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Summary:

“Lan Xichen había descubierto en Jiang Wanyin una criatura extraordinaria y camaléonica; si no fuera humano, Lan Xichen temería que fuera alguno de esos demonios de placer, diseñados para atraer, fascinar y devorar.”

Aferrado a la idea de casar a Gusu Lan con Yunmeng Jiang, Lan Xichen invita a Jiang Wanyin al Descanso de las Nubes.

Notes:

Nuevamente volví con esta idea que me encanta y cada vez me obsesiona más!

Aclaro que los personajes son todos un poco Ooc para acomodarse a lo que tengo en mi cabeza, igualmente Wangji hasta el momento ha sido un poco idiota, pero planeo su propia redención (se lo merece).

También según (mi) canon, Meng Yao sigue vivo. Por qué? No sé, me lo merezco.

Disfruten de la lectura!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Cuando por fin baja el pincel, tiene los dedos fríos y acalambrados; tiene que abrir y cerrar el puño varias veces para recuperar el movimiento y que la sangre circule correctamente por las falanges. Se permite un suspiro cansado y se encorva ligeramente, sintiendo que los músculos de su espalda se quejan por la inmovilidad, el estrés, la falta de ejercicio al que, alguna vez, estuvieron acostumbrados. Por suerte, esa era la última carta a responder; al parecer, habían muchos Líderes de Secta que creían tener una profunda amistad con él y que pedían —o exigían— su presencia en sus tierras y en sus sectas, ahora que volvía a ser un hombre libre. «Libre sí», pensaba, «pero no menos ocupado». 

Respondía con cordialidad, prometiendo que deseaba ver los hermosos paisajes tan pronto como pudiese; tal vez en alguna reunión o en alguna cacería nocturna, y que podrían compartir una taza de té y una amena conversación. Trató de escribir cada carta diferente, pero después de media docena, se le había acabado la creatividad y empezó a repetir las mismas seis cartas una docena de veces más.

—Y yo pensaba que mi correspondencia era abrumadora.

Curiosamente, la voz de Jiang Wanyin había empezado a sonar más suave al correr de las horas, como si la fuerza se fuera agotando mientras la luna emitía más brillo, como si se transformase en algo más. Había sido tan amable como para acompañarle, sentado en la misma mesa mientras leía libros sobre alguno de los míticos monstruos acuáticos de Gusu; todo lo acuático era algo que, extrañamente, lo fascinaba. Lan Xichen había disfrutado de su presencia.

—Es por la culminación de la reclusión. No suele ser así —responde. Jiang Wanyin estira una de sus manos —delgadas, largas y elegantes— y toma una de las cartas de alguna secta menor cuyo nombre ya no recuerda.

—La correspondencia de Jin Guangyao lucía así. Eres el Líder de la secta más poderosa, tu hermano menor es Cultivador Jefe… Lo siento por ti, pero toda la correspondencia va a lucir así de ahora en adelante.

La mención de Jin Guangyao… Meng Yao, le hace apartar el rostro hacia jna de las velas, con la llama alta y vacilante, y siente una punzada en el pecho. Ha tratado de olvidar que Meng Yao aún existe, encerrado en una celda oscura y pequeña, sobreviviendo con un tazón de arroz y algo de agua, pagando sus pecados… Trata de que su cabeza no entre en los detalles, trata de regocijarse en el hecho de que está pagando por la muerte lenta y agónica que le dio a Chifeng Zun, pero no puede.

Sin importar si se trata de Meng Yao o Jin Guangyao, él aún ve al joven que se dejó la piel por hacerse un lugar en un mundo cruel y elitista que deseaba usarlo y desecharlo.

«Nosotros creamos al monstruo en el que se convirtió».

—Oh, quién lo diría, Zewu Jun, eres un mentiroso.

Jiang Wanyin, nuevamente, le saca de su ensimismamiento. Lan Xichen descubre, con placer, que Jiang Wanyin también puede mirar con diversión, como un joven a punto de hacer una travesura; así que le sonríe porque no es sencillo llegar a conocer esa parte de Jiang Wanyin.

—¿Disculpa?

—Me dijiste que nadie te pediría casarte con su hija después del asunto con tus padres, y todos estos Líderes te están regalando las suyas. —Lan Xichen le mira confundido. Wanyin tiene un par de cartas sobre el regazo y sigue observándole con esa expresión. Lan Xichen empieza a sentir que se ahoga. —Tú… no te habías dado cuenta.

—La verdad no sé a qué te refieres, pero, si te entretiene, puedes leer tantas cartas como desees.

—¿Todos los Lan son así de idiotas? Aquí dice: «Nuevamente insisto en que nos visite, Líder de Secta Lan; esta es una tierra fértil, llena de hermosos paisajes, tesoros y placeres a su disposición», ¿de qué crees que habla?

—Bosques, lagos, tal vez montañas; festivales, pueblos, posadas, casas de té… ¿De qué más puede hablar?

La carcajada de Jiang Wanyin es repentina, genuina y dura varios segundos; Lan Xichen responde con una sonrisa más amplia, absorviendo la imagen que Jiang Wanyin le regala de sí mismo. Ya lleva casi dos semanas en el Descanso de las Nubes y Lan Xichen usó todos sus trucos para mantenerlo permanentemente a su lado en los primeros tres días, pero Jiang Wanyin pareció entender su intención y se mantuvo donde le quería. Al parecer, no le molestaba.

Al principio, Zewu Jun conocía tanto de Sandu Shengshou como el resto de cultivadores; a pesar de que admiraba su resiliencia y respetaba el cómo había levantado su secta, Lan Xichen no sentía ninguna simpatía particular. Cuando aún era un joven heredero, similar a muchos otros, recordaba haber visto sus ropas ostentosas con desdén; sin embargo, ahora se vestía con frugalidad, aunque mantenía algo en él que Lan Xichen no podía describir correctamente, pero que era lo que, al final, le había hecho decidirse a proponerle matrimonio.

Pero, por mucho tiempo, Sandu Shengshou fue el hombre con peor temperamento que hubiera conocido; cruel y sobreprotector, obsesivo y desinteresado, un tirano ambicioso. Reconstruyó el Embarcadero del Loto con fondos que nadie está seguro de dónde salieron, llenó su secta de discípulos con dudoso talento, cazó cultivadores demoníacos que desaparecieron de la faz de la tierra, maldijo a su hermano marcial y conservó su flauta entre sus tesoros; amenazó a su sobrino de muerte, dándole un perro que lo protegería de todo, y protegiéndole de todo aquel que osara a mirarle mal… No hay cultivador que no conozca la fuerza de sus gritos. Era malhumorado, contradictorio, difícil de tratar y continuamente solo.

Su impresión solo cambió después de saber que su Núcleo Dorado pertenecía a Wei Wuxian, después de ver a Jiang Wanyin desesperado e inseguro de su posición; nuevamente había perdido su orgullo, su dignidad y se derrumbó ante los ojos de los presentes. Nadie dijo nada, pero Lan Xichen lo observó. Lo vio recoger los pedazos de su orgullo, coserlos y continuar su camino como Líder de Secta. Yunmeng Jiang floreció y Jiang Wanyin se veía como un demonio lleno de rencor y aflicción, cargando con fantasmas sobre sus hombros. Para la fecha del juicio Meng Yao, ya no era malhumorado ni ostentoso y sus discípulos empezaban a humillar a otros en competencias.

Jiang Wanyin le agradeció no mencionar nada sobre su Núcleo e insistió en que se escribieran cartas, aunque aquello no era más que una formalidad, Lan Xichen tomó su palabra y le escribió después de haber entrado en reclusión voluntaria. Al principio, quería casarlo con una discípula, pero Jiang Wanyin se negó; cuando insistió en el tema, simplemente escribió: «¿Por qué un hombre sin amante trata de decirme a quién desposar? Pídele consejos al Cultivador Jefe», y de esa manera la correspondencia paró por casi medio año. Lan Xichen, por supuesto, no siguió la orden de Jiang Wanyin, pero la idea de buscarse pareja persistió y tuvo más sentido que sus patéticos intentos de casar a las discípulas con Líderes de Secta.

Cuando volvió a escribirle, fue con una larga proposición de las razones por las que Yunmeng Jiang y Gusu Lan deberían unirse y finalizó ofreciéndose a sí mismo como consorte. Jiang Wanyin respondió con una carta igual de larga, tentado por su ofrecimiento. Y así habían terminado en esa posición.

Ahora lo ve, riéndose libremente de su ingenuidad, con el cabello suelto —Jiang Wanyin se queja de que tenerlo amarrado todo el tiempo hace que le duela la cabeza—, cayéndole por el hombro y las telas vaporosas de Yunmeng protegiéndole del frío montañoso de las noches. Lan Xichen sonríe. Jiang Wanyin no es tan solo un hombre atractivo, como lo fue Nie Mingjue; es también hermoso, como había sido Meng Yao, pero hay algo etéreo en cómo se refleja la luz de la luna en sus ojos grises.

—¿Y cuántas hijas te ofrecieron a ti, Wanyin? —El nombrado se queda callado, tomando el residuo de una taza de té frío y abandonado.

—Menos de las que me hubiese gustado. Ninguna era… adecuada.

—¿Y qué me hizo a mí adecuado?

Lan Xichen pregunta con curiosidad. Anteriormente, Jiang Wanyin había exigido que pudieran hablarse, cuestionarse y comunicarse libremente, quería evitar malentendidos y que asumieran cosas que no deberían asumirse; ante los ojos de Lan Xichen, aquella petición parecía el resultado de una lección duramente aprendida. Accedió. Por eso permitía a Jiang Wanyin en sus cámaras, hasta altas horas de la noche y que pudiese hurgar entre sus cartas y libros libremente; quizá, si viajase al Embarcadero del Loto, pudiera disfrutar de los mismos privilegios. La idea le emocionaba.

Jiang Wanyin aparta la mirada, relamiéndose los labios en un gesto obviamente nervioso. Lan Xichen decide abandonar su puesto a favor de uno más cerca del joven Líder; a pesar de su presencia, apremiante y cercana, Jiang Wanyin se niega a mirarle.

—Mírame, Jiang Cheng. —Pide y, aunque le lleva unos segundos, el otro voltea el rostro hasta que están frente a frente. Si Lan Xichen no fuese un cobarde, podría acercarse unos centímetros más y rozar su nariz. —¿Te sientes atraído por mí? 

Lan Xichen no recordaba la última vez que vio un rostro encenderse con tal candidez; recordaba que, alguna vez, Meng Yao jugó al mismo juego, y Lan Xichen, tan estúpido, cayó en su trampa. Pero no Jiang Wanyin. Su respiración cambia, su boca se tuerce en una mueca y sus ojos, otra vez, le evaden; sus gestos no son tan puros, tan calculados como los de otros, resultan emocionantes, nuevos. Lan Xichen no es tan estúpido como para creer que solo él lo ha visto, pero tampoco puede evitar pensar que, tal vez, Jiang Wanyin no está acostumbrado a mostrar su vulnerabilidad.

—¿Qué te importa? —Replica, frunciendo el ceño.

—Debo saber qué es lo que esperas de mí, de esto.

Jiang Wanyin no responde, le mira por un momento, pero solo habla para excusarse porque es tarde y debe descansar. No estaría bien que pase la noche en sus cuartos, mucho menos si aún no empieza a cortejarlo formalmente, porque por supuesto, Lan Xichen será quién le corteje; y decide marcharse. Lan Xichen no le persigue, aunque desea hacerlo; no le detiene, no enreda los dedos en ese hermoso cabello y exige una respuesta, aunque desea hacerlo. No lo presiona, no trata de exceder sus límites, aunque…

Apaga las velas con lentitud y se retira a su dormitorio.

 

 

Wangji, su hermano, ha estado evitando su presencia desde que Yunmeng Jiang hizo su presencia en el Descanso de las Nubes; es imposible no notarlo cuando sus actos de rebeldía son los mismos desde la adolescencia: la ausencia. A pesar de que lo ha invitado a una reunión con su tío, e incluso se tomó la molestia de invitar al Joven Maestro Wei, Lan Wangji no ha aparecido; sin embargo, sabe que vendrá, porque tratará de aprovechar cualquier oportunidad para hacerle desistir de su compromiso, lo que, a su vez, es el as bajo la manga de tío. Su hermano es como un libro abierto, y aparece diez minutos luego de la hora pautada. Lan Xichen puede indicar qué regla está rompiendo, pero decide callarse. Sin decir nada, toma su asiento.

—Como siempre, agradezco su presencia y quisiera empezar por…

La puerta se abre con un susurro, bajo cualquiera excepto para un Lan que no está acostumbrado a escuchar ningún ruido en absoluto; y tres rostros giran para avistar una intrusión inesperada. Jiang Wanyin entra con los brazos cargados de libros nuevos. Hay algo verdaderamente encantador en saber que vuelve al mismo lugar donde escapó como un pequeño ratón, cargando material que le haría pasar el resto del día junto a Lan Xichen; su corazón late pesado en su pecho, ¿cómo no pudo notarlo antes?

—Wanyin, ¿gustas unirte a la reunión?

Lan Xichen había descubierto en Jiang Wanyin una criatura extraordinaria y camaléonica; si no fuera humano, Lan Xichen temería que fuera alguno de esos demonios de placer, diseñados para atraer, fascinar y devorar. Meng Yao pertenecía a la misma especie, pero una raza diferente, más directa, más sensual. Jiang Wanyin es una mina de potencial que se mantiene encerrada y cauta bajo un pesado exterior, como Mingjue. Lan Xichen suspira.

Cuando Jiang Wanyin le mira a él, puede ver un brillo curioso, una pequeña y reservada llama que se alegra de verle; pero, cuando mira a Wangji, es todo lo contrario. Es la mirada que todos temen, la razón por la que Sandu Shengshou es temido y respetado. Frío, pétreo, lleno de ira helada, veloz y fulminante, como los rayos que le rodean cuando desenfunda su látigo. Lan Wangji le devuelve la mirada y la rabia que ve plasmado en sus ojos le hace temer que, en algún momento, ambos acaben tratando de desgarrarse las gargantas.

—No lo creo. —Dice, y acaba por volver por donde vino.

Las pisadas malhumoradas de Wanyin se escuchan por unos segundos, hasta desaparecer por completo. Lan Qiren suelta un respingo y unas palabras bajas que suenan demasiado a «salvajes de Yunmeng… los dos son idénticos» para el gusto de Lan Xichen, y el silencio desaprobatorio de Wangji es casi ensordecedor. Es fácil asumir que no se toleran la presencia del otro. Aprieta la mandíbula.

—Si hay algo que quieran decir, díganlo ahora.

—Jiang Wanyin no es un buen hombre —dice Wangji, solemne, como siempre. Lan Xichen asiente, y luego mira a su tío, que carraspea y titubea para contestar.

—Pienso que, por lo menos tú, deberías casarte con una mujer. —Responde. Lan Xichen asiente, nuevamente, porque es cierto, tal vez sería mejor para él casarse con una mujer.

Tamborilea los dedos, inhala profundamente contando hasta tres, para exhalar su ira con calma. No es como su padre, se repite. No ignorará los consejos de sus parientes más queridos y cercanos por la lujuria que pueda sentir, por los ojos grises y la sonrisa lánguida que Wanyin esboza por las noches. Lan Xichen había crecido lo suficiente para entender que su padre había lanzado el sentido común por la ventana ante la presencia de su madre, que la había tomado y encerrado contra su voluntad y la hizo madre de dos niños, a pesar de que no los deseaba, y terminó por quitarse la vida.

Desde la infancia, había escuchado que Wangji, la adoración de sus ojos, era todo de su madre; mientras que Xichen oía lo mismo, pero él era todo de su padre, padre al que temía como cualquier niño le teme a un monstruo.

«No soy como él».

—Agradezco tu preocupación, querido tío, con respecto a mi matrimonio. Temo que la secta Jiang no cuenta con discípulas, la secta Nie rechazó mi propuesta y es demasiado pronto para darle poder político a los Jin dada mi… previa amistad con A-Yao. La secta Jiang era mi mejor opción, antes de buscar miembros de sectas menores de la región. Como heredero, planeo nombrar a Lan Sizhui una vez llegue a la edad correcta. Mientras, espero encontrarle un matrimonio adecuado con una joven que le dé los hijos que necesitará. Espero que eso calme tus preocupaciones, tío.

» A-Zhan, con respecto a la bondad de Wanyin, creo que ninguno de los dos puede juzgarla. La bondad por sí misma no hace buenos consortes. Dicho esto…

—Destruyó el cuerpo de Wei Ying —interrumpe. Lan Xichen mira en sus ojos y son los mismos que cuando fue castigado, décadas atrás, por los ancianos de la secta. —Wei Ying murió sin su Núcleo por…

—¡Ya basta! —Exclama—. Wanyin no pidió el Núcleo de Wei Wuxian, tampoco lo hizo un Cultivador Demoníaco. El hombre al que desprecias es quien reconstruyó su secta sin ayuda de nadie y al que amas mató a cientos de cultivadores. Ambos fuera ahora mismo. Se acaba la reunión.

Lan Wangji solo se marchó cuando su tío le guió por el hombro, dando pasos reticentes. Lan Xichen había visto a la ira de su hermano contra todo aquel que se atreviera insultar el nombre de Wei Wuxian y nunca pensó que él sería un nuevo añadido a la lista. Lo conocía y lo respetaba, incluso le tenía afecto, por su sentido del humor, su alegría y el amor que profesaba a su hermano. Wei Wuxian no negaba todo lo que alguna vez fue y Lan Xichen, a pesar de no reprocharle nada, no dejaría de vigilarlo mientras estuviera bajo su techo.

Wangji lo sabía y odiaba que todos tuvieran que tomar esa precaución, y odiaba aún que él mismo tuviera que hacerlo como Cultivador Jefe, y odiaba no poder culpar a alguien más que a su propio amante. Pensándolo bien, quizás esa era la razón de su odio por Wanyin.

Su cabeza duele y lo único que piensa es en que quiere verle, en que extraña el tono de su voz y la suavidad de su piel bajo sus dedos, lo sedoso de su cabello y el látido franco de su corazón cuando las manos le acariaban el pecho. Y duele como espinas desgarrando su piel porque no puede olvidarlo, no puede dejar de desearlo. En sus noches más solitarias, solo puede pensar en susurrar el nombre de A-Yao y ahogarse.

 

 

Jiang Wanyin le visita muy temprano en la mañana, incluso antes de la primera comida; entra sin tocar y, a pesar de que es tan temprano, está completamente vestido, incluso con su expresión tan temible como una armadura. Antes de que Lan Xichen se levante para recibirle, Jiang Wanyin está parado frente a él.

—Me voy en tres días.

Anuncia, y Lan Xichen le mira, entre confundido y decepcionado. Está próximo a cumplir un mes de estadía y, aunque desea no tener que verle partir, sabe que tampoco puede evitarlo; ha robado muchísimo de su tiempo. Apenas esboza un «oh» que Wanyin parece considerar hilarante porque sonríe y esquiva su mirada.

Jiang Wanyin no ha perdido el tiempo inmerso en la biblioteca y en las recamaras de Xichen. Todo el material de provecho que ha sacado, fue entregado a la docena de discípulos que viajaron con él y les ordenó no volver hasta tener una caza digna de su secta o «les rompería las piernas». Los discípulos tenían cuatro días de regreso, llevaban la prueba de haber matado unas cuantas criaturas, ninguna tan amenazante como para requerir la atención directa de la secta Lan, y varios reportes detallados —para sorpresa y placer de Lan Qiren— de posibles futuras amenazas que quedaban bajo el servicio de Gusu Lan.

Cuando llegaron, todos estaban sucios, cansados y ligeramente lastimados, pero se presentaron frente al Líder de Secta Jiang y, con sumo orgullo, mostraron sus logros. Solo entonces Xichen notó que rondaban los catorce o quince años de edad, y que no estaban ahí para escoltar a Jiang Wanyin, sino que el Líder les escoltaba a ellos. El Líder de Secta Jiang les felicitó y prometió darles un festín en el pueblo una vez hubieran descansado.

Y de esa manera, acabó el propósito de la visita de Yunmeng Jiang a Gusu Lan.

—Lamento que tengas que irte, Wanyin.

—Puedes ir a mi residencia, te prometo hermosos paisajes que admirar —dice, y Lan Xichen nota el brillo en sus ojos y la sonrisa que le acompaña siempre.

—Solo si tengo tesoros y placeres a mi disposición. —Responde, y Wanyin ríe. Es un sonido claro y puro como imagina el agua de Yunmeng. Lan Xichen se pregunta cuánto tiene que esperar para que sea adecuado correr tras Jiang Wanyin.

Es un impulso, uno de esos tantos que ha tenido que reprimir los últimos días; el impulso de tomar su mano, el impulso de enredar los dedos en su cabello, el impulso de tocarle la piel, el impulso de…

Lan Xichen se levanta de su asiento, pone una mano sobre el hombro de Jiang Wanyin y otra en su nuca, y se inclina hacia él para besarlo. Pasa un segundo y dos y tres, y se separa para mirarle con una sonrisa.

—Espero que tengas un buen viaje, A-Cheng.

Notes:

Hello! Espero que lo hayan disfrutado.

Hasta el momento, Jiang Cheng y Xichen están desarrollando y mostrando la atracción que sienten entre ellos, poco a poco iremos viendo qué clase de relación desarrollan.

Espero que hayan disfrutado. Hasta la próxima!

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