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Kakashi nunca había dado su primer beso.
Era alguien que alguna vez pensó que esa clase de muestra de afecto era un poco asquerosa y no le encontraba realmente el sentido de hacerlo. Veía a las parejas a su alrededor con fastidio e irritación cuando se besaban y su padre se reía de él cuando estas mismas parejas comentaban que él algún día sentiría ansias por besar a alguien.
En ese entonces se había cruzado de brazos y había negado, casi jurado, que eso a él no le iba a suceder.
Nunca.
Kakashi no se veía a sí mismo enamorado y, mucho menos, anhelando besar a alguien en específico porque, vamos, ¿qué había de atractivo querer intercambiar fluidos corporales con otra persona?
Sin embargo, ahora la situación era… un poco diferente.
Y es que, desde hacía tiempo, él había caído muy bajo, demasiado, si era honesto consigo mismo. Había caído redondito en el amor y parecía un maldito imbécil todo el tiempo.
Se sonrojaba, temblaba levemente, su corazón y su respiración se aceleraba abruptamente, ¡incluso había llegado a tartamudear algunas veces! Lo cual, era, según su padre, adorable; pero para él, catastrófico.
Ya que la persona que le provocaba todo eso, no era nadie más ni nadie menos que Obito Uchiha, su compañero de equipo y la persona más irritante, infantil e idiota que él había conocido nunca.
También el niño más lindo, dulce, tierno y encantador.
Era muy ambiguo, si le preguntaban.
El pelinegro era simplemente ambos extremos y aquello podría haber sido el por qué él había terminado enamorándose tan estúpidamente.
Ahora, el problema radicaba en que sí, como esas personas molestas algún día le comentaron, Kakashi tenía ansias de besar a Obito.
No había forma de darle vueltas al asunto. Él simplemente quería hacerlo.
Después de todo, los labios de su compañero se veían apetecibles. Lucían suaves, eran un poco carnosos y tenían un color rojizo muy bonito. El peli plata se preguntaba cómo se sentiría besarlo, cómo se sentiría besar en general.
Porque él no lo sabía.
—Obito, ven aquí un segundo —el niño pelinegro lo observa desde la banca en la que se encontraba en el parque, hablando con Rin y Asuma, y ladea la cabeza con confusión ante su llamado—. Ven —insiste Kakashi, sonrojado por la tierna acción del contrario y ahora haciendo una señal con su mano para que se acercara.
El pelinegro hace lo que le pide, sonriéndole ampliamente y respondiéndole algo a Gai que estaba a su lado, que el Hatake no había escuchado y que tampoco le importaba realmente.
Él ahora sólo quería saciar su deseo de besarlo.
Y no le importaba que estuvieran en público; es más, era su menor preocupación.
—¿Qué pasa, Kakashi? —el menor está de pie frente a él, con sus enormes ojos negros observándolo con total atención y el nombrado siente que se va a morir.
¿Qué tal si Obito se enojaba con él? Era muy sensible, eso él lo sabía, y cualquier cosa podía ponerlo a llorar. Incluso se sugestionaba a sí mismo siempre y lo más seguro es que crea que le está haciendo una broma.
Pero no, Obito podía ser un idiota, pero no era estúpido. Ambos alguna vez habían hablado de que estaban comenzado a experimentar sentimientos por el otro y, si Kakashi de repente le besaba, era imposible que este se enojara. Lo peor que podría pasar es que no lo observara al rostro durante todo el día por la vergüenza, pero él sabía que, lo más seguro, era que le correspondería igualmente.
O que se quedara congelado porque ni él mismo se esperaba lo que estaba a punto de hacer.
Además, no era como que fuese un secreto que ambos se gustaban de alguna u otra manera. Ya hasta Rin los había molestado hacía unos días al respecto. Alegando que se estaban tardando un poco en simplemente dar el paso y confesarse (a pesar de que técnicamente ya lo hubieran hecho).
Pero es que ambos eran unos imbéciles. Bueno, más bien Kakashi, que tenía bastante orgullo. El caso de Obito era más bien que él era un completo despistado y lo más seguro le daba vergüenza decirlo primero.
Suspira.
—Acércate más —Obito lo hace. Nota como él también se sonroja cuando están a sólo unos centímetros de distancia y el mayor sólo puede rogar para que nadie a su alrededor escuche sus latidos cardíacos y se aclara la garganta—. Un poco más.
El Uchiha duda por unos segundos en hacerlo, un poco extrañado porque sentía que tampoco podía acercarse mucho más sin terminar, literalmente, pegado al de ojos grises. Aún así, lo hace. Tímidamente apoyándose en el contrario, quién lo había tomado del mentón y le había acomodado el rostro para tener un mejor ángulo visual.
Obito, ansioso por lo que estaba sucediendo, sigue con sus ojos la otra mano de Kakashi, que se acerca a su propio rostro y toma la punta de su máscara para comenzar a bajarla lentamente.
El corazón del menor da un vuelco y le es inevitable el revoloteo en la boca de su estómago que le hace retener la respiración. Kakashi ahora tiene el rostro descubierto y lo está acercando al suyo lentamente.
Lo iba a besar.
Así de repente.
Nervioso, casi en pánico, cierra sus ojos y sólo espera por el contacto.
Kakashi se queda unos segundos observándolo. Notando como estaba tan dispuesto para recibir sus labios y cree que, una vez lo bese, se va a hacer realidad aquello que él alguna vez se juró no iba a sentir nunca.
Sabía que apenas sus labios se rozaran, sería imposible para él apartarse.
Y tenía razón.
Sus labios se tocan suavemente. Los de Obito se sienten tan cálidos y suaves como él se los había imaginado y puede sentir como sus respiraciones se mezclaban en un suspiro que les fue imposible retener. La sensación que les atraviesa enteros los hace estremecer y, debido a ello, terminan acercándose mucho más, acortando toda distancia posible.
Su beso ni siquiera es tan morboso como esos que Kakashi había visto en el parque de los enamorados, la última vez que estuvo cerca de allí. No, es más inocente y, a la vez, más sincero. Sus labios sólo se presionan entre ellos, entrelazados y se siente bien. Muy bien.
Ninguno quiere separarse.
Kakashi arrastra su mano del mentón de Obito a su mejilla y la acaricia un poco. El menor sonríe entre el beso y aquello es lo que ocasiona que se separen.
Están respirando agitadamente por el revoloteo de su corazón y ambos se notan totalmente rojos.
Se miran a los ojos y… mejor decir algo antes de que las cosas se pongan incómodas.
—Quería ser tu primer beso —Kakashi se alza de hombros, volviendo a ocultarse el rostro con su máscara y observando a su lado en un intento en vano por no demostrar lo avergonzado que estaba. Gai y Kurenai lo observan con sus bocas abiertas, justo a su lado, impresionados, y Kakashi supo entonces que quizás sí debió considerar el lugar en el que estaba porque ahora se estaba muriendo de la pena.
Es Obito quien ríe.
—Técnicamente lo fuiste —el pelinegro se aclara la garganta, también rojo por la situación embarazosa. Kakashi frunce el entrecejo.
—¿Técnicamente? —el peli plata siente una pequeña punzada de decepción en su pecho y sus ojos se desvían a Rin, quien reía.
—Yo fui su primer beso, hace unos dos días. Fue un accidente —Kakashi observa enojado a su compañera y toma a Obito de la mano para evitar que este se fuera, como al parecer parecía querer hacer ya que no lucía que sería capaz de observarlo a los ojos. También para demostrar que ellos dos, ahora, sin duda eran algo. Nohara sonríe divertida—. Te lo repito, fue un accidente. Lo iba a saludar con un beso en la mejilla desde atrás, pero me escuchó, volteó y– no me mires así. Le gustas a él y ya.
Quizás Kakashi no fue el primer beso de Obito, pero este sí había sido el suyo.
Atesoraría ese momento y jamás se lo diría a su padre porque no soportaría un «te lo dije y te lo dijeron» de su parte. Por ahora, estaba bien con que sus amigos supieran que él había sido quien inició el beso y no necesitaba que nadie más se enterara.
Y sí, se refería a su padre.
Especialmente a su padre.
