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La primera vez que ocurre, se encuentran de regreso en su pequeño hogar entre las montañas. Su Shizun está peinando su cabello, pasa el peine por sobre las largas hebras de cabello a un ritmo pausado, desenredándolo mechón a mechón.
Cálidos rayos de sol ya se cuelan por las ventanas y los bañan en su luz clara. Hay un silencio apacible instalado en la habitación, en el que ambos se relajan, disfrutando del conocimiento de aquel es uno de esos días en los que hay poco o nulo trabajo por hacer. Perdidos en sus pensamientos, se relajan en la tranquilidad del momento, disfrutando del simple hecho de existir.
Es por ello que Luo Binghe lo nota al instante, comienza como un ligero murmullo que de a poco va ganando fuerza hasta volverse entendible. En voz aún baja, pero entonada, su Shizun canta una canción para sí mismo. El ritmo es lento y aunque es apenas un susurro que carece de música que le acompañe, la voz está cargada de sentimiento.
No es ninguna canción que conozca, ni está en un idioma que comprenda, pero al dar un ligero vistazo a sus espaldas; puede ver a su Shizun mover la cabeza al ritmo de la canción como si él pudiera escucharla de una manera en que Binghe no puede.
— ¿Qué significa?
— ¿Eh? —responde su Shizun distraído y deteniendo su canto.
—La canción que Shizun estaba cantando —responde Luo Binghe, girándose para mirarlo a la cara—, no es como nada que haya escuchado antes, ¿qué significan esas palabras?
Cuando Shen Qingqiu cae en la cuenta de que estaba cantando en voz alta se ruboriza y desvía la mirada avergonzado.
—No importa, no significa nada.
Shen Qingqiu toma a Binghe por los hombros y le hace acomodarse de espaldas a él nuevamente, entonces continúa cepillando el cabello de Binghe, ahora con mayor rapidez y sin volver a cantar.
*****
La próxima vez que escucha a Shen Qingqiu cantar, es mientras Luo Binghe prepara la cena. Shen Qingqiu le mira desde la mesa, donde una taza de té caliente descansa entre sus manos y Binghe está de espaldas a él nuevamente, picando algo de cebolla para agregar al congee que termina de cocerse en el fogón.
Al igual que la vez anterior, comienza con un tarareo bajo que parece ser inconsciente. Es la misma canción de la vez pasada y cuando Binghe mira a su Shizun de reojo, nota que éste ya lo está mirando. Hay tanto cariño en sus ojos, que Binghe siente la felicidad correr como un torrente por todo su cuerpo y llenar cada recoveco de su alma.
Esta vez no comete el error de preguntar sobre el asunto y sin hacer comentario alguno, continúa con su trabajo mientras escucha la dulce voz de su Shizun llenar el lugar. Es solo hasta que la comida está lista y servida en la mesa, que Shen Qingqiu detiene su canto, más con una última mirada de cariño para Binghe, sujeta su mano entra la suya y da un ligero apretón.
Comen en un cómodo silencio, solo roto por el sonido del viento que sopla afuera y que arrastra las hojas de los árboles en una danza coordinada. Quizá algún día, piensa Binghe, pueda decirme lo que significa esa canción.
*****
Cuando Luo Binghe llega a la cumbre Qing Jing luego de su misión en el reino de los demonios, lo primero que hace es dirigirse a la casa de bambú de su Shizun. Camina a paso rápido pero evitando correr y en sus manos lleva un abanico nuevo que compró por el camino, una pieza delicada pero elegante que sabe que a su Shizun le gustará.
Al cruzar la puerta de entrada lo primero que escucha son dos voces discutiendo acaloradamente en un idioma desconocido. La primera voz es reconocida al instante como perteneciente a su Shizun y la segunda es identificada un poco después como la del señor de la cumbre An Ding, Shang Qinghua.
Cuanto más los escucha hablar más inunda un único pensamiento su mente, el idioma en que hablan, pese a que no lo entiende, suena vagamente familiar. Y es solo luego de pensarlo un momento, que cae en cuenta de que es el mismo idioma en que ha escuchado a su Shizun cantar. Guarda esta información para revisarla más tarde de nuevo y continúa avanzando.
Al entrar en el salón principal, las voces se detienen y ambos señores del pico le miran. En medio de ellos, sobre la mesa descansan sus tazas de té a medio tomar y esparcidas a su alrededor hay un montón de hojas tiradas, un frasco de tinta olvidado y en manos de Shang Qinghua un pincel.
Pasada la sorpresa inicial, la cara de su Shizun se ilumina y es con gracia que se levanta para acercarse a recibirlo. Shang Qinghua desaparece en silencio, tomando sus cosas y saliendo sin decir nada. Luo Binghe ofrece el abanico a Shen Qingqiu y este lo observa antes de darle las gracias.
—Te extrañé mucho Shizun —le dice mientras lo abraza.
—Éste maestro también te extraño.
Sus palabras acompañadas de un cálido beso que le recuerdan lo que es sentirse en casa.
*****
Días más tarde deciden dar un paseo por el pueblo, caminan entre los puestos observando las distintas baratijas que se venden y ocasionalmente comprando utensilios para su hogar. Cuando un niño se acerca para venderles nuomici, Luo Binghe compra algunos y los entrega a Shen Qingqiu
Luego los guía hasta un lugar apartado donde puedan sentarse tranquilamente a comer. Es mientras caminan tomados de la mano que Luo Binghe lo escucha otra vez, su Shizun tararea de nueva cuenta aquella canción que tanto parece gustarle y continúa haciéndolo una vez que se sientan y entre bocados de comida. Luo Binghe lo mira descaradamente en esta ocasión y escucha atento a las palabras que no puede comprender.
Está tan concentrado en la tarea de memorizar la letra, que se sobresalta un poco cuando siente una mano acariciar su rostro. Unos dedos gentiles se mueven por la comisura de su boca, en un intento por quitar una pequeña mancha de comida que había allí. Luo Binghe toma aquella mano entre la suya y planta un suave beso sobre aquellos delgados dedos.
*****
Interrogar a Shang Qinghua sobre la letra de la canción es algo fácil, basta con asegurarle que no tiene la opción de negarse a ayudar. Le repite la letra como la recuerda, en una pronunciación terrible pero lo más próxima que se puede dado su desconocimiento de dicho idioma.
Shang Qinghua luce como si quisiera reírse al oírlo, pero una mirada de Luo Binghe basta para hacerle reconsiderar hacerlo. Shang Qinghua le dice que es una canción vieja pero bastante popular, le asegura que no la conoce del todo y no es tan bueno en el idioma como su Shizun, sin embargo, hace su mejor intento y luego de unas cuantas horas entrega a Luo Binghe una hoja en la que está escrita con tinta una traducción aproximada de la canción.
No mucho después, una mañana muy de madrugada y cuando aún está en la cama, es despertado por el toque de unos dedos acariciando su rostro con gentileza. Luo Binghe mantiene los ojos cerrados y finge seguir durmiendo, disfrutando del toque ajeno.
Puede sentir aquella mano acariciar sus mejillas y a los dedos suaves dibujar el contorno de su labios, subiendo y trazando los contornos de su rostro, sus párpados y sus cejas, incluso puede sentir un suave beso sobre su nariz. Y cuando Binghe piensa que su corazón va a estallar, su Shizun comienza a cantar.
En voz baja como siempre lo hace y aquella canción que parece reservar solo para Binghe. Palabras cálidas y llenas de un tierno afecto, esta vez, Binghe es capaz de entenderlas con precisión.
“Como un río que fluye, seguro hacia el mar
Cariño, así es, algunas cosas están destinadas a suceder”
Luo Binghe no dice nada, se limita a escuchar a su Shizun, no cree que algún día le diga que comprende el significado de la canción que canta para él, a sabiendas de lo tímido que es para mostrar afecto y como de avergonzado podría sentirse al descubrirse atrapado actuando así. Pero en lo profundo de su ser, Luo Binghe guarda cada uno de estos preciados momentos y siente su corazón derretirse en su pecho al encontrarse siendo amado de tal manera
“Toma mi mano, toma mi vida entera también
Porque no puedo evitar enamorarme de ti”
Adormecido en el sonido de aquella voz cálida y un toque gentil, es que Luo Binghe vuelve a quedarse dormido. Y en aquellas pocas horas de sueño que le restan hasta el amanecer, Luo Binghe puede verse a sí mismo en su paisaje onírico, no un recuerdo antiguo, sino la esperanza de un deseo nacido de su corazón cumpliéndose frente a él. Son él y su Shizun avanzando juntos de la mano.
Por primera vez en su vida, Luo Binghe no siente miedo a ser abandonado, pues sabe, que sin importar el qué, su Shizun siempre estará allí para él.
