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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 20 of Flufftober 2022
Stats:
Published:
2022-10-20
Words:
1,875
Chapters:
1/1
Kudos:
5
Hits:
57

Una canción recuperada

Summary:

Con el fin de recuperar la canción perdida, Elliot y Leo van a la mansión Nightray.

Notes:

Día 20. Disculpas.

Tiene relación con el día 15, pero no es obligatorio leerlo.

Work Text:

En su primera pelea ninguno se ha disculpado.

Leo observa a través de la ventana del transporte y desearía poder entrelazar su mano para armarse de valor cuando tenga que entrar a la mansión. Sin embargo, Elliot está alejado de él, se hablan poco y es cuando se arrepiente de todo lo que dijo.

No es necesario pensarlo mucho para saber que se están aplicando la ley del hielo. Leo mira a todo lados menos en dónde está Elliot, si él quiere disculparse, lo escuchará, mientras no dirá nada por su orgullo.

Al menos el camino lo está empezando a sentir largo y no es algo que le moleste porque no quiere llegar tan rápido para ver a la familia Nightray. No quiere tener que aguantar las miradas frías que le dedican sus padres y hermanos y no quiere lidiar con sus comentarios provenientes de sus lenguas venenosas.

«Todo es por la canción» se repite y piensa que debió dejar el asunto como estaba. Hacerle caso a Elliot y no darle mucha importancia a algo material, ¿no le resultó suficiente con haber guardado la canción en algún lugar de su corazón?

A través de la ventana, Leo observa el campo, es un indicio de que ya se están acercando a la mansión. Empezó a sentirse nervioso y respiró profundamente, está sintiendo lo mismo de la primera vez que Elliot lo presentó con su familia. Hizo el esfuerzo por relajarse y disimular, sin embargo, había empezado a temblar.

«¿Por qué tiene que pasar ahora?» se preguntó.

Sin aviso, Elliot se sentó a su lado y le dio un medio abrazo. Era obvio que sus sentimientos no habían cambiado de un día para otro y todavía no olvida cuando le preguntó si quería terminar.

«No digas cosas tan terribles» pensó y sintió las ganas de llorar. No hizo nada para deshacerse del abrazo de Elliot, de verdad lo quería y le brinda una calidez, Él era quien tenía que disculparse; él empezó la pelea y ahora tenía que arreglar los problemas. Presionó los labios para que sus lágrimas no salieran, pero fue imposible cuando sintió una gota de agua correr por su mejilla.

Se detuvieron frente a la mansión, Elliot salió primero, Leo se limpió el ojo y se bajó. Esperó que su rostro luciera igual que siempre y no se notara que quería llorar. Lo tomó de la mano, se encaminaron hacia la entrada, saludó a los sirvientes de la familia y él les dedicó una sonrisa tímida, solo hizo una inclinación leve.

Ingresaron al vestíbulo y todo lucía como recordaba. La decoración no había cambiado, no transcurrió mucho tiempo desde que Elliot dejó su hogar. Con él a su lado, el miedo de Leo fue desapareciendo. Estando juntos lucían como si nunca se hubieran peleado, parece como si olvidaran la razón por la que fueron a la mansión.

Estaban subiendo las escaleras. Leo había olvidado que el camino era largo, las escaleras y los barandales eran de color dorado, en medio estaba colocado una alfombra de color rojo. Grandes columnas adornaban el lugar. Aún le sigue resultando un lugar impresionante, lástima las personas que vivían ahí.

—Tengo que saludar a mis padres —avisó Elliot.

Leo asintió. Las palabras no salían de su boca, incluso permaneció en el pasillo un rato porque sus piernas no se movían. Si la mansión lucía como si no hubiera nadie, entonces debía sentirse tranquilo, además estaba con Elliot y él lo protegía, empezó a sentirse horrible. Volteó a todos lados sin saber por qué.

En vez de quedarse de pie y para evitar llamar la atención de los sirvientes empezó a caminar para terminar enfrente de la puerta de su habitación.

Tal vez Elliot iba a tardar un poco en regresar, así que podía entrar y buscar la canción. Rodeó el picaporte con la mano, al darle vuelta se sorprendió porque no tenía llave, se abrió fácil.

Empujó la puerta muy lento y cuando entró la habitación lucía tal cual recordaba. Si busca alguna diferencia será que tiene menos cosas, aún así el lugar le resulta muy familiar, le brinda una sensación muy reconfortante. Recuerda que aquí pasó el primer beso que se dieron, aún puede sentir sus manos rodeándolo y terminaron acostados en la cama. No pasó nada más que mirar el techo mientras hablaban de temas sin mucha importancia.

Se tapó la cara con una mano y dejó que sus lágrimas salieran. Pelearse con la persona que ama lo dejó muy sensible, no van a terminar, pero le duele mucho su corazón. Se limpió los ojos y empezó a buscar entre los muebles de la habitación. Los cajones estaban vacíos, no había nada más que hojas dobladas, pero ninguno tenía notas escritas. Con algo tan preciado como las partituras no sabría cómo sentirse si las hubiera dejado en el cajón, por eso supo que debían estar en otro lado.

Si fuera Elliot, ¿en dónde guardaría la canción?

Las pudo haber colocado en un libro de la biblioteca de la sala. No perdería nada con ir a buscar ahí. No hay ningún espejo en la habitación, así que hace el esfuerzo por ver su reflejo a través del cristal de la ventana para asegurarse de que no parezca que ha llorado, no quiere darle explicaciones a nadie, ni siquiera a Elliot.

Cuando está decidido a salir, es detenido por Elliot quien está enfrente de él y lo toma de los brazos.

—Leo, ¿has llorado?

Se pregunta si la respuesta no es obvia, por la ventana pudo notar como sus ojos están rojos. No responde, solo hunde la cabeza y empieza a llorar, sin importarle si es ruidoso. Elliot lo abraza y pasa la mano sobre su espalda. Lo está reconfortando, al final no pueden durar mucho tiempo enojados, sabe que dijo cosas terribles, aumenta los sollozos, empieza a pensar cómo puede disculparse porque su aventura en la mansión Nightray fue por él.

—N-no h-hables de terminar —dijo entre lágrimas.

Elliot lo separa empujándolo un poco. Una acción que sorprende a Leo, lo hizo para que los dos se miraran fijamente, pero no puede mantener el contacto visual, no cuando sabe que su imagen debe ser terrible. Tiene esos ojos azules sobre él.

—Leo, mírame.

No obedece, se queda viendo el piso y se muerde el labio para no volver a llorar ahora que ya se detuvo. La cabeza le duele un poco, quisiera ocuparlo de pretexto para liberarse de Elliot, sin embargo tienen cosas que arreglar. Levanta su mentón y lo obliga a mirarlo. Él también parece que en cualquier momento va a llorar o quizás solo lo está imaginando.

—No voy a terminar contigo —dice firmemente—. No podría cortar con la persona que se ha vuelto muy importante para mí.

Su mente se ha bloqueado ante esas palabras. Sabía que Elliot no iba a terminar con él, el miedo lo había invadido y ahora parece que se ha liberado de una enorme carga. Está más tranquilo, sorbe por la nariz y al tener a la persona que ama enfrente solo quiere abrazarlo de nuevo.

—Lo siento por todo el daño que te he causado —responde en un hilo de voz, es malo para disculparse—. Han sido estos días muy difíciles para mí.

Está diciendo la verdad. Sus días no han sido los mejores por estar peleando con su persona importante. Le dolía estar alejado de Elliot y lo único que quería era decirle que lo perdonara, eso es lo que está haciendo, espera que sus disculpas sean aceptadas. Si recuperan o no la canción ya no es un asunto relevante.

—La canción está guardada en tu libro favorito, Leo.

—Perdón por ser tan malo contigo.

Es lo único que puede decir. Su mente está llena de formas en las que puede disculparse, su boca no puede articular otras oraciones. Vuelve a estar cabizbajo, sin ganas de ver a la persona a la que le ha causado mucho daño. Elliot no responde si no que lo toma de la mano para salir de la habitación. No va a preguntar adónde lo lleva cuando tiene la respuesta, tal vez vayan a la biblioteca de la mansión, ese lugar en el que se perdió la primera vez que vino.

Puede que odie estar en la mansión, pero no puede hacer a un lado las muchas cosas que ocurrieron. Hoy nota algo diferente en el lugar, que ya no lo miran con desprecio, lo saludan inclinando levemente la cabeza. Sin embargo, no le es suficiente si no pasa también con los padres de Elliot, quienes deben estar en sus propios asuntos, por eso es que no los ha visto (y está bien así).

Elliot se detiene en una estantería que está a poca distancia de una ventana y se fija en los lugares vacíos, es la razón por la que hay libros acomodados de forma horizontal. No le extraña porque supo que él se llevó sus historias favoritas para su departamento.

Los ojos de Leo arden por las lágrimas derramadas, no es algo que resulte como un impedimento porque él también empieza a buscar, observa los lomos para leer los títulos; hay algunos que se le hacen conocidos, otros no, pero sus libros favoritos no los puede olvidar.

—Leo.

Al escuchar su nombre se gira para ver a Elliot quien en sus manos sostiene su libro favorito. Hace mucho que no veía esa portada, se queda helado y cuando estira su mano para tomarlo, él alza un poco el ejemplar para hojearlo, los dos pueden ver claramente como varias hojas dobladas a la mitad caen al suelo. Rápidamente baja la mirada y ve las notas musicales en el pentagrama.

Se pone de cuclillas y no recoge de inmediato la canción, sino que mueve las hojas para asegurarse de que sea la canción que escribió. Cuando ya las va a recoger, coincide su movimiento con el de Elliot y rozan sus dedos. Los dos se miran, este sería un buen momento para disculparse.

—Siento haber olvidado la canción —empezó a hablar Elliot—, sabes que no perdería las partituras por el valor sentimental.

—¿Me sigues queriendo? —pregunta con voz débil.

La respuesta es obvia porque lo puedo deducir por la dulce mirada que le dedica Elliot. Está inseguro.

—Idiota, te amo —responde abrazándolo.

A Leo le toma tiempo corresponder el abrazo cuando su mano está en el suelo sosteniendo un lado de las hojas, pero decide corresponder sujetando la canción. Va a considerar este abrazo como reconciliación porque el nudo de su garganta le impide decir más cosas y Elliot no lo obliga a hablar.

Sabía que no iba a poder olvidar algo importante como lo es la canción al ser una muestra de sus sentimientos. Espera que su vida juntos continúe por mucho tiempo. Agradece que no esté nadie en la sala por la escena que está pasando, se separan y se ponen de pie para irse.

En algo que tiene duda son las cosas que le dijeron sus padres, aunque piensa que se lo podrá preguntar después porque este no es el momento adecuado. Luego sabría que ellos están dispuestos a empezar a arreglar las cosas con Leo y ya no llevarse tan mal, puede entender porque Elliot tardó tiempo en llegar.

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