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¿Qué habrías hecho? ¿Besarme?

Summary:

Kojiro tragó saliva. No esperaba que Kaoru le respondiese con semejante altanería. Toda su coraza seductora se vino abajo cuando su labio tembló antes de poder siquiera decir una palabra.

Kaoru sonrió orgulloso de sí mismo por haber hecho temblar al mismísimo Kojiro Nanjo.

Notes:

¡Hola!

En el día seis del calendario están ¡¡Matchablossom!! También es la primera vez que escribo algo sobre esta ship y, la verdad, me ha gustado bastante hacerlo <3

Espero que lo disfrutéis. Y, por cierto, muchísimas gracias por el apoyo que estáis dándole al calendario ¡sois les mejores! <33

Work Text:

—¿De quién fue la infeliz idea de hacer una cena por navidad todos juntos? —Kaoru lanzó un largo suspiro al aire antes de dar otro sorbo más a su copa. Kojiro, que lo escuchaba de fondo, resopló.

—Creo que fue Langa, algo de que en Canadá era típico —Kojiro se rascó la barbilla, como si se estuviese esforzando de verdad por recordarlo. Sin embargo, lo que realmente se preguntaba era otra cosa —. Bueno, ¿y quién te ha dado a ti la idea de venir a quejarte aquí? —Kojiro se giró, quedando frente a frente con Kaoru que frunció el ceño y lo miró con desdén.

—Disculpa —y levantó el dedo con intención de corregirle —, yo estoy tomando una copa en un restaurante y pensando en voz alta.

—¿Y tienes que hacer todo eso en mi restaurante? —la voz de Kojiro se crispó un instante. Kaoru se encogió de hombros.

—Era el que más cerca estaba —Kojiro gruñó.

—¿¡Aun estando cerrado?! —el grito de Kojiro pudo escucharse con claridad resonando por todo el lugar; sin embargo, el otro no se inmutó ni un pelo, Kaoru dio un nuevo trago a su bebida, algo más largo de lo normal, solo para disimular la sonrisa divertida que amenazaba con aparecer en su rostro. Kojiro apretó el puente de su nariz y respiró hondo —. Además, ¿por qué demonios te quejas tú? Ni siquiera eres el que la está preparando.

—Pero voy a tener que aguantar a los niños —Kaoru echó la cabeza hacia atrás, cansado, como si realmente fuese la tarea más dura de su vida —, y a Hiromi —resopló una vez más —. Espero que no venga otra vez a contarme como su jefa tiene un novio guapísimo y no le hace ni puñetero caso…

—Los niños… —Kojiro rio en voz baja. Se acercó hasta la barra y apoyó el brazo allí, compartiendo un instante con Kaoru —. Vamos Kaoru, no seas así, el pobre Hiromi necesita un hombro donde llorar…

—Pues que te llore a ti.

—A mí me pide los consejos para ligar —Kojiro elevó las cejas, seductor, provocativo, como él solía ser. Y Kaoru rodó los ojos, dispuesto a devolverle el dardo.

—Pues así le va —se encogió de hombros y el otro lanzó un bufido —. Mejor dedícate a cocinar, porque de celestino…

—No puede venir a darme lecciones alguien cuya relación más estable es con su tabla de skate —y señaló a Carla, situada en una pequeña plataforma de carga a pocos metros de ellos. Kojiro sonrió victorioso.

Kaoru resopló y siguió bebiendo. Kojiro no dijo más nada y, con media sonrisa en el rostro, se puso manos a la obra.

Se molestaban diariamente, así era su rutina, pero, al fin y al cabo, ambos se sentían cómodos con la compañía del otro. No le habían puesto nombre a eso, porque realmente aún no existía un “eso” que nombrar; pero así estaban bien. No necesitaban más.

El delicioso aroma de comida llegó hasta las fosas nasales de Kaoru que cerró los ojos para disfrutarlo. Se levantó del asiento y avanzó hasta el interior de la cocina donde una canción en italiano sonaba a poco volumen y Kojiro se movía de un lado para otro vigilando las sartenes.

—¿Qué vas a preparar? —la voz de Kaoru a sus espaldas le hizo saltar en el sitio y proferir un par de insultos que causaron la risa del otro —. Perdón, no quería asustarte.

—Voy a ponerte un cascabel, como a los gatos —Kojiro rio y Kaoru golpeó su cabeza con poca fuerza con su abanico —. Es mi famoso risotto rossa.

Kaoru murmuró un leve “hmm” recordando las veces que lo había probado. También las veces que había servido de pinche cuando apenas estaban en el instituto y Kojiro empezaba a hacer recetas en la vieja cocina de sus padres. Kojiro sonrió de medio lado, como si pudiese ver él también los recuerdos que danzaban ahora en la mente del otro.

—Recuerda que Miya odia el tomate, así que procura…

—No añadir tomate seco, lo sé —el chico señaló el bote de colorante con la cuchara —. El rojo es solo colorante alimenticio, es risotto rossa… pero sin rossa.

Kaoru no pudo evitar una risa al escucharlo y Kojiro apenas lo miró por encima del hombro para quedarse maravillado al verlo reír. Hacía tiempo que no lo veía tan feliz, sonriendo de forma tan genuina y riendo desde el fondo de su corazón. Eso era algo que debía agradecerle a “los niños” y a Hiromi, ellos habían devuelto a Kaoru una chispa que Kojiro creía ya perdida. Y él haría lo posible por mantenerla encendida todo el tiempo que pudiese.

—¿Quieres probar? —Kojiro se giró, con la cuchara repleta de salsa entre sus manos, soplando levemente mientras lo miraba. Y Kaoru tragó saliva al ver al hombre frente a él.

No sabía si era por el calor de los fogones que se expandía por la cocina, o que quizá el frío de la calle le había puesto enfermo, o quizá alguna estúpida razón relacionada con la manera en la que su pecho se oprimía siempre que estaba con Kojiro y que no iba a admitir bajo ningún concepto, pero sus manos habían empezado a sudar desde el momento en el que lo había visto sonreír de forma ladina apenas unos segundos antes. Y ahora, al verlo de frente… Kaoru respiró hondo.

—Espero que no vayas a envenenarme, gorila estúpido.

—Eso lo dejo para después —y sonrió, enseñándole los dientes —, para tener una cena con espectáculo —y le guiñó un ojo, haciendo que el aliento se le escapase de los labios de forma apresurada.

—Imbécil —pero, aunque lo intentó, Kojiro pudo escuchar el tono divertido con el que había hablado. Kaoru recortó la distancia entre ellos, pegando sus labios a la cuchara de madera que Kojiro aún sostenía.

Ambos se sostuvieron la mirada durante un instante que les pareció horas. Dorado contra rojo en una batalla que ninguno de los dos quería perder. Sin embargo, Kojiro fue el primero en ceder y desvió su vista hasta los labios de Kaoru, nervioso, tentado. Si acaso pudiese…

—Está asqueroso —Kojiro abrió los ojos de par en par. En todos los años que le conocía Kaoru jamás le había dicho algo como eso. Kaoru se mordió la lengua, arrepintiéndose casi al momento de su mentira —. Bueno, y le falta sal.

Kaoru se alejó de allí, cubriendo su rostro con el abanico como forma de esconder el rojo que reinaba en su rostro. Le gustaría controlar su corazón igual de bien que controlaba a Carla, así al menos no le jugaría malos momentos como el que acababa de vivir.

Había querido besarle.

Kaoru frotó su rostro con sus manos, frustrado; él había querido besar a Kojiro. Y, aunque le molestase tener que reconocerlo, no era la primera vez que esa sensación lo embriagaba.

—¿Qué narices dices? —Kojiro enarcó una ceja, Kaoru lo miró de soslayo, aún sin verse capaz de hacer frente a la mirada que el otro le dedicaba —. Está perfecto de sal, ¿acaso te has quedado sin papilas gustativas?

Kaoru bufó. Eso respondería a muchas preguntas que atormentaban su cabeza cada noche. Sin embargo, se giró y simplemente le sacó la lengua en un gesto de disgusto que hizo que Kojiro frunciese el ceño.

—Si no vas a aceptar una crítica ¿para qué demonios preguntas, gorila imbécil?

—Acepto una crítica, pero no esa mierda —Kojiro se giró de nuevo, centrando su atención de nuevo a la comida —. ¿Nunca has oído eso de que, si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada? —Kojiro bufó y Kaoru se detuvo a escucharlo. Hacía tiempo que no lo veía tan molesto como ahora —. Joder, estoy esforzándome porque tengamos una cena decente.

Kaoru entonces sintió un pinchazo en el pecho. No quería ofenderlo, no quería verlo de aquella manera. Suspiró, destrozando con esa exhalación todas las barreras que se había esforzado en construir. Miró la espalda de Kojiro, tensa, firme. Y avanzó hasta él.

Kojiro detuvo sus movimientos cuando sintió como la frente de Kaoru tocaba su espalda. Y tuvo que tragar saliva cuando las manos del otro se enredaron en su cintura. No se atrevía a girarse, no quería hacerlo porque le aterraba lo que podía pasar si ambas miradas volvían a encontrarse de nuevo.

—Lo siento —lo escuchó suspirar —, no quería enfadarte —los dedos de Kaoru acariciaron el vientre del otro poniéndole la piel de gallina. Joder, lo tenía a su merced con un simple roce —. Lo he dicho por decir… está increíblemente bueno, como siempre.

—Podías simplemente haber dicho eso desde un primer momento —Kojiro se felicitó mentalmente porque la voz no le temblase en el momento en el que habló.

—Me he puesto nervioso.

Ambos guardaron silencio un segundo, sabiendo el peso de esas palabras. Kojiro suspiró y se atrevió a poner la mano sobre la de Kaoru, acariciando el dorso.

—¿Por qué? —en algún punto de la conversación Kojiro ya había dejado la atención por la comida a un lado y la había centrado toda en escuchar la respiración del otro contra su cuerpo.

—Porque quería besarte —aquel susurro retumbó con toda la fuerza del mundo contra los oídos de Kojiro —. Con todas las malditas ganas de mi cuerpo, quería besarte, imbécil.

Kojiro rio con suavidad y se giró sobre sí mismo, sacando toda la valentía de su cuerpo, enfrentándose a los ojos de Kaoru que, por primera vez en su vida, parecían aterrados. Acarició su barbilla, elevándola unos centímetros, evitando así que Kaoru pudiese esconderse de la mirada del otro.

—Eso también podías haberlo dicho desde el primer momento —el tono de Kojiro lo hizo temblar por un instante, pero no iba a mostrarse débil ante él. Colocó su mejor sonrisa y le enfrentó.

—¿Qué habrías hecho, gorila? —se acercó aún más a él —. ¿Besarme?

Kojiro tragó saliva. No esperaba que Kaoru le respondiese con semejante altanería. Toda su coraza seductora se vino abajo cuando su labio tembló antes de poder siquiera decir una palabra.

Kaoru sonrió orgulloso de sí mismo por haber hecho temblar al mismísimo Kojiro Nanjo.

Y entonces sonrió, estirándose lo justo para que sus labios alcanzasen los de Kojiro. Y se besaron. Se besaron con calma, con las ganas que reservaban desde hacía años. Las manos de Kaoru se perdieron en el pelo de Kojiro, tirando apenas de él para pegarlo tanto como podía a su cuerpo. Y Kojiro colocó su mano en su cintura, acariciándolo con cuidado, con mimo, con delicadeza. Todo lo contrario a la rudeza que desprendía.

Se enredaron en los besos del otro. Kojiro aún podía saborear el dulce sabor de la fresa del cóctel que minutos antes bebía Kaoru, Kaoru podía sentir el sabor de la comida que acababa de probar. Después de tanto tiempo esperando el momento no querían separarse el uno del otro. No querían perder la oportunidad de aprender cada recoveco de los labios del contrario.

Kaoru fue el primero en separarse, buscando un respiro de aire fresco. Kojiro estaba frente a él, mejillas sonrojadas y con la respiración entrecortada. Se miraron un segundo. Kojiro sonrió. Kaoru también lo hizo. Y entonces, lo notaron.

—¡Se te quema la comida, gorila imbécil! —Kojiro abrió los ojos, alterado, girándose con prisa solo para ver cómo su risotto empezaba a tintarse de negro.

—¡Kaoru es tu culpa! —Kojiro lo miró con el ceño fruncido.

—Una mierda —Kaoru se separó, moviendo la mano con desdén —, tendrías que haber estado más atento a la comida. Me iré a casa, a ver si arreglas ese desastre para dentro de unas horas —Kojiro gruñó, pero agarró con prisa la mano del chico, atrayéndolo de nuevo hasta él.

—Total, ya está quemada —pegó su frente a la del otro, mezclando sus respiraciones —, puedes quedarte un rato más —fue una súplica disimulada entre la altanería de su voz.

Kaoru lo sabía y sonrió, jugando con el pelo verde del otro. Fue entonces Kojiro el que juntó sus labios con lo del otro, empezando una larga tarde de besos.

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