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¿Sueños?

Summary:

Los sucesos de “El nacimiento de un héroe” fueron más reales de lo que Choi Han y Beacrox pudieron imaginar, y con ello su relación.

Solo Choi Han dándose cuenta una vez más de lo mucho que le gusta Beacrox y de lo poco que querría perderlo en esta vida.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Beacrox despertó por primera vez en mucho tiempo, sobresaltado. El sudor frío le recorría asquerosamente por la frente, perdiéndose entre sus cabellos castaños oscuros y su pecho subía y bajaba a un ritmo acelerado.

Su sueño había sido espeluznante.

Había empezado con las voces impactadas de los criados de la finca Henituse, y entonces lo había visto.
Con su cabello negro enmarañado y sus ojos sin brillo pero claros mientras sostenía un abollado reloj de oro, cubierto de la sangre del joven maestro Cale Henituse. Lo golpeó una y otra, y otra, y otra vez, y fue imposible para Beacrox no quedar fascinado ante tal demostración de fuerza.

Lo siguiente que supo es que habían emprendido un viaje con el fuerte Choi Han, se habían aliado con el actual rey del Reino de Roan, convirtiéndose en héroes del reino.

Sin embargo, la felicidad no duró para siempre. Años después, la batalla final había llegado.

Y habían perdido.

Fue tan feroz, lucharon poniendo todo lo que tenían, solo para obtener una dolorosa derrota. Beacrox miró el cielo con las últimas fuerzas que le quedaban y sintió un cuerpo arrastrarse hacia él, el mismo cabello negro y los ojos claros de Choi Han lo miraron luchando con todas sus fuerzas por llegar hacia él, como si la destrucción a su alrededor no importara, como si la falta de su brazo derecho no le molestara, o como si la muerte no se estuviera cerniendo sobre ambos. Beacrox estiró su brazo, ignorando el dolor punzante de su corazón y su cuerpo entero antes de tomar la temblorosa mano de Choi Han.

Lo vio mover los labios.

Sa. Rang. Hae.

Pero Beacrox no pudo entenderlo, y después todo se volvió oscuro.

Se tuvo que tomar un momento para aliviar la sensación de dolor en su corazón y el temblor de su cuerpo, sin entender de dónde había venido ese sueño tan realista. Lo había sentido, las horas de sueño se habían sentido como años enteros, el fuego quemando todo a su paso, el aroma del azufre y la carne quemada de los caballeros, la muerte de su padre y el arranque de ira que lo había dejado moribundo. Incluso la mano de Choi Han temblando contra la suya, aferrándose con las pocas fuerzas que le quedaban.

Una punzada de dolor en su cabeza le hizo fruncir el ceño

¿Por qué soñar con eso cuando ya habían obtenido la victoria?, Beacrox alivió su propia ansiedad recordando la calma después de la tormenta. Habían obtenido la victoria, y ahora trabajaba de chef a mitad de tiempo para el joven maestro Henituse mientras apoyaba en la reconstrucción de la casa de asesinos Molan.

Y Choi Han estaba vivo. Su padre estaba vivo. Todos lo estaban.

No tenía sentido seguir pensando en ello, por lo que se levantó para iniciar su día más temprano de lo habitual. Luego de tal pesadilla no creía ser capaz de dormir en un buen tiempo. Sería un día normal.

O al menos eso había deseado.

A primera hora de la mañana, encontró un intruso en las cocinas. Reconoció con el ceño fruncido el cabello negro de Choi Han, que lo miraba como si lo acabaran de atrapar con las manos en la masa.
Aunque en realidad, lo estaba.

— ¿Qué estás haciendo aquí?, Sal de mi cocina.— Dijo severamente.

— Estaba intentando hacer galletas.

— No te veo saliendo. Y en todo caso, ¿Por qué está la sal aquí?

— ¿Es la sal?— como un cachorro perdido, Choi Han miró la masa. Su rostro eternamente joven se veía aún más joven con los ojos abiertos llenos de incredulidad mientras miraba la masa llena de grumos, que empezaban a deshacerse por la fuerza aplicada sobre ellos.

Una de las cejas de Beacrox tembló. ¿Cómo podía haber alguien tan… torpe?

Y lo maldijo mucho más por verse tan lindo incluso arruinando su cocina.

— Choi Han, apestas para la cocina.

El rostro de Choi Han se llenó de sorpresa, pero luego una expresión abatida apareció en su rostro mientras soltaba la masa sobre la mesa.

Ignorando el hecho de que podía ver la cola y orejas de un perro en el azabache, Beacrox empezó a limpiar al desastre de harina que Choi Han había hecho en su cocina.

— Lo vi en un sueño.

Beacrox detuvo abruptamente sus acciones. Su rostro pasmado no llegó a los ojos de Choi Han al estar de espaldas.

— Tu me enseñabas a hacer galletas. Creí que podría intentarlo.— Continuó el maestro de la espada con una voz llena de vergüenza.

Pero Beacrox no tuvo cabeza para pensar en otra cosa que no fueran sus palabras.

‘ Un sueño’

¿Podría ser qué…?
Imposible. Intentando reponer su compostura, Beacrox erguió su espalda sin darle una sola mirada al azabache.

— Fuera.— Declaró.

Y sin una palabra más, pero con una mirada complicada en el rostro, Choi Han salió de la cocina cerrando la puerta lentamente, sin realmente querer irse.
Una vez solo, Beacrox se pasó una mano por la frente.

— Tan complicado.

Repentinamente, todo era complicado. Pensar era complicado, respirar era complicado. Pero pensar el Choi Han lo era mucho más.

Con una sensación ominosa, ignoró que él también había soñado con esa escena. Enseñándole a Choi Han a hacer galletas, y observando con una sonrisa como el tosco maestro de la espada intentaba no arruinar la decoración de las galletas.

[...]

Había pasado un tiempo desde que Choi Han había tenido un sueño tan realista. La destrucción de la aldea Harris, el encuentro tan agresivo con Cale Henituse (esperaba disculparse pronto, incluso si sólo había sido un sueño) y su viaje en busca de venganza con Ron y Beacrox Molan.
No fueron cercanos al principio, pero entre más tiempo pasaba con el par, un mínimo cariño y aprecio por sus compañeros se instalaba en su pecho. Luchó hombro a hombro con ambos, pero su relación con Beacrox había sido diferente. Como un gato arisco el chef se alejaría, y él como un cachorro volvería a insistir con estar cerca de él, incluso si solo era verlo a la lejanía mientras cocinaba. Fueron pocas las veces que lo hizo, pero fueron tan inolvidables que el Choi Han de su sueño no paraba de repetirlas cuando estaba a solas.

Lo último que pronunció antes de morir, fue un “te amo”, esperando que llegara a él incluso con los vestigios de la batalla. El dolor ya no le dejaba respirar, pero luchó por decirle sus sentimientos deseando que en otra vida, pudieran estar juntos.

Parecía ser que sus deseos se habían cumplido a medias. En su familia, tenía a Beacrox pero no estaban tan cerca como en su sueño. A pesar de que le gustara. No sabía cuándo, pero estaba enamorado del chef desde hacía tiempo y le extrañaba que nadie más lo hubiera notado, porque si lo hubieran hecho Ron no permitiría por nada del mundo que un ”perro callejero” estuviera cerca de su hijo. ¿Era tan bueno ocultandolo o nadie esperaba que tuviera ojos para otra cosa que no fuera su familia y servirle a Cale-nim?

Si lo ponía de ese modo, parecía más que estaba enamorado de Cale Henituse que de Beacrox.
Una expresión amarga apareció en su rostro ante el pensamiento. Quizá el mismo Beacrox creía que estaba enamorado de su señor.

¿Que podía hacer para llegar a él?, Choi Han decidió hacer galletas, pero había sido atrapado con las manos en la masa –literalmente, y estaba salada– y lo había echado de su cocina.
Cocinar era tan complicado, pero aún así adoraba ver a Beacrox haciéndolo incluso si solo era a la lejanía. Creyó que de tanto verlo y un recuerdo fresco en su memoria podría hacer algo bueno, pero no tenía las mismas habilidades culinarias que Beacrox, o de un niño de 10 años.

Abatido, siguió su camino por la villa Super Rock, esperando que el paseo aclarara su mente. Pero no podía dejar de pensar en lo que su sueño le había mostrado, como si realmente no hubiera sido un sueño. Dando un suspiro pesado, sus pies lo llevaron hasta el campo de entrenamiento, y sacando su espada de su funda procedió a despejar su mente entrenando.


“ —Eres fuerte. Muy fuerte, sólo te seguí por eso”

Beacrox lo encaró finalmente, apartando su mirada de la enorme espada a la que estaba dándole un apropiado mantenimiento. Sus ojos oscuros lo miraron con severidad, pero su ceño estaba relajado y su rostro naturalmente tosco no tenía algún rastro de animosidad.

“ —pero no eres tan desagradable como pensé en un principio”

El corazón de Choi Han dio un salto tras escuchar sus palabras. Latió desenfrenado, y la sonrisa que había perdido surgió en su rostro. Los ojos de Beacrox se abrieron un poco al ver tal espectáculo frente suya.

¿Por qué luego de escuchar esas palabras se sintió tan feliz?

Choi Han en esos momentos no lo comprendió, tampoco trató de hacerlo.

“ — Sigues siendo un buscador de problemas. Mi padre te odia. No sonrías así.

Y luego sus miradas perdieron contacto. Las orejas de Beacrox se pusieron rojas, pero Choi Han no lo notó.

[...]

Con una expresión tan amarga como el té de limón que preparaba su padre, Beacrox miró al maestro de la espada que llevaba media hora delante de la puerta de su habitación. ¿Quién le había dicho si quiera donde dormía?, porque estaban en severos problemas.

Estuvo apunto de cerrar la puerta, pero Choi Han ya tenía con anticipación un pie entre el marco y la puerta para evitar que la cerrara, ambos de cierto modo sintieron eso demasiado común, como si ya hubiera ocurrido antes y muchas veces, pero no dijeron nada al respecto.

¿No tenía suficiente con meterse en sus sueños, y ahora quería meterse en su habitación?, ¿Qué tenía ese bastardo de Choi Han repentinamente?
Cómo si hubiera leído su mente, Choi Han habló.

— Soñé contigo.— Dijo. Los ojos de Beacrox solo se abrieron con sorpresa. Y como un niño pequeño Choi Han de aferró a una de las mangas del chef, bajando la cabeza como si le costara pronunciar palabra.— Fue tan realista que cuando desperté creí que no había sido un sueño y ahora era mi realidad.

Beacrox no fue capaz de decir nada, porque sabía que su voz temblaría si lo hacía. No pasó desapercibido a su mirada la forma en la que Choi Han apretaba los puños, vacilante.

— Fue tan realista que me hizo darme cuenta de muchas cosas. De lo afortunado que soy al tener a mi familia completa, de lo feliz que soy en estos momentos y..— Choi Han se mordió el labio sin atreverse a mirar al castaño delante suya. Repentinamente se sentía como si acabara de llegar al bosque de las tinieblas, tan perdido, indefenso y atemorizado.
Llevaba todo el día pensando meticulosamente sus palabras, tenía un guión escrito en la palma de su mano, pero una vez empezó a escupir palabras fue tan complicado apegarse al guión.
«— Hubo algo que no cambió.

El corazón de Beacrox latía con tanta fuerza que temía que el experimentado maestro de la espada pudiera escuchar los latidos de su corazón. Pero Choi Han estaba ocupado intentando calmar su propio corazón.

— ¿Por qué me estás contando esto?

Beacrox intentó fingir que no le importaba, cuando claramente estaba esperando con impaciencia las palabras del azabache.

— Tengo que decírtelo.— Su mirada decidida hizo que Beacrox temblara. La había visto tantas veces, que podía saber que realmente Choi Han no se iría hasta decirle lo que quería.

Y Beacrox realmente quería escucharlo, pero estaba tan atemorizado de lo que podría ser que no fue capaz de hacerlo. Aparentando una calma que no tenía, se dio cuenta que el pie de Choi Han ya no estorbaba y estuvo tan tentado a cerrarle la puerta en la cara.
Pero estaba hablando de Choi Han, sería capaz de quedarse toda la noche esperando delante de su puerta hasta que Beacrox volviera a salir tan fiel como un perro.
Bufando, le hizo una seña para que siguiera hablando.

— La cosa que no cambió fue que me sentí igual por ti en ese sueño y aquí.— Declaró.— No confiaba en ti, y tú tampoco en mi, pero aún así estuvimos cerca por un mismo objetivo. No hay nada que pudiera justificar mis acciones hacia ti, pero aún así en la batalla final…

Lo siguiente que dijo Beacrox hizo que los ojos de Choi Han se abrieran llenos de sorpresa.

— Incluso sin un brazo tomaste mi mano hasta que morimos.

Completamente seguro de lo que decía Beacrox declaró, Choi Han decidió encararlo y la vista del rostro del castaño hizo que su corazón se contrajera. Aunque su rostro estuviera estoico, la penumbra en sus ojos era tan triste que el corazón de Choi Han lloró. Lloró junto con el de Beacrox compartiendo su tristeza.

Para el maestro de la espada que había pasado más de 70 años en el bosque de las tinieblas, que había perdido a sus seres queridos, recordaba vividamente la desesperación que poco a poco dejaba de dominar sobre su persona. Pero se sintió completamente diferente a la desesperación posterior a ver a Beacrox en un charco de sangre en medio del campo de batalla, sus ojos perdiendo la poca vida que Choi Han había aprendido a buscar y encontrar en su mirada. Murieron a los ojos de otro con una sola palabra atorada en sus gargantas.

Y ahora que estaban frente a frente, no pudieron decir nada.
Pero las acciones dijeron más que mil palabras. Ignorando el temblor en su cuerpo, Choi Han estiró sus manos para atrapar las de Beacrox entre las suyas. Al fanático de la limpieza ni siquiera le molestó que estuviera tomándolas sin sus guantes blancos. Le permitió sentir la calidez de las manos de Choi Han, las callosidades rígidas luego de años practicando el arte de la espada, y también pudo sentir como temblaba tanto como él. Estaba abrumado luego de ver tanto cariño en los ojos de Choi Han y recordó como fue que empezó su sueño.

Beacrox solo pudo verlo a él. Admiró su fuerza, su valentía, su sentido del sacrificio. Creyó que el héroe era un tonto por dar tanto por personas que no conocía. Pero había caído por ese tonto.

Choi Han se derrumbó a sus pies, aferrándose a sus manos con tanta fuerza, lo sostuvo con la fuerza que no tuvo en su sueño.
No, ¿Eso siquiera había sido un sueño?, ya no quería decirle de esa forma. En esa vida, siempre quiso sostener de esa forma las manos de Beacrox, repletas de cicatrices pero tan limpias que temía ensuciarlas. Ambas manos estaban llenas de pecados, pero entre su propia penumbra las manos de Beacrox eran tan puras que no quiso contaminarlas de su desesperación.

— No te soltaré.— Susurró Choi Han, llevando las manos de su amado a la frente.— No puedes pedirme que lo haga porque no lo haré.

El asesino de la casa Molan solo pudo asentir. Sin palabras para expresar lo abrumador que había sido Choi Han. Sin que lo dijera explícitamente, había entendido lo había querido decirle.

— Choi Han.— lo llamó. El azabache se negó a mirarlo.— Choi Han.— Con una voz más suave, fue capaz de conseguir una mirada por parte del maestro de la espada. No hizo ademán de soltar sus manos, conectaron miradas antes de huir de los ojos llenos de cariño del otro.— ¿Qué significa “Saranghae”?

El azabache se tensó.

— No. Lo. Sé.— Mintió tan mal que dolía. Beacrox suspiró con pesadez y aflojó el agarre en las manos de Choi Han, quién aterrado por perder el contacto que tanto había ansiado apretó un poco más.
Las mejillas rojas de Choi Han lo alarmaron, en su rostro pálido fue fácil decirlo incluso con tan poca iluminación y Beacrox no quiso admitir que se encontraba en las mismas condiciones.
«— Te amo.

Beacrox perdió el aliento. Y los latidos que había empezado a ignorar por su propio bien regresaron a ser tan ruidosos como antes.

— Significa te amo en mi lengua materna.— Con un hilo de voz repitió, dándole una mirada que Beacrox no quiso identificar.

Sus ojos brillaban, tan claros como la primera vez que lo había visto. Podía ver su rostro reflejado en ellos, y finalmente pudo darse cuenta del desastre en el que estaba convertido.

— Solo fue un sueño.

El corazón de Choi Han se hundió al escuchar las palabras de Beacrox. ¿Era así como lo iba a rechazar?

— Pero es tan irritante que las emociones sean las mismas.

Un suspiro de alivio salió del maestro de la espada. Cómo si le hubieran quitado un gran peso de encima.

— Eres tan irritante y mi padre sigue odiandote.— Beacrox ayudó a Choi Han a reincorporarse, dándole un suave tirón desde las manos que sostenía.— Pero aún así.. no eres tan desagradable como pensaba.

‘Nunca lo fuiste’

Notes:

Es la primera vez que me animo a escribir para esta plataforma, tenía un poquito de pena pero el amor hacia los gays me pudo más (?

Agradecimientos a mis amiguis del grupo de Messenger de TCF que les tocó agüitarse conmigo, y agradecimientos a Sandra que me dejó usar su concepto de la admiración de Beacrox, las tqm.

Gracias por leer y espero que les empiece a llamar la atención este shipp porque estoy planeando exprimirla junto con mi cerebro.

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