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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Fictober/Softober 2021
Stats:
Published:
2021-10-11
Words:
1,254
Chapters:
1/1
Comments:
7
Kudos:
29
Bookmarks:
1
Hits:
225

Sin ninguna duda

Summary:

¿Se había marchado sin avisarle?

Sintió un pinchazo en su pecho.

¿Y si se había ido para siempre?

Notes:

¡Este es mi primer oneshot del fictober y del softober!

Sé que es día once, pero como no he podido hacer los días anteriores he cogido el prompt del día 4 del fictober "¿Dónde estás?" y el primero del softober "caricias".

Espero que os guste aunque sea un poquito. ¡¡¡Gracias una vez más por leer!!!

Work Text:

Tobio tardó solo unos instantes en adaptar su vista a la tenue luz que llegaba a la habitación; escuchaba las gotas de lluvia golpear contra el cristal de la ventana de su habitación y contra el techo de la casa. Refunfuñó un poco, apretando las sábanas contra su cuerpo, buscando mantener el calor que parecía querer escapar del lugar. Se removió en la cama un par de veces hasta que fue consciente de que le faltaba algo. Se incorporó y se rascó los ojos, desperezándose.

Bigotes le dio los buenos días, ronroneando desde los pies de su cama. Tobio aún no se había acostumbrado a que algún animal lo tolerase, pero disfrutaba de aquella sensación de sentirse querido por un pequeño peludo. Sin embargo, no era el animal lo que le faltaba a Tobio.

Afinó su oído, pero en la casa no se escuchaba ni un ruido más que la lluvia exterior. Su ceño se frunció casi sin quererlo. ¿Se había marchado sin avisarle? Sintió un pinchazo en su pecho. ¿Y si se había ido para siempre? Tobio negó con la cabeza, queriendo expulsar de esa manera todos los pensamientos negativos que aparecían de repente.

Se levantó de la cama y buscó su móvil por todos lados. Cuando por fin lo encontró le sorprendió no ver ningún mensaje en él. Abrió su conversación y sus dedos se movieron con agilidad escribiendo.

“¿Dónde estás?”

Esperó unos minutos, pero no llegaba la contestación. Su cabeza volvía a llenarse de mil cosas que prefería dejar a un lado y ducharse pareció la mejor opción para despejarse. El agua caliente le relajaba los músculos, pero no relajó su miedo al abandono. ¿Y si había llegado ese día en el que aquel rayo de sol se había cansado de él? ¿Y si por fin se había dado cuenta de que él no era lo suficiente? En la calma de la ducha, Tobio dejó escapar un pequeño sollozo, atemorizado porque aquello que más temía estuviese ocurriendo.

Después de estar más tiempo del que quería dentro del agua, se puso unos pantalones de chándal y la sudadera más grande que tenía. Aspiró un momento y el olor a flores le inundó las fosas nasales. Olía tanto a él que Tobio se sintió en el cielo por un momento.

Revisó su teléfono antes de sentarse en el sofá, pero aún no había ningún mensaje nuevo. Se dejó caer y echó la cabeza hacia atrás mirando al techo. No supo cuanto tiempo pasó allí, pero seguía concentrado en escuchar el agua golpear contra los muros de la vivienda. Y, cuando se sintió ahogado en la soledad, escuchó como alguien llamaba a la puerta con demasiada insistencia. Quiso no parecer ansioso, pero sus piernas no obedecieron sus peticiones y corrieron hasta la entrada para abrir y su mirada se iluminó un segundo. Shoyo estaba empapado, saltaba en el sitio, muerto de frío. En una mano traía dos vasos de plástico y, en la otra, una cajita de cartón.

El día estaba nublado. El cielo era gris oscuro amenazando de una tormenta que llegaría de un momento a otro, pero en el instante en el que Shoyo le sonrió, Tobio podía jurar que hasta el mismísimo sol se habría hecho a un lado para dejarlo a él iluminar todo el lugar.

No le dejó decir nada y, sin que Shoyo lo esperase, Tobio lo rodeó con sus brazos y lo estrujó con fuerza. Shoyo, que sabía que Tobio no era el más expresivo del mundo, se sorprendió un instante ante el gesto. Fueron los sollozos susurrados de Tobio lo que lo pusieron en alerta.

— Tobio, ¿estás bien? ¿Qué pasa, amor? — Se separo del más alto, buscando su mirada y le dolió ver los ojos zafiro de Tobio ensombrecidos por la tristeza.

— Solo… yo…

Tobio no sabía cómo expresar aquello sin parecer un completo imbécil, que era como se sentía en aquel momento. Se mordió el labio. Shoyo se adentró en la casa y dejó lo que traía en sus manos en la mesita del recibidor. Con prisa se giró y acunó el rostro de Tobio entre sus manos, haciéndole sentir con ese gesto que podía contarle lo que fuese que atormentaba su cabeza. Acarició sus mejillas, con calma, con cariño.

Tobio sentía que era una pluma la que se paseaba por su rostro. Sintió la calidez que parecía haber perdido en ese gesto. Ya lo sabía, pero en aquel momento pareció reafirmarse en que quería recibir las caricias de Shoyo toda su vida si eso era posible. Y quería hacerlo posible. No quería perder a aquel chico que era la luz más radiante de su vida.

— Pensaba que te habías marchado. — Shoyo frunció el gesto. — Que te habías ido… para siempre quiero decir.

Shoyo lo entendió todo y una sonrisa cálida se dibujó en su rostro. Besó las mejillas de su chico. Besó también su nariz. Y por último besó sus labios. Sonrió en mitad del beso, causando también una sonrisa en Tobio.

— Cuando me desperté pensé que era el mejor día para tomar uno de esos cafés con canela que tanto te gustan y un trocito de nuestras tartas favoritas. Así que quería darte una sorpresa y me fui sin decir nada. Me pilló la lluvia en mitad del camino y no podía coger el móvil y avisarte de que iba a tardar.

Shoyo tenía un pequeño puchero en su rostro y Tobio no pudo resistirse a atacar los labios del chico que rio a causa del gesto.

— Pensaba que te habías cansado de mí y me he asustado. — Tobio parecía, a ojos de Shoyo, un niño pequeño que se ha quedado en la guardería esperando a sus padres un par de minutos más de lo habitual y su corazón se enterneció.

Estaba completamente enamorado del chico que estaba frente a él. No se cansaría nunca de él. De sus rutinas de besos por la mañana. De discutir cada noche sobre si poner una serie de drama o una de romance. Sobre si deberían comer carne o pescado al día siguiente. No se cansaría de los abrazos inesperados mientras limpian la casa, ni de las caricias que se regalaban el uno al otro cada noche.

Shoyo podía dudar sobre muchas cosas en su vida, pero sobre lo que no dudaba nunca era de lo muchísimo que quería a Tobio. Y le faltaban maneras para demostrárselo.

Tobio tomó aire y abrazó de nuevo a Shoyo. Su mano se escondió en los mechones naranjas del chico y aspiró con fuerza ese olor a flores.

— Te quiero.

Shoyo ya lo sabía. No necesitaba escucharlo. Pero sonrió, aun a sabiendas que Tobio no podía verlo.

— Yo también te quiero, Tobi. —Se separó lo suficiente para besar su frente. — Y ahora vamos, aún tenemos que desayunar.

Shoyo agarró la cajita con los trozos de tarta, Tobio los dos vasos con café y se sentaron en el sofá. Bigotes se acercó a maullarle a Shoyo que le respondió con mimos en su cabeza. Y, entonces, los ojos marrones de Shoyo buscaron los de Tobio.

— Una cosa más. — Tobio lo miró, enarcando una ceja, mientras daba un sorbo de su café. Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de Hinata. — No te dejaría a bigotes si me marcho, Tontoyama.

Tobio tosió, sorprendido por la confesión, y miró fijamente a su chico. Y, antes de que pudiese prevenirlo, Tobio se abalanzó sobre él, empezando una guerra de cosquillas y besos fugaces que fueron el mejor desayuno para una mañana de otoño.

 

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