Work Text:
El lugar estaba a oscuras, Sirius no alcanzaba a ver mucho. Se detestaba por creer haber sido tan imprudente como para dejarse atrapar. Estaba a punto de irse a encontrar con Remus cuando lo bloquearon en plena calle seis mortífagos, los cuales no logró reconocer ya que traían puestas sus máscaras.
Hizo el intento de agudizar su oído con la esperanza de lograr escuchar algo pero desistió ya que seguramente habían utilizado Muffliato en la habitación.
No lograba identificar dónde se encontraba, el lugar olía a humedad y solo notaba una tenue luz a lo lejos que le daba espacio para visualizar unas escaleras, lo que le hizo pensar que quizás se trataba de un sótano. Se encontraba sentado en el suelo, con las manos encadenadas en su espalda, completamente inmóvil.
Para cuando se estaba preguntado si éste sería su final, un fuerte chirrido de una reja abrirse lo alertó.
“¿¡QUIEN ANDA AHÍ?!” Gritó. La persona no respondió sino que simplemente rió de manera macabra, una risa que Sirius conocía a la perfección, “¿¡Bellatrix!?”
Unos pocos faroles se encendieron a la vez, dejando visibilidad suficiente para que Sirius vea a su prima acercarse con una sonrisa brillante en el rostro. “Hola primo…”
“¿¡Qué mierda quieres?!”
“Oh… ¿así saludas a la familia?”
“No me recuerdes que somos familia…”, dijo Sirius con asco, “mejor dime que quieres de mí.”
“Quiero información. Los planes que Dumbledore tiene para la Orden, sé que los sabes y sé que me los dirás.”
“No me conoces tan bien si piensas que voy a traicionar a la Orden. ¡Tendrás que matarme porque no pienso decir nada!” Exclamó el joven, “A parte, la Orden llegará en cualquier momento. Me deben de estar buscando.”
“Oh primo, eso lo sé pero estoy segura de que habrás hablado antes de que lleguen… sobretodo luego de un par de maldiciones.”
“No, no lo haré. Tengo experiencia con maldiciones así que adelante.”
“Oh no, no a ti… más bien a él.” Dijo Bellatrix, señalando hacia la puerta.
Dos mortifagos entran al lugar arrastrando a un hombre que parecía estar ya herido. Cuando se acercaron más hacia la luz, Sirius entró en completo pánico al ver que se trataba de Remus.
“¿¡QUE LE HAS HECHO?!” Gritó Sirius al ver cómo el cuerpo de Remus estaba cubierto de heridas nuevas, las cuales algunas dejarían nuevas cicatrices.
“Digamos que solo me he estado divirtiendo con el mestizo hasta que te trajeran.” Rió Bellatrix.
“¡Te mataré, Lestrange! ¡Suéltalo!” Los ojos de Sirius se llenaron de lágrimas, cada centímetro de su cuerpo ardía de furia, dolor e impotencia al ver a Remus en ese estado.
“¡No tienes las de ganar aquí! ¡Mejor dime los planes de Dumbledore de una vez!”
“¡NO!” Respondió Sirius con furia en sus ojos.
“¡Cruciatus!”
Sirius se estremeció y cerró los ojos con fuerza cuando vio a Remus agitarse y gritar de dolor. “¡Basta! ¡Por favor, basta! ¡Déjalo en paz! ¡Maldíceme a mí!”
“No serviría si lo hago contigo, sabemos que morirías con tal de no traicionar a tus amigos,” respondió Bellatrix con frialdad, “Prefiero ver cuánto resistes al ver agonizar al hombre que amas.”
Bellatrix volvió a lanzar un Cruciatus sobre Remus, seguido de otras dos maldiciones que le ocasionaron cortes en las piernas y brazos. Los gritos estaban destruyendo a Sirius y ella lo sabía.
“Ya basta… por favor, ¡lo matarás!” Sirius suplicó, ya sin preocuparse por retener las lágrimas que ahora se deslizaban por sus mejillas.
Bellatrix detuvo el hechizo, Remus se mantuvo quieto en el suelo. Sirius vio su pecho subir y bajar, asegurándose de que siguiera vivo… al menor por ahora. “¡Dime los planes de Dumbledore!” Gritó su prima.
“¡No van a ganar esta guerra! ¡TE VAS A ARREPENTIR DE LO QUE LE ESTÁS HACIENDO!”
“¡CRUCIATIUS!”
Nuevamente el cuerpo de Remus comenzó a retorcerse, llenando la habitación de gritos desgarradores. Sirius ya no podía soportarlo más.
“¡ESTÁ BIEN! ¡Hablaré pero déjalo en paz! ¡Por favor! Solo… déjalo en paz.” Gritó y suplicó. Su corazón iba a mil por hora, las lágrimas no se detenían y sentía su respiración entrecortada. Sabía que si hablaba arruinaría ciertos planes de la Orden pero ya no le importaba, no si tendría que ver morir a Remus.
“¡Habla de una vez!” Gritó Bellatrix, aún apuntando con su varita al joven malherido.
“Dumbledore…”, Sirius exhaló, sabía que no habría vuelta atrás una vez que hablara, “él planea agrupar hombres lobos, tantos como pueda… quiere lograr que se pongan de su lado.”
“Vaya, vaya… eso nos da cierta ventaja sobre quiénes tenemos que priorizar.” Bellatrix sonrió de manera triunfadora. “¿Qué más?”
“¡Ojalá te pudras en Azkaban!” Gritó furioso. Bellatrix hizo el amague de lanzarle otro hechizo a Remus. “¡Espera! Por favor… él también… también quiere que la Orden…”
Un fuerte estruendo irrumpió en el lugar, bloqueando lo que Sirius estaba a punto de decir. El ruido aturdió a algunos mortífagos y enseguida comenzaron a volar hechizos por todos lados. Sirius se pegó contra el suelo para esquivarlos y en un momento logró ver cómo su prima se escapaba.
“¡Sirius! ¡¿Estás bien?!”
Sirius trató de estabilizarse, se encontraba un poco aturdido debido a toda la situación pero cuando levantó la vista hacia quién le estaba hablando no lo podía creer. “¿Remus? No… no puede ser, tú…” Sirius dirigió su mirada a donde había visto a Remus ser torturado pero solo yacía en el suelo el cuerpo de un hombre que Sirius no conocía y ahí entendió lo que en verdad había sucedido, su prima lo había engañado por completo.
“¿Quién más sino? Por Merlín… he llegado a pensar que… ya no importa, vámonos a casa amor.” Remus abrazó a Sirius y luego ambos desaparecieron.
Sirius reconoció el aroma a café de su departamento desde antes de aparecer, el aroma que tanto lo hacía sentir como en casa, que tanto le recordaba a Remus. Ambos chicos ingresaron a su hogar, Remus ayudó a Sirius a recostarse en el sofá para que éste pudiera descansar.
“Iré a preparar un poco de té y luego me cuentas que sucedió, ¿está bien?” Remus frotó cariñosamente la mejilla de su chico antes de dirigirse hacia la cocina pero Sirius lo detuvo.
“No… Remus, tenemos que hablar. Yo…lo he arruinado todo.” Sirius se sentía terrible, cubrió su cabeza con ambas manos exasperado.
“¿De que hablas Sirius?” Remus se arrodilló ante él y tomó sus manos, haciendo que deje al descubierto su rostro. Notó sus ojos enrojecidos y la preocupación ya estaba esparciéndose por todo su cuerpo.
“Yo…” Sirius suspiró, “Bellatrix quería que le cuente los planes que Dumbledore tiene para la Orden.”
Remus se tomó unos segundos para hablar. “Dime que no les has dicho nada Sirius…”
“No quise, te juro que no quise… no iba a hacerlo pero ella…”
“¿Qué les has contado?” Preguntó Remus seriamente.
“Saben sobre los planes de poner a las manadas de nuestro lado…”
Remus se quedó callado por un momento y luego se levantó bruscamente de donde estaba. “¿¡Cómo pudiste Sirius?! ¡Meses llevo en esas misiones para que ahora todo se haya arruinado!”
“¡NO QUISE HACERLO! ¡JAMÁS HUBIESE HABLADO! Pero ella…” Ambos estaban gritando, de pie en medio de la sala. Sirius se encontraba desesperado.
“¿¡ELLA QUÉ!? Siempre has afirmado que jamás nos dejarías al descubierto… Íbamos a llegar en cualquier momento Sirius, estábamos yendo a buscarte… ¡Yo iba a buscarte!”
“¡No pude soportarlo! ¡Ella supo como quebrarme Remus! Ella…” Sirius se sentó y tapó su rostro nuevamente, respirando con pesadez, comenzando a llorar de nuevo.
“¡¿Ella qué, Sirius?! ¿¡Qué punto débil ha encontrado para que hablaras?!” Remus estaba molesto, desesperado igual que su novio. No quería gritar pero tampoco podía evitarlo.
Sirius corrió las manos que cubrían su rostro, dejando al descubierto sus lágrimas. “¡TÚ! ¡TÚ ERES MI MALDITO PUNTO DEBIL REMUS Y ELLA LO SABE!”
Remus, sorprendido, observó el estado agitado en el que se encontraba Sirius. Tratando de entender a qué se refería con que él era su punto débil. “¿Qué dices…?”
“Vi como te torturaba delante mío, Remus. Ella usó la maldición Cruciatus en ti y yo solo podía estar ahí… escuchando tus gritos, viendo como te retorcías… sintiendo cómo un agujero se formaba en mi pecho…” Sirius trataba de mantener la calma pero estaba demasiado alterado como para conseguirlo, sentía que le costaba respirar al recordar lo que había visto en aquel lugar.
“Sirius pero yo… estoy aquí…” Remus se arrodilló ante Sirius y apoyó sus manos en sus piernas.
“Lo sé… cuando te vi llegar con los demás fue cuando me di cuenta de que todo había sido un engaño por parte de mi prima pero ya había sido demasiado tarde, ya le había dicho sobre la misión… y hubiese seguido hablando de no ser por ustedes porque simplemente no podía soportarlo más Remus… Lo siento pero no podía seguir viendo como te torturaba… Yo- lo siento…” Sirius comenzó a balbucear en medio del llanto.
Remus sentía su corazón achicarse y se abalanzó sobre él, abrazándolo con toda la fuerza que tenía. “Lo sé amor… lo sé, está bien…” Le susurró mientras acariciaba su cabello. Lo acercó a su pecho, tratando de tranquilizarlo. “Estoy aquí contigo, ambos estamos a salvo Sirius…”
“Tendría que haber sabido que se trataba de un engaño, lo he arruinado…”
“No, tranquilo, encontraremos otra manera. Eso no importa ahora.” Afirmó Remus.
Lo mantuvo contra su pecho por un momento más, tarareándole en su oído dulcemente. Minutos después, sintió como el cuerpo de Sirius se tranquilizaba. Remus se separó unos pocos centímetros para que éste pudiera verlo a los ojos y habló: “Yo hubiese hecho exactamente lo mismo Sirius…”
Con los ojos nuevamente cristalizados, Sirius lo abrazó. “No me dejes, por favor jamás me dejes…” murmuró.
“No lo haré, lo prometo.” Afirmó Remus.
