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Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 10 of Flufftober 2022
Stats:
Published:
2022-10-10
Words:
2,064
Chapters:
1/1
Kudos:
4
Bookmarks:
1
Hits:
62

Volver a verte

Summary:

Dos años han pasado desde la última vez que Ada vio a Vincent.

Notes:

Día 10. Reencuentro.

Si ven errores, los corregiré después. La verdad es que no me animé a releerlo porque me dan ganas de llorar.

Work Text:

Dos años habían pasado desde que Gilbert le dijo que Vincent había muerto. Una noticia dolorosa e inesperada para ella.

Una parte de Ada estaba segura de que se trataba de una mentira, pero el tono de voz y la expresión en el rostro de Gilbert hacían que rápidamente abandonara esa idea porque él no era capaz de mentir con algo así, más cuando quería mucho a su hermano. Trató de mantenerse firme deseando que no fuera realidad, sin embargo sus lágrimas estaban saliendo y no podía hacer nada para detenerlas, solo llorar hasta que se sintiera mejor.

¿Y es qué cómo se suponía que tenía que actuar? Se preguntó por qué todo tuvo que terminar de esa manera. Vincent había sido la primera persona de la que se enamoró y quería mostrarle todas las cosas que desconocía; quería ser una luz en esa oscuridad, una razón por la que se alegrara de haber nacido y ser la persona con la que pudiera compartir su vida. Aunque ahora todas esas cosas permanecerían como un deseo de algo imposible. Era extraño. No habían sido nada, pero sentía como si una daga la hubieran clavado en su pecho y le creara una herida difícil de sanar.

«Dos años» repitió en su mente. Dos años en los que fue consolada por Gilbert y en los que trató de seguir con su vida porque estaba segura de que era su último deseo. Tal vez el sentimiento no fue mutuo, pero seguía pensando en él y una pequeña parte de Ada seguía esperando su regreso. Se podía conformar con verlo por una última vez porque podría decirle todas las cosas que calló, todo lo que estuvo haciendo en ese tiempo y lo que más esperaba era que la abrazara, disfrutar su calidez y sus manos alrededor de ella.

Cuando pensaba en Vincent ya no terminaba siendo un desastre de lágrimas, sino que lo recordaba como una persona muy especial de la que le hablaría a sus hijos cuando tuvieran edad, pero a pesar de seguir con su vida, en sus relaciones no lograba llegar a más de una amistad. No se sentía preparada cuando aún su corazón no se curaba de las heridas que había provocado su partida. Y se odiaba por eso, no tenía que pausar su vida por él.

Recordó que eso le dijo Gilbert. Al menos él había sido un apoyo para ella y se sentía mal por decirle que estaba bien cuando no era así. Sus sentimientos eran un caos, un remolino. Dos años y de nuevo sentía las ganas de llorar cuando llegó al parque donde solían tener sus citas, se mordió el labio para reprimir las lágrimas y utilizó su mano como abanico en un intento de secarse el agua que estaba amontonandose en sus ojos.

Desde que recibió la noticia empezó a dar paseos en lugares cercanos a la mansión para tratar de seguir con su vida, ver su alrededor y hacer el esfuerzo por salir adelante. No obstante, evitaba cualquier lugar que le recordara a Vincent y hoy parecía que olvidó eso. Aún así era un gran paso el que había dado al ir a los lugares que frecuentaban.

Se giró en todas direcciones para ver si no había alguien cerca que la viera en ese estado. «Patético» pensó al pasarse el dorso de la mano por sus ojos. Después de un rato se deshizo de ese pensamiento, no era patética; había perdido a la persona de la que estaba enamorada y se había creado una máscara en los dos años para fingir ser fuerte, un grave error porque tenía que vivir el duelo, el dolor disminuiría con el tiempo. Solo que… al parecer no había llorado lo suficiente.

Para no derramar sus lágrimas en un lugar público centró su vista en el jardín de rosas, aquellas flores eran de un color rojo brillante que resplandecía con los rayos del sol. Se acercó al arbusto y pasó sus dedos por los pétalos. Luego siguió caminando, dos años habían pasado desde la última vez que vino a este lugar y el único cambio notable era que el jardín estaba repleto de flores. Quería llorar por dos razones: porque el paisaje era tan hermoso y Vincent no estaba ahí para verlo.

Cuando los dos salían al parque no estaba así, las rosas apenas estaban floreciendo. ¿Era la primera vez que se daba cuenta de todo lo que se encontraba a su alrededor? No, tal vez solo Vincent la distraía, algo parecido le ocurría a él cuando iban a la ópera y no podía concentrarse. Sonrió de lado ante ese recuerdo, aún podía sentir el tacto de su mano en su cintura y cuando le susurraba cosas bonitas al oído, fueran mentira o no la hacían feliz.

—¿Ada?

Ya estaba muy cerca de llegar a una banca cuando esa voz hizo que se detuviera. Conocía esa voz. Ahora sí se le hizo imposible aguantar las ganas de llorar porque ya estaban corriendo en sus mejillas, se inclinó un poco y se tapó la boca con las manos para evitar soltar un sollozo.

¡Lo había extrañado tanto! Permaneció quieta en medio del camino y esperó que él se acercara. No sé sentía capaz de voltear, ¿y si la voz se trataba de su imaginación y no había nada? No, ella no quería pensar eso. Lentamente dio la vuelta y no pudo creer lo que sus ojos veían. Sea un sueño o su imaginación, estaba tan feliz por verlo. Todo de él permanecía igual, tal como recordaba.

—¿Señor Vincent?

Llamarlo así ya se le había hecho una costumbre. Se sorprendió de que su voz no sonara débil a pesar de todas las lágrimas que salían, se talló los ojos y tomó una parte de su vestido para alzarlo y correr a su dirección. Lo rodeó con sus brazos, ya extrañaba esta sensación. Lo mejor era que no hizo nada para apartarla, sino que también la estaba abrazando.

—¿Por qué desapareció? ¿Es que no le importó herirme?

Todavía no lo había soltado cuando hizo esas preguntas y no lo haría hasta que le respondiera. Tenía muchas dudas, se separó de él y lo miró, alzó su mano y tocó su mejilla como si se estuviera asegurando de que fuera real, pero sentir la suavidad de su piel en sus dedos hacía que se sintiera segura de que la persona enfrente de ella era Vincent, de quién estaba enamorada. Ninguno de los dos decía algo y Ada pensó que no era necesario, verlo le resultaba suficiente.

—Quería que fueras feliz con alguien más —susurró.

Deshizo el abrazo al escuchar eso, se limpió todas las lágrimas y lo miró a los ojos; uno dorado y otro rojo. ¿Había escuchado bien? ¿Ser feliz con alguien más? Gilbert le había dicho lo mismo y ella estaba dispuesta a hacerle caso, pero no era fácil. Sus sentimientos no cambiarían de un día para otro, podía proponerse hacer el esfuerzo por olvidarlo, si no fuera por todos los recuerdos que se le venían a la mente. No iba a lograr ser feliz con alguien más si el rostro de la persona que quería no se iba. Sus relaciones no funcionaban por pensar en alguien más. De nuevo Ada se odiaba por eso.

—N-no —dijo a la misma vez que negaba con la cabeza, la voz le salía en un hilo—. N-no iba a lograr ser feliz en un mundo… e-en el que usted, señor Vincent, no esté.

Se había sincerado. En los ojos de él pudo notar la sorpresa y se le hizo algo parecido a lo que dijo en el pasado. No le dio una respuesta, era de esperarse. Se quedó en silencio, Ada sintió como la tomaba de la mano y empezó a caminar. El lugar en el que la iba a llevar era la banca, en el mismo lugar en el que tenían sus encuentros. De repente recordó cuando Vincent se había acercado mucho solo para quitarle una hoja de su cabello.

Se detuvieron en una banca. Vincent no se sentó, sino que permaneció de espaldas frente a ella. Inmóvil. Parecía actuar como si no hubiera escuchado nada

—E-estoy enamorada de usted —lo dijo rápidamente—. M-mis s-sentimientos no han cambiado.

—Debes estar mintiendo.

Aunque tratara de fingir estar bien, sintió tristeza en su voz, como si quisiera llorar. Se volteó y se sentó.

—¿Por qué lo estaría? —Ya dejó de tartamudear y se acercó a la banca. No se giró al escuchar su voz—. No hay manera de que le esté mintiendo. Si piensa que no es digno de ser querido le demostraré lo contrario porque yo…

—¡Cállate!

Se asustó un poco, retrocedió unos pasos y esperó a que su respiración se volviera regular. No iba a pedir permiso, ni tener miedo, así que se sentó junto a él y le dio un abrazo por atrás, dejó su cabeza descansar sobre su hombro.

No supo por cuánto tiempo permanecieron en silencio sin decir nada, pero le sirvió para pensar. No le causa ninguna duda de que la razón por la que Vincent desapareció por dos años fue para que ella fuera feliz con alguien más. Algo Imposible de cumplir. Ahora se le añadió otra razón y esta era que, tal vez, se fue por no considerarse alguien digno de querer, le era difícil aceptar las muestras de cariño. Si el mundo entero lo odiaba, ella le perdonaría todo, ella lo seguiría queriendo. Por eso esperó que su cercanía le resultara cálida y que aceptara sus sentimientos. Eran sinceros, realmente lo quería.

—Sabe que yo siempre estaré con usted —musitó con su voz suave y se alejó.

Se giró y pudo ver sus ojos cristalizados. Definitivamente quería llorar, pero había algo que lo detenía: quería mostrarse frente a ella. Sí, tal vez era eso. No le contestó, él fue quien se acercó y en el momento más inesperado sintió sus labios sobre los suyos. Un beso que avanzó lento, un momento que ella esperaba y por fin se hizo realidad. Se separaron.

—Me resultabas detestable y aún así me dices que me quieres —habló cabizbajo—. Nunca cambiaste, ¿verdad?

Él sonrió. No había nada que pudiera decir ante eso. Al menos hablaba en tiempo pasado o seguía con esa percepción de ella, no lo sabía y poco le importaba. Ada quería concentrarse en el presente y había que añadir que no cambió en tan poco tiempo, seguía siendo la misma de siempre.

—Si eso fuera cierto no nos hubiéramos encontrado.

—Al final no pude mantenerme lejos de ti —confesó.

Sí, estaba segura. Con esa confesión, Ada quería besarlo o abrazarlo de nuevo; cualquiera de las dos cosas estaban bien para ella porque podía expresar lo muy enamorada que estaba de él y aunque Vincent no actúe tan romántico, sabe que debe sentir lo mismo. Si no fuera así no se hubieran reencontrado y en el mismo lugar. Si no esperara que se volvieran a ver entonces habría caminado en otro lugar y no en uno que le traiga recuerdos.

—Lo quiero, señor Vincent —dijo y apoyó su cabeza en su hombro—, y no le estoy mintiendo.

Porque Ada nunca mentiría de sus sentimientos. Le estaba diciendo que lo quiere porque realmente lo siente. Está enamorada de él y que estuviera con ella en ese momento era la prueba de que la lluvia se había detenido y las nubes grises empezaron a desaparecer, no tardaría en aparecer un arcoiris y un cielo muy azul. Eso era lo que ella esperaba. Ya sus lágrimas dejaron de salir y disfrutó la compañía de la persona que quería en su lugar especial. Escuchó un resoplido y Ada movió su mano con la esperanza de que él la tomara. Sonrió cuando lo hizo. Definitivamente estaba feliz por volverlo a ver y ahora quería permanecer a su lado.

—No has cambiado —contestó—. No puedo negarlo, señorita Ada, yo también la quiero.

Sus palabras fueron cálidas y esperó a que fueran sinceras. Tenían que serlo. Ada quería disfrutar el tiempo junto a él sin hacer más preguntas, sus dudas se iban a resolver más adelante. Casi podía llorar de nuevo, pero esta vez de felicidad, aunque no lo hizo, solo cerró sus ojos y dejó que el aire pasara por su rostro pensando en lo mucho que lo había extrañado y deseaba que no fuera parte de su imaginación.

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