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Satoru está realmente enamorado. Todas las sensaciones que recorren su pecho al ver a Suguru son inexplicables, no podría simplemente definirlo con una palabra, no. “Amor” es algo vano para todo lo que produce en su ser aquél azabache.
—No quiero que te vayas —dice al estar recostado contra su pecho, escuchando con tranquilidad los latidos ajenos.
—¿Por qué lo haría? —responde Suguru mientras acaricia los cabellos blancos como la nieve.
Gojo no considera tener alguna clase de dependencia emocional hacia su alma gemela, como gusta denominar a su amante. Simplemente no se imagina una vida en donde no lo tenga a su lado. Él en verdad ha pensado en una vida a su lado. Quizás no con hijos, pero sí con un par de mascotas que le roben la atención de su amado, al igual que una pequeña casa para ambos, nada extravagante ni muy grande, opina que es mejor un sitio pequeño para ellos porque así lo tendrá más cerca.
—Solo no lo hagas.
—Está bien —responde en un tono calmado Suguru—, pero tú tampoco puedes irte de mi lado.
—Ni siquiera se me cruzaría por la mente el hacerlo.
No se trata solo de un romance adolescente, algo pasajero que cuando vayan creciendo se irá esfumando con la misma facilidad que los dientes de león cuando pasa el viento; es algo más grande que eso, más grande que ellos.
Y es quizá por eso, que no pueden seguir juntos.
—Me prometiste que no te irías.
—Tú tampoco cumples tus promesas, de qué te quejas, Satoru.
El ojizarco lo mira bastante incrédulo. No había pasado mucho desde la última vez que se tuvieron piel con piel, sintiendo hasta la médula cada sentimiento que producía la sola presencia del otro.
Satoru aún puede sentir sin problema el cómo los besos y palabras de Suguru le dan calma en días de ansiedad y molestia. Porque él es su calma. Geto es como el primer rayo de luz que golpea su piel cada mañana y le brinda calor en las mañanas frías, es esa sensación tan placentera e inigualable, que debe vivirse para poder entenderla por completo. Geto es eso, es luz, tranquilidad, paz, amor, su primer y único es él, no habla solo románticamente, ojalá fuese solo eso, es más que algo tan banal como el amor romántico.
—Jamás me fui de tu lado. No me digas que no cumplí mi promesa —responde en busca de defenderse, aunque siente algo de culpa.
—No te fuiste, pero no estabas presente. ¿Crees que es lo mismo? ¿Quieres que te recuerde la última vez que me miraste a los ojos y me dijiste algo honesto? Apuesto a que ni siquiera lo recuerdas, y a este punto no me interesa. Tú ni siquiera notaste mi ausencia hasta que te la dijo alguien más. ¿Por qué sería importante ahora?
Si Suguru no se comunicaba con él era bastante difícil saber que “no estaba presente”, ¿no?
No es que esté tratando de buscar una excusa barata, es que con Suguru ha aprendido todo lo que sabe con respecto a amar. Nunca había tenido la necesidad de estar para alguien, así que cuando no lo estuvo, realmente no lo sintió, no percibió aquél cambio que para Geto fue tan abrumador.
—¿Quieres saber algo, Satoru? La última vez que me tomaste de la mano y sonreíste fue hace más de cuatro meses. La última vez que estuvimos en la cama fue hace un mes. La última vez que dijiste que me querías fue antes que eso. Hace exactamente dos meses que te escabulliste a mi habitación solo para darme un beso de buenas noches. Y antes de que intentes reclamar algo —se anticipa el más bajo—, yo sí intenté hacer lo mismo. Nunca me abriste la puerta de tu habitación. Nunca estabas. No tenías tiempo de responder mis mensajes, de hablar conmigo. Yo lo intentaba, ¿pero tú? Ni cuentas te daba de que ni siquiera nos estábamos viendo.
Satoru es un niño emocionalmente si se compara con Suguru. Y es algo gracioso, porque ambos han pasado por las mismas experiencias de maduración emocional juntos. Pero lo que dice Geto es verdad, él lo intentaba, Satoru se conformaba con lo que tenía, sin darse cuenta de cómo sus necesidades propias y las de su amado estaban cambiando. Él también se sentía infeliz, y no por culpa del azabache, él no podría ser más que inocente, por su propia culpa es que estaba siendo infeliz. Geto era todo lo bueno que podía recibir, y él no daba más que la mitad de todo eso, y, aunque le molestaba, no lo cambiaba porque creía que él siempre seguiría ahí. Porque Suguru le había prometido que se quedaría, ¿no? Suguru sería un insensible en romper su promesa —aunque él sea alguien mucho peor—.
—No te diste cuenta de que te necesitaba.
Cada palabra que dice su amado duele más que la anterior.
Porque sabe que tiene razón.
—¿Ahora qué sigue, Satoru? Dime… Quiero escucharte antes de marcharme. Porque tu discurso barato de amor y perdón no son más que patrañas. No esperes que me quede por algo tan patético.
Él está siendo honesto. Sus intentos de ser honesto no serían algo más que patético. Quizás un infante de primaria tenga más habilidad comunicativa que él en lo que a sentimientos respecta.
—¿Ahora qué sigue, Satoru?
Aquella pregunta lo atormenta cada noche al irse a dormir. Es su primer pensamiento cada mañana. Es como si su subconsciente lo torturara, sabiendo que le fue imposible responder aquél día. Evocar aquél recuerdo de su última conversación es un martirio, pero todos los días sucede, sin falta.
A veces tiene sueños en los que ve a Suguru. Su pálida piel es igual de suave que la última vez que pudo tocarla. Su cabello sigue oliendo a aquél champú con extractos de cacao que solía usar. Siempre viene el recuerdo de Suguru durante la escuela técnica. Con aquella sonrisa que lo encantaba en un par de segundos y sin esfuerzo. Tal vez es porque fue de los momentos más felices de su vida.
Sería un lindo sueño, de no ser porque al tocar su rostro siente como traspasa sus dedos y empieza a resonar esa molesta y angustiosa pregunta. “¿Ahora qué sigue?”. Quisiera gritar, pero ni siquiera tiene fuerzas para ello. Las lágrimas solo inundan su rostro mientras ve la figura del amor desvanecerse junto a pequeños pedazos de su felicidad.
¿Si hubiera respondido ese día quizás Suguru se hubiera compadecido de él y hubiera accedido a quedarse? Haber dicho algo idiota pudo haber sido la respuesta más apropiada, porque al menos lo intentaba, pero su silencio era sepulcral, crudo y severo, no había nada que pensar tras el silencio que invadió el ambiente tras la pregunta de Suguru, era más que claro lo que estaba pensando en ese momento. Nada. Y era más que claro para Geto que no tenía nada de qué arrepentirse en ese momento. Si la persona que más había amado en el mundo no era capaz de responder una tonta pregunta, ¿de qué le serviría quedarse para recibir más migajas? No. Él aspiraba a algo más grande, algo de lo que Gojo no podía formar parte.
Si pudiera regresar el tiempo respondería. No con un silencio penoso. Lo haría completamente distinto, mucho mejor. Pero él no puede volver atrás, ¿verdad?
Satoru está realmente enamorado. Por eso se tortura a sí mismo todos los días al recordarse que fue solo su culpa perder a quién amaba. Así que, ¿ahora qué sigue, Satoru?
