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Los Tres Caballeros viajan de nuevo

Summary:

Después de pasar un terrible cumpleaños y tener un conflicto con su tío, el día de Donald mejora al recibir una sorpresa de parte de sus dos mejores amigos: José Carioca y Panchito "Pistolas". José y Panchito deciden darle unas vacaciones a su amigo, por lo cual deciden realizar un viaje por el continente. Los Tres Caballeros visitarán lugares conocidos e inexplorados y se encontrarán con viejos y nuevos rostros.

Pero, sin que ellos lo sepan, fuerzas oscuras trabajan en las sombras para terminar no solo con los amigos, sino también con sus familias y lo que conocen.

Notes:

Idea que tuve de repente. Por ahora subiré solo este capítulo, pero si veo que a la gente le gusta puedo continuar publicando.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Los Ángeles: Llegada

Chapter Text

Carretera Patolandia-Los Ángeles

Los tres caballeros salieron en el automóvil de Donald con dirección al sur, dejando que el camino los llevara a su siguiente destino. Ninguno de los tres tenía una idea de a dónde ir, pero mientras estuvieran juntos, cantando y sin ninguna preocupación, todo iba a estar bien. Donald, sobre todo, estaba relajado; después de dedicarse unas vacaciones para sí mismo al lado de sus mejores amigos, podría regresar a Patolandia. Por ahora, solo debía descansar y escuchar a Panchito tocar la guitarra.

- ¡Ay, Jalisco no te rajes! ¡Me sale del alma, gritar con caloooor!

            José acompañaba a su amigo en el coro, mientras Donald se concentraba en el camino, tocando el volante con sus dedos al ritmo de la canción. Era agradable tener una compañía así. Pero los cantos y risas de los tres amigos se vieron interrumpidos por un teléfono sonar. Panchito se dio cuenta que era el suyo.

- Ugh, ¡ya les dije que no trabajo más en fiestas de niños! -exclamó el gallo mientras sacaba el celular para contestar- ¿Bueno?

José miró con detenimiento a su amigo. Donald observaba a través del retrovisor. Esperaban escuchar a su mejor amigo gritar en furia por la insistencia de sus clientes, pero se sorprendieron al ver un rostro de alegría en él, seguido por un grito.

- ¡Speedyyyy! ¡Mi compadre!

            Los dos acompañantes taparon sus oídos por el fuerte grito. Donald no tenía ni la menor idea de quién era Speedy, pero José parecía tener una vaga.

- ¿Qué hubo, cuate? ¡Hace años! ¿Cómo va todo? -continuó Panchito, mostrando una enorme sonrisa.

            El pato y el papagayo no escucharon bien lo que decía ese tal Speedy, y no podían sacar nada de lo que respondía su mejor amigo. Después de un minuto de plática, el mexicano le pidió a su misterioso contacto que lo esperara y, con una enorme sonrisa, se dirigió a sus amigos.

- ¡Donal´! ¡José! ¿Les gustaría dar un espectáculo en Los Ángeles?

            Los otros dos caballeros se quedaron sin respuesta. ¿Ese misterioso contacto les había dado la oportunidad de tocar? Llevaban meses intentando regresar como una banda y tocar en varios lugares. Era la oportunidad de realizar el sueño. Las dos aves contestaron al unísono la misma respuesta.

- ¡Sim! ¡Yes!

            Panchito no escondió su sonrisa y regresó a hablar con el misterioso, mencionando que aceptaban la propuesta. A partir de ahí puso la llamada en altavoz para que sus compañeros lograran escuchar.

- ¿Hay algún hostal cerca donde nos podamos quedar? – le preguntó el mexicano.

-Le podría preguntar a Bugs si se pueden quedar en su casa. Luego les mando mensaje para confirmar.

            Ese Speedy parecía una persona amable e igual de social que Panchito. Pero se notaba su apuro, por lo cual pronto se despidió. Panchito le aseguró que se encontraban en camino, para después colgar y guardar su celular.

- ¿Quién era él? -preguntó José curioso.

-Mis amigos, ese era Speedy Gonzales, un amigo de Jalisco. Maneja la pizzería “Pizzarriba” en Los Ángeles y busca una exclusiva con Los Tres Caballeros para tocar.

            Donald había escuchado hablar de ese sitio en Patolandia. Era muy famoso a lo largo del pais, aunque no existiera un local para su ciudad. Tocar en una pizzería no era el lugar más prometedor, pero era un buen comienzo. Se le suman puntos por ser un restaurante famoso.

            Pero de la nada, mientras los tres amigos celebraban y cantaban, algo chocó con el coche, obligando al pato a frenar. Una vez hizo eso, vio a un coyote estrellado en su ventana. Sus dos amigos estaban igual de asustados. Todos abrieron las puertas para salir y ver mejor lo ocurrido. Para su alegría, fácilmente el coyote se despegó del coche y se bajó, recuperando el aliento. Mientras tanto, un correcaminos azul se detuvo al lado de la puerta abierta de Donald.

- ¡Beep, beep!

            El ave del desierto lamió al pato, observó al coyote, quien miró con desprecio aquella extraña ave que llegó. Tan rápido como llegó, el correcaminos comenzó a correr de nuevo para no ser visto, dejando una estela de polvo por su camino. El coyote, en cambio, caminó lentamente lejos de la carretera, triste por otro fracaso en capturar a su presa. José y Panchito se quedaron callados por la escena. Donald cerró su puerta y volvió a tomar camino a Los Ángeles, murmurándose a sí mismo.

-Pájaro loco…

Los Ángeles

            El camino a la gran ciudad no fue largo, menos si uno cantaba y charlaba todo el camino con sus mejores amigos. Donald extrañaba esos viajes. Ir solo él con sus compañeros y disfrutar el momento. No se había sentido así en un largo tiempo, menos desde que regresó a tener aventuras con su tío y sus sobrinos.

            Aunque la entrada a la urbe fue difícil debido al tráfico, una vez dentro de ella, y mientras conducía a la casa de ese tal Bugs, todo fue más rápido, hasta que se encontraron una camioneta con una clase de estatua de carnaval de un pato negro sobre ella. El semáforo estaba en verde, pero el vehículo no se movía. Para alguien con problemas de control de ira era intolerable. Donald rápido comenzó a tocar el claxon.

            La camioneta no se movía. El pato ya estaba decidido a levantar su ventana y gritar, o bajarse del vehículo y obligar al conductor de adelante a quitarse. Antes de hacerlo, la mano de su amigo José se posó en su hombro y, con su otra mano, le señaló un pato negro caminando hacia la camioneta. Ese era el dueño. Donald intentó mantener la calma, pero siguió tocando.

            Lucas caminaba tranquilamente a su camioneta, estacionada perfectamente a la mitad de la avenida. No había ningún espacio para estacionarse cuando llegó, y nadie pasaba por la calle, sin mencionar que la tienda a la que iba estaba justo enfrente suyo, por lo cual no vio ningún inconveniente en detenerse donde lo hizo. Saliendo feliz de la tienda, escuchó a alguien tocar continuamente un claxon. Vio que el sonido provenía de un automóvil verde detenido detrás de su vehículo.

- ¡Silencio! ¡Están molestando a los peatones! – le gritó al conductor del coche. Fijándose con más atención se dio cuenta de que también era un pato, pero vestido con un traje de marinero negro y de plumaje blanco. Parecía estar acompañado por un loro y un gallo.

- ¡Mueva su cacharro hippie del camino! -le gritó el extraño pato. Lucas no entendió nada de lo que dijo. Por suerte para él, el loro verde que lo acompañaba le habló.

-Meu amigo quiere decir si puede moverse para dejarnos pasar.

            Las primeras dos palabras le fueron difíciles de comprender. ¿Era español lo que hablaba? Aún así, el resto fue mucho más fácil de comprender. ¿El papagayo entendía lo del conductor? Nadie podría comprender a alguien así. Con un poco más de alegría tras haber sido tratado como merece por esa extraña ave, Lucas entró en su coche y lo encendió, comenzando a conducir de regreso a su hogar.

            Donald, en cambio, estaba a punto de reventar por la actitud de ese otro pato. Le parecía tan insoportable como su tío. Antes de comenzar a hacer una rabieta, la voz de su amigo mexicano le habló.

-Tranquilo, Donal´, seguro será la última vez que lo veamos.

            Panchito se equivocó. El camino indicado por el GPS hacia la dirección de Bugs era la misma hacia donde se dirigía ese otro pato. Constantemente Donald deseaba que el conductor de adelante se diera la vuelta en otra calle, pero no lo hacía. Finalmente, ambos vehículos llegaron al final de una calle rodeada por varias casas. Donald se detuvo un momento, deseando que aquel extraño fuera a otra casa. Tal vez iría a visitar otra casa y luego se iría.

            Lucas, mientras tanto, veía con preocupación a las tres aves detrás suyo. No era normal ser seguido por un coche con desconocidos. ¿Y si lo iban a secuestrar? ¿Será por haberse estacionado a la mitad de la calle? Definitivamente estaban enojados con él. Pero no; eso era imposible. Debían tener otras intenciones siniestras.

            Una vez llegó a su casa, bajó rápidamente del vehículo y tocó la puerta desesperadamente. Un conejo gris lo recibió del otro lado, observándolo con sorpresa. Era Bugs Bunny, y le preocupaba la reacción de su mejor amigo.

- ¿Lucas? ¿Qué pasa?

- ¡Ayuda! Hay dos aves y un pato incomprensible persiguiéndome. ¡Llama a la policía! No, espera, ellos me buscan. ¡Voy por mi traje de mago!

            Bugs ya tenía una idea sobre la exageración de su amigo. Tomó a Lucas del brazo para evitar que subiera mientras se fijó en quiénes estaban en el coche. Aunque no los conocía, los identificó rápidamente.

-Lucas, no te están persiguiendo. Son los invitados de Speedy.

- ¿Invitados? ¿En mi casa? Debió consultarme primero antes.

-Ve y avísale que ya llegaron sus amigos- contestó Bugs, haciendo caso omiso al último comentario.

            El conejo caminó al coche de los extraños, quienes ya estaban saliendo de él. Con su zanahoria en mano, saludó con su característica frase.

- ¿Qué hay de nuevo, viejos?

El primero que se acercó a él fue el gallo, quien extendió su mano para saludarlo. Bugs hizo lo mismo, pero no esperaba un saludo tan fuerte.

- ¡Bugs Bunny! Palabra que estoy encantado de finalmente conocerte. Yo soy Panchito Romero Miguel Junípero Francisco Quintero Gonzáles, pero mis amigos me llaman Panchito. El pequeño Speedy nos ha hablado mucho de ti.

-Olá, senhor Bugs. Eu sou José Carioca- presentó el brasileño, bajando su sombrero e inclinándose. Después se sujetó sobre su sombrilla y sacó un cigarro. - Cómo está você? O como dicen los americanos, what´s cooking?

-Y yo soy Donald. Gracias por recibirnos- fue lo único mencionado por el último, acompañado de una sonrisa nerviosa. Bugs fácilmente notó que no era alguien de muchos amigos, pero intentaría lo mejor para hacerlo sentir en casa.

- ¿Sabes dónde está…? !SPEEDY! -preguntaba el gallo hasta ver salir de la puerta un pequeño ratón vestido con un sombrero similar al de Panchito.

            A Donald le sorprendió la velocidad del pequeño ratón, quien en un segundo pasó de estar de la puerta al lado de Panchito, y también su tamaño. Jamás conoció un ratón así de pequeño, pues Mickey y Minnie eran más altos. Tal vez así eran en México. Panchito se agachó y saludó con la misma jovialidad a su compañero de nación. Con la misma fuerza le respondió. Después de reencontrarse, Speedy caminó enfrente de José y Donald.

-Entonces ustedes son José y Donald. Es un gusto poder tenerlos en mi restaurante.

- ¡Lucas! ¿Vas a venir a saludar a los invitados? -gritó el conejo observando a la puerta, donde su infame amigo veía todo desde la distancia. Algo definitivamente no estaba bien, aunque siempre sucedía algo con ese personaje.

            Lucas solamente se acercó a los tres caballeros y les entregó unas tarjetas de presentación, las cuales tenían su nombre y mostraban su profesión como mago. Los tres amigos sintieron un futuro choque con ese personaje. El pato negro regresó a la casa para dejar a los demás afuera

-Eh, tendrán que disculparlo, él es…

- ¿Egocéntrico, mentiroso y manipulador? -Speedy se apresuró a completar. Bugs solamente lo miró terminando de comer su zanahoria.

-Sí, exacto.

            Los tres caballeros junto a Bugs y Speedy entraron a la casa, donde los invitaron a sentarse en la sala. Bugs trajo unos bocadillos. Panchito notó a un extraño animal sentado al lado del sillón. Junto a José le acarició la cabeza. Cuando Donald se acercó, la criatura le gruñó, por lo cual decidió no acercarse más.

-Qué extraño perro- dijo Panchito mientras seguía acariciándolo. Bugs, Speedy y Donald se iban sentando, mientras Lucas observaba a todos desde una distancia.

-Veo que ya conocieron a Poochie. Es un demonio de Tasmania. Tranquilos, no les hará daño, está domado- Donald no estaba tan seguro de eso.

-Cómo vocês se conheceram? -preguntó José mientras tomaba asiento, señalando a Panchito y a Speedy.

-Ambos fuimos al mismo campamento en Guanajuato. Compartíamos cabaña, pero desde entonces no nos hemos visto ¿Qué fue de ti después de eso, ´Chito?

-Fui al Instituto Quackmore a estudiar ingeniería agrícola. Siempre es bueno tener esos conocimientos de vuelta en casa, aunque me he dedicado a la música. En Quackmore fue donde conocí a Zé y a Donal´. ¿Y qué hay de ti? Al fin conseguiste hacer tu restaurante.

- ¡Así es! Bueno, terminé por mudarme con el señor Bugs y estoy innovando en el mundo de las pizzas. Deben probar mis pizzas congeladas. ¡Son un éxito!

- ¿Ingeniería? ¿No son una banda? Pensé que los tres habrían estudiado música

- Não, não, senhor Bugs. Yo estudié turismo y Donald aquí estudió ingeniería mecánica. Descubrimos nuestro gusto por la música en los pasillos. Eh, Donald, ¿recuerdas la primera vez que tocamos en el restaurante de la escuela?

- ¡Cantaste tu solo y los vasos de todos se rompieron! -agregó emocionado el gallo, señalando lo ocurrido con Donald.

- ¡Ese camarero se enfadó tanto que golpeó a Donald con un plato!

- ¡Nos sacaron del lugar y Zé cayó en un lodazal!

- ¡A ti te golpearon con tu propia guitarra!

            Entre risas, los caballeros recordaban los buenos tiempos de la escuela. Panchito, abrazando a sus amigos, los levantó, mientras Bugs y Speedy observaban alegres. Lucas, por otro lado, observaba con descontento desde la entrada. Panchito continuó.

- Pero regresamos el día siguiente porque…

- ¡El show debe continuar! -gritaron los tres al unísono, haciendo su característico saludo y extendiendo sus brazos adelante con sus sombreros, comenzando a reír y volviendo a sentarse.

-Oigan, ¿qué tal si nos tocan algo? -ofreció Bugs.

Speedy asintió, gustándole la idea. El conejo se levantó y señaló un piano que tenía en su casa, aunque no iba a ser necesario. Donald tomó prestada la guitarra de Panchito mientras José tomó la suya. Se pusieron de acuerdo para tocar “Es mi voz”. Era la misma canción que tocaron en la fiesta de Emma Glamour. No fue un éxito en su momento, debido sobre todo a la voz de Donald.

-Es mi voz, que te llama sin cesar. Es mi voz, pues contigo quiero estar. Más mi corazón se va, se quiere ocultar. Mi vida yo por ti daré, te voy a apoyar. Oye mi voz, que te llama sin cesar. Es mi voz, pues contigo quiero estar. Es mi voooz. Es mi voooz. ¡Es mi voooz!

            La canción fue corta pero suficiente para dejar convencidos a sus anfitriones de el buen grupo que formaban. Bugs sonreía y Speedy comenzó a aplaudir y chiflar.

-Me gusta.

- ¡Son increíbles! Van a atraer a mucha gente. Sabía que ustedes serían una buena elección.

            Los tres caballeros sonrieron y se miraron entre ellos, felices de poder regresar al negocio musical. Pero sin importar la fama que adquirirían, los lugares por conocer o las distracciones que esto traería, los tres estaban felices sobre todo de poder pasar tiempo entre ellos y recuperar un poco el tiempo perdido durante la última década.

            Las sonrisas se vieron interrumpidas por Lucas, quien bajó las escaleras, trayendo su propia guitarra. Todos voltearon a verlo con curiosidad.

-Pueden mejorar. Solo aprendan del mejor- gritó Lucas con confianza, posando sus manos sobre las cuerdas de la guitarra. Su mejor amigo lo miró desconfiado.

-Lucas, ¿ahora qué estás haciendo?

-Enseñándoles cómo se toca la guitarra.

- ¿Desde cuándo sabes tocar la guitarra?

-Tomé clases cuando tú llevaste al demonio al concurso de perros.

- ¿No estuviste solo cinco minutos ahí antes de irte?

            Lucas tomó caso omiso al último comentario y comenzó a tocar. Sin embargo, no sabía cómo tocar el instrumento, por lo cual a ninguno de los presentes le pareció llamativa la música. Pronto todos se taparon los oídos. Una vez terminado el espectáculo del pato, Panchito fue el primero en hablar.

-Ay caramba…

Casa/bote de Donald.

- ¿¡Cómo que no ha recibido ningún mensaje!?

            Daisy estaba furiosa. Su novio desapareció de la noche a la mañana sin dejarle ningún mensaje. Nadie de su familia sabía dónde se había metido y temían lo peor. Ninguna pista dirigía a su ubicación y cualquier información que los pudiera llevar a su ubicación era un callejón sin salida. Lo único faltante en su casa era su auto y su celular, por lo cual era difícil pensar de un secuestro. ¿Pero a dónde se fue? Tuvo problemas con Rico el día anterior en su última aventura, al menos lo suficiente como para hacer que su relación regresara a ser tan tensa como después de lo de la Lanza de Selene. Rico no ayudaba a buscarlo. Ese era el único indicio.

            Ciro estaba sentado al lado de Daisy con una computadora en su sus piernas. Los dos estaban en el sillón de la casa. Ella había mandado varios mensajes a su novio intentando saber dónde estaba, sin éxito alguno. El empleado de Rico intentaba localizar al pato por medio de su teléfono, sin éxito alguno. En su búsqueda, descubrió que, por alguna extraña razón, Donald estaba incomunicado. No era por falta de señal; alguien la bloqueaba. Y si él deseaba enviar algún mensaje, ellos tampoco lo podrían recibir.

-Ya te dije, Daisy. No hay forma de poder localizarlo. Hay alguien que no quiere que sepamos dónde está.

- ¡Debe haber una forma! ¿No hay alguien más que pueda saber dónde está?

-Nadie en la mansión lo sabe. ¿A quién más quieres llamar?

- ¿Ya has intentado llamar a sus amigos? ¿Qué hay de Panchito y José?

-Tampoco. No tiene contacto con ellos y no han venido a Patolandia desde hace un mes. Si hubieran venido tendrían sus datos en el aeropuerto, pero no hay.

            Después de descartar esta investigación como inútil, Daisy salió del bote de su novio y fue a casa. Estaba preocupada, sobre todo, por lo que le haya podido pasar a su novio. ¿Quién bloqueaba la señal? ¿Alguno de los enemigos de su tío? Era posible, pero no convencía del todo a Daisy. Quien quiera que fuera, deseaba mantener separados a Donald y a su familia, ¿pero por qué?

Cuarto de Bugs

Toda la tarde los caballeros hablaron con sus anfitriones, conociéndose y pasando un buen tiempo, también tocando música en ciertos momentos. Speedy terminó por proponerles su idea, donde los caballeros tocarían dos días en su establecimiento. Ellos aceptaron. El ratón deseaba tenerlos más tiempo, pero los amigos decidieron mejor tener pocos días. De todas formas, este viaje era solo para pasar tiempo entre ellos. Les agradaba poder tocar, pero era un tiempo que querían dedicarse entre ellos y a viajar. Después habría tiempo de organizar algo más formal para tocar.

            Bugs ofreció su cuarto para los invitados, debido a que solo había dos cuartos en la casa. Él dormiría en el sillón. Al menos ya había manejado esa rutina con invitados varias veces en el pasado. De todas formas, no serían molestos como los anteriores, o eso esperaba. A petición de ellos, les dejó tres camas inflables. Una vez armadas, el conejo bajó a preparar el sofá.

            José y Panchito se estaban preparando para acostar, mientras Donald observaba la calle por la ventana. A lo lejos se veían los edificios de la ciudad iluminados por las luces, trayendo una vista interesante del lugar. Aún así, él no estaba maravillado por la vista. Algo más pasaba por su mente y lo atormentaba.

            Con su teléfono en mano pensaba en Daisy. A ella fue la primera a quien le avisó de sus repentinas vacaciones, pero no había recibido nada, ni un mensaje ni una llamada. ¿Por qué? Si el teléfono mostraba el mensaje como recibido. ¿Habría tenido problemas con él? ¿O era algo peor? La idea de Daisy no deseando saber nada más de él lo aterrorizaba.

            Sus amigos vieron al pato profundamente en sus pensamientos. Mirando el reflejo de su rostro supieron de inmediato que algo no estaba bien. José puso su mano sobre el hombro de su amigo.

- ¿Donal´?

            Donald suspiró y dio la vuelta. Panchito estaba sentado en la cama de Bunny y con su propia mano golpeaba un espacio a su lado para que se sentara. Él aceptó y se sentó. José hizo lo mismo, sentándose a su otro lado. Luego, preocupado, recargó su cabeza sobre sus manos y sacó todo.

-Es Daisy. No ha respondido ninguno de mis mensajes. Ni siquiera sé si le interesa verlos.

            Sus dos amigos ya la habían conocido. Hasta habían salido una vez todos juntos. Les había caído bien, y creían que era una buena pareja para su amigo. Conocer su falta de interés en el lugar donde estaba Donald los sorprendió.

- ¿Ya has intentado llamarla? -le preguntó José, tomando el teléfono de Donald y pasándoselo.

-Ya la llamé dos veces en el día, pero no me ha respondido.

-Tranquilo amigo, estoy seguro de que ha de estarse preocupando de ti. Solo llevas un día fuera de casa. Dale un tiempo y seguro te hablará- le aseguró Panchito, abrazando a su amigo, intentando reconfortarlo.

-Ese es el problema. Nunca hay un día donde no me hable.

-Podría llamarla. Tal vez yo pueda hablar con ella.

            Panchito tomó uno de sus celulares y marcó al número de Daisy. Estaba seguro de que ella no estaba ignorando a su amigo. Tal vez había perdido señal, pero seguro nada grave. Una vez llamó, puso el altavoz y esperó con sus amigos. Finalmente mandó la llamada a buzón, por lo cual el gallo terminó por colgar. Donald suspiró, pero José intentó animarlo.

-Seguro perdió señal por un tiempo. Dale unos días, meu amigo. Por ahora, disfruta estas vacaciones.

            Donald sentía algo fuera de lugar, pero decidió escuchar a sus amigos. Debía ser positivo y pensar que algo había ocurrido con el teléfono de Daisy. Pero no quería dejarla pensando que desapareció así nada más.

-Hablando de vacaciones, ¿les gustaría ir a dar un paseo por la ciudad mañana? Tal vez podamos ver algún museo- preguntó José. Pensaba en pasar un tiempo de turista con sus amigos. Eso podría ayudar a Donald, así como también deseaba conocer más la ciudad.

-Uy, podríamos ir al Paseo de la Fama, o al letrero de Hollywood- agregó Panchito, emocionado por la idea.

-Y comprar algo en una tienda. Donal´ podría comprarle algo a Daisy y mandárselo por correo. Aún guarda el dinero de su tío.

            La idea de José no sonaba mal. Fácilmente podría mandar un regalo a Patolandia y le llegaría a Daisy rápidamente. Era otra forma de mantener contacto con ella, por lo menos asegurarle que estaba bien y demostrarle que pensaba en ella. Tal vez hasta podría recibir una respuesta de ella, comentarle dónde estaría y así asegurarse de recibir lo suyo.

            Finalmente, Donald sonrió ante la idea. Sus amigos correspondieron, y los tres se abrazaron. Era bueno contar amigos. Era feliz de poder contar con ellos, a pesar de casi no hablar durante varios años. Seguían siendo birds of a feather.

            Sin que el pato estuviera listo, una almohada fue lanzada a su cara. Soltó un gruñido ante ello, comenzando a sentir ira. Fue Panchito quien se la lanzó, quien comenzó a reír ante ello. Pero su enojo se desvaneció rápidamente cuando José golpeó fuertemente con otra almohada al gallo. Donald sonrió y tomó otra, comenzando a golpear a José. Comenzaron a jugar entre los tres, riendo y disfrutando del momento. Aún era joven la noche. Podían divertirse.

            Sin que ellos lo supieran, otro pato los estaba espiando, escuchando del otro lado de la puerta. Lucas, desconfiado de los invitados, sobre todo de Donald, prestaba atención a todo lo mencionado por ellos. Era necesario espiarlos para conocerlos. Lo malo; no esperaba a su mejor amigo preguntarle qué hacía ahí. Lucas brincó del susto.

- ¡Bugs! ¿No sabes que es grosero sorprender a la gente así? ¡Casi me matas del susto!

-Ajá… ¿qué haces espiando a los caballeros?

-No confío en ellos. Especialmente en ese pato. Hay algo que no nos están diciendo y voy a descubrirlo.

-Por favor no vuelvas a sacar la idea de que son alienígenas y nos van a secuestrar.

- ¿¡Qué!? ¡No! Nunca he dicho algo así. Además, no sé, son otra cosa. El verde debe ser un mago, lo siento; el pato, familiar del pobre y presumido McPato de su ciudad…

-Y el gallo va a ser un descendiente de un antiguo guerrero romano. ¿Lucas, te has escuchado alguna vez a ti mismo?

-Bien. Si no me crees, lo entiendo, pero buscaré a alguien más para que me ayude a demostrar mis teorías.

            Y con eso dicho, Lucas bajó las escaleras, listo para ir en busca de ayuda. Bugs solo lo miró desde su posición.

- ¿No vas a dormir?

- ¡Batman no duerme!

            Y Lucas, creyéndose Batman, azotó la puerta de la casa, saliendo a buscar a Porky. Él era el único en quien confiaba para desenmascarar este misterio.

Casa de Porky

Una vez llegó a la casa del cerdito, Lucas tocó desesperadamente la puerta de entrada. No le importaba si Porky estaba dormido, debía ayudarlo inmediatamente. Comenzó a gritar su nombre, a ver si eso ayudaba a despertarlo.

            Después de un minuto la puerta se abrió. Detrás de ella estaba Porky en su ropa de noche, viendo a Lucas a los ojos. Se veía recién despierto.

- ¡Lu-lu-lu-lucas! ¿Sa-sa-sabes qué hora de la noche es?

-Hola Porky. Rápido, hay mucho trabajo que hacer.

            Lucas tomó a Porky y lo empujó adentro de su casa, llevándolo a la sala. Una vez ahí sentó al cerdo. Luego acercó una computadora a las piernas de su amigo y se sentó a su lado.

- ¿Qué-qué pasa, Lucas?

-Hay tres extraños en mi casa. Dicen ser una banda, pero sé que eso es mentira. Tú me ayudarás a desenmascararlos.

- ¿Qui-qui-quiénes son? ¿Seguro que no son amigos de Bu-bu-bu-bugs?

-Ammmm, creo que se llaman los Tres Cabachurros.

- ¿No hablarás de los T-t-tres Caballeros? Speedy me contó sobre su invitación de un gru-grupo llamado así.

-El nombre es lo de menos. ¿Qué puedes encontrar de ellos? No confío en ese pato.

- ¿No es e-e-esta otra de tus co-co-conspiraciones sin sentido?

- ¡Vamos Porky! Mi segundo mejor amigo me ayudaría con esto.

            Al cerdo ya no le agradaba caer en las manipulaciones de Lucas, pero debía admitir verse atraído por la denominación de mejor amigo. Él terminó por ceder. Encendió la computadora y comenzó a buscar por cualquier información en la red sobre los Tres Caballeros. Dudaba encontrar algo, pero le daría el beneficio de la duda.

            Para su sorpresa, Lucas se estaba levantando del sillón y caminaba a la salida. Porky detuvo la búsqueda por un momento.

- ¿Pe-pe-pero a dónde vas? ¿No vas a ayu-yu-yudarme a buscar?

- ¿Toda la noche? Por supuesto que no, Porky. Ese es tu trabajo. Yo debo ir a dormir para seguir teniendo una bella figura- le respondió señalando su delgado cuerpo.

            Después de ello, el pato salió de la casa, dejando a Porky solo. Este se sorprendió cuando la puerta volvió a abrirse. Lucas regresó, pero ahora caminaba a las escaleras.

- ¿Sabes? Ya es muy tarde. Dormiré en tu cuarto si no te importa. Gracias, eres un gran amigo.