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La manager le había pedido si podía quedarse un poquito más tarde tras el cierre al público de la floristería y acabar de adornar el local con los motivos navideños que habían rescatado del fondo del trastero de la tienda.
El año anterior Hiromi había estado en un nube las tres horas que él se había quedado a solas con su jefa mientras ponían pompones, guirnaldas, lazos, caramelos de plástico y campanillas por el escaparate, las repisas y las paredes, mientras sonaba música navideña en inglés y bebían ponche sin alcohol.
Hiromi empleó todo su encanto para hacerla reír en muchas ocasiones y cada vez que ella le dedicaba una sonrisa, el corazón de Hiromi saltaba en su pecho.
Mil veces estuvo tentando de declararle que estaba enamorado hasta los huesos de ella, pero esa inseguridad que sentía cuando era él mismo, le hacía recular.
Él la había escuchado una vez hablar con una clienta que encargó las flores para su boca tras enseñarle esta la foto de su futuro marido:
—Se le nota un hombre fuerte, a mí me gustan los hombres fuertes.
Aquello fue como enseñarle el camino hacia el Nirvana. Hiromi supo que si él se creía y le demostraba a su jefa que él era un hombre fuerte, ella le aceptaría.
Se esforzó al máximo, acabó en el hospital mientras la defendía cuando ese idiota le agredió a él y tras estar recuperado, justo el día que iba a pedirle de salir, descubrió que ella tenía a otro.
No lo había superado aún.
Esa noche, mientras Hiromi decoraba solo la floristería, ella tenía una cita con alguien especial. No había que ser muy listo para adivinar que era ese maldito guaperas del super coche.
Lanzando un gruñido apretó tanto el bastón multicolor que intentaba colgar en el techo que lo cuarteó.
Lanzó el adorno al suelo y lo pisoteó.
Para más rabia, justo en en ese momento alguien golpeó en el cristal de la puerta.
Hiromi estuvo a punto de vociferar: „¡Está cerrado, que no lo puedes ver, so cegato!“ , pero no podía hacerlo. Debía controlarse.
Respiró hondo, contó hasta diez y se dio la vuelta para despachar a quien fuese el inoportuno cliente con las más falsa de las sonrisas, cuando descubrió al trio calavera fuera: el gatito gamer junto a Romeo y Julieta.
—¡¿Qué queréis? —les gritó—Está cerrado.
—Quiero comprar una flor de Pascua —respondió todo educado y calmado Langa.
—¿A estas horas? ¿No podías haber venido antes?
—Se acaba de acordar ahora —le explicó Miya burlón.
—Se lo había encargado su madre esta mañana y solo se ha acordado cuando ha visto una de plástico en la hamburguesería —continuó contando Reki, en este caso, con empatía hacia el desamparo de Langa—, incluso nos ha pedido que no pidiésemos la comida y no viniésemos corriendo a la floristería por si aún estaba abierto.
Hiromi estuvo a punto de repetirles que no, que no lo estaba, pero algo dentro de él le hizo dejarles entrar, lo que le valió un enorme Gracias por parte de Reki y un Thank you very much, por parte de Langa.
—Lo hago por el espíritu navideño —les aclaró con contundencia.
Lo cierto es que era en verdad su espíritu de vendedor el que había prevalecido y también, —¿ por qué negarlo? — eran sus amigos aquellos quienes necesitaban un pequeño favor.
Con voz más suave, profesional, le dijo a Langa:
—Ahí a la izquierda tienes varias flores de Pascua, elige a la que más te guste. Si tienes preguntas, no dudes en decírmelo.
Langa asintió mientras se le notaba claramente en el brillo de los ojos el alivio que sentía por poder cumplir el encargo de su madre.
—¿Estás adornando la tienda? —la pregunta de Reki era plenamente retórica pues estaba más que claro que sí.
—Lo estaba hasta que llegasteis vosotros para interrumpirme —respondió de malos modos Hiromi mientras agarraba con rabia una guirnalda roja de una de las cajas de adornos.
—¿Quieres que te ayudemos? —se ofreció Reki con simpatía, inmune a la irrupción de mal humor de él. Sin esperar su respuesta, tomó varios adornos de estrellas de cartón y el celofán y se encaramó a la escalera de mano para pegarlas en el cristal.
Miya lanzó un suspiro de resignación y empezó a colgar dulces de mentira en los adornos florales ya preparados.
Hiromi estuvo a punto de decir „ gracias, chicos“, pero naturalmente se lo calló y solo emitió un sonido gutural mientras volvió con las guirnaldas.
—Langa, tenemos que decirle al manager Oka que también toca adornar Dope Sketch —le propuso Reki a un Langa que tenía los ojos pegados en las flores de Pascua en la difícil tarea de elegir.
—¿Por qué no está la dueña hoy ayudándote? —le preguntó Miya como de pasada mientras fingía estar superinteresado en que quedasen bien los adornos.
Aquello sentó como una patada en el tobillo a Hiromi y ante ese dolor debió de quejarse en alto, lo que motivó que todos le mirasen.
Miya soltó una risita maligna mientras le señalaba con el dedo:
—¡Oh, así que tiene una cita con su novio!
—¡No es su novio! —gritó Hiromi aunque no lo sabía cierto.
—Bueno, el guaperas del coche caro —no le dio tregua Miya.
—No sé porque os cuento nada —se lamentó Hiromi —Sois unos cabrones.
—Soy solo un niño, está mal hablarme así —se quejó con teatralidad Miya.
—Mira, no me toques los…
En ese instante empezó a sonar música heavy en la tienda y Hiromi se sobresaltó, sin entender, hasta que vio que Reki había dejado su puesto en la escalera de mano y había encendido el reproductor de música de la tienda.
El rostro de Hiromi puso una expresión de loca satisfacción y, aun sin maquillarse, pasó a ser Shadow.
—¡Eso, démosle a los decibelios! ¡Tú sí que sabes, pelirrojo!
Reki se rió porque nunca solía llamarle así Shadow, más bien cosas mucho peores, pero había conseguido devolverle su buen humor, porque empezó a seguir el ritmo con los pies y la cintura mientras daba alaridos.
—¡Ese tipo es un blandengue, es muy poco para ella! —bramó con furia —¡Se hace la manicura! ¡La manicura! ¡Yo tengo las uñas llenas de tierra porque me doblo la espalda cuidando las macetas! Y él aparece aquí con su traje de marca, su perfume caro y saluda —ahí puso una voz engolada —¡Buenos días, parece que hace buen tiempo! —Shadow volvió a gritar —¡Tío! ¿Qué te pasa? Dile lo guapa que está, que eres el hombre más afortunado de la tierra por poder verla, arrastraste a sus pies, es más, bésale los pies. Pero, eso. ¡Sangre de horchata! Ella necesita y le gustan los hombres de verdad. Alguien que la haga sentirse segura, que la proteja, que sea un escudo ante el peligro. ¡Que la haga sentirse amada y deseada! ¡Que por las noches la haga arder de pasión entre sus brazos! Que no dude que eres la mujer de su vida y que por ella harías todo.
Reki no podía evitar reírse al ver a Shadow gesticular y mover el cuerpo dando énfasis a cada una de sus frases. Miya estaba entre aguantar como podía las carcajadas y poner los ojos en blanco. Langa seguía eligiendo la flor para su madre.
La canción terminó y empezó los primeros compases de la archiconocida „ I was made for Lovin´You“ de Kiss.
Aquello fue la locura.
Shadow se lanzó de rodillas al suelo e imitaba que tocaba una guitarra eléctrica mientras gritaba a pleno pulmón lo que emulaba ser cantar la letra, pero con tanto énfasis que desentona todo el rato. Daba igual, la pasión con la que la interpretaba hacía que uno se olvidase de los fallos y solo disfrutase del espectáculo.
Reki empezó a dar palmadas al ritmo y al poco se le unió Miya, que empezó a reírse con sinceridad por lo divertido que era Shadow en su entrega total a la canción.
En breve Langa, con la maceta de la flor elegida entre sus manos fue también donde los otros dos. Sus ojos eran un poema por el asombro.
Shadow se había subido al mostrador y gritaba:
I was made for lovin' you, baby
You were made for lovin' me
And I can't get enough of you, baby
Can you get enough of me?
Al acabar la última frase sacó la lengua de una forma loca y bastante, bastante lasciva.
Y entonces la gerente salió de la parte trasera de la tienda por donde había una entrada adicional desde la calle.
Reki, Langa y Miya se quedaron de piedra.
Shadow se quiso morir.
Reki con rapidez apagó la música y agarrando a Langa de la mano le apremió a irse.
—Pero debo pagar la Flor de Pascua —recusó Langa con cierto desaliento.
Reki le iba a insistir de irse y que dejase la planta cuando la dueña se dirigió a ellos:
—¿Sois los tres muchachos que acompañó Hiromi a Miyakojima? —les preguntó con curiosidad.
—Hemos venido a ayudarle a decorar —respondió una media verdad Reki.
—Yo quiero pagar esta planta, es para mi madre —declaró Langa mostrando la planta.
Miya solo levantó los hombros y dijo:
—Yo es que hago de carabina.
Esto se ganó que Reki le diese un capón amistoso en la cabeza.
—¿Sois Skaters? —quiso asegurarse ella señalando sus monopatines que habían dejado junto a la entrada—La primera vez que os vi no me di cuenta si los llevabais.
Los tres asintieron sin decir nada.
—Shadow también lo es —añadió Miya señalándole.
—¿Shadow? —repitió la gerente asombrada mirando a Shadow que se había bajado ya del mostrador y que quería matar a Miya por ser un bocas —¿Es tu sobrenombre de Skater?
Shadow asintió notando como su rostro no había perdido ni un ápice del sonrojo por la vergüenza de haber sido pillado in fraganti.
Estaba seguro que le iba a caer una buena regañina porque ella debía estar muy decepcionada con él.
Sin embargo ella se empezó a reír con total desenfado.
—Yo siempre quise aprender a patinar.
Aquello dejó a todos fuera de juego.
—De niña estaba enamorada de mi vecino de quince años que era un skater. Le veía hacer sus trucos y cada vez estaba más y más colada por él. Pero mi madre me advirtió que los skaters eran chicos malos y no me convenían. Me advirtió a mí que tenía siete años.
Al ver reír tan relajada al amor de su vida contando un enamoramiento infantil con un skater, Shadow sentía una tormenta de emociones en sus entrañas porque él siempre le había ocultado que patinaba por la mala imagen que tenían de delincuentes los skaters.
—¿Estaba sonando Kiss? —le preguntó ahora ella directamente a él.
Shadow tragó saliva.
—¿Los conoce?
—Me encantan—declaró ella dando una palmada feliz—. Aquí donde me ves yo era un rockera de jovencita.
—Usted es aún joven —declaró con rapidez Shadow. La gerente se rió.
—No me esperaba esto de ti, Hiromi. Eres tan polivalente, ¿eres malo o bueno? ¿Sabes, esto, Shadow? A mí siempre me han gustado los hombres malos.
Shadow sintió que empezaba a flotar y que su alma se elevaba porque la gerente nunca jamás le había mirado así, así como un hombre del que pudiera sentirse atraída.
—Había venido para ayudarte con la decoración pues mi cita lamentablemente se ha cancelado. Aunque como tienes ayuda —de reojo miró a Reki, Langa y Miya.
Reki agarró del brazo a Langa y le arrastró:
—Ya pagarás la planta —le dijo con premura al oído—, aunque visto lo que pasa, sin duda te la regalarán los dos. ¡Vámonos!
Una vez se quedaron solos, Shadow le sugirió a la manager.
—¿Ponemos música navideña?
—Kiss está bien. Lo cierto es que no me había nunca fijado que estaban tus cds ahí. Soy muy despistada.
—Para nada, solo está muy ocupada para siempre.
—Tutéame por favor —le pidió ella.
Shadow no podía creer que estuviera en verdad pasando.
—Como desees —y por primera vez se atrevió a pronunciar el nombre de ella.
