Chapter Text
"Su luz se debilitaba por momentos y él sabía que si se apagaba ella dejaría de existir"
- Peter Pan.
Las luces del lugar decidieron atacar los pobres ojos de Lawliet, dejándolo en trance por unos segundos.
Cuando regresó en sí mismo, notó un ardor proveniente de sus ojos, haciendo doloroso el proceso de adaptarse ante el ambiente tan distante. Y en su malestar, los sonidos perpetraron sus oídos, siendo consciente de todas esas teclas y las voces animadas que transmitía esa habitación.
A veces, no siempre preferiría estar observando esas pantallas que empeoraban su cara demacrada. Ni hablar de la postura o ese ardor en la córnea. Para mantenerse despierto, directamente mira la pantalla para que los estímulos lo mantuvieran inquieto. Esa maldita luz zarca era tanto su apoyo como enemigo.
Ciertamente, esta situación lo tiene suspirando.
Pero bueno, las quejas pueden ahogarse con los deliciosos dulces que descansan en su escritorio. La vida reduce su nivel de dificultad si eres un objeto simplón y estático.
Sus pensamientos se desvían entre los diversos sabores y texturas de los dulces, Lawliet jura que sus ojos están más dilatados de lo normal, impactados por la ambrosía que mermará su sufrimiento.
Cuando él intenta agarrar uno de esos dulces, sus articulaciones ardieron, deteniendo su trayectoria.
De repente, la idea ya no parece tan atractiva como antes, sus extremidades están a nada de colapsar por el agotamiento. Tiene que buscar una solución, pero poco se puede hacer si su estado deplorable grita por un merecido descanso.
Ya no hay nada, esos últimos recursos acaban de ser abusados hace unos momentos.
Desconsolado, le da un último vistazo a los dulces que se mofan de él para después bajar lentamente sus piernas apoyándose de los brazos de la silla. Sus pies tocan el gélido piso, mientras se amolda en el respaldo de la silla. Ante él, contempla la idea de desmayarse para que Light lo arrastre por el ascensor, pero tiene que despedir a sus empleados si quiere evitarles un trauma más. No es divertido pagarle más a Matsuda por su pequeño malentendido. Lo hace infeliz.
—Eso es todo. Disfruten sus días de descanso. —Musitó lo suficiente claro como para causar revuelo entre las personas, a Lawliet no podía importarle menos —exagerados—.
La oración de Ryuuzaki detuvo en seco lo que estaba haciendo Matsuda, causando que este arqueara una ceja y le dirigiera una mirada de incredulidad, esperando que diga ''Feliz día de los inocentes'' o alguna como esa. Sinceramente, podía admitir que estaba perdido. Matsuda llegó comparar a Ryuuzaki con un pez por lo complicado que es tratar con él. Si tuviera en sus manos la posibilidad de escoger, Matsuda preferiría al pez. No lo malentiendan, admira su trabajo, pero comprender a la persona que está detrás de ella es más complicado de lo que se piensa.
Él no es exactamente un observador, pero podía jurar que Ryuuzaki estaba a un pie de la tumba, para ser más precisos, de desplomarse por el cansancio. Si bien, siempre ha visto cansado al chico—curiosamente, es menor que Matsuda—,últimamente se ha estado atosigado de trabajos por el simple hecho de estar aburrido. Puede que se esté arrepintiendo en estos momentos.
Matsuda reprimió una mueca ante la idea de ser despedido por su propio jefe, puede verlo en la mirada hueca de Ryuuzaki que les está mostrando a todos. Es lo suficiente inquietante como para que los demás decidan acatar sus órdenes mientras se despiden rápidamente... a excepción de Matsuda, quien se dedica a mirar sus uñas despreocupadamente, entretenido con la mugre entre sus dedos.
Alguien debe hacer el trabajo pesado.
Sin más remedio, se dirigió hacia el lugar de Ryuuzaki aprovechando que este comenzara a disociar entre su entorno, indiferente de la presencia de Matsuda. Es escalofriante estar a dos pasos de distancia, siendo despreciado con la mirada que barre y niega su existencia con éxito, es indignante, pero bueno, es su oportunidad de arrancarlo de esa silla.
Su mundo fue sacudido por dos brazos torpes. Ryuuzaki gritó.
—¡Bájame, Matsuda! —trató de golpearlo, pero sus fuerzas disminuyeron con las acrobacias que hizo para mantenerse al día. Se mareó.
—¡Ryuuzaki no te muev-ay!, ¡no me muerdas! —balbuceó, mientras acomodaba al chico como un saco de papas. Pronto, Ryuuzaki dejó de moverse, le dio pereza seguir luchando.
No cree que Ryuuzaki lo esté perdonando, pero por lo menos ya no lo está mordiendo. Hace mucho que se fueron de la sala de investigaciones. Su destino está a 7 pisos de altura. No hay ruido. Tal vez la muerte solo esté sorprendida ante la proeza de su captor. Matsuda apuntó a su cabeza.
Los niveles bajo sus pies fueron disminuyendo conforme el ascensor subía con ayuda de los mecanismos. Matsuda tembló ante la musiquita de espera, Ryuuzaki también lo tomó como una señal para quejarse.
—Oye, sé que hice mal, pero al menos puedes decirme los insultos en nuestro idioma, chico grande —Matsuda sintió su corazón encogerse por el apodo que le dijo, pero su nerviosismo lo está haciendo escupir estupideces. Dios quiera y no vea las cámaras de seguridad, Light lo va a matar en un ataque de ebriedad... Como la otra vez.
El recuerdo le provocó escalofríos en lo más recóndito de su cuerpo, y esto no pasó desapercibido por el detective que está dormitando. Le falta el aire. Y unos kilos de más no estarían nada mal.
—No me importa, y deja de temblar —su voz se amortiguó entre el esófago, siendo bloqueado por la presión ejercida.
Matsuda no respondió, y fue lo suficiente alentador como para decidir dormirse en esa posición o esperar a que este volviera atacarlo con alguna tonta palabra suya. Claramente se inclinó por lo segundo.
—Por lo menos dime si puedes caminar cuando lleguemos a tu piso. No me gustaría escuchar parlotear a Light sobre mi falta de empatía al tener que dejarte ir solo entre tu miseria andante—él también está cansando, se ha asegurado de explotarlo laboralmente en este par de días, pero tal vez sea por lo descuidado que es por su salud.
Ver a otros sufriendo voluntariamente debe haberlo afectado. Puede decirlo por aquella vez en que sus ojos miraron con decepción a Light —Kira—. Aquel momento en el que los narcisos dejaron de ser hermosos, donde la desgracia cayó entre sus hombros.
—Tengo una mejor idea —Antes de que Matsuda reaccionara, Lawliet se safo de su agarre, y en cambio, rodeó con sus rodillas la cintura de Matsuda, mientras que sus brazos se amoldaron en el cuello de este para finalmente acomodar su cabeza en el hombro ajeno. Él está en su espalda, y ahora, Matsuda solo lo está sosteniendo de las piernas.
—¿Contento? —dijo secamente, no esperando recibir una respuesta positiva. Pero es Matsuda, y por alguna razón, encontró divertido su desdén.
Su comportamiento le trae recuerdos de una tarde con vistas al sol, el viento tocando sus rostros, siendo testigo de los versos que se llevó consigo. Lawliet inconscientemente le proporcionó una pequeña parte de él, cuyos tonos naranjas dejaron al descubierto una puerta que solo Matsuda apreció. Lo que sea que haya visto, le dio el coraje suficiente para seguir sus impulsos cuando se trataba de Lawliet.
—No por mucho, dime ¿asistirías a mi funeral? Ayer estaba viendo unos arreglos muy refrescantes, y no pude evitar pensar que eso está dentro de mi presupuesto. Te dejaré escoger mi traje mientras estes animando el funeral con tus comentarios alucinantes —su voz transmitía una tranquilidad y júbilo que no iban de acuerdo con ese tipo de petición, qué le hizo pensar que él asistiría, puede que celebre su muerte desde la comodidad de su cama mientras degusta los mejores dulces en su memoria.
—Demasiado tentador, ¿a qué se debe la ocasión? —el interés hizo olvidar su cansancio, claramente hay prioridades, aun si es Matsuda hablando estupideces.
—Bueno, creo que me estoy dirigiendo hacia mi verdugo, así que, te estoy contando mis deseos a futuro, por si un día amanezco suicidado con veinte tiros en la espalda —continuó con la burla. Pero no parece que se esté esforzando por ser gracioso.
—Matsuda, Light solo te mataría si le das algo dulce con alcohol, como bien recordarás —una sonrisa adornó sus labios, y el sentimiento desconocido lo animó a seguir conversando —. Y para tu sorpresa, Light se olvidará de que existes cuando me vea, usa bien tu oportunidad por si tienes que correr —alentó su idea sobre la posibilidad de morir.
¡Ding dong!
Al abrirse las puertas, Matsuda abandona el ascensor al mismo tiempo que recibía instrucciones por parte de Ryuuzaki. «Todo derecho... Izquierda y finalmente derecha. Puerta blanca» No tardó más de un minuto en llegar a la habitación indicada. Y como es de esperarse de él, tocó la puerta, esperando a que esta revelara el autor de sus pesadillas.
Toc toc
«Vaya, alguien se dignó a venir», si Ryuuzaki piensa que se va a guardar sus quejas sobre su promesa rota, está muy equivocado al respecto
Al abrirse la puerta, Light se quedó estático con lo que vio. Ni en sus sueños más esquizofrénicos llegó a este nivel de locura, para él, la ficción acaba de ser superada por la realidad.
Ryuuzaki le sonrió desde la entrada, siendo evidente de la presencia ajena a ellos dos.
—Hola, lamento traer a Ryuuzaki en estas condiciones —murmuró sin querer mirar al castaño, decidiendo ayudar a Ryuuzaki en su objetivo, así como llegó se aventó a la cama, o eso intentó, quedando con medio cuerpo fuera de esta.
—Gracias, Matsuda —respondió, observando el intercambio de respuestas apresuradas entre Ryuuzaki y Matsuda, siendo susurradas para evitar que Light logre descifrar algo en medio de la oscuridad.
Esos dos.
Light sonríe, perdonándolos por ser excluido de esa conversación tan intrigante, ¿de qué podrían hablar ellos dos, siendo dos mentes tan alejadas? Ahora, solo tararea para sí mismo, mientras se desplaza por la habitación, buscando adonde dejar su bata que lo mantiene entre el calor que acumuló.
Cuando regresó con ellos, la sensación de aturdimiento llegó hasta sus extremidades, haciendo lento su paso. Matsuda notó su cansancio, por lo que se despidió de Ryuuzaki, mencionado que los girasoles están bien.
Al cerrarse la puerta, Light se acuesta en la cama a lado de Ryuuzaki, asegurándose de no pisar alguna parte del cuerpo de este. Suspirando, gira su cuerpo para quedar en frente de Ryuuzaki, atrayendo la atención de este.
—¿Uh?, ¿qué quieres? —murmuró entrecerrando los ojos, tranquilo por la limitada luz de la habitación.
—Nada —toma una pausa—. Solo quería mirarte —dijo con su voz de seda, no perdiendo la oportunidad de tocar con sus manos las mejillas de Ryuuzaki, pellizcándolas en el proceso, obteniendo un quejido por parte de este. Sonríe, repitiendo el mismo acto solo para fastidiarlo un poco, desquitándose por haberlo preocupado.
Ryuuzaki detiene sus manos, apartándolas de su rostro para después empezar a propiciarle mimos en la cabeza de Light, entreteniéndose con el cabello de este, enredándolo entre sus dedos para causarle dolor cuando intente deshacer su desastre. También es una manera de distraer a Light para que deje de molestarlo.
Light ronronea, complacido por toda esa atención recibida.
Y una vez más Light regresa sus manos a esas bonitas mejillas, pero esta vez solo quiere tocarlas, tratando de acariciarlas mientras se queda embelesado por ese bonito color carmín que yace en aquellos cachetes.
Ryuuzaki no es indiferente a las reacciones de su cuerpo, pero no aparta su mirada de Light, aun si se esté quedando sin fuerzas para mantenerse despierto. La comodidad puede ser caprichosa si se lo lleva a las profundidades de su interior.
Light observa como los párpados de Ryuuzaki poco a poco se van perdiendo, acabando en colisiones de medialuna, dejando el lugar en silencio, perdido en la sombría soledad.
Una vez que Ryuuzaki cae en los susurros de Morfeo, Light le da un besito en la mejilla. No pasa mucho tiempo hasta que él también cierra los ojos.
Los rayos del sol se filtraban por toda la habitación, perdiéndose en la piel porcelana mientras tocaba aquel rostro, molestando al chico de pelo azabache entre sueños. Ryuuzaki frunce el ceño, soltando gruñidos por lo bajo. No queriendo abrir los ojos cubre su rostro con la cobija, evitando la fastidiosa luz que insistía en darle los buenos días.
Ante el persistente movimiento de Ryuuzaki, quien al no poder encontrar la posición cómoda ha ocasionado que el castaño despertará, aturdido por todo el escándalo que el chico azabache trajo consigo.
Light pestañea, tratando de acostumbrarse a todo lo caótico de su entorno, empezando a fastidiarse por los rayos del sol que entraban sin piedad alguna.
Sus manos tallaron sus párpados de lija, echando un vistazo a lo inquieto que estaba Ryuuzaki. Cansado, Light se arrastra hacia Ryuuzaki, deteniendo los movimientos de este, mientras lo acuñaba en sus brazos tratando de tranquilizarlo.
—... Buenos días, Light —masculló confundido mientras se esforzaba por mantener los ojos abiertos para que estos no entorpecer su vista, tratando de apreciar la luz que moraba en aquellos ojos del castaño que ahora espejeaban el fastidio en ellos, cohibidos por la intensa luz que atizaba contra su rostro. Pronto, esos ojos le sonrieron, reemplazando el fastidio que fue cubierto por la miel de estos mismos.
La habitación fue consumida por el ambiente cálido que emanaban los muchachos, siendo iluminada por la radiación de la luz.
Un gemido salió de los labios de Ryuuzaki, quien se encontraba cómodo ante los apapachos de Light. Sintiéndose adormecido, se dignó a esperar a que la indulgencia se acordara de él, para después caer dormido en su mundo utópico.
Light sintió la respiración tranquila de Ryuuzaki contra su pecho; permitiéndose cerrar los ojos concentrándose en los sonidos de su entorno, esperando unos minutos para después retirarse de aquella cama. Una vez satisfecho con ese pequeño descanso, abre los ojos, mirando con cariño al cuerpo que descansa sobre él, ajeno a los cálidos sentimientos que provoca en el castaño. Realmente se había sumergido en sus sentimentalismos que no notó los balbuceos provenientes de Ryuuzaki hasta que estos se hicieron cada vez más contantes.
Una pequeña risa escapó de sus labios, abrazando la realidad mientras rotaba junto con el cuerpo de Ryuuzaki, acomodándolo lentamente sobre el colchón, abandonando sus brazos a la vez que se ocupaba de cubrirlo con la cobija. Finalmente, se levanta de la cama, estando de pie observó su entorno, entretanto estiraba sus extremidades que quedaron adormecidas por el cuerpo que hace unos momentos estaba sobre ellas. Light cierra sus ojos al mismo tiempo que tomaba una bocanada de aire para después expulsar ese aire contenido, notando como sus extremidades se aflojaban.
Acabado su ritual, Light decide echar un vistazo al cuerpo que estaba enredado entre las sábanas, lo cual encontró bastante divertido, hasta que un travieso rayo picó su ojo izquierdo. Sus rasgos faciales se arrugaron, sintiendo cómo la molestia se manifestaba en forma de comezón en la palma de su mano. Con la boca torcida en una fea mueca, caminó hacia la ventana para cubrirla con la cortina, pero esta se cayó por la fuerza que ejerció Light sobre ella, y el tubo que la sostenía golpeó la mano de Light, haciendo que el castaño maldijera. Empezó mal su día.
Lastimado, decidió dejar ese desastre que causó para otro momento. La luz no se rinde, esto es la guerra.
—Pequeña mierdecilla —graznó molesto.
Light contempló la cortina que colgaba, siendo sostenida por el tubo que hace unos momentos se atrevió a golpearlo «¿Quién se cree? tubo». Miró su mano roja y la cara de Light se comprimió por el dolor, luciendo feo. Lanzó un suspiro de derrota, se dirigió a la cocina para preparar el desayuno.
Light movía las caderas al ritmo de la música, complacido por esta. Actualmente, la cocina se encontraba sumergida en los olores de la comida dulce y salada. Light siempre había sido un buen cocinero, aunque uno no tan limpio.
Pocas veces cocinó para Ryuuzaki, normalmente lo hacía cuando Watari no se encontraba con ellos o porque Light tuvo una discusión con su familia. Resulta que la terapia puede ser desplazada por unos días en los que Light se dedica a cocinar sin parar. El rechazo de su padre le afecta más que todas las palabras hirientes de Ryuuzaki le pueda decir sin titubear.
Light desearía tener esa misma frialdad de los dos como para decir que le importa una mierda que su padre evite que Light hable con su hermana Sayu.
Light desearía tener esa misma frialdad de los dos como para decir que le importa una que su padre evite que Light hable con su hermana Sayu.
Una vez que Light terminó, sirvió la comida. Realmente había una diferencia abismal; la gran parte de la comida estaba conformada por el dulce, mientras que una pequeña parte era la salada. Lo único en común eran esas copas de vino que el castaño sirvió. A Ryuuzaki le gusta beber de vez en cuando.
La luz se vio reflejada en la copa, quien orgullosa se mostraba ante Light. El color rojo purpúreo lo dejó embelesado, sosteniendo la copa entre sus manos, jugando con la gravedad de esta. Es el mismo color que cubre sus sentimientos punzantes, la tranquilidad fue desechada.
Tomó su copa y la de Ryuuzaki y las sostuvo en una mano, con su mano libre peinó su cabello, mientras que la sonrisa amarga se expandió entre sus labios. Listo, tomó la botella de vino en su otra mano y una vez más se dirigió a la misma dirección.
Puede que Ryuuzaki esté de humor para escucharlo. Siempre fue así, desde ese día solo se dedicó a escuchar, nunca más le dirigió la palabra cuando este lloraba en su hombro.
«Light y Kira son la misma persona [...] No puedo estar contigo si no logro aceptar esta verdad […] Te diré todas esas palabras bonitas, pero cállate»
Y la luz que moraba aquel lugar se enfermó de todos, parpadeante. Llorosa y sin noción, se despidió entre maldiciones que retumbaron en el espacio.
Un castaño lívido se deshizo entre vulgaridades, quien subía cada escalón de las escaleras, sintiendo que con cada paso que da esta se pierde en el espacio, agotando sus energías.
«Tranquilo... solo faltan cuatro pisos más». Light se detuvo, miró la botella de vino y la abrió, bebió como un desgraciado. Realmente el vino no lo estaba ayudando en su sed, pero por lo menos dejó justificar su ebriedad. Con hipo y una terrible deshidratación, el castaño se lamentaba subiendo las escaleras del cielo, de manera casi literal.
Light explotó.
—¿¡Quién tuvo la maravillosa idea de construir un puto rascacielos!? Jajaja, fue mi novio, duh —Oh, Light se tropezó— Ah ... ¡Fue él! ¡Tienes suerte de que te ame y no tenga el perro cuaderno, L! ¿¡Me oíste!? ¡Voy a subir cada maldito piso y voy a patear ese trasero y—Light se quedó agonizando en medio de la frase, qué pena— Ay, hoy no, jajaja. Quiero desayunar con él, je. Pero solo tengo... ¿La mitad de la botella?, ugh, detalles.
Light, ebrio y agonizante, pudo vislumbrar el pasillo. Cansado, se tira al piso sin reclamos, no sin antes cuidar las copas y la botella de vino del impacto. Con la vista hecha estrellas, alucinó con ver una sucia luz, incrédulo y con disgusto se levantó del pulcro piso. Una risa desquiciada fue apagada por la sustancia de la botella, y al mismo tiempo catalizó la molestia que estaba a punto de hacer llorar a Light.
Relajado, caminó hasta llegar a la habitación. Él abrió la puerta, encontrándose con una deliciosa vista, oh, no, Light sonrió para sus adentros.
—¡Buenos días, cariño! Debo agradecerte por esa vista, justamente estaba pensando en golpearte —Light fue directo a rodear con sus brazos al detective, quien se encontraba algo sorprendido por ver a Light en ese estado. El castaño se encontraba fatal a la vista, aunque sigue siendo guapo.
Light ayudó a Lawliet a colocarse su playera de Hello Kitty, aunque este aún seguía en bóxer. Ryuuzaki siempre tuvo problemas en colocarse su playera. El castaño le ofreció una copa, mientras miraba divertido a Ryuuzaki
Extrañado, Lawliet acepta la copa de Light, esperando a que el castaño la llenara con el líquido rojo. Con lo que quedaba de ella.
—¿Tienes algo que decirme? Te ves fatal, no me ensucies las cobijas —agregó, escudriñando a Light con la mirada, haciendo que este le mostrara una mueca sin romper su sonrisa. ¿Eso es posible?
—Ouh, tan observador como siempre, Ryuuzaki. Es cierto, no estoy presentable. Vamos, bebe un poco —acercó la copa a los del detective, dejando que este se tomara todo el contenido de una.
Light intentó tocar el hombro de Lawliet, pero los efectos del alcohol se hicieron aún más evidentes. Él estaba tocando a la Nada.
—Aquí estoy, Light. No me pierdas —el castaño se alegró al encontrar su hombro, que a su vez un deseo se adhirió a él—. Oye, ¿me estás escuchando? —Light estaba muy concentrado en observar a los Lawliet, no supo cuál de ellos era tangible, pero ambos lo hacen feliz. Light se preguntó si Lawliet le permitiría su capricho.
Con una mirada desinteresada y con aires de diversión, dejó la botella y las copas de vino en la cama, importándole poco si está se manchaba.
—Sí, te estoy escuchando. ¿Sabes? Te noto algo extraño, creo que... —rodeó con sus brazos la cintura de Ryuuzaki— deberíamos bailar, prometo no pisarte—un escalofrío recorrió la espalda de Ryuuzaki.
—Light, no creo que —demasiado tarde, el castaño ya lo tenía girando sin sentido. Él se dejó.
La melodía de Light que estaba cantando, no la pudo reconocer. Pero lo poco que se escuchaba de los labios del castaño, era suficiente para que Lawliet observara a Light, quien se veía un poco melancólico. Pronto, el baile comenzó a tener sentido, un ritmo. El cual estaba establecido por este último mencionado. Ryuuzaki se dejó guiar.
La mente de Light estaba sumergida en el pasado.
Él recuerda.
Y lo que vio lo dejó decepcionado.
Aún en su momento de poca nitidez, Light se preguntó si él se podría perdonar como lo hizo Ryuuzaki. Es una mentira que le gusta creer.
A veces, cuando Light creía que Ryuuzaki tenía la capacidad de perdonar, solía compararlo con el mar. Las marcas en la arena —sus errores, sus culpas, lo que le había hecho— eran borradas con las olas del mar. Las olas casi siempre borraban las marcas. Light se preguntó si algún día Ryuuzaki dejaría de perdonar los errores de Light. Tal vez esas olas no siempre me lleguen a borrar.
Solo me aceptó. Él también está solo.
Light apoyó su cabeza en el cuello del detective, no quería que lo viera en esa situación. Dejó de tararear, porque seguramente si continuaba, Light lloraría. En su lugar, decidió balancearse junto con el cuerpo que sostenía en sus brazos.
La tranquilidad se vio afectada por la nula incandescencia de la sintonía de Light. Lo que sea que este estuviera pensando, hizo que Lawliet se detuviera ante el deprimente aspecto del castaño, quien apenas le dirigió la mirada. Lawliet tomó entre sus manos la quijada de Light, necesitaba verlo, pero, aun así, este no le dejó. Sin más remedio, Lawliet lo besó, tomando a Light por sorpresa.
Light dejó de pensar, en cambio, se entregó en esos dulces labios que clamaban su atención. Light se apretó junto con el cuerpo de Lawliet, necesitaba sentirlo.
Light tiró de su labio, demandando entrar en esa bonita boca, Lawliet no se hizo de rogar.
Notando más tranquilo a Light, rompió el beso, obteniendo un puchero por parte de Light.
—Eres lindo, déjame darte otro beso o te lo robo —intentó amenazar Light, haciendo reír a Lawliet.
Light besó ambas mejillas. Están frías.
Lawliet vio recuperar la luz que casi se extinguía en Light.
Light pareció olvidar el causante de su tristeza, en cambio, un recordatorio cayó como balde de agua en la cabeza de Light, recordándole el desayuno que se encuentra frío.
—¡Ay, Dios! —Light salió disparado de la habitación, dejando a Lawliet confundido.
—¡Espérame, Light, no estás en condiciones! —Lawliet se estaba terminando de poner el jean azul de siempre. Hasta que un grito del castaño lo alertó.
—¡LIGHT! —Un castaño inconsciente se encontraba tirado en el piso del pasillo.
Lawliet se rio al encontrarlo. Este día no tenía sentido.
