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Desde que El Profeta había publicado «El retorno de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado», el mundo mágico cayó en una imponente oscuridad y ya nada parecía ser lo mismo.
Por su parte, en Hogwarts, el retorno a clases fue más apaciguado que años anteriores. Principalmente debido a la gran disminución de alumnos, pues muchas familias optaron por no enviar a sus hijos a la escuela a causa de que lo consideraban demasiado riesgoso.
Al menos en la sala común de Slytherin la noticia parecía no haber causado demasiado impacto en los estudiantes, o eso era lo que creía Daphne Greengrass.
Como de costumbre, antes de ir al Gran Comedor, las serpientes se reunieron frente a la chimenea. Los muchachos ya se encontraban allí cuando las chicas llegaron. Goyle y Crabbe se encontraban devorando una caja de grageas Bertie Botts mientras que, a su lado, estaba Theo ensimismado leyendo un libro de artes oscuras.
Pansy y Daphne se sentaron frente a Blaise y Draco. El primero no paraba de hablar de su último viaje a Italia junto a su madre y, en pocos, la conversación se tornó hacia la moda que había visto en Milano, cosa que captó totalmente la atención de Pansy. Por su parte, Daphne observaba que Malfoy estaba un tanto callado y cabizbajo, algo que no era muy habitual en él.
Ella recordó la visita que hacía unas semanas recibió en su hogar, por parte de la familia Malfoy. Aún tenía muy presente lo que escuchó durante la reunión privada entre su padre y Lucius.
—Ya lo sabes, Greengrass. Él te quiere de nuestro lado. Y como miembro de los Sagrados Veintiocho, lo más coherente es que acepta su propuesta.
—Lo sé, pero debes entender que no es una decisión tan fácil de tomar. El Ministerio me tiene bajo su mira, y además el riesgo es demasiado alto. Mi familia solo me tiene a mí —decía con angustia el padre de Daphne—. Al menos tú tienes a Draco si algo llegase a salir mal.
—¿Draco? —Rió con sarcasmo el señor Malfoy—. Él ya es parte de esto, incluso el Señor Oscuro ya le encomendó una misión en su regreso a Hogwarts.
Daphne, oculta tras la puerta de la sala, no podía dejar de preguntarse, ¿Cuál era la misión que el Señor Tenebroso le había dado a Draco?
Las semanas transcurrieron con bastante normalidad en Hogwarts. Sin embargo, muchas actividades fueron suspendidas o limitadas por «precaución», entre ellas, los entrenamientos de Quidditch, que debieron reducir sus horas.
Para Pansy fue una daga en el corazón, ya que una de sus «asignaturas» favoritas era ir a ver los entrenamientos del equipo de Quidditch. O, más bien, a los jugadores de Quidditch.
—¡Estoy harta! Este colegio se va cayendo a ruinas —gritaba Parkinson—. Primero, me quitan puntos por hacer un par de ajustes al uniforme. Luego, glorifican cada acción del cara rajada, el pobretón y la rata de biblioteca. Después, tenemos que aguantar que nos cancelen los únicos pequeños momentos de felicidad que se pueden vivir en este lugar. Ni hablar que nuestros compañeros de casa no ayudan demasiado. Desde el anuncio del retorno de «Quién-Tú-Sabes», Malfoy no me da ni la hora. No veo el momento de que el Señor Tenebroso apareció y termine con todos los sangres sucias. Es la única solución a mis problemas.
—Pansy, no puedes hablar enserio. ¿No crees que estás siendo ... un tanto exagerada?
-¿¡Qué!? ¿No me digas que ahora te agradan los sangre sucia?
La Slytherin, un tanto pensativa en la respuesta que iba dar, contestó:
—No es eso, pero tampoco me agrada ni apoyo la idea de matarlos.
El cruce de miradas entre las amigas terminó por concluir la conversación.
Entre los cambios que se han dado, uno de ellos fue el ingreso de Horace Slughorn como profesor de Pociones. La gran mayoría del alumnado estaba conforme con el cambio, exceptuando los Slytherin, que perdían a su gran aliado, Severus Snape.
Para dar la lección, el profesor armó parejas para trabajar en una nueva poción.
—Bueno, mientras los nombro póngase en equipo: Longbottom y Finnigan; Parkinson y Brown; Potter y Weasley; Patil y Zabini; Greengrass y Malfoy… —Daphne giró para captar la atención del rubio platinado, pero este tenía la mirada fija sobre su escritorio. Así que fue ella quien se acercó hasta él—… Thomas y Bulstrode; Goyle y Crabbe; y, por último, Granger y Nott —terminó de concluir el profesor. Ante los últimos nombres, Draco subió su mirada para seguir los movimientos de estos dos. Acción que no pasó desapercibida para su compañera.
Durante toda la lección, el Slytherin no apartó la vista de la Gryffindor y de su compañero. Daphne un poco agobiada por tener que hacer todo sola, se dirigió hacia Malfoy.
—¡Oye! ¡Nuestro trabajo está aquí! —Le dijo, señalando su poción.
A lo que Draco le contestó:
—Pues así será para ti, pero no para mí —sin apartar la mirada de su objetivo.
La chica quedó totalmente descolocada, ¿Qué quería decir con eso? ¿Cómo es que «su» trabajo se encontró allí y no aquí? Decidió terminar sola como pudo la pócima junto con mil preguntas rondando en su cabeza.
Al llegar la noche, la rubia se dirigió a su cuarto y fue directamente a la cama con la falsa ilusión de que podría acallar sus pensamientos. Pero había uno que resonaba más que los demás. Aún no lo tenía muy claro, pero estaba seguro de que era algo relacionado a Malfoy, la misión del Señor Tenebroso y Granger. Además, su preocupación aumentaba, ya que durante la cena no vio a ninguno de los dos estudiantes.
Con el pasar de las horas, sentir que su cabeza iba a explotar. Decidió que lo mejor sería ir a la enfermería para que la señora Pomfrey le diera una pócima del sueño. Se colocó su bata, verde esmeralda, sobre su pijama y salió de las mazmorras en dirección a la enfermería.
Al llegar, que la señora Pomfrey mantenía una conversación con un muchacho, más precisamente, Ronald Weasley. El chico se notaba un tanto exasperado a la hora de hablar, pero también con una gran carga de preocupación.
- ¡Por Merlín, señor Weasley! Si no se calma le juró que me obliga a usar un Petrificus Totalus con usted— Le dijo la sanadora con una voz un tanto amenazante. - Y por última vez le repito, la señorita Hermione Granger no se encuentra aquí.
Eso terminó de capturar la atención de Daphne, lo que la puso aún peor de lo que estaba. De repente lo único que oía era un pitido retumbando en su cabeza y una voces un tanto lejanas. Las pulsaciones de su corazón aceleraron y sus piernas perdieron la totalidad de su fuerza. Se hubiera ido directo al piso, si no hubiera sido por unos brazos que la recogieron antes de impactar.
Cuando logró abrir los ojos nuevamente, se encontró con dos figuras alrededor de ella.
—¡Ay, señorita Greengrass, que alivio que se encuentre bien! Nos dió un gran susto, si no hubo sido por el señor Weasley se habría dado un fuerte golpe en la cabeza —le dijo la sanadora.
Daphne, que de a poco logró recomponerse, miró hacia su otro costado y se encontró con el pelirrojo.
—Gracias —atinó a decir.
—De nada, me alegro que estés bien —le contestó. Y dirigiéndose nuevamente a la señora Pomfrey, le pidió que ante alguna novedad sobre Hermione, le mantuviera informada.
Antes de que se fuera, Daphne logró retenerlo.
—¡Por favor, espera! —Y con las pocas fuerzas que tenía, se levantó y se encaminó hacia su dirección.
—¡Señorita Greengrass, no es recomendable que se vaya tan rápido! - le gritó Pomfrey, mientras veía como los dos estudiantes se alejaban por la puerta de ingreso.
Ron y Daphne caminaron un par de pasillos en total silencio. Hasta que él se animó a preguntar.
—No es que me moleste tu presencia ni nada, pero… ¿por qué me quieres acompañar?
La Slytherin, que apenas se recuperaba del desmayo y aún trataba de ordenar toda la información en su cabeza, lo tomó del brazo para frenarlo.
—Mira… no estoy totalmente segura de lo que te voy a decir, pero creo que Granger está en peligro.
Ron, que hasta el momento había tratado de mantenerse calmo, fijó su mirada en ella.
—¿Qué es lo que sabes, Greengrass? - le dijo con voz hostil.
La rubia sabía que no había marcha atrás, y antes de que ocurriese una tragedia, prefería contarle todo.
—Primero que todo, te vuelvo a repetir que no estoy totalmente seguro de lo que te voy a contar, pero tengo algunos fundamentos para decirte mis sospechas… Bueno, como sabrás El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado ha regresado y, junto a él, muchos de sus seguidores. Antes de volver a Hogwarts, mi padre recibió una propuesta por parte de uno de ellos para unirse a sus filas, que por supuesto la rechazó. En esa conversación, se nombró a un alumno y una misión dada por el mismisimo Ya-Sabes-Quién. Y dadas circunstancias, tengo un fuerte presentimiento de que la misión es matar a tu amiga.
El Gryffindor mantenía sus puños apretados, aparentemente tratando de aguantar la gran furia e impotencia que tenía. Con dificultad, preguntó:
—¿Por qué crees que es a Hermione a quien buscan matar?
La muchacha notó la preocupación en los ojos del pelirrojo y eso le generó un nudo en la garganta.
—Sabrás que dentro de la sociedad mágica —empezó con delicadeza— hay algunos que mantienen un desprecio muy grande por la sangre impura… perdón, hijos de muggle —se corrigió rápidamente, al notar la mirada de Ron—. Y dentro de mi entorno, hay muchos que mantienen ese pensamiento: de que ellos no son merecedores de sus poderes. Pero aún peor, hay unos cuantos que hasta piensan que ellos no merecen existir. También sabrás que Potter es uno de los objetivos del Innombrable y con él, aquellos que lo rodean. Es decir, tú y Granger, y ella al ser hija de muggles, carga con mayor peso. Por esa razón, cuando te escuché hablar con Pomfrey sobre su desaparición, lo supe. Ella está en peligro.
—Pero hay algo que no me dices ¿Quién es el encargado de cumplir la misión?
Fue con esa pregunta con la que Daphne terminó de paralizarse. Ella no podía delatar a Malfoy, lo conocía desde pequeña y aunque era un ególatra, agrandado y mimado, también era su amigo. Rogaba en su interior para que sus sospechas fueron erradas, pero a su vez temía que, si no decía nada, la Gryffindor muriera.
—Aún no lo sé, creo que es alguien de Slytherin, pero no estoy seguro… —le contestó con un gran peso, sabiendo que si algo llegaba a suceder, sería culpa suya—. Creo que lo más urgente es tratar de encontrarla a ella.
—Sí, tienes razón. Bueno, Hermione había estado conmigo en que antes de irnos a dormir, me iba a prestar sus resúmenes para los exámenes de Encantamientos. La esperé en la sala común y jamás apareció. Hablé con Paravati y me dijo que en la habitación de chicas tampoco estaba. Entonces, recordé que ella no había cenado con nosotros en la noche, así que fui a las cocinas del Gran Comedor, pero tampoco estaba allí. Como me empecé a preocupar, me dirigí a la enfermería y allí fue cuando me topé contigo.
—¿Y la Biblioteca? Ella se la pasa allí.
—Justamente es ahí a donde me dirigía.
—¡Bien, no esperemos más! —La chica lo tomó de la manga de su pijama y con paso firme lo dirigió a su destino.
La Biblioteca estaba totalmente oscura y daba la impresión que ningún ser vivo o muerto se encontrara allí. Aún así, Ron y Daphne prefirieron cerciorarse. Para su sorpresa, la señora Prince no había cerrado sus puertas, así que no hubo necesidad de utilizar ningún hechizo para abrirla.
Al entrar, sólo la luz de la luna que asomaba por la ventana iluminaba el salón de estudio.
No se ve nada fuera de lugar un tanto preocupada y asustada.
Al no poder vislumbrar bien, Ron optó por generar un Lumos con su varita.
—Hermione, ¿estás aquí? —Gritó el pelirrojo. En ese instante, al fondo del pasillo, se escuchó una enorme pila de libros caer de un estante. Ante el estruendo, Daphne apretó fuertemente la mano de Ron. Temían lo peor.
Al pasar unos segundos, se escucha:
—¡SÍÍÍÍ, estoy bien, ahí voy!
Ambos, reconocieron la voz y fueron corriendo en su dirección. Al llegar se encontró con Hermione, un tanto desaliñada y despeinada.
—¡Oh, por Merlín! Qué suerte que estás bien con Weasley mientras la abrazaba. Daphne emocionada de que sus sospechas hayan sido erradas, sent unos pasos por los pasillos de las estanterías vecinas.
—¿Hay alguien contigo? —Le preguntó en seco a la Gryffindor.
Granger, que apenas había notado la presencia de Greengrass a causa del asfixiante abrazo de su amigo, se apresuró a respondedor.
—¡NO !, no hay nadie.
Tras acomodar los libros tirados, Ron le contó la travesía que había pasado hasta hallarla y como Daphne lo había ayudado. Hermione, por su parte, explica que se quedó dormida estudiando y cuando los oyó, sin querer movió la estantería dejando caer los libros.
Al terminar, se despidieron y Granger se acercó a la Slytherin para agradecerle su preocupación. Pero, en ese momento, ante la luminosidad de los candelabros de los pasillos, la rubia pudo notar algo. ¿Llevaba puesta una corbata de color verde y plata? ¿Cómo? No podía ser. Estaba perpleja y sus sospechas cambiaron totalmente de parecer. Pero como ese día sus sospechas le hicieron pasar una mala jugada, decidió restarle importancia.
Los Gryffindor insistieron en acompañar a la Slytherin hasta las mazmorras. Y allí se despidieron.
—Gracias por salvarme, Ronald.
—Gracias por ayudarme, Daphne.
Y se dieron las manos, en manera de saludo y respeto.
Al alejarse, Hermione no pudo evitar hacer referencia a la compañía de su amigo.
—Con que Ronald, ¿eh? —Le dijo de manera burlona.
—Ay, ya cállate, ¡aún me debes los resúmenes de Encantamientos!
—Mejor Ronald que Ro-Ro - Se rió la Gryffindor.
A la mañana siguiente, Daphne se levantó agotada, pero aún necesita confirmar algo. Como habitualmente lo hacían, antes de ir al Gran Comedor, los muchachos estaban frente a la chimenea.
Fue allí donde se encontró con un Draco Malfoy, sin corbata. Y, finalmente, todas sus sospechas cobraron un sentido.
