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Encontré un álbum fotográfico. Es un libro forrado de un papel azul con una etiqueta con letra poco legible. Pienso que el título no es importante, así que me centro en verlo a los lados y noto que tiene muchas páginas. Tengo el impulso de querer abrirlo para descubrir su contenido, no creo que sea algo confidencial porque si fuera así, la organización no sería tan descuidada para dejarla sobre una mesa y no pensar en que alguien puede llegar y tomarlo.
La etiqueta no la considero importante, pero sé que me serviría de ayuda. La curiosidad me carcome y no lo abro. Lo dejo sobre la mesa, corro hacia el umbral de la puerta y miro el pasillo en ambos lados para asegurarme de que nadie me esté viendo. Una vez que lo confirmo, camino para tomar el álbum y abrirlo.
El libro no tiene nombre. Al ser así no debe haber ningún problema si lo hojeo. Tal vez se trata de algo que le pertenece a todos en Pandora. Me aferro al álbum y miro el techo para intentar buscar respuestas a las preguntas de mi cabeza.
«Abandonarás todas tus interrogantes si lo abres. No puede ser malo, tal vez hasta te haga emocionar por recordar los momentos que habías olvidado». Cerré mis ojos y los abrí al mismo tiempo que di una respiración profunda.
En la primera página no hay ninguna foto, hay dos espacios vacíos. Sigue sin haber un nombre. Tuve que pasar varias páginas para ver una imagen; es de Oz y Ada. Los dos lucen muy felices y en sus manos sujetan flores, el fondo es un jardín de la mansión Vessalius. Sonrió, una escena tierna.
En la siguiente página hay dos fotos de Oz y Gilbert; una en la que están pequeños, se ven muy adorables. Contuve mis ganas de reír al darme cuenta de que Gilbert trataba de hacer que no se cayera la tetera que sostenía y Oz tenía una expresión divertida, lo señalaba con su mano. La otra imagen era de la actualidad y tenían una gran sonrisa en su rostro.
Conforme fui pasando las hojas no había solo fotos de la familia Vessalius, también encontré unas en donde yo estaba. Todos sonrientes y entonces supe que, desde que los conocí, dejé de sentirme sola. Casi podía ponerme a llorar al ver el recuerdo de los momentos vividos, me venían las imágenes a la cabeza. Me pasé el dorso de la mano por mis ojos para limpiar las lágrimas invisibles que querían salir.
No voy a llorar.
—Oh, aquí estabas.
Escuchar esa voz hizo que diera un brinco por el susto. Hice el esfuerzo para no dejar caer el álbum, pero terminó en el suelo produciendo un sonido que esperaba que él no hubiera escuchado. Algo imposible. También deseé que no se haya maltratado. Oz se acercó al lugar donde estaba y miró el piso. Supongo que ya pudo ver lo que quería ocultar y que quería actuar como si nada.
Ni siquiera supe por qué entré a esta habitación en el edificio de Pandora. Solo que estaba con Oz y los demás. Luego me alejé porque me aburrí de estar afuera.
Me agaché rápidamente y tomé el álbum, él no despegó la mirada de mí, sino que tenía sus ojos bien abiertos, como si no creyera lo que tenía en mis manos. Luego salió corriendo de la habitación. Una acción que me hizo alzar una ceja, muy raro.
Bueno, volví a estar sola. Revisé todos los lados del libro para asegurarme de que no tuviera un golpe en alguna esquina. No me perdonaría si tuviera una abolladura, más cuando le debe pertenecer a alguien. Ya no pude concentrarme en ver las fotos siguientes, me aterra la idea de estar vulnerando la privacidad. No quiero soltar el álbum, me gusta la sensación que me invade, es algo como un sentimiento familiar. Es agradable, lo percibo igual a cuando como algo delicioso.
—Ya regresé.
Ahora no me asustó escucharlo. Ni quise esconder que había agarrado el álbum. Voltee y ahí estaban Oz, Gilbert, Sharon y Break.
¿Por qué vinieron? Eso me lo pregunto sin poder evitarlo, no era necesario llamarlos. No obstante, por sus expresiones puedo estar segura de que no lucen molestos.
—Alice, debiste esperar antes de abrirlo —comentó Break.
Ladeo la cabeza. ¿Por qué tenía que esperar? Si así fuera nadie habría dejado el libro al alcance. Suelto el álbum para ponerlo en la mesa y me desconcierta que todos se acomodaron alrededor. Oz abrió el álbum, casi se fue a las páginas finales y de su abrigo sacó unas fotos.
¿Es por eso lo que me dijo el payaso? ¿Oz fue quien llenó el álbum? Supongo que mis preguntas se irán contestando. Sin decir alguna palabra, Oz acomoda las fotos, una en la que estamos en un baile de máscaras, en el festival de luces de Reveil, en una fiesta de no cumpleaños y en otras simplemente pasando el rato. Mi boca se abre por la sorpresa y me domina un sentimiento de felicidad. Gilbert coloca una imagen en donde estoy molestándolo, otra junto a Oz y en la siguiente tengo mis mejillas infladas por la comida, similar a una ardilla.
Al colocar las fotos, la habitación se llena de exclamaciones, de risas y de señalaciones. Veo las imágenes que colocan y me doy cuenta de que formo parte de algo, que ellos son mis amigos, incluso siendo una cadena entiendo el significado. Me juré a mí misma no llorar, pero veo las que pone Sharon y es difícil. Hago el esfuerzo por contener las lágrimas presionando fuerte mis labios, formando una línea.
En una estoy con ella; ambas sonrientes, en otra está junto a Break tomando el té (esa la tomé de forma disimulada, me oculté en un sillón y la dejé intencionalmente en una habitación de Pandora). No se les hizo difícil encontrarla y me alegra que la hayan conservado.
—¿Nos estuviste espiando, Alice? —pregunta Sharon y señala la segunda foto.
—Solo estaba pasando por ahí.
Ví la cámara y decidí ocuparla, no se dieron cuenta por mi escondite y porque los disparos son silenciosos.
Sharon no dice nada después de eso, me giro a ver al último que falta por poner las fotos es el payaso, tiene una sonrisa burlona, en silencio coloca la imagen de un conejo negro de peluche; la siguiente es una en la que estoy en posición de pelea con Gilbert, lucimos como si estuviéramos jugando; la otra es en Reveil, en mi mano hay una brocheta de carne y parece que estoy señalando algo, tal vez se trata de Oz y Gilbert que se les hacía un poco difícil seguirme por caminar muy rápido.
Con las fotos que pusieron ellos, no tengo dudas de que el álbum ya está completo. Entiendo lo que me dijo Break sobre haber esperado antes de abrirlo: faltaban imágenes. Tal vez querían que estuviera presente, lo que es ridículo porque no es mío.
—Sharon, Break, Gilbert y yo preparamos el libro —confiesa Oz cuando abrazo el álbum para que nadie más lo agarre—. Quisimos atesorar todas las fotos en las que estamos juntos.
Eso lo pude notar al ver las imágenes. Algunas familiares, otras de amigos. Deben haber puesto las que son importantes para ellos, las que les gustaron o las que quisieron poner sin una razón en especial. Oz tiene una gran sonrisa en su rostro, siempre tan amable.
—¿Y de quién es el álbum? —pregunto.
Lo quería saber desde el inicio. Escucho la risa discreta de Break y Sharon que le da una mirada rápida para que deje de hacerlo. Gilbert tiene la vista fija en mí, pero no dice nada. También espera la respuesta de Oz.
—Es para ti.
Entonces abro el libro y paso rápido las páginas. ¿Para mí? ¿No me está mintiendo? Si quería llorar por todos los momentos vividos, ahora solo aumentaron mis ganas. Trato de mantenerme fuerte y sonrío. Espero que la sonrisa no se haya sentido forzada porque no estoy fingiendo. Puede ser que tenga mis ojos cristalizados, pero no me importa.
—¿Estás llorando?
—No, ¿por qué?
Estoy mintiendo. Dejo el álbum sobre la mesa y me tapo la cara. No quiero que me vean así. Entonces siento que alguien me abraza, debe ser Oz. Los demás están tan cautivados observando que no se mueven de sus lugares. Aunque después de un rato parece ser que se trata de un abrazo grupal.
¿Cómo les agradezco por el detalle? No lo sé, las palabras no me salen, es como si la garganta se me hubiera cerrado y me impide hablar. Detesto que me vean así, pero a la vez estoy feliz por sentir que pertenezco a un lugar, mis miedos desaparecen. Olvido la oscuridad del abismo. Siendo una cadena no he perdido mi parte humana, recuerdo que Oz me dijo algo parecido.
—Gracias —susurro.
Cuando nos separamos me limpio los ojos y vuelvo a sonreír. Espero compartir más momentos con ellos por mucho tiempo.
