Work Text:
Kenma no estaba nada cómode con la vida que tenía. Se le hacía todo un poco cuesta arriba. Sentía que estaba bañándose en el mar de manera constante, sin poder hacer pie, con el agua salada llegándole por el cuello. Comprendía lo que sienten las moscas cuando intentan salir de la ventana y lo único que hacen es chocar contra el cristal, a pesar de que a menos de diez centímetros hay un hueco abierto.
Para elle era un poco (bastante) angustioso lo que conllevaba el vivir sole. El no compartir piso había sido una elección propia: no quería vivir con cualquier desconocide y, menos aún, con alguien conocide; prefería estar en soledad en un estudio, sin preocupaciones de limpieza y convivencia. Pensaba que iba a ser cómodo, hasta placentero, pero Kozume no contaba con el incremento de gastos que iba a generar aquello.
Ahí es donde empezó el problema.
Tuvo que comenzar a trabajar a media jornada para poder compaginarlo con sus estudios universitarios -de lo poco que estaba bien en su vida en ese momento- en una tienda de bubble tea, y eso le drenaba la energía. Su batería social se agotaba de forma excesivamente rápida y, conforme los días avanzaban, duraba menos. ¿Interactuar con tanta gente? No, gracias.
A lo anterior, por si fuera poco, se le añadía su relación a distancia con Hinata. No estudiaban en la misma ciudad y a veces era un poco difícil de lidiar. Estaba más que claro que se querían muchísimo, pero el estar tan lejos a veces costaba. Sabía que estaría ahí cuando lo necesitase aunque fuese de manera online, pero no era lo mismo. No tenía esa seguridad de salir de casa y saber que podría ir a la del contrario para verle. No tenía esa seguridad de saber que estaba cerca. La cuesta se hacía más empinada. La marea estaba muchísimo más alta. Había más cristal de lo que pensaba.
Necesitaba ir para que pudieran disfrutarse mutuamente: lo ansiaba más que nunca.
Y por fin llegó el momento. Por fin llegó el fin de semana que pudo ir a visitar a Shoyo. Era la primera vez que iba a verle, pero tenía muy claro que no iba a ser la última. Ver a Hinata estando en su salsa le llenaba de vida. Le recargaba esa batería que tan rápido estaba agotándose. Le ayudaba a hacer la acera un poco más plana. Hacía que pusiera los pies con firmeza en la arena para seguir disfrutando del mar. Le abría la ventana por completo para que pudiese salir sin problema.
—¡Kenma! ¡Ya estás aquí! —exclamó el pelirrojo nada más abrir la puerta de su apartamento, recibiéndole con un abrazo de los suyos, calentito, y un corto beso en los labios.
Beso que supo a gloria, que le estaba gritando que le había echado de menos.
—Sí… ya estoy aquí. Estoy en casa.
Una pequeña sonrisa adornó su boca nada más pronunciar esas palabras. Porque no mentía. Cada vez que estaba con Shoyo era como estar en casa. Sentía que era su verdadero hogar.
