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Capítulo I : Caminantes del alba
No era la primera vez que despertaba en medio de la madrugada sudado y al borde de un ataque de pánico. Pero algo en esa noche había sido diferente. Ya sea culpa de la lluvia torrencial, de que Malia y su padre apenas habían conseguido despertarlo luego de arduos intentos o que por alguna extraña razón se había sentido diferente, más real. Por eso salió corriendo de su casa sin mirar la hora y condujo de manera automática hasta el loft. El refugio de la manada, tal como Kira y Liam lo habían apodado.
Quería creer que esa era la razón, pero la verdad es que no podía hablarlo con nadie más. Mencionar a Allison era abrir esa herida sangrante en el corazón de Lydia y Scott, sus mejores amigos. Y Derek era lo más cercano a un amigo que podía tener después de ellos. El único que podía comprender lo que se sentía.
—¿Hace cuánto que sucede? Que sueñas con esa especie de Allison en el Nemeton— inquirió Derek al cabo de unos minutos.
—¡Era Allison! No una especie. Era ella —corrigió Stiles, inconscientemente levantando la voz, pero volviendo a disminuirla enseguida, todavía nervioso— Con ojos rojos, pero era ella —insistió bajando su mirada al leer su expresión a la perfección, esa ceja levantada de incredulidad que siempre lo alteraba— Después del Nogitsune. Empecé a soñar con Allison después de que lo derrotamos. La escena es como te la conté, siempre la misma, nunca varía una sola palabra. Pero antes los sueños eran distanciados. Ahora sueño con ella todos los días, a veces más de una vez… Y siento que cada día que pasa se vuelve más real. Temo que se vuelva realidad. O al menos mi realidad, que quede atrapado en mi propia pesadilla.
—Me suena a cierto deja vú —bromeó Derek resoplando una sonrisa, dándose cuenta tarde de que lo había dicho en voz alta al ver la expresión confusa del contrario— Lo siento. Sólo recordé cuando Kate me atacó antes de llevarme a México. Soñé contigo. Estábamos en los vestuarios del colegio y yo te contaba…
—¿Por qué soñaste conmigo?— lo interrumpió.
—¿Cómo sabes si sigues soñando? Tus dedos. En el sueño me lo dijiste, tienes más dedos…
—O estos se ven deformes. Varían de tamaño y hasta pueden parecer de extraterrestres, monstruosos. Además de que no puedes leer nada —acotó volviendo a interrumpirle y suspiró, procediendo a ponerse de pie— Oye, lo siento. Tienes razón, sólo es un tonto sueño. No debí venir. Ni siquiera sé por qué lo hice. No es tan importante. Ni siquiera…
—Stiles —pronunció Derek de manera firme, interrumpiendo su verborragia, y lo miró serio hasta que el menor decidió obedecer su orden muda y tomó asiento en el sofá; suspiró y ablandó su semblante— El Nogitsune creó muchas ilusiones en tu mente mientras existió, pero él ya no está. Lo derrotamos, Stiles. No va a volver. Y él no eras tú. Tú no mataste a Allison. Soñar con ella sólo es parte de tu remordimiento, pero no eres culpable de su muerte. Nadie te culpó nunca por ello, ni siquiera Chris, así que olvídate de eso. Sé que es difícil, pero tienes que hacerlo.
—¿Cómo lo superaste tú? Cuando mataste a Paige… Peter nos lo contó a Cora y a mí— aclaró ante su rostro desconcertado, un poco asustado de que el lobo fuese a estrellarlo contra una pared como solía hacer en sus primeros tiempos por entrometerse en sus asuntos personales.
—Tenía que ser Peter —expresó extrañamente sin disgusto, resoplando una sonrisa nostálgica— A diferencia de ti, yo siempre preferí no hablar las cosas con nadie. Y teniendo en cuenta que vivía en una manada de lobos donde no podías encubrir ninguna emoción, tampoco el olor del lugar a donde habías estado, me resultaba mejor ser reservado. Pero mi entrometido tío nunca hacía caso de las preferencias de los demás. No sabías cómo había hecho para estar en dos lugares al mismo tiempo, pero él siempre lo sabía todo. Y también sabía qué decir. Aunque no querías escucharlo, él te hablaba. Y siempre te tranquilizaba. Fueron sus palabras y el cariño de mi madre los que me permitieron superarlo.
—¿Qué fue lo que te impidió caer después?— cuestionó mordiendo la uña de su pulgar derecho, encorvado apoyando los codos en las rodillas y con la mirada fija adonde Boyd había caído muerto.
Derek no supo qué responder. Ninguno de los dos había estado ahí después del incendio. Sólo Laura. Y aunque acababa de transformarse en la nueva Alfa, su hermana lloró desconsolada en sus brazos como una niña pequeña hasta que cayó dormida. Deaton estaba. Él había hablado. Pero obviamente no era lo mismo, sus palabras no tenían el efecto de la parafrasería de su tío. Sería tal vez que había tenido que volverse frío para absorber el dolor de su hermana y el suyo, pero ni siquiera él sabía cómo lo había superado.
Lo observó unos instantes en silencio, pensando en las palabras que mejor servirían, y lo halló tan concentrado. Siguió la línea de visión del chico y ahí comprendió a lo que se refería, a cuando sus manos habían vuelto a matar a uno de los suyos. Suspiró con pesadez. Esa respuesta la sabía. Otra vez había sido su tío. El único hombre sobre la Tierra que probablemente nunca había sentido remordimiento alguno por la sangre que manchaba sus manos.
—Ustedes —respondió, obteniendo la mirada desconcertada que esperaba— Y que de alguna manera todavía tenía una manada. Había perdido a todos mis Betas y ya no era un Alfa, pero éramos una especie de manada. O eso me dijo mi tío con sus palabras enrevesadas. Y que no podía desaprovecharlo. Ese Peter… Creo que a veces tenía ciertos lapsos de lucidez— bromeó y rió pensando en la expresión que pondría su tío si lo escuchara.
—¿Crees que cometimos un error al encerrarlo en Eichen House?
Y aunque Stiles siempre había sido el primero en desconfiar de Peter y en aseverar a todos que ninguna de sus intenciones eran buenas, nunca estuvo de acuerdo con lo que hicieron. Una cosa era encerrarlo en ese psiquiátrico ¡¿Pero con Valack?! Era casi lo mismo que el Nogitsune había hecho con él. Nadie en el mundo, ni siquiera Peter, merecía una condena eterna como esa. Y lo recordó. Los lobos vivían mucho más que un humano, dos veces más, tal vez tres si sacaba cálculos con los datos que tenía sobre la Alfa Satomi ¿Por qué resultaba tan difícil sacar edades de todas esas malditas criaturas sobrenaturales?
—Tenemos que despertarlo— exigió ante el silencio prolongado del lobo, si bien por dentro reconocía que la especie de coma en la que Valack lo había inducido podría ocasionar algo peor que lo que el fuego había hecho, que podría ir por todos ellos con otra nueva Deadpool y esta vez probablemente no sobrevivirían.
—No hay manera, lo sabes. Nunca podrás convencer a Lydia.
—Cualquier Banshee podría hacerlo. Y eso sería más peligroso. Meredith…
—Meredith y Peter ya no están atados. Ella comprendió que mi tío estaba equivocado, que el que le ordenó llevar a cabo la Deadpool fue un lobo herido y salido de sus cabales.
—¿Qué tan seguro estás de que lo entendió?— insistió tozudo como sólo él era.
—Porque Lydia estuvo haciendo con Meredith lo que tú con Malia, readaptarla a la sociedad. Pero si no estás tan seguro, ayúdala. De hecho, creo que eso sería lo mejor. No desconfió de que Lydia pueda conseguirlo, pero Cora siempre repetía que parecías un domesticador de animales, como ese que daban por la tele cuando ella era pequeña y que le encantaba. No se perdía un solo capítulo —sonrió ante el recuerdo y enseguida suspiró desanimado— Lástima que no te funcionó con Peter. Cora tenía la esperanza de que pudieras conseguirlo.
—¿Se lo has dicho?
—Dios me libre de tener que hacerlo. Ella es más terca que tú, Stiles. Jamás entenderá que nuestro tío nunca volverá a ser el que era. Tú al menos comprendes que Scott no tenía más remedio, pero ella ni siquiera va a agradecer que lleve una política de no matar personas. Arremeterá contra Scott. Va a enloquecer y no voy a ser capaz de detenerla… No quiero atacarla. Tampoco quiero que se vuelva como Peter— explicó con la voz quebrada, asustado de sus propias palabras.
Stiles no lo dudó. Se levantó, caminó hasta donde Derek, se sentó a su lado y colocó una mano en su hombro como contención. Tal como aquella vez en que Boyd murió, así lo sintió el lobo, y extrañamente el dolor disminuyó. “El calor de la manada”, lo llamarían los viejos lobos.
Observó el loft en el radio de su alcance, tan cargado de muebles desde que los chicos lo habían bautizado como la guarida de la manada. Cojines y sillones abarrotaban el centro, mientras la cristalería y la vajilla atosigaban los muebles de su cocina. Tres años atrás no se hubiera imaginado el vuelco abismal que iba a tomar su vida al cruzarse con Scott McCall y Stiles Stilinski.
~*~*~*~
—¿Acaso es lo único que comes?— bromeó Isaac cuando la camarera dejó los pedidos sobre la mesa y los ojos del otro lobo brillaron como si estuviera mirando un filete jugoso.
—Es una droga sana— se defendió Jackson con una sonrisa antes de atacar su tostado de jamón y queso, volviendo a hacer reír al rubio.
Le gustaba su risa. Y le gustaba provocarla. Cuando se enteró de la muerte de Erica y Boyd, creyó que no volvería a verlo reír porque ellos eran como hermanos para él. Y se lo reiteró a sí mismo cuando se enteró de que Allison había muerto en brazos de Scott, confesándole su amor incondicional como la Julieta de Shakespeare, a pesar de haber mantenido un romance con Isaac. Así lo había descrito Lydia cuando había sido capaz de hablar. Miró a Chris y éste le sonrió fugaz, quitando enseguida la mirada y concentrándose en su bistec. Maldito cazador, siempre leía y deducía antes que los demás, provocándole a veces una especie de tensión y nerviosismo.
—Lo llaman “Tine dubh” (*)—manifestó Deaton de pronto, al terminar de escribir unos datos en su cuaderno, dando un hondo suspiro y tocándose el mentón, expresión que pocas veces le había visto Chris en su vida, pero que no indicaba nada bueno.
—No me importa cómo se llame. No quiero volver a poner un pie en ese lugar. Por favor, díganme que no tenemos que volver allí— exigió Isaac con la expresión de un niño encaprichado, cruzándose de brazos.
—Se sentía horrible. Todas esas emociones y esos olores… El olor era peor— acotó Jackson en apoyo a su compañero.
—Tal vez tengamos que echar otro vistazo. Sólo uno más, chicos. Vamos, son lobos. Han pasado por más que esto. Sólo un día más —pidió Chris con esa misma paciencia y expresión suplicante que siempre conseguía convencer a su preciosa Allison, luego de cruzar miradas preocupadas con el otro hombre— Vean el lado bueno, si no nos hubiéramos cruzado con Jackson, estaríamos liados en torno a este asunto por semanas.
—Créeme. Nada como un bosque profundo liberado de personas que te ametrallan con sus miedos y apestan a emociones. Si no fuera por el bosque, ni siquiera sé cómo hubiera sobrevivido en esta ciudad donde todos conocen a los Whittemore— se quejó el joven británico, reiterando la razón de conocerse en profundidad los bosques de la ciudad, sin querer confesar que de alguna manera le recordaba a su vieja Beacon Hills.
—Sus lobos no conocen el lugar ni lo que significa, pero sienten lo que es. Es por eso que ustedes creen que están nerviosos, cuando en verdad sus lobos están aterrados. Aunque no les guste la palabra, es así, se encuentran helados de miedo. Pero no son los únicos. Escuché varios casos de criaturas sobrenaturales que estuvieron allí y que no eran capaces de controlar sus emociones— explicó Deaton.
—¿Y qué es ese Tune…?— preguntó Isaac haciendo ademán con su mano al no terminar la palabra, como diciendo “lo que sea que se llame”.
—“Tine dubh” —reiteró el hombre conteniendo la risa— Un antiguo campo Druida. Y un poderoso centro de hechicería. Los más… cuestionables. Sí. Cuestionables rituales se han ejecutado en esa zona, deshabitada y en desuso por más de trescientos años. Al principio me costó reconocerlo. Los mismos Druidas temían a ese lugar…
—¿Cómo podían temerle si era de ellos?— inquirió Isaac, con esa manía que tenía de interrumpir a las personas.
—Porque ellos no lo usaban. Los Darach lo hacían ¿Recuerdas a Jennifer? —preguntó mirándolo con una sutil sonrisa, consciente de que esos niños jamás olvidarían a un sujeto como ella; y consiguió lo que pretendía, el nerviosismo latente del muchacho— Esa es la razón por la que era temido. Rituales oscuros y cientos de sacrificios se han realizado allí. Los Calcavecchia eran el clan que regía esas tierras, mezcla de Druidas y Darach. Un día las cosas se les fueron de las manos a los Darach de la tribu y Los Druidas decidieron poner un alto. Los cazaron, los condenaron y sellaron el “Tine dubh” para evitar que se desaten nuevos accidentes. Era eso o que el clan completo desapareciera, cazado por todos los Druidas del mundo en un intento por mantener el equilibrio a como dé lugar. Ahora alguien o algo destruyó las barreras de protección y utilizó el “Tine dubh” hace menos de un mes.
—Y quieres encontrar a los Calcavecchia para saber si tienen algo que ver. Pero hay algo más ¿Cierto?— inquirió Chris preocupado, algo en ese nombre le producía resquemor.
—Tal vez sea simple casualidad, pero antes de enterarme de esto me enviaron un viejo libro donde, entre varias cosas, contaban una antigua historia. Muy particular. Los llamaban “Hikers albain”, los “Caminantes del alba”. En otras leyendas, “los Malditos del Tártaro”. Muchos Druidas tenían la creencia de que además de este mundo y el de los muertos, o el cielo y el infierno, existía un mundo paralelo conocido como “el bosque de las almas perdidas”. Un lugar oscuro y neblinoso, gris, triste, a donde iban a parar las almas de aquellos seres que no pudieron morir realmente, los que quedaron con cuentas pendientes o llenos de rencor, aquellos que no han comprendido todavía que están muertos, los que han sido condenados, los que se niegan a morir y los que de alguna manera se han relacionado a la oscuridad o a un canal energético muy poderoso.
—El Nemeton— pronunció el cazador con un hilo en la voz, sabiendo que de manera indirecta estaban hablando de su hija.
—Como dije, puede ser simple casualidad, pero…
—¿Y quién le dio el libro?— cuestionó Jackson curioso y un poco escéptico, inconsciente de lo que ese antiguo árbol sagrado representaba realmente para Christopher Argent.
—Mi hermana. Por eso llamé a Chris. Porque estoy seguro de que lo que sucedió en “Tine dubh” está relacionado a Beacon Hills. Lo que sea que fue liberado o resucitado, irá hacia Scott y su manada.
Chris suspiró cansado y se frotó el rostro. No habían pasado siquiera tres meses desde que había finalizado el incidente con su hermana y los Berserkers. Todavía no había podido encontrar a Kate y “Los Calavera” le habían permitido el tiempo necesario para que trabajara con Deaton, conscientes de su lealtad, pero en algún momento debía volver con ellos y los problemas en Beacon Hills nunca se resolvían fácilmente. La última vez habían conseguido regresar todos a casa y como un idiota había creído que, con Peter fuera de camino y encerrado para siempre en Eichen House, Scott y sus amigos al fin podrían vivir una vida tranquila, lo que su preciosa Allison sería incapaz de hacer.
—Entonces ¿Cuánto tiempo más se van a quedar?— preguntó Jackson tratando de fingir indiferencia.
Después de todo, nunca le costó fingir ante los demás, algo que parecía haber nacido con él. Incluso su Alfa había elogiado su capacidad de engañar a los lobos cuando se lo proponía, incapaz de poder leerlo algunas veces en el poco tiempo que habían convivido.
—Creí que tal vez te apetecería volver con nosotros— manifestó Chris en una proposición indirecta.
—No sé si estoy preparado para regresar.
—Podemos intentarlo juntos— propuso el otro lobo, colocando una mano sobre la de su compañero y produciéndole una extraña sensación de tibieza.
Imprevistamente, dos muchachas pasaron cerca suyo cuchicheando que hacían una bonita pareja y que querían un novio tan tierno como el rubio de la chalina. Ni siquiera el suspiro enamorado de una de ellas pasó desapercibido para sus oídos lobunos. Isaac enseguida retiró su mano ruborizado y Jackson, por el contrario, estalló en una risa desaforada. Aquél le arrojó el platito de maníes de cerámica, vaciado menos de diez minutos atrás por su compañero, y se cruzó de brazos molesto.
—Igual no es como si fuera así. Somos Betas del mismo Alfa. Por consiguiente, seríamos como hermanos. Y el incesto es asqueroso.
—Que seamos una manada no significa que seamos hermanos porque nunca vamos a compartir la misma sangre ¿Sino qué me dices de Boyd y Erica?— refutó sobándose el brazo como si de verdad le hubiese dolido el golpe, tan teatrero como él era.
—Haz lo que quieras. Sólo trataba de ayudarte. Pero mejor lo podemos dejar aquí— manifestó lo último mirando a Chris.
El hombre sólo asintió con la cabeza, tratando de controlar la risa que le ocasionaba esa pequeña riña, la que no supo explicar por qué le recordó sus propias diatribas adolescentes con su hermana. Y había sido una suerte de alivio que su preciada Allison le dejara un lazo de unión con Isaac antes de partir. Eso en parte lo había ayudado a no caer tan profundo, porque todavía tenía alguien a quien cuidar.
~*~*~*~
Se desperezó debajo de las sábanas y se acurrucó de nuevo haciéndose una bolita como los caracoles, decidida a volver a dormirse. Se sentía demasiado cansada, pero no recordaba haber pasado tantos días despierta ni haberse quedado estudiando hasta tarde… o mirando una película a escondidas para que su madre no la regañara. Trató de pensar en lo último que había acontecido o dónde había estado, pero el cansancio le complicó las cosas.
También había algo extraño en el ambiente, alrededor suyo. Inspiró profundo y el aire se sintió pesado y cargado de olor a fresias. Olfateó las sábanas, efectivamente olían a fresias. Pero su madre detestaba ese olor porque le recordaba a su cuñada. Y siempre existió una disputa rara en torno a ellas que nunca pudo averiguar. Mas en ese instante lo recordó, ambas estaban muertas. Y muy lejos de ella, en otro infierno.
Abrió los ojos y observó todo tan blanquecino y borroso a través de las sábanas. Parpadeó un par de veces tratando de despertarse de una buena vez y chasqueó sus dedos para correr las sábanas de su rostro, acostumbrada como estaba a que todo se moviera a su voluntad… pero nada sucedió.
Se sentó de golpe en la cama y observó hasta el mínimo resquicio visible de la desconocida habitación. Miró sus manos tan nítidas y frotó sus dedos, luego tocó su rostro y después las sábanas, como un niño cuando comienza a descubrir las cosas, sintiendo la textura de las mismas de un modo que hacía mucho tiempo tenía vedado. La rugosidad, lo liso, lo frío, la espuma del muñeco descocido al borde de la cama… hasta la tibieza de su propio cuerpo. Todo se sentía menos difuso y volátil de lo que estaba acostumbrada.
Ligeramente esperanzada, se levantó y caminó hasta el espejo de la cómoda, encontrándose allí tan perfectamente Allison. Como la última vez que recordaba, aquella mañana en la que el Nogitsune había raptado a su mejor amiga, así de idéntico lucía su rostro. Se tocó los brazos y, al sentirse la piel de gallina, se emocionó como nunca antes lo había hecho porque eso sólo significaba una cosa ¡Estaba viva! ¡Y había vuelto a casa!
—¡Papá! ¡Papá! —gritó Allison ansiosa y desesperada corriendo fuera de la habitación a buscar a la única persona que había añorado durante lo que le parecieron centurias atrapada en aquel horrible bosque neblinoso— ¡Papá! ¿Dónde estás, pa…? —mas se detuvo de golpe al entrar en la cocina y encontrarse con una joven de cabellos oscuros del otro lado de la mesada— ¿Lori? Pero... No lo entiendo. Todo se sentía…
—¿Real? ¿Pesado? ¿Prefieres desayunar primero y después las explicaciones?— inquirió la joven levantándose para prepararle algo.
Allison negó con la cabeza, seria, decepcionada en cierta medida. Tal vez sólo era parte del proceso y ella lo había malinterpretado. Sabía que el estar tanto tiempo adentrado en un sueño ficticio dentro del “bosque de las almas perdidas” iba transformando ese mundo ficticio en una realidad eterna. Sabía también que estaba muerta y que debía aceptarlo, pero todavía guardaba tontas esperanzas de poder volver un día al lado de su amado padre, quien seguramente se encontraría tan solo y perdido como ella había estado hasta que había conocido a Lori. La necesidad de volver con su padre era lo que le daba fuerzas, lo que la hacía luchar por mantener la cordura.
Dio un vistazo general a la cocina y a la Druida enfrente de ella. El bosque oscuro estaba allí fuera sin lugar a dudas, en alguna parte, esperando el momento en que los arcoíris desaparecieran y volviera a caer en el bosque maldito. Porque sabía que un sueño forjado no te liberaba realmente del bosque, sólo te ofrecía un respiro de ese agobio de oscuridad y niebla. Dio un hondo suspiro para no llorar y volvió a sentirlo, había algo diferente en el aire. Chasqueó los dedos y nada sucedió, ni fuego alrededor, ni el techo había desaparecido y tampoco se habían transportado a otra zona, no llovía, no…
Miró recelosa a su compañera y salió hacia la sala, siendo seguida por la otra joven, que prefirió no pasar de la puerta. Allison observó alrededor buscando algo que le sirviera, se encaminó hacia el sofá y agarró una revista, pero la dejó caer antes de intentar leer, dirigiéndose a la ventana. Al abrirla, el aire golpeó sutil su rostro, sintiéndose todavía más extraño. Era frío y parecía real, demasiado real, demasiado pesado.
—Los arcoíris no están ¿Estamos en un sueño tuyo? ¿Por eso se siente tan diferente? ¿Por qué no me lo dijiste antes? No es divertido no entender lo que sucede ¿Pero cómo pasamos de un lado al otro?— inquirió la cazadora primero molesta, pero al final curiosa, en modo alguno preocupada, observando todo lo que podía a través de la ventana.
—Sí, tal vez habría sido mejor empezar con la explicación —apuntó con su habitual tono sarcástico— Es el mundo real, Ally. Estás viva. Ambas lo estamos. Lo que sientes tan extraño sólo son tus sentidos intentando acostumbrarse de nuevo a la vida. Pasará pronto, créeme. Te llevo tres días de ventaja en esto.
—¡¿Realizaste un sacrificio con un inocente?!— inquirió Allison indignada.
—¿Cómo podría estando encerrada en tu sueño? —cuestionó sarcástica con una ceja levantada y se dio vuelta para adentrarse en la cocina, a donde sabía que la otra la iba a seguir— Una amiga nos revivió. Pero no realizó ningún sacrificio. Como sabes, yo no estaba muerta, encadenada a ti lo parecía, pero Jen nos salvó antes de que pudieras matarme y te ató a mí. No es un procedimiento frecuente, pero es efectivo.
—Entonces… Ya no soy humana ¿Cierto? ¿Y qué se supone que sea? ¿Un zombie?— cuestionó bastante preocupada de que su teoría fuera real.
—No te ves azulina, con ojos desorbitados, la piel chupada y con deseos de comer cerebros humanos— bromeó la Druida enlistando las diferentes características que algunas personas asignaban a esas asquerosas criaturas.
—Hablo en serio, Loraley— exigió molesta, sin utilizar el apodo con el que siempre la llamaba, un diminutivo de su nombre, dándole a entender que no estaba para bromas.
—“Caminantes del alba” los llaman. Y eso no te convierte en zombie. Humanos, en cierta manera. O lo que sea la criatura sobrenatural que hayas sido antes de llegar al bosque maldito. En tu caso, casi humana. Para el resto de la gente te ves humana. Para los Druidas y algunas criaturas sobrenaturales pasarás como una criatura sobrenatural, pero no podrán sentir qué eres en realidad. O al menos eso es lo que me explicó Jen.
—¿Hay otros más?— cuestionó curiosa, en cierta manera esperanzada.
Mas antes de que Loraley pudiera responder, se escuchó la puerta de entrada ser azotada y alguien caminando a prisa. Inconscientemente, Allison se puso de pie y olfateó el aire como un sabueso, dándose cuenta casi enseguida de que sus actos se parecían a los lobos. Se llevó una mano a la boca, entre sorprendida y nerviosa. Casi podía jurar que sus orejas también se movían como los dibujos animados al escuchar el ruido de bolsas friccionarse entre sí.
—Olfato y audición. Dos sentidos que has desarrollado en tu vuelta del “bosque de las almas perdidas”.
—¡¿Casi humana, Loraley?! ¡Parezco un lobo! ¡Un lobo! ¡Mi familia cazaba lobos!— se quejó escandalizada.
—Tenemos un problema— interrumpió nerviosa una mujer, entrando a la cocina y aventando las bolsas en la mesada.
—¡¿Tú?!— cuestionó asustada la joven cazadora, el corazón latiendo a mil al reconocerla.
La mujer recién ahí se percató de ella, pero al contrario de lo que hubiera supuesto, sonrió cariñosa. Eso le produjo más resquemor. La mujer trató de acercarse, pero la adolescente retrocedió hasta la pared, casi chocándose con una silla, obligándola a desistir para no ponerla más nerviosa.
—No tengas miedo, Allison. Todo está bien. Estás a salvo con nosotras, libre del bosque maldito para siempre. Puede que te sientas desorientada, pero es normal, acabas de revivir ¿Le has explicado?— inquirió a la otra joven.
—Sí. Pero creo que prefería estar muerta— respondió Loraley un poco dubitativa, de una manera que sonó a sarcasmo sin pretenderlo.
—Pero eso no era posible ¿Se lo has dicho? Te estaba matando. Y si te mimetizabas con su sueño…
—¡Lo sabe! Se lo dije. Le dije todo. O al menos lo esencial. No le dije que lo hicimos sin permiso de nadie y que cabreamos a varios.
—Sí, bueno, sobre eso… Parece que hubo una “pequeña falla” en el “Tine dubh”— explicó haciendo comillas con los dedos, tratando de minimizar el problema.
—Con eso te refieres a…
—Por ahora creo que estaremos bien si nos mantenemos encerradas en el departamento. Sólo por precaución mientras intento averiguar qué fue lo que salió de allí y a dónde está. Pero creo que vamos a tener que mudarnos pronto. También por precaución. Traje cenizas de la montaña. Es una ceniza rara que los Calcavecchia no van a poder rastrear— explicó tratando de actuar tranquila, pero para nada convencida.
—¿Cómo te llamas?— cuestionó Allison desde su lugar, interrumpiendo la conversación y mirándola desconfiada.
—Soy Jennifer. Pero puedes llamarme Jen si lo prefieres… Allison ¿Puedo llamarte Ally? Lori dice que utilizar diminutivos de nombres une más a las personas— respondió con otra sonrisa cariñosa.
Pero no fue la sonrisa lo que la sorprendió y desorientó, sino que acariciara los cabellos de su amiga de una manera cariñosa, como la que tenían algunas madres para con sus hijas en esas novelas que Lydia le hacía ver. Y, sin embargo, seguía siendo tan condenadamente idéntica a Jennifer Blake, la Darach. La bruja loca que habían matado. La que indirectamente la había condenado al “bosque de las almas perdidas” cuando estaban tratando de buscar a sus padres con Scott y Stiles. La que había permitido la liberación del Nogistune que la había matado.
Olfateó el aire en dirección a la mujer, pero extrañamente no percibió peligro alguno. Y aquella nada dijo de que era una falta de respeto lo que estaba haciendo, tal como su madre le gritaría, escandalizada por la falta de modales. Ignoró sus preguntas sobre qué desayuno le apetecía. Salió de la cocina y encendió el televisor. Las voces eran claras y los rostros tan nítidos. Observó la sala en general, demasiado estructurada. Agarró la misma revista de temprano, pero la volvió a dejar caer antes de intentar leer, dirigiéndose a la ventana, donde el aire frío dio en su rostro. Era el mundo real.
—¿Ally?— llamó Jen desde la puerta, esperando su respuesta.
—Chocolatada con hot cakes —respondió girándose con una sonrisa— ¿Sabes hacer hot cakes, Jen? Porque mi padre hacía unos exquisitos— acotó bromeando sus exigencias y encaminándose hacia ella.
—Puedo intentar y vemos qué tal me salen. Con el tiempo prometo mejorar— aseguró con la mano en el corazón y rió, contagiando a la muchacha.
~*~*~*~
—Cora va a matarme— pronunció abatido Derek al cortar la llamada, apoyándose a duras penas contra el escritorio y sosteniéndose con sus fuertes brazos.
Stiles apoyó una mano en su hombro como contención, apretando con ligera fuerza para que su compañero supiera que estaban ahí. Estaba seguro de que necesitaba de Braeden aunque lo negara, pero la mujer parecía más decidida a completar la búsqueda de la Coyote que Derek le había pedido. Y desde que él se había enterado, se preguntó si no sería una barrera del lobo para evitar caer otra vez ciego de amor como siempre sucedía. Empero, a diferencia de sus otras ex, Braeden no era mala. Lo había demostrado muchas veces, a su juicio, y se había ganado su confianza. Y su lugar en la manada.
El resto de los chicos, agrupados alrededor del escritorio abarrotado de papeles, se miraron preocupados. Los que no tenían un oído agudo también se habían dado cuenta de la gravedad de la llamada. Cora estaba insistiendo en regresar porque su sentido lobuno presentía que algo estaba pasando con su tío. Y no le importaba lo peligroso que fuese Beacon Hills o que su tío se enfureciera con ella. Cora iba a volver, la fuese a buscar Derek o no. Era su hogar y los únicos miembros vivos de su familia (ahora prácticamente sólo uno) estaban ahí, entendían cómo se sentía y la apoyaban. No existía nada como la manada, más para un lobo nacido. Pero el problema, como siempre, era Peter.
—Podríamos obviar la parte de Valack y decirle que entró en coma por sí solo o algo por el estilo— propuso Stiles, reacio a las mentiras, pero capaz de utilizarlas cuando la situación lo ameritaba.
—Cora es un lobo, Stiles. Puede distinguir las mentiras— objetó Scott.
—¿Creen que Peter podría regresar por sí mismo? ¿Creen que sea uno de esos “Caminantes del alba” que explicó Deaton?— inquirió y sobre cuestionó Lydia preocupada, nerviosa, necesitada de una respuesta.
La loca idea rondaba su mente desde que Scott les había contado lo que Deaton le había informado, insistiendo en que tuvieran extremo cuidado en no acercarse ni al Nemeton ni a Eichen House por ningún motivo hasta que él no regresara de Inglaterra. No sentía piedad por Peter y nunca lo reviviría, lo había dejado en claro todas las veces en que Stiles le pidió que lo pensara cuidadosamente. Ni siquiera estando como estaba (una “ameba” lo llamaba Stiles) podía sentirse tranquila, estaba segura de que en cualquier momento podía aparecer por la puerta y saludar tan cínico como sólo él era.
—Para eso tendría que estar muerto— aclaró Malia, exteriormente nada preocupada por su padre, como siempre manifestaba, pero por dentro todavía se sentía dolida con él por lo que ella consideraba una traición.
—Peter murió una vez— precisó Stiles.
—¿Qué tan seguros estamos de que murió esa vez?— inquirió Mason, al tanto en la actualidad de la otra cara de Beacon Hills y declarado miembro oficial de la manada.
—Porque yo lo traje de nuevo— aclaró la pelirroja con los ojos vidriosos, apretando fuerte sus dientes y con la mirada perdida en los recuerdos que ataban su poder Banshee al lobo.
Si otra hubiera sido la ocasión, Stiles habría corrido al lado de su mejor amiga y la apretaría en un fuerte abrazo protector, pero era consciente de su mano en el hombro del lobo, quien en estos momentos necesitaba la misma o mayor contención. Jordan le hizo un gesto sutil con la cabeza y abrazó a Lydia, haciéndose cargo de ella.
Stiles cruzó miradas con su “Brother”. Eran tantos los recuerdos que los ataban a Peter y al comienzo de la manada. Y Kira no era ahora la única que se sentía tan ajena a la escena, a esa cadena invisible que los unía a los cuatro, como ocurría cada vez que el nombre de Allison era mencionado de manera inconsciente.
—Eso no significa que Peter pueda despertar por sí mismo. Esta vez está en coma. Eso debería mantenerlo…— intentó Malia para cambiar el aura pesado y deprimente.
—Ya me perdí. Estamos tratando de despertarlo o de mantenerlo como está— interrumpió Liam bastante confundido.
El resto cruzó miradas entre sí más que nada por inercia, porque ninguno estaba muy seguro de qué responder. Scott era el que más se debatía qué hacer, tal vez por tantas insistencias de su hermano del alma… o porque su inconsciente le venía diciendo desde el regreso de México que esta vez se había equivocado en grande. Muchas veces se preguntó qué hubieran hecho los grandes Alfas que una vez caminaron pacíficamente por Beacon Hills, pero la respuesta lo asustaba.
—Lo primero será bifurcar un poco la verdad para Cora. Eso no es mentir desde mi punto de vista— se defendió Stiles.
El resto varió sus acciones entre resoplar, mover la cabeza en negativa y pensar en que era un caso perdido. Después de todo la lógica y Stiles Stilinski no iban de la mano. Lo habían comprobado un millar de veces.
~*~*~*~
—Puedes estar tranquila que la tarta no se irá a ningún lado— bromeó Jen entrando en la cocina para comprobar el tiempo de cocción que faltaba y hallando a la joven en la misma posición que se encontrara veinte minutos atrás.
Allison la ignoró y llenó su boca de pochoclos, el tacho casi vacío, sin despegar su vista del horno eléctrico. Se encontraba frente al mismo, los codos apoyados en la mesada, las manos sosteniendo su mandíbula y los dedos tamborileando en sus mejillas. Casi parecía una niña de cinco años. La mujer contuvo la risa y salió a continuar con sus quehaceres, dejándola disfrutar de su momento de paz. Y es que Jennifer sabía lo que estaba pasando en su interior aunque Allison no hubiese emitido una sola palabra.
¡Era su primer pastel real después de tanto tiempo! Sus ojos figurativamente brillaban de la emoción. Toda la comida y la bebida que había probado desde que había revivido sabía mil veces más rica, dulce y placentera que la que había consumido en su propio sueño. Hasta el agua de la ducha se sentía exquisitamente real. La primera vez la dejó correr hirviendo por su cuerpo hasta que resultó humanamente intolerable, llorando de la felicidad que le producían las sensaciones tangibles en su cuerpo. Habían transcurrido tres días y todavía le costaba un poco creer que de verdad estaba viva.
Mas algo interrumpió de pronto su concentración ciega. Un olor. Pestañeó reaccionando y observó la tarta por instinto, se encontraba en perfecto estado, con diez minutos todavía para salir del horno. Olfateó de nuevo el aire, esta vez tratando de analizar lo que percibía. Era un olor ligeramente familiar, un cazador, mezclado con sangre… y fresias. Enseguida se levantó y corrió hacia la puerta.
—Tenemos que irnos. Ya no estamos seguras aquí— expuso nerviosa una malherida Kate Argent, dirigiéndose a la ventana para vigilar el perímetro, pistola en mano.
—¿Te siguieron?— cuestionó Jennifer corriendo a su lado para proceder a curarla, ya que la magia en su cuerpo se olía desde lejos.
—No lo sé. Traté de tener el mayor cuidado, pero esos malditos cazadores me persiguieron hasta el “Tine dubh”. Y tenías razón, estaba lleno de Calcavecchias. Están protegiendo el perímetro y se están movilizando. Tenemos que regresar a Beacon Hills cuanto antes…
—No— refutó tajante su compañera.
—Beacon Hills es ahora nuestra única salida, Jennifer. Es sólo por el momento. Yo tampoco quiero regresar, pero la conglomeración de criaturas y energías en Beacon Hills cubrirán nuestras esencias y nos dará el tiempo necesario para resolver el problema— ordenó y se apoyó en la pared, mordiéndose el labio para mitigar un poco el dolor, casi podía sentir como si le estuvieran echando sal a sus heridas.
—¿Estarás bien?— inquirió Loraley preocupada.
—Lo estaré en cuanto esta cosa deje de arder —manifestó lo mejor que pudo, forzando una sonrisa que amplió cuando recayó en la figura que observaba desde el marco de la cocina, volcando su rostro quizás un poco maquiavélico— ¡Oh, mi querida sobrina!— la saludó irónica.
—Es… imposible. Tú… —consiguió pronunciar Allison, moviendo su cabeza en negativa.
Y de pronto el olor a terror emanó de ella. Se miró asustada las manos, las giró una y otra vez para verificar que no tuvieran sombras bordeándolas y contó sus dedos con bastante nerviosismo. La risa estridente de su antigua tía rompió en la sala, pero fue totalmente ajena a ella. Tampoco escuchó a su amiga o los reproches de la otra mujer hacia su tía, enfocada en su análisis. Se tocó el pelo, el rostro, el marco en el que estaba apoyada y se pellizcó, sintiéndose un poco aliviada por el dolor, pero todavía asustada.
—Estás viva, Allison. Créeme, no es un truco de aquel bosque. El poder de una Darach te liberó y eso es vida garantizada. Pero al parecer nadie te explicó que al igual que Loraley, yo tampoco morí. Las garras de un Alfa pueden transformarte si se clavan a una cierta profundidad y Peter todavía era un Alfa aquella noche. Y no, no soy un lobo —aclaró sin que la joven lo pidiera, al verla olfateando en su dirección, en esa expresión desconfiada idéntica a la de su padre que tanto detestaba— Me convertí en una Were-Jaguar. Al parecer esa era mi naturaleza. Aunque la verdad nunca entendí bien como funciona eso o por qué un jaguar y no otra criatura. Como sea, Jennifer… No la conocí en Beacon Hills, pero estoy al tanto de que la manada de Scott se enfrentó a ella. “La Darach” la llamaban ¿Cierto? Si la recuerdas bien, sabrás la efectividad de su poder— explicó Kate, ya bastante curada.
—Tú —pronunció furiosa la joven, fulminando con la mirada a la otra mujer— ¿Por qué no me dijiste quién eras? ¿Por qué fingiste que no me conocías? ¿Acaso me reviviste para ir contra mis amigos de nuevo? Porque no pienso seguir creyendo que lo hiciste por caridad. Fue tu culpa que el Nogitsune me matara ¡Por tu culpa fui al bosque maldito! ¡Eras tú quien debía estar ahí, no yo!
—Ally, yo no…— trató de responder la Darach, sin saber realmente qué decir o cómo explicarse o disculparse ¿Es que tan siquiera debía disculparse? ¿Por qué?
Está bien, ella había cometido mucho daño a la sociedad, pero nunca sintió la obligación de disculparse. A su juicio tenía un justificativo y los únicos culpables eran la manada de Alfas. Por consiguiente, eran culpables de las consecuencias de sus actos, como ser la muerte de la chica. La joven cazadora la miró con desprecio y se dirigió a la salida, sin intenciones de ser partícipe de alguna otra matanza sin cuartel en nombre de una tonta venganza. Y con su tía en el medio, no quería ni pensar en lo que se traerían entre manos.
—¿Y a dónde irás, Allison? ¿Sabes siquiera dónde estamos? ¡Es Inglaterra! No tienes visa, documentos ni dinero. Y si vas sola a Beacon Hills, sólo te espera un acta de defunción. Pero ni siquiera llegarás hasta allí porque ahí fuera hay una horda de Druidas esperando para cazarte porque algo raro y peligroso salió de su zona de rituales. Y aunque tú no seas eso que están buscando, no dudarán en matarte si saben que eres un “Caminante del alba”. Y lo van a descubrir. No sobrevivirás mucho tiempo sola, menos tan inexperta como te encuentras con tus habilidades. Estamos todas en el mismo barco, Allison. Y te guste o no, ahora eres como nosotras— sentenció Kate deteniéndola.
—¡Jamás seré como ustedes!
—¿Y qué harás? ¿Ir a buscar a tu padre? ¡Ya no puedes confiar en él, Allison! ¡Él trató de matarme! ¡A mí, a su hermana! Y hará lo mismo contigo porque ya no eres humana y él es un cazador. Christopher jamás dejará de ser un cazador ni siquiera por ti. Y aunque estuvo aliado a la manada de Scott, ahora está con “Los Calavera”, de vuelta en el negocio. Y puede que nunca te haya contado sobre la familia, en su tonto intento por mantenerte alejada del negocio familiar, pero “Los Calavera” son uno de los grupos de cazadores más peligrosos que existen, así como lo éramos nosotros. Y Araya, su líder, es la hermana de Gerard. Y sigue tan fiel al código como Gerard, que no dudará en matarte porque ya no eres humana, ni siquiera una criatura sobrenatural cualquiera. Eres una aberración para cualquier cazador.
—¿Por qué tú no seguiste el código familiar? ¡¿Por qué no te mataste como indica el código, como lo hizo mi madre?!
—Por favor, no me compares con Victoria— esgrimió molesta, asqueada en cierta medida.
—¡Ni siquiera te atrevas a ensuciar su nombre! Mi madre hizo cosas malas, pero tú eres mil veces peor que ella. Quemaste a una familia completa sin un mínimo de compasión. Había humanos ahí y los Hale eran pacíficos. Rompiste, pisoteaste y ensuciaste el código familiar por un estúpido deseo narcisista.
—Eres igual que tu padre. Christopher siempre intentaba dejarme como la mala de la película cuando éramos chicos —expresó resoplando una sonrisa, eludiendo la veracidad de esas palabras, mas decidió aclararse antes de confundir peor las cosas— Mira, no tengo nada en contra de tu madre. Es sólo que nunca me cayó del todo bien. Y como sabrás, yo tampoco era mucho de su agrado, pero no porque yo fuese la loca de la familia. Es porque realmente deseaba otra persona para tu padre y siempre se lo dije. Pero tal vez algo bueno salió de ese matrimonio ¿Cierto?
—¿Qué?
—Tú.
—¿Intentas convencerme apelando a trucos baratos?— cuestionó la joven escéptica, reacia a ceder.
—Mira. Sólo intento que veas… ¡Rayos!— pronunció nerviosa interrumpiéndose a sí misma, con su mirada de pronto fija en algún punto perdido, la cabeza sutilmente ladeada, tratando de determinar los ruidos y olores que comenzaban a llegarle desde el exterior.
—¿Qué sucede?— inquirió preocupada la Darach.
—¿Cómo era que habías hecho para llegar de Beacon Hills a Inglaterra estando casi muerta?
—Pasajes energéticos. Me ayudé del Nemeton. Por suerte tiene una extraña conexión con el “Tine dubh” y…
—¿Crees que puedas intentarlo de nuevo?— cuestionó interrumpiéndola.
—¡¿Desde aquí?! ¡Ni siquiera estamos cerca del “Tine dubh”!
Mas Kate no le contestó. Sacó sus colmillos y garras por instinto y corrió a donde su sobrina, tironeó de su brazo y la cubrió con su cuerpo justo antes de que la puerta explotase. Una densa capa de humo cubrió el ambiente en segundos, asimilándolo al “bosque de las almas perdidas” y retrotrayendo los recuerdos. El grito nervioso, desesperado y agudo de un animal aterrado retumbó en el edificio y Jennifer creyó ver los ojos de Allison mutando a un rojo demoníaco.
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(*) Tine dubh : del irlandés, que significa “El fuego negro”.
N/A 1:
Espero que esta historia resulte de su agrado ♥
La mayor parte de la mitología la tomé tanto de la historia de "Teen Wolf" como de archivos en internet que no están relacionados con la serie, sino que pertenecen a la gran Babel de Google y de la historia de la humanidad en sí, por lo que aparecen mucho más ampliados de lo que propone el universo de "Teen Wolf". No obstante, todo lo referente a los "Caminantes del alba" y "el lado oscuro de la luna" es de mi entera creación.
Ahora bien, hay algo que me gustaría aclarar de antemano con respecto a Loraley Calcavecchia. Cuando presenté la historia hubo algunos lectores que despreciaron a este personaje inventado porque aseguraban que le quitaba el protagonismo a los personajes de Teen Wolf. Cualquiera es libre de odiar a Loraley. No obstante, sólo quiero explicar que ella no será tan importante como los personajes que amamos en la serie, ya que son Scott y compañía los que le dan existencia a la serie, pero sin Loraley no podría haber escrito esta historia. Ella sólo es un nexo de unión entre los personajes y los distintos acontecimientos que se producen en mi historia, sin ella no sería posible el regreso de Allison, sin ella Scott y compañía no descubrirían el pasado de sus padres ni enfrentarían la amenaza que se avecina en Beacon Hills, no existirían Caminantes, no sería posible una "alianza" entre Allison, Kate y Jennifer... Creo que me sería imposible mantener el suspenso sin su presencia y esta es una historia de suspenso.
Como dije, son libres de odiar a Loraley Calcavecchia, pero no porque piensen que trata de robar protagonismo o que será la heroína al final de la historia, ya que no lo será. No es la más poderosa, sólo es un canal que permite conectar la historia y a los personajes. Es más, os puedo asegurar que no sé si terminará viva al final de la historia.
N/A 2:
A esta historia la comencé a publicar a principios del 2015, pero el proceso fue lento y la dejé inactiva desde mediados de 2018. Ahora le estoy haciendo algunos retoques de gramática más que otra cosa, pero (para los que lo leyeron antes del 2022) la mayoría de las escenas y la historia en sí no van a sufrir cambios por lo menos hasta el capítulo 20 o 21 que es donde lo abandoné. Los cambios decidí hacerlos porque me dijeron un par de veces que algunas partes se leían muy confusas, así que decidí releerlo y sip, tenían razón.
No obstante, todavía habrá cosas que parezcan un poco confusas al principio hasta que los protagonistas empiecen a averiguar las cosas extrañas que intentan sacudir su mundo. Y es que si explicara las cosas como son, sin que los protagonistas se confundan un par de veces en sus teorías, la historia perdería su esencia, ya que no existiría el suspenso necesario para mantener a flote la historia.
Cualquier duda, queja o comentario, será bienvenido. Disfrútenlo ;)
