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Rating:
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Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 18 of Flufftober 2022
Stats:
Published:
2022-10-18
Words:
2,202
Chapters:
1/1
Kudos:
4
Bookmarks:
1
Hits:
32

Un dinosaurio de peluche

Summary:

Yamaguchi le pregunta a Tsukishima cuál era su fantasía de la infancia, al no tener respuesta decide investigar por su cuenta.

Notes:

Día 18. Fantasía de la infancia.

Work Text:

—Eh… Tsukki, ¿tienes alguna fantasía de la infancia? —preguntó Yamaguchi con su mirada abajo por la vergüenza que estaba sintiendo.

Debe ser para él una pregunta muy inesperada y ya comenzaba a sentirse
arrepentido por la forma en la que lo miró Kei.

—¿A qué viene eso?

Volteó a mirar a otro lado. A decir verdad no lo había pensado. ¿Por qué quería saber su fantasía de la infancia? Tal vez se le ocurrió cuando fue a su habitación y encontró la colección de figuras de dinosaurios de diferentes tamaños. Quiso indagar más a fondo, si aquellas figuras las obtuvo desde niño y si tiene todas.

No, su respuesta no lo convencía, debía haber algo más.

—Pensé en los dinosaurios que tienes en tu habitación.

Tsukishima frunció el ceño. Ah, quería tener algo con que taparse la cara. Solo estaba haciendo que su cita tomara un rumbo muy incómodo. No obstante, una parte de Yamaguchi le decía que no había nada de malo en su cuestión, era solo curiosidad, además ni siquiera estaba seguro si a él le gustaban esas figuras, ¿qué tal si eran de su hermano y se las regaló a Tsukki para no tirarlas? Si lo piensa ahora, no sabe nada sobre ese asunto, es como si le diera vergüenza.

Con un resoplido, Tsukishima le empezó a hablar sobre esos dinosaurios de la repisa. Es casi como si le hubiera leído la mente. Una de sus manos mueve la lata del refresco de cereza sacado de una máquina expendedora y la otra está sobre la banca de madera en la que están sentados. Su voz narra una anécdota de su infancia, cuando iba con su hermano a comprar en el supermercado y casi todas las veces terminaban en una tienda de objetos de segunda mano, Kei observaba a todo su alrededor y se detenía específicamente en una mesa colocada afuera de ese lugar con objetos de segunda mano, ahí vio una figura de un dinosaurio muy bien cuidada y le gustó. Sin embargo, no tenía dinero para comprarlo en ese momento.

Con cada palabra que dice, Yamaguchi imagina el escenario con todos los detalles y sonríe por la ternura que le provoca recrear todo lo que le cuenta. Continuando con la anécdota, al poco tiempo después, su hermano Akiteru lo sorprendió con esa figura. Ahí sería el inicio de su colección de dinosaurios y con eso concluye, pero al procesarlo se dio cuenta de que no le respondió cuál era su fantasía de la infancia.

—Quién diría que te gustan esas figuras —comentó Tadashi muy alegre—, pero no has respondido mi pregunta.

—Callate, Yamaguchi.

Tendría que empezar su investigación para descubrir cuál es su fantasía de la infancia, aunque saber su gusto por los dinosaurios era una pista, tenía que ser algo relacionado.

…

—¿Algo que quería en su infancia? —Akiteru alzó su cabeza, uno de sus dedos estaba sobre sus labios—. ¿No crees que será mejor que Kei sea quien te lo diga?

Si hubiera sido así, Yamaguchi ya estaría recorriendo las tiendas para encontrar aquello que quiere. Su única pista son las figuras de dinosaurios. Reunirse con Akiteru no le estaba siendo de ayuda, aún así agradeció que aceptara reunirse con él.

—Creo que no le gusta hablar del tema —contestó tímido Yamaguchi.

Akiteru se apoyó en el respaldo de la silla y soltó un suspiro. Lucia fastidiado por la forma de ser de su hermano, aunque Tadashi ya se había acostumbrado, tenía ese "algo" que le impedía alejarse de él.

—Un peluche.

¿Eh? ¿Escuchó bien?

—¿Qué?

—Un peluche —repitió el mayor de los Tsukishima—. Kei siempre quiso un dinosaurio de peluche.

Qué difícil es imaginar la escena. Le resultaba imposible que alguien como Tsukishima tuviera ese deseo. ¿Podía ser que por vergüenza evitaba el tema? Entonces ya lo entendía, sin embargo no había nada por qué preocuparse ya que Tadashi no se burlaría de su fantasía, sino que haría lo imposible por ayudarlo a cumplirla. Los que no dudarían en burlarse al escuchar su respuesta serían Kageyama y Tanaka. A Yamaguchi se le hizo algo tierno, pudo recrear una imagen en la que un pequeño Kei camina al lado de su hermano y se detiene justo en la tienda de segunda mano para señalar un dinosaurio de peluche.

—¿En dónde queda esa tienda? —dice recordando lo que Tsukishima le contó.

Solo sabe que está cerca de un supermercado y ya deben haber pasado muchos años desde la anécdota. Así que empieza a dudar sobre si seguirán vendiendo objetos.

—Te puedo llevar ahí —sugiere y Yamaguchi asiente.

Bien, al menos no irá solo. En caso de que la tienda esté cerrada va a idear un plan B. Además conseguir un dinosaurio de peluche no debe ser tan difícil, no cuando su hermano lo ayudará. Todo es por cumplirle su deseo y de ver esa sonrisa en su rostro.

…

Han pasado años y aún Akiteru recuerda el camino de la tienda de objetos de segunda mano. Las calles por las que maneja se le hacen un poco conocidas a Yamaguchi, mucho tiempo viviendo en el mismo lugar y hay casas y tiendas que ve por primera vez, se pregunta si siempre estuvieron ahí o solo fueron remodeladas. Sea cual sea la respuesta le gusta demasiado lo que ve a través de la ventana.

No supo por cuánto tiempo estuvo manejando, pero se detuvo frente a una tienda con el letrero «cerrado» en letras grandes en la puerta de madera desgastada, es suficiente para mostrar el paso del tiempo.

—¿Es aquí?

—Era —corrigió Akiteru—. Conozco otro lugar al que podemos ir.

El auto vuelve a ponerse en marcha y da la vuelta. No tiene ni idea de adónde se dirige el mayor de los Tsukisima, pero espera que sea un lugar en el que pueda cumplir el deseo de Tsukki. Se deja llevar y vuelve a observar el paisaje, hay edificios conocidos, otros no lo son.

¿De verdad siempre vivió en Miyagi? Porque todo se le hace desconocido. O puede ser que no le haya dado importancia a su alrededor al estar con Kei. Se va a quedar con esa idea. Se alegra que él haya tenido un segundo plan por si la tienda se encontraba cerrada, es la razón por la que no se encuentra desanimado, sino que le emociona saber el lugar al que irán y que encontrarán, es como una aventura divertida.

Akiteru estaciona el carro en un lugar vacío. Los dos se bajan y empiezan a caminar hacia la tienda de regalos.

¿Eh? ¿Aquí también él encontró algo que le gustó? Es algo que debía saber su hermano.

Hay muchos peluches de tamaño gigante colocados en una mesa muy cerca de la ventana. Están en exhibición y con un cártel de «no tocar». Yamaguchi mira todo su alrededor lleno de osos, pandas, unicornios, pero no encuentra un dinosaurio, así que empieza a caminar por el lugar. Está sorprendido de solo imaginar que Tsukishima venía a esta tienda.

—Mira, Tadashi —lo llama Akiteru.

Casi siente que el corazón se le sale de su lugar por el susto que le dio de verlo escondido con el dinosaurio gigante. Si no fuera porque se le hizo imposible que flotara, ya estaría en el suelo y con su respiración acelerada.

—¿Crees que será buena idea llevar ese peluche?

—Me acuerdo que, cada vez que pasábamos por aquí, Kei se quedaba embobado viendo a este dinosaurio —comenta y lo baja para que Yamaguchi vea su rostro—. Pero depende de ti, eres tú el que quiere regalarle algo.

Tiene razón. Yamaguchi no responde, sino que se adentra un poco más a la tienda donde él debió tomar el que tiene. Lo dejó en una situación muy difícil porque no sabe cuál peluche llevar, Akiteru le dio la idea de una buena opción.

La decisión depende de él, así que toma un dinosaurio de tamaño mediano de color verde pastel. Se va a la caja y lo paga, al menos había ahorrado dinero para un momento especial. Agradece que le hayan dado una bolsa porque así cubrirá el regalo.

—Ese es otro peluche que él miraba mucho.

Es como si lo hubiera adivinado. Un sonrojo aparece en las mejillas de Yamaguchi, lo conoce tan bien que por eso lo eligió, está ansioso por ver la reacción de Tsukki.

—¿Crees que se dará cuenta? —dice al entrar al auto, coloca la bolsa a un lado y se abrocha el cinturón de seguridad.

—Tiene entrenamiento, no creo que llegue hasta el anochecer.

Suelta todo el aire que no sabía que estaba conteniendo y se relaja al apoyarse en el asiento. Por un lado desea que el entrenamiento le tome más tiempo del esperado, ayudará a Yamaguchi a calmar sus nervios porque su mente está imaginando muchas cosas. No cree que haya algo malo en el regalo, por eso pidió ayuda del mayor de los Tsukishima que conoce a su hermano mejor que nadie.

Esta vez ya no miró en la ventana, miraba sus manos porque sus nervios no habían desaparecido.

—¿C-crees q-que le guste?

Se refirió al peluche. Akiteru no respondió al instante, sino que se quedó pensando. Ya le deben de haber surgido dudas. Se mordió el labio para tranquilizarse.

—Es algo que quería —respondió al fin—. Y no va a ser capaz de rechazarlo, más si viene de tu parte.

Tsukishima le habló de una figura de un dinosaurio en la tienda de objetos de segunda mano, pero como estaba cerrada terminaron yendo a otro lado. Cada vez se iban acercando más a la casa y Tadashi decidió hacerle caso. Conociendo a Tsukki no lo veía capaz de deshacerse del peluche.

…

Yamaguchi se quedó en la casa de los Tsukishima sin problemas. Su madre siempre lo recibía con una sonrisa. Ahora estaba conversando con ella sobre la gran bolsa con la que entró.

—Quiero ver la reacción de mi hijo al recibir el regalo.

Estaba muy emocionada y Yamaguchi le sonrió. Sí, él también quería ver la expresión de su rostro. Esperó ver su sonrisa y no la sarcástica que le dedicaba a los chicos de Karasuno, sino la sincera.

Cuando observaba el reloj, la manecilla ya estaba apuntando casi las seis. Podía empezar a temblar en ese momento por los nervios, miró a todos lados y sintió que la madre de su amigo colocó su mano sobre su hombro.

—Tranquilo, Yamaguchi —dijo—, mi hijo te aprecia…

«Mi hijo te aprecia.»

Cuatro palabras que crearon un cortocircuito en él, una razón por la que le dejó de prestar atención y no es que no le importara lo que le estaba diciendo la madre de su mejor amigo, sino que era una oración que no esperaba escuchar, lo mejor hubiera sido que él mismo se las dijera. Aún así se siente muy feliz, hasta pudo olvidar el miedo que tenía.

El sonido de la puerta interrumpe el discurso de la señora Tsukishima, se levanta del sillón para recibir a su hijo. Yamaguchi limpia el sudor de sus manos y saca de la bolsa el dinosaurio de peluche. Respira hondo y lo deja en la sala para ir a saludarlo. Escucha los pasos de Akiteru bajando las escaleras, al parecer quieren estar presentes en el momento en el que le dé el regalo.

—Yamaguchi, no me dijiste que vendrías.

—Quise hacer una visita sorpresa.

Su madre les sonríe a los dos y luego se va a la sala. Les quiso dar un momento a solas y Yamaguchi está aliviado. Tsukishima se adentra a la sala, se detiene cuando alcanza a ver la cabeza del dinosaurio. Se queda de pie, parece como si se hubiera congelado, cuando retoma sus pasos lo hace de forma sigilosa.

—¿De quién fue la idea?

Voltea en dirección de su madre, de su hermano y de Yamaguchi. Ninguno responde, sino que los dos señalan a Tadashi. Su mirada se fija en su amigo quien tiene una pequeña sonrisa en sus labios.

—Pensé en la plática que tuvimos el otro día —explica nervioso Yamaguchi, toma el dinosaurio y camina para quedar enfrente de Tsukishima.

Lo siguiente que hace es extender sus manos para que él tome el peluche. Le gustaría saber lo que está pensando, si fue buena idea el regalo. Sin embargo, no hay razón para que empiece a dudar porque está siendo amable con él, nota una sonrisa en su cara y eso es suficiente para Tadashi.

—¿Por eso querías saber mi fantasía de la infancia?

Yamaguchi se ríe y luego abraza a Tsukishima. En un principio el gesto tomó por sorpresa a su amigo, pero luego sintió sus manos en su espalda. Por las exclamaciones que suelta su madre sabe que ella le emocionó este momento y Akiteru solo observa la escena.

—Gracias, Yamaguchi.

Su voz es tan dulce que el mencionado solo presiona más su agarre, por un segundo creyó que su rostro expresaría desagrado, pero no fue así. Ahora no lo quiere soltar porque le gusta mucho la cercanía que están teniendo y porque se siente tan cálido, le invaden muchos sentimientos desconocidos, de lo único que está seguro es que quiere mucho a Tsukishima y que su sonrisa la atesorará en un lugar de su corazón.

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