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Nápoles, 2003
Fugo no sale a menudo.
Él no lo hace, y generalmente está bien con eso. No le gustan las fiestas, no realmente, y es horrible para las citas. Bebe de vez en cuando alcohol con Mista, pero no lo suficiente como para que salir con él sea un pasatiempos, aunque sí un hábito un par de días al mes. Él nunca sale de fiesta a menos que necesite un impulso serio de ego o por razones de la mafia.
Lo mismo ocurre con las películas. Fugo detesta la idea de ir al cine como una práctica general de citas, al contrario de Mista que es un cinéfilo declarado. No puede comprenderlo, no encuentra una razón útil, ¿Cuál es el punto de tener una cita con alguien si todo el tiempo de "conocerte" lo pasas en silencio con los ojos pegados a una pantalla grande? Pero de igual modo odia ir al cine solo sin una presencia a su lado para comentar la película luego.
Es Octubre y todos en Libeccio hablan de Kill Billl. Esa nueva película con aura antigua de Tarantino, aquella donde la protagonista se dedica a masacrar casi todos los personajes en su búsqueda. Absolutamente todos los que Fugo conoce ya lo han visto.
Mista y Giorno fueron el primer fin de semana, es una de sus citas de hombres, por así decirlo. Mista ama el spaghetti western y la película tiene elementos de ello. Invitaron a Fugo para que los acompañara, pero Fugo estaba agotado tras un día de patear culos y mirar contrabandos, de todos modos, pasar el rato con entre Mista y Giorno le hacía sentir incómodo, como si estaba fuera de lugar entre dos grandes amigos.
Sheila E fue a verlo sola, sin decirle a alguien más. Nunca tiene reparos en ir al cine sola al igual que Murolo.
Y Fugo, no quería dejarse llevar por la marea de personas. Tampoco cuenta con más amigos, trabajaba demasiado en sus territorios para tener vida social, y todos ya habían visto la película, incluido los mesoneros del Libeccio y Murolo. Y entonces él estaba solo.
Si se hubiera detenido a pensar en ello, cosa que no ha hecho, probablemente diría que Giorno no se ha dado cuenta de que quiere ver la película. Tristemente estaría equivocado, se da cuenta un viernes por la mañana, cuando llega a la residencia de Giorno unos veinte minutos más tarde de lo habitual; lo encuentra ya despierto, vestido y acicalado, sentado en su sillón favorito mientras disfruta del café matutino.
Fugo tiene las llaves de esta residencia al igual que Mista. Giorno le dio una copia un día largo donde fue su escolta. Y se aseguró de que Fugo supiera que era una muestra total de confianza. Aparentemente no era divertido hacerlo si no atormentaba a Fugo un poco con ello.
Entonces Fugo entra esa mañana al despacho para dedicarse a labores administrativas, y Giorno está allí tomando café y devorando biscotti como si no lo viera. Fugo le saluda en silencio con la acostumbrada reverencia y deposita algunas carpetas de Manila en el escritorio cercano.
—Fugo, tengo una sorpresa para ti,
—…
Fugo lo mira en silencio, con cautela, tratando de no traicionar interés o temor alguno, incluso cuando crece dentro de él en contra de su voluntad. Las pequeñas sorpresas de Giorno siempre son mucho más reflexivas, mucho más acertadas e intensas que las de la mayoría de las personas para él. Lo que tiene sentido para la lógica de Fugo. La naturaleza de Giorno resolviendo problemas le permite acceder a los matices más pequeños y tenues del deseo humano… o cuanto más evidente, menos arraigado. Cualquiera que él decida usar.
Y Giorno saca dos boletos de su billetera. No son entradas comunes, ni para un teatro. Son más grandes. Entradas para una función especial de cine en Afragola.
—¿Qué es esto, GioGio?,
—Estos, —contesta Giorno, sosteniendo los boletos para que Fugo pueda verlos mejor—, son dos boletos para ver Kill Bill esta noche a las ocho y media. Tú y yo tenemos planes esta noche, Fugo,
—…, —Fugo frunce el ceño—, ¿Cómo sabes que no tengo otros planes?,
—Fugo, por favor. Dame un poco de crédito,
—No iré al cine contigo, GioGio, —Responde sin titubear y ni tiene que pensarlo. Las películas son demasiado... intimas para ir con Giorno. Aunque él odia ir al cine con citas, aunque está bastante seguro de que Giorno no tratará esto entre los dos como una cita… o eso quiere creer.
—Tienes razón. No irás, —Giorno le lanza una media sonrisa descarada—, Vas a ir a ver una película, que yo quiero volver a ver. Imagínate. Este cine es un gran semicírculo, efectos especiales en tiempo real, tamaño real. Justo en la acción para nosotros dos,
—GioGio. No es apropiado, —Replica Fugo con obviedad. Salir después del anochecer para ver una película con su joven jefe aterrador es lo menos recomendable que jamás haya escuchado.
—¿Por qué no? Somos amigos, —Giorno levanta las cejas y Fugo odia esa mirada de gatito en él—, Confía en mí, Fugo, si tuviera la intención de seducirte, se me ocurriría un plan mucho mejor que este,
—…, —Fugo tose, por un momento quiere preguntarle cuál sería el mejor plan, pero decide no hacerlo. No puedes darle a Giorno oportunidades como esa—, Estoy seguro de que lo harías, GioGio, —responde con las manos a cada lado de sus caderas y frunce el ceño—, Pero ello no cambia el hecho de que es inapropiado,
Se da cuenta demasiado tarde de que ser "inapropiado", funcionaría alejando a la mayoría de las personas, pero es una frase que rebotará en Giorno con facilidad. Porque Giorno es el tipo de persona a la que le importa una mierda ese tipo de cosas. En absoluto. Giorno siempre tomará lo que quiere.
—Entonces, considéralo un regalo de cumpleaños. Sería apropiado que yo como tu amigo te compre algo para tu cumpleaños, ¿verdad?,
—Mi cumpleaños fue hace ocho meses, y ya me compraste algo,
—Navidad, entonces,
—Es Octubre, GioGio,
—Somos dos personas que intentan construir su amistad para el bienestar de Passione en su conjunto,
Fugo se ríe, no puede contenerse. Giorno tiene tanta persistencia, Fugo tiene que cederle eso. Él lo está persiguiendo ahora como si fuera un amante potencial, y Fugo no puede evitar preguntarse cuánto más persistente sería Giorno si Fugo de verdad fuera eso; un amante. Le parece que Giorno es el tipo de hombre que disfruta del reto. No de la presa.
—¿Por qué haces esto?,
—…, —Giorno no responde. Por supuesto que no le dirá. Giorno espera que las personas le den todo sobre sí mismos, sin dar algo a cambio. Y lo que causa más miedo a Fugo es saber que su jefe muy a menudo consigue lo que quiere.
—Estaré esperándote aquí para irnos las 20:00, Panni,
—…,
Y Fugo siquiera puede ser capaz de decirle todo lo que está mal en esa frase. Uno, Fugo no lo quiere cerca salvo si es por trabajo, dos, definitivamente se supone que Giorno como su jefe no debe llamarlo por motes cariñosos, Buccellati jamás lo hizo, y tres, lo más importante, ¡Ni siquiera le ha dicho que sí a Giorno!
Pero antes de que Fugo pueda decir algo, él se levanta de su sillón después toma su portafolio estudiantil y deja el despacho sin mirar atrás.
…
Fugo llega diez minutos antes y cruza dedos para que Mista esté allí y vaya con ellos. Él está en la residencia de Giorno a las 19:30, y se distrae demasiado mirándose ante espejo antiguo que Giorno tiene en su hall. Viste por completo en un traje negro agujereado que muestra las tiras de su tanga en los agujeros de las caderas y su cabello está elegantemente peinado hacia un lado. Fugo tiene tiempo para abofetearse mentalmente mientras se arregla cualquier desperfecto ante el espejo, por tratar de verse demasiado bien para su cosa con Giorno, ¿Cómo debe llamarlo? ¿Es un evento? ¿Cómo se llama esto con exactitud? al que ni siquiera quiere ir.
Una vez que llegan allí, Giorno salta por las palomitas de maíz que venden en el puesto de comida y le compra golosinas sin que Fugo se lo pida. Son guiados escaleras arriba en el teatro oscuro a un par de asientos directos en el centro.
Las palomitas de maíz son deliciosas. Le pusieron demasiada mantequilla, que es exactamente como a Fugo le gusta. Las agarra a puñados, y se siente por un momento como cuando salía con Mista y Narancia y devoraban entre los tres cubos enormes de palomitas… o Narancia comiendo cualquier cosa en general.
La película es buena, aunque el que estén solos en el cine mejora la experiencia aún más. Fugo mira con admiración la escena de Hattori Hanzo que tanto le habló Mista, y luego se ríe con aprecio por la escena donde Vernita y the bride beben café antes de matarse, se estremece cada vez que la música de Ennio Morricone llega a sus oídos. Giorno y él se dan codazos cuando aparece una escena sangrienta emocionante, con los ojos brillantes, riendo como dos tontos por lo exagerado de las situaciones.
Aproximadamente una hora después, Giorno se inclina, más cerca de lo necesario, en realidad, y le susurra al oído:
—Estás acaparando las palomitas de maíz,
El imprevisto sonido de su voz, ronca, porque tiene problemas para susurrar, el aroma a mantequilla, chocolate y dulces de su boca, y la repentina cercanía de ambos en el cuarto oscuro torna nervioso a Fugo.
—Cállate, —murmura de vuelta. Pero ahora Fugo está sorprendido por la intimidad de todo, el comprender de que él está a centímetros de distancia, en la oscuridad total, que puede olerlo, sentir su aliento golpeando su oreja. Si mueve la rodilla un poco hacia la derecha tocará la rodilla de Giorno, si ladea su rostro probablemente se tope con el de Giorno. No se había dado cuenta de lo cerca que estaba eso.
De vez en cuando, Fugo desvía la mirada y lo atrapa observándolo, una suave sonrisa se dibuja en los labios de Giorno, sonriendo de la reacción que tiene Fugo ante algo divertido, aterrador, sangriento o triste. Las primeras veces Fugo le devolvía la mirada, pero después de un tiempo deja que Giorno lo mire todo lo que quiera.
Luego, cuando O-Ren Ishii vuelve su rostro hacia la pantalla y muestra la cabeza cortada, con el cerebro afuera: como un coco cortado, Fugo se estremece involuntariamente. Odia recordar aún a Massimo Volpe y a otros que él ha asesinado durante las partes espeluznantes de las películas. Giorno se acerca para apretar su mano, un apretón fuerte y firme, y lo suelta. Casi como si lo entendiera.
—…,
Y Fugo mira por un momento la mano que él le tocó, después frunce el ceño, se recuesta en su asiento, apoya los pies en el respaldo de la silla vacía al frente y agarra otro puñado grande de palomitas de maíz. Giorno sólo lo mira con curiosidad y luego sonríe.
—En verdad no tengo idea de cómo eres tan delgado, Fugo,
A Fugo le gusta todo. Esto no es una cita, pero si todas sus citas pudieran ser así, con gusto las aceptaría. Fugo está aquí, flotando en la oscuridad, sintiéndose incorpóreo en algún universo alternativo, como si estuviera en un mundo de ensueño, pero no es una fantasía donde está solo. Son Giorno y él. Juntos. Y descubre que ello le agrada.
Es como si ambos soñaran el mismo sueño…
—El restaurante al que he reservado para esta noche está a tres minutos, —dice Giorno, casualmente—, Puedes invitarme a comer para compensar esto si quieres,
Fugo cabecea sin dejar de mirar la pantalla.
—Está bien, —contesta.
—… ¿Así de fácil? Pensé que ibas a poner más trabas, Fugo, —rezonga Giorno sorprendido.
Y Fugo sólo sonríe en silencio por lograr esa expresión sorprendida en su rostro.
