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Dejame volcar mi amor sobre ti

Summary:

Mike se levantó abruptamente, demasiado rápido para que Will lo siguiera. Recogió papelera, colocada cuidadosamente al lado de su escritorio, llena de pedazos de papel hechos bolita y en trozos. Todo pasó demasiado rápido para la comprensión de Will. En menos tres pasos, la papelera estaba por encima de él y, al segundo siguiente, Mike había arrojado el contenido de su papelera sobre él antes de salir furioso de su habitación y cerrar la puerta detrás de él.

*****

O donde después de una pelea, Will encuentra las cartas que Mike le escribió pero que nunca envió. Todas con la terminación: "Con amor, Mike".

Work Text:

Volver a Hawkins era un error. Tan pronto como la furgoneta amarilla de pizza pasó por el letrero. "¡Bienvenido a Hawkins!". El cuerpo de Will fue invadido por un gigantesco escalofrío que trato de ocultar en vano. La piel de gallina apareció por toda su piel y tuvo que abstenerse de tragar toda su saliva. Una sensación desagradable lo recorrió, como si miles de arañas se arrastraran bajo su piel.

Por favor no. No él. No otra vez.

En el lado opuesto de la carretera, todo el mundo estaba huyendo. Nadie quería quedarse en ese pueblo maldito. La gente suspiró ante la desaparición de Will. Rechinaron los dientes ante la muerte de Bárbara. Lloraron con el incendio del centro comercial. Pero ahora, frente a ese terremoto, todos estaban huyendo, nadie quería quedarse en Hawkins. Ya no era su dulce ciudad natal, era solo un lugar maldito, destinado a la decadencia y el sufrimiento. Las familias se estaban huyendo para nunca regresar. Familias enteras sentadas en autos demasiado llenos. Luego de haber intentado apilar todas sus casas, toda su vida en sus diminutos autos. Los portaequipajes llenos de ropa, juguetes, mantas, baratijas, muebles. Incluso los techos estaban llenos de pertenencias.

Y Will no sentía nada. ¿No debería estar triste de ver a su ciudad natal así? ¿No debería sentirse mal por todas esas familias? ¿Por qué la vista de Hawkins lo llenaba con nada más que un vacío creciente y hambriento?

No pudo evitar echar un vistazo a Mike, por el espejo retrovisor. Estaba mirando los autos, con la sorpresa y tristeza escritas en su rostro. Eleven no parecía demasiado desconcertada. Ella era como él. Hawkins podría contener buenos recuerdos, pero también era un lugar lleno de terrores nocturnos y traumas. Con monstruos de extremidades pálidas, dientes afilados, y cuerpos larguiruchos mirándolos con ojos acusadores. Los ojos de Will se cruzaron con los de su hermana en el espejo retrovisor. Se miraron. Ella asintió con la cabeza antes de girar la cabeza.

Me siento como tú.

Una pequeña ola de alivio y cariño pasó por él. Will nunca deseó tener una hermana o un hermano menor. Ya tenía a Jonathan y era suficiente. Se tenían el uno al otro. Pero entonces, Eleven entró en su vida y estaba agradecido por ella. Ella siempre lo entendía. Se apoyaban mutuamente. A veces, Will sentía que Eleven era la hermana gemela que nunca había tenido. Y en ese momento, parecían compartir el mismo pensamiento.

Volver a Hawkins es un error.

*****

Todo era un desastre. Su madre se había ido a Alaska, no por trabajo sino para rescatar a Hopper de una prisión rusa de alta seguridad. Hopper estaba vivo. Max estaba en coma después de que Vecna intentara matarla. Dustin cojeaba después de su excursión al Upside Down con Nancy, Steve y Robin para intentar matar a Vecna. Alguien llamado Eddie había muerto. Un maestro de mazmorras en D&D. Vecna era el que estaba detrás de todo. Detrás del Mind Flayer. Él era el Mind Flayer. Él era la persona que controlaba a Will como una marioneta. Y no estaba muerto.

Todo era un desastre y, por alguna razón, Will solo se preocupaba por Eleven y Mike. O mejor dicho, por su absoluta falta de comunicación. Se sentía estúpido. Infantil. Egocéntrico. ¿Por qué le importaba una relación que no era suya mientras el mundo estaba al borde del caos? Él sabía por qué. Sabía perfectamente por qué pero trataba de enterrarlo. Él quería saber el porqué, porque había hecho todo lo posible para arreglar su relación a su costa para que finalmente ambos actuaran como si nada hubiera pasado. Como si no hubiese ofrecido su corazón en una bandeja para Mike, para que al final fuera aplastado como si nada. Mike había hecho lo que Eleven quería que hiciera.

Él la ama, siente que su vida comenzó esa noche cuando la encontró en el bosque.

Entonces, ¿por qué ella lo ignora? ¿Y por qué eso no parece molestar a Mike? A Mike, quien hace un año solo se preocupaba por Eleven, quien hizo que toda su vida girara en torno a ella y tuvo una rabieta cuando ella lo dejó, a ese Mike ahora no le importa si ella lo ignoraba. Denle sentido a esto. Esto le estaba haciendo hervir la sangre a Will. Lo estaba haciendo querer gritar y gritar. Quería gritarles hasta que arreglaran el lío que era su relación para que su corazón dejara de sentirse demasiado grande para su cuerpo. Asi entonces no podría sentir que se había equivocado al confesarse a Mike. No es que el otro chico haya entendido de lo que estaba hablando claro está.

El mundo era un desastre. Sus amigos estaban heridos, afligidos, y lo único en lo que podía pensar era en la relación de su mejor amigo y su hermana. Qué fenómeno, susurró una voz en su cabeza. Una voz que sonaba como la de su padre. Él se levantó. No podía quedarse quieto. Will comenzó a caminar de izquierda a derecha frente a la cabaña de Hopper. Su mamá y Hopper estaban ordenando el lugar. Eleven los estaba ayudando. Jonathan estaba en algún lugar de la ciudad con Nancy. Lucas en el hospital, al lado de Max. Dustin era voluntario con Steve y Robin, y actualmente estaban en el gimnasio de Hawkins High School. Y Mike probablemente estaba en su casa.

Probablemente estaba solo. Will no podía dejar de caminar. No podía quedarse quieto. Si se quedaba quieto, en cualquier momento iba a implosionar. Por eso se negó a pensarlo dos veces antes de tomar su decisión. Le dijo a su mamá que iría a ver a Mike, tomó su bicicleta, que técnicamente no era suya, era de Lucas, se la había prestado ya que la suya todavía estaba en Lenora, y se fue.

Él no pensó. Simplemente pedaleó cada vez más rápido. Enfocándose en su respiración agitada, en el fuego quemando sus muslos, el viento alborotando su cabello y se negó rotundamente a pensar en Mike. Simplemente pedaleo la bicicleta cada vez más rápido. Como si fuera a morir si se detuviera, como si la supervivencia del mundo dependiera de su velocidad, como si fuera a romper en llanto si se detuviese. Pedaleo con la cabeza vacía y el corazón demasiado grande.

Cuando llegó frente a la casa de Mike, comprendió bruscamente lo que iba a hacer. Sus acciones parecieron volverse más reales. Tragó grueso antes de llamar. Si regresaba ahora, se arrepentiría para siempre. La Sra. Wheeler abrió la puerta sonriéndole con dulzura, siempre lo había amado, lo invitó a pasar. Will no recordaba haber visto la casa de los Wheeler en tal desorden nunca. Habían cajas por todas partes, ropa y juguetes esparcidos por el suelo mientras Holly jugaba a medias y los clasificaba a medias.

—Perdón por el desorden. —Se disculpó como si el estado de su casa le importara a Will. —Estamos buscando cosas para ayudar a la ciudad.

—No hay problema, realmente lo entiendo. —Will se escuchó a sí mismo decir, moviendo vagamente su mano. —¿Sabe dónde está Mike? Quiero hablar con él.

Realmente, realmente esperaba que la Sra. Wheeler no se diera cuenta de lo nervioso que sonaba. Tenía la sensación de que unas manos gigantescas le apretaban la garganta. Sus palmas estaban demasiado sudorosas. Las limpió en sus jeans.

—Está arriba, en su habitación. Le dije que buscara cosas para donar y ya sabes cómo es él, no puede separarse de sus pertenencias. —Ella se rio levemente y Will sonrió.

Era cierto que Mike siempre había sido un poco materialista. Siempre odió regalar sus juguetes y siempre se quejaba de eso con Will. Bueno, solía hacerlo antes de que las cosas se desviaran terriblemente. Le dio las gracias a la Sra. Wheeler y subió las escaleras. No supo si tocó antes de empujar la puerta de Mike para abrirla. Lo único que supo era que había encontrado a su mejor amigo sentado en el suelo, en medio de una pila de ropa que ordenaba con un puchero molesto. Incluso así, todavía le parecía hermoso, con su cabello oscuro rosándole los hombros y sus pecas salpicadas en sus mejillas como polvo de estrellas. Desde que tenía memoria, Will siempre había querido rastrear las constelaciones escritas en el rostro de Mike. Sacudió la cabeza para quitarse esa sensación, entró en la habitación de Mike.

—¡Mamá, te dije que estoy ordenando mi ropa! ¡No tienes que venir a revisar cada cinco minutos!

Justo cuando Will iba a abrir la boca para informarle que no era su madre, Mike levantó la cabeza y sus ojos se posaron en él abriéndose completamente antes de que Mike le sonriera suavemente.

—Hey Will, no sabía que vendrías. ¿Está todo bien?

No. Nada estaba bien. Precisamente por eso estaba ahí. Quería arreglar las cosas. Quería desesperadamente arreglar las cosas. Pero ni siquiera podía hacer eso. Todo lo que parecía hacer era romper cosas, romper vidas. Y cuando intentaba, por una vez, arreglar algo, no funcionaba. Estaba inquieto de nuevo, retorciéndose los dedos.

—Sí... yo solo... no sabía qué hacer, así que vine aquí. —Will balbuceó antes de estremecerse ante sus propias palabras. Incluso a sus oídos no sonaba convincente.

—Siéntate. —le dijo Mike y él lo hizo. Su habitación no había cambiado mucho desde la última vez que entró. Habían carteles diferentes en la pared pero era la misma pintura azul, el mismo armario blanco y la misma cama individual en la esquina.

—¿Estás seguro de que estás bien? Puedes decírmelo, ¿sabes? —dijo Mike, inclinando la cabeza mientras veía a Will.

Will realmente desearía que pudiera dejarlo de mirar así. Como si Will fuera una especie de tesoro cuando él sabía que no lo era.

—¿Por qué tú y El no han hablado desde el asunto del congelador en la pizzeria?

—¿Qué? —De todo lo que Mike podría haber esperado, eso no era ni de cerca lo que imaginaba que preguntaría.

—Hiciste lo que ella quería que hicieras, ¿verdad? Le dijiste que la amas. ¿Por qué no hablaste? ¿Por qué parece que nada ha cambiado?

Las palabras salieron de su boca antes de que supiera qué decir. Will estaba perdido, su cuerpo estaba en piloto automático y su corazón no podía dejar de doler.

Te amo en tus días buenos, te amo en tus días malos...

La voz de Mike resonó en su mente. ¿Por qué no hablaron? No entendía una sola cosa.

—¿Q-qué importa? —dijo Mike, sonando y luciendo ofendido.

—Quiero saberlo, porque me preocupo por ustedes dos... y yo... ¡no entiendo! —Mierda, su voz se quebró. —¡No entiendo porque parece que se preocupan el uno por el otro solo cuando el uno no está aquí! ¡No entiendo por qué! ¡No entiendo por qué le dijiste que la amabas si después la ibas a ignorar! ¡De verdad que no lo entiendo!

Ahora Will estaba gritando. No le gustaba gritar, pero lo había hecho de todos modos. Todo su dolor, ira, confusión y amor simplemente brotaron de él como fuegos artificiales y no podía parar. Sabía que no debía gritar, que no debía romperse. Pero no podía ayudarse a sí mismo. Todas las grietas en su corazón se habían extendido a su cuerpo y mente, y todo se estaba desmoronando. Ya nada lo mantenía unido. Se suponía que Mike y Eleven serían su pegamento. Se suponía que verlos felices juntos lo mantendría unido. Si sus dos personas favoritas en el mundo fueran felices, Will lo habría sido. Eso era un poco mentira, habría sido miserable pero no sería tan malo.

—¡¿Por qué te importa tanto?! —gritó Mike y Will de inmediato deseó haberse quedado callado. Odiaba ver a Mike gritar. Sobre todo cuando a quien le gritaba era a él. Lo hacía sentir pequeño, débil, inferior. —¡Hice lo que me pediste que hiciera! ¡Dije lo que ella quería que dijera, así que por qué ninguno de ustedes está satisfecho! ¡Soy yo quien no entiende! No importa lo que diga, ¡nunca soy lo suficientemente bueno!

—Sigues enviando señales mezcladas, Mike. —suspiró Will, las lágrimas se acumulaban en las esquinas de sus ojos. —Nunca sabemos lo que está pasando dentro de tu cabeza.

Se mordió el interior de la boca, prohibiéndose llorar delante de Mike. Su amigo se negaba a mirarlo. Una máscara de ira estaba pegada a su rostro, pero Will podía ver a través de ella. Mike nunca había sido bueno para ocultar sus emociones. Siempre había sido un libro abierto, listo para ser leído por cualquiera que lo recogiera. El tiempo no había cambiado la capacidad de Will para leer las máscaras de Mike. Estaba asustado. No, en realidad estaba aterrorizado. ¿Pero de qué? Eso, Will, era incapaz de adivinarlo.

—Bien bien. Nadie sabe lo que está pasando dentro de mi cabeza. —Dijo con voz pesada y los dientes apretados y Will supo inmediatamente que algo malo iba a pasar.

Y tenía razón.

Mike se levantó abruptamente, demasiado rápido para que Will lo siguiera. Recogió papelera, colocada cuidadosamente al lado de su escritorio, llena de pedazos de papel hechos bolita y en trozos. Todo pasó demasiado rápido para la comprensión de Will. En menos tres pasos, la papelera estaba por encima de él y, al segundo siguiente, Mike había arrojado el contenido de su papelera sobre él antes de salir furioso de su habitación y cerrar la puerta detrás de él.

El corazón de Will saltó. Un dolor repentino lo apuñaló en el pecho, como si alguien le perforará el corazón, justo a través de su torso. No pudo evitar llevarse las manos al pecho, como si el gesto borrara el dolor. Las lágrimas corrían por los costados de sus mejillas mientras veía a su alrededor confundido. Mike siempre había sido una persona atrabancada, pero de ahí a arrojarle su basura literal no parecía algo que haría.

Tratando de poner en orden en su mente, Will tomó un papel en su mano y la papelera en la otra, listo para limpiar el desastre. Cuando se dio cuenta de que algo estaba escrito en el papel. Arrugó las cejas y lo desdobló con cuidado para encontrar una carta. Reconoció la letra redonda de Mike. No quería entrometerse en la intimidad de Mike, pero sus ojos leyeron la primera oración antes de que pudiera apartar la mirada.

—¿Hola, Will? —Murmuró al silencio de la habitación vacía de Mike. —¿Es una carta, para mí? ¿Por qué no la envió?

Era para él, podía leerla, ¿verdad?

—¿Qué? —Will tartamudeó, releyendo la última oración

—¿Qué? —Will tartamudeó, releyendo la última oración. Sus ojos debían estarlo engañando. Pero no, "Con amor, Mike" todavía estaba escrito en la carta con la letra muy reconocible de Mike. Convenciéndose a sí mismo de que no era nada, Will aplasto el papel y lo tiró a la papelera. Cuando tomó otro, dudó brevemente antes de abrirlo. Una vez más, era una carta sin enviar.

Su pulso se aceleró. Él lo leyó. "Con amor, Mike" estaba escrito en la parte inferior de la carta. Lo hizo bolita y lo tiró a la basura, tomó otro, lo abrió. "Con amor, Mike" estaba en la parte inferior de la carta, de nuevo. A medida que pasaba el tiempo, Will siguió leyendo. Debía haber al menos cuarenta cartas destinadas a él. Mike le escribió, simplemente nunca envió sus cartas. ¿Sería por el "Con amor, Mike"? Su corazón latía tan rápido que Will tenía miedo de que le fuese a estallar en el pecho. Miró al suelo para ver si los había recogido todos cuando vio otro. El último. El papel estaba en muy mal estado. Estaba arrugado, desgarrado y agujereado. Mike realmente se esforzó por tratar de destruirlo por completo. Y obviamente eso hizo que la curiosidad de Will aumentara, asi como su presión arterial. Así que lo recogió.

 Así que lo recogió

El mundo se detuvo. No podía ser real. No podía y sin embargo, estaba justo ahí, escrito en negro sobre blanco con esta letra curvilínea que aceleraba el corazón de Will. ¿Mike lo amaba? No parecía real. Tenía que encontrarlo antes de que...

Oh. Oh...

Mike literalmente le entregó una confesión de amor. Will no se había dado cuenta hasta ese momento. Dejando a un lado la emergencia, no pudo evitar reírse entre dientes, eran iguales, ¿no? Realmente, realmente necesitaba encontrar a Mike. Dios sabe cómo se sentiría en ese momento. Debía estar aterrorizado.

Mierda, ¿dónde está?

Will se levantó tan rápido que casi tropezó con sus propios pies. Sus palmas estaban sudorosas otra vez. Tenía que encontrar a Mike. Eso era lo único que necesitaba en ese momento. Salió de la habitación de Mike y bajó corriendo las escaleras, medio tropezándose en el proceso.

—Sra. Wheeler, ¿dónde está Mike?

—Fue directo al sótano, ¿pasó algo? —dijo sonando preocupada.

—¡No, no es nada! —Gritó corriendo al sótano.

No tenía idea de lo que le iba a decirle a Mike. Solo sabía que necesitaba tranquilizarlo. Tenía que decirle que estaba bien. Que todo iba a estar bien.

Afortunadamente, Mike se olvidó de cerrar la puerta del sótano y Will pudo tropezar con la puerta, luciendo desaliñado. Mike giró la cabeza hacia él desde donde estaba sentado, hecho un ovillo debajo de la mesa. Will no recordaba la última vez que había visto a Mike tan asustado. Por una fracción de segundo, incluso se preguntó si algún tipo de criatura de Upside Down se había acercado sigilosamente detrás de él, porque no había forma de que Will diera tanto miedo.

—Las leíste, ¿no? —Dijo con la voz más pequeña que pudo.

—Sí, lo hice. —Respondió Will acercándose lentamente a Mike como si su amigo fuera un animal salvaje, listo para salir huyendo en cualquier momento. —No puedo creer que me hayas escrito.

—Lo siento. —dijo Mike inmediatamente. Su cara estaba hinchada y roja, las lágrimas eran visibles en sus mejillas y algunas aún estaban pegadas en sus pestañas. Will no quería nada más que limpiarlas. Su voz era tan inestable como sus lágrimas. —Lo siento, yo...

—Me hubiera gustado recibirlos en Lenora. Hubiera sido bueno saber que no me estabas ignorando a propósito, incluso si entiendo el por qué nunca las enviaste. Para ser honesto, si yo fuera tú, tampoco las habría enviado.

Will avanzó con cuidado, sentándose cerca de Mike, quien se empujó contra la pared como si estuviera planeando atravesarla para escapar, rompiendo el corazón de Will un poco más.

—¿Por qué no estás enojado?

Habían tantas cosas que decir. Como, demasiadas.

—Porque te entiendo. —Will finalmente se decidió. Eso llamó la atención de Mike. Levantó la cabeza y lo miro a los ojos por primera vez desde que Will entró en la habitación. Algo que podría llamarse esperanza brillaba en sus pupilas. —Te entiendo porque he pasado por lo mismo. Yo también, he estado tratando de deshacerme de ello, pero no puedo. Al igual que tú no puedes.

Movió suavemente su mano para que pudiera descansar sobre el tobillo de Mike. Su amigo se sobresalto pero no se alejó de su toque.

—Nunca entendí por qué todos estaban en contra, ¿sabes? —Espero en silencio a que Mike asintiera tímidamente antes de terminar su oración. —Porque amarte se siente como la cosa más fácil del mundo. Nunca nada se sintió tan simple como eso.

Cuando las palabras salieron de su boca, Will sintió que el mundo se había detenido una vez más. Él no podría recuperarlas. Él no las aceptaría de vuelta. Nunca pensó que sería capaz de decirlas en voz alta, hubo un tiempo en que ni siquiera podía pensarlas. Will observo atentamente mientras los ojos de Mike se abrieron de par en par por la sorpresa. Podía escuchar su respiración atrapada en su garganta.

—¿Tú, me amas? —preguntó Mike acercándose a él.

Su corazón latía en sus oídos, ahogando el resto de los sonidos. Will era dolorosamente consciente de su cercanía. Ansiaba desesperadamente estar más cerca, más, mucho más cerca. La mirada de Mike cayó sobre sus labios. Inconscientemente lamiendose los suyos.

—Si, te amo.

—Genial.

Y sin ninguna otra advertencia, Mike cerró la brecha entre ellos y Will sintió sus labios sobre los suyos. Eran cálidos y suaves, aunque un poco húmedos y salados por sus lágrimas. Se sentía muy poco y demasiado al mismo tiempo. Will no podía evitar jadear ante el beso, un beso con el que había fantaseado durante toda su vida. El sonido hizo que Mike retrocediera, Will, sin darse cuenta, hizo un ruido de impaciencia desde el fondo de su garganta. Mike apoyó su frente en la suya y sus narices chocaron. Tenía demasiado miedo de abrir los ojos. Aun podía sentir el fantasma del aliento de Mike en sus mejillas.

—¿Estas bien? —preguntó suavemente. Como si Will fuese su posesión más preciada, como si fuese a romperse como un cristal si Mike no tuviese cuidado. Y podría, Will piensa que podría colapsar por la sorpresa, el deseo y el miedo. Excepto que ahora, Mike estaría allí para reconstruirlo. Realmente era todo lo que contaba, ¿no es así?

—Sí. —respondió Will un poco avergonzado de lo sin aliento que sonaba.

Pero ese era el poder de Mike Wheeler. Siempre hacía que Will se sintiera cálido y confuso por dentro. No era de extrañar que un simple beso lo afectará así. Volvió a inclinar la cabeza y esta vez se encontraron en el medio. Mil fuegos artificiales estallaron en el estómago de Will. Todo su cuerpo se sentía eléctrico cuando Mike comenzó a mover sus labios contra los suyos, un poco vacilante como si estuviera preocupado por la respuesta de Will. Realmente no debería porque estaba más que feliz de dejar que Mike lo guiará y comenzó a imitar sus movimientos. Un jadeo escapó de la boca de Mike. Estaba haciendo temblar a Will. Instintivamente estaba moviendo sus manos alrededor de la espalda de Mike, una agarrando su hombro y la otra en la base de su cuello, enterrando sus dedos en su cabello. Todo estaba caliente, caliente, caliente. Mike le sostuvo la cara con las manos. Tentativamente pasó la lengua por el labio inferior de Will mientras este abría la boca, dejándolo entrar. Will no pudo evitar tirar del cabello de Mike mientras lamia su boca. Todo su cuerpo se sentía como miel y mantequilla, derritiéndose por completo en el abrazo de Mike. Lo único de lo que era consciente era de Mike. Solo Mike. Se estaba emborrachando con él, con su beso. Will no tenía idea de cómo sobrevivió tanto tiempo sin saber lo que se sentía besar a Mike Wheeler.

No supo quién rompió el beso, pero de repente se separaron. Estaban uno frente al otro. Las pupilas de Mike muy abiertas, sus labios están hinchados y rojos. Al verlo, Will casi se sumergió para darle otro beso. Él tampoco creía verse tan cuerdo. Podía sentir su rubor extendiéndose por sus mejillas. Mike habló primero, después de un momento de silencio solo interrumpido por sus respiraciones dificultosas.

—Quería decírtelo, pero soy un cobarde. Estaba demasiado asustado. No sabía qué pasaría si... si me permitiera amarte. Entonces, te alejé cuando lo único que quería era que estuvieras cerca de mí.

—Está bien Mike, no te preocupes por eso.

—¡No, Will, no lo esta! Realmente no lo esta. Mientras luchaba con mis estúpidos sentimientos, los lastimé a ti y a El. Solo los hice llorar a los dos.

Ante la mención de su hermana, Will sintió que el temor corría por sus venas como un reguero de pólvora helado. ¿Qué le iba a decir?

Mierda, mierda, mierda -

Pero antes de continuar fue sacado de sus pensamientos por un apretón tranquilizador en su mano. Mike parecía haber estado leyendo su mente.

—El lo ha adivinado. Ella me habló una vez después de su pelea con uno, ella, eh, me confrontó sobre mi amor por ella. Supuso que incluso si la amo, no era en la forma en que debería. Que no la amo como te amo a ti. Ella me dejó, por eso no hablamos después de eso. Lo siento mucho, debería habértelo dicho antes, pero...

Las palabras de Mike calmaron su mente. Todo parecía de repente más claro. Al ver a Mike divagando de nuevo, Will lo hizo callar con un rápido y silencioso beso.

—¿Por que fue eso? —Mike preguntó, estupefacto.

—Porque queria hacerlo.

Su amigo... ¿seguía siendo su amigo? Will decidió que sí, aunque quisieran ser más, siempre serían amigos también, enarco las cejas, sabiendo muy bien que no eran las verdaderas intenciones de Will. Siempre se habían entendido. Un beso no iba a cambiar eso. Mike se rio en voz baja y dejo caer la cabeza sobre el hombro de Will. Will inmediatamente alcanzó su cabello, cepillándolo suavemente con sus dedos. Todavía no podía creer en su suerte. Todavía se sentía como si estuviera nadando en un sueño. Pero se permitió tener esa felicidad, por una vez.

Por una vez, ambos se permitieron amarse.

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