Chapter Text
Tony había encontrado a su Alpha destinado cuando era solo un adolescente, cuando su padre, Howard Stark le había presentado al recientemente encontrado Capitán América Steve Rogers.
Tony había estado comiendo una dona preparada por Edwin Jarvis mientras esperaba y en un momento, solo sintió un fuerte aroma en el salón, un aroma que lo atrajo de inmediato, que provocó un tirón en su vientre y que sus piernas se estremecieran, hasta provocarle un escalofrío.
En aquel momento dejó su bizcocho de lado para mirar a la puerta, encontrando entonces a su padre y al dichoso Capitán.
Supo también que él lo sabía, pues había buscado casi frenético con la mirada hasta que lo vio y entonces fue como si nada más existiera, solo estaban ellos en el mundo.
Tony sonrió y Steve hizo lo mismo, acercándose a él hasta tomarse de las manos y dejar que un cosquilleo extraño y perfecto recorriera sus cuerpos.
-Wow… -Susurró Tony, sin poder dejar de mirar al gran rubio frente a él.
-Creí que no te conocería nunca… -Admitió Steve, abriendo su corazón ante él sin pensarlo más.
Fue entonces cuando ambos escucharon el característico sonido de una escopeta siendo cargada, por instinto Steve cubrió el cuerpo del Omega y al darse la vuelta para ver a su atacante, pudo ver a Jarvis apuntando directo a la cabeza Steve, mientras Howard gritaba.
-¡Dispárale! ¡Dispárale ahora! ¡Ese imbécil! ¡Lo busco como loco y cuando lo salvo se roba a mi hijo! -Howard exclamaba histérico, mientras que Tony se abrazaba a la cintura de Steve, sabiendo que su padre no iba a asesinarlo, no cuando podría matarle también si lo hacía.
-Lo tengo en la mira, señor. -Jarvis sonaba molesto, sereno, pero impotente, mientras que Steve, levantaba las manos y cubría a su Omega con su aroma protector.
-Howard, no… Haz que baje su arma. -Pidió el Alpha, sin separarse un milímetro de Tony.
-Papá, Jarv…basta. - Pidió el joven Omega, asomando su cabeza por un hombro de Steve y ambos hombres no pudieron más que contenerse y maldecir a los cuatro vientos por haber seguido la búsqueda de Steve Rogers.
Tony solo tenía 16 años cuando se habían conocido y sus feromonas eran fuertes, intensas, por supuesto lujuriosas por naturaleza, estaba descubriendo al mundo y a sí mismo, lo que implicaba que debía haber cuidados especiales en su relación con Steve.
Uno de ellos y el más importante era que Tony debía llevar puesto un collar de protección que cubría cada parte de su glándula Omega y no porque Steve fuese a marcarlo sin su permiso, sino porque Howard y Jarvis habían sido testigos de lo fácil que Steve cedía a los caprichos y deseos del castaño.
A veces, Tony solo debía mirarlo con sus preciosos ojos avellana, ladear ligeramente la cabeza y pedir algo, entonces, Steve lo haría, en el menor tiempo posible, rompiendo records. Si Steve no cedía de inmediato, bueno, Tony usaría otras estrategias que siempre funcionaban.
El pequeño Stark tenía a un súper soldado comiendo de su palma y Howard no sabía si debía sentir orgullo o preocupación.
El carácter de su hijo era fuerte, él sabía lo que quería, cuándo y cómo lo quería, sabía la forma en que podía obtenerlo, ahora que iniciaba una relación con Steve, podía conseguir lo que quisiese, incluyendo una marca de unión.
Y por supuesto que Tony estaba molesto por no haberla obtenido ya, él quería ser un Omega marcado, lo supo desde que Steve llegó a su vida y hubo tanto mujeres como hombres tras su querido Alpha, sin embargo su padre no iba a dejar que se uniera tan pronto, así que el collar era la regla principal cuando Steve se encontraba en casa.
-Odio tenerlo puesto. -Tony se quejó, cruzándose de brazos sobre el pecho y mirando a su padre con enfado.
-Y yo odio que ese imbécil sea tu Alpha, no siempre tenemos lo que queremos. -El Alpha padre lo miró con la misma molestia y a los ojos de Steve, ambos Stark eran idénticos.
-¡Papá! No le digas así, además si fuera por ti, yo no tendría ningún Alpha destinado. -Frunció más el ceño mientras Howard asentía efusivo.
-En un mundo perfecto nadie querría arrebatarme a mi cachorro. -Steve sonrió, negando con la cabeza.
-No quiero llevarme a tu cachorro, Howard. -Debatió Steve, haciendo que padre e hijo lo miraran de inmediato.
-¿No quieres estar conmigo? -Preguntó Tony con el corazón rompiéndose.
-¡Maldito bastardo! ¡Estás jugando con mi bebé! -Exclamó Howard tomando la escopeta que ahora siempre descansaba al costado de su silla y Steve se puso de pie de inmediato.
-¡Yo nunca dije eso! -Eran demasiado iguales, pensó el rubio, mientras se acercaba a Tony y lo envolvía entre sus brazos, a la par que el menor se removía y trataba de alejarse. -Este es tu hogar y yo voy a estar donde sea que tú estés Tony, quise decir que no voy a alejarte de tu padre, que si es lo que tú quieres, cuando nos casemos y nos unamos, estaremos siempre en donde tú desees, aquí, en Etiopía o en China, estaré a tu lado por siempre. -Aseguró el Alpha, sosteniendo con una mano el mentón de su hermoso y dramático Omega para hacer que lo mirase.
Sabía que Howard estaba a nada de disparar su escopeta contra él, pero los preciosos ojos de su Omega con el brillo de la alegría y sus labios curvados en una sonrisa hacían que todo valiera la pena, incluso si moría en ese momento.
Tony lo abrazó con fuerza y lo besó, con lentitud y profundidad, mientras que Steve lo acunaba de forma amorosa y cuidadosa, lo sostenía como si pudiera quebrarse entre sus manos y lo atesoraba como si de una divinidad se tratase.
Mientras tanto, Howard bajaba el arma y se presionaba el puente de la nariz con el dedo pulgar y el índice.
-Odio a este hijo de perra. -Susurró, volviéndose a sentar en su sillón, mientras que Jarvis se acercaba para darle un té relajante.
-Señor, ambos sabemos que no hay nadie mejor para Tony que él. -Edwin admitió, aunque no estaba más contento que Howard.
-Eso me molesta aún más. -Su respuesta hizo sonreír a Jarvis. -Y deja de llamarme señor, anoche me diste tan fuerte que me duele caminar, me parece que somos demasiado íntimos para eso. -Howard había revelado aquella información mientras que Tony y Steve seguían ahí, escuchando, para cuando se dio cuenta, Howard tenía el rostro totalmente rojo, al igual que Jarvis, que se había quedado estático.
-¡Papá! ¡Oh Dios! ¡Una relación Alpha Alpha! ¡Esto es escandaloso! -Tony no sonaba molesto en lo absoluto y por el contrario estaba encantado. -Si mi abuelo estuviera vivo, se muere del coraje, ¡Oh genial! ¡Steve, necesitamos una ouija! ¡Tenemos que enfadar a mi abuelo con ello! -Tony se puso de pie tomando las manos de su Alpha para tirar de él y conseguir que lo siguiera.
Fue entonces que algo mejor se le ocurrió y se quedó de pie en su lugar.
-Papá, vas a usar un collar de protección siempre que estés con Jarvis y tendrás que usarlo por dos años. -Sentenció Tony, mirando a su padre y su nuevo papá con una sonrisa maliciosa. -Sin excepciones.
Howard se cubrió el rostro con una mano, no sabía qué era peor, si la posibilidad del rechazo de su hijo o esto…
-Tony, cariño, nosotros… -Jarvis trató de decir algo, pero el Omega negó con la cabeza.
-Sin excepciones, papá Jarv, un collar de castigo o no usaré el mío, si ambos somos los pasivos, que al menos haya solidaridad. -Howard sintió que su cara estaba tan caliente que incluso pulsaba de la vergüenza que sentía, no era de esta forma como quería que su cachorro se enterase, sin embargo el escucharlo llamarle papá a Jarvis había sido un golpe grande a su corazón y supo que había sido lo mismo para Edwin cuando lo vio acercarse a Tony y abrazarlo con sumo cariño.
-Bien, Howard usará un collar de protección justo como tú, cachorro. -El Omega se abrazó con fuerza a su nuevo padre y sonrió victorioso.
-¿Por qué le dices Howard? -Preguntó entonces Tony, curioso.
-Ese es mi nombre, ¿Cómo debería llamarme entonces? -Preguntó el Alpha, acercándose a su perfecta manada, esta vez mirando a Steve de forma menos agresiva.
-Mi amor. -Respondió Tony con simpleza, haciendo reír a Howard, que se acercó a besar la frente de su cachorro.
-Ya lo escuchase, debes decirme mi amor. -Howard habló, con arrogancia en su voz, haciendo que Jarvis liberara su aroma con una sonrisa amplia, adorando su actitud.
Y cuando Tony se vio envuelto en las feromonas de sus padres, escapó del medio para acercarse a Steve y abrazarlo.
-Papá ya no te odia, eso es bueno, concentremos su molestia hacia ti en su amor a Jarv y todo estará bien. -Tony le sonrió con felicidad mientras se paraba sobre las puntas de sus pies para besar a su Alpha. -Por cierto, ¿mis padres, no te importan?
Y se refería a la relación entre dos Alphas que sostenían, a lo que Steve negó con la cabeza, sonriendo tenue.
-Intuía que sucedía, su complicidad, la forma en que se sonríen, lo noté, además… es tu manada y es parte de ti y como ya te dije, te amo, amo todo en ti, así que no, no me importa lo que suceda entre tus padres, nada me hará cambiar de opinión. -Tony sonrió verdaderamente complacido, perdidamente enamorado de su Alpha.
-Sabes, deberíamos fugarnos a Las Vegas y casarnos ahí, ya tengo la edad de consentimiento en la mayoría de los Estados Unidos. -Propuso el Omega, haciendo a Steve sonreír.
-Puedes tener la edad de consentimiento, pero si nos casamos así, estoy seguro que no habrá poder que detenga a Howard para matarme. -Lo que era muy cierto, así que Tony suspiró.
-Al menos no seré el único utilizando esta porquería. -Se consoló Tony y tal como lo dijo, al día siguiente, en el desayuno, Howard ya tenía su estúpido collar de protección puesto.
-Odio tenerlo puesto. -Se quejó Howard, con los brazos cruzados sobre el pecho.
-Bienvenido a mi mundo. -Tony mencionó, mientras leía su periódico y tomaba a Steve con una mano, que desayunaba en silencio, evitando mirar a Howard, de lo contrario, dejaría salir una que otra risa.
