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Hanguang Jun, el Segundo Jade de Gusu Lan, sucedió al nefasto Meng Yao como Cultivador Jefe, un título con una reputación indeseable, pero que se había convertido en una necesidad dentro del mundo de la cultivación. Se eligió a Hanguang Jun no solo por su reputación intachable y su historial de ayudar a todo aquel que se cruzase en su camino, sino también como una recompensa por la participación de la Secta Gusu Lan en la caída de Meng Yao y por mantener al mundo de la cultivación un paso atrás de caer en el caos.
Lan Wangji aceptó el honor con solemnidad, responsabilidad y respeto; prometió ante los ojos de todos los clanes cultivadores que cumpliría su nueva función con rectitud, sin favores a amigos ni desquitarse con sus enemigos. Viniendo de Hanguang Jun, todos pudieron creerle; su única excepción era Wei Wuxian, ahora encerrado en un cuerpo débil, alejado de la cultivación demoníaca y controlado por la Secta Lan, por fin inofensivo, como alguien de su clase siempre tuvo que ser.
Sin embargo, sus nuevos deberes como Cultivador Jefe, sus viejos deberes como el Segundo Jade de Lan y, además, como el sustituto de la cara de Lan Xichen, ahora que este se ha encerrado voluntariamente, expiando los pecados de su hermano juramentado; Lan Wangji se mantiene más ocupado que disponible, y Wei Wuxian le extraña.
Sus primeras semanas en el Descanso de las Nubes habían sido las mejores. Wei Ying llegó a violar al menos tres centenares de reglas en sus primeros siete días, se despertaba cuando el sol estaba en su punto más alto y distraía a Lan Zhan de todos sus deberes, manteniéndolo amarrado a la cama con sus brazos y piernas. Descubrió que Lan Zhan era un amante vigoroso, incansable y no tan difícil de doblegar como otros creerían. Pero, a pesar de que todo era perfecto, no fue eterno. Lan Qiren no permitiría que su sobrino se convirtiese en un holgazán y Lan Xichen directamente le ordenó a Lan Zhan que se convirtiese en sus ojos y su voz mientras él se mantenía en reclusión voluntaria.
Luego vino aquella asamblea, aquella reunión aburrida y nefasta, donde un montón de líderes y ancianos discutían si abolir el puesto de Cultivador Jefe o colocar a uno nuevo. Lan Wangji, sin siquiera desearlo, salió como el ganador. Wei Ying le susurró al oído que podía rechazar el puesto, pero Lan Zhan no respondió y en sus ojos vio la pétrea convicción de una decisión ya tomada hacía más de trece años. «Ayudar donde sea que haya caos». Maldito sea.
Wei Wuxian jamás olvidaría esa fatídica reunión, no solo porque ese día perdió oficialmente el tiempo de Lan Zhan, sino porque también vio a Jiang Cheng por primera vez desde el juicio de Meng Yao. Estaba sentado con la espalda recta y un discípulo a su lado, unos metros más atrás; su atención bailaba de un líder a otro, escuchando las palabras con la atención que solo él podía brindar. Solo habló para decir «Estoy de acuerdo» cuando se le preguntó si aceptaba a Hanguang Jun como Cultivador Jefe, y sus labios se sellaron tirantes y crueles, como si quisiera acotar algo más. Wei Wuxian sabía que quería, pero, como en otras tantas ocasiones, callaba sus opiniones.
Una vez acabada la reunión, pasó un par de horas corteses en el banquete y se retiró a las habitaciones que le fueron asignadas a su secta. Jiang Cheng permitió que sus discípulos se llenaran de comida y alcohol en el banquete como él lo hizo en el pasado, pero al amanecer no quedaba ni rastro de la Secta Yunmeng Jiang.
Wei Ying estuvo debatiéndose si visitarlo o no, y cuando tomó una decisión, las habitaciones habían quedado vacías y frías. Jiang Cheng se había esfumado. Wei Ying no hizo más que suspirar y buscar a los pequeños discípulos Lan para enseñarles una nueva lección.
Ahora los niños llenaban sus horas de ocio, ya que Lan Zhan insistía en no darle ningún trabajo que Wei Ying pudiera arruinar o del que se aburriría en pocos días y dejara abandonado. Más bien sospechaba que su querido Hanguang Jun cumplía con la regla silenciosa de no dejarle involucrarse demasiado en el mundo de la cultivación. Wei Wuxian había reencarnado en un cuerpo más débil en todo aspecto, sin enemigos y sin ambiciones de poder, pero muchos aún recordaban al Wei Wuxian que fue Patriarca de Yiling, el que esgrimió el Sello del Tigre Estigio y escribió historia con la sangre de inocentes. Sin importar qué cuerpo poseyera, la mente de Wei Wuxian seguía intacta y, por ende, todas sus retorcidas invenciones.
Para la tranquilidad de todo el mundo, Wei Wuxian aceptó su nueva vida; mantuvo su ropa negra, pero volcó su energía en la enseñanza y fortalecer el débil cuerpo heredado de Mo Xuanyu, aunque este nuevo núcleo dorado es imposible de desarrollar correctamente. También ha tenido que aceptar que es una sombra de su antiguo ser.
Realmente, ¿de qué puede quejarse Wei Wuxian? Vive la vida de placer holgazán que siempre deseó, está rodeado de pequeños discípulos que lo admiran y escuchan sus lecciones, su pequeño sobrino —el hijo de su shijie— le escribe cartas y le saluda cada vez con más calidez, su amante es el cultivador más importante que camina bajo los cielos y cada noche que duerme a su lado, le regala una parte de su amor hasta que el cuerpo de Wei Ying no puede soportarlo más. Y, aún así, se siente inquieto.
Primero, son los pequeños detalles lo que le molestan: la práctica de espadas, las voces repitiendo las enseñanzas de Lan Qiren, el viento entre los árboles… Después, son las ausencias de Lan Zhan en las noches frías y terriblemente silenciosas… Y, por último, es la maldita reclusión voluntaria de Lan Xichen. ¿Qué pecado cometió el hombre que no puede mirar los ojos de las personas que ayudó a salvar? ¿Qué es aquello que se lamenta? ¿La muerte de dos hermanos o de dos amantes?
Cada noche, Wei Wuxian duerme menos y piensa más. Cuando Lan Zhan está a su lado —dormido, siempre cumpliendo el toque de queda—, Wei Wuxian mira al techo hasta que el agotamiento de su propia mente lo derrota. Cuando está solo, deambula por todo el Descanso de las Nubes; los discípulos ya no se molestan en ponerle penitencias y castigos que Hanguang Jun retira de inmediato, y solo le saludan con un movimiento ligero de la cabeza que tiene más de cortesía que de genuino agrado. Esas noches son las peores. Porque solo camina y piensa y piensa y piensa hasta que la luz aparece en el horizonte y Wei Wuxian está furioso.
Tiene suerte que el Descanso de las Nubes sea un lugar puro, libre de energía oscura y de cadáveres que, accidentalmente, se despierten cuando pierde el control de sí mismo, y aquello sucede con frecuencia, pero Wei Wuxian conoce mejor que nadie el arte de dominarse a sí mismo. Sin embargo, Lan Zhan tuvo que haber notado algo, porque insistió en llevar a Wei Ying a un festival de Yunmeng hacía unos meses.
Fue una de sus mejores salidas. Comió la comida picante autóctona de Yunmeng, llevó a Lan Zhan de la mano comprando baratijas y recuerdos directamente de su bolsa de monedas y pudieron escabullirse y besarse alumbrados solo por los fuegos artificiales. El olor al agua de Yunmeng, a comida caliente y picante, a perfume y aceite de loto, a eternas noches tibias de verano…, le arrebataron el peso del pecho como si nunca hubiese existido. Pero fue una estupidez.
Movido por la nostalgia, convenció a Lan Zhan de escabullirse dentro de uno de los muelles privados del Embarcadero del Loto, prometiéndole que conocía el lugar perfecto donde podrían unirse; pero justo en ese muelle, a esa hora, también mirando los fuegos artificiales y aspirando el olor a loto, estaba Jiang Cheng. El primero en notarlo fue Lan Zhan y, al seguir su mirada, se sorprendió porque Jiang Cheng los miraba de vuelta. Wei Wuxian ansiaba ese encuentro tanto como lo temía, y, al tenerlo frente a él, se le secó la garganta.
Fue Jiang Cheng quien habló primero, fue él quien se acercó, fue él quien, por fin, le invitó de vuelta a la casa que no creyó que volvería a pisar.
—Te juro que iba a visitarte en la mañana, Jiang Cheng —dijo, con una mano rascando su nuca y una sonrisa ligera pero temblorosa.
Jiang Cheng quería verse enojado, con su ceño fruncido y su boca tensa pero entre más visita la memoria, más se da cuenta de que se veía cansado. Tenía puesta la ropa que, siendo más joven, gustaba vestir cuando estaba a punto de dormir, el cabello arreglado de la manera similar en que shijie solía hacerlo y ni su mirada ni su voz transmitía hostilidad asesina. Lan Zhan no lo sabía, así que se tensó a su lado y dio paso para ponerse entre los dos. El rostro de Jiang Cheng cambió, se volvió pétreo y frío, igual que cuando cumplía sus deberes como Líder de Secta.
—Sal de mi muelle —musitó, dándose la vuelta y volviendo dentro del Embarcadero.
Dentro de la posada, después de que Lan Zhan le quitara la cinta blanca de las muñecas, Wei Ying esbozó un único pensamiento: «¿Deberíamos ir al Embarcadero?».
—Iremos, si quieres.
Sin embargo, al día siguiente, Wei Wuxian bebió, comió y se largó de Yunmeng.
Habían pasado meses desde aquel último encuentro, pero entre más se extendían las noches de insomnio y se acaban los temas en que pensar, más se veía arrastrado a ese momento, ese día. Los ojos de Jiang Cheng, grises como piedra, abiertos, ansiosos, ávidos; y luego la presencia de Lan Zhan alejándolo millas de él nuevamente. Los dos no se llevan bien, eso lo sabe; Lan Zhan insiste que es culpa de Jiang Cheng, que Jiang Cheng jamás lo ayudó a tratar de superar la corrupción de su cuerpo. Mas ¿cómo podrían haber salvado al Patriarca Yiling que no deseaba ser salvado?
Sin embargo, ni Lan Zhan ni nadie sabía cómo Jiang Cheng y Jiang Yanli le habían consolado en sus peores noches. Shijie le cocinaba suficiente sopa de costilla de cerdo con brotes de loto para alimentar a tres hombres y Jiang Cheng le dejaba recostarse sobre su pecho, entre sus piernas, mientras le acariciaba el cabello y le ayudaba a recordar tiempos mejores en el Embarcadero del Loto. Por horas, sus demonios desaparecían por completo y se convertía en solo un hombre. Entonces, todo fue en picada.
Wei Wuxian lo perdió todo, los perdió a ellos. Mató a Jin Zixuan y a shijie, alejó a Jiang Cheng después de quitarle todo, Wen Ning y Wen Qing fueron juzgados y castigados por sus pecados… Bajo estos cielos, Wei Wuxian sabe que merece el odio de ellos y solo de ellos puede soportarlo , pero Wen Ning y Jin Ling lo perdonaron, y Jiang Cheng…, algunas personas dicen que Jiang Wanyin nunca dejó de buscar cultivadores demoníacos, convencido de que, algún día, el Patriarca de Yiling volvería…
—Wei Ying —la voz de Lan Zhan hace que salga de su ensimismamiento. Wei Wuxian alza su mirada curiosa para encontrarse con los ojos siempre pacientes de Lan Zhan. —Es hora de comer.
Lo lleva de la mano al pabellón de Lan Xichen. Lan Zhan tiene la costumbre de visitarlo en su reclusión y hacerle llegar las noticias sobre la secta y pedirle consejo sobre las decisiones a tomar como Cultivador Jefe. Wei Wuxian no suele estar presente en esas «comidas» que, usualmente, se llevan todo el día. Sin embargo, algunas veces, Lan Zhan lo lleva a comer junto a Lan Xichen y Lan Qiren, como si fueran una familia. Wei Wuxian lo consideraba un gesto dulce, pero era más difícil romper la regla de no hablar durante con Lan Qiren mirándolo como si quisiera arrancarle los ojos.
Un sirviente los espera en la entrada y les guia a la mesa, donde Lan Xichen y Lan Qiren esperan. Wei Wuxian y Lan Wangji ocupan sus asientos y, poco después, empiezan a comer. La comida en Gusu Lan es tan terrible como siempre, pero Wei Wuxian ahora la considera un gusto culposo ya que la devora como uno de sus manjares favoritos.
Siempre es el primero en terminar de comer, por ende debe esperar sentado, con la espalda recta, silencioso e inmóvil, hasta que el resto acabe. Lan Xichen es el siguiente, luego Lan Wangji y, minutos después, por fin Lan Qiren aparta los palillos de su plato y hace un gesto para que retiren los platos.
—Quisiera que se queden un poco más —pide Lan Xichen—. Hay algunas noticias que quisiera darles.
Lan Qiren tira de su barba con gesto pensativo, pero asiente y abre la marcha hacia la otra habitación que Lan Xichen utiliza para su trabajo, todo el que no se ve obligado a colocar sobre los hombros de Lan Wangji. Wei Ying toma a Lan Zhan de la mano, preguntándole si él debe estar presente o es mejor retirarse. Lan Zhan niega con la cabeza.
—Hermano pidió que estés presente. Dice que ninguna esposa debe quedarse fuera de las decisiones de su familia.
Wei Wuxian ríe, entrelazando su brazo al de Lan Zhan. Lan Xichen tiene un mejor sentido del humor al que le da crédito. Wei Wuxian solía molestarlo al llamarlo cuñado, hasta que descubrió que Lan Xichen disfrutaba del apodo y se quedó como una palabra de afecto entre ambos.
—Así que esposa, ¿eh, Lan-er-ge?
Lan Zhan aparta la mirada y se dirige hacia la siguiente sala, llevando a Wei Ying del brazo y ayudándole a acomodarse en su asiento asignado. La habitación huele a tinta y papel, y nota que hay, al menos, una docena de cartas escritas en el puño y letra de Lan Xichen, esperando secarse para ser enviadas.
—Primero quiero anunciar que este nuevo año pienso acabar con mi reclusión voluntaria. Wangji, permite que nuestro tío comparta la carga que he dejado sobre ti con respecto a la Secta, solo estos últimos meses. En la próxima asamblea, iré de vuelta como el Líder de Secta.
Wei Wuxian no puede evitar un silbido de triunfo, que es acompañado por el asentimiento de Lan Zhan y la sonrisa de Lan Qiren. Wei Ying ve el alivio en él de no tener que sufrir con su sobrino lo mismo que sufrió con su hermano.
—¡Ya era hora, cuñado! —Le felicita Wei Ying, sonriendo ante la risa cálida que Lan Xichen le regala.
—Gracias, Joven Maestro Wei. El otro asunto que quería tratar es sobre mi futuro matrimonio.
La noticia se recibe con la carcajada de Wei Wuxian y las miradas atónitas de Lan Wangji y su tío, quien se remueve del asiento y deja la taza de té, intacta, sobre la mesa. Lan Xichen devuelve el entusiasmo de Wei Wuxian con un asentimiento cálido, agradecido pero no sorprendido; desde que lo conoció, ha sido un hombre de grandes reacciones, mucho más grande que su cuerpo reencarnado.
—De hecho, por la misma razón que viniera, Joven Maestro Wei. —La cara de Wei Wuxian se transforma, ladeada con gesto de curiosidad. —Planeo un matrimonio político con Jiang Wanyin. Esperaba tu consejo.
—¿Con Jiang Cheng?
Lan Xichen asiente y Wei Wuxian siente que sus latidos se vuelven pesados, incómodos y, de pronto, ya no quiere estar ahí. Alguna vez, cuando eran más jóvenes, Wei Wuxian imaginó que Jiang Cheng se casaría; le conseguirían una chica hermosa, recatada, que poco tuviera que ver con su propia madre, y ella le daría hijos, pequeños retoños que llenaran el Embarcadero del Loto y que lo llamarían Tío Wei. Sin embargo, después de la reconstrucción del Embarcadero, Jiang Cheng se había negado a buscar a una esposa.
Wei Wuxian recuerda haberle dicho, medio borracho, que era hora de dejar de ser tan frígido y buscar el calor entre las piernas de una mujer. Jiang Cheng le miró herido, negó con la cabeza y dijo no tener tiempo que perder con tonterías como esas.
—¡No son tonterías, Jiang Cheng! —Había dicho, pasándole un brazo sobre los hombros. —No hay nada mejor que un cálido abrazo para la soledad.
—¡¿Y tú qué sabes?! —Había escupido, mordaz y hostil como siempre, alejándose a zancadas de Wei Wuxian, quien volvió su atención a la botella de vino, como si nada hubiera pasado.
Lan Xichen ahora discute con Lan Qiren y Lan Zhan las ventajas de un matrimonio político, lo beneficioso que sería unir dos regiones tan prósperas como Gusu y Yunmeng, y más si se trataba de dos sectas antiguas, influyentes y poderosas. Por primera vez en muchas décadas, no era la Secta Jin la más rica, poderosa e influyente del mundo de la cultivación; ese puesto había sido elegantemente heredado por la Secta Gusu Lan y sería lo más inteligente asegurar esa posición.
Lan Zhan ya está casado, Lan Qiren es demasiado viejo, los discípulos demasiado jóvenes y las mujeres de la secta muy poco deseables. Lan Xichen sabe que, moviendo las influencias adecuadas, puede llegar a casar a varias señoritas con buenos herederos y Primeros Discípulos de varias sectas influyentes. Por cartas, trató de convencer a Nie Huaisang de tomar a una de sus cultivadoras como esposa, prometiéndole que ninguna de ellas le exigiría ser un esposo atento, pero Huaisang se negó diciendo que aún está de luto por la muerte de su hermano y que es demasiado pronto para pensar en ocasiones felices, como el matrimonio.
—Fue Jiang Wanyin quien me hizo darme cuenta que solo puedo buscar matrimonios para otros una vez haya puesto el ejemplo. Debo casarme yo. —Finaliza su explicación con un sorbo de té. Lan Qiren se queda callado y, para sorpresa de todos, es Lan Zhan quien habla.
—Jiang Wanyin es un Líder de Secta. ¿Cómo pretendes traerlo aquí?
—No pretendo. No soy iluso para pensar que Wanyin dejaría Yunmeng… Tampoco espero ser su amante. Es tan solo conveniencia, por el bienestar de ambas sectas.
—Tanto el Líder de Secta Jiang como tú necesitan herederos. Este… arreglo no les servirá para nada. —Dice Lan Qiren. Su sobrino asiente.
—Hemos pensado al respecto, ahora que es imposible que el Joven Líder de Secta Jin herede el puesto de Jiang Wanyin. Wanyin tiene otros planes…
—¿Has hablado con Jiang Cheng sobre esto? ¿Le has… le has propuesto…? —Wei Wuxian interrumpe, pero su voz se vuelve un murmullo incierto a mitad de camino. La idea de completar la frase le resulta pesada, pero la idea de una respuesta es mucho peor. Sin embargo, Lan Xichen no tiene reparos en contestarle.
—No formalmente, pero hemos discutido las opciones.
Wei Wuxian asiente, suspira y trata de sonreír. Jiang Cheng va a casarse… Siempre supo que Jiang Cheng se casaría… Jiang Cheng va a casarse… con otro hombre . Por alguna razón, aquello se siente como una espina clavada en su garganta; por alguna razón no… Es lo que siempre ha sentido cuando recuerda que, algún día, un desconocido llegaría y se robaría a Jiang Cheng y su virtud.
Aquel desconocido sería su propio cuñado.
——
Jiang Cheng llega al Descanso de las Nubes dos semanas después de que las cartas anunciando el fin de la reclusión voluntaria de Lan Xichen, y es él mismo que le recibe en la entrada, siendo la primera vez en dos años que deja sus habitaciones. Jiang Cheng se inclina ligeramente, empezando las cortesías tradicionales que dos Líderes de Secta deben intercambiar y finaliza dándole la bienvenida al Descanso de las Nubes como si fuera su hogar, invitándole a usarla como tal.
Jiang Cheng por fin entra al Descanso de las Nubes, con la espalda erguida y el mentón alzado, seguido por una veintena de discípulos vestidos en el púrpura de la secta que tanto desentona comparado al blanco y celeste de los Lan. Parecen intrusos y Wei Wuxian se pregunta si sus túnicas negras y rojas se verán igual de extrañas . Lan Xichen se une a Jiang Cheng al inicio de la columna y es quien le guía, personalmente, hacia las habitaciones que le asignaron.
Wei Wuxian los ve alejarse sin darle crédito a sus ojos; no solo Jiang Cheng ha evitado soltar algún suspiro cargado de frustración y hostilidad, también permite que el mismísimo Zewu Jun le acompañe y deja que su cara se transforme con la mueca más similar a una sonrisa que ha visto en años. Aparta la vista. Lan Zhan está viendo lo mismo que él.
—¿Te parece una mala idea, no? —Pregunta. Lan Zhan se toma unos segundos, pero asiente.
—El Líder de Secta Jiang tiene sus propios asuntos en Yunmeng. No entiendo por qué Hermano insiste en… él.
—¿Y si es Zewu Jun quien desiste de su título? ¿Qué tal si se va a Yunmeng… con Jiang Cheng?
Las palabras escapan de su boca sin siquiera pensarlo, pero no es una idea descabellada. Hace días, Lan Xichen había dicho que «habían discutido opciones» y, aunque eso no tiene sentido para Wei Wuxian, sabe que Zewu Jun no habría mentido. También sabe que no hay razón para Jiang Cheng se niegue al cortejo y que pueden hacerlo funcionar si dividen la mitad del año en cada secta o si Lan Xichen se retira como Líder, dejando a Lan Qiren a cargo o a Hanguang Jun, mientras hacen de Lan Sizhui un heredero digno.
Si algo ha aprendido Wei Wuxian en el transcurso de los años es a leer las señales tras la pasividad de Hanguang Jun. Sus ojos claros transmiten menos que nada, pero puede ver la ira escondida. Hanguang Jun se retira cuando el desfile de discípulos de la secta Jiang acaba, entrando en las habitaciones que usa para su trabajo. Wei Wuxian ya no es un niño, sabe que no puede ir a molestarlo cuando está enojado y vulnerable, así que le cede unas cuantas horas de soledad y, en su lugar, va a buscar a los pequeños que, si mal no recuerda, deberían tener una lección con Lan Qiren.
Lo que no espera ver es a Jiang Cheng junto a Lan Sizhui; el niño parece muy concentrado mientras habla y Jiang Cheng le mira como mira a Jin Ling cuando nadie está cerca, incluso ríen juntos. Siente un tirón en el pecho. Pensaba que la risa de Jiang Cheng se había perdido para siempre. Lan Sizhui le ve primero y se acerca a él con pasos animados, llamándole para que se acerque. Usualmente, el buen humor de Sizhui es contagioso, pero Wei Wuxian no parece estar de humor; aun así, trata de sonreír y permite que Lan Sizhui lo arrastre junto a Jiang Cheng.
—Joven Maestro Wei, justo le comentaba al Líder de Secta Lan todo lo que nos has enseñado. Me hablaba de que sus métodos inusuales vienen desde la infancia, cuando derribaba cometas a metros del suelo…
—Ah, con que lo recuerdas, Jiang Cheng —dice, con una nota humorística en la voz, atreviéndose a una sonrisa y a mirarle el rostro. Jiang Cheng no le devuelve la mirada y hace una mueca.
—Nunca podría olvidarlo.
Lan Sizhui se excusa, caminando tan rápido como le permiten las reglas antes de llegar tarde a su siguiente clase; y deja a Wei Wuxian junto a Jiang Cheng, en silencio e incómodos. El cuerpo de Mo Xuanyu es más bajo y delgado que el de Jiang Cheng, y es la primera vez en la vida que Wei Wuxian debe alzar la vista para verlo; es curioso. Han cambiado. Jiang Cheng ya no es el adolescente indeciso y malhumorado que alguna vez; ahora es un adulto, un hombre, con un perfil afilado y cansado. Tiene la dureza de su madre y el cansancio de su padre, pero no lleva la calidez de Jiang Yanli. A excepción de las trenzas en su cabello, no lleva nada de Jiang Yanli.
—¿Te gusta vivir aquí? —Wei Wuxian se sorprende de que sea Jiang Cheng quien rompa el silencio, con su cabeza baja y su bota pateando una piedra. Wei Wuxian siente que se ahoga.
—¿Es cierto que te casarás con Lan Xichen?
La pregunta sale tan de imprevisto que él mismo se sorprende tanto como el otro. Jiang Cheng mira alrededor, como si temiera que alguien lo hubiese escuchado; se acerca un paso a él y le habla en voz más baja.
—¿Cómo demonios sabes tú de eso? ¿Acaso el muy idiota…?
—Sí. Nos dijo. ¿Te molesta?
Jiang Cheng lanza un suspiro frustrado y comienza a caminar. Ese es un nuevo hábito de Líder de Secta. Sabe que, si camina a otro lugar de una conversación inconclusa, el otro debe seguirle, y así lo hace.
Alguna vez, cuando estudiaron en el Descanso de las Nubes de jóvenes, descubrieron un buen camino para salir de los edificios y entrar en los bosques más rápido, mismo camino que Wei Wuxian recorría sin siquiera darse cuenta desde el momento que volvió. Wei Wuxian la usaba para escaparse al pueblo a conseguir alcohol, casi siempre con Jiang Cheng, algunas veces les acompañaba Nie Huaisamg y otras pocas estaba solo. Le había enseñado la ruta a Lan Jingyi, quien se estaba convirtiendo en un joven problemático, pero nadie más la usaba.
Jiang Cheng la recordaba. Parece que han pasado cien años desde entonces.
Se alejan hasta que Jiang Cheng parece satisfecho y se detiene junto a un árbol, recostándose contra el tronco. Wei Wuxian se sienta en una de las raíces de un árbol enorme y antiguo. Jiang Cheng y él no han hablado en años.
—Solo quiero saber si te vas a casar. Sería genial. Tú, Lan Xichen, Lan Zhan y entonces yo, como una familia de nuevo. —Dice, y ríe. Jiang Cheng le mira, hostil y lastimado, como si acabara de pisar la pata a un animal desconfiado.
—¿Solo así seríamos familia, Wei Wuxian? ¿Solo si está Hanguang Jun de por medio? —Jiang Cheng se dirige a él, se pone frente suyo, alto como una montaña y frío como un glacial. Wei Wuxian sabe que se ha equivocado. —Ahora que eres todo un Lan de Gusu y opinas sobre los planes de boda de tu Líder de Secta, y nada más allá de los discípulos de Lan te importa. Te revuelcas con el Cultivador Jefe, así que, obviamente, solo puedes tener familia de su lado, ¿no?
—J-Jiang Cheng no… Eso no…
«Eso no es a lo que me refería» quiere decir, pero las palabras mueren en su boca, porque esto siempre sucede con Jiang Cheng. Quiere decir algo, dice otra cosa, y terminan discutiendo. Tal vez fuera usual entre ellos, pero Wei Wuxian ya no quiere seguir atrapado entre malentendidos. Jiang Cheng alza la mano y termina por sentarse en una piedra, con un gesto exasperado.
—Como sea. No me sobran las propuestas de matrimonio. Es esto o una mujer de la Secta Yu. Gusu Lan es la Secta más poderosa, junto a Qinghe Nie pero Huaisang lo sabe y no va a casarse fácilmente. Así que…
—No lo entiendo, Jiang Cheng. Eres el Sandu Shengshou, un héroe de la guerra, el Líder de Secta más joven que…
—Cállate, Wei Wuxian. Ser un «héroe», como tú lo dices, no te consigue aliados. A-Ling es Líder ahora y su único aliado soy yo, pero mi Secta no es fuerte, no realmente. Solo ahora tengo suficientes discípulos, pero son débiles, solo niños. Necesito amigos fuertes y solo tengo un puñado de primos de una Secta minúscula. Y entonces, aparece el Líder de la Secta más brillante de esta maldita era, pidiendo mi mano porque mi posición como Líder de Yunmeng Jiang y tío del Líder de Lanling Jin es tentadora.
Jiang Cheng se ve agotado y mira a Wei Wuxian como si le pidiera una mejor solución, pero él no tiene una respuesta, nunca la ha tenido. Desde la juventud, supo que Jiang Cheng algún día iba a casarse, solo era cuestión de cuándo y quién; a Wei Wuxian le habría gustado que fuera por amor, que no repitiese el error de sus padres, casados por deber y juntos porque no tuvieron otra opción. Quisiera poder moldear y manipular la situación a su antojo, pero renunció a ese poder, renunció al Wei Wuxian del pasado, al Patriarca, a aquel que todos aún temen.
—Lo siento, A-Cheng.
—... No importa. Volveremos a ser hermanos, eso es suficiente.
Por alguna razón, esas palabras se hunden en su estómago, haciéndole tan pesado que termina por echarse al suelo a ver las nubes. Hermanos… Jiang Cheng y Wei Ying nunca fueron nada más que hermanos marciales. Por alguna razón, se siente como una condena.
—Solíamos venir aquí, ¿cierto? Zewu Jun me contó.
—¿No lo recuerdas?
—No… —Wei Wuxian suspira. Cuando Wei Wuxian lo mira, descubre que Jiang Cheng ya está viéndole. —Hay muchas… Todo es confuso. A veces sueño con mi vida, pero a veces es la vida de Mo Xuanyu. A veces, no sé si son memorias o… o cosas que desearía que fueran reales.
—Hm. Debo comer con Lan Huan. Me voy.
En pocos segundos, los pasos de Jiang Cheng se alejan lo suficiente para que Wei Wuxian no pueda escucharlos más, pero él se queda acostado, mirando el cielo, sintiendo como la emoción de su pecho se va haciendo enorme y quiere gritar y romper y golpear y patear hasta que el mundo se parta por la mitad.
Lan Huan.
Lo había llamado Lan Huan.
Siente el frío que se extiende súbitamente desde su vientre hasta la punta de sus manos y sus pies, y se tapa el rostro, con los ojos fuertemente cerrados para mantener la energía oscura dentro suyo. Tiene que golpearse un par de veces contra el suelo para sentir que la energía se apaga un poco; sin embargo, el frío no se va.
Su mente evoca la memoria perdida de Jiang Cheng, más joven, enseñándole, con una mirada traviesa, las ropas que se estrenaría para algún evento importante de la Secta. Tenía el cabello en una única coleta alta y recuerda haber pensado que nunca había visto un cuello tan recto, tan suave al tacto como la seda.
El frío desaparece. Wei Wuxian abre los ojos y se sienta, respirando hasta que su respiración se regula y puede ponerse de pie. Poco a poco, se quita las ramas y hojas secas del cabello y la ropa. Hanguang Jun es un hombre puntual; si no llega a la hora de la comida, va a preocuparse. Decide ponerse en marcha.
