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Language:
Español
Series:
Part 9 of Pronóstico del corazón
Stats:
Published:
2021-02-21
Words:
4,702
Chapters:
1/1
Kudos:
10
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1
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161

Melodía nocturna

Summary:

El día de los enamorados ha concordado con un muy ansiado evento para un joven castaño de ojitos azulados. ¡Finalmente conocerá a uno de sus músicos favoritos!

Work Text:

Las luces se apagaron en aquel momento, justo después de ser presentados los músicos frente a la concurrencia. Desde su aparición por uno de los rincones del escenario, el joven no podía apartar la mirada. Aquel espectador principal sentía el frío del aire acondicionado alrededor de él, sin embargo era un pequeño precio a pagar por presenciar aquella pequeña presentación. En adición, él sabía que de no ser por aquella máquina para propagar la temperatura ambiente se crearía un insoportable bochorno. Debía soportar, no estaba allí por nada.

En el escenario, varios jóvenes adultos de porte elegante y aire solemne acomodaban sus partituras y los instrumentos alrededor de ellos. Remarcaban la tensión del momento mientras alargaban el suspenso con el suave paso de sus movimientos. Pisadas haciendo eco, silencio enmudecedor, paciente espera. Sabían que cientos de pares de ojos los vigilaban, sin mover los ojos de las manos prodigiosas que deleitarían con su música a la sala entera.

Los reflectores en colores cálidos aumentaban el ambiente, marcaban las negras sombras en la sala de conciertos y hacían reflectar la misma luz en el barniz de la madera. No era como si estuvieran hundidos en penumbra, pues no era una película, sin embargo seguía dando la impresión de prescindir de la suma atención del público. La gente estaba allí para los músicos y viceversa.

Alrededor de quince músicos sentados en media luna con los ojos concentrados, y de todos modos, ese joven chico lograba no perder de vista a quién había venido a ver. Sou podía parecer sencillo, pero tenía una personalidad interesante, distinta. Su historia con la música ciertamente parecía extraña, pero de algún modo acabó amando el estilo clásico. Podrían ser las historias que contaban, la gran melodía y armonía, o simplemente la composición, pero había caído atrapado allí al comenzar a adentrarse en el mundo. Al reproducirlas y entrar por sus oídos se sentía en casa, sin importar el lugar.

Ese concierto era especial, puesto que una persona participaba en él y por mucho que aquel músico ya hubiera participado en otros lugares, por primera vez se presentaba en la ciudad del jovencito.

Sou estaba increíblemente emocionado. De alguna forma se encontró con un par de las composiciones de ese músico del que sólo se sabía el primer nombre. Cuando lo escuchó la primera vez, se sintió movido por las olas del mar, rozando la brisa marina con un sabor de boca entre el frío y el calor, desaparecidas sus preocupaciones; cubierto por las miles de gotitas que le atravesaban el cuerpo con la marea. Por eso lo admiraba, a tal grado de parecer un acosador. Cosa que en realidad, no era.

Ese lapsus de pequeña distracción entre sus recientes memorias se rompió con prontitud al escuchar una tos cerca de él. Devolvió los ojos azulados al escenario, destellando ilusión, percatándose de cuán cerca estaba el evento de comenzar. Podría ser una orquesta pequeña, pero exactamente ese detalle era el que la volvía especial. Sin mencionar que, una de las características llamativas para el castaño fue que, esta ocasión, Eve tocaría el chelo.

Usualmente se presentaba con una viola o quizás el piano, porque parecía ser alguien inquieto y hambriento de conocimiento musical. No entendía su posición actual, le intrigaba. ¿Sería igual de habilidoso con tan voluminoso instrumento? ¿Cómo sonarían las notas en aquellas pálidas manos? Se cuestionaba. En su mente era un algo maravilloso, pero deseaba desengañarse y de paso, tener la oportunidad de acercársele aunque sea un par de metros, aunque fuera para seguirlo admirando desde el anonimato con una sonrisa embobada.

Sin más distracciones, el director de orquesta dio dos toques sobre el atril que sostenía la misma partitura y todos los cuchicheos cesaron. Se sintió el movimiento del aire mientras aguardaban escuchar los primeros acordes.

Al dar inicio, el volumen era perfecto, la resonancia de la sala envolvía completamente y sumergía a todos bajo el mismo efecto. Sonaba casi ensoñador, retumbando, reverberando. Los instrumentos complementados, afinados, armonizados, a Sou se le quedó la mente en blanco por completo. No pensaba ni reaccionaba, sencillamente escuchaba, captaba e intentaba discernir tantos sonidos como fuera posible. Pero a fin de cuentas se dejaba llevar por el oleaje, era un impulso influido e inminente. De lo contrario sería como luchar contra eso que buscaba disfrutar, nadar a contracorriente. El chelo se entremezclaba con los demás miembros, sin sobresalir, sin dejar su presencia. Cuidadosamente incluido, su oído fue lo que percibió. Si se trataba en realidad de un autoengaño o la percepción de algún escucha novato y poco conocedor como él, no lo sabría ni le interesaba. Estaba más que feliz y dichoso de presenciar aquello. Estaba absorto, inmerso, colmado de gratitud. Una experiencia inolvidable en su joven vida, durante el ocaso del catorce de febrero.

[...]

Los arcos de los violinistas, del chelo, de las violas y las manos del pianista y todos los demás finalmente dieron una pausa. Tras alrededor de una hora y media, los concertistas tomaron un descanso y se anunció el intermedio del evento. Al pequeño del asiento E-15 le brillaban los ojos mientras le bajaba una gotita de sudor por la sien. Todos a su alrededor parecían igualmente maravillados por la música, ahora sumidos en un ruidoso bullicio, por lo que no creyó que fuera el único con una rara sensación, tal vez un incesante presentimiento en el pecho. Un abrumador sentimiento lo invadió durante la hora pasada, casi sintiéndose pesado, sin conocer muy bien el motivo.

No tenía hambre, tampoco sed, pero necesitaba de una buena bocanada de aire fresco; ya olía a estancamiento en aquel concurrido sitio. Se levantó de su butaca y se volvió hacia el estrado: los músicos se habían ido ya, probablemente a los camerinos para reposar antes de continuar, no dudaba que tocar un instrumento estando bajo presión fuera extenuante labor. Sin embargo, gratificante.

Salió hacia la sala principal del edificio, sin apremios, sin prestar atención a la gente que se agolpaba en ciertos lugares como el bar para charlar, tan solo se dirigió entre unos cuantos pasillos hasta dar con un pequeño jardín interior encajonado dentro del gran edificio, un lugar silencioso y complicado de encontrar. Parecía casi un escondite hecho a propósito. Naturalmente podías tener casi garantizado un delicioso ambiente limpio e inhabitado.

Miró al exterior desde la columna blanca sobre la que se recargaba su hombro, sintiendo desde allí el murmullo de una corriente de aire colarse desde fuera, meciendo su cabello, despertando sus párpados adormilados. Entró con pisadas imperceptibles, siendo más presente en sus propios pensamientos que en la realidad, justo cuando escuchó algo inesperado. Un susurro y un maullido.

Giró la cabeza desconcertado y se encontró con la imagen más curiosa de esa noche.

—Ah... —se quedó plantado en su lugar, mudo. La persona que estaba frente a él, lucía exactamente como a quien había ido a ver ese día, sobre su regazo, un pequeño felino pardo frotándose cariñosamente contra la palma de la mano. No estaba seguro de lo que creía, pues la luz era escasa en aquel claro, teniendo en cuenta la hora, así que, sin intención de perder la mínima posibilidad de conocerlo, permaneció inmóvil frente a él.

Una risilla escapó de los labios del contrario —Buenas noches, veo que tampoco te agradan las congregaciones —comentó con tono amistoso mientras continuaba acariciando al minino.

—Um —asintió tímidamente. Temeroso se fue acercando hacia él, observando que no se mostraba molesto ni incómodo ante su presencia. —Buenas noches... Soy Sou —se presentó, sentándose sobre el frío pasto a una distancia prudente de su interlocutor, quien se hallaba sentado en el borde de uno de los ventanales con vista al jardín.

—Sou, ¿eh? —musitó para sí mismo aquel otro joven. —Me llamo Eve, mucho gusto —respondió, acomodándose los redondos lentes antes de continuar. —Tú, ¿viniste al concierto de hoy?

El castaño de pronto estaba siendo devorado por sus propios nervios. No se imaginaba conversando con él, mucho menos en un encuentro tan fortuito. No estaba seguro si el rubio quería en verdad entablar conversación o pasar el tiempo, pero debía ser precavido si pretendía no evidenciar su ansiedad. Realmente no lucía como un egocéntrico que cree que todos lo conocen, cosa bastante franca a sus ojos.

—Sí. Me gusta la música y creo que escucharla en vivo es mucho más hermoso

—Que interesante, creo que tienes razón pero, por lo que dices no pareces tocar algún instrumento, ¿o me equivoco? —inquirió, inmediatamente encontrando más de una verdad en las palabras del otro.

—¿Cómo...? Ah por supuesto, eres músico después de todo —soltó ligeramente adrede. Queriendo demostrar que no le era desconocido.

—Hablas como si ya me conocieras —expuso, acompañado de otra sutil risa. —Dime, ¿lo hacías? —cuestionó curvando los labios en una sonrisa inocente.

Esta vez, le dirigió la mirada a Sou, siendo que antes veía a la nada evadiendo los nervios del contacto visual. Tratando de descifrar en su expresión alguna respuesta, cubierta por una capa de sombra que les dificultaba a ambos verse claramente.

—Pu-pues, yo... No creo que haga falta responder —terminó diciendo en voz baja. De cualquier modo sabía que lo había escuchado y ahora más le asustaba levantar el rostro que mantenía protegido entre las rodillas flexionadas, a sabiendas de que lo observaban de cerca.

Únicamente, y para su grata sorpresa, tan solo escuchó una risa. Una amable, comprensiva, discreta, proveniente de la persona que comenzaba a desenmascarase frente a él.

Se preguntó en ese momento qué impresión había causado, y cómo es que no lo estaban juzgando en absoluto. Pensó en el rostro serio, oculto por la sombra, que tenía esa persona hace menos de diez minutos: sin sonrisa, sin emociones. Sobre un escenario de aspecto casi sombrío, pasando con la fuerza necesaria el arco sobre las largas cuerdas. Daba la apariencia de haberse transformado en un tierno joven, no en un adulto.

No se percató inmediatamente, pero las palabras habían cesado en un segundo. Volvían a estar cubiertos por un manto de silencio y sombras. Apenas soplaba la brisa, el ambiente era suave y las manecillas del reloj de pulsera avanzaban haciendo eco al contar los sesenta segundos.

—Hace una linda noche —volvió a hablar el músico. —¿No te parece?

Dando un respingo, contestó: —Bastante. Aunque con algo de frío.

—Eh, y eso que allá adentro se siente sofocante... ¡Oh! —De improviso, el gato que estaba tan cómodamente acurrucado sobre los muslos del chico, se levantó y estiró, dando un salto al suelo para frotarse contra Sou. —Parece que le agradas a Taro-chan.

Parpadeando, sacó la cabeza de entre sus rodillas y extendió la mano hasta alcanzar el pelaje oscuro del animal, rascando detrás de las orejas. —¿Es tuyo? Es muy tierno

—No realmente, me lo encontré cerca de la bodega, luego comenzó a andar y me dio curiosidad seguirlo. Me acabó conduciendo hasta aquí.

—Pero, ¿y el nombre...? —seguía confundido.

—Es una historia un poco larga, sólo digamos que me agrada cómo suena —explicó, volviendo a mirar la pared, cubierta de verdes enredaderas —Y tú, ¿cómo llegaste por aquí?

—En realidad conozco este lugar desde la primera vez que vine. Me gusta explorar, entonces quise ver qué había donde no hubiera gente. Al final tomé costumbre de venir hasta acá cada vez que visitaba este lugar

—Ya veo, eres curioso. —comentó sonriente.

Eve no quería preguntar, pero lo tenía preocupado la hora, pues debía volver pronto donde sus compañeros. Sus ganas de tomar aire estaban saciadas, y aunque le estaba llamando la atención aquel pequeño chico de tierna apariencia, por mucho que no quisiera moverse de su lugar, tenía que irse. Su nuevo conocido parecía encantador, le hubiera gustado poder pensar en algo más para hablar. Realmente se había puesto nervioso al encontrarse con otra persona llegando a aquel oculto rincón, y peor aún, acercándosele hasta casi sentarse junto a él.

Trató de parecer calmado, cosa que surtió su debido efecto, sin embargo ya era tiempo de moverse. Los tímidos ojitos, profundo azul, de Sou eran como dos imanes que obligaban a su cuerpo a mantenerse en su lugar, con una apariencia tranquilizadora y hasta protectora.

No se imaginaba que realmente fuera a conocerle desde antes. En ese caso, ¿podría ser Sou una especie de seguidor suyo? En su mente era una idea absurda, incluso engreída, mas no dejaba de darle una linda sensación.

—Eve-san —prorrumpió— ¿No se le hace tarde para el concierto...? ¡No quiero ser grosero, pe-pero, me preocupa! —dijo muy apresurado, casi atropellando las palabras entre otros cuantos balbuceos para no dar a entender que lo estaba corriendo.

—Ah —se le formó una cara extraña al rubio tras escuchar al preocupado castaño recordarle la misma preocupación que no le dejaba de rondar en la cabeza. En verdad era dulce, estaba seguro que con algo de luz extra ahí podría alcanzar a ver la expresión nerviosa y avergonzada de la persona frente a él.

Lo miraba fijamente esperando una respuesta, apretando sin malas intenciones al pobre minino que había subido a su regazo.

Quizás por los nervios propios, tal vez por la ternura que le provocó, rió. Dejando entrever sus dientes movió las manos en señal de negación, achinando los ojos y alargando la sonrisa sobrante de la risa.

—Para nada, para nada —empezó. —Yo, justo estaba preguntándome cuánto tiempo había pasado desde que salí de allá. No te preocupes, me quitaste una duda de encima. No, no pongas esa cara...

Se sentía culpable por haber reído. No era una burla, pero el de ojitos como cielo nocturno había contraído el rostro en una expresión contrariada. Apretaba los labios y bajaba la vista con extrañeza. Creía haber sonado demasiado obvio, o muy infantil, al punto en que se vió desesperado y patético frente a la persona que tanto admiraba. Se sentía el más grande error en el mundo y deseaba que lo que fuese distrajera la atención del rubio de él mismo.

Sonó una especie de alarma, sacando a ambos de la situación donde se habían metido. El más alto se incorporó de su asiento y, excusándose, contestó su celular.

"¡Sou eres un idiota! ¿Cómo pude hacer el ridículo de esa forma? Ah, seguro ahora cree que soy patético..." Se lamentaba en su interior, sin escuchar lo que el otro estaba teniendo que soportar.

—¡Eve! ¡¿Dónde demonios estás?! Todos están buscándote y Mafu ya hasta empezó de paranoico a decir que te secuestraron cuando fuiste a dejar eso. ¿Te perdiste camino a la bodega o qué? —espetó una voz desde el auricular. El nombrado tuvo que alejar la bocina de su pobre oído para no sufrir las consecuencias de tener tan cerca el grito de su amigo.

—Perdona Ama-chan, me entretuve con algo. Estoy en el edificio, no se preocupen, justo iba para allá, no tardo. Sí sí, yo le explico a Mafumafu, adiós. —y colgó resoplando.

Su mueca disgustada se deshizo en una bella expresión calmada al voltear la cabeza y ver a Sou, quien había parado de maldecirse internamente, con las cejas fruncidas en angustia. Seguro los gritos lo habían atraído.

—¿Pasó algo?

Su bondad le estrujaba el corazón. —No es nada, uno de mis amigos está exasperado porque me fui más de lo que esperaban. Ya tengo que regresar —explicó dejando ver su faceta relajada. Según lo observado, el de cabello revuelto tenía gran sensibilidad y ponerse a quejarse no era una opción.

Un poco decepcionado de tener que separarse, Sou tuvo una brillante idea: —¿Te puedo acompañar?

No podía llevarlo con los demás músicos, pero al menos podrían estar, un momento mas, juntos. Siendo consciente de la ingenuidad con la que las personas lo veían cuando recién lo conocían, hizo un puchero. Tendría que aceptar.

—Puede ser solo un poco... —musitó.

Sin querer pensar en lo exageradamente dulce que actuaba ese instante, Eve no se haría del rogar. Asintió con un: —Por supuesto que sí —y echaron a andar de vuelta a la sala de conciertos.

Al fin y al cabo, el de grandes lentes no recordaba con claridad el camino correcto para salir de allí. Cosa que le permitió ir a Sou adelante, quien se preguntaba si de verdad la idea había sido tan brillante como pensó en un principio. Ahora le preocupaba poder volver a parecer estúpido frente al mayor. "Vamos, cálmate. Esto no es más que una simple caminata por el vestíbulo" Se dijo.

Avanzaron recto hasta llegar a la sala principal, donde los pasillos daban a varios lugares. La cafetería que ya cerró, otra área del edificio, la boca del bar, el camino hacia los baños y un espacio para los artistas para poder ir rápidamente detrás de los escenarios.

El mas bajo suspiró. —Creo que es hora, fue un placer, Eve-san.

—Igualmente Sou-san. No te preocupes, todavía faltan dos horas de presentación.

—Es verdad, seguro será espectacular.

—Lo intentaré —concluyó con modestia.

Se despidieron al sonar una vez más el desesperado timbre de llamada del teléfono del de ojos claros y Sou se quedó con un indescifrable sentimiento de satisfacción recorriéndole las venas. Sin notarlo, sus mejillas habían tomado rubor del acalorado ambiente predominante y de su mismo sentir.

Estaba finalmente dándose cuenta de lo afortunado que era. Conoció sin querer a su ídolo. Le habló y éste le respondió con total simpatía. No puede decir que hayan congeniado o siquiera entablado una conversación; considerando que apenas unas cuantas frases eran lo que se había intercambiado durante aquellos escasos minutos (cuyo transcurso pasó volando para él), pero estaba apto para declarar que lo conoció y habló con él. Que se encontró con un gato que de algún modo los reunió y que había escuchado cómo le gritaban que se apresurara.

Se sentía colegiala enamorada. No precisamente enamorado, según él, más concretamente lleno de admiración. Le producía un estado realizado y ahora solo se imaginaba volviendo a encontrarse con él. Ah, que preciosa noche para ser joven.

[...]

De vuelta en su butaca, en medio del mar de personas a su alrededor y entre el molesto murmurar escandaloso que hacían, apoyaba la barbilla sobre la palma de la mano, preguntándose qué podría suceder con el artista tras despedirse frente a la puerta aquella. Por como su teléfono sonó en el jardín imaginaba un regaño. Quizás había sido demasiado cortés, por lo que fingió no preocuparse cuando le llamaron la atención ¿Y si era su culpa? Parece el tipo de persona con temor a herir los sentimientos de otros accidentalmente, entonces, oh no.

Lo había retrasado y por su culpa le habían reprendido. Tal vez hasta se hubiera molestado con él, pero simplemente se guardó las emociones y la mala cara para después. Ahora incluso temía voltearlo a ver cuando volviera al escenario y le dedicara una fea mirada, considerando que ya lo reconocía. "Ah Sou, eres un torpe. Espero que en verdad no se haya molestado" se dijo para calmarse.

Tal vez fueran puramente inventos suyos, o quizás se debiera a sus excesivos nervios orillándolo a sacar conclusiones adelantadas, pero de pronto comenzó a sentirse mal. Su estómago se hizo un nudo de pronto, clásico síntoma suyo por cargar con un estrés innecesario.

Sabía que necesitaba calmarse, pero ¿Cómo? Sin tener la menor idea de la oportunidad que la noche le obsequiaría, conoció al afamado músico dueño de sus pensamientos. Aquellos lindos y brillantes ojos azul cielo brillando con el diminuto reflejo de la luz de las estrellas, encubiertos por los lentes de los anteojos redondos, sin duda eran cautivadores. Su voz discreta y actitud tímida, su gusto curioso por la ropa muy grande. Todo eso que pudo observar en los fugaces instantes que se distrajo mirando a la nada, en los que había inspeccionado cuidadosamente todo lo que pudo de él. Tan solo sabía que su cabello era rubio, pero en persona lucía esponjoso y tentador de acariciar.

Y de pronto se atrapó a sí mismo pensando demás en lo guapo que era Eve. No le alcanzó el tiempo para detenerse a escrutar en él bajo la luz clara del interior del edificio, sin embargo, no creyó que su encanto se viera para nada mermado, es más, la débil sonrisa que sostenía para solapar su nerviosismo resaltó espléndida a ojos del menor.

Alguien se sentía enamorado. Creía, tal vez, en esa posibilidad. Que por otro lado y juntando aquella mala primera impresión era muy poco probable que se volvieran a encontrar. El castaño se sentía muy culpable y la vergüenza era una piedrita en su zapato.

Hizo una mueca al sentir de nuevo el estómago molestándolo, pero en ese instante, el eco de las pisadas en el escenario y el súbito apagón de la mayoría de las luces lo sacaron de su trance. Estaba asustado. Su asiento no se ubicaba cerca del frente, es más, casi era de las últimas filas, pero se encontraba pegado a la zona interna de escaleras. Podría decirse que estaba a medias oculto.

Quizo volverse invisible en su lugar. Cerró con fuerza los párpados, en espera del comienzo del concierto para no tener que chocar miradas con la persona que no dejaba a su pobre mente descansar y disfrutar.

El tiempo que haya pasado le pareció eterno. Al cabo de un rato se reinició la música, la melodía y el acelerado pulso de su corazón. Poco a poco se apaciguó, sin dirigir la vista más allá del suelo bajo sus pies, se dejaba embriagar por el efecto absorbente de la música que lo envolvía todo.

[...]

La búsqueda improvisada de sus inquietas pupilas por entre los espectadores parecía ser un total fracaso.

Al volver corriendo con sus compañeros se abalanzó sobre él el dúo MafuTsuki, uno lo abrazó al borde del llanto y otro lo quería zarandear por irresponsable. Esos dos eran demasiado preocupones, aunque, reconocía el lindo sentimiento de saber cuánto te cuidan tus amigos.

Se puso a releer las partituras sin mucho interés hasta el momento que les avisó el staff para reintegrarse al escenario para dar la segunda y última sección del concierto. No pudo evitar recordar la cara de cachorro que había puesto el tal Sou cuando pidió acompañarle. Casi tuvo ganas de palmearle la cabeza o acariciarlo como había hecho con Taro minutos antes.

Mas, al entrever al público se entristeció. Sabía que su vista era mala, pero no para tanto. No tenía idea porqué no lo veía y tampoco era momento de eso. Deshizo los inciertos sentimientos en su consciencia, dándose ánimos para dar lo mejor de sí. Debía hacerlo.

Guardando como imagen mental la de aquel tierno chico dispuso sus manos en la posición para comenzar a tocar. Al presionar el arco sobre las cuerdas se dejó llevar, perdiéndose levemente por un ligero estupor.

[...]

Con el efecto fantasioso que le indujo la atmósfera, Sou se quedó sentado en su lugar, casi adormecido. Al momento de finalizar la dichosa presentación, los presentes se incorporaron y aplaudieron conmovidos, pero, por todas sus emociones revueltas, él no pudo unírseles.

Seguía preguntándose cosas al concluir el evento, la sala estaba ya casi desierta, no obstante, sus piernas seguían estáticas. Se había sumergido entre pensamientos inconexos y molestos, no sabía que ya era el único tonto sentado en medio de toda la sala de conciertos.

De la nada, el sonido de un par de pasos apareció, incrementándose. Volvió de su ensimismamiento y alzó la vista, para darse cuenta de lo ridículo que se miraba.

—¿Sou-san? ¿Te encuentras bien? —preguntó gentilmente el músico. El sonido de pisadas provino de él, comprendió Sou. La pregunta era, ¿por qué lo había ido a buscar? Peor aún, no podía verse más estúpido sentado allí sin ninguna razón.

—A-ah, yo... —bajó la mirada, buscando excusas creíbles. —Tan solo me quedé divagando un poco...

Un minúsculo silencio y seguido, una respuesta: —Entiendo, ¿puedes venir conmigo un segundo? Si no es mucha molestia. —Un deje desconfiado en el tono de voz le sacó preocupación.

Asintió temeroso. Se levantó y caminó a paso lento al sujeto enfrente suyo, dándose cuenta de adonde pretendían guiarlo. No conservaba mayores recuerdos del camino a seguir, pero estaba seguro que era el sendero hacia la salida trasera. Tenía los nervios a flor de piel, mucha incertidumbre para tan rápido momento.

Así como creyó, pararon donde la puerta gruesa. Su guía la empujó chirriando. Una corriente helada entró haciéndolos estremecer y salieron a una zona vacía con vista al estacionamiento. La noche, para ese punto había consumido la mayoría de luz, dejándolos al amparo de un foco parpadeante sobre sus cabezas.

—Y... —comenzó a hablar, rompiendo el silencio— ¿Puedo preguntarte un par de cosas, Sou?

Su miedo se notaba a kilómetros, aunque el mencionado no difería mucho.

—Por supuesto —contestó en un susurro.

—Mm —dudó— No sé si sea de mi incumbencia pero, ¿estabas en el concierto... desde el principio? Me refiero, de la segunda parte.

Vaya, en verdad no lo había visto. Su insulso plan dio resultados, entonces ¿qué era ahora lo que le oprimió el pecho? Cuando esas palabras temblorosas salieron de boca del mayor, le vino un pensamiento a la mente: "Podría ser, ¿me estaba buscando?"

—¿Por qué lo dices? Tú me encontraste cuando estaba como tonto en la sala vacía —evadió, en un intento por aligerar la tensión.

—Eso es un sí, ¿me equivoco? —inquirió en tono menos formal.

Dando en el clavo, Sou negó con la cabeza. No se equivocaba en absoluto.

— Verás, esto en un poco extraño de decir. No me lo tomes a mal, pero, me preocupé al no verte entre las personas de allá atrás. Quizá te sentiste mal o algo y... —jugando con las mangas de su suéter, dejó escapar una risa nerviosa.

Por otro lado, Sou estaba anonadado. No se molestó con él, tampoco lo incomodó, sino que hasta lo hizo afligirse por desaparecer. Tenía que arreglar ese problema inmediatamente.

—¡Oh! Sabes, me tocó por desgracia un asiento muy alejado. La verdad apenas veía con claridad donde tú estabas y aparte, habían unas personas muy ruidosas sentadas justo enfrente. Cuando acabaron quería aplaudir, porque fue en verdad espectacular, pero me sentía algo frustrado por no haber podido disfrutar bien del concierto. —dijo rápidamente— A decir verdad, no creí que Eve-sensei me buscaría entre la gente —concluyó desviando la mirada al suelo.

No, no estaba tan arrinconado y oculto como contó, ni tampoco habían personas molestando, era su propia cabeza, pero fue lo mejor que pudo idear en un momento de desesperación.

El de lentes redondos parpadeó, haciendo aparecer sobre su ensombrecido rostro una hermosa sonrisa inconsciente. No era que el castaño no le hubiera gustado la música, o su persona, todo había sido paranoia propia; porque sí, Eve se decepcionó al no ver por ningún lado a aquel enternecedor joven.

—Qué mala suerte —exclamó en tono risueño— No me alegro de lo que pasó, solo... No importa —cortó su frase, ganándose la curiosidad del más pequeño.

—¿Qué no importa? —preguntó haciéndose el ingenuo. Disminuyó la distancia que había entre ambos, para encarar de improviso al muchacho nervioso.

—Nada, nada —aseveró.

Buscando respuestas en su pálido rostro, el castaño volvió a acercarse a la cara del mayor. Sus ojos chocaron al quedarse tan cerca uno del otro y se pudieron observar detenidamente por primera vez en la noche. "Qué lindo" pensaron uno del otro.

El sepulcral silencio los carcomió, sin ser incómodo, sin estorbar. Sirviendo de perfecta ambientación para tan irregular escena.

Finalmente, Eve se percató de lo cerca que tenía la nariz de Sou y dió un paso atrás, chocando su nuca con la pared.

—¡Pe-perdón, perdón! —se disculpó inmediatamente el otro.

—No te disculpes, jeje —su tonta sonrisa y su sonrojo eran adornos tan azucarados para hacer al menor no querer alejarse un centímetro de él.

—Ya que me está haciendo tantas preguntas, Eve-san, ¿puedo preguntar su edad?

—¿Ah?

 

Al final, lograron charlar a gusto. Un pequeño rato que se sintió como algodonosas nubes bajo sus cuerpos entumecidos por tanto aire gélido invernal. Hasta que el teléfono de Eve volvió a vibrar y tuvieron que ir a la salida principal. Sou e Eve se despidieron con un movimiento de manos y una enorme sonrisa antes de que Amatsuki ahorcara al rubio por volver a desaparecer de la vista de todos sin previo aviso.

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