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Niñeros por accidente

Summary:

Tras llegar tarde a una reunión semanal en el Santuario Puqi, Feng Xin y Mu Qing inesperadamente encuentran a un Xie Lian y Hua Cheng convertidos en niños pequeños. Sin saber qué hacer, tendrán que buscar ayuda para poder regresarlos a la normalidad.

O
FengQing de niñeros del Hualian, con ayuda de diferentes parejas como el Beefleaf, QuanYin.... y otras ships que harán cualquier cosa menos ayudar :'D

Capítulos cortos~*

Notes:

Mi humor no es exactamente bueno... por eso el intento xd.

En este fic, HX eligió la «amistad» antes que la venganza, por lo que SWD no murió, solo fue encarcelado junto con Jun Wu.

Chapter Text


Hoy era un día normal como otros, el cual tanto Feng Xin como Mu Qing habían quedado en reunirse con el príncipe heredero de XianLe en el santuario Puqi.

¿El motivo?

No había, los amigos no necesitan motivos para visitarse de vez en cuando. Sobretodo después de compartir sus sentimientos en medio de una batalla campal con un Emperador malvado en la cima de un volcán mientras sus vidas corrían peligro... Si, un escenario totalmente adecuado para hablar sobre la amistad y sacar a relucir los trapitos sucios de hace 800 años.

Sin embargo, desde que cierto rey fantasma vestido de rojo había regresado para acechar al joven príncipe, los dos dioses del Sur habían sentido la necesidad de establecer un horario fijo para sus visitas (no vaya a ser que de casualidad se encontrasen con una « situación indecente»... otra vez).

El horario de Feng Xin se dividía de la siguiente manera: El primer día de la semana asistía a las juntas en el gran salón para discutir con los otros dioses acerca de la organización de la capital celestial, el segundo día evaluaba a los funcionarios menores de su palacio y corregía sus entrenamientos, el tercer día bajaba  mundo humano para ver el estado de sus adoradores y de sus templos, el cuarto día se encontraba "casualmente" con Mu Qing y por costumbre empezaban a pelear, el quinto día era regañado por Ling Wen por los destrozos causados en la ciudad celestial, el sexto día buscaría a Mu Qing para reclamarle sobre los destrozos que había ocasionado en su palacio, provocando nuevamente el comienzo de una nueva pelea que se extendería hasta el siguiente día.

El séptimo día, con los dos dioses finalmente agotados de golpearse mutuamente, acudían a reunirse con Xie Lian como una forma de hacer las pases. El horario del general Xuan Zhen era muy similar. Se suponía que acudirían cada uno por su lado, pero Feng Xin tenía la urgencia de pasar por Mu Qing cada vez que quedaban en reunirse (según él para que el otro dios no se arrepintiera o algo por el estilo, esa razón le resultaba muy creíble). Esta vez, sin embargo, ambos estaban llegando tarde a su junta, por ciertas circunstancias en la capital celestial.

- ¡Por tu culpa estamos atrasados!- exclamó Feng Xin apresurando el paso mientras refunfuñaba.

- ¡¿Mi culpa?! Pudiste haberte adelantado, nunca te pedí que me esperaras- respondió Mu Qing siguiendolo de cerca.

- ¡Tenía que asegurarme que no dejaras plantado a Su Alteza! Además, ¿porqué demoraste tanto en tu susodicha plática de hace rato?¿Qué estuvieron haciendo Pei Ming y tú para que tardaran tanto?- reclamó Nan Yang con un tono enfurecido. Dando fuertes pasos en dirección a la pequeña puerta del Santuario Puqi.

- ¡No tengo porqué darte explicaciones!- espetó el general Xuan Zhen sintiéndose ofendido, haciéndole frente al otro dios.

- ¡Tú, pedazo de .....!- Feng Xin estaba preparado para iniciar otra pelea a puños, pero fue inesperadamente interrumpido por el llanto de un bebé.

-¡WAAAAAAAAAAAAAAA! - el grito desesperado de un pequeño provenía desde el interior del Santuario maltrecho.

- ¿Qué fue eso?- exclamó Mu Qing ignorando al furioso Feng Xin, y abriendo la puerta con cuidado. La mano cautelosa en su espada sin desenvainar mientras se adentraba al lugar. Su acompañante hizo lo mismo, ya que existía la posibilidad de tratarse de algún demonio u otra criatura similar. Sin embargo, no percibían energía maligna del lugar, por lo que no hicieron ningún movimiento inesperado.

Al entrar al salón principal, encendieron sus fuegos de palma para iluminar la habitación.
No había rastros de el príncipe heredero que recogía chatarra, ni de su poco agradable cónyuge rey fantasma. En una cama sencillamente improvisada, dos figuras inusuales estaban ligeramente acurrucadas. Dos niños de corta edad se encontraban allí, con sus ropas holgadas que no eran precisamente de su talla.

El niño que no dejaba de llorar estaba cubierto con una amplia túnica blanca, tendría aproximadamente unos dos años de edad, su cabello le llegaba apenas a los hombros y sus manitos regordetas se aferraban a la mano del niño más grande, quien intentaba consolarlo.

El mayor tenía un semblante serio pero decidido, totalmente discordante a su cuerpo de menor proporción. Rondando los cuatro años de edad, estaba arrodillado en la cama frente a su compañero de una forma protectora.

Cuando los dos dioses recién llegados los vieron se quedaron en silencio por un largo momento. Después de pensar un poco ambos se miraron con preocupación, y luego volvieron la mirada conmocionada a los dos niños.

- ¡¿D-d-dianxia?!
- ¡¿Y.... Lluvia Sangrienta?!


                                                -/-

 

El pequeño de blanco seguía llorando estrepitosamente, pero el niño de rojo entrecerró los ojos en alerta cuando los dos ancestros de más de 800 años se acercaron para ver mejor. Al parecer desconfiaba de ellos, sin embargo, no parecía recordar quienes eran exactamente. Suponiendo que algún tipo de sexto sentido le decía al mini Hua Cheng que debía proteger al mini Xie Lian y despreciar a estos tipos grandes, aún si no recordaba nada. 

Los dos dioses del Sur intentaban buscar alguna explicación del porqué su amigo se había vuelto un infante... y el idiota de rojo también.

Pero por más que intentaban pensar, el ruido que hacía Xie Lian no los dejaba concentrarse debidamente.

- ¡Mu Qing, ¿Qué esperas?¡Has algo!- Exclamó Feng Xin tapándose los oídos con fuerza después de encender unas velas para poder apagar los fuegos de palma.

El otro dios también se estaba impacientando, por lo que giró los ojos para molestia de su rival pero aún así se acercó para calmar al principito. Aunque, ni bien se acercó, el niño de rojo le impidió el paso, apuntando en dirección a Mu Qing con una especie de cuchillo de mano.

Cuando el alto y poderoso general Xuan Zhen miró el torpe intento de Hua Cheng de intimidarlo con una cimitarra E Ming encogida al igual que él, no pudo evitar soltar una pequeña risa que cubrió con sus manos. Feng Xin también encontró esto divertido, sobretodo cuando al pequeño se le empezó a caer la ropa de un lado por el movimiento, provocando que el pequeño Hua Cheng tuviera que subir sus holgados pantalones para cubrirse con una mano, sosteniendo el cuchillito con la otra.

La escena, en vez de ser amenazante, era mas bien algo cómica. Al ver a los dos mayores riendose de él, el niño de rojo de ruborizó involuntariamente mientras apretaba los dientes... cosa que lo hizo ver aún más adorable. Después de que los dos generales por fin dejaron de reirse del pobre niño, se pusieron serios nuevamente.

- Tú hazte cargo de este mocoso- replicó Mu Qing usando su agilidad para esquivar al mini Hua Cheng y empujarlo a los brazos de Feng Xin en su lugar.

Este último tomado por sorpresa, rápidamente burló el cuchillo que se dirigía hacia él y con una palmada lo hizo caer al suelo, sujetando al niño de rojo quien ni corto ni perezoso luchó incansablemente para liberarse, usando manos y pies para golpear a Feng Xin mientras este intentaba defenderse. Hua Cheng tenía la forma de un niño pequeño, se vería mal si lo golpease, así que tuvo que contenerse lo suficiente para no contraatacar. Lo cual, el rey fantasma aprovechó para aumentar sus pataleos y para morder el brazo de Feng Xin en el proceso.

-¡Enano bastardo! - murmuró el mayor con dolor, listo para jalar las orejas al chico imprudente. Ambos estaban enfrascados en su pelea desigual hasta que percibieron que el ambiente había cambiado.

Los dos se quedaron atónitos mientras miraban cómo Mu Qing arrullaba al pequeño Xie Lian en sus brazos hasta que este dejó de llorar, el ruido del llanto se detuvo abruptamente siendo reemplazado por el cálido y agradable sonido de una tierna risa infantil.

Los ojos de Hua Cheng brillaron al ver a Xie Lian sonriendo tan hermosamente, se ruborizó nuevamente y finalmente con su corazón ablandado soltó al magullado Feng Xin.

La escena era realmente bella y pacífica, el niño en los brazos de Mu Qing aferrándose a este con sus tiernas manitas logró que los rasgos del dios se suavizaran gradualmente.
Feng Xin inclusive olvidó por un momento que sus brazos estaban mordidos y rasguñados.

Cuando Mu Qing notó la atención innecesaria se sintió incómodo y volvió la vista hacia Feng Xin, quien se despaviló inmediatamente y desvió la mirada con vergüenza, rascando el contorno de su nariz con apuro.

Hua Cheng se dejó sujetar momentáneamente por Feng Xin mientras continuaba mirando a Su Alteza.

Mu Qing continuó meciendo levemente a Xie Lian para que no empezara a llorar otra vez, hablandole a Feng Xin en voz baja.

- ¿Qué hacemos ahora?

- No lo sé, pero debemos averiguar cómo revertirlo

- ¡Vaya, cómo no se me ocurrió antes! ¡Qué gran idea tuviste Feng Xin!- susurró Mu Qing con sarcasmo evidente. Él quería obtener una solución, no la repetición de algo obvio.

- ¡Pues si tienes algo en mente, solo dilo! -exclamó Nan Yang enojado, sin controlar el tono de su voz, haciéndolo sonar como un grito. Xie Lian al escucharlo se asustó al instante y empezó a llorar nuevamente, ocultando su carita triste en el pecho de Mu Qing buscando su consuelo.

- ¡Shhhh, cállate que lo asustas! -susurró un molesto Mu Qing quien palmeó suavemente el cuerpecito tembloroso del niño, dando unos pasos lejos mientras lo mecía para calmarlo.

Hua Cheng también furioso, pisoteó con fuerza el pie derecho de Feng Xin, culpándolo de hacer llorar a Xie Lian. El moreno solo podía retorcerse en su lugar y refunfuñar en silencio.

Cuando Xuan Zhen volvió con un Xie Lian más tranquilo, Feng Xin suspiró agotado. 

- Vayamos a ver a Ling Wen, ella debe tener información sobre qué hacer en casos como este - explicó Mu Qing sentándose sobre la cama, sosteniendo a la pequeña Alteza que jugaba con uno de los mechones de su cabello.

Hua Cheng se liberó hábilmente del agarre de Feng Xin y se paró cerca de Xie Lian, admirándolo mientras jugaba sin atreverse a molestarlo.

- Bien, pero qué hacemos con él, no podemos llevarlo así a la capital celestial- dijo Nan Yang señalando a Hua Cheng con impaciencia.

- No es nuestro problema, dejémoslo aquí- dijo Mu Qing recordando todas las veces que Hua Cheng había intentado humillarlo. Aunque era cierto, ellos solo debían encargarse de Xie Lian porque era su amigo. El irritante esposo de su amigo no entraba en la ecuación.

- ...Bueno- aceptó Feng Xin fácilmente, tampoco era como si le gustara tener a un rey fantasma vengativo rondando. Ese tipo era lo suficientemente poderoso, hallaría la forma de recuperarse él mismo por su cuenta.

Hua Cheng no hablaba, pero entendió claramente lo que decían. Por lo que, tras lanzarle una mirada rencorosa al pelilargo, corrió hacia un deprevenido Feng Xin y pateó su pierna buena.

- ¡Arghh! ¡¿Porqué solo a mí?! ¡Fue él quien sugirió dejarte!- acusó el moreno con frustración.

Hua Cheng corrió hacia donde estaba Mu Qing pero no le hizo nada, solo lo miró feo. Luego tomó una de las manitos de Xie Lian con ambas manos y la sujetó firme e insistentemente, plantándose en el lugar decidido a no separarse del principito.

Feng Xin solo lo miró con incredulidad sin entender, porque entre los dos, a quien más detestaba Hua Cheng era a Mu Qing.

Al ver la cara de tonto del hombre que no entendía, el castaño tuvo que explicarle.

- Es obvio que no me hará daño mientras tenga a Su Alteza bajo mi cuidado, seguro teme que lo vaya a soltar o algo así- dijo Xuan Zhen rodando los ojos ante la ineptitud de su compañero de captar las cosas.

Feng Xin comprendió recién, no importaba lo que hiciera Mu Qing, la culpa siempre recaería en él.

- ¡No es justo que yo tenga que lidiar con este mocoso petulante y que tú te lleves el trabajo fácil! - exclamó el moreno enojado.

- ¿Fácil? ¿Crees que cuidar a un niño tan pequeño es fácil? - respondió el castaño igualmente molesto, alguien necesitaba enseñarle una lección.

- Su Alteza no da mucho trabajo, no exageres tanto- refunfuñó Nan Yang subestimando las capacidades del otro.

- ¿A sí? ¡Pues si eso piensas, arréglatelas tú solo! - exclamó Mu Qing, para luego pararse y entregale al mini Xie Lian al sabelotodo de Feng Xin para luego girarse y salir por la puerta a pasos agigantados.

Xie Lian miró al rostro gruñón del hombre grande y tosco que lo sostenía con sus dos manos en este momento. No pasaron dos segundos antes de que el principito comenzara a llorar nuevamente, inclusive más fuerte que antes, buscando cómo librarse del agarre de Feng Xin, mientras extendía sus brazitos en dirección al lugar por donde se había ido Mu Qing. Anhelando el suave tacto de sus dedos sobre su cabecita y el relajante aroma de su ropa que le brindaba calidez y tranquilidad en su abrazo.

Por el contrario Feng Xin solo podía cargarlo torpemente en lo alto, sus dedos cayosos eran ásperos y totalmente inexpertos en acariciar algo tan delicado como la piel de un infante, el aroma de su perfume era inclusive más fuerte haciendo que el contraste fuera inevitablemente grande. A Xie Lian no le gustó esto para nada, por lo que continuó pataleando y chillando a pesar de los nulos intentos de Feng Xin por calmarlo meciéndolo. 

- ¡Ese maldito hijo de puta, dejándome así! ¡Cómo se atreve!- ante sus constantes insultos, Xie Lian solo se asustó más y no dejaba de llorar. Hua Cheng impotente solo podía mirarlo con rabia y sujetar su pierna para morderla ferozmente.

- ¡Suéltame mocoso!- se sacudió Feng Xin y se apartó junto con Xie Lian tratando de mecerlo con más velocidad, creyendo que así lo callaría. Y mientras más se frustraba, más movía al principito de un lado a otro, quien con tanto movimiento se mareó y acabó vomitando sobre todo el pecho de Feng Xin.

- ...

Con sus extremidades mordidas siendo continuamente apaleadas por Lluvia Sangrienta, su ropa cubierta de vómito, lágrimas y moco, además del sudor empapando su cuerpo por el estrés...

Feng Xin simplemente no pudo más.

- ¡MU QIIIIIIIIIIIIIIIIIING!

...