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«El cielo será hermoso esta noche.»
Hoy en Reveil es el festival en el que muchas luces adornan el cielo. Las lámparas se elevan y crean un escenario inolvidable. Ahora estábamos todos escribiendo nuestros deseos antes de que vuelen y yo tenía un problema.
—¡No sé qué escribir! —grité.
Esperaba llamar la atención de Oz o de algún conocido, pero todos estaban muy concentrados en sus hojas que me ignoraron. Bufé. Solo empecé a desesperarme por mi bloqueo.
—¡Solo escribe lo que deseas, coneja estúpida!
Ah, ese fue Gilbert. No me giré a verlo, solo me concentré en mi hoja en blanco y pensé: ¿qué deseo? Eso no me lo había preguntado antes, ya pude saber por qué yo solo había anotado mi nombre mientras que los demás escribían a un ritmo acelerado.
"Quiero carne, mucha carne. También quiero acariciarle el cabello a Oz". Eso anoté y doblé mi hoja para colocarla dentro de la lámpara. Lo segundo se derivó de un pensamiento que tuve una mañana: "Oz tiene el cabello suave". Fue raro para mí porque no es algo que haya hecho antes y no dudaba de mi afirmación. Tal vez por considerarlo una verdad absoluta; una verdad no comprobada.
Me gustaría encontrar la respuesta de por qué quería tocarle el cabello, descarté el estar enamorada. Sharon me dijo que el «amor» era un dulce, pero cuando pregunté en la tienda me miraron de una forma extraña, sus labios se curvaron en una sonrisa. Ahí supe que me había mentido y que es un sentimiento; yo como una cadena no puedo experimentar emociones humanas. Sin embargo, si el amor es lo que siento cuando como carne entonces creo que puedo entender el significado.
¿Cómo puedo explicar lo que siento por Oz? Es como estar cerca de una chimenea en una noche demasiado fría en la que mis dientes tiritan y busco una fuente de calor. Es cálido, una sensación agradable. Me acuerdo de un día nevado en el que veíamos en la ventana como la ciudad estaba siendo envuelta por un manto blanco, todo era de ese color. Nos abrigamos y jugamos a lanzarnos bolas de nieve, Gilbert nos observaba y Oz lo invitó a unirse y él solo le dijo que no estuviéramos mucho tiempo en la nieve. Después nos sentamos enfrente de la chimenea para calentarnos y estuvimos hablando de cosas sin importancia.
—Alice, ¿qué escribiste? —habló Oz con su voz muy emocionada. Una de sus manos sostenía su lámpara. Estaba junto a Gilbert.
No le respondí de inmediato, primero me pregunté si era bueno decirle mi deseo. Había visto en un lado que cuando se cuentan ya no se cumplen y yo no quería pasar por ese riesgo. No quiero perder mi oportunidad de tener mucha carne.
—Oz, no preguntes eso —intervino Gilbert y ví como trataba de persuadirlo para cambiar de tema.
—¿Eh? ¿Por qué no? No creo…
Dejé de ponerles atención y empecé a caminar para recorrer la calle en la que estábamos. Algunos puestos eran de juegos, otros de crepas y manzanas acarameladas. También estaban a la venta los faroles de papel. En sus carpas habían lámparas alumbrando la calle. Me giré a ambos lados para observar todo maravillada.
Puedo entender por qué Oz quiso venir. Él escuchó una conversación de los sirvientes de la mansión sobre una festividad en Reveil en la que los asistentes anotan sus deseos en una lámpara y luego la sueltan. El cielo se llena de muchas luces para crear una escena hermosa. Originalmente solo íbamos a venir Oz, Gilbert y yo, pero al parecer decidió invitarlos a todos. Yo no tenía ningún problema con eso, se trataba de un acontecimiento que ellos no se podían perder.
No sé cuánto tiempo estuve caminando que cuando me volteé ya no los ví. Lejos de entrar en pánico pensé en que esta era mi oportunidad para subirme a un tejado y ver todo desde arriba, las personas vistas desde esa altura se ven pequeñas y pienso en que podré ver el cielo mejor. Antes de subir a un árbol que no está muy alto, me aseguro de que nadie me esté viendo y empiezo a trepar.
Arriba estaré pendiente cuando los demás suelten sus lámparas para soltar la mía. Me acuesto en el techo y miro el cielo nocturno de la ciudad. Por lo que me contó Oz también lanzan fuegos artificiales, creo que eso es cuando ya está todo despejado de las lámparas.
Me gustaría verlos junto a Oz. Y de nuevo mis pensamientos terminan en él. Tenía ganas de golpearme en la cabeza para que dejara de estar en mi mente, algo imposible. No iba a salir tan fácil, no cuando ya estaba siendo alguien importante para mí.
—¡Alice!
El grito hace que me levante de golpe del tejado y me asomé con cuidado para ver a Oz y Gilbert. Los dos estaban volteando a los alrededores. Una sensación agradable me invade al saber que no se olvidaron de mí y claramente no lo iban a hacer por dos razones; la primera es porque soy una cadena considerada peligrosa y la segunda porque somos amigos y los amigos no se dejan abandonados.
—¡Aquí estoy!
Los dos se voltean y Oz corre hacía el árbol, veo que Gilbert le dice algo y se queda abajo, se reúne con el tío de Oz y Ada. Empiezo a creer que la cabeza de algas tiene vértigo a las alturas o ¿por qué él no se subió también? La vista es genial aquí… Entrecierro los ojos ante lo que se me acaba de ocurrir. No creo que se deba para dejarnos solos a Oz y a mí. Debe haber otra razón. Sí, pensaré que le dan miedo las alturas.
Ya tengo con qué hacerle burla. Cruzo mis brazos y sonrío victoriosa.
Oz se acuesta a un lado de mí. Tiene su vista fija en el cielo. No se ve ninguna estrella, solo la luna que parece un punto blanco en la inmensidad. Cuando volteo, él también hace lo mismo, nuestras miradas se cruzan y yo rápidamente me deshago del contacto visual.
—¿Qué escribiste? —pregunta con mucha curiosidad—. Un día leí que hay más posibilidades de que los deseos se cumplan cuando se dicen.
¿Eso es cierto? Supongo que debo creerle, pero tengo que buscar su fuente de información. Finjo pensar. Entiendo lo que acaba de decir.
—Te lo diré si me dices el tuyo.
Un trato justo. Los dos sabremos el deseo del otro, por lo que me parece que saldremos beneficiados. Aún así siento vergüenza de decirle el mío. ¿Será buena idea decir "Oz, te quiero acariciar el cabello"? No sé, es difícil y no sé cómo vaya a actuar, no creo que se moleste y lo pienso mucho antes de decirlo.
—Deseo poder pasar muchos momentos felices al lado de todos ustedes —dijo Oz y luego miró el cielo con una expresión nostálgica.
"Con todos ustedes". Sonreí. Sí, hemos pasado muchos momentos juntos. Todavía los recuerdo porque no puedo olvidar los que me causan una sensación agradable, se me hace que es la felicidad y no es un postre como antes pensaba.
Hice un puchero. Si comparo su deseo con el que escribí, el mío es tonto. Todo por hacerle caso a Gilbert ignoré a mi corazón. No quise mentir cuando él fue honesto en decirme el suyo.
—Deseé comer carne.
Escuché su risa.
—Tratándose de ti me esperaba que escribieras algo así.
Entonces ¿qué caso tuvo decírselo? Antes de que pudiera responder una luz se elevó en el cielo. De repente abajo se escucharon muchas voces.
—Oz —llamé y tomé su brazo para sacudirlo en un intento de llamar su atención—. Mira.
Señalé el cielo y las luces que iban apareciendo. Nos sentamos sobre el tejado y contamos hasta tres para soltar las lámparas y ver cómo se elevaron. En el fondo de mi corazón deseé que el deseo de todos se cumpliera. El mío podía pasar desapercibido. Entonces recordé que la segunda parte podía cumplirla en este momento.
Oz miraba embelesado el cielo y había razones. Realmente mi corazonada se hizo realidad. El cielo se ve hermoso, lo mejor es que los faroles son de diferentes colores por lo que parece un arcoíris en medio de la noche. Espero que el tío Óscar haya traído su cámara porque esto es algo que debe tener un registro. Sin embargo, un día escuché que los mejores momentos son aquellos que no tienen fotos, la pasas también que se te olvida, los atesoras en un lugar de tu memoria.
Soltó exclamaciones y yo solo permanecía en mi lugar, inmóvil, observando cómo se iban alejando. Ya deben estar cerca los fuegos artificiales. Aproveché la pausa para estirar mi brazo y acariciar su cabello. Lo miré por el rabillo del ojo y no parecía molesto por lo que estaba haciendo, tal vez disfrutaba la sensación de mis dedos. No me quedé con ganas y de nuevo tuve razón en algo: su cabello es suave.
—L-lo siento —susurré después de un tiempo y retiro mi mano.
¿Qué estoy haciendo? Disculparme es algo raro en mí. Esta vez hablo de forma sincera. Oz se volteó y sonrió. Una sonrisa muy hermosa y dedicada a mí. Tan amable y lindo como siempre. Me causa una sensación extraña, como un agujero en medio del estómago.
—Continua, Alice.
Es como si me hubiera dado permiso. Tan metida en mi mente que se crearon un montón de escenarios de cosas que no iban a pasar. Lo obedecí y volví a tocar su cabello. Debo admitir que me gustó mucho esa sonrisa que apareció en su rostro. Al poco tiempo después cambió por la sorpresa al ver el primer fuego artificial en el cielo.
Esta vez no aparté mi mano, sino que pensé en muchas cosas; en que el cielo se ve hermoso, en que el cabello de Oz es suave y me gusta acariciarlo y en qué venir al festival en Reveil fue una buena idea. Me aseguraré de que estos recuerdos no desaparezcan y espero que esté pensando lo mismo.
