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Tú y yo estaremos bien

Summary:

En lugar de la muerte, fue un enamoramiento inevitable lo que les atrapó. Fragmentos de la vida en común de Sherlock Holmes y William James Moriarty.

Serie de drabbles y one-shots. Spoilers del manga.

Rating sujeto a cambios.

Notes:

¿Cómo me iba a quedar fuera de la week? Aunque creo que la terminaré bien atrasada, ay. Puede que este primer one-shot tenga errores porque lo terminé y edité a la carrera, pero cualquier cosa la arreglaré a la brevedad.

Chapter 1: Primera mañana

Notes:

¿Cómo me iba a quedar fuera de la week? Aunque creo que la terminaré bien atrasada, ay. Puede que este primer one-shot tenga errores porque lo terminé y edité a la carrera, pero cualquier cosa la arreglaré a la brevedad.

Día 1: Primera mañana.

Chapter Text

     Cuando le encontró despierto tras más días de los que Sherlock quisiera contar, sintió como si finalmente amaneciera también para él. Mientras velaba su sueño decididamente mantuvo a raya la angustia que su estado le infundía y estuvo repitiéndose que, de resquebrajarse su entereza, iba a convertirse en un estorbo en lugar del soporte que aspiraba a ser para Liam en aquel país. No es que desconfiara de Billy y de sus nuevas obligaciones para con él, pero esperaba darle algo de consuelo a su amigo cuando se descubriera rodeado de extraños y en un entorno nuevo.

     Supuso que en ningún caso le sería sencillo seguir viviendo y podría hasta sentirse enfadado, mas en cuanto vio su espalda recortada contra el cielo despejado de Nueva York, su cabeza desprovista de vendas por vez primera en semanas, desaparecieron estas ideas. Incluso el silencio que compartieron sobre la banca de madera le supo a remanso de paz, a la felicidad de reencontrarse con una persona especial y largamente añorada.

     ―¿No es suficiente para ti con que siga vivo? ―le preguntó Liam después de aquello, en otra mañana, cuando se pasó por su cuarto antes de irse a trabajar. A pesar de lo indiferente que pudiera sonar su voz, su expresión reflejaba cierto abatimiento―. Sé que has estado cuidando de mí aunque tú también te lastimaste ―dijo y reparó en su brazo derecho, que ahora estaba completamente curado a la vista de cualquiera. Claro está, a él no se le escapaba ni el más insignificante indicio.

     ―Tenía que asegurarme de que despertaras, ¿de acuerdo? Dormiste una eternidad ―soltó, frunciendo los labios y desviando la mirada con algo de bochorno―. Y no necesitas preguntar lo que ya sabes. El que hayamos sobrevivido es solo el punto de partida.

     Sherlock vio temblar el fantasma de una sonrisa en las esquinas de su boca. El único ojo carmesí que permanecía descubierto se clavó en sus manos sobre el edredón color tiza.

     ―Llegarás tarde por mi culpa; dejemos la conversación para más tarde ―contestó Liam después del silencio.

     ―Termina de recuperarte para que puedas venir también ―le hizo un guiño, y estuvo tentado a alejar unos cuantos cabellos desordenados de su rostro, como solía hacer durante el tiempo que permaneció inconsciente. Pero Liam ya no era aquel ente con aspecto macilento y más frágil que la porcelana; al menos en lo que se refiere a su carácter. De manera que cerró el puño y se alejó, llevándose la imagen de su perfil contemplativo de cara a la ventana.

    ―Nos vemos, Sherlock.

  •  

    Lo abrazó entre las sábanas, todavía saboreando los vestigios de sus últimas ensoñaciones. El aliento se le quedaba atrapado entre las hebras rubias, y el efluvio dulce que estas emanaban poco a poco fue haciendo emerger su mente del plácido sopor. Entreabrió los ojos y notó dos cosas: Liam no parecía haberse movido en la noche entera, como si al dormir regresara a su previo estado de coma, y su propio brazo, que permanecía debajo de la cintura de este, carecía de sensibilidad.

     No era que aquello le sorprendiera demasiado después de verlo caer dormido en lugares aleatorios durante su (no tan) extensa convivencia de seis meses, pese a que era la primera vez que compartían el lecho. Con el conocimiento de causa de que ni un rayo lo sobresaltaría, se movió para liberarse. La sangre le volvió a circular hacia los dedos mientras su atención retornaba a la figura durmiente de su ahora pareja.

     En un inicio Liam procuró mostrarse distante con él, incluso arisco en rechazar su ayuda. Sin embargo, cada uno de los días que pasaron juntos les empujaron hacia un callejón cerrado contra la realidad de lo que sentían el uno por el otro. Deseó fervientemente aplacar el sufrimiento que devenía de esas heridas invisibles con las que el antiguo Señor del crimen tenía que cargar, y a base de esta constancia había conseguido despojar su corazón de esas barreras.

     No iba a necesitarlas ahora que le tenía.

     Habría transcurrido al menos media hora para el momento en que su rubia cabeza se movió un ápice. Cuando al fin estuvo consciente y se volvió sobre la espalda en tanto parpadeaba con pesadez, Sherlock lamentó haber llegado tarde esa primera mañana. Se consoló sabiendo que tendría todas las demás.

     ―Parece que es tarde, ¿ya es mediodía? ―oyó su murmuro en medio del bostezo que sofocaba con su mano; la luz fluía en una corriente abundante a través de las cortinas mal cerradas.

     ―No tenemos pendientes para hoy ―contestó con simpleza, apoyando la cara en su mano y el codo cerca del hombro desnudo de él―. Así que si quieres pasarte el día en la cama, digamos que no me molesta hacerte compañía.

     ―¿En eso estabas pensando, tan absorto, que ni siquiera intentaste despertarme? ―Alzó sus cejas claras en una expresión divertida, aunque solo una de ellas se alcanzaba a ver. Su flequillo ocultaba la otra, junto con su párpado vacío. 

     ―Vamos, no te habría despertado aunque te lanzara una vaso de agua fría sobre la cara. Puedo intentarlo la próxima vez, si es lo que quieres.  

El ojo de Liam se cerró despacio a la vez que su cuerpo se giraba hacia el suyo. Estiró la mano y las puntas de sus dedos le tantearon la piel de la garganta.

     ―Preferiría otra cosa, una que requeriría menos esfuerzo.

     ―Y yo también, pero de ninguna manera esto te despertaría ―se inclinó sobre sus labios y lo besó con extrema delicadeza, tal como quería. Esta vez fueron sus brazos los que le ciñeron, y aceptó gustoso volver a acurrucarse junto a él.

     ―Tal vez. De todas maneras, el sueño sería más agradable.

     Le era imposible negarlo, por lo que simplemente acarició su mandíbula antes de regresar a su boca. Continuó besándolo hasta que fue demasiado tarde para desayunar y debieron levantarse para preparar el almuerzo.