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Las copas de champán pasaban de mano en mano. Las mujeres en sus elegantes de vestidos de gala se reían al lado de los caballeros en trajes de alta costura que fingían ser cada uno más rico que el anterior. Cada tanto se detenían para observar las piezas que con tanto cuidado se habían colocado en cada una de las vitrinas del lugar y comentaban sobre el posible precio de estas como si en realidad estuvieran a la venta.
El museo Huan Hua abría sus puertas al mundo por primera vez con una extravagante exposición privada, en la que se presentaban al público las más famosas y costosas piedras preciosas. Diamantes, rubíes, zafiros y esmeraldas, en diversos tamaños y cortes, nunca se habían visto reunidas tal cantidad de gemas en un solo lugar.
La seguridad contratada para tal evento fue más de la usual, guardias fácilmente identificables por sus uniformes en cada entrada y salida, cámaras esparcidas por todo el museo y una alarma con un contacto directo a seguridad nacional. Al mando de todo se encontraba el oficial Shen Qingqiu y su equipo, quiénes habían sido llamados por una razón en particular.
Los robos eran raros durante este tipo de eventos, pero recientemente habían habido noticias de famosos ladrones que de alguna manera se las arreglaron para tomar importantes joyas y piedras preciosas para luego huir del lugar sin dejar rastros tras de sí. El trabajo de Shen Qingqiu esa noche, era asegurarse de que el valioso diamante Su Xiyan, se mantuviera dentro de la sala privada que se había apartado para exhibir aquella joya en particular.
Con un peso de 5.11 quilates, un corte brillante triangular y de un color rojo granate, el diamante Su Xiyan era la verdadera atracción de la noche. Estaba valuado en veinte millones de dólares, lo equivalente a más de ciento veinte millones de yuan. Había pertenecido al emperador TianLang Jun, quien durante su reinado lo había mandado a confeccionar como regalo para su entonces prometida Su Xiyan, en honor a quien se había nombrado el diamante. Sin embargo, días antes de la boda, la joven fue encontrada muerta en su alcoba; una copa con veneno en mano y la tiara en que se había colocado el diamante aún sobre su cabeza.
Algunos historiadores decían que se había suicidado en un intento por escapar de un matrimonio no deseado, otros aseguraban que había sido uno de los cortesanos quien la había envenenado en un arranque de celos. Lo cierto era que nunca se supo la verdad tras su muerte y el diamante regresó eventualmente al emperador, quien dolido por lo ocurrido hizo que retiraran la gema de aquella tiara de oro y luego que enterraran el diamante en los alrededores de su palacio; donde cientos de años más tarde sería encontrado para finalmente ser exhibido aquella noche como la pieza central.
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La noche pasaba sin problemas y la exhibición llegaba a su fin, cuando entonces una mujer llamó la atención de Shen Qingqiu, la dama portaba una expresión angustiada y se acercaba tan rápido como sus altos tacones de aguja y el ajustado vestido largo se lo permitían. Una vez al lado de Shen Qingqiu, se inclinó con gracia y susurró algo a su oído que le hizo ponerse en alerta al instante. La joven señorita señaló una dirección en la distancia y Shen Qingqiu corrió de inmediato hacía dicho lugar, la dama del vestido color bronce siguiéndolo de cerca. Y pasados unos minutos otro oficial se acercó para investigar.
La escena parecía sospechosa, sin embargo, poco después un mensaje se emitió por los intercomunicadores que llevaban los agentes en el oído. —Falsa alarma, la dama solo estaba confundida, permanezcan en sus puestos.
Respuestas afirmativas llegaron al auricular de Shen Qingqiu y una vez arreglado ese asunto, los agentes continuaron atentos a la velada.
Otras dos horas sin problemas habían pasado, cuando el intercomunicador de Shen Qingqiu sonó.
—Señor, las cámaras captaron algo en ala del diamante Xiyan, estamos enviando hombres ahora mismo para comprobar.
Shen Qingqiu maldijo para sus adentros y comenzó a caminar con prisa hacia el lugar, empujando a algunos de los invitados en el proceso y causando que todos le vieran mal, pero no podía importarle menos en aquel momento. Se acercaba ya por el pasillo cuando se topó de frente a un grupo de hombres en uniformes similares al suyo y estos al verlo de inmediato dejaron de correr.
— ¿Qué es lo que pasó? —exigió molesto.
—Lo sentimos señor, era una chica, llenó la ventilación de la habitación con óxido nitroso y espero a que hiciera efecto en los guardias antes de entrar. Para cuando llegamos los guardias ya estaban totalmente sedados y el diamante había desaparecido.
— ¿Y la chica?
—Escapó, los agentes en los puestos de cámara ya trabajan para encontrarla, pero parece que logró hackear nuestra seguridad y obtener el control de las grabaciones.
— ¿Llamaron a seguridad nacional?
—Aún no señor —respondió incómodo uno de los hombres.
—Bien, la chica debe seguir por aquí, no queremos un alboroto así que lo mantendremos entre nosotros por ahora. ¿Entendido?
Todos asintieron aliviados, pensando que el regaño había terminado, pero Shen Qingqiu no era conocido por su amabilidad.
—Aclarado eso, ¡¿quién fue el idiota que permitió que una chica se infiltrara de tal manera en nuestros sistemas?!
—Fui yo señor —respondió otro hombre en voz baja, de cuyo rostro solo se apreciaba una frondosa barba— yo estaba a cargo de la seguridad en el puesto de control de cámaras cuando ocurrió —dio un paso al frente y continuó con la mirada gacha— me distraje de mi puesto por un momento para ir por café y lo arruine todo.
—Tú nombre, ¿cuál es?
—Wu Wang, señor.
Shen Qingqiu lucía increíblemente enfadado y parecía que comenzaría a repartir golpes en cualquier momento, sin embargo, se contuvo y exhaló con fuerza antes de volver a hablar.
—Ustedes —gritó— sigan buscando y será mejor que la encuentren.
Luego, con voz helada, miró a Wu Wang y habló de nuevo. —En cuanto a ti, me encargaré personalmente de que recibas lo que mereces.
Los otros hombres lo miraron con lástima, aunque no la suficiente para interceder en su nombre, al notarlos mirando, Shen Qingqiu volvió a gritarles molesto. — ¡¿Siguen aquí parados?! ¡Vayan a buscar el diamante!
— ¡Sí, señor! —gritaron antes de salir corriendo por el pasillo.
—Sígueme —le dijo Shen Qingqiu a Wu Wang.
Y luego ambos comenzaron a caminar en dirección contraria a la que se habían ido los otros agentes. Caminaron y caminaron por el largo pasillo hasta llegar a la puerta trasera del museo. Una vez allí, Shen Qingqiu comprobó que no hubiera nadie más antes de darse la vuelta y empujar a Wu Wang contra la pared para comenzar a besarlo con fuerza.
Éste le correspondió con gusto y entre besos y respiraciones cortadas escuchó al otro preguntar.
— ¿Lo tenemos?
—Lo tenemos —respondió de igual manera.
Shen Qingqiu le dio un último beso antes de apartarse y sonreír. —Luo Binghe, eres un gran actor, por un segundo realmente creí que hablaba con el verdadero Wu Wang, claro que eso no es posible desde que está en la cárcel.
Wu Wang, o mejor dicho Luo Binghe, se deshizo de la barba falsa arrancándola de golpe y la tiró al suelo junto con una identificación falsa. —Podría decir lo mismo de ti. ¿Qué fue de Shen Qingqiu?
—Estoy aquí, ¿no me ves?
Mientras hablaban, Luo Binghe tomó dos bolsas que estaban escondidas tras un archivero viejo que había allí y lanzó una de ellas a su compañero. De las bolsas sacaron un cambio de ropa nueva y quitándose los uniformes de guardia de seguridad, comenzaron a vestirse con aquellas otras prendas.
—Me refiero al verdadero Shen Qingqiu.
El falso Shen Qingqiu, cuyo verdadero nombre era Shen Yuan, sonrió de nuevo antes de sacar de su bolsillo la identificación falsa que les había servido para colarse en el evento y en la que se leía el nombre de Shen Qingqiu, entonces la tiró al suelo. —Sha Hualing y yo lo sometimos antes de dejarlo atado dentro del armario del conserje. Quizá lo encuentren dentro de unas horas más.
—Siento pena por él, probablemente sea despedido luego de esto.
— ¡Oye! —Se quejó Shen Yuan— era su cara o la mía en las noticias de mañana.
En un increíble golpe de buena suerte, Shen Yuan poseía un gran parecido a Shen Qingqiu y así, con solo un poco de maquillaje, Sha Hualing había logrado hacerlo ver como el gemelo perdido de Qingqiu. Shen Yuan se había asegurado aquella noche, de que todos le vieran entrar al salón del diamante Su Xiyan, por lo que cuando comenzaran las investigaciones el original Shen Qingqiu sería el principal culpable y sospechoso.
—Dije que sentía lástima por el tipo, no que fuera a hacer algo al respecto.
—Mejor que así sea, ¿dónde está Sha Hualing?
—En el auto, será mejor que nos demos prisa.
Una vez que terminaron de cambiarse, Shen Yuan se tomó unos minutos más para deshacerse del maquillaje que lo hacía ver como Shen Qingqiu y entonces, una vez hubo recuperado su rostro, ambos salieron del museo por aquellas puertas traseras hacia la calle.
••••
Un oficial de policía corría hacia el museo Huan Hua donde un gran robo se había reportado, camionetas transportando agentes de seguridad nacional también se dirigían al lugar con prisas. Y en medio de todo esto dos jóvenes caminaban por las frías calles tomados de la mano. Parecían bastante mundanos, con simples jeans y chaquetas de cuero, avanzaban sonrientes conversando sobre algo que continuamente les hacía reír.
— ¡Oigan! ¡Ustedes! —Los detuvo el oficial que hasta hace poco estaba corriendo— ¿han visto algo sospechoso esta noche?
— ¿Sospechoso? Creo que no, ¿pasó algo oficial? —respondió uno de ellos.
—Un robo acaba de ocurrir en el museo nuevo y parece que los ladrones se han escapado.
— ¡Un robo! —Exclamó el otro sorprendido— y en una ciudad tan segura como la nuestra. Es terrible lo que ocurre hoy en día —continuó— pero me temo que no sabemos nada al respecto.
— ¿De dónde vienen ustedes dos?
—Del cine, pero como verá oficial, ya íbamos camino a casa. Podemos mostrarle los boletos de la función a la que entramos si quiere.
—No hace falta, vayan con cuidado, no queremos más robos esta noche.
—Por supuesto que no, gracias oficial, buena noche.
Una vez que el oficial se hubo marchado, la pareja caminó hasta un callejón en el que un Maserati negro les esperaba estacionado. Ambos subieron y saludaron a Sha Hualing, quien aún en su vestido color bronce, les esperaba dentro del auto.
—Tardaron bastante.
—Mis disculpas, las cámaras te captaron y tuvimos que improvisar un poco.
Luo Binghe al volante permaneció en silencio y arrancó el auto para salir de aquel callejón, entonces aceleró en camino a la autopista.
— ¿Dónde está el diamante? —Continuó Shen Yuan— ¿ya has llamado al comprador?
—No soy una principiante, por supuesto que llamé al comprador.
Sha Hualing pasó el diamante a Shen Yuan, quien lo sostuvo con ambas manos y lo observó a detalle de cerca.
—Es bonito —comentó— una pena que debamos entregarlo. Díganme, ¿qué sigue ahora?
—Escuché que el rey del norte viene de visita al país —respondió Luo Binghe.
— ¿El rey Mobei?
—El mismo, y sé de buena fuente que jamás sale de casa sin la joya de la corona.
La joya de la corona del rey Mobei, consistía en un enorme zafiro de 1,404 quilates, que estaba valuado en al menos cien millones de dólares.
— ¿Insinúas que deberíamos hacerle una visita? —preguntó Sha Hualing.
—Tal vez.
—Me agrada la idea, tal vez incluso podamos conservar el premio en esta ocasión, ¿Sha Hualing?
Por toda respuesta Sha Hualing le entregó a Shen Yuan dos pequeños rectángulos de plástico, eran dos identificaciones falsas con sus nuevos nombres, listas para usarse en un nuevo robo.
