Work Text:
Fue una pequeñita mano agarrando el propio dobladillo de su bata de enfermero lo que hizo que Soobin detuviera sus pasos.
No era más que otra mañana tranquila de Domingo en la cafetería del hospital la que había llegado, sin novedades, como siempre. El joven sostenía una tabla medica en una mano, dirigiéndose de regreso después de finalizar una jornada de chequeos en el jardín. No había muchos pacientes dentro, salvo más que unos cuantos niños terminando de desayunar y unos ancianos en cuidado.
Al sentir el jalón, Soobin inmediatamente volteó, encontrándose cara a cara con el sueño de dicha mano. Pertenecía a una niña pequeña—joven, bastante pálida su complexión frágil. Soobin se hizo una nota mental de preguntarle su nombre para tener una pequeña platica con su nutricionista más tarde.
Tenía el cabello tan oscuro como la noche, sedoso como el jade negro. Sus ojos eran amplios y redondos mientras los observaban directamente—casi alarmantemente grandes en proporción con el resto de sus facciones diminutas. Su cuerpecito estaba vestido en un sencillo vestido blanco, extrañamente ambiguo. Pero nuevamente, esto era una bata de hospital.
La niña sostenía un peluche del pato Peitero con su mano que estaba libre, agarrado posesivamente a su pecho. Su puño estaba sostenido de una manera extraña, y solo en ese momento fue que Soobin se dio cuenta que había algo más asomándose entre el espacio de sus deditos robustos.
“Hola pequeña,” le regaló una sonrisa cálida, rápidamente agachándose para poder quedar a la altura de los ojos de la niña. Fue recompensado con una sonrisa tímida de vuelta. “¿Cómo puedo ayudarte?”
“Señor enfermero.” Murmuró la niña dócilmente, ojos amplios con una pizca de curiosidad en ellos. Eran claros como el día mientras esos orbes de obsidiana le parpadeaban. Soobin arrugo sus ojos. “Yo... Yo encontré algo.”
“¿A sí? ¿Te gustaría mostrarme?” Soobin tarareó, sus ojos observaban el puño sostenido de la nena, esperando a que lo abriera. Y así lo hizo.
Sin embargo, lo que se acostaba en la palma de la niña, hizo que su expresión cambiara.
Aferrado en medio de su pequeña mano se encontraba un corazón de papel arrugado. Doblado cuidadosamente, pero con las esquinas desgastadas. No era una vista desconocida para él, pero por alguna razón, sus entrañas le decían que Soobin reconocía muy bien de donde venía este corazón en particular.
“Oh, ¿Dónde encontraste esto?” Intentó mantener una sonrisa en el rostro, abriendo su propia palma para sostener la de la niña.
La niña se movió, intercalando su peso entre sus pies; reticente a responder—como un niño temeroso a ser regañado por haber hecho algo que no debería estar haciendo. “Está bien decirme, lo prometo.” Agregó, para que le diera más seguridad, algo que él estaba seguro de que ella necesitaba.
Esto despertó un destello de esperanza en sus ojos. “¡Encontré esto en la habitación de al lado! ¡Había demasiados! ¡Era como una película de Barbie, señor enfermero!”
El corazón de Soobin dejó de latir por un momento.
Un latido después, preguntó, su voz temblando solo un poco. “¿Cuál es tu número de habitación, pequeña?”
“¡554!” Cantó la niña, y algo difícil de descifrar se reflejó en el rostro habitualmente brillante de Soobin.
“¿Entraste ahí?” dijo Soobin, su tono alegre de antes completamente ausente.
“E-estaba abierto.” Tanteó la niña, su agarre en el peluche apretándose. Miraba a otro lado ahora, y la mano situada encima de la de Soobin empezaba a temblar.
El cuarto nunca está abierto. Entonces, ¿Cómo...?
No obstante, Soobin arrulló, negando con la cabeza y extendiendo la mano para acariciar su espalda; algo que estaba entrenado a hacer para reconfortar a los niños. “Shh, está bien. No pasa nada. ¿Por qué no regresamos esto a dónde pertenece?”
Ella asintió dócilmente, colocando el corazón de papel arrugado en la palma mucho más grande de Soobin. Soobin lo sostuvo con cuidado, como si tuviera miedo de que pudiese romperse bajo los roces más delicados y lo puso dentro del bolsillo de su bata.
Tanto tiempo sin vernos.
Entonces, se paró tomo la mano de la niña en la suya, y empezó a caminar.
“Señor enfermero, ¿por qué hay tantos corazones aquí?”
Luces fluorescentes empezaron a inundar la habitación después de que Soobin pulsara el interruptor. Dejo que la niña entrara primero para el después deslizar la puerta y cerrarla.
La habitación lucía exactamente como se había dejado hace 3 años; en los cuales Soobin nunca dejo a nadie entrar, el incluido. El mero hecho de estar aquí solo hacía que su cuerpo se sintiera como si estuviera atravesando un túnel del tiempo. Inhalando profundamente, sus ojos finalmente se abrieron para apreciar sus alrededores.
No era nada diferente a las otras habitaciones del hospital. La cama estaba hecha perfectamente. Las sabanas eran blancas—al igual que las almohadas, el piso, el techo y todo lo demás. Casi toda la habitación estaba adornada de blanco. Nada era fuera de lo normal.
A excepción de las masas y masas de corazones de origami—todos de diferentes colores—llenando el espacio entero a donde sea que uno viera. Colores ondulados en tonos de papel brillante abarcaban su campo de visión; de izquierda a derecha, arriba abajo. Estaban pegados en la pared, tanto que casi no había espacio para el blanco que intentaba asomarse de entre estos. Tiras y tiras colgaban del techo en múltiples filas, cruzando como luces decorativas. Era cerca de la cama; en la mesa de noche, en la almohada, y delicadamente derramadas en las sábanas.
Soobin podía recordar perfectamente como él estaba ahí, pegando los corazones a la pared, atando las tiras, dispersándolos en las sábanas—hace tres años, como si hubiese sido ayer.
La pequeña se sentó cuidadosamente en la silla a lado de la cama, pero Soobin la levantó y colocó en el colchón. Su complexión pequeña era acurrucada por el océano de corazones de origami en las sabanas; la vista era extrañamente adorable, pero desgarradora para el por razones que el joven prefería no mencionar.
El enfermero se sentó en la silla a lado de la cama, acercándola, y le ofreció un corazón al azar que recogió a la pequeña. Entonces, empezó. “¿Alguna vez has escuchado sobre la tradición de corazones de origami en el hospital?”
Tomando el corazón, la niña emocionada lo inspecciono y asintió en emoción. “¡Si! ¡Mi mamá me dijo que cuando alguien deja el hospital para ir al cielo, todos doblamos un corazón de papel para ellos! ¡Así, así!”
“Así es,” rió suavemente Soobin. La emoción pura e inocente de una niña iluminó casi por sí sola el ambiente mórbido de esta habitación, algo que nadie había sido capaz de lograr por incontables años. A Soobin le parecía altamente irónico. “Pero ¿sabes cómo empezó?”
La nena sacudió su cabeza en negación, entregándole el corazón de papel al pato Peitero para que pudieran inspeccionarlo juntos. Esta acción por si sola jaló las cuerdas del corazón de Soobin.
“Bueno, entonces. Te contaré una historia.” Aclaró su garganta, y la niña lo volteó a ver con los ojos más brillantes del mundo, empezando a que empezara con sus labios formando una ‘o’ perfecta.
Me pregunto si la enviaste a mi camino. Como una señal.
“Empezó aquí, en esta habitación. Por un chico que solía doblar corazones de papel todos los días para su amor perdido, esperando que cada uno que hiciera lo llevaría al dia en que abriría sus ojos otra vez.”
Desafortunadamente, para él, ese día nunca llegó.
“Hyung, ¡mira aquí!”
Yeonjun estaba a la mitad de bajar de un árbol, el extremo de una planta de hierba al azar metido entre sus dientes cuando se volvió a mirar. "Beomgyu, ¿qué estás haciendo?"
“¡Ven aquí rápido, o el viento lo soplará! ¡Mira!” El más joven aun exclamó con alegría, sonando muy emocionado mientras se agachaba en medio del campo, sus manos en forma de copa protegiendo los alrededores de algo.
Yeonjun soltó una risita mientras saltaba hacia el pasto, caminando en su dirección. En medio de un grande campo de pasto, Beomgyu se misteriosamente se veía incluso más pequeño. “¿Qué es?” Pregunto mientras se posicionaba en cuclillas a su lado.
Con una sonrisa brillante, el chico cuestionado abrió sus manos, revelando el objeto que había estado protegiendo con cuidado de la brisa primaveral de la tarde.
Eran dos dientes de león perfectos— blancos como la nieve, redondos como círculos de libros de texto, ni un solo copo fuera de lugar.
Beomgyu notó a Yeonjun mirándolos con asombro igualmente y soltó una risita mientras suavemente separaba las flores, entregándole una a el otro. “’ ¡Ten! ¿Sabías que cuando ves unos dientes de león puedes pedir un deseo antes de que los soples, y se volverá realidad?”
Yeonjun arqueó su ceja. Beomgyu no parecía el tipo de persona en estar interesado en ese tipo de cosas. “¿En serio? ¿No estás inventándote esto?” Yeonjun musitó, observando al más joven con una mirada interrogante que era medio burlona.
“¡No! Un tío me lo dijo una vez. Ándale, rápido. Cierra los ojos y pide un deseo. Hagámoslo juntos.” Beomgyu agitó en su cara con su mano libre, su emoción apenas era contenida. Con una sonrisa aun pegada en su rostro, apretó los ojos con fuerza—tan excesivamente apretado que empezaron a formarse arrugas. Si a Yeonjun le pareció encantador, no se lo hizo saber. Sólo dedicó un segundo a mirar a Beomgyu, sonriendo con cariño para sí mismo, antes de cerrar también sus propios ojos.
Lo que pidió, preferiría irse a la tumba que admitirlo en voz alta.
Deseo siempre pasar el mañana junto a ti, hasta el fin de los tiempos.
Cuando los abrió nuevamente, los ojos de Beomgyu ya no estaban cerrados. Esos ojos inocentes ahora lo observaban a él con anticipación; como si estuviese esperando a que terminara de pedir su deseo así pudieran soplar los copos juntos.
Yeonjun soltó una risa en voz baja, un asentimiento significando luz verde para Beomgyu estaba siendo esperado. La sonrisa de este último se volvió imposiblemente más brillante antes de que ambos soplaran los dientes de león al mismo tiempo.
“¿Qué deseo pediste?” Yeonjun le dio un empujón en el hombro, los restos de los copos se esparcían alrededor de ellos como nieve.
“Hyung, ¡No puedo decirte! ¡Sino no se volverá realidad!” El más joven lo dejo de mirar, un puchero formándose en su rostro.
“Aw, pero le dices todo a Hyung,” Yeonjun presionó, empujando al menor al campo. Beomgyu solo gimió, pero no mostro señal de restricción.
El sol estaba alto sobre ellos. La brisa era cálida pero gentil. En la distancia, Yeonjun podía escuchar a los pájaros cantar. Gotas de rocío hizo que sus prendas se humedecieran mientras rodaban alrededor del campo, pero a ninguno parecía importarle. Risitas llenaron el vacío de aquel parque; era como si ellos fueran los únicos presentes en este inmenso, inmenso mundo
Tenían diez años.
Cuando cumplieron once, Beomgyu lo llevó nuevamente ahí—en una tarde fría de septiembre, cuando la brisa ya no sostenía la calidez reconfortante de un picoteo como en una tarde de marzo. Yeonjun aun recordaba las gotas de roció que acariciaban sus mejillas la última vez que visitaron.
Ahora, solamente jalaba su cuello de tortuga más alto, el viento se paseaba con fuerza a través de sus cabellos. Beomgyu estaba a su lado, una mano sostenida con fuerza alrededor de la suya; vistiendo un gorrito blanco y un suéter amarillo brillante. Yeonjun notó que su gorrito poseía orejas de gato y rió. Que adorable.
“¡Ven rápido!” El chico más joven exclamó, jalándolo desde sus manos entrelazadas. Yeonjun solo soltó un gritito en lo que intentaba seguirle el ritmo. La brisa sopló aún más fuerte, esta vez sin piedad alguna, y podía saborear su cabello en su boca mientras temblaba ligeramente.
Beomgyu finalmente se detuvo en cuanto llegaron al punto favorito de Yeonjun en el parque—un árbol de arce gigante. Se sentaron, y solo ahí fue cuando Beomgyu dejo de sostener su mano para indagar dentro de la canasta que había estado cargando. Las palmas de Yeonjun se sentían extrañamente vacías en el frío, por lo cual las sostuvo debajo de su suéter para deshacerse de lo helado.
“Hyung, ¿sabías que van a renovar el parque de por ahí para convertirlo en un parque de diversiones?” Beomgyu preguntó, su pequeña mano apuntando. La mirada de Yeonjun la siguió, y en efecto, ya se podía una rueda de la fortuna; parándose alta en medio de un crepúsculo misterioso, sus luces brillantes brillando en contraste con la oscuridad de la noche.
“¿Beomgyu quiere ir?” Preguntó, notando el ligero baño de color que apareció en el rostro del menor al ser dirigido en tercera persona. Siempre supo que a Beomgyu le gustaba ser dirigido de esa manera desde que eran niños, pero no se había dado cuenta que aún tenía el mismo efecto. “Deja de hablarme así, ¡ya no tengo cinco años!” El le respondió, pero el tinte rojo ya era más que evidente. Un latido después Yeonjun dejó su ataque de risas, y habló una vez más, esta vez con voz tímida.
“A Beomgyu no le gustan los lugares altos.”
“Mm,” zumbó Yeonjun, atravesando un brazo alrededor de los hombros del más joven. “Hyung lo sabe. Entonces, podemos verlo desde lejos.”
Beomgyu asintió silenciosamente. Un Segundo después, directo de la canasta, sacó una pequeña caja. La sonrisa favorita de Yeonjun estaba una vez más pronunciada en su rostro mientras observaba con anticipación.
“¡Mira lo que traje para ti!” Cantó el menor antes de poner la cajita en el pasto, intentando sacar más cosas de la canasta. “¿Qué es eso?”
Beomgyu solo sonrió misteriosamente, sin responder. En sus manos ahora sostenía una vela, un encendedor, y un montón de utensilios de plástico; rápidamente los esparció en su regazo antes de desarmar la caja de papel. Los ojos de Yeonjun se engrandecieron.
“Tu pastel de cumpleaños, tontín.” Dijo Beomgyu en un tono juguetón, la falta de honoríficos fue intencional dedujo Yeonjun; pero no le prestó gran importancia. El menor ahora orgullosamente le entregaba el pastel, empujándolo literalmente en sus brazos— que un ligeramente nervioso Yeonjun tomó diligentemente.
“Pastel de zanahoria, tu favorito. ¡Le pedí a mi mamá que me ayudara a hacerlo! Creo que hice un gran trabajo, ¿no lo crees?” preguntó Beomgyu con una sonrisa triunfante mientras colocaba una vela en medio del pastel y sacaba el encendedor. En merengue blanco, Yeonjun apenas podía descifrar lo que estaba escrito ‘Feliz cumpleaños Yeonjun hyung’ encima de él. Beomgyu usualmente tenía una letra limpia, por lo cual esto podía reflejar la dificultad que pasó en el proceso de decoración.
La imagen mental de Beomgyu poniendo demasiado esfuerzo solo para el hizo que una sonrisa se formara en su rostro.
“¿En serio lo hiciste tú?” ¿No me estas mintiendo?” Yeonjun cuestionó, una sonrisa astuta adornaba su rostro. Lo que no le dijo a Beomgyu fue que esperaba que las risas que salían de sus labios secos cubrieran el sonido de sus propios latidos, rápidamente chocando con la restricción de su caja torácica.
“Es tu cumpleaños, ¡Puse todo mi esfuerzo! ¡Cómo te atreves a cuestionar a Beomgyu!” Formó un puchero, utilizando intencionalmente su voz de bebé como ventaja. Beomgyu, también, estaba consciente de lo mucho que el mayor adoraba esta especie de apodo.
“Yo, Choi Yeonjun juro solemnemente nunca cuestionar a Choi Beomgyu mientras viva.” Habló, con su voz dramáticamente más grave. Beomgyu solamente resopló ante la burla, intentando encender la vela en medio de la fuerte briza de la tarde.
Entre los intercambios bromistas y risas ahogadas, los dos chicos cantaron una versión no sincronizada y fuera de tono de ‘Feliz Cumpleaños’. Yeonjun más tarde se daría cuenta que la razón por la cual solo podía enfocarse en Beomgyu—aunque se supone que era su cumpleaños— significaría más de lo que había dejado creer.
“Muy bien, ahora ¡es hora de que pidas un deseo!” Cantó el más joven. Las orejas de gato en su gorrito se caían mientras las soplaba el viento, mientras la sonrisa más brillante adornaba su rostro. Por un momento, Yeonjun estaba convencido de que el brillo naranja que emana entre ellos dos provenía de la sonrisa del más joven, y no de las velas de cumpleaños.
Zumbando, Yeonjun cerró sus ojos e hizo lo que se le ordenó.
Espero poder siempre verte sonreír así, hasta el fin de los tiempos.
En otra fatídica tarde de marzo, era Yeonjun el que ahora dirigía y jalaba a Beomgyu desde sus manos entrelazadas.
“Hyung, ¡No quiero ir ahí! ¡Mamá nos regañará si se entera!” Se queja el más joven, con su labio inferior temblando. Intentó enterrar los talones de sus pies en el piso terroso del campo, pero la acción resultó ser inútil. De todas maneras, Yeonjun siempre demostró ser más fuerte que él. “Entonces, tenemos que asegurarnos que nunca se entere, ¿verdad?” Yeonjun respondió, una sonrisa juguetona formándose en su rostro.
El más joven solo respondió con un gruñido insignificante, pero dejó de resistirse. En cuanto finalmente se detuvieron, se encontraron frente a frente con la rueda de la fortuna gigante; la que se encontraba del otro lado del parque que habían convertido en su segundo hogar. Beomgyu esperaba a medias que la sonrisa torcida de Yeonjun se volviera más grande mientras lo empujaba en la cabina abierta. Sin embargo, el más grande solo se volteó a verlo, dándole a sus manos entrelazadas un ligero apretón tranquilizador. “¿Beomgyu tiene miedo?”
Ahí estaba una vez más—su hablar de bebés, y Beomgyu fue levemente sorprendido por el tono preocupado en su voz. Mordiendo su labio inferior, intentó mirar hacia la punta de la rueda de la fortuna e imaginarse ahí mismo. No hace falta decir que, una descarga viajó a través de su columna.
Pero Yeonjun estaba justo ahí; y tan pronto como sintió dl miedo de Beomgyu, su agarre se volvió más fuerte. “No tengas miedo, Hyung está aquí.”
Eso es cierto. Su Hyung está aquí—y no hay nada a lo que el debería temerle.
Con su mentalidad realizada, Beomgyu soltó un resoplido fuerte que le hizo subir el pecho; como un acto de valentía que necesitaba más que el chico a su lado. “Beomgyu no tiene miedo.” La sonrisa astuta tomo su camino de vuelta al rostro de Yeonjun. Beomgyu quería decirse a el mismo que la odiaba, pero no estaba tan seguro de que tan cierto era. “Bien.”
Y con eso, subieron a la rueda de la fortuna.
Sin embargo, la siguiente cosa que Beomgyu supo, es que estaba pegado al lado del mayor— su muestra de coraje de hace unos momentos había sido abandonada mientras se enlazaba por completo al brazo izquierdo de Yeonjun. No le importaba que pareciera un koala en estos momentos, o si las burlas del mayor harían sus orejas pintarse de rojo más tarde.
Entre respiros ahogados y risas implacables, Yeonjun por fin pudo formar una oración coherente. “¡Eres tan adorable! ¿No habías dicho que no tenías miedo? Huh, Choi Beomgyu”
“¡Cállate! ¡Me engañaste! ¡Eres una persona horrible, Hyung!” Beomgyu solo podía contar amenazas vacías e insultos temblorosos, apretando sus ojos con tanta fuerza que empezó a sentir un dolor de cabeza. Debajo de él, empezó a sentir la subida inestable de la cabina de pasajero.
Estaría vomitando de las náuseas que estaba sintiendo en ese momento, de no ser por la calidez reconfortante de la mano que sostenía.
Encima de él, podía escuchar su voz favorita arrullar. “Beomgyu, está bien que abras los ojos. Lo prometo.” Habló, con un tono sorpresivamente cariñoso; no más sarcasmo estaba presente.
Y entonces, la inclinación de la cabina que tanto aborrecía detuvo una parada. “¿Ya terminamos por fin?”. Intentó abrir de a poco un ojo, su cuerpo relajándose significativamente.
“No, estamos en la cima.” Dijo Yeonjun, y Beomgyu casi pega un grito.
“Entonces, ¿por qué me dijiste que era seguro abrir mis ojos? ¡Mentiroso! ¡Eres la peor persona del mundo, Choi Yeonjun!” Sus ojos fueron cerrados una vez más, pequeños puños golpeando repetitivamente el pecho de este último. Sin embargo, esto no le hizo cesar la risa del mayor.
“Puedes ver la puesta del sol ahora mismo, Beomgyu. Es hermoso. Mira, incluso podemos ver el árbol de arce desde aquí.” Susurró, con su mano libre moviéndose hacia arriba, acunando la cabeza del más joven.
Hubo silencio cuando Beomgyu no respondió. Pensó que el chico se había rendido en persuadirlo, cuando un latido después, una voz resonó justo al lado de su oído. “Está bien mirar. Nada malo te va a pasar mientras esté a tu lado, tontín.”
Beomgyu dudó un momento—pero Yeonjun lo conocía lo suficientemente bien para saber lo que estaba empezando a pensar, así que lo intento de nuevo. “Lo prometo, Gyu.”
Pasó un momento lleno de silencio antes de que escuchara la voz ahogada de Beomgyu desde donde mantenía su cabeza oculta en su hombro. “Más te vale.”
Y entonces, lentamente, se separó de él. Yeonjun sonrió orgullosamente, lentamente girando su cuerpo hacia donde el atardecer estaba. “Te tengo,” susurró, “Ahora, abre los ojos.”
Con una exhalación temblorosa, Beomgyu hizo lo que se le ordenó.
Al principio, el más joven solo veía un brillo anaranjado—bombardeaba su visión e invadía su vista de una manera que casi le espanta. Pero después de parpadear un par de veces, sus pupilas se ajustaron a la luz.
Lo que se encontró casi le dejó sin aliento.
En ese entonces era la hora dorada, el molde gentil del atardecer pintaba de un anaranjado asombroso todo lo que podía tocar. El cielo era una armonía perfecta de rojo, rosa y amarillo; los colores vibrantes y casi elegantes, como un lienzo meticulosamente afinado por un artista de nivel mundial.
Beomgyu soltó un jadeo. Podía escuchar una ligera risilla del chico a lado de el, pero no podría importarle menos.
Desde la cercana torre del reloj, Beomgyu apenas podía leer la hora. Entrecerrando los ojos, lo intentó; eran las 05:53 pm.
Nunca en su vida había visto el sol desde tan cerca—quemaba un carmesí enojado, parecía que podría permanecer en sus palmas si solo las acercaba. “¿El sol siempre ha sido a si de rojo?” Soltó, y así como esas palabras salieron de su boca, sintió su rostro calentarse de vergüenza.
“Es increíble, ¿verdad?” Rió el mayor antes de que apuntara. “Mira, ahí. Nuestro árbol de arce.”
Entonces, Yeonjun observó con asombro como los ojos del más joven visiblemente se iluminaban. “¡Wow! Se ve muy pequeño desde aquí. Espera, espera. ¡Puedo ver el techo de tu casa desde aquí, Hyung! ¡Mira!”
Pero Yeonjun no estaba mirando. Estaba demasiado ocupado observando fijamente al chico a su lado.
Y Beomgyu deseó no haber volteado para encontrarse con su mirada en silencio, por que el afecto en esos mismos ojos—observándolo como si él fuera quien colgaba las estrellas— lo introduciría en una vida de improperios que no sabía que le esperaba.
Y ninguno de los dos era lo suficientemente grande para reconocer lo que ese momento significaba, ni en lo que se manifestaría—las sonrisas cariñosas en ambos de sus rostros, los nudos en sus estómagos, la sensación de estar tan alto que, de alguna manera, podrías alcanzar el cielo sonaba perfectamente sensato.
Desde ese momento, Beomgyu ya no le temía a las alturas.
“Feliz cumpleaños, Beomgyu.”
Desde entonces, se volvió un hábito recurrente el ir al parque cuando fuera el cumpleaños de alguno de ellos. Beomgyu siempre usaba el nombre de Yeonjun como excusa al pedirle permiso a sus padres, diciéndoles cosas como ‘Hyung siempre me cuida, ¡no se preocupen!’ y ‘No quiero jugar con otros chicos, ¡solo Yeonjun Hyung!’. Cada vez que el mayor se presentaba en su puerta de entrada, no importaba la situación ni las circunstancias; siempre y cuando tuviera esa sonrisa brillante en el rostro, Beomgyu sin duda alguna lo seguiría a donde fuera.
Era un fría mañana de diciembre cuando Yeonjun casi rompe su timbre con sus llamados despiadados. “Choi Beomgyu, ¡sal de ahí!”
“¡Voy!” Gritó un Beomgyu emocionado, enredando su bufanda apresuradamente alrededor de u cuello y colocando sus botas de invierno. Salió sin perder tiempo alguno, encontrándose cara a cara con un Yeonjun gruñón fuera del portón de su casa. El mayor empezaba a crecer en altura, y ahora Beomgyu tenia que ajustarse habitualmente a mirar arriba cada vez que estaban cerca. De una manera, le tenía envidia.
“No me hagas esperar en el frío por tanto tiempo nunca más, ¿te harás responsable si me congelo hasta morir?” El mayor rodó los ojos, jalando su gorrito para cubrir sus orejas. Beomgyu solo rio silenciosamente, codeándolo juguetonamente mientras comenzaban a tomar la ruta familiar hacia el parque. Las calles estaban cubiertas por una capa delgada de hielo, y la nieve se apilaba como pequeñas montañitas al ser empujados fuera de la pista.
Esta vez, solo tomó dos rondas de jugar entre ellos para llegar al parque. Mientras avanzaban su camino hacia el árbol de arce, la nieve comenzaba a profundizarse tocando sus tobillos, sus pequeños cuerpos parecían mucho más solitarios en medio del antes verde campo; que ahora era un terreno despejado de nieve.
Yeonjun estaba solamente unos pasos mas adelante que el más joven—una de sus varias ventajas dadas por sus piernas largas—y no prestaba atención a Beomgyu lentamente dejándolo detrás mientras caminaba sin pensar hacia el arce.
Y ese fue su primer gran error—por que cuando no se detuvo para voltear atrás de el, una inmensa bola de nieve se dirigió a él a gran velocidad.
Perdiendo el balance, Yeonjun gritó, cayendo de cara a los 60 centímetros de blanco que tenía delante. Incluso aun sumergido en las temperaturas heladas, podía oír la risa maniaca del más joven a una distancia.
“¡Oh, Choi Beomgyu, te vas a arrepentir!” Exclamó enojado que era tanto exagerado como autentico mientras se levantaba. El mayor no se molestó en sacudir la nieve de su cuerpo; un copo sentándose en la punta de su roja nariz mientras se apresuraba en agarrar un gran puño de nieve.
El chico amenazado estaba parado a una distancia de él, manos visiblemente sosteniendo su estómago mientras se retorcía. Beomgyu sentía como si fuese a morir de tantas carcajadas que estaba soltando, pero no podía detenerse; no cuando Yeonjun se veía tan escandalosamente furioso así. “¿En serio? ¡Primero intenta atraparme! ¡No puedes! ¡Jaja!”
“¡Pues ahí te va!” exclamó el mayor mientras que en sus manos una bola de nieve gigante se formaba. “Recuerda que es el jugador numero uno de basquetbol de la escuela con el que te estás metiendo.”
Y Beomgyu estaba tan ocupado riéndose que falló en escuchar lo que había dicho; porque lo ultimo que vio fue solo blanco.
Desde el punto de vista de Yeonjun, la manera melodramática en la que Beomgyu se cayó pertenencia a un espectáculo de comedia. Ahora era el turno de el para retorcerse mientras reía; sus voces siendo el único ruido indicador de vida en aquel parque, tranquilo y estoico.
“Choi Yeonjun ¡estás muerto!” Gritó el más joven cuando su rostro por fin salió de toda esa nieve. Parecía un pequeño oso polar con su gorrito blanco, y Yeonjun arrulló. “Si me muero, entonces ¿Quién jugará contigo?, ¿Huh?”
“Si no te mato yo mismo, ¡espero vivas una vida tan aburrida que cuando yo no esté te arrepientas de haberme hecho esto!” Beomgyu gritó justo antes de que otra bola de nieve fuera lanzada, y fue sumergido una vez más. Después hubo otra, antes de que pudiera tomar precauciones; y otra.
Minutos se volvieron horas, y las risas se convirtieron en jadeos exhaustos. El antes cuerpo intocable de nieve ahora contenía numerosas pisadas. Aunque el sol apenas era visible, para Yeonjun y Beomgyu, se sentía como primavera.
Tenían trece años.
“¡Hyung! Siéntate, rápido.” Beomgyu dio una palmadita apresurada en el espacio a su lado en su cama, metiendo las piernas y posicionando su guitarra encima de su regazo.
Yeonjun tranquilamente cerró la puerta de la habitación, una ceja alzada mientas caminaba hacia la cama. Aparentemente, era demasiado lento para el gusto de Beomgyu, porque las palmadas se volvieron mas impacientes. “No importa lo que hagas, siempre me dices que venga rápido. ¿Cuál es la prisa? ¡No es como que iré a ningún lado!”
“Solo cállate y ven a sentarte, tengo algo genial que enseñarte.” El mas joven sonriso orgullosamente, rápidamente sacando una púa de guitarra del bolsillo de su sudadera en cuanto Yeonjun se sentó donde le había dicho. “Bueno, en realidad es una nueva canción que descubrí. ¡Pasé toda la noche aprendiendo la melodía!”
Esto le resulto en una risa divertida por parte de Yeonjun, inclinándose hacia atrás apoyándose de sus brazos cuando miró al chico con la cabeza ladeada. “¿Para mi? Que adorable.”
“¡No es para ti! No todo es sobre ti, Dios—“Beomgyu lanzó un gruñido exagerado, intentando que sonara convincente; cuando en realidad su corazón casi se le sale al ser descubierto. “Claro, claro. Como sea. Escuchémosla, músico.”
Beomgyu solo le lanzo una mirada corta antes de aclarar la garganta, posicionando sus dedos para tocar el primer acorde. Por un momento el silencio los rodeo mientras se preparaba mentalmente. De alguna manera, esto se sentía mas íntimo de lo normal.
Relájate, solo eres tú tocándole una canción a su mejor amigo. No tiene un significado más profundo que eso.
Aun así, cuando estaba a punto de cantar cachó a Yeonjun observándolo como si pudiera ver a través de él. Beomgyu se sintió terriblemente despojado, como si su alma estuviera desnuda.
Un sonrojo se asomó en su cuello, tocando la punta de sus oídos. Movió la mirada, ahora enfocándose intensamente en las cuerdas de su guitarra, con su cabeza colgando bajo.
Pero aun así cantó, porque la tensión del silencio estaba empezando a lugares en los que prefería no estar. No cuando Yeonjun estaba en la misma habitación.
¿Qué estaba mal con él?
“Recuerdo la manera que me hacías sentir”,
¿Era porque los dos estaban pasando por la pubertad que de repente se sentía así por su mejor amigo? ¿O había estado ahí todo el tiempo, pero era demasiado indiferente e ingenuo para darse cuenta?
“Un amor tan joven, pero algo en mi supo que era real ,”
¿Fue por su cambio de apariencia? ¿O a que Yeonjun perdió su grasa de infante y pegó su estirón?
"Congelado en mi cabeza. Imágenes que estoy viviendo por ahora,"
¿Acaso se volvió más guapo? Y, ¿desde cuándo sus rasgos estaban tan definidos? ¿Sus labios siempre han sido así de carnosos?
“Tratando de recordar todos los buenos momentos. Nuestra vida se cortaba muy fuerte,”
Entonces, Beomgyu hizo algo que sabia de lo cual se arrepentiría en el momento—miró hacia arriba.
Las consecuencias lo alcanzaron más rápido de lo que hubiera querido, porque la mirada de Yeonjun que se encontró casi lo hizo cortocircuitar.
“Los recuerdos aparecen en mi mente apagada Yo, odio esta parte, corazones de papel"
¿Siempre lo había visto de tal manera? ¿Incluso cuando él no prestaba atención?
Beomgyu se dio cuenta un latido después que prefería no saber la respuesta a esa pregunta.
“Y sostendré un pedazo del tuyo”
El chico desvió la mirada, regañándose internamente por dejar que su voz cantara fuera de tono. Incluso así, un par de ojos aun quemaban agujeros atrás de su cabeza.
“No creas que simplemente lo olvidaré”
¿Cómo era posible que la mirada de Yeonjun fuera tan intensa que un podía sentirla, aunque no estuviera mirándolo? ¿O se lo estaba inventando todo en su mente?
“Esperando que tu no lo olvides”
Tomó un respiro tembloroso mientras su voz disminuía, y después solo existía silencio. Beomgyu solo permanecía sentado, sosteniendo su guitarra como si su vida dependiera de ello, como si pudiera tranquilizar el océano inmenso de pensamientos que inundaban su mente. No se atrevía a mirar arriba, temiendo a explotar si es que lo hacía. Así que esperó.
Y esperó. Y esperó. Hasta que no aguantó el silencio, porque ahora empezaba a dudar si se escuchó horrible y Yeonjun no podía forzarse a mentirle.
Pero una vez que finalmente levantó la cabeza, Yeonjun sólo estaba sentado allí, sin moverse de su posición como si estuviera congelado.
Beomgyu, por su parte, iba a explotar de frustración. Estuvo a punto de tirar su guitarra—o al mayor—sólo para poder obtener el más mínimo indicio de reacción por su parte.
Excepto que Yeonjun estaba mirando ávidamente los labios de Beomgyu. Y cuando Beomgyu captó eso, su corazón martilló hasta sus tímpanos.
Su desesperación por romper la tensión le dio el valor para hablar. "¿Fue tan malo?"
Como si hubiera salido de un hechizo, Yeonjun salió de su trance y finalmente se encontró con sus ojos. "¿Qué? No, no. Estuvo bien. No tenía ni idea de que pudieras cantar tan bien".
"¿Por quién me tomas, por una vaca?" Beomgyu fingió un gemido exasperado, aprovechando esta oportunidad para salir de la cama y guardar su guitarra. Necesitaba toda la distancia que pudiera usar entre él y Yeonjun ahora mismo, ya que algo extraño florecía en su pecho cuanto más tiempo estaba el chico cerca de él.
Beomgyu no reconocía ese sentimiento, así que por inercia no le gustaba.
“Una vaca canta mejor, estoy seguro". Cantó Yeonjun detrás de él, y Beomgyu respondió con un ruido poco impresionado. "De todos modos, ¿quieres escuchar el original?" Preguntó, alcanzando el álbum que estaba al lado de su reproductor de DVD.
“Claro. ¿Cómo se llama?”
“Paper hearts, corazones de papel,” respondió colocando el CD en el reproductor. “Es de Tori Kelly. Es mi canción favorita en el momento. Compré su EP después de encontrarla en Soundcloud.”
Pulsó el botón de reproducción y se volvió hacia la cama. La acción no debería asustarle tanto como ahora, porque era su cama, en la que dormía a diario. El mayor era el invitado, no él.
Pero con Yeonjun estando en ella ahora, su cama nunca se había sentido más extraña. No seas tonto, Beomgyu. Hemos compartido nuestras camas toda la vida.
Sin embargo, fue como si Choi Yeonjun fuera puesto en este mundo sólo para hacer su vida peor; porque el mayor se acostó y se puso cómodo, lo suficientemente audaz como para acariciar el espacio justo a su lado.
"Ven a acostarte, rápido".
Beomgyu inmediatamente reconoció esto como una imitación de sí mismo y se arrepintió al instante. Pero Yeonjun lo miraba expectante, y Beomgyu se dio cuenta entonces de que una derrota ya estaba escrita en piedra para él.
Estaría bien... Esto no es nada fuera de lo común, ¿verdad? Sólo estoy interpretando las cosas porque las hormonas están jugando con mi cerebro.
La letra de la canción comenzó a sonar en el fondo mientras Beomgyu se sentaba al lado de Yeonjun. Ambos eran más altos ahora, sus alturas los hacían un ajuste incómodo para una cama que solía acomodarlos perfectamente hace un año.
Nunca tuvo problemas para estar piel contra piel con Yeonjun—pero ¿por qué se le hacía más difícil respirar con cada segundo que pasaba?
Su mente comenzó a descender a la locura. Tal vez era sólo la pubertad, pero notó que Yeonjun ya no tenía ese olor a talco de bebé. ¿Por qué ahora tenía olor corporal? ¿Y siempre había olido a pino y sándalo?
Beomgyu ya no podía seguir el ritmo. Su cerebro disparaba un millón de preguntas en un millón de direcciones diferentes, todas las cuales sabía que no querría que se respondieran. Sin embargo, su cabeza se negaba a frenar.
El más joven estaba recto como una regla, con las manos juntas en medio del estómago como si estuviera practicando su posición en un ataúd. Miraba el techo de su habitación como si fuera el mural más interesante del mundo, sin atreverse siquiera a robar una mirada al chico que tenía al lado.
Porque si le pillaba mirando de nuevo, Beomgyu no estaba seguro de lo que acabaría haciéndole esta vez.
Entonces, como una piedra lanzada a una ventana de cristal, la voz de Yeonjun rompió su tren de pensamientos.
"Beomgyu, ¿alguna vez has sentido curiosidad por saber qué se siente al besar a alguien?"
El pecho de Beomgyu se apretó tanto que estaba casi convencido de que un nudo se le estaba cerrando en la garganta. "¿Por qué? ¿Tienes a alguien a quien quieres besar?"
Esto le ganó una mirada ilegible del mayor. Lentamente después, Yeonjun sacudió su cabeza y metió una mano debajo de ella como una almohada improvisada. "No, en realidad no. Sólo me preguntaba qué se sentiría".
"Qué raro", comentó, haciendo todo lo posible por llevar la conversación a la normalidad. Ahora se levantaba con un brazo, apoyándose en un lado y mirando al mayor. "¿Es porque Taehyun recibió su primer beso el otro día? En el patio de la escuela con—¿Cuál es su nombre—Hueningkai?"
Yeonjun se rió ante el recuerdo. "Tmbién escuché que fue un accidente". Entonces, ahí estaba de nuevo; esa mirada en los ojos de Yeonjun que Beomgyu era incapaz de leer. Lo frustró al máximo, porque no importaba lo que fuera, Beomgyu siempre podía leerlo.
Estaba empezando a odiar la pubertad. Habían estado juntos toda su vida, ¿Qué es lo que no sabía de Choi Yeonjun?
"Hombre, imagina que tu primer beso sea un accidente. Eso sería tan triste". Hizo su mejor esfuerzo para responder como si fuera tan despreocupado como esperaba que pareciera, porque la mirada de Yeonjun estaba empezando a hacer que se deshiciera. Los frenéticos revoltijos en la boca del estómago no le ayudaron ni un poco en su misión personal.
"¿Cómo imaginaría Beomgyu que sería su primer beso?" Dijo Yeonjun, con un tono de presunción mientras se apoyaba en su lado también.
Dios, cualquier cosa menos ese apodo. Ahora mismo no. "Hm... me gustaría que fuera significativo. Con alguien importante. Alguien que signifique mucho, supongo".
"Ooh, no pensé que fueras del tipo romántico". El chico mayor se burló con una risa, a lo que él sólo respondió rodando los ojos.
Entonces, Beomgyu no supo si lo imaginó, pero la mirada de Yeonjun parpadeó hacia sus labios tan rápidamente como volvió a él.
"¿Y tú, Hyung?"
La risa de Yeonjun se transformó en una pequeña sonrisa. "Sólo quiero que sea con alguien de quien no me arrepienta. Como, alguien con quien pueda experimentar mi primera vez sin vergüenza y nos riamos después. Si es demasiado incómodo, entonces me moriría allí mismo".
Esto hizo que ambos se rieran. Algo en la respuesta de Yeonjun encendió una sucia chispa de valentía dentro de él, porque lo siguiente que Beomgyu supo fue que las palabras ya se habían deslizado por sus labios.
"¿No sería yo?"
El cuarto entero se detuvo con un chirrido. Incluso la música de fondo pareció desvanecerse en el silencio. La mirada con la que fue recompensado hizo que Beomgyu deseara que la tierra se abriera de alguna manera y lo tragara entero.
Visiblemente asustado, trató de retroceder. "Eh, quiero decir, es como— bueno—"
Pero Yeonjun sólo le dio un encogimiento de hombros sin molestar. "No te equivocas, en realidad," Y allí estaba de nuevo, la mirada en sus ojos-esta vez acompañada de una sonrisa que inmediatamente lanzó su corazón en un impulso. "Cumples todos los requisitos".
Y ambos se callaron. El sonido de Tori Kelly armonizando en el fondo parecía volver a ser lo único que impedía que la habitación cayera en otro silencio espantoso. Beomgyu sintió que todo su cuerpo daba vueltas, como si la cama se desintegrara bajo él. "Entonces—"
"¿Quieres probarlo?" Preguntó Yeonjun. El chico casi cayó de cara en su almohada. "Podemos simplemente... Experimentar. Ser la prueba del otro, y si sale horrible, simplemente nos reiremos. Al menos contigo sé que no será incómodo, ¿verdad?"
Beomgyu deseó poder retroceder en el tiempo y desaparecer por completo, porque lo que le quedaba a continuación le iba a llevar a una vida de desesperación que no vio venir.
Pero, por supuesto, en aquel entonces era sólo un curioso él y un curioso mejor amigo, y por lo tanto, ¿qué podría salir mal?
"Claro". Logró esbozar una media sonrisa, el corazón le latía demasiado rápido como para decir algo más. El mayor devolvió la sonrisa, y los ojos de Beomgyu se centraron en los labios de Yeonjun. Algo en su expresión le hacía parecer que estaba... Contento. "Pero hazlo tú primero, ya que lo pediste".
"De acuerdo. Si es malo, tienes que mentir para elevar mi ego". Dijo el mayor mientras se acercaba. Corazones de papel seguía sonando en el fondo, ¿y Yeonjun siempre se había visto así de guapo de cerca?
Ya estaban nariz con nariz cuando Beomgyu finalmente encontró en él una respuesta sarcástica. "No, me reiré de ti el resto de tu vida".
Una risa baja. ¿Siempre había sonado así? "Entonces te besaré para que te calles el resto de tu vida".
Si sus nervios pudieran materializarse, todo su dormitorio estaría ahora mismo lleno hasta el borde de su propio sudor. "No lo harás". Desafió, pero su voz estaba temblando audiblemente. Ya encontraría el modo de avergonzarse por ello más tarde.
Lástima para él, Yeonjun nunca fue del tipo que se echa atrás ante un desafío. Si había algo que uno debía saber de él, era que era la persona más competitiva que Beomgyu había conocido.
"Lo haré, en realidad". Fue lo último que escuchó antes de que el mundo entero gravitara sobre él en forma de labios apretados contra los suyos. Un toque tan suave, pero que Beomgyu sintió como si lo golpearan con mil ladrillos.
¿Su corazón siempre ha latido así de rápido cuando Yeonjun estaba así de cerca? ¿Siempre ha sido su habitación tan sofocante?
Se encontró finalmente renunciando a tratar de responder a esas preguntas; porque tan pronto como los labios del chico comenzaron a moverse contra los suyos, lo único que Beomgyu pudo encontrar en él para concentrarse fue recordar cómo respirar.
El estado en el que se encontraba Beomgyu no era ni de lejos el más adecuado para describirlo. Estaba perdido, un miserable lío de mil nudos en el lugar de su cuerpo, todos soltándose bajo la maniobra de los labios de Choi Yeonjun.
¿Cuánto tiempo había estado acostado sobre su espalda? ¿Yeonjun había estado encima de él todo el tiempo? ¿Siempre había estado su pelo tan suave atrapado entre sus dedos? ¿Sus toques siempre habían sido tan cálidos? ¿Habían pasado ya horas, o era sólo un minuto cuando Yeonjun entró en su habitación? Él no podía deducirlo.
De fondo, Tori Kelly estaba en su última estrofa de la canción, su voz sonaba como si les estuviera dando una serenata. Años más tarde, Beomgyu miraría hacia atrás y se preguntaría si fue una serenata del comienzo de algo más, o el luto por el final de algo menos.
Cuando el chico mayor se retiró aquella vez, Beomgyu ya no estaba segura de si lo único que retiraba eran sus labios. "¿Cómo fue?"
"Horrible". Mintió. Esperó por Dios que fuera convincente. La sonrisa arrogante en los labios de Yeonjun le dijo que no lo era. "¿Oh? ¿Te vas a reír de mí?"
Ante sus palabras, a Beomgyu se le escapó una leve risa. Preferiría llevárselo a la tumba que decirle a Yeonjun que su risa no era por despecho. "Pequeño mocoso".
"¡No me beses de nuevo, eres un besador horrible!" Trató de alejarse, empujando a Yeonjun lejos de él.
¿Pero Yeonjun había sido alguna vez tan fuerte? ¿O sólo estaba momentáneamente debilitado por la mirada en sus ojos?
¿Yeonjun siempre lo había mirado como si fuera el centro de su mundo, o era sólo la ilusión del momento jugando con la mente confusa de Beomgyu?
"Choi Beomgyu, no dejaré que vuelvas a respirar tranquilo". Susurró vengativamente, dándoles la vuelta con facilidad. Sus manos estaban bien sujetas a ambos lados de las caderas de Beomgyu -¿sus manos siempre habían sido tan grandes?- y el más joven se vio obligado a sentarse a horcajadas sobre él. Ni siquiera tuvo la oportunidad de hacer su ingeniosa réplica, porque sus labios volvieron a estar ocupados antes de que pudiera emitir un sonido.
En retrospectiva, Beomgyu temía que Yeonjun hubiera querido decir sus palabras demasiado literalmente.
Tener catorce años era una época confusa.
“Acércate”
“¿Acaso quieres que caiga directo a mi muerte?” Respondió el más joven, un ceño fruncido decoraba su rostro. Esto le ganó una risilla entretenida y una mirada que ya conocía. Beomgyu había aprendido a descifrar lo que esa mirada se significaba con el paso del año, y lo siguiente que supo fue que había concedido otra derrota.
Beomgyu se apoyó con ayuda de sus brazos, y a regañadientes se sentó en la rama apoyada en el árbol junto a Yeonjun.
Estaban a unos tres metros del suelo, cubiertos por las gruesas y densas hojas del arce. Beomgyu apenas podía ver la hierba debajo de ellos, ni podía ver más allá del rubor de las hojas del arce. Dondequiera que mirara, él y Yeonjun estaban cubiertos, ocultos y escondidos del resto del parque, y por lo tanto, del mundo.
Solo nosotros dos. Como nuestro propio pequeño universo.
El simple pensamiento hizo que el menor mordiera sus labios para evitar una sonrisa. Sin embargo, el chico mayor, para su desgracia, siempre se había apresurado a seguirle el ritmo. A veces, Beomgyu se preguntaba si era realmente tan fácil de leer.
Un brazo cómodamente se enroscó alrededor de su cintura, tirando de él firmemente contra el lado de Yeonjun. "¿En qué estás pensando?"
“Nada de tu importancia” Cantó, mirando en otra dirección. Esta vez, Beomgyu estaba desesperado por que Yeonjun cambiara el tema de conversación. Preferiría hablar de sus vidas mundanas, las hojas de maple, el clima, los zapatos sucios de Yeonjun—lo que sea. ¿Cómo podría decirle a su mejor amigo que en estos momentos estaba pensando en besarle?
En su lugar, lo que recibió fue una risita baja y un beso en la frente. "Te das cuenta de que está escrito en letras amarillas brillantes en tu cara cada vez que tienes un pensamiento y es sobre mí, ¿verdad?”
Un golpe débil fue lanzado a su pecho. “¡Cállate! ¡Solo te gusta molestarme!”
Entonces, Yeonjun hizo su molesto levantamiento de cejas y sonrió astutamente, emitiendo un “hm" mientras presionaba sus frentes. Beomgyu sólo pudo dejar escapar un gemido derrotado antes de que el chico mayor le plantara un casto beso en la punta de la nariz. "De todos modos, mañana es nuestro primer día en la preparatoria".
Al mencionarlo, todo el cuerpo de Beomgyu se encorvó de una manera que Yeonjun sabía que era lo opuesto a la comodidad. "No lo estoy esperando con ansias". Murmuró, los labios se curvaron en un pequeño puchero mientras apoyaba su cabeza en el hombro del otro; a lo que Yeonjun respondió apoyando su cabeza sobre la de él. La acción se sintió tan natural que ninguno de los dos la cuestionó. "No tenemos todas las clases juntas. En algún momento, tendrás que hacer un nuevo amigo que no sea yo, ¿sabes?"
Beomgyu bufó antes de que Yeonjun pudiera continuar su discurso. “Eso es muy estúpido. ¿Por qué necesitaría mas amigos si te tengo aquí conmigo?” Su nariz se arrugó, mostrando disgusto el cual Yeonjun encontró completamente adorable. “Siempre y cuando te tenga, no necesitaré a nadie más”
“Gyu, así no es cómo funciona, tontín.” Yeonjun rió, alborotando su cabello. “No puedes estar conmigo por el resto de tu vida.”
Y esto hizo que Beomgyu se sentara, alejándose de su posición acurrucada. Observó al mayor con gran intensidad, y la manera en la que su mirada se intensificó confundió a Yeonjun.
“¿Y por que no puedo? Mientras tú sigas aquí y yo siga aquí, —y nos sigamos teniendo el uno al otro, no me importa si el mundo se acaba hoy o mañana. Ahora deja de intentar que hable con otras personas.” Ahora estaba cruzado de brazos, abrazado a su pecho como un niño rebelde... bueno, todavía lo era.
Por un corto momento, Yeonjun no respondió. Su comportamiento infantil fue reciprocado con silencio, y las orejas de Beomgyu empezaron a arder. ¿Fui demasiado esta vez? ¿A Yeonjun Hyung le interesaba hacer nuevos amigos? Pero entonces, nosotros no seriamos—
Justo entonces, dos brazos rodearon su cintura, tirando de él hacia atrás con una fuerza que era mucho más fuerte —¿o era más desesperada? — que la anterior. La nariz de Yeonjun estaba enterrada en el pliegue de su cuello, y podía sentir al mayor inhalar profundamente; tomando su aroma. Dejó que el chico lo abrazara, y no se movió. Ninguno de los dos habló.
Si hubiera parpadeado, concentrado en otra cosa, o dejado que su mente se desviara a otra parte, se habría perdido por completo; la sensación del labio de Yeonjun flotando justo por encima de la piel de su cuello, presionando un fantasma de un beso tan suave, que era casi como si nunca hubiera sucedido. Pero él estaba prestando atención, y desafortunadamente para su pobre y confundido corazón, no se lo perdió por nada del mundo.
"Siempre me tendrás". Las palabras fueron susurradas justo contra su cuello, como si las estuviera grabando en su piel, tatuadas y para siempre, en cuerpo, mente y alma. El joven suspiró y se recostó en su abrazo. "Nadie podrá alejarme de ti. Siempre", una pausa, como si estuviera dudando. Luego, "hasta el fin del mundo. Para siempre".
Beomgyu no pediría nada más.
“Sabes que soy lo suficientemente grande como para irme solo caminando a casa, ¿verdad? ¡No es como si no fuese a sobrevivir sin ti, Hyung!”
“Está bien, pero si ese es el caso entonces la reunión familiar también puede esperar. Quiero caminar contigo hasta tu casa primero.” Argumentó el mayor, con cejas fruncidas. Ya estaban tomando el camino de regreso a la entrada del parque, discutiendo por nada, como siempre. Se había convertido en una costumbre para ellos tomar la salida menos concurrida, saboreando cualquier sensación de privacidad que pudieran ganar.
“Hyung,” se quejó, sacudiendo agresivamente sus manos entrelazadas para expresar su molestia. “Beomgyu estará bien.” Uso su tono de bebé en su ventaja mientras le lanzaba un par de ojos suplicantes como buena precaución. Y pudo notar que funcionó hasta cierto nivel, porque instantáneamente la expresión de Yeonjun se suavizó
Aun así, su mandíbula permanecía apretada, así que volvió a insistir. “¿Qué pasara si llegas tarde, te regaña tu mamá y no te deja salir conmigo nunca más? No queremos que eso pase, ¿verdad?” Su voz tenía un tono exagerado ahora, tratando de sonar tan convincente que terminó haciendo que Yeonjun se estremeciera.
Se detuvieron en su camino, llegando ahora a la salida. Yeonjun tendría que tomar la ruta a su derecha para su casa, y Beomgyu tendría que tomar la izquierda al otro lado de la calle. Sus caminos se separarían.
“¡Hyung, tengo quince años! ¡Puedo cruzar la calle por mi cuenta! Cuando llegue a casa te enviaré un mensaje. Lo prometo” Beomgyu le mostró una sonrisa tranquilizadora, levantando un dedo meñique. Le tomó un momento a Yeonjun mirarlo con escepticismo antes de que finalmente cediera con un resoplido resignado, entrelazando su meñique con el del más joven. "Más te vale".
Esta último soltó una risita, soltando finalmente sus manos. Incluso dio un pequeño salto. "Ahora ve a disfrutar de tu reunión familiar y ayuda a tu madre a poner la mesa, o si no te dará una paliza".
"No suenas nada empático con eso, Choi Beomgyu". El chico mayor puso los ojos en blanco y se metió las manos, ahora vacías, en los bolsillos de la capucha. La calle estaba despejada y sin peatones, y el sol ya había empezado a ponerse. "¡Date prisa, Hyung! Tik tock!"
"Ah, este mocoso sólo quiere deshacerse de mí". Con un gruñido tiró de Beomgyu con una llave de cabeza, lo que provocó que el más joven gritara maniáticamente. Yeonjun lo habría dejado ir, y se habrían separado en ese momento, si sólo un sentimiento de coraje no lo hubiera invadido extrañamente para permitir una de las decisiones más estúpidas de la corta vida de Yeonjun.
Con ambas manos sosteniendo el rostro de Beomgyu, lo acercó bruscamente para darle un beso.
No hubo fuegos artificiales ni se sintió como si el tiempo se detuviera; fue sólo una larga presión de los labios de Beomgyu contra los suyos. Lo que parecieron minutos fueron meros segundos cuando Yeonjun finalmente dejó ir a Beomgyu. Podría ser el tono dorado de la puesta de sol jugando con sus ojos, o podría ser el hecho de que su mejor amigo lo besó de nuevo por segunda vez, sin que ninguno de los dos lo pidiera, pero podría haber jurado que las mejillas de Yeonjun estaban espolvoreadas de carmesí.
"Envía un mensaje a Hyung cuando llegues a casa, ¿de acuerdo?" Susurró, sonando de alguna manera sin aliento. Beomgyu sólo pudo asentir con la cabeza, y un débil " De acuerdo".
Con un movimiento de su mano, Yeonjun echó un vistazo a su reloj de pulsera digital. Eran las 5:53pm.
"Ya me voy". Dio el primer paso hacia atrás, con una sonrisa de satisfacción en el rostro. El más joven le hizo un pequeño saludo, que él devolvió con entusiasmo. Luego, le dio la espalda y se dirigió a la otra dirección.
Beomgyu también se dió la vuelta. Se sintió raro al volver a casa solo sin una mano en la suya y una voz discutidora a su lado, pero trató de animarse: se estaban haciendo mayores y las cosas estaban cambiando. Esto debería ser la nueva normalidad. Todo irá bien. Ya no eres un bebé. Acostúmbrate.
Suspirando, sacó sus auriculares del bolsillo y los conectó. Con un par de golpes en su pantalla, Paper Hearts comenzó a sonar mientras caminaba por la árida calle. Su favorita.
Llegó junto al paso de peatones, tarareando en silencio la melodía para sí mismo. La sensación de los labios de Yeonjun presionados contra los suyos todavía ardía como un fuego salvaje en el fondo de su mente, la sensación todavía fresca en sus labios como si no se hubiera alejado.
Lo hizo. Realmente me besó de nuevo. Sonriendo, se acercó a tocar sus labios mientras subía al paso de peatones.
¿La luz era verde? ¿O estaba en rojo? En cualquier caso, daba igual, ya que no había ni un solo motociclista en la calle.
Corazones de papel, y yo sostendré un pedazo del tuyo,
Sonrió vertiginosamente para sí mismo, como una colegiala enamorada que piensa en su amor. La música era lo único que podía oír, y las líneas blancas horizontales del paso de peatones eran lo único que podía ver. Sin embargo, para Beomgyu, no podía ver—ni oír, ni concentrarse en nada más cuando todo lo que ocupaba su mente era Choi Yeonjun.
Ni siquiera el semáforo del paso de peatones que emite un rojo intenso. Ni siquiera el ensordecedor bocinazo de una camioneta mediana que se acerca a toda velocidad, incapaz de pisar los frenos a tiempo.
Y para el momento en que Choi Yeonjun ya no era lo único que ocupaba su mente, para el momento en que Beomgyu estaba mirando hacia la fuente del ruido, la mirada de miedo y temor en su rostro le había indicado que ya era demasiado tarde.
“No creas que me simplemente lo olvidaré”
No se dio cuenta entonces, pero poco sabía que lo último que Beomgyu volvería a ver en el resto de su vida eran un par de blancos y brillantes faros LED. Si había gritado, él mismo no lo oyó.
Todo sucedió demasiado rápido, demasiado repentino, para que nadie se diera cuenta de cómo fue realmente el impacto hasta que ya había pasado. La más mínima variable habría evitado que todo ocurriera, y si Beomgyu hubiera hecho una sola cosa diferente—no podía dejar de preguntarse— podría estar todavía al otro lado de la acera. Si hubiera mirado el semáforo antes de cruzar. Si no se hubiera puesto los auriculares. Si sólo hubiera prestado atención. Si sólo hubiera estado de acuerdo en dejar que Yeonjun lo acompañara a casa.
Yeonjun. Si tan solo no lo hubiera dejado ir.
Beomgyu sólo sintió la más mínima aflicción, esa fracción de segundo en la que se sintió como si toda la fuerza del universo se hubiera unido a ambos lados de sus manos, desgarrando su cuerpo en un cruel tira y afloja hasta que se partiera en dos.
Y Beomgyu se partió. Después de que pasara esa desgarradora fracción de segundo, lo que sintió a continuación fue una combinación de todo y nada a la vez. Su vida ni siquiera pasó por delante de sus ojos.
“Esperando que tu no lo olvides”
En el otro lado de la cuadra, Yeonjun estaba anticipando frenéticamente un texto en medio de vueltas corriendo de la cocina a la mesa del comedor, saludando a sus primos en el camino mientras ponía los platos. En su bolsillo de los pantalones estaba su teléfono, quieto y silencioso; esperando una vibración que fuera la indicación de un mensaje.
El mensaje nunca llegó.
A los quince años, Beomgyu debería estar más acostumbrado a volver a casa solo.
"Doctor, por favor, déjeme entrar. ¡Por favor!". lloró el chico mayor, con las mejillas manchadas de lágrimas secas. Inmediatamente se dirigió hacia el frente de la habitación cuando la puerta se abrió, sólo para ser retenido por dos enfermeros que salieron. El médico en cuestión estaba dentro, de espaldas a él, sin siquiera dedicarle una segunda mirada.
Por la pequeña grieta que quedaba entreabierta, pudo ver la espalda de dos figuras sombrías; los padres de Beomgyu. Pudo ver otros cuerpos con batas blancas, todos rodeando la cama situada en el centro de la habitación del hospital. Pudo distinguir voces: algunas murmuradas, otras en voz baja, algunas llenas de agonía, otras de disculpa.
Pudo distinguir cadenas de palabras de su conversación en voz baja, todas devastadoramente fragmentadas: "coma", "demasiado tarde", "pocas posibilidades", "despertar."
En el fondo de su mente, Yeonjun ya había asumido el contexto; pero su corazón estaba luchando contra la resolución con todo. No hay manera. El estará bien.
Yeonjun estaba ahora histérico, arañando sin remedio el pomo de la puerta, tratando de deslizarla hacia un lado. El hospital apestaba a antisépticos, las luces eran demasiado brillantes, las voces demasiado apagadas—¿o era sólo su conciencia la que empezaba a desvanecerse?
Los enfermeros que lo sostenían lo arrastraron aún más, y si no hubiera sido por el hecho de que había estado llorando durante las últimas horas, Yeonjun habría superado muy fácilmente sus fuerzas combinadas.
Pero un Yeonjun delirante y privado de sueño era muy conveniente de arrastrar. Sólo pudo dejar salir un sollozo derrotado mientras lo tiraban hacia atrás y lo dejaban caer descuidadamente en un asiento al azar en la sala de espera. Cuando la enfermera se fue, el enfermero más joven de los dos se volvió hacia él, agachándose para encontrar sus ojos. "¿Eres un pariente?"
Yeonjun negó ligeramente con la cabeza, una mano limpiando sus lágrimas. "No, pero soy su mejor amigo."
Sólo cuando levantó la vista se dio cuenta de lo joven que era el enfermero: un adolescente, recién salido de la adolescencia, con aspecto de no ser mayor que un estudiante de secundaria; unos ojos grandes y claros que le miraban de forma interrogativa. Incluso en medio de su histeria, no pudo evitar detenerse a preguntar. ¿Cómo puede un adolescente tan joven convertirse ya en enfermero?
"Deberías ir a casa y descansar un poco, no tiene buen aspecto. Sus padres están aquí para cuidarlo". El enfermero le mostró una sonrisa comprensiva, a lo que Yeonjun instantáneamente notó que el chico tenía hoyuelos. "¿Has comido? Puedo traerte algo. Sé que es difícil, pero estoy seguro que él querría que te cuidaras en lugar de llorar así".
Yeonjun no tenía idea de cómo ese enfermero sabía todas las cosas correctas para decir, pero un nudo en su corazón se deshizo lentamente. Sintió que podía respirar un poco más fácil ahora, sus pulmones un poco más claros mientras se recostó contra el asiento con un manso asentimiento.
El joven enfermero desapareció entonces hacia una máquina expendedora cercana, regresando con un sándwich de atún y una botella de agua demasiado pronto para el gusto de Yeonjun. Sólo pudo aceptar con un avergonzado murmullo de agradecimiento.
"No hay problema", dijo el enfermero. Para su sorpresa, se sentó a su lado en lugar de volverse para irse. Yeonjun levantó la vista para encontrarse con sus ojos. "Soy Soobin. Sé que probablemente te estés preguntando por qué un enfermero parece tan joven. Creo que tenemos más o menos la misma edad, sólo ayudo a mi padre después de la escuela, él es cirujano en este hospital. Normalmente sólo ayudo con encargos menores en el ala de pediatría, pero este fue repentino y nadie más estaba libre".
"¿Así que eres un estudiante de preparatoria que es un enfermero a medio tiempo?" Preguntó Yeonjun mientras daba un mordisco a su sándwich, el sabor ácido del atún era penetrante en su lengua. Su falta de apetito casi le hizo retroceder, pero luchó contra ello mientras recordaba ser educado por la comida gratis.
El enfermero llamado Soobin se limitó a asentir. "Sí, sólo estoy en el instituto. Raro, lo sé. Pero lo encuentro muy divertido e interesante... ¿Y tú?
"Soy Yeonjun. Hoy se supone que es mi primer día de instituto". Entonces, tragó con dificultad, como si acabara de recordar algo más. Con una voz baja y temblorosa, continuó. "Nuestro primer día."
La cara de Soobin cayó. "Siento oír eso."
Yeonjun sólo parpadeó, con la cara vacía de cualquier emoción. Se sentía demasiado vacío para crear una respuesta apropiada. "¿Cómo está ahí?"
Ahora era el turno de Soobin de quedarse sin palabras. "Le golpearon justo en la cabeza. Mi padre dijo que había sufrido graves daños en la corteza y el cerebelo. Su cerebro ahora mismo es casi totalmente disfuncional, pudieron salvar la parte responsable de su conciencia. Pero está vivo. Está respirando".
Yeonjun dejó salir un aliento que no sabía que había estado conteniendo. El alivio se cortó, porque la siguiente vez que Soobin habló, su aliento volvió a quedar atrapado en su garganta.
"Pero su cuerpo está en un estado vegetativo persistente. No puede moverse, ni hablar, ni hacer nada en absoluto, básicamente: hay poca o ninguna actividad cerebral, y cero estímulos. El cirujano-mi padre dijo que hay muy pocas posibilidades de recuperación... Pero su percepción auditiva fue capaz de ser salvada, de todas las cosas. Puede oír".
Se sintió como si el mundo se detuviera mientras Yeonjun trataba de registrar las palabras de Soobin. El sándwich en su mano casi se cae al suelo, si no hubiera sido porque el otro chico lo atrapó por él.
"En otras palabras... Tu amigo está en coma indefinido".
Yeonjun sintió que todo el aire salía de sus pulmones.
¿Cómo ha ocurrido todo esto? En tan poco tiempo, ¿Cómo fue capaz de perderlo? ¿Dónde se equivocó?
Entonces, se dio cuenta.
Nunca debí dejarlo ir.
Una vez que recibió la llamada de los padres de Beomgyu preguntándole dónde estaba, Yeonjun dejó su reunión familiar y salió corriendo hacia el parque. La escena con la que se encontró, no pudo borrarla de su mente por el resto de su vida, sin importar lo mucho que lo intentara.
Afortunadamente, la ambulancia ya estaba allí, y Beomgyu fue empujado a la parte trasera. Yeonjun nunca lo había visto tan pequeño, tanto literal como figurativamente. La presencia de Beomgyu siempre había sido el epítome de las atracciones de feria ruidosas y los gorritos blandos. Sin embargo, tumbado en la camilla recordó la forma en que el cuerpo de Beomgyu se acurrucaba en sí mismo, la sangre seca apelmazada en su pelo y una máscara de oxígeno equipada en la mitad inferior de su cara.
El resto parecía un sueño de fiebre. Yeonjun ni siquiera podía recordar cómo llegó al hospital, ¿se subió a la ambulancia? ¿Corrió todo el camino? ¿Llamó por teléfono a los padres de Beomgyu y ellos lo recogieron después? porque lo último que recordaba era haber llorado frente a la sala de emergencias durante horas hasta que salió el sol.
¿Se había quedado dormido entonces? Si lo hizo, Yeonjun habría deseado despertar en la comodidad de su propia cama, alcanzando su teléfono para comprobar y ver el texto de buenos días de Beomgyu—su normalidad. Cualquier cosa para señalar que todo esto era sólo una pesadilla.
Su decepción fue incalculable cuando levantó la cabeza varias horas después, y todavía estaba agachado en el suelo frente a Urgencias.
"Yeonjun-ssi". La suave voz del enfermero le devolvió a la amarga realidad, y Yeonjun salió de su ensoñación. "Come, y ve a descansar. Sus padres todavía están dentro. Una vez que terminen y mi padre se vaya, podemos entrar".
La idea de poder ver finalmente a Beomgyu de nuevo fue suficiente motivación para que Yeonjun devorara el resto de su sándwich; aunque con cada bocado saboreaba la bilis. Sin embargo, Soobin tenía razón en una cosa: Beomgyu querría que se cuidara. Por lo tanto, lo hará.
Menos para sí mismo, y más para el chico más joven.
"Puede oírnos, ¿verdad?"
Soobin asintió, apartando la puerta para dejarle entrar. Por alguna razón, el corazón de Yeonjun latía rápidamente, el sonido como un martilleo constante en sus oídos mientras sus nervios se agrupaban en su pecho.
Una vez que la puerta se abrió, lo primero que hizo Yeonjun fue estremecerse.
La habitación de dentro era demasiado luminosa, demasiado blanca y demasiado sencilla para haber acogido al chico que una vez floreció con tanto color. Sin embargo, allí estaba, metido en una cama dos veces más grande para él, el blanco crudo de su bata y la sábana casi tragándoselo.
Allí estaba Choi Beomgyu, su mejor amigo.
Su mejor amigo, ahora inconsciente y atado a numerosas vías intravenosas, con los latidos del corazón monitorizados con soporte vital y una máscara de oxígeno que aún le cubre la mitad de la cara.
Ver a Beomgyu así por primera vez rompió permanentemente algo dentro de Yeonjun, sin embargo, no pudo identificar lo que era. O tal vez lo hizo, pero prefirió no pensar en ello ahora; porque la única cosa en la que podía concentrarse era en lo terrible que se veía, aparentemente encadenado a la cama del hospital como si fuera a estar permanentemente atado.
Viendo que Yeonjun no daba un paso más allá de la puerta, Soobin le indicó que se acercara con un empujón de su cabeza. El tiempo corrió agonizantemente lento cuando finalmente se dirigió a la cama de Beomgyu, dejándose caer en la silla junto a ella.
Cuando Soobin cerró la puerta, el silencio era tan pesado que le mareó la cabeza.
"Oye, Gyu. Es Hyung". Lo intentó después de unos pocos latidos, la ronquera en su voz era una clara indicación de lo mucho que había estado llorando. Pensó que no quería que Beomgyu se diera cuenta, así que se aclaró la garganta y lo intentó de nuevo. "Estoy aquí". Se detuvo bruscamente en ese punto, sin confiar en poder decir más sin romper su dura fachada.
Yeonjun no sabía por qué estaba esperando una respuesta cuando era plenamente consciente de que no iba a haber ninguna. Tal vez todavía no estaba acostumbrado al hecho de que cada uno de sus comentarios sarcásticos no sería recibido con una respuesta ingeniosa de Beomgyu.
El nudo en el pecho regresó, las palabras se atascaron en el fondo de la garganta. ¿Era por el dolor? ¿Tristeza? ¿Culpa? No quería averiguarlo.
Pero, ¿por qué cuando por fin pudo hablar con él, no le salían las palabras? Tantos pensamientos y preguntas se dispararon en su mente como una lluvia de meteoritos, pero Yeonjun luchaba por saber por dónde empezar.
Mientras miraba al más joven, se dio cuenta de que Beomgyu parecía terriblemente solemne sin su característica sonrisa brillante en la cara. Su rostro era estóico y sin color, más pálido de lo que Yeonjun había visto nunca. Sus ojos estaban cerrados, y Yeonjun pudo ver de cerca las rizadas y largas pestañas que se extendían como pequeños abanicos en cascada sobre sus pómulos. Sólo había visto a Beomgyu dormir una vez, y eso fue hace mucho tiempo.
Le dolía el corazón. Ahora, no había nada que deseara más que esos ojos se abrieran de nuevo, sabiendo que tenía un tiempo indefinido para verlo dormir así. No estaba acostumbrado a ver a Beomgyu sin una sonrisa burlona o sin un ceño fruncido. ¿Así es como se ve con otras personas que no son yo? se preguntó.
Después de otro prolongado silencio, se decidió por lo primero que quería soltar.
"Lo siento". Susurró, con la voz baja.
"Si no te hubiera dejado ir, no estarías aquí ahora. Si sólo te hubiera acompañado a casa. Es mi culpa. Si tan sólo hubiera...", se detuvo, notando el quiebre en su voz y el miserable giro que estaba tomando esta conversación unilateral. ¿Querría Beomgyu que se culpara a sí mismo, cuando insistió tan firmemente en que se fuera en primer lugar?
Aunque sabía que Beomgyu no se encontraría con sus ojos, a Yeonjun todavía le resultaba difícil mirarlo. Así que miró hacia otro lado, tratando de estabilizar sus pensamientos.
Soobin estaba de pie a una distancia respetuosa de ellos, justo al lado de la puerta. Aunque el chico era joven, parecía terriblemente maduro y alto para su edad con esa bata blanca, que Yeonjun nunca habría adivinado que todavía era un estudiante de primer año de preparatoria. El chico más alto le llamó la atención, y un destello de lástima pasó por su tez. Yeonjun sólo pudo reunir una media sonrisa en respuesta.
"Estoy muy agradecido de que todavía estés aquí, por lo menos". Yeonjun habló de nuevo, alcanzando la mano de Beomgyu que yacía sin vida a su lado. La tomó entre las suyas, la calidez habitual en ellas desapareció; su corazón dolía mientras se decía a sí mismo que debía pasar por alto ese detalle. "Me alegro de no haberte perdido del todo". Susurró en la mano del muchacho inmóvil, "Saber que puedes oírme es suficiente. Estoy suficientemente agradecido".
De nuevo, se encontró con el silencio.
Yeonjun tuvo que regañarse mentalmente por segunda vez ese día por esperar naturalmente la respuesta del joven. Sabía que la esperanza era mínima, pero ¿qué tan ambicioso podía ser uno para atreverse a esperar lo imposible, la variable más baja del común denominador, incluso en una situación en la que no se podían desafiar las probabilidades?
Sin embargo, Yeonjun se permitió aferrarse a esa fugaz chispa de esperanza.
"Siempre me tendrás, esta vez de verdad. No me iré nunca más. Nunca, por el resto de mi vida. Dijiste que mientras me tuvieras por el resto de la tuya, nada más importaba". Murmuró, con las cejas fruncidas. "¿Verdad, Choi Beomgyu? Sé un hombre de palabra. Por cierto, has roto tu promesa, pero me vengaré de ti más tarde, ya que soy tan amable". La risa que dejó era vacía y puramente por autocompasión, pero temía que si lo reconocía, su fachada se resquebrajaría. A Beomgyu no le gustaría eso. El chico siempre le decía lo bonita que era su sonrisa, y lo bien que sonaba su risa.
Por lo tanto, Yeonjun decidió que eso era todo lo que iba a hacer de ahora en adelante.
Tal vez algún día, cuando haya hablado lo suficiente consigo mismo—Beomgyu se hartaría y finalmente decidiría levantarse de esa cama olvidada por Dios para responderle por fastidio. Había funcionado muchas veces antes, seguramente también funcionaría esta vez, ¿no?
La paciencia del chico más joven era tan delgada como un hilo, seguramente no sería capaz de aguantar por tanto tiempo; y todo lo que Yeonjun tenía que hacer era visitarlo todos los días hasta que sus nervios se apoderaran de él, ¿cierto? Sería como si nada hubiera cambiado, y Beomgyu sólo estaba temporalmente dormido.
Un día, esos ojos se abrirán de nuevo; y las primeras palabras que saldrán de su boca serán su marca habitual; de decirle a Yeonjun lo horrible que era como Hyung, por molestarlo cuando no era capaz de hablar, ¿cierto?
La chispa de esperanza en los ojos de Yeonjun era tan fugaz; si uno parpadeaba, se habría perdido. Pero el chico apretó la mano en la suya, parpadeando sus lágrimas no derramadas, y colocó un beso en el dorso de su palma.
Una chispa era todo lo que necesitaba.
Nadie le había advertido a Yeonjun que tener quince años iba a ser tan difícil.
"¡Soobin! ¿Has comido?"
"Oh, hola, Hyung". El chico en cuestión le mostró una pequeña sonrisa desde su posición al final de la cama del hospital, tomando notas en su cuenta. Yeonjun cerró la puerta detrás de él, dejando caer su bolsa de plástico de comida para llevar en una mesa de café cercana. Acercándose a él, se detuvo a su lado y miró fijamente al chico que estaba encima de la cama. "¿Cómo está?"
Soobin nunca había sabido cómo responder adecuadamente a esa pregunta. Durante todos los días del último año, Yeonjun no dejaba de preguntar cada vez que venía y Soobin tenía que esforzarse en idear una alternativa diferente de la misma respuesta cada vez. Bien, ¿pero aún no hay señales de mejora? ¿Está vivo, pero es peor que la muerte?
"Está bien, como siempre. Nada va mal, así que son buenas noticias". Intentó darle un giro que aliviara a los mayores. Al instante, funcionó, porque Yeonjun dejó escapar un suspiro aliviado. "Eso es bueno. Beomgyu, ¿has oído eso? No se te permite morir sobre mí. Incluso Dios mismo lo prohíbe. Tienes que estar pegado a mí por el resto de tu vida, ¿recuerdas? Tú lo dijiste primero, no yo".
El chico mayor fue a dejarse caer en la silla junto a la cama, colocando la mochila a sus pies. Todavía llevaba el uniforme del colegio, lo que indicaba que había venido aquí justo después de las clases, lo que había sido casi siempre todos los días durante el último año, observó Soobin.
Sacando la bandeja de comida plegada y empotrada de la cama del hospital, Yeonjun la giró hacia sí mismo antes de dejar caer un cuaderno encima. "He traído mi tarea de matemáticas, otra vez. Siempre has sido mejor que yo en matemáticas, así que tienes que ayudarme esta vez también, ¿vale? Sólo obtuve una C la última vez. Sigues siendo tan malo como siempre, Choi Beomgyu. ¿Asustado de que obtenga una nota más alta? Pft."
Soobin ya estaba acostumbrado a que Yeonjun hiciera este tipo de conversación, pero cada vez le dolía como la primera. No tenía ni idea de cómo Yeonjun era capaz de seguir siendo tan positivo después de un año sólido. Deben haber estado muy unidos.
Charlando, Yeonjun comenzó con su tarea mientras Soobin terminaba de ajustar las entradas de los tubos intravenosos de Beomgyu. "Soobin, ¿no tienes también tarea?" El chico mayor le hablaba ahora que estaba a punto de verse fuera, por lo que se dirigió a él. "Ah... sí tengo, en realidad". Respondió Soobin tímidamente.
Una sonrisa brillante levantó toda la cara de Yeonjun. " ¡Tráela, trabajemos juntos en ella! Además, esa comida para llevar es para ti, así que será mejor que te la comas antes de que se enfríe. O me enfadaré".
Soobin sólo pudo ofrecerle una suave sonrisa y un dócil asentimiento. "Gracias, hyung. En ese caso, vuelvo enseguida".
Las siguientes horas pasaron con Yeonjun gimiendo ocasionalmente de frustración en sus ecuaciones de álgebra, Soobin riendo suavemente mientras ofrecía la mínima ayuda que podía mientras comía su sopa de tomate, y el chico mayor divagando sobre los tediosos detalles de sus días de escuela a Beomgyu. Soobin había terminado hace tiempo sus deberes de historia; nunca supo lo que era luchar académicamente, a lo que Yeonjun se quejó con un envidioso "eres demasiado inteligente es injusto".
"Beomgyu, te hago saber que para cuando te despiertes de nuevo tendrás toda una vida de deberes que necesitarás poner al día. Dios mío, la señorita Kim es la peor profesora de matemáticas que he tenido en mi vida. ¿Quién da a sus estudiantes tanto trabajo? Ooh, también, Taehyun y Hueningkai están saliendo ahora. ¿Puedes creerlo? Resulta que su primer beso no fue un accidente después de todo. Taehyun invitó a Kai a salir y son literalmente tan lindos y enamorados que me dan ganas de vomitar". Después de robar un bocado de la sopa de tomate de Soobin, continuó. "Tienes mucha suerte de no tener que presenciarlo en la clase de geografía todos los días, porque puaj". Fingió una mueca de asco, ante la cual Soobin soltó una risita silenciosa. Si el silencio con el que se encontró después le erizó la piel, no lo demostró.
Ambos se esforzaron por ignorar el hecho de que cada intercambio terminaba con una respuesta vacía. Que el chico de la cama, con las sábanas tragándose su cuerpo, sólo podía oír y no responder. Sin embargo, si se centraba más en la primera parte que en la segunda —que Beomgyu podía oírlos, y que haciéndole compañía como si fuera otro chico de secundaria los hacía felices—era suficiente para Yeonjun.
Debería ser suficiente.
¿Pero por qué era que con cada día que pasaba, se hacía más y más difícil para Yeonjun fingir? Para aferrarse a ese débil rayo de esperanza; como si cuanto más estiraba sus brazos, más se alejaba de su alcance, y no importaba lo mucho que tratara de alcanzarlo, nunca sería lo suficientemente rápido para mantener la luz en su alcance.
A su lado, Soobin había presenciado esta escena lo suficiente como para hacerse una idea de lo que iba a pasar después. Por lo tanto, antes de que la cara de Yeonjun cayera, sacó un pedazo de papel de color de la pila que había colocado cuidadosamente en el gabinete y se lo entregó.
Yeonjun se volvió para mirar, y Soobin le ofreció una pequeña sonrisa. "Casi te pierdes tu cuota diaria". Dijo, empujando el papel en las manos de Yeonjun. Este último aceptó.
Ambos sólo se ofrecieron sonrisas alentadoras, sin intercambiar más palabras. Soobin había acordado con Yeonjun no hablar de su pequeño secreto que estaban preparando para cuando Beomgyu se despierte.
Si Beomgyu despierta.
Sin embargo, ambos trataron de no dejar que sus pensamientos vagaran tan lejos. A su lado, Yeonjun había entrado en su trance de origami, con las cejas fruncidas y los labios inferiores atrapados entre los dientes mientras doblaba cuidadosamente el papel en la mano. Lo había hecho suficientes veces como para pasar por el proceso con los ojos cerrados, pero algo en su interior le reclamaba la perfección. Quería que cada uno de ellos saliera impecable, porque todos eran para Beomgyu, y Beomgyu no se merecía otra cosa que no fuera impecable.
Apenas un minuto más tarde, el producto terminado estaba colocado con orgullo en la palma de su mano mientras se lo mostraba a Soobin. El chico más joven le dio un pulgar hacia arriba.
Era un corazón, doblado con un papel de origami rosa brillante. Los bordes estaban tan cuidadosamente alisados que no se podían encontrar pliegues desiguales.
Sonriendo para sí mismo, Yeonjun colocó el corazón de papel junto a la almohada de Beomgyu. El tono rosa resaltaba en marcado contraste con la sábana blanca, junto con el amarillo, el rojo, el azul y el púrpura—y una variedad de otros corazones cuidadosamente colocados alrededor de la misma área. Otro de los muchos añadidos a la colección.
Ahora, Beomgyu no estaba nadando en las sábanas blancas, el color a su alrededor aliviaba algo de la tensión en los hombros de Yeonjun. Corazones de papel de color para un niño que una vez estalló con la vibración.
La imagen de él acostado en el mar de corazones de origami era una vista tan impresionante como desgarradora. Si Soobin o Yeonjun sintieron que un pozo hueco se hundía en sus entrañas al verlo, ninguno hizo un esfuerzo por mostrarlo.
Los corazones de papel no sólo estaban por todas partes en la cama de Beomgyu, sino también en el resto de la habitación, de tal manera que la antes sombría habitación del hospital parecía decorada en masa para una fiesta de cumpleaños de todo el año. Soobin había suplicado y rogado a su padre que mantuviera la habitación como estaba, y que no se deshiciera de los corazones de origami, sólo para que Yeonjun pudiera encontrar consuelo en ellos. Después de muchas tentativas, lo consiguió.
"Corazones de papel" era su canción favorita. Así que voy a doblarle un corazón de papel por cada día que no se haya despertado. Es como un temporizador, o una cuenta atrás—no lo sé. Sólo necesito algo para llevar la cuenta del tiempo, o sentiré que voy a flotar". Yeonjun le dijo una vez. "También tengo cosas que quiero decirle cuando se despierte y vea todos estos corazones. Es sólo un gesto irremediablemente romántico de mi parte, realmente, ya que me gusta desde que éramos pequeños. Pero tiene que ser nuestro secreto, no puede saberlo. ¿De acuerdo? Quiero que lo vea todo por sí mismo cuando se despierte. Será su sorpresa de bienvenida". Sonrojándose, añadió. "Y pienso contarle mis sentimientos entonces".
Soobin no tuvo el valor de decirle a Yeonjun que lo más probable es que no suceda; porque ¿cómo podría, cuando Yeonjun parecía el más feliz que había visto cuando hablaba de eso?
Así que aceptó. Incluso aceptó pegarlas en las paredes por él cuando empezaron a quedarse sin espacio para exponerlas.
Con el rabillo del ojo, vio a Yeonjun tomar su pluma y escribir algo en el corazón que acababa de doblar. Cuando lo devolvió a su antigua posición junto a la almohada de Beomgyu, Soobin pudo leer las letras en tinta negra.
- Te extraño.
Ya habían pasado 365 días desde que Beomgyu se acostó inmóvil en esta cama. Cuando echó una mirada a Yeonjun, notó que el mayor se limpiaba desesperadamente una sola lágrima de sus ojos, su sonrisa mostraba grietas en la fachada feliz que ha estado tratando de poner desesperadamente, más para sí mismo que para cualquier otra persona en esta habitación.
"Descansa un poco, mocoso. Volveré a molestarte más tarde, necesitarás energía para eso".
Tener dieciséis años habría sido mucho mejor si Yeonjun tuviera a su mejor amigo a su lado.
Desde entonces, sin Beomgyu, el tiempo comenzó a pasar con menos y menos importancia para Yeonjun.
¿Habían pasado años desde la última vez que Beomgyu le sonrió? ¿Fue un año, o dos, o tres? ¿O sólo habían pasado meses? Por cierto, ¿fue también ayer cuando se besaron? Porque a él le parecía que sí.
Solía contar los días que faltaban para que él y Beomgyu volvieran a visitar el parque juntos; pero ahora, el concepto de tiempo ya no existía para él. Los días empezaban a confundirse y los meses parecían convertirse en eones. Si un ser sobrenatural entrara en su vida sólo para decirle que había estado atrapado en su propio bucle infernal todo este tiempo, Yeonjun le creería.
Cada vez recordaba menos su propia vida en el instituto. Cada vez prestaba menos atención a las cosas que le rodeaban y que no tenían que ver con Beomgyu. A menudo se sorprendía a sí mismo comparando inconscientemente a la gente que conocía con la más joven, regañándose a sí mismo en el proceso. Sabía que tenía que seguir viviendo su vida sin Beomgyu, porque eso era lo que quería.
Sin embargo, eso era mucho más fácil de decir que de hacer; y con la forma en que Yeonjun todavía piensa en el más joven en cada momento de su día, sabía que no estaba haciendo un trabajo particularmente bueno en eso—mucho menos las visitas diarias, y los corazones de papel. En retrospectiva, si Beomgyu tuviera que despertar a todos los corazones que había estado doblando, Yeonjun podría colapsar en el lugar de la vergüenza. El escenario se desarrolló mejor en su cabeza.
Eso es, de nuevo—sí Beomgyu se despierta. Yeonjun se detuvo justo antes de que su tren de pensamientos pudiera descender más.
Esta vez cuando Yeonjun deslizó la siempre familiar puerta del hospital, para su sorpresa, Soobin no estaba allí. Debe haber sido la primera vez. Normalmente siempre está aquí.
¿Y por qué la falta de la presencia de Soobin lo ponía más ansioso que de costumbre? ¿Estar a solas con Beomgyu siempre ha sido tan desesperante?
¿O era algo más sobre su situación actual que Yeonjun se negó a abordar?
Sin decir nada, cerró la puerta a su espalda y se quedó mirando a la única persona que había en la habitación—llamarle persona ahora le parecía una exageración—, el cuerpo inmóvil tumbado en una cama que, de repente, parecía demasiado grande para su menuda complexión. Beomgyu siempre tuvo una complexión más pequeña, pero ¿había adelgazado con los años?
Era la primera vez que Yeonjun se permitía verlo, por todo lo que era en su verdadera condición, sin que su optimismo empañara su perspectiva.
Al acercarse, notó cómo la piel de Beomgyu era ahora casi tan blanca como la sábana que tenía debajo, los dedos más delgados que antes. Los huecos de sus clavículas eran espantosamente prominentes, cada curva y cada hendidura claramente delineadas. Las bolsas de sus ojos estaban oscuras y hundidas, los pómulos hundidos, como si hubiera perdido el sueño en días aunque eso fuera lo único que ha estado haciendo. Yeonjun encontró eso irónico. Sus suaves mejillas color melocotón eran ahora de un malva ceniciento. El corazón de Yeonjun se retorció.
Beomgyu parecía demasiado enfermo; demasiado pálido para su gusto. Era como si la vida le fuera drenada continuamente a través de los innumerables tubos y cables conectados a su cuerpo, cuando deberían estar haciendo lo contrario. Incluso su pelo, normalmente esponjoso, había perdido su brillo y volumen, y se había convertido en frágiles mechones y puntas abiertas.
Lo único que servía como indicación de vida era la forma en que su máscara de oxígeno se empañaba con cada sutil subida y bajada de su pecho. Era lo único que reconfortaba el frágil corazón de Yeonjun, e incluso esa fachada estaba empezando a desmoronarse.
Fue en ese momento que finalmente se dio cuenta.
Beomgyu estaba viviendo en tiempo prestado.
¿Sería vivir la palabra adecuada, cuando en realidad apenas vivía y sólo sobrevivía? ¿Su vida pende apenas de un hilo, como si estuviera encaramado a un acantilado, listo para ponerse de puntillas y caer en cualquier momento?
En ese caso, ¿no sería una vida peor que la muerte?
La realidad se abatió sobre el mayor como feroces olas del océano, sus mareas empujando y tirando de los restos de su cordura; burlándose de él con el fantasma de su propia desesperación a medida que pasaba cada segundo. Durante el último par de años, Yeonjun se había sorprendido a sí mismo mirando fijamente los ojos de Beomgyu—su característica favorita—esperando que parpadeara, se moviera, se moviera, cualquier cosa; aceptaría incluso el más ligero aleteo de sus pestañas. Pero su esperanza le llevó a un callejón sin salida, ya que incluso eso no sirvió de nada.
Yeonjun normalmente gritaba a todo pulmón al llegar para señalar a Beomgyu su presencia; pero esta vez estaba dolorosamente silencioso cuando tomó la mano del chico en la suya. ¿Se debía al hecho de que Soobin no estaba aquí, a que no se sentía capaz de fingir como siempre?
Cada día después de la primera vez que lo vio, Yeonjun siempre se dijo que entraría con una sonrisa. Que sólo diría cosas alegres y sería tan normal como pudiera, para darle al chico más joven una sensación de normalidad—como si nada hubiera cambiado realmente.
Ahora se daba cuenta de que nada de esto era normal. Se preguntaba si Beomgyu también se había dado cuenta y le había compadecido todo este tiempo.
Ese pensamiento le hizo llorar. Con una inhalación temblorosa, apretó la mano de éste, llevándola a su mejilla. La mirada en los ojos de Yeonjun mientras miraba a Beomgyu estaba mezclada con el epítome de la agonía pura y la desesperación. Duele ahora, sólo con mirarlo.
"Te extraño", susurró débilmente mientras la primera lágrima caía en cascada sobre sus pómulos, justo sobre el dedo índice de Beomgyu. "Te echo mucho de menos, Beomgyu". Apretó con suaves besos los dedos del más joven, sin darse cuenta del chorro de lágrimas que caía de sus ojos.
"Vuelve a mí. Llevas demasiado tiempo haciéndote el difícil, ¿no crees? Ahora estás poniendo triste a hyung— ¿Qué ha pasado con lo de ir al parque cada cumpleaños? Todavía tengo que llevarte a la Rueda de la fortuna de nuevo, la renovaron. Mi cumpleaños este año no fue divertido sin ti. Ya tengo diecisiete años... ¿Puedes creerlo? Ayer teníamos diez".
Silencio. No es que esperara otra cosa; pero ese rastro de esperanza se enconaba en su interior como un parásito, negándose a abandonar su mente. "Te estás perdiendo muchas cosas. ¿De verdad quieres pasar el resto de tu vida en esta habitación? Nunca pensé que fueras una persona tan aburrida". Hizo lo posible por divagar entre sus lágrimas, su propio mecanismo de defensa entrando en funcionamiento. Esas palabras fueron pronunciadas más a favor de su propia comodidad que de la de Beomgyu. Se preguntó si el chico más joven había visto a través de él en algún momento.
"Dios, esto es patético", gimió, y su mano libre se levantó para limpiar sus lágrimas. Su abrazo con el más joven seguía apretado, como si Beomgyu fuera a desvanecerse en cuanto lo soltara. "No he llorado delante de ti desde que teníamos, ¿qué, doce años? Tienes que prometerme que no te burlarás de mí por esto cuando te despiertes, ¿vale? No seas tan horrible". Se rió para sí mismo, tratando de recuperar la compostura, aunque no importaba, ya que Beomgyu no podía verlo. Aun así, lo intentó.
Mientras intentaba estabilizar sus emociones, cogió el familiar papel de color pastel de un armario cercano, con los dedos iniciando automáticamente la rutina que le habían inculcado. "De todos modos, el TMI de hoy". Se aclaró la garganta, su voz ya volvía a ser lo que le gustaba llamar su voz de "mentir al director". "Estoy al final de mi tercer año. El año que viene será mi último año de instituto, ¿te imaginas? El colegio me ofreció una beca para hacer un intercambio en Estados Unidos durante mi último año. ¿Ves? Tu mejor amigo es muy inteligente. Prácticamente soy un genio del inglés, para que lo sepas".
Entonces, hizo una pausa, esperando el "¿y lo aceptaste?" que nunca llegó. Ya debería estar acostumbrado, pero ¿por qué el silencio seguía dejándole una punzada de decepción que cada vez se expandía más que la primera?
"Sé que te lo estás preguntando, así que voy a ir al grano. He dicho que no. No te enfades conmigo, ¿vale? Puedes gritarme sobre esto más tarde". Se defendió, aunque no había nadie que fuera a hablar ahora mismo, de todos modos. "Lo sé, lo sé. Soy tan estúpido. Dios, casi puedo oír tu voz molesta. Tan molesto". Se rió sin humor, preguntándose de repente cuánto tiempo hacía que no oía la risa del más joven. Un nuevo temor a no volver a escucharla se implantó de repente en su interior.
Colocó el corazón de papel ya terminado en la mesita de noche del joven, tratando de formar una frase adecuada sin confundir sus palabras. "Oye, sabes, entre tú y yo... ¿qué...?", comenzó, sólo para detenerse momentos después para asegurarse de que su voz no estaba temblando. "¿Y si aceptara la oferta y te dejara atrás? No sabría qué hacer conmigo mismo si lo hiciera. No puedo—" Se agarró al lado de la cama del hospital, con los nudillos blancos mientras intentaba estabilizarse sin éxito. "No sería capaz de perdonarme a mí mismo si eso ocurriera".
"Es que", empezó, tragando saliva. El nerviosismo volvió a aparecer en su voz, y rezó para que Beomgyu no pudiera percibirlo. Si lo hizo, no dejó que se notara. Bueno, no es que pudiera.
"No me puedo atrever a dejarte. Nunca más. Ya cometí ese error una vez—y nos costó todo esto. No soporto pensar que estaría al otro lado del mundo, sin poder visitarte todos los días— ¿Y si pasa algo, y cuando pase, no estoy a tu lado?". Sus pestañas se agitaron con sus rápidos intentos de parpadear sus lágrimas, mordiéndose agresivamente el labio inferior para evitar que temblara.
"¿Y si cuando te despiertes y la primera cara que ves no soy yo? No sería capaz de soportarlo". Sacudió ligeramente la cabeza como un intento de deshacerse de ese pensamiento. Sabía mejor que nadie que contemplar los "y si" no le haría ningún bien, pero no podía dejar de hacerlo. "Prometí estar a tu lado el resto de tu vida. Cuando estábamos en ese árbol, ¿recuerdas? Y dije que siempre me tendrías. ¿Adivina qué? Tu Hyung es un hombre de palabra". Entonces, elaboradamente, presionó sus labios contra la pálida mano de Beomgyu; plantando suaves besos en todos y cada uno de los nudillos.
"Nunca se irá de tu lado, nunca más".
Lo que Yeonjun no consideró en ese momento, aprendería más tarde, fue cómo sólo pensó en la posibilidad de que él dejara a Beomgyu primero, pero nunca al revés.
Así que, naturalmente, no estaba en absoluto preparado cuando ese escenario empezó a ser cada vez más probable, incluso más de lo que le hubiera gustado. Un día, todo iba a caer sobre sus hombros como si la tierra se hubiera plegado sobre él, engulléndolo por completo hasta que no quedara más que piel y huesos; y ni siquiera esa chispa de esperanza a la que se había aferrado desesperadamente permanecería a su lado entonces.
No tenía ni idea de que el día llegaría tan pronto.
"Yeonjun, pasa."
"Buenas tardes, tía. Oh, tío Choi. Tú también estás aquí". Yeonjun se inclinó cortésmente, quitándose los zapatos y poniéndolos en el estante junto a la puerta.
Una tarde, cuando estaba a punto de salir de sus clases, recibió un texto de los padres de Beomgyu. Lo habían invitado a ir a su casa, diciéndole que había algunas cosas que querían discutir. Por supuesto, Yeonjun aceptó.
Naturalmente, ellos se encariñaron con él desde que era pequeño. Prácticamente crecieron juntos, la familia de Beomgyu se sentía como su segunda familia.
Por lo tanto, no tenía motivos para sentir tanto temor y ansiedad por el simple hecho de visitar a los padres de Beomgyu. Sin embargo, ¿por qué el nudo en sus entrañas le indicaba que lo que estaba a punto de escuchar, no eran buenas noticias?
"Ven a sentarte, Yeonjun." Dijo el padre de Beomgyu, señalando el sofá de la sala de estar donde él y su esposa estaban sentados. Yeonjun sólo pudo ofrecer una pequeña sonrisa mientras se dirigía hacia allí, dejando su mochila a sus pies.
"¿Cómo estás?" Preguntó la Sra. Choi, su expresión adornada con la sonrisa nutritiva que a Yeonjun le había gustado.
"Estoy bien, tía. Estaba a punto de ir a visitar a Beomgyu en el hospital".
Al mencionarlo, notó simultáneamente cómo los rostros de ambos caían. Su corazón se hundió. Hubo un silencio que pesó más de lo debido, antes de que el Sr. Choi se encargara de romperlo.
Sin embargo, lo siguiente que dijo rompió algo más que el silencio. "Sobre eso..." Comenzó, mirando a Yeonjun con una vacilación que nunca había visto antes. “Hemos decidido, después de pensarlo mucho, poner finalmente a Beomgyu a dormir.”
Fue como si se pudiera escuchar la caída de un alfiler, el silencio rompió el último muro de fuerza que tenía. Yeonjun sintió que su exterior se agrietaba. Si toda su vida desde que perdió a Beomgyu fue un sueño, le gustaría mucho despertar ahora.
"¿Lo siento?" Se atragantó y se volvió hacia la señora Choi, que estaba sentada junto a su marido. La cálida sonrisa de hace unos momentos había desaparecido por completo, reemplazada por un ceño fruncido mientras ella bajaba la cabeza para evitar sus ojos.
Esto, Yeonjun se dio cuenta, no era un sueño. Más bien, estaba empezando a parecer una horrible pesadilla.
"¿Pero cómo puedes decidir hacer eso? ¡Es tu hijo, tío! Se va a despertar pronto. Confía en mí. Está mejorando". Soltó, con un tono cada vez menos seguro a medida que avanzaba. Ni siquiera estaba seguro de si él mismo se creía eso último. Pero insistió. "¡No podemos rendirnos con él!"
"Yeonjun", llamó tranquilamente el Sr. Choi, con el rostro cabizbajo. Yeonjun vio como él alcanzó la mano de su esposa y la apretó. "Es precisamente porque es nuestro hijo que tomamos esta decisión".
Yeonjun no podía entender la lógica de los adultos. ¿Cómo podían ser tan crueles con su propia carne y sangre, cuando él mismo luchaba por aceptarlo cada día? ¿De repente se volvieron sin corazón?
La rabia que bullía en su pecho debió mostrarse en su rostro, porque la expresión de la señora Choi cambió. "Pero—”
"Yeonjun, por favor. Es nuestra decisión. Somos sus padres. Él es—" habló, teniendo que hacer una pausa para poder respirar. "Es nuestro único hijo. Si ha sido duro para ti, ha sido—mucho más duro para nosotros".
Tal vez fue porque ella tenía razón, pero Yeonjun no pudo conjurar una respuesta coherente. Después de lo que parecieron horas, encontró su voz de nuevo. "¿Seguro que hay algo que podamos hacer? ¿Algo que pueda hacer para ayudar? Por favor, cualquier cosa—"
"Han pasado tres años". Esta vez, fue el Sr. Choi quien habló, su voz firme pero quebrada. Su mandíbula estaba apretada ahora, la cara oscura. Se estaba impacientando por la falta de comprensión de Yeonjun.
"Hemos esperado durante tres años. Las cuentas han sido muy altas. Sus tratamientos son costosos, y en este punto... no es que queramos rendirnos, Yeonjun. Es sólo que no podemos permitirnos seguir adelante". Hizo una pausa, mirando fijamente a Yeonjun a los ojos. La resolución en ellos llevó a Yeonjun hacia atrás. "Tanto financiera como emocionalmente".
En silencio, la Sra. Choi añadió. "Esto es mejor para él".
Esto no le sentó bien, porque lo siguiente que hizo fue ponerse de pie. "¡¿Cómo puede ser mejor para él?! Si necesita ayuda para cubrir los gastos, yo puedo ayudar. Mi sueldo de mi trabajo en la tienda no es mucho, pero le daré todo lo que tengo. Puedo dejar algunas clases más para trabajar en otro empleo diurno también. Incluso puedo ayudar a otros niños con sus tareas a cambio de dinero de bolsillo, si eso sirve de algo.”
Un golpe con la mano en la mesa de centro sacó a Yeonjun de su discurso.
"Vivir una vida más dolorosa que la muerte; si mi hijo pudiera opinar, ¿crees que querría seguir viviendo?" estalló el Sr. Choi, ahora también de pie. Su voz ya no tenía ese tono sereno, repentinamente cruda por las emociones que parecía haber estado conteniendo.
"Sé honesto contigo mismo, Yeonjun. Lo conocías tan bien como nosotros. Si Beomgyu pudiera elegir, ¿crees realmente que elegiría lo que nosotros no elegimos? ¡¿Prolongar su sufrimiento, y ver a los que le rodean desmoronarse porque no hay nada que puedan hacer excepto dejarlo en manos del destino?!"
Yeonjun se congeló, con los labios abiertos sin que salieran palabras. Tenía tantas ganas de negar todo lo que dijo el hombre mayor, diciéndole que aún había esperanza; que Beomgyu despertaría, o que querría seguir luchando.
Pero ya habían pasado tres años. Yeonjun apenas podía mantener esa chispa de esperanza que le quedaba—¿seguía siendo una chispa? o ahora era sólo un parpadeo agonizante—, así que ¿Cómo iba a convencer a los demás de que hicieran lo mismo?
La mirada de la pareja le dijo que todo lo que Yeonjun iba a sentir ahora con este negocio, ya lo habían asumido. Por lo tanto, se mordió los labios, volviendo a sentarse temblorosamente.
Nunca lo admitiría, ni siquiera con un cuchillo apuntando a su garganta—pero en el fondo de su mente, lo sabía. Y quizás siempre lo había sabido.
Que los padres de Beomgyu tenían razón. Todo lo que decían, Yeonjun no podía encontrarlo en él para refutarlo. Porque todo era verdad, y Yeonjun no podía perder otro segundo tratando de engañarse a sí mismo pensando que no lo era.
Mientras que él pasó los últimos tres años encerrándose en una fantasía, sus padres han estado preparándose para enfrentar la dura realidad. Oh, cómo deseaba ahora ser lo suficientemente fuerte como para haber hecho lo mismo.
La comprensión de que había estado distrayéndose, haciendo la vista gorda ante lo inevitable: que su Beomgyu no despertaría pronto, no importa cuántos corazones de papel doblara para él. Le golpeó como un golpe contundente en la cabeza.
Este descubrimiento le llenó de frío temor, con el corazón dolorido y los pulmones demasiado pesados. Parpadeó, mientras la chispa de esperanza que había en él cedía por completo a la oscuridad.
Su Beomgyu nunca iba a volver, y no había nada que pudiera hacer para cambiar eso.
La sala volvió a quedar envuelta en un silencio asfixiante. Ninguno de ellos habló, y durante mucho tiempo; también parecía que ninguno se acordaba de respirar.
Después de lo que se sintió como una eternidad y vuelta, habló. "¿Cuánto tiempo...?" Ni siquiera pudo permitirse terminar la frase, la voz se quebró mientras miraba a través de su visión borrosa a la pareja.
"Un mes, como mucho.” Dijo el Sr. Choi, volviendo a su posición anterior de sentado y sosteniendo la mano de su esposa. Su voz estaba tranquila de nuevo, y esta vez, Yeonjun casi podía oír un goteo de culpa en ella.
"Su cumpleaños". Dijo con tono críptico, lo que le valió dos pares de ojos interrogantes lanzados en su dirección. "Su decimoctavo cumpleaños. Déjame celebrarlo con él,” la voz de Yeonjun se volvió más tranquila con cada palabra pronunciada. Para cuando llegó al final de la frase, era apenas audible cuando añadió, "por favor, una última vez.”
Entonces se hizo el silencio mientras una mirada de contemplación bañaba los rostros de la pareja. Se miraron fijamente durante lo que parecieron minutos, manteniendo una discusión tácita.
De mala gana, la Sra. Choi habló. "De acuerdo. Pero nos tememos que ese tendría que ser su último día.”
Yeonjun sonrió apologéticamente para sí mismo, asintiendo. "Está bien". Inhaló profundamente, tratando de estabilizar sus manos temblorosas apretándolas. "Es suficiente.”
No fue suficiente, y probablemente nunca lo será, pero ¿Qué más podría pedir Yeonjun? ¿Quién le concedería su deseo? ¿Quién le daría más?
Se estaban moviendo en tiempo prestado. Tiempo concedido a ellos a través del dinero y la deuda, los productos químicos y la maquinaria. Yeonjun siempre había sabido esto, pero esta era la primera vez que se permitía a sí mismo llegar a un acuerdo con la crueldad de esa realización.
No era suficiente, pero de alguna manera tenía que serlo.
“Recuerden que él puede escucharnos, así que tienen que fingir como que todo está bien. ¿De acuerdo?” Volteó a susurrarles una última vez, una mano cubriendo las llamas de las velas para evitar que parpadeen.
El día por fin había llegado. Para Yeonjun, se sentía muy temprano y muy tarde a la vez.
Su último día con Beomgyu.
Era marzo, y por esta especial ocasión, le había pedido a Taehyun y Hueningkai que visitaran a Beomgyu para que pudieran celebrar su cumpleaños juntos. Los dos chicos no eran ni en lo más mínimo cercanos a Beomgyu como el, pero eran los únicos a parte de el a los que se les podría considerar como amigos.
"De acuerdo", respondieron los otros dos al unísono, asintiendo. Junto a ellos, Soobin ofreció una pequeña sonrisa antes de deslizar la puerta de la habitación.
Como una máscara, inmediatamente una brillante sonrisa se acomodó en su rostro—aunque sabia que el chico no seria capaz de verla de todas maneras, sus labios se encorvaron en una manera que no alcanzaron a sus ojos. Se había convertido en algo natural para el con el paso de los años, por lo cual no fue algo difícil de ejecutar. Lo que no reveló es que la sonrisa era para engañarse a sí mismo más que para engañar a Beomgyu.
Siguiéndolo de cerca, Taehyun Y Hueningkai tomaron eso como su señal para empezar a cantar una ruidosa y no sincronizada versión de “Feliz Cumpleaños”. Con Soobin cantando en voz baja, todos aplaudieron mientras Yeonjun rodeaba la cama para ir a lado de Beomgyu. En su mente, intento imaginar la mirada de sorpresa y encanto en el rostro del menor que sería capaz de expresar. Imaginó sus ojos iluminándose y sus mejillas rosadas, como esa noche fría de otoño debajo del árbol de arce. El pensarlo le calmó.
“¡Feliz cumpleaños a ti!” Terminaron, concluyendo con una ronda de aplausos igual de sincronizados. En la bandeja de comida Yeonjun colocó el pastel sabor matcha—recordó pedir el favorito de Beomgyu.
Bueno, tampoco es como si Beomgyu fuera a probarlo—o verlo. Pero era la intención lo que contaba, ¿verdad?.
El temor comenzó a hundirse en la boca de su estómago mientras miraba a Beomgyu. Este sería el último día que podría sentarse a su lado de esta manera; la última vez que lo vería acostado en esa cama.
La ultima vez que lo volvería a ver.
Tan egoístamente como podía formar un pensamiento, Yeonjun sólo quería congelar este momento en su cabeza; capturando la imagen del único chico que ha mirado frente a él y enterrándolo en la grieta más profunda de su cerebro, y probablemente el único que miraría siempre. Hasta el fin de los tiempos.
Supongo así de largo es como el fin de los tiempos puede llegar a ser.
“Beomgyu, tienes visitas.” Anunció, intentando mantener su tono lo mas ligero posible. Detrás de el, los chicos mencionados se acercaron. “Hola, Hyung.” Hablaron al mismo tiempo.
“¿Reconoces eso?, Son Taehyun y Hueningkai. Te dije que algún día los traería a verte. Están tan enamorados, es asqueroso.” Bromeó, lo cual resulto en unas risitas de parte de Hueningkai y un pequeño golpe de Taehyun. “Beomgyu Hyung, ¡te trajimos regalos!” Cantó el mas joven antes de acomodar dicho regalo en el regazo de Beomgyu. Era un ramo lleno de alientos de bebé y asteres rojos, cuidadosamente envuelto en papel de lino lila.
“¿Que deberíamos regalarle a Beomgyu Hyung cuando visitemos?” Cuestionó Taehyun una tarde durante el almuerzo. “Hm, ¿Qué tal flores? ¿Le gustan las flores, Yeonjun Hyung?” Hueningkai preguntó, dejando su leche de banana en la mesa mientras volteaba a ver al mayor de los tres.
Ante la mención de su nombre, Yeonjun salió de sus pensamientos. “Creo que le gustará lo que sea que le des.” Respondió Yeonjun, a medias.
“Entonces, ¿Qué tipo de flores serían una buena opción?, ¿rosas?” Taehyun preguntó, una mano en su mentón mientras pensaba fijamente. Después de un momento, Yeonjun respondió. “Asteres rojos”.
“¿Por qué asteres rojos?” Preguntó Hueningkai con la boca media llena.
“Los asteres rojos significan devoción eterna” Dijo el mayor, jugando con su comida desinteresado.
Inmediatamente, los otros dos entendieron, y no necesitaban otra explicación.
Pero, claro, Beomgyu no tenía que saber todo eso.
“Te regalaron un ramo de asteres rojos, que lindo detalle” Yeonjun habló, posicionando los brazos del más joven a manera que parecía que sostenía el ramo con ambas manos.
“No me mires con esa cara, vamos. Mi presencia en su totalidad ya es tu regalo. ¿Qué mas puedes pedir?” Bromeó ligeramente, una media sonrisa se planteaba en su rostro mientras se acercaba a acariciar el cabello del chico. “Soobin también te trajo algo.”
Ante la mención de su nombre, el enfermero se acercó al otro lado de la cama. Ligeramente aclarando su garganta, sacó algo detrás de su espalda, y lo colocó delicadamente en la cabeza de Beomgyu. “No es mucho, pero espero que te guste.”
Era una corona de flores, ensartada con hojas de arce en diferentes tonos de castaño. “Yeonjun y yo fuimos a conseguir las hojas del árbol que te gusta.” Agregó con un tono tímido.
Vestido de blanco, acostado en un mar de corazones de papel y con un ramo de asteres rojos y una corona hojas de arce en su cabeza—Beomgyu parecía un príncipe del bosque. Era tan hermoso que llenaba el corazón de Yeonjun con mariposas tan rápido como se desvanecían en brasas de ceniza.
Si se iba a ir, esta era la mejor manera en la que podían permitirse hacerle justicia a su belleza.
“Cumples dieciocho años hoy, Gyu.” Habló quietamente Yeonjun. La vela en medio del pastel ya se había derretido hasta la mitad, y le partía el corazón a los cuatro chicos el hecho de que el cumpleañero no podía pedir un deseo para soplarla. “¿Ya pediste tu deseo? Voy a soplarla por ti.” Dijo, mas para el mismo que para Beomgyu, antes de apagar las llamas. El pastel se veía encantador—Yeonjun se había asegurado de ordenarlo de la mejor pastelería de la ciudad—aun así, ninguno de los cuatro parecía tener apetito. Por lo cual, Taehyun se acercó a mover el pastel encima de un cajón cercano.
Entonces, de reojo, Yeonjun puso ver a varios enfermeros asomándose a través de las cortinas de la habitación. Vio a Soobin voltearse hacia ellos, señalándoles que se quedaran fuera.
Yeonjun sintió como si le hubieran despertado de un sueño abruptamente, con el cuerpo congelado. ¿Habían venido a retirar todos esos tubos de Beomgyu? ¿Ya era hora?
El chico mas alto volteo a ver a Yeonjun; y el pecho de Yeonjun se contrajo con la mirada de devastación y dolor en sus ojos. Aun así, ambos se quedaron en silencio. Taehyun y Hueningkai también no hablaron, consientes del silencio.
¿Qué más había por decir? ¿valdría la pena fingir que todo estaba bien, diciendo que pronto mejoraría; o decirle sobre su futuro fuera del hospital el cual todos ellos sabían que nunca llegaría? ¿Aun valía la pena fingir?
En ese momento, Yeonjun decidió. Como un botón de encender, la mascara en su rostro desapareció, revelando bajo la mirada desamparada de un chico que estaba a punto de perderlo todo ante sus ojos.
Todavía no había salido una palabra de su boca cuando sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas calientes. Detrás de él, tanto Taehyun como Hueningkai apoyaron una mano reconfortante a cada lado de sus hombros. Respiró profundamente y apartó los ojos para mirar al techo y contener las lágrimas.
“Beomgyu,” empezó. Los ojos de Soobin se abrieron ligeramente ante el tono del mayor— le había escuchado decir ese nombre múltiple de veces, pero ninguna vez había sido mencionado con tanta desesperación. Tanto dolor.
“Pronto, te vamos a arropar.”
Era la mejor manera en la que podía explicarle sin decirle directamente al mas joven que estaría muerto dentro de unos cuantos minutos. Yeonjun nunca se atrevería a decirlo. Su cuerpo empezó a suplicar su peso, las manos descansando en sus hombros se sentían tan pesadas, que levantar un dedo se le hizo difícil. “Aun hay mucho que quiero decirte.”
Soobin hizo un gesto, y en próximo momento, el y los otros chicos se movieron a la esquina mas cercana de la habitación. Yeonjun se dio cuenta de que le estaban dando espacio para despedirse.
Entonces, inhaló profundamente, miró al príncipe del bosque frente a él, y comenzó.
"Hablo contigo todos los días, y aún así siento que por mucho que siga, nunca será suficiente.” Su corazón se apretó en su pecho con lo que sabía diría después, sintiendo como si fuera apuñalado por miles de navajas en todos los ángulos posibles. “¿Sabes algo? Tu Hyung es un cobarde. Siempre ha sido un cobarde, e incluso ahora no pudo dejar de serlo.” Rió humorosamente, intentando parpadear sus lágrimas.
Su cabeza caía bajo, sintiendo su corazón estrecharse una vez mas. Las mariposas que había ignorado todos esos años regresaron a el— solo que en vez de que llenaran su pecho con calor, ahora pulsaba como si dichas mariposas fueran infestadas con un virus, comiéndoselo desde dentro,
Internamente, su corazón sollozaba, lloraba por el chico enfrente de el— su Beomgyu que tanto adoraba; el mismo cuya vida había sido arrebatada, aunque no lo mereciera. Y Yeonjun aun no poda articular lo tanto que Beomgyu significaba para el. Se dio cuenta que ninguna palabra se acercaría lo suficiente para poder expresar lo que deseaba decir.
“¿Quieres saber por que soy un cobarde, Beomgyu?” Levantó su cabeza, la sonrisa en su rostro ahora era melancólica. “Por que hay tantas cosas que quise decirte y no pude.” Una pausa.
El único sonido que quedaba en la habitación provenía del constante pitido del monitor cardíaco de Beomgyu.
“Por qué tenía miedo de lo que pensaría de mi si lo hacía” Por fin confesó, su voz dolorosamente vulnerable y cruda que tomó por sorpresa a los otros tres. Nunca se había sentido así de vulnerable, con sus emociones salpicando como las olas apresurándose en una presa rota. Por un momento olvidó que los otros estaban en la habitación cuando intentó continuar.
“El miedo a perderte me seguía, y no podía perderte. Eras lo único que tenía. Nosotros éramos las únicas cosas que teníamos, y no podía ser así de egoísta. Tenia miedo de cambiar hasta la cosa más mínima entre nosotros, en caso de que no sintieras lo mismo. ¿Y adivina qué? Desearía haber tomado la oportunidad.” Ni siquiera pudo terminar su oración antes de que su voz se rompiera en la mitad, pero no le prestó atención. El dolor en su pecho se subió hasta su garganta, la culpa le hacía saborear la bilis.
“Ese día en el parque—cuando impulsivamente te besé, y la mirada en tu rostro después de que lo hiciera—casi lo dije.” Susurró mientras volteaba a ver el rostro de Beomgyu, el mas joven viéndose muy tranquilo ante la confesión de Yeonjun. Se veía tan sereno acurrucado entre esas sábanas blancas, el único color proviniendo de los corazones de papel rodeándolo, no de su rostro.
Yeonjun pensó para sí mismo, no importaba que tan brillante o vívidas eran esas flores, nunca se compararían con lo brillante que fue el mas joven. Ni un millón de ramos, coronas de flores o corazones de papel en el mundo le harían justicia al fenómeno que era Choi Beomgyu.
Se tragó un respiro doloroso antes de continuar. “Quería decirlo tanto, pero una parte de mi temía que en el siguiente segundo—tus ojos no me volverían a ver con brillos, sino con disgusto. Que te distanciarías de mí, alejándome porque nos arruiné.”
“Aun así, ese fue el segundo momento más feliz de mi vida. Desearía poder habértelo dicho, pero no fui lo suficientemente valiente”, apretó sus puños, sus nudillos tornándose blanco.
“Incluso ahora, no lo soy. Me tomó años de mentirme a mi mismo, alimentando mi corazón de falsas esperanzas en vez de prepararme para este momento, que sabia vendría. Sabría que lo haría, pero fui lo suficientemente tonto para creer que no pasaría; siempre y cuando el día sea hoy y este a tu lado. Como si eso fuera capaz de alejar lo inevitable. ¿Qué idiota piensa así?” Dejó salir otra risa seca, lagrimas ahora bajaban libremente por sus mejillas, mientras su corazón se derrumbaba detrás de la restricción que era su pecho.
Silenciosamente, sacó un pedazo de papel del bolsillo de su chaqueta, y lo colocó en las manos de Beomgyu. “Paper hearts. Después de todo, es tu canción favorita ¿verdad?. ¿Recuerdas la primera vez que me la cantaste con tu guitarra en tu habitación? Apenas teníamos quince años. Aun puedo recordar lo hermoso que sonaste, pero fui demasiado cobarde como para decírtelo. Te molesté diciéndote que sonabas como una vaca, cuando en realidad estaba demasiado ocupado distraído por el latir rápido de mi corazón como para poder escucharte.”
Se preguntaba si el mas joven podría escuchar el latir de su corazón en ese momento con lo rápido que era. Hubiera sido difícil de no escuchar. “Si me preguntaras como y cuando empezó, no podría darte una respuesta honesta. Me pregunto si siempre me sentí de esta manera, pero era demasiado joven y tonto para darme cuenta.”
“Creía que todos se sentían así respecto a su mejor amigo, simplemente por que no sabia mejor que nadie.” Rió suavemente con felicidad ante el recuerdo de una versión joven de el. “Me preguntaba a mi mismo, ¿es normal sentirse inexplicablemente emocionado simplemente por ver a alguien sonreír? ¿es normal verte cada vez que tu no me veías, y cada vez que hablabas, no podía quitar mis ojos de tus labios?”
Sonaba tan dolorosamente obvio ahora que lo decía en voz alta, y se preguntaba como pudo haber sido tan tonto. Lanzó una mirada a los labios, ahora pálidos, del menor. La vista le lanzó una punzada de dolor. “Durante la eternidad de mi vida, me convencí de que era completamente normal. ¿Quién sabía que era tan tonto?”
“Tal vez es un poco tarde ahora, pero esa vez en tu cama—¿cuándo te pregunté si te habías imaginado como sería tu primer beso? Si, era solamente yo creando una excusa patética solo para poder besarte. Estaba tan desesperado, estaba dispuesto a vivir el resto de mi vida en esa mentira.” El solo seguía y seguía, años de emociones encerradas por fin salían a la luz. Y no se detendrían en ningún momento pronto. “Solo para poder sentir tus labios contra los míos. No entendía lo que era ese sentimiento, solo sabia que si no te besaba, explotaría.”
Oh que jóvenes e ilusos eran en ese entonces. Recuerda haberse preguntado que podría salir mal. No se preparó exactamente para que la respuesta a esa pregunta fuera todo.
“No esperaba que te lo creyeras. Me preguntaba, en la fracción mas mínima de un momento, si los pensamientos que rondaban en tu cabeza cuando me separé, y te vi mirarme con esos ojos.” Nunca podría olvidar la mirada que Beomgyu le regaló, ojos llenos de algo que no podía identificar mientras sus miradas se encontraban después de su primer beso. “Estaba demasiado asustado como para descubrir la respuesta a eso. Pero ese momento…probablemente ha sido donde más feliz he estado.”
Y derramó y derramó su corazón entero ante el chico enfrente de él, sintiendo como si fuese a ahogarse en sus propias emociones si no lo hacía. El resto del mundo se desvanecía en tonos monocromáticos detrás de ellos. Para Yeonjun, Beomgyu era la única cosa con color que quedaba, Nada más importaba.
“Me haces tan feliz, Choi Beomgyu. Cada día que pasé contigo, lo desperdicié por que era un estúpido que no podía reconocerlo; la manera en la que su corazón sacudía en su pecho cada vez que lo mirabas. Cada vez que no estas, me acuesto en mi cama a contar los días—horas, minutos, segundos—hasta que pudiera verte de nuevo,” En este punto, Yeonjun estaba desempacando cada carga de su corazón hacia el más joven, como una entrega atrasada. “Esto no era normal, y debí haberlo sabido; pero me tomó demasiados años de no tenerte a mi lado para darme cuenta que no lo era.”
“Estos corazones, si tan solo pudieras abrir tus ojos otra vez. Doblé uno para ti; por cada día que pasaba sin que despertaras.” Recordó el torbellino de días borrosos que pasaron, con el único detalle destacado siendo el de sujetar el familiar papel de colores; asegurándose de que los pliegues estuvieran siempre nítidos y limpios. "Era lo único que me reconfortaba, ya que me engañaba pensando que despertarías en un mar de ellos. Nunca me olvidaba de doblar uno cada día, porque era lo único que me hacía ilusión hacer. Era mi único propósito.”
“Dentro de mi cabeza, me obsesioné con lo grande que sería el gesto. Que te despertaras y vieras la cantidad de corazones que te hice—representando la cantidad de emociones que siento por ti. Pensé que seria tan romántico el poder confesarlo en ese momento, o incluso invitarte a una cita.” Soltó una risa entretenida, la tristeza en su voz mostraba lo mucho en lo que aun creía en esa fantasía. “Era la única cosa que me hacia seguir. El paraíso dentro de mi cabeza es nada como la realidad en la que estamos ahora.”
“Tristemente para mi, ese día nunca va a llegar. Conté y enumeré cada uno solo para no perder la cuenta de los días que pasé contigo.” Entonces, acarició los nudillos de Beomgyu con su pulgar. “Este, lo hice antes de venir. Corazón numero 1313.” Soltó un suspiro. “1313 días pasados sin ti. Y ahora no tengo que seguir contando más, por que a partir de mañana, tendré que pasar cada día sin ti por el resto de mi vida.” Dijo, intentando sonar como si fuese un hecho. Falló miserablemente ya que su cuerpo se encogía.
“Si tan solo pudieras ver—si tan tolo pudieras mirarme ahora y verme por primera vez como realmente soy; no solo como tu mejor amigo de la infancia que juró protegerte, pero como un chico que ha estado perdidamente enamorado de ti desde el momento que te conocí.” Sus ojos se alzaron para atrapar a los del mas joven, intentando lo mejor que podía trazar hasta el más mínimo detalle de su rostro en lo más profundo de su memoria—desde la inclinación de sus mejillas hasta sus labios, ahora ocultos tras la máscara de oxígeno empañada.
“Eres tú, Beomgyu. Siempre has sido tu—lo juro por todas las veces que te miré a escondidas en el patio de nuestra primaria, y todas las veces que puse las excusas más tontas sólo para tomarte de la mano—siempre has sido tú". Decirlo por fin hizo sentir a Yeonjun como si un peso se hubiese levantado por fin de su pecho, así que continuó, desesperadamente intentando encontrar algún momento de alivio. Sabía que no duraría mucho si no tenía cuidado.
“Y siempre serás tu. Por cada cumpleaños, desde que te conocí, la única cosa que deseaba eras tú.” Para el mismo, Yeonjun cubrió su rostro y rompió en una serie de risas patéticas.
“La manera en la que el mundo funciona es muy injusta,” se ahogó con un sollozo. “Nunca hiciste nada para merecer nada de esto. Fuiste la mejor cosa que me pudo haber pasado—la única cosa buena que entró en mi vida. ¿Cómo se supone me continuaré ahora? Eres tan cruel, Beomgyu. ¿Qué pasó con el para siempre? ¿Algún día volveré a verte?” Ahora estaba llorando a lágrima viva, con la cara empapada de lágrimas que no se molestó en secar. Beomgyu no las vería de todos modos, y esta vez ni siquiera se molestó en intentarlo.
“Si el Cielo existe, ¿nos encontraremos de nuevo? ¿te encontraré ahí?” Le susurró por capricho, esperando aun descaradamente, labios presionados contra los nudillos helados del joven. Incluso ahora las manos de Beomgyu estaban húmedas con sus lágrimas.
“Si no existe, Choi Beomgyu—todavía tienes una promesa más que hacer.”
Soltó una plegaria rota, “Por favor, espérame en la entrada. No importa que tanto tarde, siempre te encontraré. Siempre lo hago. Esta vez, permíteme cumplir mi promesa de prometerte hasta el fin de los tiempos.” Besó cada uno de los dedos del mas joven. Parte de esa acción se sentía como un final definitivo, como si el adiós estuviese cerca. El dolor en su pecho se había convertido en un fuego furioso, consumiendo sus entrañas y quemando la lengua de Yeonjun. Cada palabra comenzó a ser más pesada que la anterior.
“Y esta vez, cuando te diga que te amo—más te vale decirlo de vuelta.” Presionó un ultimo beso a la mano de Beomgyu antes de alejarse. Se sentía como porcelana rota siendo sostenida por pegamento seco, a punto de romperse, pero aun así intacta. Era el sentimiento más horrible que Yeonjun había experimentado.
El silencio inundó la habitación cuando dejó de hablar. Miró a un lado y se sorprendió al ver a sus otros tres amigos con los ojos igualmente llorosos. Hueningkai estaba llorando en los hombros de Taehyun, el mayor lo sostenía en sus brazos para consolarlo. Soobin se limpió brevemente una sola lágrima con el dorso de la mano, pero su nariz estaba brillante.
Si sus amigos estaban llorando así de fuerte, Yeonjun no quería imaginar cómo se veía en este momento.
"Ahora... Para mi regalo de cumpleaños". Inhaló profundamente, tratando de recuperar su compostura—o lo que quedaba de ella que podía reunir. "Sé que dije que no había preparado nada, pero quería darte una última sorpresa".
Desde la esquina de la habitación, Soobin caminó hacia el y le entregó una guitarra acústica. Estaba laminada con un tono de madera burdeos, su exterior era suave al tacto. Las cuerdas eran de un tono uniforme de latón desgastado, y metida entre ellas había una púa de guitarra lisa. Había unas líneas irregulares talladas en la superficie que deletreaban "BG", las iniciales de Beomgyu.
Era la guitarra de Beomgyu, simultáneamente lo último que le pidió a los padres de Beomgyu poder conservar.
Yeonjun no sabía tocar la guitarra. Nunca tuvo interés alguno en aprender, aunque Beomgyu le ofreció enseñarle unas veces.
Ahora deseaba haber aceptado la oferta. Pero durante este último año, había estado aprendiendo—con el único propósito de algún día poder tocarle esta canción, aunque así no había sido la manera en que se lo había imaginado. Pero, ¿Qué otra opción tenía?
Lentamente, pulsando las cuerdas con un suave estilo de dedos, tocó la melodía inicial de la canción.
“Recuerdo la manera que me hacías sentir. Un amor tan joven, pero algo en mi supo que era real”
Dicen que cuando estás feliz, disfrutas la melodía; pero cuando estas triste, entiendes las letras.
Nada le había resonado tanto como la letra de la canción en ese momento. Internamente, le preguntó a Dios si esto era una broma de mal gusto.
Soobin, Taehyun y Hueningkai permanecieron en silencio en su respectiva esquina mientras escuchaban a Yeonjun cantar. Tenia una voz encantadoramente hermosa, la canción sonaba tan atrayente con cada nota que salía de sus labios. La melodía melancólica haría una perfecta canción de cuna, de no haber sido por las circunstancias agonizantes en las que se encontraban. Le dolía a Yeonjun saber que esta sería la primera y última vez que cantaría para Beomgyu.
“Los recuerdos aparecen en mi mente apagada Yo, odio esta parte. Corazones de papel, y sostendré un pedazo del tuyo.”
En su mente, Yeonjun podía imaginar casi perfectamente el echo de la voz de Beomgyu mientras le cantaba esta misma línea hace unos años. Si cerraba sus ojos ahora, estaba convencido de que la próxima vez que los abriría, regresaría a estar en la cama de Beomgyu en ese día fatídico; con el más joven cantándole, rojo como un tomate.
Su corazón se hundió en desesperación cuando abrió los ojos y aun estaba en la habitación del hospital.
Tras unos minutos en los que su voz y el pitido del monitor fueron los únicos sonidos de la habitación, tocó la última nota de la guitarra acústica, dejando que se desvaneciera en el silencio mientras dejaba de cantar.
Lentamente, la dejó a un lado, parándose. En la esquina de la habitación, tres pares de ojos se abrieron ligeramente mientras Yeonjun se inclinaba, suspendido a medias sobre el cuerpo del chico en la cama.
“No creas que simplemente lo olvidaré”
Una sola lágrima cayó por sus mejillas, aterrizando perfectamente en las de Beomgyu. Normalmente, Yeonjun se reprimiría a si mismo por ser tan descuidado; pero ahora mismo, no le podría importar nada más en el mundo.
Pausó por un segundo, digiriendo la vista de Beomgyu una ultima vez.
“Esperando que tu no lo olvides”
Con una mano visiblemente temblorosa, se acercó, metió la mano y sacó con cuidado la máscara de oxígeno de la cara de Beomgyu. Detrás de él, pudo oír a Soobin soltar un jadeo audible.
Pero a Yeonjun no podría importarle menos, no mientras se inclinaba, sosteniendo las mejillas heladas de Beomgyu en sus palmas, y presionaba sus labios contra los suyos. Una última vez.
“Choi Beomgyu, te amo tanto que duele.”
El beso fue insípido y sin complicaciones; sólo los labios de Yeonjun pegados a los de Beomgyu. Los de este último eran mucho más fríos, mucho más pálidos, mucho más ásperos que la última vez que los había sentido, pero Yeonjun tomó lo que pudo conseguir. Ya no quedaba ni una pizca de calor en todo el cuerpo de Beomgyu, su complexión era fría y sin vida. En el fondo de la mente de Yeonjun, también podía oír voces arrastradas y silenciosas, pero no le importaba.
Este sería su ultimo momento con Beomgyu, así que quería concentrarse en el y solo en el, Distantemente, podía escuchar el pitido de monitor del corazón de Beomgyu pasar de un ritmo estable a uno frenético. Su propio corazón saltó en su pecho, pero no se separó,¿. Es más, se acerco más, profundizando el beso.
Entonces Yeonjun se dio cuenta de que finalmente estaba sucediendo. Sin embargo, incluso entonces, una parte de él se atrevió a esperar. Esperaba que en el último segundo, antes de que todo estuviera a punto de escaparse de su alcance para siempre; que el chico debajo de él al menos se estremeciera.
Así que cuando los pitidos irregulares de su ritmo cardíaco se convirtieron en un chillido monótono, Yeonjun finalmente dejó salir el sollozo más derrotado de toda su vida.
Mientras se separaba, apenas podía ver al chico. Su visión estaba borrosa con lágrimas, respiraciones ahogadas apenas salían. No se había dado cuenta en qué momento la habitación se llenó de tantas personas con batas blancas, pero lo siguiente que supo, es que fue separado abruptamente.
No le pegó hasta que fue arrastrado desde los hombros por Taehyun y Hueningkai—con Soobin y los enfermeros cubriendo el cuerpo de Beomgyu con una sabana blanca—fue en ese momento, cuando finalmente se derrumbó.
Los pasos eran rápidos y frenéticos mientras los profesionales médicos entraban y salían de la habitación; y Yeonjun sintió que su corazón era el suelo que estaban pisando.
Quería gritar, llorar, vociferar... cualquier cosa para expresar la agonía que le partía el cuerpo en dos. Si lo hizo, no lo oyó. ¿Intentaba correr detrás de la cama que lentamente era empujada hacia la puerta? ¿Era por eso que Soobin estaba repentinamente frente a él, con las manos en la cara, con Taehyun y Hueningkai sujetándolo físicamente? Yeonjun no podía recordar.
Cuando vio por última vez la bendita cama de hospital, las rodillas de Yeonjun cedieron de repente. Su corazón parecía que iba a salirse de su garganta con lo fuerte que estaba sollozando, sin embargo, para él, ya no podía escuchar ningún sonido. El silencio dentro de su cabeza era ensordecedor.
¿Era el silencio? ¿O era el zumbido del monitor cardíaco que se repetía en su cabeza, tan ensordecedor que no podía registrar nada más?
Dicen que cuando quieres a alguien, a veces lo mejor que puedes hacer por él es dejarlo ir.
Choi Beomgyu murió en su decimoctavo cumpleaños. Sin embargo, cuando lo hizo, una parte de Choi Yeonjun que nunca más podría recuperar también murió con él.
Y a partir de entonces, Yeonjun tendría que vivir con medio corazón por el resto de su vida, sea cual sea la duración de ella.
Sin embargo, lo que ninguno de ellos logró notar—fue la manera en la que una lagrima floreció desde los ojos cerrados del mas joven, un latido antes de que la sabana blanca cubriera su vista.
No importa cuanto me tarde, te encontraré de nuevo.
“¿Y eso fue todo?"
"Sí, eso fue". Respondió Soobin, acariciando ligeramente la cabeza de la niña. La niña se acurrucaba sobre sí misma, apoyándose en él con su peluche de pato apretado contra su pequeño pecho. Los ojos de la niña estaban un poco caídos por la tediosa y larga historia, y el propio Soobin se sorprendió de que la niña lograra sentarse durante todo el tiempo.
"¿Qué pasó después, señor enfermero? ¿Qué pasó con el chico mayor?" preguntó la niña mientras lo miraba una vez más con esos ojos amplios y curiosos a los que Soobin no podía resistirse.
Era bastante extraño que una niña de su edad disfrutara de una historia tan triste. ¿Acaso los niños normales no suelen disfrutar de los cuentos de hadas con final feliz?
"El mayor se esforzaba por vivir su vida sin el menor", continuó, dándole a la niña un suave apretón en las mejillas, que ella respondió con una risita encantada. "Pero a veces, incluso eso era difícil".
"Señor enfermero, no lo entiendo". Interrumpió, con las cejas fruncidas como si acabara de darse cuenta de algo desagradable. "¿Las historias no tienen normalmente finales felices? ¿Por qué ésta es tan triste? Están enamorados, pero ¿por qué no pueden vivir felices para siempre como las princesas de mis libros?".
Soobin sonrió. Ahí estaba, la inocencia infantil. "Esos son cuentos, pequeña. Esto, sin embargo, es la realidad". Entonces hizo una pausa, sin saber si debía terminar el resto de la frase. Un momento después, decidió continuar. "La realidad no siempre es feliz. Cuando crezcas, lo sabrás".
"Lo sé, señor enfermero. Cada vez que me caigo en el jardín y las rodillas se hacen un pequeño rasguño, me duelen mucho y no me hace feliz". Respondió con un puchero, recostándose en la almohada. Soobin sólo pudo reírse. "¿De verdad? Me aseguraré de cambiar el suelo del jardín por alfombras de espuma para que no vuelvas a hacerte daño". Sus palabras fueron recibidas con una exclamación emocionada.
"Pero cuénteme, cuénteme. ¿Qué pasó después?"
La sonrisa de Soobin titubeó ligeramente, pero creció el doble antes de que la niña pudiera darse cuenta. "Lo que pasó después, fue la realidad".
"No puedo ir hoy, Soobin. Lo siento".
Otra excusa vacía mientras alejaba el teléfono de su oído y colgaba. Yeonjun suspiró para sí mismo antes de apoyarse en el árbol, sacando el primer nombre en contacto, y presionó el dial.
Un pitido. Dos. Luego, tres. Yeonjun se exasperó. Había llegado a detestar los pitidos, y esto le estaba molestando innecesariamente. Sin embargo, no esperaba que se detuviera pronto.
"El número que está tratando de localizar no está disponible en este momento, por favor inténtelo más tarde."
La voz automatizada lo envió directamente al buzón de voz. Eso no molestó a Yeonjun, de todos modos. Porque era exactamente por lo que marcó.
"Gyu, soy yo otra vez. Hoy he tenido un día horrible". Suspiró, acercando el teléfono a su boca. Esto se había convertido en una rutina para él, visitar el parque y dejar el número de teléfono de Beomgyu un mensaje de voz al final de cada día.
Había sido otro año arduo para Yeonjun. Se había graduado, buscando su oportunidad para comenzar una carrera como profesor de danza. Había soñado durante mucho tiempo con celebrar el día de su graduación con Beomgyu, el más joven de pie junto a él en el escenario del lugar—vestido con una túnica similar, con un sombrero similar, mirándolo con la sonrisa más orgullosa del mundo.
Cuando él no estaba allí, Yeonjun se sentía como si estuviera en ese escenario solo, aunque cientos de personas estaban a su lado. Sentirse solo en una sala llena de gente era posiblemente la segunda peor sensación que había encontrado. Sólo Taehyun, Hueningkai y Soobin estaban allí para celebrarlo con él. En ese momento, se dijo a sí mismo que era suficiente.
Desde que Beomgyu se fue, Soobin había intentado pasar más tiempo con él. Por una vez, se encontraban fuera del hospital, y Yeonjun se vio obligado a darse cuenta de lo normal que parecía el otro chico sin su bata de hospital. En las noches solitarias en las que el silencio de su propia habitación lo tenía asfixiado, Soobin estaba allí para calmar sus respiraciones irregulares. En los días en los que la sonrisa característica de Yeonjun no llegaba a sus ojos, Soobin era el primero en alcanzar su mano. Cuando tardaba más de lo normal en responder a un mensaje, Soobin casi siempre le llamaba precisamente una hora y media después. Todas las veces, llegaba justo a tiempo. Esta vez no fue una excepción.
Excepto que Yeonjun hizo otra mentira. Hoy fue uno de esos días, pero extrañamente Yeonjun no pudo encontrar la fuerza en él para fingir otra sonrisa frente a Soobin. Sabía que el otro chico nunca se lo diría a la cara, pero en el fondo sabía lo molesto que había sido.
Eso era todo lo que era: Choi Yeonjun, una carga. Un fracaso.
Nunca fue paciente de ese hospital, pero de alguna manera resultó que dicho enfermero había estado cuidando de él durante mucho más tiempo, y con mucha más atención de la que tendría en su exigencia profesional.
Y Dios hizo que Yeonjun se sintiera como una completa escoria a veces por ser siempre dependiente de él. Él era el mayor, pero ¿por qué Soobin actuaba el papel más que él? ¿Cuándo podrá finalmente vivir por sí mismo?
Fue cuando se dio cuenta de que no lo haría, lo que le llevó al parque: un frasco de pastillas en el bolsillo de su abrigo, un teléfono en el otro. Así que ahora estaba sentado, con las rodillas abrazadas al pecho, bajo un arce cubierto, dejando un mensaje de voz a un número que había gastado la mitad de su salario mensual sólo para mantenerlo abierto.
"¿Ha pasado suficiente tiempo? Porque ya no puedo hacer esto, Gyu. Se está volviendo demasiado agotador, y no sé si tengo más razones para seguir adelante. Tú ya no estás aquí, y yo sólo—", tuvo que detenerse antes de empezar a atragantarse. "Yo... me he rendido".
Con su mano libre, Yeonjun buscó en el bolsillo de su abrigo un frasco cilíndrico que le resultaba familiar, agarrándolo con fuerza. "Lo siento. Lo siento mucho, mucho. Sigo siendo un cobarde". Continuó, con la voz desolada.
Con eso, colgó y tiró el teléfono a un lado. Respirando profundamente, Yeonjun se permitió mirar al cielo por última vez mientras sacaba lentamente la botella tapada de su bolsillo.
El cielo era precioso. Era una fina gradación de lila, naranja y rosa—una vista impresionante, especialmente vista desde un parque donde no había edificios que obstruyeran la vista. El cielo parecía tan vasto, que hizo que Yeonjun se preguntara si Beomgyu estaba allí arriba mirándolo en algún lugar. Le recordó la primera vez que subieron a la noria, viendo el cielo tan cerca por primera vez. Oh, cómo haría cualquier cosa ahora para revivir ese momento de nuevo.
Pensó en que pronto volvería a ver su cara favorita, y una sonrisa desolada se extendió por su rostro. Yeonjun había planeado esto por un tiempo, tan vergonzoso como era admitirlo. Había hecho su parte de la investigación, buscando la medicación correcta y asegurando la cantidad correcta de la dosis que se necesitaría para inclinarse sobre el borde. A escondidas, le había hecho algunas preguntas a Soobin cada vez que lo visitaba en su hospital, y éste siempre lo miraba con extrañeza, pero no le prestaba más atención.
Soobin. Temía tener que dejar a la única persona que se acercaba a lo que Beomgyu era para él. Pero ya no podía ser lo suficientemente valiente—¿o era egoísta el término más apropiado? —como para seguir utilizando al varón como sustituto. En el fondo, sabía que el vacío que dejaba Beomgyu no podía ser sustituido por nadie. Ni siquiera Soobin.
Y, Dios, intentó demostrar que estaba equivocado. Lo intentó, y lo intentó, pero fue en vano. La pieza que buscaba se le había escapado hace tiempo, igual que cuando se le escapó el último aliento de Beomgyu. Seguir utilizando a Soobin para sus actos cobardes no era justo para él.
Yeonjun inhaló temblorosamente. Se convenció de que era lo correcto.
Miró a su alrededor. Esta zona del parque siempre había estado más aislada esta vez. Esperó a que la última pareja abandonara el campo antes de sostener el frasco de píldoras frente a su cara. Ahora se había quedado solo, tal y como había planeado. Sólo necesitaría varias pastillas y un solo trago. Luego, sólo tendría que recostarse y cerrar los ojos. Cinco minutos después, todo habría terminado y el resto dependería del universo. Su sufrimiento terminaría por fin entonces.
Sin embargo, mientras destapaba la botella, sus ojos echaron un breve vistazo a la torre del reloj del parque. No tenía ni idea de por qué había pensado en comprobar la hora al azar.
Eran las 05:53 pm. El sol comenzaba a ponerse, pintando todo a su paso con un abrumador tono de oro fundido.
El atardecer siempre había sido el momento favorito del día para Yeonjun. Tal vez hacer esto ahora era la mejor manera posible de despedirse. Suspiró para sí mismo mientras derramaba el contenido de la botella sobre la palma de su mano, que temblaba más violentamente de lo que le hubiera gustado admitir. Ni siquiera necesitaría agua para tragarlas, no le importaba lo suficiente como para traerla.
Justo cuando estaba a punto de tragárselo todo, un fuerte "crack" resonó desde arriba.
Yeonjun apenas tuvo tiempo de mirar hacia arriba para evaluar la fuente, y aún menos tiempo para esquivarla cuando una rama justo encima de él se partió por la mitad y se estrelló. No alcanzó a Yeonjun por un pelo; pero ahora, sus píldoras estaban desordenadamente esparcidas en el suelo sucio de la hierba. El frasco que tenía en la mano también fue arrojado apresuradamente, y ahora estaba tirado a varios metros delante de él. Frustrado, Yeonjun maldijo en voz baja.
Incluso en su último momento, ¿tenía Dios que ser tan cruel?
Gruñendo, se levantó, caminando hacia el centro del campo donde estaba su botella. El sol brillaba ahora de un rojo furioso, a punto de sumergirse. La luz brillante que invadía su campo de visión le hizo estremecerse mientras se protegía los ojos con una mano.
Sin embargo, cuando las dejó caer, notó algo que no había notado antes.
En el centro perfecto de la resplandeciente puesta de sol frente a él, ahora se encontraba una figura.
Era difícil para Yeonjun distinguir quién era. En un primer momento, intentó descartarlo como otro visitante tardío del parque, y trató de acercarse a su botella tirada en la hierba. Pero entonces, lentamente, la figura se movió.
Y se movía hacia él.
Con cada paso que se acercaba, el corazón de Yeonjun empezó a acelerarse misteriosamente en su pecho. Su cerebro hizo un cortocircuito mientras su visión se aclaraba, los ojos se ajustaban gradualmente a la luz. No hay ningún daño en identificar al menos a este extraño, pensó Yeonjun. Tal vez pueda convencerlos de que se muevan a otra sección del parque, dejándolo solo para terminar su hazaña.
Pero una vez que vio lo suficiente, un jadeo audible lo abandonó. Era la silueta de una figura que conocía demasiado bien, los contornos de un marco que pasaba todos los días mirando, hace tiempo.
No puede ser posible.
El hombre estaba vestido de blanco, pero no era el blanco crudo de la ropa de hospital que había usado la última vez que Yeonjun lo vio. Su cabello había regresado a su estado original esponjoso, luciendo como a Yeonjun le gustaba. Su forma comenzó a aparecer más clara con cada paso que daba, y Yeonjun se encontró subconscientemente caminando más cerca, también.
Estoy soñando. Esto no es real.
Cuando el hombre mayor fue capaz de distinguir adecuadamente lo que estaba frente a él, su corazón dejó de latir. Su figura no era nada impresionante; siempre ha tenido una complexión delgada, una que haría difícil de detectar en una multitud.
Pero Yeonjun podría reconocerlo en cualquier lugar.
No puede ser. Él se ha ido. Esto es una alucinación, tiene que serlo, se suplicó a sí mismo Yeonjun mientras sus ojos seguían abriéndose. Pero con lo que tenía delante, ¿por qué no quería creerse a sí mismo, ni siquiera un poco?
Después de lo que pareció una eternidad, la misteriosa figura finalmente se desvaneció de la cegadora luz del atardecer, entrando lentamente en su visión. Su rostro se hizo más claro, al igual que el resto de su persona. Yeonjun no se atrevió a parpadear, temiendo que esa ilusión perfecta se rompiera si lo hacía.
Cuando Beomgyu se detuvo finalmente frente a él, a unos pocos brazos de distancia, estaba sonriendo.
Una sonrisa tan genuina y serena, como si todos los sufrimientos por los que había pasado la mitad de su vida fueran él pagando el precio de este momento privilegiado. De repente, Yeonjun ya no podía quejarse de sus dificultades.
Beomgyu parecía mayor; y perfectamente saludable ahora, el tenue brillo rosado volvió a su complexión. Sus ojos estaban muy abiertos—las rodillas de Yeonjun temblaron cuando finalmente los vio—claros y brillantes como el día, como si todas las posibilidades del mundo estuvieran dentro de esos orbes de obsidiana, y todo lo que Yeonjun tenía que hacer era echar un vistazo. Tal vez también había crecido un poco más, pero era difícil para Yeonjun precisar esos detalles cuando todo lo que había visto de él por última vez era una figura flácida encadenada a una cama de hospital.
Sin embargo, el Beomgyu que tenía delante ahora se parecía a lo que imaginaba que sería si llegara a crecer con él. Un poco más maduro, un poco más alto, un poco más despampanante.
Era como si nunca se hubiera ido.
Era la cosa más hermosa que Yeonjun había presenciado en su vida.
El chico frente a él fue el primero en romper el silencio. "Hyung".
Yeonjun nunca pensó que sería tan fácil de destrozar, porque todo lo que necesitó fue escuchar su voz de nuevo para que inmediatamente se le salieran las lágrimas.
El otro chico, sin embargo, fue rápido en actuar. Siempre tan rápido sin importar qué, su Beomgyu. Justo como Yeonjun lo recordaba. "Mi tonto Hyung. No llores". Se rió el chico más joven mientras se acercaba.
Su Hyung tonto.
Yeonjun casi se olvidó de cómo respirar cuando ahora estaba a su alcance, una mano se levantó para limpiar su mejilla. "Lo he oído todo".
Era difícil para Yeonjun recordar lo que quería decir con "todo" mientras estaba allí, estupefacto—¿se refería a su confesión en el hospital? ¿O a todos los mensajes de voz? ¿O a todo lo demás?
Beomgyu no le dio tiempo a pensar antes de aclarar, con voz suave. "Siempre te he escuchado. Todo lo que has dicho". Luego, su brillante sonrisa se atenuó. "Incluso ahora."
El corazón de Yeonjun se retorció en un nudo sofocante. Él lo sabía.
"¿Qué estabas diciendo acerca de que te había dejado? Nunca me fui, idiota". Beomgyu continuó con un tono ligeramente reprimente, ambas manos ahora ahuecando la cara llorosa de Yeonjun. "Siempre he estado a tu lado". Continuó en un tono más suave, con los pulgares acariciando suavemente los pómulos de Yeonjun.
"Y Beomgyu te esperará".
La respiración del hombre mayor se entrecorta ante el uso cariñoso de la forma de hablar en tercera persona, casi como su lenguaje amoroso secreto. Incluso hasta ahora, no podía formar una sola palabra. "Esperaré el tiempo que haga falta. Para entonces, tendremos el resto de la eternidad para pasar juntos. No podrás volver a separarte de mi lado, estarás harto de mí". El hombre más joven trató de lanzar una broma casual—una que siempre tenían—y fue instantáneamente aliviado cuando una pequeña sonrisa apareció en la cara de Yeonjun.
"Entonces, antes de eso, hazme un favor". Y la sonrisa de Yeonjun cayó. "Vive tu vida".
Eso es más fácil de decir que de hacer, quería replicar, pero de alguna manera no le salían las palabras. "Vive al máximo que puedas. Recupera el tiempo perdido que pasamos en esa habitación de hospital. Vive, tan vívidamente como puedas—hazlo por ti, pero más importante, hazlo también por mí".
Si Beomgyu le dijo que viviera, Yeonjun fue repentinamente absoluto que sería la última cosa que haría. "Si ya no tienes una razón para vivir, vive por mí. Porque cuando llegue el momento, me verás de nuevo en la puerta". La respuesta a su promesa en su lecho de muerte fue finalmente dada a Yeonjun a través de una voz suave y un par de ojos más suaves.
Beomgyu lo miraba con la mirada más cariñosa, como si fuera todo su mundo. El de hace varios años pensaría que esto era normal entre ellos, pero ahora sabía que no era así y reconoció inmediatamente esa mirada.
Era la mirada que Yeonjun siempre tenía en sus ojos cuando miraba a Beomgyu. Por primera vez en mucho tiempo, el calor floreció en su pecho. "Esta vez, no iré a ninguna parte. Mantendré nuestra promesa". Susurró mientras se acercaba al hombre mayor. Yeonjun notó que era apenas un poco más alto que él ahora, cuando solía estar muy por encima de la competencia cuando eran más jóvenes.
Quiso abrazarlo, pero de alguna manera su cuerpo se negó a moverse. Tardó en darse cuenta de que estaba atado bajo una especie de hechizo de inmovilidad.
Sin embargo, lo que ocurrió a continuación no le permitió quejarse; porque el chico más joven ya se había inclinado para depositar un suave beso en sus labios.
Fue rápido y casto, y Yeonjun apenas pudo sentir más que un cosquilleo reconfortante, pero fue suficiente. Fue más que suficiente.
Cuando Beomgyu se alejó, Yeonjun pasaría el resto de su vida recordando la mirada de pura felicidad en su rostro. "Y pídeme salir apropiadamente para que pueda decir que sí, cobarde".
Yeonjun fue finalmente capaz de parpadear. Finalmente fue capaz de moverse. Pero cuando alargó la mano para tirar del chico, derramando su corazón con un millón de cosas que aún no había dicho, el hombre ya se había ido. Frente a él, el sol ya se había puesto; dejando al resto del mundo en una sombría marina. Miró brevemente la torre del reloj, cuyas manecillas indicaban las 05:54 pm.
Sólo había pasado un minuto.
Yeonjun lanzó un suspiro, sus rodillas finalmente cedieron bajo él. Ya no tenía energía para mantener su cuerpo erguido, así que se dejó caer al suelo, preparándose para el impacto de la caída.
Pero nunca llegó. Lo que sintió a continuación fue un par de brazos fuertes y grandes que le rodeaban la cintura y lo atrapaban justo a tiempo para que su cabeza se estrellara contra la suavidad de unos muslos familiares.
Cuando levantó la vista, se encontró con los ojos grandes y preocupados de un Soobin aterrado. "Hyung, ¿Qué demonios estabas haciendo?" Habló, con la voz levantada por preocupación; sin embargo, sus acciones fueron muy suaves mientras ponía la cabeza de Yeonjun en su regazo.
"No sonabas bien cuando colgaste, e inmediatamente me apresuré a buscarte. Gracias a Dios, este lugar fue mi primera opción". Su tono se suavizó, con un toque de cariño mientras continuaba mirando los agujeros en la frente de Yeonjun. Yeonjun sólo pudo ofrecerle una débil sonrisa.
"¿Estabas llorando? No tenía un buen presentimiento desde ayer cuando te vi pasar por la farmacia del hospital y—oh Dios mío, ¿son oxicodona y fentanilo? Esa es una combinación mortal, ¿y una botella entera? Hyung, ¿en qué estabas pensando?" La voz de Soobin comenzó a quebrarse ahora, el pánico escrito en su cara mientras agarraba a Yeonjun por los hombros. "Hyung, no puede ser— ¿estabas—?"
"Lo siento". Consiguió murmurar, encontrándose con los ojos de Soobin con lo que imaginó que era culpa en su rostro, porque la expresión del más joven se suavizó inmediatamente.
Sin decir nada, Soobin ahogó un sollozo antes de abrazar al hombre con fuerza. Yeonjun enterró sin palabras su cara en sus anchos hombros, devolviendo el abrazo. "No volverá a ocurrir, Soobin. Te lo prometo". Soobin no respondió, sólo continuó abrazándolo con fuerza.
Por primera vez en cuatro años, Yeonjun se sintió reconfortado.
Beomgyu tenía razón. Ahora era finalmente el momento de vivir la vida que ha perdido. Y no iba a hacerlo sólo por él, o sería sólo por Beomgyu; porque había olvidado un componente importante de la ecuación. ¿Cómo iba a olvidarlo, cuando el chico no había estado más que a su lado durante los últimos años?
Lo iba a hacer también por Soobin, si esa era la única forma de devolverle su amabilidad.
En las sombras, oculto tras el arce, el cuerpo transparente de Beomgyu se quedó mirando, con una sonrisa de alivio en su rostro. Vive.
Así que vivir, Yeonjun lo hizo.
"¿Ese es el final?" preguntó la niña, reprimiendo un pequeño bostezo. El atardecer se acercaba y el cielo, fuera de su ventana, empezaba a ceder su luz a la oscuridad.
"En realidad no, pero sí. Durante un tiempo, fue feliz.” Soobin reprimió una pequeña sonrisa. Éramos felices, fue lo que omitió de la niña.
Pero fue como si lo supiera, porque inmediatamente después, preguntó. "¿Con usted, señor enfermero?"
Un matiz de color bañó el rostro de Soobin al ser puesto en aprietos; por una niña de algo más de tres años, nada menos. "Se podría decir que sí.”
La niña se incorporó de su posición dormida ahora, visiblemente emocionada. "Entonces, ¿Dónde está ahora?"
La sonrisa en el rostro de Soobin se oscureció. "Está con su feliz para siempre". Esto hizo que la niña frunciera el ceño confundida, como si no esperara que la historia tomara ese giro. "¿Está con el chico ángel?"
Suspirando, Soobin metió la mano para revolver el pelo de la niña. "No sólo está con los ángeles. Ahora es uno de ellos".
La niña chilló, disgustada. "Pero ¿cómo?"
¿Pero cómo?
Soobin recuerda vívidamente que se hizo exactamente la misma pregunta cuando ocurrió. Recordó haber corrido al parque tan pronto como vio los titulares de que el alarmante ritmo de los incendios de otoño había llegado a la ciudad. Rezó y rezó para que Yeonjun no estuviera allí mientras sus largas piernas lo llevaban al lugar que temía, dos pasos a la vez.
Soobin nunca había corrido tan rápido en su vida. Esperaba que se demostrara que estaba equivocado, y que el hombre mayor sólo estaba en la ducha o algo así cuando no cogió su teléfono tres veces seguidas.
Apenas podía recuperar el aliento cuando por fin se detuvo y se agarró a un poste de luz para estabilizarse.
Lo único que vio fue el rojo. El rojo llenaba su visión. El rojo se reflejaba en la mirada de pánico de sus ojos. El rojo, furioso, consumía rápidamente todo lo que tocaba, extendiéndose como un charco de sangre venenosa. Lo pintó todo de color carmesí: los árboles, la hierba, la noria que veía a lo lejos, la torre del reloj, mientras montones de humo negro y espeso se precipitaban hacia el cielo.
Los peatones gritaban, dispersos, mientras intentaban poner toda la distancia posible entre ellos y el parque en llamas. Soobin era la única persona que hacía todo lo contrario.
La escena era terriblemente espantosa, pero nada era tan aterrador como la forma en que sus tripas se hundían en la boca del estómago.
Apenas había anochecido y la luz del sol se les escapaba. Sin embargo, todo el parque estaba en llamas, tan brillante como el propio sol; el fuego salvaje no perdonaba nada a su paso destructivo. Mientras intentaba desesperadamente asomarse por las puertas que ahora también estaban consumidas por las llamas, rezaba y rezaba.
Por favor, no dejes que esté bajo ese arce.
A Soobin casi le falló el corazón cuando logró rodear la propiedad, deteniéndose en un lugar que le permitió ver vagamente el arce gigante que había en su interior. Tal vez debería ejercitarse más en el futuro.
Sin embargo, en el siguiente segundo, todos los pensamientos se borraron de su cabeza cuando alcanzó a ver a un familiar varón de pelo rosado, de pie exactamente donde Soobin deseaba que no estuviera.
Allí, Yeonjun estaba de pie, con el teléfono en la mano mientras miraba la última llamada de Soobin que iba directamente a su buzón de voz. ¿Cuánto tiempo había pasado? Yeonjun nunca fue bueno para mantenerse al día con el tiempo.
Sólo recordaba haber llegado al parque después de terminar su última clase de baile de su turno en la academia, con una guitarra colgada a la espalda mientras caminaba por la ruta conocida hasta su lugar favorito. Sólo había planeado pasar un rato solidario, tocando una canción para sí mismo, y tal vez ver la puesta de sol un rato antes de salir a cenar con Soobin.
Sólo sería un día más.
La fecha era el 13 de marzo. Yeonjun sabía que no se suponía que debía estar tan atado por una simple fecha, pero algo dentro de él le molestaba. Y así, ese algo lo trajo aquí; bajo el árbol de arce donde siempre celebraba el cumpleaños de Beomgyu.
Sería una pequeña revisión del pasado. Un pequeño paseo por el callejón de la nostalgia.
¿Quién iba a saber que el callejón de la nostalgia se había ido hace mucho tiempo, ahora reemplazado por un rastro destruido de llamas vivas? El pequeño paseo de Yeonjun resultó ser algo mucho más complicado de lo que había previsto.
El fuego comenzó en el otro extremo del parque. No tenía ni idea de cómo, ni estaba prestando atención; Yeonjun estaba ocupado aprendiendo el estilo de los dedos de la nueva canción de Tori Kelly-pero cuando el sofocante olor a humo llegó a su nariz, inmediatamente se levantó alarmado.
Era una carrera entre él y el fuego. Se extendió muy rápidamente, pasando de los rincones más alejados de su alrededor a estallar justo en su cara, justo en el momento en que se levantó. A lo lejos, observó asombrado cómo consumía la noria: lo que antes estaba iluminado por luces fluorescentes multicolores, ahora brillaba con el naranja característico de la madre naturaleza. Sólo pudo dar unos pasos cuando el fuego ya había llegado a la torre del reloj, arrasando las antiguas paredes de concreto.
En retrospectiva, debería haber considerado no visitar el parque cuando estaba más tranquilo. Al girar, dando una vuelta lenta, se dio cuenta de que era, una vez más, la única persona que quedaba en la propiedad. Normalmente, apreciaría mucho la sensación de privacidad que le daba ese hecho, pero ahora... No estaba tan seguro.
Tardó un segundo en darse cuenta de la ironía. Entonces, en lugar de estallar en paranoia, el joven se rió ligeramente. Ahora podía ver de cerca la escena que se desarrollaba frente a él. Se preguntó si era el karma.
No debería ser una sorpresa para Yeonjun que la muerte llamara a su puerta justo cuando menos lo esperaba.
Cuando llegase el momento. Distantemente, una débil voz resonó en su cabeza. Extrañamente, los hombros tensos de Yeonjun se relajaron.
Y como un relámpago, lo que Yeonjun esperaba ver ya estaba allí esperándolo.
La siguiente vez que se giró, vio una figura familiar fuera de la puerta: una que había visto casi todos los días durante los últimos cinco años, una que podía reconocer en cualquier lugar. No fue capaz de distinguir claramente la mirada de Soobin con las llamas bailando entre ellos, pero imaginó que sería su habitual expresión de pánico.
Por alguna razón, Yeonjun de repente tuvo el impulso de mirar la torre del reloj que ahora se desmoronaba. Justo antes de que las manecillas estallaran en ascuas de fuego, apenas pudo leer la hora.
5: 53pm—hora azul. El fragmento de tiempo entre el crepúsculo y el atardecer, el puente que no era ni el día ni la noche; donde la mayoría de las cosas sobrenaturales tienden a ocurrir. Yeonjun recordó haber leído sobre este fenómeno durante sus noches de insomnio. Sólo duraba un minuto, y se decía que era una frontera donde todo era posible. Si no le hubiera pasado a él, Yeonjun nunca creería en esos mitos absurdos.
Así que, giró en la otra dirección, mirando fijamente el campo que una vez fue verde y que ahora era un anillo de fuego mortal. Yeonjun sólo esperaba con medio corazón, pero cuando parpadeó a continuación; vio exactamente lo que estaba buscando.
A quien estaba esperando.
Parado en medio del campo mientras las llamas salvajes lamían sus pies, como si no le afectara todo, lo miró con una sonrisa. Yeonjun le devolvió la sonrisa. Era probablemente la sonrisa más grande que jamás haya marcado su rostro.
Como si no tuviera miedo de nada en el mundo, el chico se adentró en el fuego y se acercó a la única persona que siempre había deseado. Cuando llegó el momento, una voz apagada resonó en su cabeza. Sonó más claro ahora, y Yeonjun reconoció claramente a quién pertenecía.
Al otro lado de la puerta, Soobin solo pudo mirar con horror como Yeonjun caminaba directamente hacia el fuego vivo, dejando que lo envolviera por completo hasta que ya no existía. Fue lo más devastador que tuvo que presenciar, su aliento se quedó sin pulmones, el corazón se hizo añicos en el suelo. Ver al único chico por el que Soobin había sentido algo parecido al afecto, dándole la espalda después de haberle mirado a los ojos como si fuera una despedida, fue realmente la visión más injusta y desgarradora.
Sin embargo, para Yeonjun, era lo más impresionante que podía esperar. Nada se ha sentido más justo. "¿Finalmente estás aquí para recogerme, ángel?"
Beomgyu sólo le dio una risa divertida. "No llegué a preparar esto, de acuerdo".
Caminar directamente hacia su muerte, dándole la bienvenida en forma de humo negro y estelas interminables de llamas furiosas mientras el sol moría detrás de ellos, con el amor de su vida de pie al otro lado: Yeonjun no podría haber pedido nada mejor.
Sin embargo, lo que se sentía como la salvación para Yeonjun, era una caída libre en la desesperación para Soobin.
Tenía veintidós años. Qué manera tan poética de morir.
"Este es el verdadero y último final". Dijo Soobin, fingiendo cerrar un libro de cuentos inexistente en sus manos. La niña hizo un puchero, con la cara adorablemente arrugada. "¿Así que los dos lo dejaron por su final feliz? Señor enfermero, ¡eso es tan injusto para usted!" Lloriqueó petulantemente, dando patadas a las sábanas. Soobin sólo se rió mientras se acercaba para detenerla.
La risa se apagó en una pequeña y empática sonrisa que no llegó a los ojos del enfermero. "No pasa nada. Ya sabía cuál era mi lugar.” Hizo una pausa, sin saber si debía decir el resto. Lo hizo de todos modos. "Sabía en qué me metía.”
Era la verdad. Yeonjun era lo más cercano a un mejor amigo que había tenido. Naturalmente, para su desesperado ser, comenzó a notar cosas que incluso el mismo mayor no notó. Lo brillantes que eran sus sonrisas cuando no eran falsas. Cómo se reía siempre de sus chistes y le apretaba las manos cada vez que las cogía. Lo cálidos que eran sus abrazos cuando se acostaban en su cama durante las noches de insomnio, Soobin sacrificando su turno de mañana sólo para que Yeonjun pudiera tener una buena noche de descanso.
Para Yeonjun, Soobin solo era un buen amigo en su momento de necesidad. Naturalmente, para Soobin, que nunca ha sabido lo que es estar tan cerca de alguien en toda su vida; ni se había enamorado, era algo más.
Algo más que sabía que no sería correspondido desde el principio. Sin embargo, los sentimientos florecieron en su interior. Sentimientos que no tenían remedio al ver al chico del que estaba enamorado luchar por abrir los ojos un día más, añorando a alguien que hacía tiempo que se había ido.
Alguien que no era él.
Soobin a veces maldecía cómo el mundo funcionaba de manera tan misteriosa y cruel. Qué despiadado era que el destino permitiera que todos se encontraran, sólo para que terminaran como peones rotos en una partida de ajedrez de toda la vida.
"Señor enfermero, ¿le gustaba el chico mayor?" La niña habló. Oh, cómo una voz tan inocente podía contener tanto daño, ya que sus palabras le atravesaron el corazón.
La sonrisa en su rostro se volvió triste. "Sí, me gustaba". Me gusta. Pero ahora ya es inútil. "¿Lo sabía?"
Soobin negó con la cabeza. "No, no lo sabía. Sólo éramos amigos". La expresión de la enfermera era ahora cabizbaja. "Al menos eso es lo que era para él. Y me parece bien sólo eso".
La niña volvió a hacer un puchero, con las pequeñas manos cerradas en puños furiosos. Sin embargo, no dijo nada más. "La realidad es tan mala que prefiero mis libros de cuentos".
Esto le ganó una pequeña risa al enfermero. "Si pudiera decir lo mismo, yo también lo haría.” Se acercó y le dio a la niña una suave palmadita en la cabeza. Soltó un suspiro de satisfacción.
No había prestado atención, pero algo en la niña empezó a resultarle más y más familiar con cada segundo que pasaba. Estaba seguro de que nunca había conocido a una niña que se pareciera a ella en los últimos diez años de trabajo en este hospital. Entonces, ¿cómo?
Levantándose, dio una palmada en señal de resignación. "La historia ha terminado, vamos a llevarte a tu habitación. Ya es casi la hora de la cena.” Al mencionar la hora, se giró para mirar el reloj de la habitación en la pared adyacente.
Las 5:53 de la tarde. Tenían siete minutos antes de que tuviera que estar en la cafetería para cenar.
Curiosamente, Soobin sintió como si algo pasara por delante de sus ojos en la fracción de segundo que había parpadeado. Cuando volvió a mirar, no había nada fuera de lugar.
Pero ¿por qué sentía que algo se había desplazado? Debe ser el cansancio del trabajo. Debería tomar un café después de esto.
Con las cejas fruncidas por el repentino desconcierto, Soobin sacudió la cabeza y trató de no darle mucha importancia. No se dio cuenta del enigmático cambio que se produjo en el rostro antes inocente de la niña, que ahora lo miraba como si viera a través de él cuando se dirigía a ella. A Soobin se le erizó el vello de la nuca.
"Soobin Hyung, Hola". Habló la niña, en un tono que seguía siendo la misma voz aguda; sin embargo, algo en ella tenía ahora un matiz completamente diferente. El enfermero tardó un momento en darse cuenta de lo más extraño de todo aquello.
Le había llamado Hyung.
Soobin intentó abrir la boca, haciendo una pregunta. Sin embargo, ninguna palabra se abrió paso. "Nunca pude hablar contigo. O decir hola, o gracias.” La niña continuó, mirándolo con una sonrisa ilegible y una mirada aún más ilegible.
Soobin se quedó de pie junto a la cama mientras seguía mirando atónito. "Ha pasado tanto tiempo, ¿Cómo has estado? Te debo tanto, pero nunca llegamos a ser amigos.” La niña suspiró, alcanzando un par de corazones de origami esparcidos a su alrededor. "Se siente raro estar aquí de nuevo. Ah, estos... por fin puedo verlos. Yeonjun Hyung no mintió cuando dijo que dobló 1313.”
En ese momento, Soobin finalmente se dio cuenta de quién era la persona que estaba dentro de esa niña.
Así que realmente la enviaste a mi camino. Como una señal.
"Por favor, no te asustes, se acabará en un minuto. Bueno, en realidad no, ya que estoy deteniendo el tiempo ahora mismo. Por eso no puedes moverte". La niña —Beomgyu—lo tranquilizó. Soobin seguía conmocionado, pero con todo su cuerpo atrapado bajo un hechizo, no le quedaba mucha opción, ¿verdad?
"Sólo quiero darte las gracias por cuidar de él, y de mí, cuando no pude hacerlo. Por mostrarle la parte de su vida que se ha perdido. Ese día fue mi último deseo de cumpleaños: que viviera al máximo y fuera feliz. Aunque fuera sin mí.” La niña suspiró entonces, guardando los corazones de origami.
"Cuando estaba aquí acostado, oía todo lo que decía. Intentó ocultármelo, pero yo sabía lo difícil que le resultaba pasar cada día. Me juré a mí mismo que, en cuanto pudiera volver a hablar, lo primero que haría sería decirle que siguiera viviendo".
Hubo un latido de silencio mientras ella se detenía, mirando su regazo. "Quería que viniera a darte las gracias como es debido. Vio lo mal que estabas cuando se fue, los dos lo vimos. Dijo que no quería que vivieras el dolor de la misma manera que él, ¿sabes? Y que si había una manera de darte el final que necesitabas para cerrar adecuadamente este capítulo de tu vida, él haría cualquier cosa. Pero le dije que me dejara hacerlo, porque quería tener la oportunidad de hablar por fin contigo". Le dirigió otra pequeña sonrisa, antes de alcanzar su posición en la cama para sostener la mano de Soobin. Sus diminutos dedos sólo rodearon el meñique del enfermero, pero lo sujetó con fuerza.
"Eres una persona increíble, Hyung. Hay tanto ahí fuera que mereces ver. Hay tanto que mereces experimentar. Perdiste tu adolescencia por nosotros una vez; no pierdas tu adultez por nosotros otra vez". La niña dejó escapar una exhalación antes de clavar la mirada en la pared opuesta. Ver a un niño tan pequeño actuar con tanta madurez era una visión realmente extraña. "Nunca supe lo que era tener una oportunidad de vivir, así que ¿sería egoísta pedirte que lo hagas? Aunque no somos cercanos, me has cuidado mucho".
Una pausa, y luego: "Me gustaría que hicieras lo mismo ahora, por ti.”
Soobin permaneció en silencio. Notó que el minutero del reloj había comenzado a moverse de nuevo, aunque con una lentitud agonizante. Su tiempo estaba a punto de acabarse. "Hyung, te mereces a alguien que te mire como tú le mirabas a él, cuando estaba ocupado mirándome a mí.”
El corazón del chico se rompió inmediatamente en su pecho. Él lo sabía.
"Han pasado tres años desde que él se fue, y seis desde que yo lo hice. Ya es hora de que nos despidamos como es debido y nos dejes ir, para que puedas vivir el resto de tu vida.”
El minutero de la pared aceleró su ritmo, volviendo casi a la normalidad. Fuera de la ventana, el cielo empezaba a perder un poco de color. "Dicen que cuando amas a alguien, a veces lo mejor que puedes hacer es dejarlo ir.”
Soobin tragó saliva, con la respiración atrapada en la garganta; las pestañas se agitaron rápidamente.
"Ya puedes dejarnos ir. Muchas gracias por todo.”
Cuando el enfermero pudo volver a moverse en su cuerpo, y cuando la mirada de inocencia infantil empezó a volver a aparecer en el rostro de la niña, Soobin se dio cuenta por fin de algo que no había hecho antes.
Tal vez por eso la niña le resultaba tan familiar, sobre todo esos ojos anchos de cierva que eran claros como el día, porque hace algunos años, solía pasar todos los días de su vida cerca de ellos.
Pero nunca los vio abiertos.
La niña saltó emocionada de la cama y se aferró a su brazo cuando estaban a punto de salir de la habitación. "Me olvidé de preguntar", dijo Soobin, deteniéndose en su camino. "¿Cómo te llamas, pequeña?"
La niña parpadeó hacia él. "Choi". Dijo de forma bastante críptica. Soobin levantó la ceja. "¿Y tú primer nombre?"
Una ligera risita. "¡Haneul!" El cielo. Por supuesto.
Momentos después, mientras salían de la habitación y caminaban por el pasillo, el teléfono de Soobin vibró en el bolsillo de su abrigo.
Soobin lo contestó rápidamente. "¿Hola, Jin-hyung?"
"Hola, Soobin. Tenemos un nuevo paciente, pero el ala pediátrica está llena. No hay más habitaciones aquí, ¿puedes encontrar una que esté disponible? ¿Ahora mismo? Es algo urgente". Soobin dejó de caminar, con el teléfono pegado a la oreja, y se volvió para mirar la puerta que acababa de cerrar.
Puedes dejarnos ir ahora.
"Hay una, en realidad.” Respondió, con los ojos aún fijos en el número de habitación etiquetado en la parte superior de la puerta corredera.
"Perfecto, ¿cuál es el número de la habitación?" Una fracción de segundo de silencio, antes de que el enfermero finalmente respondiera con una nueva resolución. "553.”
"Pero...", dijo la voz al otro lado de la línea, vacilante. Soobin sólo pudo ofrecerle una risa seca. "Está bien, Hyung. Han pasado años, ya era hora.” Respirando profundamente, continuó. "Dile a los chicos que vengan a despejar la habitación.”
Casi podía imaginar las cejas fruncidas de su colega mientras se tomaba un momento para responder. "De acuerdo, si tú lo dices.” Entonces, la línea terminó.
Cuando Soobin y la niña doblaron la esquina del vestíbulo principal, dos figuras transparentes se quedaron de pie, sin que el resto del mundo se diera cuenta: manos entrelazadas, sonrisas en sus rostros mientras veían la espalda en retirada de su enfermero favorito encogerse en la lejanía.
