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—Eres aburrido Stark —fue lo último que escuchó salir de los labios de Wade Wilson antes de que se alejara con ese paso tan confiado que primeramente le había parecido encantador.
Idiota.
Jugueteó con la servilleta en su mano por un momento más. No dejaría que alguien con ese tipo de actitud arruinará su día, era un buen día.
Estaba soleado, pero la sensación dentro de la pequeña cafetería era agradable. El olor que bañaba el lugar parecía como el mismo cielo, dulce pero no empalagoso. El chocolate siempre había sido una de sus más grandes debilidades, y combinado con el delicado aroma que ahora venía la taza medio vacía delante suyo en la mesa, realmente era sublime.
Bueno, papá Steve estaría decepcionado al ver que el "jóven bien educado" había resultado un patán que incluso había dejado botada la cuenta en una cita que él había propuesto. Y papá Tony estaría molesto y satisfecho por igual, esa combinación de reacciones sería agradable de ver en casa durante la cena.
Colocó su brazo sobre la mesa, doblándolo para que su mano (en puño) fuera capaz de sostener su cabeza. Repaso sus opciones, había una bonita librería algunos locales después. También estaba ese nuevo lugar con cosas geek, y que su colección creciera nunca estaba demás.
—Incluso podría ir a cenar hamburguesas... —comentó en voz alta, humedeció sus labios y cambió su postura.
Ahora comenzaba a sentirse incómodo. Habían varias miradas poco sútiles dirigidas a él, eran de las personas que habían llegado justo cuando Wilson hioz su súper salida digna del lugar.
Se enfurruñó un poco por ello así que volvió su atención a la taza de café. Ir de vuelta a casa no sonaba tan mal después de todo.
—¿Wilson fue al baño? —escuchó a una voz familiar preguntar. Debió notar esa melena pelirroja cuando estaba repasando todo el lugar y ahora no sabía si era una bendición o una maldición no haberla notado... ni a su acompañante. Natasha sonreía de forma deslumbrante y genuina, nada que ver con la chica de gestos serios y calculados que habían visto que era en la escuela.
—Wilson es un idiota —resignación enmarcando cada palabra. Él no hablaba mal de las personas, en serio, había aprendido a no juzgar, ser empático y conocer antes de creer en lo que una tercera persona dijera pero en esta ocasión sintió que debió de haberlo hecho.
—¿Qué hizo? —hubo un destello de enojo en las facciones de la chica. James, quien la acompañaba, también tenía el ceño fruncido pero Peter no era tan cercano a él para saber si era natural o sí estaba algo irritado por la situación en general. Tal vez ellos tenían una cita y ahora Nat se había detenido a consolarlo, porque eso era lo que la Romanov mayor haría por uno de los mejores amigos de su hermana menor.
—Tendrás la primicia mañana, ven con Yelena a casa —ofreció, era mejor decirlo en un lugar neutral y no en un lugar donde irían directamente a por la cabeza de Wade —. Tendré suficiente dulce para calmarlas.
Ella dudó. Intercambió una mirada con el castaño que seguía junto a ellos, una conversación silenciosa y luego sonrió.
—Bien pequeño Stark, sabes hacer negocios —luego, sin nada más dió media vuelta y salió arrastrando a James con ella. Peter los siguió, incluso cuando se detuvieron en la acera y estaba algo ocultos por la distancia.
Parecían discutir algo, Natasha se veía tranquila, triunfante y el castaño espía creyó ver como el jugador de béisbol de 1.80 parecía resignado y perdedor ante lo que la pelirroja bajita decía. Sí, Peter también había pasado por ello algunas veces.
Rió por lo bajo, algo más alegre por esa imagen y se puso de pie. Comería otro postre y luego iniciaría su recorrido.
—Quiero uno de esos con el chocolate encima y también una malteada de chocolate, por favor —pidió en la caja. La chica que atendía asintió, escribió el pedido y estaba por cobrar -si sus acciones decían algo- cuando se quedó quieta, mirando detrás del castaño. Así que, curioso por naturaleza, Peter también volteó y no esperaba encontrarse con James Barnes allí.
Micho menos con la forma en que lo estaba viendo, y la cercanía que había entre ellos. Sintió un hueco en el estómago, recordando a prisa su enamoramiento por el mayor, aquél que tantas veces había negado.
—Quiero lo mismo que él —Barnes se dirigió a la chica, rompiendo la burbuja de aparente fascinación de la que su persona era culpable.
Veinte minutos de silencio incómodo después, ellos finalmente hablaron. James explicó que Natasha había tenido un imprevisto y que debía irse pero él aún tenía unos pendientes y decidió volver a ver si Peter podría acompañarlo. Compañía mutua, lazos formándose, chicos conviviendo como cualquier otro día.
Y así fue cuando Peter logró superar los nervios. Cuando su garganta dejó de apretarse para que la conversación fluyera, cuando su estómago no amenazó más con devolver aquél café olvidado.
—¿Qué pendiente tienes? —preguntó mientras se ponía su chaqueta. El Sol comenzaba a menguar y aunque sabía que en ese momento no había frío, el clima era variable por describirlo de buena manera.
—Primero quiero mostrarte algo —James se vió tímido tras decir eso. La luz del atardecer hacía resaltar sus rasgos, sus ojos parecían tener algún tipo de hechizo y el joven Stark siempre supo que no podría negarle nada —, si no tienes prisa. Claro que no hay problema si no quieres...
—Vamos —interrumpió el castaño más bajo, las manos metidas en los bolsillos del abrigo mientras que las de Bucky estaban en los bolsillos de su propio pantalón.
Esa simple confirmación le ofreció a Peter dos de las horas más divertidas de su vida. Resulto que el lugar, había sido uno de esos nuevos y famosos donde podías rentar una habitación llena de cosas inútiles. Para destruirlas. Había incluso bates, ¡BATES!
Y chico, Peter Stark Rogers no apoyaba la violencia pero hacer ello, imaginando tal vez la cara de Wade, había sido liberador así que nadie podía culparlo por salir aún riendo del lugar. Tomando la mano de su cita, de su guapa, atractiva, hábil y...
Tiempo.
Eso no era así. James no era su cita. Todos los otros adjetivos sí podían aplicarse al chico de ojos claros pero, no era su cita. Y tomarlo de la mano así nada más...
Demonios. Ahora el idiota era él.
Sólo que no lo fue, porque cuando intentó retirar la mano fue Bucky quien la sostuvo con más fuerza. Y lo siguió haciendo, causando calma y seguridad. Alegría, una emoción tan brillante y fuerte que Peter juraba que cualquiera que lo viera podía confundirlo con una estrella.
James tomó su mano cuando entraron en la librería.
Cuando cenaron lasaña, aunque era difícil comer con una mano.
Cuando Yelena y Natasha planearon despellejar a Wade vivo.
Cuando Natasha admitió que su plan había salido bien, y por fin los dos idiotas estaban bien y felices juntos.
Cuando Wade entró en la cafetería el lunes e intentó acercarse a él.
Y Peter tomó la mano de James cuando fue aceptado en la universidad.
Cuando tuvieron su primera cita después de un semestre sin verse.
Cuando su padre murió.
Cuando vió sus ojos llenarse de lágrimas porque Natasha se iba a casar.
Se tomaron de las manos por primera vez una noche gracias a un idiota, y después de eso, no sé volvieron a soltar. Ni siquiera en la siguiente vida.
