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Confundido, Doppo comienza a abrir los ojos. Ugh. Le duele la cabeza y las extremidades, la voz que suena de fondo sólo ayuda a que se sienta más inseguro y fuera de lugar, como cuando se dormía con la televisión encendida de niño, despertado por los comerciales nocturnos que pueden ser hasta perturbadores para una mente infantil. Intenta sobar su nuca, pero sus manos están atadas. Atadas a su cuerpo. Con una camisa de fuerza.
"¿Eh?"
"Tranquilo. Te harás daño si te mueves y caes."
Esa voz no es la misma que escuchaba antes, esa suena mucho más hermosa, pero no confiable, no con esa sonrisa en el rostro mientras se acerca grácilmente hasta la cama, para acuñar su rostro entre ambas manos y besarlo en la frente, antes de abrazarlo y hacer que el cuerpo del pelirrojo duela más, sintiéndose más comprimido entre sus propios brazos y los ajenos. Emite un sonido de dolor y sólo entonces es soltado, junto a un risilla escalofriante proveniente del castaño.
Ese hombre le da miedo. Mucho.
Gentaro se gira y vuelve a intercambiar algunas palabras con el doctor, diciendo cosas que no tienen sentido alguno y, quizá, sean parte de sus invenciones habituales, en cualquier momento se carcajeará internamente de ese crédulo hombre vestido de blanco y le dirá que todo es una mentira, porque así es. Doppo nunca ha sido amante de Gentaro... Y ese es Gentaro. No importa que tenga la misma cara, altura y voz de su hermano gemelo, reconocería al hombre que ama entre millones idénticos, sabe que ese no es a quien ha besado y con quien ha dormido. ¿Por qué está diciendo eso? ¿Está ayudando a su gemelo aprovechando esa condición? El malestar en su estómago y un horrible presentimiento le gritan que no; por otro lado, suponiendo que de verdad está tomando el lugar de su hermano, es totalmente falso lo de estar en una relación desde hace 4 años, porque se conocieron apenas hace uno, luego de que el hiciera contacto con Jakurai y se volvieran amigos, siendo presentado a la pareja del eminente médico, Ramuda. La misma cena donde se vieron por primera vez. Primera de siete u ocho, ni siquiera se puede decir que sean cercanos, casi todas las veces que se encontró con el menor era burlado, entre risas de Dice y los regaños de Hifumi, Gentaro siempre...
Gentaro sólo se enfocaba en él.
Sin importar su aborrecimiento hacia Hifumi por cierto comentario respecto a su ropa, nunca trató de envolverle en sus mentiras, ni una sola vez; tampoco jugueteaba con Dice, aunque escuchó que solía hacerlo antes, según Ramuda...
"Tranquilo, amor mío." El joven regresa a su lado, en la cama, mueve con facilidad el delgado cuerpo y logra acomodarse a su lado, abrazándolo contra su pecho, aprovechando que no tiene oportunidad de negarse.
"No debería hacer eso, podría ponerse violento de nuevo."
¿De nuevo? El asalariado intenta pensar si, por casualidad, fue agresivo con Gentaro; y por más que exprime sus recuerdos del ahora hasta doce meses atrás, no encuentra un sólo momento donde pueda decirse que fue descortés. Contra Jyuto sí, pelearon un poco porque Samatoki llegó buscando problemas con Ramuda y Jakurai salió en su defensa, pero quedaron en excelentes términos... No, no puede ser ese incidente lo que ahora lo tenga así, encerrado como si hubiera algo peligroso en él.
"Yo... Yo no..."
Cuando levanta el rostro trata de empujar a Gentaro, usando su hombro derecho para golpearlo, el doctor se alarma y llama refuerzos, dos enfermeros que preparan agujas para inyectarle quien sabe qué cosa. Doppo tiembla y muerde sus labios hasta hacerlos sangrar, aterrado porque no sabe dónde está Jakurai, Hifumi o Seishi. Ni siquiera sabría decir donde se encuentra.
"¡Yo no soy peligroso! ¡Sólo déjenme ir! ¡Yumeno-sensei!"
"Soy Yumeno, pero no soy sensei. Gentaro murió. Tú lo mataste."
"Eh."
Otra vez su cabeza es un lío. Se desploma contra Gentaro -o a quién cree Gentaro- y cierra los ojos; recordando algo muy, muy borroso, sobre el departamento que compartió con Hifumi por años y le fue dejado en cuanto Hifumi abandonó Shinjuku para vivir con Rio. Los sábados por la tarde, Seishi lo visitaba alrededor de las seis, ese día llegó a la hora esperada, virtuoso amante de la puntualidad, pero... Exactamente a las 6:02 el intercomunicador alertó de alguien en la puerta... Y ese alguien... Sufre apenas intentar recordar. La cabeza le punza. Sangre. Un chuchillo clavado en el pecho de... De Gentaro... Porque esa ropa sólo la usa él, sólo él lleva algo así en todo Shinjuku, la extravagante ciudad que les alberga, pero... Los ojos que le miran de cerca ahora mismo no son los de Seishi, esos ojos impregnados de locura no corresponden al inocente hombre que pasó años en coma y apenas despertaba a un mundo nuevo, irremediable enamorado del amor y de Doppo Kannonzaka... No...
"Tranquilos. No me hará daño. Me ama."
Ese día, y por varios siguientes, Doppo sigue dudando de lo que recuerda. ¿Por qué mató a Gentaro? Sí, no eran íntimos, pero él escritor estaba feliz con la relación de su hermano y él; quizá habrá demostrado un par de veces que estaba celoso (seguro por ver que su hermano apenas recuperado se iba de su lado con tanta facilidad), pero jamás fue antipático, aunque dejó de usarlo como blanco de sus mentiras, más callado, más analítico... Más... Más...
La cabeza le duele al pelirrojo, cuyos ojos se apagan junto a los días de invierno.
"Yo no soy Yumeno Gentaro. Claro, eso es una mentira."
Con una sonrisa encantadora, toma el libro que le extiende una fan y lo firma, agradeciendo de sobremanera el apoyo a su obra. Claro, de ahí salen los pagos al director de la clínica donde saben su secreto. Donde impiden la entrada al afamado Jakurai y mantienen cautiva su bella flor de color rojo.
"Ah, Doppo."
Cuidadosamente, toma la bolsa con su ropa para cambiarse en algún sitio antes de volver a Shinjuku, antes de ponerse la cara de tragedia y fingir que le duele la muerte de Seishi.
La siguiente visita la hará al comienzo de primavera, le llevará un regalo a Doppo y se asegurará de velar sus sueños. Los sueños que forja con ese micrófono de dudosa procedencia que agradece haber comprado, los elaborará cuidadosamente como cada una de sus historias hasta que él no sea un sueño, sino la vida entera y él único para él.
No importa qué, debe ser el único para Doppo.
Y eso no es una mentira.
