Chapter Text
El auror dejó el periódico en el asiento trasero tras terminar de leerlo y miró por la ventana del auto, su compañero conducía en aquella noche con una hechizante luna azul, la hermosa vista que completaba el paisaje escocés.
Alaric utilizó un hechizo para calentarse, hacía demasiado frío, más de lo normal en esa época del año. A lo lejos vieron el letrero que da la bienvenida al pueblo. Tuvieron que conducir, fue una orden prioritaria y cuando trataron de aparecerse no funcionó, algo bloqueó su habilidad.
—¿Leíste las noticias de hoy?
—No, pero debe ser lo de siempre.
—También eso pensé, pero hoy por fin informaron de cosas de importancia. —La voz de Alaric era seria—. Desde la caída del señor tenebroso no hacían algo interesante.
—¿Qué fue hoy? ¿Dumbledore aceptó suceder como ministro de magia a Bagnold cuando esta se retire? Aunque ciertamente voy a extrañar celebrar desatado —Su compañero estaba enfocado en el camino, no había sonido alguno en la carretera—. No puedo imaginarme algo que sea de relevancia en estos tiempos.
—No.
—¿Entonces qué puede ser tan importante como la caída del señor tenebroso? ¿Alguien usó las heces de un perro de tres cabezas para crear oro? —dijo sardónicamente su compañero.
—El Vacío fue derrotado. —La respuesta sorprendió al otro auror.
—Tiene que ser una broma... Esa cosa ha estado en América desde mucho antes que incluso unos vikingos se asentaran en Vinlandia.
—Es verdad. Los magos en América comunicaron a los diferentes ministerios que su espíritu es indetectable —contestó Alaric y sonrió por dejar boquiabierto a su compañero.
—Carajo ¿Quiénes fueron el o los infortunados que acabaron con esa cosa sedienta de sangre?
—Los Mikaelson.
—Por las barbas de Merlín, ¿no por ellos tu familia tuvo que mudarse a Inglaterra cuando eras niño? ¿Y no son ellos los reyes de Nueva Orleans?
—Sí, eran ellos.
—Espero que no vayan a iniciar otra guerra mágica —dijo preocupado el amigo de Ric—. Si los americanos no lo controlan podría volverse un caos.
—Lo dudo, solo sobrevivieron dos de la familia.
—Como dice el viejo adagio «Que los monstruos se maten entre ellos». Debes estar muy feliz por la noticia —afirmó a Alaric, el cual no pudo contener la felicidad.
Alaric no negó ni confirmó. Luego comprobó el mapa, estaban cerca del epicentro mágico, las calles estaban demasiado silenciosas, pocas luces encendidas, un ambiente extraño incluso para un pueblo. Alaric bajó, su compañero se quedó esperando en el coche.
El hombre terminó de inspeccionar el exterior de la casa, nada estaba fuera de lugar cuando llamó a la puerta y nadie contestó, pensó que podrían estar fuera. Entonces oyó algo quebrarse e irrumpió en la vivienda, ya se las arreglaría para pagar reparar la puerta. Todo estaba normal, la tele estaba apagada, aunque el ruido del piso de arriba no se detenía. Por el rabillo del ojo vio un par de siluetas.
No tenía caso seguir fingiendo, se aproximó a ellas, en la oscuridad no parecía fuera de lo normal, cuando se acercó lo suficiente para poder ver, las dos mujeres estaban rígidas como una estatua. Comprobó su presión, estaban muertas, demasiado tarde para asistirlas, ninguna tenía alguna herida física visible, creyó que podrían haberse intoxicado, pero la estufa estaba apagada, un par de ventanas permitían ventilación y no había nada cerca. Solo restaba una opción, tuvo que ser un suceso muy llamativo para que fueran advertidos en el ministerio.
El sonido en la planta superior seguía constante como una gotera. Alaric subió lentamente las escaleras, tenía el apoyo de alguien en la calle y estaba preparado para enfrentar a cualquier sobrenatural o mago. Inspeccionó la habitación, una foto de dos mujeres sonriendo en París, otra en Teotihuacán. Nada interesante, avanzó hasta la habitación de dónde provenía el sonido, podía oír su propia respiración, sus pasos causaban más ruido de lo normal. Tomó la perilla, cuando abrió la habitación no era nada fuera de lo común, una cama individual, juguetes y peluches sobre ella. En la esquina estaba un niño lanzando pequeños objetos a un cajón de madera, no parecía notar la presencia de Alaric hasta que él lo llamó.
El niño alzó la mirada y vio al hombre grande, nunca lo había visto. Alaric sonrió, no quería parecer más raro de lo normal. En su interior seguía preguntándose si el niño fue el causante del evento del que recibieron una alerta, no había policías cerca y el vecindario estaba en silencio, además las luces estaban apagadas, no se había cuestionado hasta ese momento que parecía un pueblo fantasma.
—¿Quién es usted?
—Me llamo Alaric —Se arrodilló ante el niño, no quería lucir amenazante—. ¿Cuál es tu nombre?
—Mamá Alejandra me ha dicho que no hable con extraños. ¿Cómo entró a la casa?
—Vine a investigar una alerta, soy un agente buscando pistas sobre algún evento raro. —Trataba de sonar amable, no quería asustar al niño, era la única vida que encontró en el lugar—. ¿Tienes alguna pista?
—Usted no está mintiendo —dijo el niño seguro de sí mismo—. Mamá Elizabeth y mamá Alejandra siguen dormidas, no me han llamado para cenar y están en el suelo desde hace horas. —Ric no pudo evitar el escalofrío al escuchar el nombre de una de las mujeres y el pensar en que el niño no tenía idea de que sus madres estaban muertas— ¿Eso es raro, señor Saltzman?
—Un poco —respondió desconcertado Alaric, él nunca dijo su apellido, ¿cómo podía saberlo?
—¿Acaso dije algo malo?
—No, solo me tomaste por sorpresa, eres un adivino. ¿Puedes decirme desde cuándo tus mamás están dormidas?
—No lo sé, señor Alaric, llevan horas así. ¿Cree que estén molestas conmigo?
—¿Por qué estarían molestas contigo?
—Es que discutieron con alguien por mi culpa. Señor Alaric, ¿no les sucedió nada? —El niño dijo al borde del llanto. Ric no sabía cómo decirle que sus madres habían muerto, no quería ni imaginar si su hija tuviera que recibir noticias de esa índole.
—Yo, lo siento...
—Fue mi culpa, señor agente. Yo estaba molesto... No quería hacerles daño, ellas estarán bien ¿verdad? —La voz del niño sonaba más desesperada—. Solamente quería que guardaran silencio, nada más quería eso.
Alaric quería confortarlo con una mentira piadosa, pero algo le decía que si lo hacía el pequeño lo sabría. Un pensamiento cada vez más aterrador empezaba a molestarlo, el vecindario estaba en completo silencio, las mujeres muertas sin ninguna marca, la única persona viva es un pequeño con emociones turbulentas.
—Yo, no, no sé qué decir... pero —Alaric no sabía si era lo correcto, pero no podía mentirle al niño—... ellas, algo les sucedió y partieron al más allá.
—¿Al más allá? Pero ellas dijeron que estarían conmigo. ¿Fue mi culpa verdad? —El niño apenas pudo pronunciar sin quebrarse.
El niño comenzó a llorar, Ric no estaba seguro de que hacer ¿cómo consolar a un niño sobrenatural? A Alaric comenzó a dolerle la cabeza, una jaqueca como nunca, no podía enfocarse en sus pensamientos, emociones y recuerdos de lo peor que ha vivido comenzaron a abrumarlo, ¿qué estaba haciendo? El miedo comenzó a apoderarse de él y en un segundo todo se detuvo. Tardó en recuperar el control de su cuerpo, pero el dolor continuaba. Su compañero tenía al niño en brazos. Salió de la casa corriendo, reviso más hogares, en las más cercanas estaban personas muertas, todas sin marcas, inspeccionó en las más alejadas a donde se encontraba el niño, hombres y mujeres en estado catatónico. Un poder enorme, ¿por qué la naturaleza permite nacer algo así?
Tuvo suerte de que llevó a alguien como apoyo o pudo terminar igual, nunca le han gustado los psíquicos, esperaba no volver a encontrarse con uno por el resto de su vida y ahora tendrá que encontrar la mejor forma de lidiar con el pequeño. Resistió las ganas de dormir, no quería ser sorprendido por otra explosión del pequeño. Esperaba que no fuera tan diferente a lidiar con los arrebatos de las brujas, de eso tenía algo de experiencia.
