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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 4 of SunaOsa Fluff Week 2021
Collections:
SunaOsa Fluff Week 2021
Stats:
Published:
2021-06-15
Words:
1,264
Chapters:
1/1
Kudos:
22
Bookmarks:
1
Hits:
194

Bajo las estrellas y la algarabía externa.

Summary:

Día 4: Roommates/ Neighbors
"Sounds gay. I'm in."

Suna lleva meses coqueteando con su lindo vecino y, cuando este lo invita a una fiesta en su departamento, las cosas entre ellos por fin dan frutos.

Work Text:

Rin salió al balcón para poder fumar y desestresarse. Había sido una semana realmente larga con la universidad y estaba agotado física y mentalmente.

Lo recibió una noche estrellada y un mar de concreto bajo él, hasta la ciudad podía ser estresante a veces. Encendió un cigarrillo y dio una calada, expulsando el aire y suspirando después.

Una tos lo sacó de su ensimismamiento. En el balcón de al lado unas sábanas colgaban del tendedero y se mecían con el viento—. Oh, cielos, lo siento. No sabía que estabas aquí—. Se excusó rápidamente.
El autor de la tos se levantó del suelo cargando con una canasta repleta de ropa—. No es nada—. Tosió de nuevo—. Bueno, quizás sí. Estuve limpiando hoy y el polvo me dejó la nariz sensible.
Rin tiró el cigarrillo y lo pisó—. Lo siento, Samu. Es que estaba estresado y pues…
— Sí, sí, lo entiendo—. Dejó la canasta en una mesa y tomó otra pieza húmeda y la colgó.
Rin se le quedó mirando—. ¿Y por qué estás tendiendo ropa a esta hora?
— Porque hay viento a esta hora.
— Pero no hay sol.
— Pero puede secarse durante toda la noche sin miedo a que el sol la arruine.
— Hay pronóstico de lluvia para esta noche…

Osamu suspiró cansado, lo miró con esos ojos de "eres imposible" y luego sonrió. Tomó otra pieza de ropa. Rin se recostó sobre la pared del balcón. Había nubarrones comenzando a cubrir las estrellas, definitivamente llovería.
— ¿Quieres contarme cómo estuvo tu día?
Rin sonrió, hablar con Osamu de sus problemas era relajante—. Fue una mierda, saqué una mala calificación.
— Eso es porque te quedas hasta tarde jugando videojuegos y no estudias bien.
Rin saltó como si algo le hubiera pinchado la espalda, alarmado—. Yo no me quedo hasta tarde…
— Ni siquiera intentes negarlo. La luz de tu habitación se cuela en mi cocina.
— No tienes derecho a hablar entonces.
Osamu se llevó las manos a la cadera—. Soy ayudante de cocina, claramente cocino el desayuno de todos en el trabajo.

De hecho, tenía razón. Los platillos de Osamu sabían deliciosos, Rin se robaba todos los panecillos y las galletas que encontraba sueltas en su cocina cuando iba a su apartamento; incluso el olor a repostería se colaba por el sistema de ventilación y su departamento quedaba bendecido con olor a dulces. Eran esos los días en los que hacía sus deberes alegremente.

Rin bostezó. Osamu lo miró por en medio de las sábanas. Rin agitó su mano en despedida y procedió a entrar para bañarse y echarse a dormir. Osamu carraspeó, Rin se giró hacia él.
— Esto— Osamu se llevó una mano a la nuca, visiblemente nervioso— el viernes por la noche mi hermano dará una fiesta. Ya conoces a Atsumu ¿no? Pues quiere hacer un brindis por un par de motivos y en su departamento no permiten ruido hasta ciertas horas de la noche y…
— La va a organizar aquí— terminó él—. No te preocupes, no me molesta el ruido. Pueden tardar lo que quieran.
Osamu parpadeó en su dirección—. No, no es eso… quería saber si querías venir.
Rin enarcó una ceja y luego sonrió, coqueto. Osamu se sonrojó—. Oh. ¿Me estás invitando a tu fiesta? Que lindo.
— Pero debo advertirte: mi hermano y sus amigos son muy bulliciosos y excéntricos. Probablemente hagan cosas… algo raras.
— Suena gay. Estoy dentro.
Osamu soltó una carcajada—. Bien, el viernes entonces.

Se despidieron y Rin entró a su departamento. En cuanto estuvo lo suficientemente lejos para que Osamu lo viera, se agachó con la cara ardiendo y se la cubrió con las manos. Casi se le escapa un chillido emocionado. Él y Osamu habían estado en un coqueteo constante desde que Rin se había mudado al departamento contiguo, pero nunca habían llegado a nada. Él terminó por aceptar ser amigos y buenos vecinos.

Pero ahora lo había invitado a una fiesta. ¡Dios! Tenía que conseguir qué ponerse.

 

Osamu tenía razón. Esa gente era muy escandalosa. Rin estaba recostado en la esquina de una pared, lejos de todo el espectáculo que se estaba montando; lo peor es que nadie estaba borracho todavía. Osamu le tendió una bebida y Rin la tomó con una sonrisa de disculpa—. Te advertí que estaban todos locos.
— No dijiste precisamente eso.
Osamu se encogió de hombros y se recostó con él en la pared; ambos mirando como Bokuto, uno de los amigos del gemelo de Osamu, se bebía toda una botella de un solo trago mientras los demás lo alentaban.
— Eso va a terminar mal—. Vaticinó Osamu.
— Ya veo a la policía llevándonos a todos a la estación—. Agregó él. Compartieron miradas y se echaron a reír al mismo tiempo.
Osamu llevó la mano a su nuca de nuevo. Rin comenzó a entender que lo hacía cuando estaba apunto de decir algo que le avergonzaba—. Oye, Rin, ¿no quieres ir… a un lugar un poco más privado?

¡Jesucristo! ¡Estaba pasando!

Rin asintió mecánicamente y Osamu lo tomó del codo y lo arrastró fuera de la algarabía, pasando por un mar de cuerpos hasta llegar al balcón. Allí se encontraron con una pareja besuqueandose que, al ser sorprendidos, dieron un brinco y salieron casi corriendo hacia el interior del lugar. Osamu y él solo se miraron y sonrieron negando con la cabeza.

Una vez allí, Osamu lo soltó y ambos se recostaron sobre la parecilla con vista a la ciudad. Se hizo el silencio entre ellos. Rin decidió esperar, pero fue demasiado largo y se estaba ahogando. Decidió aligerar el ambiente (que nunca antes había sido pesado entre ellos) con una broma, pero Osamu comenzó antes.
— La razón por la que te invite aquí— inició, con la vista pegada al frente, sin siquiera voltear hacia Rin—, es porque quería decirte algo. Es algo que no quería decir con una pared de por medio.
Rin dejó de respirar. Dios, ya se estaba poniendo nervioso—. Pues, ya estoy aquí— se giró para mirarlo—. Puedes decirlo.
Osamu estaba completamente rojo, pasaba su peso de un pie al otro—. Yo… bueno… agh, demonios ¿esto siempre ha sido tan difícil?— gruñó, frustrado.
Rin decidió que ya habían sido suficientemente vergonzosos por esa noche, tomaría responsabilidad—. ¿Quieres invitarme a salir, Samu?
El chico se giró con alarma en los ojos, agachó la cabeza y luego la levantó; más decidido—. Sí, exactamente eso. Me gustas y me gustaría que aceptaras salir conmigo.
¿Por qué estaba siendo tan formal? Era gracioso. Le sonrió—. Osamu, será un placer aceptar esa cita. Tú también me gustas—. Dijo y notó que sus propias manos, pegadas a sus costados, temblaban ligeramente.
Osamu lo tomó de los hombros—. ¿Puedo besarte, Rin?
Ahora fue el turno de él de sonrojarse en extremo. ¿Cómo era que eso no le daba vergüenza pero pedir una cita sí? Pero el ambiente era perfecto, así que...— Sí, Samu, puedes.

Osamu se acercó lentamente y Rin cerró los ojos. Juntó sus labios en un beso corto. Ambos se miraron, nerviosos pero felices. Osamu lo volvió a besar, y otra y otra vez. Y así hubieran seguido si el gemelo de Osamu no hubiera salido al balcón tambaleándose de borracho y los hubiera visto. Osamu casi lo saca a empujones del balcón, el chico entró pero no antes de mirarlos una vez más y levantar el pulgar en aprobación. Osamu se pellizcó el puente de la nariz, exhausto.

— Lo siento, es un idiota.

Rin le apartó las manos del rostro y le dio un beso rápido. Le tomó la mano y entrelazó los dedos—. Vamos, regresemos, no podemos dejar que alguien salga herido.

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