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Volviendo a vos

Summary:

—No me mires así —murmura Eiji, enterrando su rostro en su cuello otra vez—, es vergonzoso.

—¿Por qué? Quiero mirarte —devuelve en voz suave—. Te extrañé muchísimo.

—Yo también.

Se aleja un poco, lo suficiente como para ver su rostro. Él sonríe y Eiji lo imita, porque es imposible no hacerlo. La mano de Ash se acerca a su mejilla, acariciándola y corriendo algunos mechones fuera de lugar, tan cálida, tan suave.

 

AU en el que se reencuentran un año después de todo.

Notes:

COMISIÓN PARA @sasameyukiistkm (alias Suger ahre) (dios, nunca me di cuenta de lo complicado que era el @ JAJA). Ya me dijo que lloró, eso es suficiente para mí(?

 

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(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Probablemente, lo que más le duele de todo es recordar esa conversación. Cómo le rogó que fuera con él a Japón, que dejara todo y a todos, que lo acompañara a tener una vida en la que no tuviera que luchar por la tranquilidad. Lo que le partió el corazón fue la respuesta de Ash, las razones que había enumerado de porqué era una idea de mierda y que solo atraería problemas, no para él, sino para Eiji y su familia.

Y si lo piensa bien, es algo obvio, pero lo volvería a repetir las veces que fuera necesario para que Ash decidiera ir.

Pero es en vano pensarlo. Se lo repite cada día por meses, porque todo el tiempo piensa en eso. No puede sacárselo de su cabeza– y tampoco quiere. 

Ash no le permite regresar a América, pero no puede obligarlo a dejar de pensar en él.

No le gusta recordar a Ash y no saber qué le pasó. Dejó Nueva York la mañana siguiente y nunca regresó. Eiji todavía se pregunta dónde estará él, cómo está. 

¿Estará vivo?

Se pregunta muchas cosas más, como, ¿estaría Shorter vivo si él nunca hubiera ido? O, tal vez, ¿habrían muerto todos ellos mucho antes? Son cosas que no necesita saber, pero.

Eiji no puede regresar a América. Si lo hace, va a terminar en Nueva York, buscándolo, y no puede romper la promesa que hizo.

¿Y si ya está muerto?

No necesita saberlo. Es muchísimo más fácil tener a Ash dentro de su cabeza, los recuerdos lindos, cuando reía, cuando bromeaba, cuando era solo un niño.

Es más fácil vivir de memorias que de la realidad.

 

Eiji no puede ir a América, pero ahora que lo piensa, ¿se refería al país o al continente? Es que, él no puede prohibirle ir a, no sé, Argentina.

Porque, si puede hacerlo, entonces está en problemas.

No es completamente imposible que se encuentren. Sí sería una coincidencia.

No es como si Ash fuera a ir a buscarlo, ¿verdad?

Tal vez fue una trampa. Le pareció raro que Ibe hubiera insistido tanto en que Eiji lo acompañara a Argentina, y que se encontraran con Max Lobo en el aeropuerto también era sospechoso (una sorpresa también, pero especialmente sospechoso).

Eiji no quiere preguntar. Se muere por hacerlo, pero no lo hace. No es como que no quiere quedar como obsesionado ni nada de eso, el tema es que tiene miedo. Aunque no hable de eso, sus esperanzas están bastante altas. ¿Y si…?

 

El hotel es agradable. Está en una zona que es algo difícil de pronunciar. Argentina es, en general, agradable. No hizo mucha investigación en el país, no estaba muy convencido con la idea de venir, nada que ver a cuando había ido a Nueva York.

Y, hablando de eso, no puede evitar pensar en cómo estará todo allá. Espera que al fin esté en paz.

Un golpe en la puerta de su habitación de hotel lo hace saltar. Probablemente sea Ibe, llamándolo para que bajen a cenar. Llegaron hace un par de horas, pero entre que se acomodaban y descansaban, se hizo de noche.

Eiji se levanta de la cama mirando apenas su ropa, pensando en si estará bien bajar así como está.

—¿Debería cambiarme, o…?

Pero Ibe no responde. Porque no es él. 

Es ahí cuando Eiji levanta la mirada. Su respiración se corta y mirada se nubla instantáneamente. Baja la cabeza veloz. 

—¿Eiji…? —escucha y se tapa la cara con las manos, como si por alguna razón eso fuera a evitar que las lágrimas caigan—. ¿Son… son lágrimas buenas?

Ríe apenas y asiente, con su rostro todavía oculto. Siente las manos ajenas sobre sus hombros y se deja llevar, apoyándose en él y llorando en el hueco de su cuello.

 

Le parece demasiado perfecto para ser verdad. 

Porque si bien lo que más quería en el mundo era volver a ver a Ash, en el fondo de su cabeza siempre estaba el pensamiento de que eso no pasaría, de que tenía que olvidarlo.

¿Olvidarse de Ash Lynx? Es como si le pidieran que se olvide de cómo respirar.

Está tanto tiempo aferrado a él que se le cansan las piernas y los brazos, por abrazar su cuello. No le importa, podría estar así por horas.

—¿No te gustaría que bajemos con el resto? —murmura Ash contra su cabeza, todavía acariciando su espalda.

—No —seguro tiene los ojos hinchados por llorar—. ¿Qué hacés acá?

Sería mentira si dijera que no espera que Ash diga que está ahí por él.

—¿Qué hacés vos acá? —dice, en cambio—. Yo vivo acá.

Ahora sí se separa.

—¿Vivís en Argentina? 

—¿Qué significa eso? —ríe apenas.

—Es… —se ve diferente. Lo está mirando fijo por primera vez y se ve muy diferente, pero Eiji no puede distinguir si es porque estuvo por mucho tiempo aferrándose a los recuerdos o si es porque cambió mucho—. No es nada.

Y Ash también lo mira, y probablemente esté pensando lo mismo. Porque más de un año pasó desde su despedida y mucho cambió.

—No me mires así —murmura Eiji, enterrando su rostro en su cuello otra vez—, es vergonzoso.

—¿Por qué? Quiero mirarte —devuelve en voz suave—. Te extrañé muchísimo.

—Yo también.

Se aleja un poco, lo suficiente como para ver su rostro. Él sonríe y Eiji lo imita, porque es imposible no hacerlo. La mano de Ash se acerca a su mejilla, acariciándola y corriendo algunos mechones fuera de lugar, tan cálida, tan suave.

—¡Che! —grita Max del otro lado de la puerta y después golpea varias veces—. ¡Los estamos esperando para comer!

—Qué viejo de mierda… —masculla Ash y se gira hacia la puerta, frunciendo el ceño—. ¡Ya vamos!

Escuchan los pesados pasos alejarse. Ash se vuelve y se encuentra con la ceja elevada del otro.

—Sospecho que todos sabían de esto, menos yo, ¿no?

—Sospechás correctamente —responde y se aleja unos pasos—. ¿Vas a cambiarte? Te espero afuera.

—Nah, así estoy bien —dice mientras da un paso, pero después se detiene—. ¿Así estoy bien?

Ash suelta una risa y se acerca a tomar su mano.

—No cambiaste nada, eh.

 

Es una cena un poquito incómoda para Eiji, porque Max e Ibe se burlan de que estuvo llorando y de que no sabía que Ash estaría ahí– a pesar de que fueron ellos los que no le dijeron. 

Después de comer, los dos mayores se quedan bebiendo, prácticamente echándolos porque todavía no tienen veintiuno.

—Se puede tomar desde los dieciocho acá —se queja Ash, solo por llevarles la contra.

—¿En serio? —murmura Eiji.

—No bajo nuestra supervisión —responde Max y hace un gesto con la mano—, andá a acompañar a Eiji a su habitación.

Sigue quejándose, aunque lo hace.

—Mejor así, es aburrido estar con los viejos —responde. Rebusca en su bolsillo, saca sus llaves y se las tira a Max—. Por si te vas antes.

Eiji lo observa pero no pregunta hasta que están solos, en el ascensor.

—Se queda conmigo mientras está acá —explica apenas.

—Entonces, de verdad vivís en Argentina.

—Así es, antes vivía con Lobo y su familia, pero… —se encoge de hombros—, supongo que los problemas me buscan allá.

—Hubieras ido a Japón —no puede evitar decirlo. Ash ríe apenas.

—Es más fácil el español que el japonés —dice—, al menos tienen las mismas letras.

—¿Y ya sabés hablarlo? —hace un gesto de más o menos y Eiji ríe—, ¿hay algo que no sepas hacer?

—Fue por las bandas, me cagaban a tiros si no aprendía nada —Ash suelta una risa, pero el otro no lo acompaña.

—Y… ¿hace cuánto estás acá? —cambia de tema.

—Un tiempo, después de que me apuñalaron–

—Pará– ¿qué? —jadea—, ¿¡cuándo fue eso!?

—Ahh, no te contaron… —ríe incómodo—. Fue cuando te fuiste.

—¿Fue por mí? —se le escapa la pregunta, pero Ash niega veloz.

—¡No, no, fue por mí–! Vamos, todos querían apuñalarme por alguna razón u otra.

Tiene razón.

 

Pasan mucho tiempo hablando. En algún momento de la noche, Max le envió un mensaje, diciéndole que quería irse, pero Ash le respondió que se fuera sin él. Al fin tenía a Eiji otra vez y no quería despegarse por nada.

Despierta a la mañana siguiente vestido con la ropa de ayer y abrazando el torso de Eiji. El sol perfora sus ojos por las cortinas abiertas y ya se oye todo el ruido del tráfico. 

Se levanta despacio. Observa al otro en la cama, boca arriba y con los brazos abiertos, como si le pidiera que regresara a donde estaba. Pero no, porque va al baño.

Después de lavarse la cara, Ash se pregunta qué hará. Su idea original es que todo esto fuera una despedida oficial, un cierre a… a todo. Pero teniendo a Eiji al alcance de su mano, teniendo al fin paz y teniendo a Eiji al alcance de su mano, Ash no puede dejarlo ir.

No va a dejarlo ir. 

El reloj da las once y Ash regresa al lado del otro en la cama.

—Eiji —susurra—, vamos a desayunar.

Se acerca más a él y le pone una mano en el pecho, moviéndolo suave.

—Eiji —repite.

No va a despertarlo con tan poca voluntad, pero no le importa. Suspira y reposa su cabeza sobre el brazo ajeno, volviendo a abrazar su torso. 

Capaz se quedó dormido, porque Eiji lo está abrazando y no recuerda cuándo se movió. Levanta la cabeza para mirarlo y ve que tiene los ojos abiertos.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta Ash con voz ronca.

—Ibe dice que nos perdimos el desayuno y que va a ir a pasear con Max, que si queremos ir… —Eiji lo mira y nota la mueca en su cara—. Le diré que no queremos.

 

No van con ellos, pero hacen su propio recorrido. Pasan todo el día yendo de un lado a otro. Cuando el sol comienza a caer, no regresan al hotel. Ash lo lleva a conocer su casa, un pequeño departamento sobre una calle tranquila.

—El baño está al final del pasillo —dice cuando abre la puerta. Eiji se disculpa apenas y pasa directo—. Pudiste haberme dicho antes de que saliéramos del café.

—¡Perdón! —responde desde el baño.

Ash suspira y se sienta en el sofá, tomando el control de la tele y encendiéndola.

—Perdón —se vuelve a disculpar cuando sale. Mira a su alrededor mientras se acerca al otro—. Es muy lindo esto.

—Mejor que donde vivía cuando nos conocimos.

Eiji lo mira, pero no nota tristeza o dolor en él. Es como si esos comentarios le salieran porque sí. No sabe cómo responder, pero tampoco tiene tiempo para pensarlo, porque el otro habla antes.

—¿Querés que regresemos al hotel, o…?

—¿O? —le llama la atención.

Ash se encoge de hombros—, o podríamos quedarnos acá. Pedir algo para comer…

—Suena bien —sonríe y se sienta a su lado en el sillón.

Es temprano para comer. El atardecer pinta de naranja la sala y el corte comercial en la tele llena el silencio entre ellos. 

Es la primera vez que están tranquilos. No es la pausa antes de un asalto, ni el respiro antes de seguir corriendo. Están tranquilos y a salvo, algo que nunca experimentaron juntos.

El teléfono de Ash vibra y Eiji desvía sus ojos hacia él. Lo ve escribir y después dejar el celular a un costado.

—Era Lobo —dice, aunque no le preguntó—. Preguntó dónde estábamos.

Eiji asiente.

—Le dije que estamos acá.

—Okay —devuelve su atención a la televisión, pero nota que Ash está inquieto, como si quisiera decir algo más—. ¿Estás bien?

—Me preguntó si te ibas a quedar a dormir.

—¿Y?

Hace una mueca de disculpa—, le dije que sí.

—Okay —repite. 

Ash está incómodo, ahora se da cuenta. No está seguro de porqué, pero tampoco le parece preguntarlo.

Lo va a preguntar igual.

—¿Estás incómodo? 

Su mirada está en la tele, pero regresa a él cuando no tiene respuesta. Tiene una mueca en la cara y las mejillas rosadas.

—No me mires —dice, volteando al lado contrario.

—¿Por qué estás rojo? —ríe Eiji y Ash enrojece más.

—N-no —titubea. Respira profundo y gira al otro—. Es que– es la primera vez que estamos así.

—¡Ah! ¡Pensé lo mismo! —sonríe él y recibe una mirada confundida—, es la primera vez que todo está de verdad tranquilo.

—Uh– sí, es verdad…

—¿No te referías a eso? —Ash asiente y se queda en silencio. Está cruzado de brazos y mira fijo la televisión y Eiji sabe que está mintiendo—. No te referías a eso.

—¿Tenés hambre? ¿Qué podríamos pedir? —toma su celular, esquivando al otro. Eiji hace una mueca.

—¿En qué pensabas? —lo ignora—. Ash.

Lo vuelve a ignorar y se va en dirección a la cocina.

—Ash —repite. Lo sigue y lo encuentra bebiendo agua—. ¿Estás bien?

Termina de tomar y deja el vaso lentamente sobre la mesada. Está serio y eso preocupa un poco a Eiji. Se gira y lo mira de frente.

—He estado todo el día pensando en besarte —suelta—, y– no entiendo qué pasa, porque ya te besé antes, pero ahora–

Hace una pausa y desvía la mirada, capaz volviendo a pensar sus palabras. Eiji da un paso hacia él.

—¿Pero ahora? —insiste.

—Es distinto —vuelve sus ojos a él—, porque no tengo, pero quiero hacerlo.

—Yo…

—Pero hay otras cosas que también quiero hacer– quiero hablar de tantas cosas, tengo muchísimo para contarte y– también quiero salir y quiero mostrarte muchos lugares y quiero pasar tiempo con vos y– y quiero besarte, Eiji.

Es mentira decir que nunca pensó en besar a Ash, pero no lo es decir que creyó que no pasaría. Tardó un poco en darse cuenta que eso era lo que le faltaba, la sensación de que se había olvidado de algo, de que le había quedado pendiente.

Pero no quiere hacerlo. ¿Y si no es suficiente? Es abrir una puerta que no cree– que sabe que será imposible cerrar.

—¿Puedo besarte, Eiji?

¿Cómo negarse si lo pregunta así?

—Sí.

Si tiene que describir los movimientos de los dos, diría que son incómodos. Ash se acerca de a poco y, aunque trata de evitarlo, Eiji retrocede unos pasos, sintiendo la mesada detrás suyo. Lo mira a los ojos y la cara de Ash está rosada, contagiándosela a él mismo. 

Las manos ajenas sujetan sus brazos y Eiji se pregunta dónde se supone que debería poner las suyas mientras lo ve cerrar los ojos de a poco y acercarse. ¿Debería cerrar los ojos también? ¿Tiene que acercarse como él? 

Ash lo besa. Los ojos de Eiji quedan abiertos y sus dedos se mueven en el espacio que queda entre los dos. No sabe cómo reaccionar, ni actuar, no sabe si tiene que acercarse– pegar su boca con más fuerza o moverse o si tiene permitido respirar por la nariz.

No tiene la más mínima idea de nada.

—¿Estás–?

—Bien —lo interrumpe. Respira profundo mientras mira hacia abajo, pero la risa suave de Ash lo hace volverse—. ¿Qué?

—¿Soy tu primer y segundo beso? —¿Tiene el descaro de burlarse?

—¿Y eso qué tiene? —se cruza de brazos y eso solo hace reír más a Ash—. ¿A cuántas personas besaste vos?

—Solo a vos.

—Mentira.

—Solo vos contás —se corrige. Apoya una mano en la mesada junto a Eiji, quedando más cerca de él—. ¿Puedo ser tu tercero, también?

Siente que todo vuelve a la normalidad. Ya no es incómodo, no siente vergüenza. Es como si Ash le quitara todas las inhibiciones de encima.

Acaricia sus mejillas apenas y ahora Eiji se acerca, aunque no sepa besar.

Sabe que Ash le enseñará.

Notes:

gracias por leer!

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