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Había visto muchas piedras preciosas en Étranger, pero esta era la primera vez que veía una turmalina rosa.
En el cofre negro había una hilera de turmalinas de diferentes colores acomodadas con cuidado sobre el cojín, cada una tenía su respectivo lugar. Cuando el cliente de hoy, Sato-san, las vio, noté cómo se sorprendió y tomó la gema entre sus dedos para contemplarla más de cerca. Por lo que nos había contado, él era un oficinista que vino a Ètranger en búsqueda de una piedra preciosa que pudiera utilizar para un anillo de promesa para su novia.
Estuvo leyendo en internet y decidió que la turmalina era una buena opción. Por eso es que al final se decidió por la gema de color rosa y no lo veríamos de nuevo hasta dentro de tres semanas, cuando el anillo estuviera listo. Con el precio no tuvo problemas porque había ahorrado lo suficiente.
—Vaya, pensé que no existían turmalinas rosas —comenté una vez que el cliente se fue.
Antes de recoger la taza de té y el plato donde había un pequeño pastel de fresa que comió Sato-san. Miré al hombre más hermoso del mundo quien no respondió, solo tomó el Royal Milk Tea y le dio un sorbo.
«Hermoso» pensé y me fui a la cocina para lavar los recipientes.
Mi felicidad por escuchar la historia del cliente desapareció cuando me di cuenta de que Richard estaba actuando raro, como si estuviera ocultando algo. Me pregunto qué está pasando en su cabeza, saludó y atendió como de costumbre, sin embargo cuando los dos estábamos solos me daba la impresión de que se encerraba en una burbuja. Toma el té y come el pudín sin problemas, entonces ¿qué pasa?
Sin duda, esto era un verdadero misterio. Dejé los utensilios sobre un paño y me dispuse a calentar un poco de leche. Mientras esperaba que hirviera, apoyé mi espalda en el gabinete de postres. Estaba claro que no se iba a negar a su dosis diaria de Royal Milk Tea y a comer postres, aparte del pudín, probaría el cheesecake que vendían en Shiseido Parlour y que compré el otro día.
Me pregunté si era buena idea salir. No iba a poder quedarme en la cocina, al menos mi mente se despejaría si fuera a comprar más dulces. Una idea que deseché porque ya eran suficientes.
El sonido repentino del timbre me hizo dar un brinco. No me moví de mi lugar, esto era extraño. La siguiente cita vendría dentro de dos horas y no había oído el teléfono como para empezar a sospechar de que adelantaron su llegada. Cuando el timbre volvió a sonar, apagué la estufa y grité un "voy" cuando ya estaba saliendo para abrir. Noté la mirada fría de mi jefe.
«Una falta de educación, lo sé». Ignoré su mirada y seguí mi camino. Él estaba más cerca de la puerta que yo. Abrí y un repartidor me entregó un arreglo floral, era de tulipanes rosas (un color parecido al de la turmalina que vi hoy) con unas rosas rojas acomodadas en las orillas. Agradecí y cerré haciendo un esfuerzo por sostener fuerte la canasta.
—¡Mira, Richard! —dije emocionado—. ¡Un cliente nos envió flores!
—¿No viene una tarjeta?
¿Una tarjeta? A decir verdad, no me dijeron el nombre del destinatario, el mensajero solo me preguntó si este lugar era la joyería Étranger, cuando asentí no dijo algo más. Empecé a pensar si no se habían equivocado con una tienda del piso de arriba.
El hermoso propietario se acercó a dónde estaba y miró el arreglo floral, se inclinó un poco para ver los lados en busca de algo que nos resolviera la duda de quién las envió.
—¿No crees que hubiera sido mejor que mandaran dulces? —pregunté.
Si las flores eran por agradecimiento, yo considero que hubiera sido mejor que enviaran postres que son del agrado de Richard. Cuando lo miré, él seguía con una mirada fría, como si me estuviera preguntando "¿es en serio?"
—Todavía no sabes quién las envió.
Fruncí el ceño ante su respuesta.
—¿Tú sí?
—Té.
¿Cómo quieres que te sirva té en este momento? Eso fue lo primero que se me pasó por la cabeza cuando miré de reojo la mesa y alcancé a ver que todavía no se acababa el Royal Milk Tea.
—P-pero…
—Seigi —dijo mi nombre con un tono autoritario que no me quedó de otra que hacerle caso.
Recogí la taza y me fui a la cocina soltando quejas. Se supone que yo quería descubrir este misterio. Estoy seguro de que fue de un cliente… Sin embargo, si fuera un regalo de un cliente entonces hubiera dejado una tarjeta con su nombre junto con un mensaje corto, no esperaría a que adivináramos quién las mandó.
Negué con la cabeza, decidí pensar en otras cosas, llené el recipiente, tal vez su té ya se había enfriado y por eso quería que le sirviera de nuevo. Cuando salí, ví a Richard cerca de las flores, parecía como si estuviera buscando algo. Al verme caminó rápido para sentarse en el sillón.
Dejé la taza sobre la mesa. No me fui al instante, solo entrecerré mis ojos y él ignoró mi mirada al beber el té. Está comportándose extraño, en estos meses que llevo trabajando aquí no lo había visto así.
Ahora yo fui quien se acercó a la canasta. Noté un pedazo de papel que sobresalía entre el ramo de tulipanes, puedo asegurar que antes no estaba ahí. Lo tomé y ví mi nombre escrito con una caligrafía perfecta, los trazos de los kanjis estaban hechos con mucho cuidado, es como si se hubiera asegurado de no cometer errores.
Si las flores eran para mí, me pregunto quién las envió.
—Oye, Richard, ¿Ya estaba antes la hoja? —pregunté y le enseñé el papel.
—Sí —contestó. Se puso de pie y caminó hacia donde yo estaba—. Simplemente no buscaste bien.
¿Que no busqué bien? Su comentario me molestó un poco; una molestia que no me iba a durar mucho. Solo con verlo comer el pudín que preparo, mi corazón se llena de mucha felicidad. Me gusta la expresión de su rostro cuando come uno de sus postres favoritos.
—Esta letra se parece a la tuya.
Me acordé cuando escribió su nombre para los oficiales cuando nos conocimos. Le puse atención a su caligrafía.
—Seigi, ¿conoces el significado de los tulipanes rosas?
Aparte de las gemas, ¿también tenía conocimientos sobre el lenguaje de las flores? Bueno, es un hombre muy culto, claro que lo iba a saber. ¿A qué venía su pregunta o es su forma de cambiar de tema? Empiezo a creer que Richard compró las flores, pero esperaré a que él me lo diga directamente.
Respondí «no» y me empezó a contar el significado. Regularmente los tulipanes rosas simbolizan la felicidad, la juventud y la pureza, algunas personas relacionan el color con la ternura, el cariño y el amor, pero me dijo que existen muchos tipos de amor, en este caso no es el romántico, sino el fraternal; el amor que se puede tener por la familia y los amigos.
Sobre las rosas rojas no me dijo mucho porque supuso que ya tenía una idea con qué sentimiento está relacionado: el amor. Aunque también simbolizan admiración y respeto, no es una flor que únicamente las parejas pueden regalarse.
—¿No es similar al significado de la turmalina rosa?
Lo dije sin pensarlo una vez que terminó su explicación.
—Es lo que dijo Sato-san.Y sí, suele tener ese significado. —Asintió—. Al igual que el cuarzo rosa, también es considerada una piedra del amor.
Mi boca soltó un sonido de sorpresa ante lo que me estaba diciendo. Aparte del cuarzo rosa, la turmalina me iba a poder ayudar en mis asuntos amorosos.
—¿Tengo un amante?
Me sorprendió que mi boca pronunciará esas palabras. No sé cómo describir la expresión de Richard, parecía sorprendido, como si hubiera averiguado algo. No respondió, sino que se alejó para tomar la taza de té. En este momento ya debe estar frío, aunque no le importó.
Antes de decir algo trato de pensar en las diferentes posibilidades. Estas flores no fueron enviadas por Hiromi, no porque está muy ocupada por su trabajo en el hospital; menos por papá Nakata, está en el extranjero; tampoco por mi ángel Tanimoto; ¿Shimomura? No es algo de él. Descartado. Ninguna de las personas que se me vienen a la mente debe haber comprado este arreglo floral. Solo alguien que conoce la dirección de la tienda y la respuesta ha estado enfrente de mí siempre.
Richard.
Dejé la tarjeta dentro de la canasta y me fui a la cocina sin pronunciar algo más. Saqué el pudín del refrigerador y lo serví en un plato. Está será mi forma de agradecimiento.
Salí y dejé el pudín. Richard se inclinó hacia adelante y se quedó observando el postre, luego a mí. Me imagino el brillo en sus ojos azules.
—¿Por qué…?
—Tú compraste las flores, ¿no es así?
Juntó sus manos, se apoyó en el respaldo del sillón y sonrió. ¡Lo sabía! Casualmente los tulipanes combinaban con el color de la turmalina rosa, lo que da la impresión de que fue algo planeado. Tal vez Sato-san lo llamó de forma anticipada para decirle cuál gema quería ver y sabiendo eso, Richard compró las flores para que llegaran hoy, mis dudas se fueron aclarando.
El arreglo floral es hermoso. Richard lo eligió bien, aunque me pregunté cuál era la razón. No se acercaba ninguna fecha importante.
—Quise hacerle una sorpresa a mi trabajador de tiempo parcial.
—No tenías por qué hacerlo —contesté.
—Tómalo como un agradecimiento —respondió y empezó a comer el pudín—. Pensé en los tulipanes rosas como una manera de decirte lo importante que te has vuelto para mí.
No imaginé que pudiera decir cosas así. Me iba a hacer llorar. Yo también pienso lo mismo de él. Me gusta creer en el destino cuando se trata de Richard, es un sentimiento que no puedo describir y me gusta la sensación porque no lo había sentido con alguien más.
Estoy tan feliz que puedo empezar a llorar, aunque por el horario de trabajo, me mantuve firme y miré por enésima vez el arreglo floral que estaba sobre la estantería, ya hasta imaginé el lugar en el que se vería bien en mi pequeño apartamento. Sin duda, haría el esfuerzo por cuidar muy bien estas flores al ser un regalo de mi persona especial.
—Tú también eres muy importante para mí.
No había ninguna mentira. Realmente ya tengo la silueta de Richard grabada en mi corazón y se quedará ahí. Cuando sonó el timbre, él se levantó para abrir la puerta, yo fui por el Royal Milk Tea y el postre para el siguiente cliente que adelantó su llegada. Es un momento para idear de qué manera puedo agradecerle por todo lo que ha hecho por mí.
