Chapter Text
La vida del pirata era difícil, Rayleigh sabía muy bien eso. Estaba seguro de que los acontecimientos de las últimas horas quedarían grabados a fuego en su mente para siempre. Había sido la primera vez que había temido por su vida, por la de su capitán y por la de sus nakamas, podía considerarse afortunado de que tanto él como su gente estuvieran a salvo. Tras lo que había vivido solo podía pensar en lo extraño que era del destino, o más bien, lo caprichoso que podía llegar a ser como para cruzar el camino de su capitán con el de la marina, los Dragones Celestiales y la banda pirata Rocks.
Se encontraban en God Valley o, mejor dicho, lo que quedaba de God Valley. La maldita isla se había hundido en el océano. “Con un poco de suerte Rocks también estará en el fondo del mar” pensó, era difícil saberlo. Todo había sido un caos: había visto varias embarcaciones de miembros de Rocks huyendo de la isla, había oído a algunos gritar que Shirohige les había traicionado, sabía que Kaido y Linlin habían escapado tras la caída del capitán y había visto como otros muchos yacían muertos en los restos de la isla o se los había tragado el mar.
Una de las embarcaciones de la marina que estaba en mejor estado se marchó llevándose a los Dragones Celestiales, a sus esclavos y a los prisioneros que tenía Rocks, de modo que los únicos que quedaron en la isla era el grupo de Garp y la banda de Roger.
Tras el final de la batalla habían acordado que su alianza se mantendría hasta la medianoche. Era el tiempo suficiente para que ambos grupos trataran a sus heridos y se preparasen para zarpar. Algo que también entraba en esa extraña tregua era el reparto del botín. Rayleigh escuchó con diversión como algunos marines de menor rango llamaron a Garp loco por dejar que unos piratas tomaran parte de los tesoros que la marina rescataba. Él sabía que Garp no era estúpido, en una situación normal no hubieran tenido ningún tipo de negociación, pero ambos grupos habían tenido que aliarse para sobrevivir y desatar una nueva batalla para ver quien se quedaba con los tesoros sería una insensatez y una pérdida de vidas inútil. Hacía ya tiempo que sospechaba que ese marine que siempre les pisaba los talones se preocupaba por las vidas de sus subordinados más de lo que aparentaba, ese tipo de nobleza era algo que Rayleigh respetaba.
Lo único que les quedaba por hacer era registrar el gran galeón de Rocks. Roger y Garp habían acordado registrar el barco al mismo tiempo dividiéndolo en dos zonas: una para cada uno, entrando por diferentes sitios tanto marines como piratas empezaron a saquear. Se rumoreaba que Rocks había conseguido robar tesoros hasta a los mismísimos Dragones Celestiales. Era por eso que los marines más jóvenes se mostraban tan reacios a compartir los tesoros, la mayoría tenía la esperanza de encontrar algo lo suficientemente importante como para ganarse el favor de los habitantes de Mariejois.
Roger había dado la orden de que todo el que no estuviera gravemente herido ayudara en el saqueo, quería hacerlo rápido y marcharse antes de la medianoche. Y ahí estaba Rayleigh, siguiendo a su capitán por los pasillos del galeón iluminados vagamente por pequeñas lámparas. Podía ver como sus nakamas iban de un lado para otro con bolsas y cajas. Ellos siguieron avanzando dejando cada vez más atrás el jaleo de la tripulación. Roger se detuvo de repente sonriendo triunfante.
—Seguro que aquí hay algo de valor ¿no te parece? — le preguntó.
Rayleigh se fijó en lo que había llamado la atención a su capitán; se había detenido frente a una puerta un poco más grande y robusta que las demás que, a diferencia del resto, estaba cerrada con un enorme candado.
Roger hizo crujir sus nudillos preparando sus puños, pero Rayleigh se adelantó a detenerle imaginando lo que iba a hacer.
—Espera. Puedo abrirla. Mejor no llamar la atención de los marines —
Eran pocas las veces en las que Roger actuaba con prudencia, fue una suerte que esa ocasión fuera una de ellas. Rayleigh sacó una ganzúa de uno de sus bolsillos y empezó a manipular el candado mientras Roger le miraba impaciente apoyado en la pared. Desde luego el candado era robusto, quien lo hubiera puesto parecía haberse tomado muchas molestias para que nadie entrara allí. Le llevó abrirlo más tiempo del que esperaba, pero finalmente la cerradura cedió.
Tras la puerta encontraron una estancia mucho más grande que las que habían visto por el barco: era una habitación rectangular, con estanterías fijadas al suelo y al techo en ambos lados de la sala y al fondo había una mesa con varios papeles que se habían desparramado por el suelo.
—Diría que hemos encontrado el camarote de Rocks— comentó Rayleigh inspeccionando las estanterías.
—Eso parece— se limitó a decir Roger.
“Al menos tenía buen gusto literario” pensó Rayleigh ojeando algunos libros. Mientras avanzaba se dio cuenta de algo: había un espacio estrecho entre la estantería y la pared que parecía más profundo de lo normal. Empujó la estantería intentando vislumbrar algo y se sorprendió al notar como esta cedía como si fuera una puerta. Rayleigh se halló repentinamente en una habitación mucho más pequeña con una cama en una esquina y con decenas de pequeños cofres y sacos esparcidos por el suelo. Empezó a abrirlos, uno tras otro, en todos había algo de oro, gemas y objetos antiguos.
—¡Lo sabía! Ese tipo estuvo acumulando tesoros todo este tiempo— dijo Rayleigh riendo —¡Ey, Roger! —
Volvió al camarote buscando a su capitán. Roger se hallaba de espaldas a él, frente a otra puerta escondida detrás de una estantería idéntica a la que él había abierto.
—¿Roger? — llamó Rayleigh. Su capitán se giró y mirándolo con expresión neutra le hizo un gesto para que lo siguiera sin hacer ruido.
Rayleigh obedeció sin saber que era lo que había hecho que reaccionara así. Al entrar en la otra habitación esperaba encontrar más tesoros, no se podía imaginar lo equivocado que estaba. La habitación era idéntica a la que él había encontrado, pero estaba tan vacía que parecía muchísimo más grande, solo había dos cosas: un catre y un pequeño cajón con mantas colocados en una esquina.
—¿Por qué guardaría estas co…? — Rayleigh cortó su pregunta al instante porque Roger se había inclinado sobre el cajón y movió ligeramente las mantas revelando un pequeño bulto que descansaba sobre ellas. Era como una bolita, tembló ligeramente al notar el movimiento, no hacía ningún ruido, estaba vestido con una ropa que le quedaba tan holgada que solo dejaba ver una cabecita redonda cubierta por una mata de pelo rojo y unas manos diminutas asomaban ligeramente por los pliegues de las mangas.
“No… no, no, no” si Rayleigh creía haber visto de todo aquel día esto estaba a otro nivel ¡Había un bebé en el barco! “Ese pelo…” Podía decir con facilidad que había conocido a gente de todos sitios, de muchas razas y con características físicas de lo más peculiares, pero nunca había visto un color de pelo como el de Rock D. Xebec; de un rojo tan intenso que parecía sangre, un rojo extraño entre cualquier pelirrojo que pudiera haber en el mundo. Y el bebé que dormía ahora frente a ellos tenía el pelo idéntico. “Tiene un hijo, tiene un hijo…” repetía su mente “Ese desgraciado tiene un hijo, un hijo al que ha llevado a una misión suicida” De pronto sintió como si el silencio de la habitación pesara ¿Qué se suponía que debían hacer?
Antes de que alguno de los dos dijera algo el bebé abrió los ojos, no parecía que fuera a llorar, pero se quedó mirándoles con curiosidad.
—¡Ey! Hola renacuajo— Roger fue el primero en reaccionar, su tono de voz era suave y amigable. Lo tomó en brazos, acunándolo con delicadeza. Empezó a jugar con él dándole toquecitos en las mejillas con un dedo, el bebé le sonrió alzando sus manitas intentando llegar a él—¡Vaya! Si que eres tranquilo. Por eso nadie más ha encontrado tu escondite ¿verdad? No has hecho ningún ruido…— se rio mientras lo balanceaba.
Rayleigh se quedó atónito mirando como Roger jugueteaba con el bebé.
—¿Este crío es su…? — Rayleigh dejó la pregunta en el aire
—Eso parece— respondió Roger, su sonrisa empezó a asemejarse a una mueca —Diría que el parecido no da lugar a dudas—
—Los supervivientes de este barco han huido ¿Cómo es que nadie ha…? —
—Quizás nadie sabía que estaba aquí— le interrumpió Roger de forma pensativa —Esta habitación está escondida y el camarote cerrado— comentó acercándose a la puerta.
—Joder. Había oído que los Rocks no era una banda muy amigable, pero ¿tanto como para que no supieran que su capitán era padre? — preguntó estupefacto.
Se inclinó para mirarlo más de cerca. El bebé dejó de jugar con Roger para prestarle atención a él e inmediatamente estiró las manos intentando coger sus gafas. Rayleigh se echó a reír “¡Cielos! ¡Que criatura tan inocente!” De repente Rayleigh pudo sentir como si el aire se cortara por unos instantes y empezó a notar unas vibraciones extrañas, el tipo de vibraciones que sentía alguien que tenía un nivel de haki avanzado. Miró a Roger, por su expresión supo que él también se había dado cuenta: alguien se acercaba y no era ninguno de sus nakamas. Tras unos instantes oyeron pasos y la puerta se abrió.
—Hm… Vaya, no esperaba encontraros aquí—
Quien se hallaba frente a ellos no era otro que Garp y eso a Rayleigh le dio un mal presentimiento. Al igual que ellos Garp tenía heridas que habían sido tratadas con los primeros auxilios, no se podía decir que ninguno de ellos estuviera en óptimas condiciones para una batalla, entonces ¿Qué demonios hacía saltándose la tregua?
—Creía que teníamos un acuerdo Garp— dijo Roger.
—Tranquilo, no he venido a quitarte ninguno de los tesoros que hay aquí— comento Garp con expresión sombría —No soy como esos niñatos. No tengo interés en rescatar tesoros para ganarme el favor de nadie. Lo único que necesito es… — extendió la mano —que me des al crío ahora mismo Roger—
En ese instante Rayleigh ni siquiera se preguntó cómo es que Garp sabía que estaba allí, su mente solo decía que dárselo era lo más sensato. La marina lo llevaría a un orfanato donde estuviera seguro. Siendo realistas, era un milagro que ese bebé hubiera sobrevivido en un barco como el de Rocks.
Una sonrisa se extendió por el rostro de Roger y Rayleigh pudo adivinar con facilidad que estaba tomando esa orden como un desafío.
—Ya veo. No has venido en busca de fama, sino cumpliendo órdenes ¿no es así? — comentó Roger como si encontrara muy graciosa la situación.
—Eso no es de tu incumbencia— respondió el marine —Dámelo ahora mismo— repitió.
Rayleigh no entendía porque su capitán le llevaba la contraria, pero algo en la expresión de Garp despertó su curiosidad.
—Vosotros sabíais que tenía un hijo ¿no es así? — preguntó Rayleigh.
Garp le dirigió la mirada, estaba algo tenso, al contrario de la confianza que solía mostrar. Rayleigh no recordaba haberlo visto así nunca.
—Lo hemos sabido hace pocas horas. Hemos interrogado a los prisioneros, una de las mujeres dijo que Rocks la obligaba a cuidar de un crío en una habitación oculta de su camarote— explicó Garp.
—¿Y no sabéis quien es la madre? — inquirió Rayleigh.
—Si lo supiéramos no estaríamos aquí— respondió Garp en tono hastiado —Nada de eso importa ahora. Este barco será pasto de las llamas en cuanto lo vaciemos, así que, dame al crío—
El tono de Garp empezaba a sonar amenazador, pero eso no pareció importarle a Roger. Volvió a mirar al bebé que estaba empezando a dormirse en sus brazos.
—¿Y qué vas a hacer con él? ¿lo vas a llevar a un orfanato? — inquirió Roger clavando la mirada en su rival.
—Eso no es de tu incumbencia— volvió a repetir.
—¿Quién te ha dado la orden? — siguió Roger, por su tono de voz parecía estar divirtiéndose. Por unos instantes se hizo el silencio—El gobierno mundial está muy enfadado por lo que ha hecho Xebec ¿no es así Garp? —
—¡Roger te juro que…! — la voz de Garp empezó a elevarse en tono amenazador.
—¡Si, claro que tienen que estar enfadados! — interrumpió Roger subiendo también el tono de voz — ¡nunca nadie ha estado tan cerca de los Dragones Celestiales como lo ha estado Xebec! No querrán dejar ninguna prueba… —
Rayleigh miró a su capitán, sintiendo desazón al darse cuenta de lo que estaba insinuando “No, no. Solo es un crío” Por mucho que el gobierno persiguiera a los piratas lo que Roger insinuaba era una atrocidad. Miró a Garp esperando que respondiera a algo, pero su expresión parecía indicar que estaba en un debate interno “Joder, ni siquiera él lo sabe”
—No puede ser verdad…— dijo Rayleigh dirigiendo una mirada atónita a Garp.
—Creerán que si eliminan su estirpe tendrán un problema menos— siguió Roger.
—Lo llevaré a un orfanato— dijo Garp, parecía intentar convencerse más a si mismo que a ellos —Dámelo ahora mismo— repitió.
—Yo no soy uno de esos marineros a los que puedes dar órdenes— La sonrisa de Roger se agrandó —Qué fastidio debe ser tener que estar pendiente de lo que dicen los de arriba ¿por qué no vienen ellos a mancharse las manos? —
—¿Quién te has creído que eres para hablarme así? — dijo Garp apretando los puños —Tú no eres nadie para hablar. Vas por la vida tomando todo de lo demás sin importar las consecuencias. No eres tan diferente a Rocks—
—Supongo que es así, pero al menos yo nunca he hecho algo con lo que no esté de acuerdo. Dime, incluso si lo llevaras a un orfanato, lo buscarían ¿no es así? ¿de veras crees que debe pagar por lo que ha hecho su padre? — preguntó Roger mirándolo directo a los ojos.
—Déjate de tonterías Roger y…— increpó Garp.
—¡Si! ¡Ya lo tengo decidido! Todo lo que hay en esta parte del barco me pertenece, así que el crío se viene conmigo ¡va a ser mi nakama! — declaró Roger sonriendo de nuevo.
Rayleigh miró a su capitán sin creer lo que acababa de oír, desde luego quería discutir esa decisión, pero no iba a contradecirle delante de Garp.
—¡No digas tonterías! ¡no va a sobrevivir en tu barco! — dijo Garp tan atónito como Rayleigh.
—Quizás, pero tendrá más oportunidades que dejándolo en tus manos— respondió Roger —Además ha sobrevivido en este, no creo que haya que subestimarlo. Puedes decir que no lo has encontrado, cualquiera de los que han escapado podía habérselo llevado, seguro que muchos lo matarían solo por el rencor que le guardan a Xebec—
—¡Tu no me vas a dar órdenes! — gritó Garp furioso, parecía que de un momento a otro fuera a atacar a Roger.
—¿En serio? — intervino Rayleigh. Empujó el mango de su espada mostrando la hoja a modo de amenaza —¿Tal y como estamos crees que es buena idea comenzar una pelea? Ya has oído a mi capitán, el crío es parte del botín. Si te interpones en su camino tendrás que vértelas conmigo y te aseguro que tienes todas las de perder—
Garp se quedó pensativo, durante unos instantes su mirada se posó en el bebé que seguía durmiendo en brazos de Roger. Su mente pareció llegar a una conclusión que no le gustaba.
—Esta bien— masculló. Sin dejar de mirar a Roger golpeó una pared cercana con el puño, esta se agrietó con un temblor que hizo vibrar el camarote —Quédate con él ¡haz lo que te dé la gana! Pero si alguien os ve sacándolo de aquí me lo llevaré, y Roger, —señaló de forma amenazante— si tu barco sigue aquí a medianoche ¡te juro que lo hundiré contigo dentro! —
Garp salió del camarote hecho una furia, quizás fuera la primera vez que unos piratas herían su orgullo de marine, pero a Rayleigh le pareció que en el fondo se alegraba de no tener que lidiar con ese problema.
Ambos se quedaron mirando la salida unos minutos, mientras oían como se alejaba. La risa de Roger terminó por romper el silencio reinante; Rayleigh no tardó en echarse a reír también.
—Por favor, dime que no volveremos a aliarnos con marines— dijo Rayleigh en tono cansado.
—Espero que no— respondió Roger dándole una mirada cómplice. Rayleigh echó una mirada al bebé, este seguía durmiendo plácidamente sin molestarse por el ruido que habían hecho.
"Hacerse cargo del hijo de un enemigo" Suspiró, resignado a que ahora ese crío era problema de ellos, aunque una parte de él ya estaba habituada a lidiar con los caprichos de su capitán, necesitaría algo de tiempo para asimilar esto.
—Bueno, habrá que encontrar una forma de sacarlo sin que lo vean—
—Creo que tengo una idea— dijo Roger entusiasmado.
