra de las casamenteras y en general nadie se le acercaba a más de dos brazadas si quería mantener sus piernas intactas.

Omitió el hecho de que sus tías de Meishan Yu regularmente le mandaban listas de señoritas en edad casadera, escogidas a dedo, porque su sobrino el solterón no dejaba de dar largas con el tema y todos sabían que no existía ente más intenso que un pariente que no vive contigo ni te habla salvo que en ocasiones especiales, parloteando sobre sobrinos y sentar cabeza de una vez por todas (1).

El chillido poco digno de un cultivador de su calibre, que por cierto él sabía que era fingido, no hizo más que empeorarle el humor.

―¡Sólo déjame quedarme aquí, Jiang xiong! ¡Prometo que sancionaré tres veces más rápido y diez veces peor a los clanes que le están dando problemas a Jin zhongzhu!

Jiang Wanyin se detuvo en seco.

Nie Huaisang sonrió, cual gato relamiéndose los bigotes después de atrapar a un ratón al que le van a sacar las tipas con una sola uña. Sabía que él sabía que desde que Jin Ling había ascendido oficialmente como líder de secta no podía meter las manos por las implicaciones políticas y personales de su asfixiante tío embutiendo la nariz donde no le llamaban, invalidando su posición y creando sospecha de un líder marioneta. No podía protegerlo; ya no más, y tampoco podía ayudarlo más allá de algún consejo masticado que acababa pareciendo reprimenda.

Pero. Peropero…

Hijo de puta.

―Elabora, o te vas de aquí de una patada en el culo ahora mismo-

Nie Huaisang, naturalmente, se quedó una semana completa con todo y que él tenía montones de reuniones asquerosas con gente asquerosa y su excelencia dejó colgada una reunión entre sectas menores y cultivadores errantes.

 

Jiang Wanyin no era un hombre que tomara decisiones estúpidas. No siempre al menos, pero daba la casualidad que al poner Jin Ling en alguna parte de la oración, su instinto le precipitaba a actuar como un mononeuronal y acceder a cualquier mierda siempre y cuando esto protegiera o beneficiara a su sobrino, así dicha intervención le incluyera tirándose de un risco o interceptando espadas de un cabezazo.

Tener a Su Excelencia usando el Muelle Loto como trinchera a libertad porque se lo permitió por cualquier cosa era menos contundente que una unión definitiva entre la hoja de una espada y su cráneo, pero a veces su vocecilla dulzona de estar escondiendo cosas le taladraba las sienes y se sentía casi que lo mismo.

No tenía que ser brillante para deducirlo. Nie Huaisang era conocido por huir, pero hacer su retirada a otro lugar que no fuera el interior de los muros del Reino Impuro sólo implicaba que era una situación que no podía controlar del todo y eso era lo que estaba generando estragos.

Le interesaría poco si eso no incluyera visitas regulares porque sí y porque no.

Era incómodo de cojones, además. Estar ahí, sentado con una copa de vino a medio caldear, con alguien a quien solía conocer haciendo plática superflua sobre el cultivo de los lotos y cómo iban los impuestos. Dioses. Estaban hablando de impuestos. Jiang Wanyin, que si de algo sabía era sobre las leyes sobre el impuesto de comercio y comestibles por tierra y río, murió otro poco por dentro de lo lamentable que era todo.

A Nie Huaisang no parecía molestarle, pero a Nie Huaisang también pareció agradarle Jin Guanyao hasta que revivió muertos, indujo traiciones y quien sabe qué más durante trece años hasta que pudo deshacerse de él. No era la mejor forma de dimensionar.

A lo mejor eran las copas de más que bebió para seguir lidiando con todo, o que tenía días sin dormir bien, pero por primera vez en meses, abrió la boca para hablar del elefante en la habitación.

―Huaisang. ―Cortó el discurso de Su Excelencia sin querer. Ni siquiera le estaba prestando atención, muy perdido en sus cavilaciones. ― ¿por qué estás aquí?

Estaba ahí porque se lo permitió con una excusa muy barata. Eso lo sabía, y preciso por esa razón es que lo iba a ignorar.

Jiang Wanyin solo peleaba batallas que sabía que va a ganar―y esa no era una de ellas, pero ahí estaba, dando patadas de ahogado.

―Ah, Jiang xiong. Ya habíamos hablado de esto. ―Se rio por sobre la copa. Su jovialidad parecía genuina, pero, ajá. A Jiang Wanyin siempre se le hizo muy genuino todo lo que hacía. ―las casamenteras continúan siguiéndome los pasos. No sé quién hizo la regla absurda de que hay que estar casado para ser jefe cultivador, pero aquí estamos. ―Suspiró―No lo sé, no lo sé…

Frunció el ceño.

―Hay mejores formas para que hagas eso, Huaisang. Los dos sabemos eso, así que corta tu mierda―Se garantizó el gusto de poder de decirlo verbalmente y no con la pura intención. Liberador. ―Olvídalo. Me da igual, no es de mi incumbencia, simplemente deja de hacerte tonto que estamos de acuerdo en que no lo eres. Pierdes tu tiempo y el mío. ―Siseó, gesticulando vagamente con la mano donde aún tenía su bebida.

De vedad, no le interesaba, por más furioso que pudiera parecer su tono. Estaba cansado, nada más. Pretender era de todo menos lo suyo, especialmente si todos estaban de acuerdo en que los dos eran unos mezquinos y cabrones. ¿Para qué perder el tiempo con sonrisitas y estupideces similares?

No era la Torre Koi sino Yunmeng Jiang, que estaba sobre su jurisdicción, y si él decía que podían hacer lo que les cantara del culo, entonces se iban los dos a planear un homicidio de una figura pública y nadie le decía ni pío. Punto.

…tal vez no así.

Tal vez, sólo tal vez, había bebido de más, pero él tenía un punto.

Miró enojadamente el recipiente vacío de licor que ya no pudo rellenar su copa y masculló una majadería sobre la madre que la parió. Estúpida jarra débil que se terminaba en el peor de los momentos.

Después Nie Huaisang soltó una carcajada indigna. No estaba ebrio ni de lejos.

―No has cambiado nada, Jiang xiong.―Recargó la barbilla sobre la palma de su mano, inesperadamente relajado. ―y como siempre tienes razón incluso cuando te estás equivocando.

Jiang Wanyin torció la boca pero volteó a verlo, sosteniéndole la mirada. Si eso picó en la herida de siempre, eso quedaba entre él y la sonrisa sabionda de Nie Huaisang que nunca decía nada que le sirviera.

―Qué bien que por fin lo notes. Ya es pasatiempo. ―Bufó con mala leche, volviendo su atención a un punto poco interesante en la pared. Era un miserable, sí. Ya se sabía la cantaleta. Sólo iba a proceder a masticar un limón agrio imaginario y continuar, porque eso es lo que tenía que hacerse. ―¿alguna otra observación con la que pueda honrarme, Nie xiandu?

Contra todo pronóstico, Nie Huaisang dejó su abanico perfectamente plegado sobre la mesa y suspiró. No lo podía ver, pero el sonido suave de madera contra madera insinuaba lo necesario.

―No son casamenteras. ―Admitió en tono pesado, ese que reconocía al dedillo. Ese que decía: la única razón por la cual no hay cuerpos es porque son demasiado importantes como para barrerlos bajo las cortinas, y eso era tranquilizador de una forma muy bizarra, porque era turbio de cojones considerando el historial, pero al menos estaba siendo honesto. ―A diferencia de ti, Jiang xiong, hay personas interesadas en ganar favores rápidos. Y, por supuesto, asegurarse un puesto por matrimonio con el jefe cultivador es la forma más rápida y descarada de hacerlo.

Soltó un hm, como si fuera el pelagatos de Lan Wangji. Joder.

―Además, el Muelle Loto es encantador y los bollos de semilla de loto son oficialmente mis favoritos. ¿Para qué invertir mi tiempo en recibir invitados que no deseo si puedo desaparecer y visitar a mi líder de secta favorito?

Había más ahí, como sumar dos más dos, pero era obvio que ese era el lugar donde llegaba su línea.

―Aprovecharte de mí hospitalidad, será.

Nie Huaisang alzó su copa, como si brindara.

―Me alegra que estemos de acuerdo, Jiang xiong.

 

Ese día se despertó con una resac a maldita porque al final se pudrió tanto que olvidó usar su núcleo dorado para deshacerse de tal cantidad tóxica de alcohol en las venas. Por suerte, sólo bastó tomar el desayuno y suficientes tragos de agua para que el dolor punzante de detrás de los ojos desapareciera.

La tensión invisible que colgaba en los hilos de araña de alrededor se fue, también, bajo la mirada cómplice de Nie Huaisang. Si distinguió un extraño confort en ello, lo atribuyó a que por fin no tenía que hacer conversaciones sinsentido para romper el hielo.

Para empezar Jiang Wanyin jamás esperó encontrar un punto medio de entendimiento con alguien como Huaisang. No antes, cuando aún eran adolescentes imbéciles atrapando codornices a escondidas en los Recesos de las Nubes y su agobio exacerbado por cumplir expectativas estaba a flor de piel y él, debilucho y cómodo, parecía huirles como si le quemaran. Menos ahora, décadas después, apenas con una pieza aquí y allá de lo que solían reconocer el uno del otro, después de muertes y traiciones y mentiras y política vista desde puntas contrarias.

Era―inusual. No ideal, pero reconocía un parteaguas cuando se le presentaba.

No tenía muchos de esos últimamente. Quince años, quitando o poniendo.

(Poniendo).

―Jiang zhongzhu, esta fue una visita estimulante como siempre. ―Dijo Nie xiandu a las puertas del Muelle Loto, con la sonrisa libre de abanicos o mangas. ―espero que las relaciones entre Qinghe Nie y Yunmeng Jiang sigan floreciendo satisfactoriamente.

Jiang Wanyin correspondió con las reverencias adecuadas, sólo para que Nie Huaisang se despidiera sacudiendo la mano al final. Como si no fuera altamente impropio. Como si no hubiese sido irrespetuoso cuando aún preadolescentes despidiéndose en el puerto de Caiyi.

Rodó los ojos y cayó una pieza en su lugar esa vez, pero Jiang Wanyin no era otra cosa sino incrédulo como para notarlo en el momento.

 

Nie Huaisang comenzó a llegar sin previo aviso y sin cortejo, apuntalado únicamente un par de discípulos a sus espaldas, tan altos que casi rozaban con la coronilla el marco de las puertas―los necesarios para garantizar su seguridad durante su viaje, suponía, que se esfumaban aquí y allá en las áreas abiertas del Muelle Loto y reaparecían durante las comidas, como guardaespaldas sombra.

Era muy su estilo, sí.

―¿No tienes mejores cosas que hacer?―Refunfuñó, lanzándole de mala gana una semilla de loto ya pelada a la cabeza. Le rebotó justo en el guan dorado y cayó en su plato.

Uh. Estaba mejorando su puntería otra vez. Su expresión vagamente ultrajada por la audacia solamente era el melocotón de la tarta (2).

―¡Jiang xiong!―Chilló, pero igual se la comió, sólo para lanzarle de regreso la semilla ya sin la carne dulce. Le pasó al lado de la oreja, porque si había algo en lo que siempre había sido pésimo eso era en puntería, inclusive más que con su sable. ―la falta de respeto que uno tiene que tolerar-

Chasqueó la lengua.

―Estás en hogar. Si no te gusta, lárgate-

Huaisang continuó de largo, como si no le hubiese escuchado alto y claro: ―…-todavía cuando estoy aquí, brindándote mi amena compañía-

―…-como si no estuvieses huyendo de tus responsabilidades, cínico-

Siguió él también, porque se podía jugar de dos partes en eso de ser insufrible. El problema radicaba en que Nie Huaisang era toca pelotas de carrera larga y la paciencia de Jiang Wanyin era de mecha corta, cortísima.

―¡Años de amistad, vulgarmente desestimados, sin compasión! Me hieres, justo aquí en el corazón.

―¡¿A quién llamas vulgar, imbécil?!

Nie Huaisang se reía como campanitas de viento, fresco y airoso, antinaturalmente cerca de su oído ahora que estaba intentando ahorcarlo con sus propias manos. Aún se le enroscaba el cabello detrás de las orejas, como cuando aún iban a los Recesos de las Nubes, y las pequeñas pecas que tenía en el dorso de la nariz habían casi desaparecido, fundidas con la calidez del tono de su piel.

Jiang Cheng lo apretó un poco más hasta que tuvo que dejar de reírse para no atragantarse de verdad. Lo que quedaba era sacarse la indeseada observación de la cabeza.

 

―Jiang zhongzhu. Nie xiandu está aquí.

Jiang Wanyin suspiró pesadamente, frotándose el puente de la nariz con insistencia sin separar su atención de la carta a medio escribir. Lo que sea para ignorar la sonrisilla de suficiencia que Jiang Qiuyue tenía el descaro de no disimular en su presencia.

―No digas nada. Sólo no digas nada.

―No sé de qué habla, Jiang zhongzhu.―Sonrió, marcándole las líneas de expresión de las comisuras.―sólo me alegra-

La grima le abrazó con anticipación.

―Jiang Qiyue-

―…-que su amistad con Nie xiandu vaya por tan buen camino.

―No somos nada. ―Medio ladró. ―es un aprovechado y Yunmeng le conviene. Eso es todo.

Su segunda al mando pareció pulirse con el filo de su voz, para variar, brillando jovialmente.

―Nie xiandu le espera en el pabellón, como siempre. Ya envié indicaciones a las cocinas para que prepararan refrigerios.

Como siempre. Jiang Wanyin luchó frente al impulso de frotarse la cara con ambas manos hasta arrancarse el rostro en algo muy cercano a la vergüenza. Era un hombre maduro de casi 40 años, avergonzado porque una mujer de cincuenta años le estaba refiriendo su más reciente―er; ¿socio?

Después de varias visitas donde no sólo ella, sino el resto de sus discípulos también, miraban a Nie Huaisang con recelo, de pronto estaban demasiado entusiasmados con su presencia. Traidores, todos ellos.

Sus ancestros le miraban con pena ajena desde la tumba, mínimo. Y si no, el sí se estaba juzgando.

―Largo de aquí. Aún están pendientes los reportes de las cacerías nocturnas de entrenamiento; los espero en mi escritorio antes de que termine el día. ―Jiang Qiuyue por fin perdió su sonrisa, gruñendo una queja. Jiang Wanyin no iba a ser la única víctima aquí, no señor: ―ah. Y asegúrate de que haya bollos de semilla de loto.

Se levantó de ahí antes de escuchar cualquier comentario inoportuno que no deseaba escuchar.

 

La historia se repitió varias veces, hasta que llegó el verano y el calor húmedo se volvía su propio infierno en Yunmeng, entre los monzones, las hordas de mosquitos y las temperaturas suficientes para reducir el Muelle Loto en un gigante durmiente hasta más allá de medio día, una vez que el sol daba tregua y daban menos ganas de morirse ahí mismo.

Luego llegó una carta, cínica de principio a fin, sobre lo mucho que Nie Huaisang lamentaba no poder visitar Yunmeng próximamente ya que tenía que hacer cosas inaplazables en las frescas montañas de Gusu respecto a la próxima conferencia y blablablá. Pendejo.

(Aunque, justo. Era cierto que estaba próxima la conferencia de payasos. Yay).

Después, vinieron los rumores. Confusos en el mejor de los casos, inauditos en el peor de ellos. Hablaban sobre cultivadoras huyendo del Reino Impuro porque finalmente Nie zhongzhu había perdido la batalla contra la desviación de qi que maldecía a todo su clan (como si Nie Huaisang cultivara otra cosa que no fuese el ocio, para empezar); otros comentaban sobre una bestia hambrienta asechando dentro de las paredes de la fortaleza que perseguía a las mujeres virtuosas que se acercaran al interior de sus salones.

Eso era―muy adecuado para el público sediento de mala reputación que disfrutaba tanto de la comidilla de los maestros del mundo de la cultivación, sí.

Era sólo lo sensible hacer oídos sordos a la sarta de estupideces que una imaginación colectiva pudiera insinuar.

Já. Ja. Jaja.

Crédulo.

La realidad le abofeteó en la cara en el primer día de conferencia en Qinghe. Todo parecía normal. Los líderes de secta quejándose y lloriqueando sobre cosas prevenibles y otros temas que ya habían sido abordados previamente. Comida abundante y alcohol fuerte y té áspero y obscuro, muy estilo Qinghe.

El gran salón estaba decorado con telas. Sencillo y vagamente marcial para no desencajar la vista severa que caracterizaba el Reino Impuro, con plateados y verdes que resaltaban con la piedra grisácea de los pilares y la madera obscura que se fundía con el fondo. Muy agraciado. Muy Nie Huasaing.

Estaba relativamente bien, con todo y lo inherentemente agobiantes que eran las reuniones, hasta que comenzó a marchar relativamente mal.

Ruo Shiyuan, de unos veintitantos y con la medida justa de estupidez y confianza que únicamente un joven maestro de veintitantos podría tener, se puso de pie en medio del banquete y dijo, con su voz clara de barítono, bien fuerte para que todo mundo escuchara, algo por las líneas de “el Clan Ruo ha sido un vasallo leal a Qinghe desde el año en que se inventó el hilo negro” y blablablá. La verdad es que no lo registró como otra cosa que no fuera ruido de fondo.

Entonces puso en la misma línea “matrimonio” y “solidificar las bases” de quién sabe qué carajos, y la boca de todos se cayó al suelo.

Los cuchicheos explotaron alrededor como una cortina de caos: ¿el líder del clan Ruo estaba realmente tan desesperado como para cortar la manga por Su Excelencia? ¿Acaso se estaba volviendo una tradición ser tan desvergonzado en público?

¡Escándalo!

―¿Qué diablos tiene en la cabeza? ―Siseó Jin Ling, que seguía sentándose cerca de él durante las conferencias. Se había ruborizado, porque por su puesto que eso había sido lo que le había perturbado más: la vergüenza ajena. Muy distantemente Jiang Cheng coincidía en la grima que inspiraba el espectáculo, pero tal vez era que estaba demasiado consciente de la situación que la pena de segundo impacto golpeaba con connotaciones distintas.

Igual, dignó a su sobrino con su sabiduría de venerable adulto: ―Pura mierda. Tanta que se le escapa por la boca.

―Dioses, no podemos tener reuniones normales. Primero lo del abuelo-…

―No hablamos del incidente de Jin Guangshan, Jin Ling―Replicó por costumbre. Luego se lo pensó otra vez―al menos no si no está aquí Wei Wuxian para que lo escuche.

Entre tanto Nie Huaisang se mantuvo impasible, pero había que no conocer de nada a Yī Wèn Sān Bù Zhī (3) como para obviar el filo oculto detrás de sus pestañas. Jiang Wanyin lo conocía, de antes de gritar ¡detrás de ti!, con tremor en los labios.

―Ruo gonzi, ciertamente tiene una opinión interesante. ―Gesticuló con la mano, de pronto más interesado con la decoración. O algo en algún lugar… ¿a la derecha? ―Pero me temo que no es una conversación que pueda ser tomada a la ligera. Tal vez después de la conferencia-

Jiang Wanyin estaba malamente impresionado, qué decir. Alguien joven, con cierta influencia en las provincias del norte y una boca más grande que sus logros hablaba de un individuo arrogante, que además parecía prono a las tácticas sucias. A pesar de lo ridículo o mal visto de su petición, Nie Huaisang no iba a exponer su cuello solamente por mandar al mocoso al carajo como se merecía.

Pero el sujeto insistió. Ahí mismo es donde todo se fue a la mierda, excepto que ninguno podría haberlo sospechado―ninguno de los invitados.

―Nie xiandu es generoso―hinchó el pecho y se paró bien derecho, como si no fuese lo le alcanzara su altura real para demostrar su porte (le recordó vagamente a Jin Zixun, los dioses lo tuvieran reencarnando en una cucaracha).―Estoy seguro de que la secta Nie encontrará auspicioso la unión con alguien fuerte.

Entonces se escuchó algo caer y romperse en pedazos a lo lejos. Después, retumbó en las paredes algo muy parecido a un gruñido.

Fue en ese instante Huaisang declaró con tono solemne: ―Mierda.

Luego cerró los ojos, sin mover un solo dedo para hacer algo por advertirles del circo que estaba por iniciar.

El arma surcó la sala como si en realidad se tratara de una flecha, pulsando energía inquieta y vagamente agresiva que aún recordaba en pesadillas. La remanencia del qi de Nie Mingjue seguía ahí envuelta detrás del espíritu del sable, apenas vagamente enturbiado por el disgusto.

Baxia, el puto sable, le rugió a Ruo Shiyuan y de alguna forma lo―lo mordió, seguido de un chillido agudo digno de olvidar, seguido de un despliegue desafortunado que acabó con él sentado en el plato de Yao zhongzhu.

―¡Nos están atacando!

―¡Traición…!

Espadas fueron desenfundadas, estupideces fueron dichas, no sé nadas fueron respondidos, y antes de que pudiesen concretar una única cosa útil, Baxia volvió por sí misma al costado de Nie Huaisang, ronroneando como gatito casero.

Jiang Wanyin explotó.

―¡SILENCIO, INCOMPETENTES!

Zidian positivamente rompió una mesa, chisporroteando con tal intención que ni siquiera el líder de la secta Yao, famosísimo por meter el pie en la boca a la mínima provocación, ni siquiera hizo el intento de expresar su indignación.

Los fulminó a todos con la mirada, saltándose puntualmente a su sobrino que no se decidía entre reírse o hacerle segunda en la racha de gritos fúricos, antes de dirigirse a Nie Huaisang.

―Pónganlo a cuenta de Yunmeng Jiang.

El cabrón seguía ahí, sin hacer nada, porque claramente no le interesaba solucionar un coño. Sintió su bruxismo repuntar en grande.

―Ah. No hay problema, no hay problema, Jiang zhongzhu―Respondió nerviosamente. ―Los accidentes pasan. Ahora, creo que es momento de una pausa. A-Min, por favor guía al maestro Ruo a sus habitaciones y un baño caliente-

Los gritos de indignación volvieron, pero Jiang Wanyin giró sobre sus talones. Nope. Él no se iba a quedar a ver ese despelote ni a tragarse la mentira pendeja que les iba a soltar a todos, muchas gracias. Estaba demasiado viejo para esto.

(Jin Ling al menos demostró el criterio para retirarse de ahí a tiempo, junto con la comitiva representante de Gusu Lan. Ouyang Zizhen, que resaltaba ahí como una piedra en el arroz, les siguió sin más.

Bien por ellos).

Notes:

(1) Salió algo así en el capítulo 27 de MDZS Q sobre unos parientes preguntándole que cuándo se casaba y me pareció tan relatable como gracioso.
(2) NO TENGO EXCUSA PERO ES QUE. No sé si los cerezos (o familia de cerezos) que crece allá produce, u know, cerezas, para decir “la cereza del pastel”. Sé que hay melocotones y ps qué soy yo sino una psicótica investigando si existían o no ciertos frutos en ciertos siglos en ciertas regiones en particular.
(3) Yī Wèn Sān Bù Zhī, Headshaker en inglés, Sacudidor de cabeza en español, literalmente 一问三不知: una pregunta, tres no lo sé. Me quedé con el piyin porque NO PUEDO, no puedo de verdad, usar Sacudidor de cabeza como término serio. Sólo puedo pensar en esos muñecos que se ponen en el auto.

Objetivamente hablando el Sangcheng postcanon debería ser más incómodo y severo pero yo sólo quería escribir algo ligero y benevolente porque soy una cobarde así que vamos a fingir que esto no está OoC.