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Definitivamente, a mi lado

Summary:

La muerte de Kannonzaka Doppo consterna a sus allegados, pero, para sorpresa de todos, quien debería estar más dolido no muestra signo de tristeza.

Ni uno solo.

Notes:

Tal cual, estaba redactando algo que debía enviar y cierta imagen de Hifumi llegó a mi. Luego de eso pude imaginarlo más y dejé lo que estaba haciendo para iniciar y terminar esto; reforzando mucho de lo que me gusta explorar con Hifumi y, en general, con otros personajes.

Como siempre, esto no tiene por propósito exaltar ninguna actitud nociva.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Hifumi Izanami es admirable. 

La gente lo dice por todo sitio donde la fama de las batallas de rap haya alcanzado a llegar.

Lo dicen en Ikebukuro, en Shibuya, en Nagoya, en Osaka, hasta en Chuuoku se habla de ese joven, ante una Honobono furiosa, que no se explica porque no está roto si ha perdido lo que más ama.

Shinjuku, al menos un poco, perdió el ambiente festivo, vestido de un luto interno por la pérdida de una figura tan importante como lo era Doppo Kannonzaka; las enfermeras miran de lejos a Jakurai y desean transmitirle aliento, por más que el doctor niegue sus sentimientos, le han visto llorar cuando cree estar solo. Ni siquiera Izanami, el host de cabellos y sonrisa a juego con el sol, ha soltado una sola lágrima. Ni cuando le entregaron las cenizas y se llevó la urna al departamento donde vivieron tantas cosas juntos y que, ante el cambio de circunstancias, quedaba semivacío. No habría más comidas en pareja, los días que lograban acoplar horarios. Adiós a su nombre en la puerta y al espacio para sus zapatos. 

Doppo se fue y Hifumi no llora. No sufre. 

En Yokohama, Jyuto despierta de una pesadilla. ¿Es verdad? ¿No ha sido otro juego de su mente? La desoladora respuesta le golpea en la cara cuando mira en el buró de a lado la corbata del asalariado, la misma que olvidara su última noche juntos y que no tuviera oportunidad de devolver, dada su repentina muerte. La toma entre sus dedos y la envuelve en su puño, sintiendo la miseria llenar su ser, maldiciendo haber insistido tan poco en que pasara ahí la noche, si tan solo lo hubiera convencido... Nunca se habría topado con ese asesino que le arrancó la vida. Y pensar que Doppo tenía tantos planes, más motivado desde que salían, recobrando esa vida en los ojos que tanto cautivaba a más de uno.

Jyuto sí llora. 

Se culpa y trata de dormir, sin soltar ese pequeño trozo de tela que le recuerda su amor y le motiva a continuar con su vida a pesar del profundo vacío que se apodera de sus días. Sus días sin Doppo. Sin esa sonrisa, sin esa voz queda y sin las disculpas habituales. Yokohama también vive un luto, Samatoki ha sido muy claro al respecto y todos guardan el respeto debido, como forma de hacer las cosas fáciles para el policía. 

Izanami Hifumi es tan fuerte. 

Nunca se ausentó del club. No ha dejado de sonreír, aunque es preocupante justo su actitud sin cambios. 

Sigue cocinando para dos. Prepara el omurice sin falta cada noche, la ensalada favorita del pelirrojo y hasta los cambios de ropa para cuando llegara tan cansado de trabajar que no tuviera ganas más que de quitarse el traje y dormir. 

Le miran comprar el pastel de crepas, el único alimento dulce tolerable al paladar de su amigo. Lo lleva sin falta cada viernes, un día como el que le viera partir. Suponen que lo come en completa soledad, rodeado de memorias, de risas que ya no harán eco entre esas paredes. La gente siente profunda lástima, Jakurai trata de ofrecer su compañía y obtiene una mirada aterradora a cambio. Una que nunca creyó ver en el alegre joven. Se disculpa y le reafirma su apoyo. Sólo el ponerse en su lugar e imaginar que Yotsutsuji partiera de verdad, le frenan cuando considera una visita sorpresa. Todo requiere su tiempo y el de Hifumi aún no llega, necesita procesar que la persona que le acompañó más de veinte años ya no estará más. 

— ¡Doppochin~! Espero que hayas dormido bien. Hoy tuve una clienta súúúúúper amable, hizo poner una torre de champagne para mí, luego llegó otra chica y pidió una más, la noche tuvo tres de esas torres, todas a mi nombre. ¡Hoy Hifumin ganó más que cualquier otro día antes~! A veces... Creo que están siendo condescendientes conmigo. -Otra vez esas pupilas oscurecidas, esa mirada capaz de helar a cualquiera y la expresión de odio.- ¿Por qué no respondes? ¡Oh, te has puesto celoso! ¡Doppyon me quiere sólo para sí! Anda, no te enojes, Doppochin. 

Las luces de un cuarto casi desértico se encienden. La cama fue intercambiada por un futón, ya no hay papeles arrugados ni latas de bebidas energizantes por el suelo. Se mantiene pulcro. Una charola sobre la cual se puede encontrar un plato con restos de cátsup y granos de arroz, una botella de agua vacía y el postre, sin tocar. Hifumi patea el tazón, molesto de que se interponga en su camino. 

— Ya sé por qué Doppochin no me ha dado la bienvenida. -Y, mientras sonríe, aliviado, arranca la mordaza de la boca del pelirrojo, un sonido que llena la habitación por breves segundos, un sonido seco y conciso.- Es porque no podías. Lo siento, Doppochin. -Se arrodilla junto al hombre encadenado y sus pulgares van hasta la comisura de sus labios, acariciando la piel suave, gran parte, debido al remanente pegamento. 

— Hi-Hifumi...

— ¿Dolió? -Sin esperar respuesta alguna, porque no la necesita, toma entre sus manos el asustado rostro del pelirrojo, lo besa en los labios con mucho cuidado y se separa sin prolongar ese contacto inocente.- ¿Mejor? ¡Los besos de Doppo me hacen feliz! 

— Hifumi... Por favor... 

— ¡No! -Su grito sobresalta a Kannonzaka, aterrado de que pueda ocurrirle algo peor, aún más terrible que estar encadenado y privado de todo contacto con el mundo exterior.- Nunca. Nunca dejaré que vuelvas a ser víctima de ese policía corrupto que se atrevió a ensuciarte. Nunca. 

— Iru-Iruma-san no...

— ¡No digas su nombre! -La locura parece estar por poseerlo, sus puños cerrados con fuerza y los dientes chirriando de rozar entre sí. No puede soportar que su Doppo haya estado en brazos de otro.- No... No lo digas, este es nuestro pequeño espacio, sólo estamos los dos. -Un beso más, un empujón, el tembloroso cuerpo contra el suelo asediado por caricias varias, en su vientre, en su pecho y por su cadera, el previo a lo que tanto teme. O no. Hifumi vuelve a detenerse. 

— Ahh... Por favor... Hifumi... 

— Cuando me digas que me amas, haré el amor con Doppochin; no importa que me mires así y supliques, sólo lo haremos cuando me digas que me amas. ¿No lo dirás ahora? -Doppo se negaba, pero no le queda de otra más que reconocer la realidad. Ese Hifumi no es el que conoció y nunca volverá a serlo. No importa qué diga, sus palabras serán tergiversadas a conveniencia de su captor.

— No... Yo no... 

—Traeré tu cena, esta vez no olvidaré llevarme los platos sucios cuando regrese a ponerte a dormir. Lo prometo. 

En vez de colocar cinta, y ya que sólo serán unos minutos en lo que regresa, pone música a inusual volumen. Los vecinos no se quejan, imaginando que hunde su pena en esa cancion. En loop, suena Tigridia, arrancando lágrimas de su creador, plasmando sonrisas torcidas en el host número 1 de Shinjuku. 

Jyuto la escuchara de vez en cuando, mientras deja salir un llanto silencioso acompañado de esa corbata que, aún ahora, Hifumi no sabe donde está. 

No le importa. 

Tiene, para siempre, lo único que necesita. El mundo que llora su partida no puede arrebatárselo.

Doppo es suyo. Sólo suyo. 

Notes:

Consideré una dinámica similar de todos los demás con Doppo, pero no estoy segura. Aún.

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