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Sería cuestión para que todos en la villa Super Rock empezaran a percatarse del inusual comportamiento de cierto maestro de la espada. Las miradas desvergonzadas a Beacrox y los acercamientos cada vez más abiertos hacia el experto en tortura fueron una completa sorpresa para todos.
Pero la principal sorpresa fue que Beacrox no lo estaba evitando. El cachorro Choi Han revoloteaba alrededor de Beacrox y este podría dirigirle una mirada y suspirar, como si no pudiera hacer nada por calmar al azabache. Aunque en realidad ni siquiera lo estaba intentando. Así cómo tampoco trataban de ocultar que algo ocurría entre ellos.
Esos días el té de limón del joven maestro Cale fue más amargo que de costumbre, y los comentarios y miradas mordaces que le dirigía a Choi Han eran cada vez menos disimuladas. En plena comida había intentado apuñalarlo sin éxito, mientras que Choi Han simplemente evitó el ataque con la empuñadura de su espada y una sonrisa alegre.
Un rostro de incredulidad apareció en el rostro de Cale, quién se lamentó porque solo quería comer sin conflictos. Era como ver a un enorme y tenebroso león combatiendo con un ex-perro solitario, el Cale no era más que un pequeño conejo indefenso en medio de tanto caos.
— Choi Han, ¿No te había advertido acerca de mirar a mi hijo?— Su sonrisa era de todo menos benigna, los presentes podían ver a la perfección como la vena en su cuello estaba a punto de explotar.
Cale Henituse miró su plato, perdiendo por completo el apetito pero teniendo que comer porque Raon manipulaba su cubierto con magia y le ponía la comida en la boca, dándole miradas curiosas de vez en cuándo al par de personas viciosas en el comedor.
— Ho, creí que este asunto solo era entre Beacrox y yo, padre¹.
Imperturbable y con una sonrisa inocente en el rostro no bajó su espada, el aura de desesperación y alegría no estaba realmente encendida, ninguno de los dos quería causar un verdadero desastre ahí dentro.
La puerta del comedor se abrió, maestro de la espada y asesino guardaron sus respectivas armas cuando Beacrox entró empujando un carrito con postres. Los niños se animaron inmediatamente por lo que no vieron como las miradas de Ron y Choi Han se suavizaron de manera instantánea al ver a Beacrox. Cale juró ver una aureola brillante encima del chef, por más extraño que sonara.
— Déjame ayudarte— Choi Han se apresuró, como un cachorro emocionado que acababa de ver a su amo.
Ron solo pudo apretar los puños con una sonrisa benigna, viendo como los ojos de su hijo veían con algo que reconoció como cariño al maestro de la espada. Cualquier cosa que hubiera pasado entre ellos, habría terminado con ambos actuando tan cercanos.
‘ Beacrox ya es demasiado grande para saber qué está haciendo. ¿Soy yo quién lo está reteniendo?’ No pudo evitar preguntarse, observando la suave y sutil sonrisa en el rostro de su hijo cuando Choi Han se llenó de crema chantillí la una mejilla y le tendió uno de sus pañuelos.
Si Beacrox era feliz, entonces él lo era.
Desde que huyeron del continente oriental solo habían vivido el uno para el otro, independientemente de sus trabajos. Beacrox vivió por su padre y Ron vivió por su hijo. Si era capaz de ver a su hijo feliz entonces podría decir que había cumplido todo lo que aspiraba en esa vida.
Ron recordó a su esposa, su primer y único amor, y se preguntó si ella hubiera hecho lo mismo que él.
No, ella hubiera sido mil veces peor. Recordándola con cariño, juró escuchar a su esposa maldecir agitando su enorme espada, amenazando la vida del maestro de la espada.
Choi Han, ese perro callejero que no hizo más que causarles problemas desde que lo conocieron, tendría que domesticarlo un poco antes de entregarle a su querido hijo.
Cale, recibiendo un trozo de pie de manzana, solo pudo observar con horror la sonrisa viciosa en el rostro de Ron, apartando la mirada casi inmediatamente.
‘ Ustedes dos, por favor, váyanse con su aura de amor a otro lado’ Rogó el pelirrojo.
[...]
— Así que, Choi Han.
Rosalyn, apenas recibió los rumores acerca de aquél par tan peculiar, escapó de sus labores como la maestra de la torre de magos, se acercó en busca de confirmación al maestro de la espada.
— ¿Si?
Preguntó el azabache, afilando su espada meticulosamente antes de mirar a la pelirroja.
— Beacrox y tú.. ¿Están saliendo, comprometidos, con un pie en el altar?
El rostro de Choi Han se volvió un poema, tan rojo como la salsa gochujang de su tierra natal, o como el cabello de la mujer frente suya. Abrió y cerró su boca como un pez fuera del agua ganándose un par de risas por parte de Rosalyn, quién le hizo un gesto para tranquilizarlo.
— Oh, dioses, no— Negó apresuradamente, completamente avergonzado. De repente parecía una adolescente enamorada, aunque, de hecho, lo era. O al menos su apariencia.— Quiero decir, no aún.
Rosalyn abrió sus ojos emocionada, aplaudiendo. Por más extraño que fuera ese dúo, ¿Qué más podía hacer además de apoyar en todo lo posible a su amigo?, Choi Han merecía ser feliz al igual que Beacrox.
— ¿Sabes si…?, Ya sabes, ¿Es recíproco?— preguntó con curiosidad. En esos momentos parecían un par de adolescentes chismeando pero no les importó.
— Eso creo.— Avergonzado se rascó la nuca.— Me deja estar cerca de él, tomar su mano de vez en cuando y no me echa de su cocina, cada vez que tenemos la oportunidad estamos juntos.
Choi Han parecía realmente ilusionado mientras hablaba de Beacrox, y Rosalyn se sintió tan feliz por él que no pudo dejar de sonreír mientras lo escuchaba.
— Creo que deberías ser más atrevido. Quiero decir, si Beacrox te deja estar cerca de él, oh, por favor, te deja tocarlo. ¿Cuándo has visto a alguien además de los niños tocarlo sin que él quiera arrancarles las manos?, Es obvio que está cómodo contigo.
— ¿Y si sobrepaso el límite de contacto?, todo lo que hemos construido podría derrumbarse…
Sus cejas se fruncieron con preocupación. Rosalyn colocó su dedo índice en el entrecejo del azabache, borrando el ceño fruncido con una sonrisa.
— Todo se trata de consentimiento. Tiene 33 años, creo que puedes preguntarselo y él lo entendería.
El azabache puso un rostro impactado, comprendiendo lo que quería decir. ¡Claro!, su Beacrox era un experto en tortura, ver cuerpos mutilados y sangre por todos lados era algo común para él, ¿Qué tan explícito sería pedirle un pequeño, minúsculo y efímero beso?
Los ojos de Choi Han se iluminaron llenos de determinación.
— Gracias, Rosalyn. Me has abierto la mente por completo.
— ¿De nada?
Repentinamente, Rosalyn sintió que acababa de darle más problemas al cocinero.
La noche cayó ese mismo día, y Choi Han se encaminó a pasos agigantados y motivados hacia la habitación de Beacrox. El camino que estaba acostumbrado a cruzar para ver a su amado nunca se sintió tan largo, quizá por su anticipación y emoción. Ron se había mostrado vacilante de irse sin Beacrox hacia la casa Molan, pero a fin de cuentas lo había hecho luego de darle una severa mirada de advertencia a Choi Han. Estaba claro que la ignoró, pero tomó eso como un permiso para estar al lado de su hijo. De momento podría estar tranquilo sin sentir las fuertes intenciones de cierto asesino.
Reconoció entre los pasillos la habitación de Beacrox, la luz no conseguía filtrarse a través de las rendijas indicándole que quizá ya se había ido a la cama, o quizá no. Choi Han se paró delante de la puerta, dudando un poco en tocar la puerta. Beacrox era un asesino experimentado, estaba seguro de que había sentido su presencia desde que venía por el pasillo, así que Choi Han solo esperó pacientemente limpiándose las manos una vez más con el pañuelo limpio que el chef le había dado esa tarde.
La puerta se abrió instantes después, encontrándose con un Beacrox con el ceño fruncido y sus ropas cómodas para dormir puestas.
— ¿Puedo ayudarte con algo?— preguntó con un tono calmado, contrario a su ceño fruncido.
— ¿Puedo besarte?
La puerta se cerró con un portazo.
Choi Han parpadeó con incredulidad, mirando la puerta cerrada delante suya como un cachorro pasmado. Sus facciones jóvenes se obscurecieron.
¿Había hecho algo mal?, Rosalyn le había dicho que siempre que preguntara no arruinaría las cosas con Beacrox.
El asesino se llevó una mano al rostro, sintiendo su rostro arder intensamente.
¡Una noche tranquila, solo quería una noche tranquila!, ¿Por qué tenía que venir Choi Han a arruinar su paz?
Beacrox recordó la conversación que había tenido a solas con su padre, mordiéndose el labio para evitar soltar un ruido de frustración.
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“— ¿Es Choi Han la persona con la que quieres pasar tus días?”
La repentina pregunta dejó a Beacrox pasmado. El silenció hizo suspirar a Ron.
“— Realmente nunca puedo ocultarte algo, padre.”
“— Ni siquiera lo estabas intentando, ¿O me equivoco?”
Las orejas de Beacrox se pusieron rojas. Había dado justo en el blanco.
“— Sigue sin agradarme ese perro callejero.— Beacrox abrió la boca para decir algo al respecto, pero Ron continuó sin esperarlo— Pero puedo reconocer a una buena persona cuando la veo. Lo conocemos desde hace 3, casi 4 años y puedo saber qué tipo de persona es.
El corazón de Beacrox volvió a latir correctamente luego de escuchar las palabras de su padre. Su sonrisa sincera que hasta 3 años solo dirigía hacia él, su rostro cada vez más viejo cargado de años de experiencia.
“— Padre..”
“— Aún quiero domesticarlo apropiadamente, pero estoy seguro de que no actuará como el perro salvaje que es."
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Eso había dicho.
¿Su padre había mentido o Choi Han en verdad era tan espontáneo para que nadie pudiera saber lo que pasaba por su cabeza?
Escuchó unos golpes detrás de la puerta, la voz decaída de Choi Han. Mierda, incluso podía ver su rostro triste como el de un cachorro que había cometido un error. ¿No estaba siendo demasiado injusto para él?, no era tan joven para soportar tanta ternura.
— Beacrox..— Lo escuchó llamándolo, incluso sin verlo podía decir que Choi Han apoyaba su frente en la puerta.
Le tomó un tiempo calmarse, pero finalmente pudo volver a abrir la puerta esperando que no utilizara su aura para ver entre las sombras.
— ¿Qué?— Su voz salió hostil, víctima de los nervios repentinos que Choi Han le había causado con una pregunta tan espontánea.
— No estaba mintiendo.— Murmuró, la atmósfera sombría alrededor suya. Sus mejillas estaban enrojecidas y jugaba inconscientemente con la empuñadura de su espada.
Si no conociera a Choi Han, podría pensar que estaba dudando si cortarle la cabeza.
¿Cómo alguien tan lindo podía ser tan mortal al mismo tiempo?, Beacrox sintió que estaba envejeciendo.
— Hah..— suspiró, apartándose de la puerta para dejar un espacio libre. No necesitó decirle más a Choi Han, ya había entrado alegremente como si nada lo hubiera molestado antes.
Lo maldijo en su mente, pero aún así cerró la puerta detrás suya. Choi Han ya se había puesto cómodo en el borde de su cama, siendo demasiado obvio al no querer arrugar sus sábanas. Ignoró el hecho de que estaba inhalando un poco más fuerte de lo habitual y tomó asiento a su lado, lejos de su alcance por precaución.
No era como si a Choi Han le importara de todos modos, porque tan pronto como se sentó ya estaba sentado cerca de él, rozando rodilla con rodilla. Beacrox no intentó alejarlo porque sería una pérdida de tiempo y se pasó una mano por la frente.
— Beacrox— Lo llamó Choi Han, posando una mano encima de la suya.
No utilizaba guantes, pero no sintió la urgencia de apartarlo. Era un efecto que sólo él podía causarle y lo odiaba –o adoraba–, así que decidió darle el gusto. Giró la palma de su mano de forma que pudiera entrelazar sus dedos, casi con timidez antes de girar el rostro en otra dirección. La escasa luz de una vela consiguió alumbrar su rostro, y Choi Han quedó fascinado una vez más con el color rojo que podía obtener tan fácilmente de Beacrox. Tal escena hizo que una tonta sonrisa apareciera en el rostro del azabache y se acercara más. Una vez más, Beacrox no se alejó.
— No estaba bromeando cuando te pregunté si podía besarte.— Pudo sentir como el cuerpo de Beacrox se tensaba, su ceño fruncido pero sus orejas rojas a más no poder. Estaba seguro de que podía ver cómo el rojo descendía por su cuello.— No quería arriesgarme y que me quisieras arrancar la cabeza, por eso te estoy pidiendo permiso.
Su tono de voz tranquilo hacía que el mismo Beacrox se calmara, pero de todas maneras podía sentir sus nervios. O quizás eran los propios.
— ¿Nunca has besado antes?— preguntó con un tono curioso, Beacrox finalmente lo encaró y pudo ver su ceño fruncido y sus mejillas tan rojas como manzanas.
— ¿Me veo como alguien que estuviera interesado en estas cosas?— contestó malhumorado el chef.
Choi Han se rió, subiendo una de sus manos a la mejilla del chef. Beacrox se deleitó con la dureza de sus manos tan similares a las suyas, llenas de cicatrices y callos por el esfuerzo que habían hecho todas sus vidas enteras.
— Yo tampoco he besado a alguien antes. Por eso quiero que sea contigo. ¿Podría..?
— Oh, solo cállate.— Pidió avergonzado el castaño. Odiaba tanto su sinceridad, odiaba tanto como sus ojos miraban sus labios sin descaro alguno, y odiaba a Choi Han por hacer que su corazón se sintiera tan cálido.
Se vio deseando tanto que Choi Han lo besara que se sintió aún más avergonzado, que solo alcanzó a bufar moviéndose hasta que sus rostros pudieran estar a la misma altura.
— Sólo hazlo y cállate.— Masculló.
Choi Han abrió los ojos, sintiendo la emoción subir por su garganta, pero se obligó a no hacer ningún comentario más y se inclinó hacia el chef, acunando su mejilla con una mano, mientras con la otra apretaba el agarre de sus manos.
Ambos contuvieron el aliento cuando sus narices rozaron antes de cortar cualquier distancia que hubiera entre ambos.
Fue un beso tan torpe, una presión de labios digna de dos niños que imitan lo que habían visto, sin alguna clase de experiencia real. Duraron segundos de este modo antes de separarse. Ambos rostros brillando en rojo y los ojos iluminados. Choi Han sonreía como un tonto mientras que Beacrox estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no sonreír de la misma forma.
— ¿Puedo volver a hacerlo?— preguntó, acariciando la mejilla del castaño con su dedo pulgar a forma de cariño.
Beacrox cerró los ojos y una risa alegre brotó del azabache, entendiendo sus intenciones antes de lanzarse y presionar otro beso sobre los labios de la persona que amaba.
